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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Las entrañas de las entrañas

Blood On the Tracks (Bob Dylan, 1975)
 
 
FOLK ROCK. Blood on the Tracks es una declaración a corazón abierto de un hombre roto, un hombre que tampoco ha sido un santo, pero que se lame las heridas escupiendo bilis, sin importarle a quién le caiga. Por su honestidad brutal, por su pornografía emocional sin filtrar y por su fiereza lírica, estamos ante una de las mejores obras de Dylan, de los 70 y de la historia. Un disco con un influjo tan malsano como cegador.

No es propiamente un disco de divorcio, como muchos afirman. No narra el dolor tras la separación. Más bien glosa la pena inmensa que produce el comprobar cómo el amor, tan fresco y rozagante al principio, se va marchitando con el paso del tiempo de manera inexorable. Es un lamento, sin duda inspirado por el mal momento que Dylan y su mujer, Sara Lownds, llevaban tiempo atravesando, pero el divorcio todavía tardaría en llegar.

La pareja llevaba tiempo alejada y poco antes de la grabación de estas "canciones privadas", como Bob las llamó en un primer instante, se habían separado. No obstante, todavía seguían unidos. Dylan incluso escribiría la dulce "Sara", su auténtica despedida, un año después y la ex-modelo lo llegaría a acompañar en la tormentosa gira que seguiría a dicho disco.

Por todo esto no deja de sorprender que el de Duluth se dejara llevar por el arrebato y se atreviera a grabar unas canciones que ahondan en el dolor como nunca había hecho o haría después. Un dolor sangrante que transforma en puro rencor ("You're a Big Girl Now") y hasta ira ("Idiot Wind"). Una pena en la que la nostalgia no va aparejada de esperanza alguna ("If You See Her, Say Hello"). Una herida que el artista, más que curar, pretende cauterizar con hierros candentes.

Hay que ser muy grande para entregar un disco como este a las alturas que lo hizo el bardo. Estamos hablando nada menos que de su decimoquinto álbum. Cuando muchos llevarían años durmiendo en los laureles o entregando obras insulsas que simplemente les permitan seguir aumentando la cuenta corriente, Dylan da una muestra irrefutable de su compromiso artístico y se abre en canal con la sed del que ha transitado por el desierto.

Para mí este es uno de los mejores discos que he escuchado jamás. La carne de gallina que me provoca tarda mucho en irse una vez que deja de sonar. Será por el morbo, pero en realidad para mí esto es mucho más que el relato en directo de una ruptura. Mucho más que un testimonio de primera mano o un relato de no ficción. Dylan se ceba con una crueldad sin parangón. Tal vez fuera necesaria, tal vez no. En cualquier caso, lo que no deja de maravillarme es el tono premonitorio de unas canciones que se harían realidad años después. Sara y Bob se divorciarían en 1977. Se acaba una historia y nace una obra inagotable.
 

 
A1 Tangled Up in Blue 5:40
A2 Simple Twist of Fate 4:18
A3 You're a Big Girl Now 4:36
A4 Idiot Wind 7:45
A5 You're Gonna Make Me Lonesome When You Go 2:58
B1 Meet Me in the Morning 4:19
B2 Lily, Rosemary and the Jack of Hearts 8:50
B3 If You See Her, Say Hello 4:46
B4 Shelter From the Storm 4:59
B5 Buckets of Rain 3:29
 
Total: 51:40
 
 
 

New York Sessions: Blood on the Tracks (Bob Dylan, 1998) [BOOTLEG]

 

FOLK ROCK. La curiosidad humana no puede saciarse jamás. Como bestias hambrientas nos lanzamos sobre las grabaciones primigenias de un disco que se ha instalado en nuestras noches de insomnio, grabándose en nuestro cerebro y nuestra alma. "Blood On the Tracks" (1975) nunca se agota. Su aura dolorosa, su desamor sangriento huele a habitaciones cerradas y sábanas empapadas en sudor. Es un disco tan tangible, tan supurante, tan verdadero que siempre vamos a volver a él. Un disco que excita nuestro instinto y nuestro deseo de saber. Por eso colocamos estas tomas alternativas en el equipo con una reverencia casi religiosa. Por eso contenemos el aliento mientras empieza a sonar ese "Tangled Up in Blue" tan cambiado, tan sencillo y tan esencial. El principio es un anuncio, una constatación de que estas canciones son demasiado. Con un tratamiento parco hasta el hueso florecen en toda su desnudez para aumentar el impacto.

Este pirata de lujo se nutre de las tomas grabadas en Nueva York. No todas ellas acabaron publicadas, sino que sufrieron una regrabación en Mineápolis poco antes de su edición. Estas son las que nos interesan, la mitad de ellas. El resto ya las conocemos y están aquí simplemente por coherencia. Así podría haber sido el disco de nuestros sueños. Y creo que me habría gustado igual. Las regrabaciones son más elaboradas pero ni así el brillo puede confundirnos. Siguen teniendo ese corazón de tinieblas que en la melancolía de estas sesiones neoyorquinas late más negro que nunca. No voy a decir que me guste más que el disco que finalmente salió, pero sí que me encanta que exista. Por comparar y para tener una excusa para sumergirme otra vez en sus pestilentes versos. Y tratar de recordar cómo me impactó la primera vez. Esa primera vez.

★★★★★

1 Tangled Up in Blue 6:53
2 Simple Twist of Fate 4:23
3 You're a Big Girl Now 4:24
4 Idiot Wind 8:53
5 You're Gonna Make Me Lonesome When You Go 3:05
6 Meet Me in the Morning 4:30
7 Lily, Rosemary and the Jack of Hearts 9:52
8 If You See Her, Say Hello 3:26
9 Shelter from the Storm 5:01
10 Buckets of Rain 3:26
Total: 53:53

Dylan mostró sus ideas a colegas como Neil Young o Crosby, Stills and Nash antes de grabar las canciones, las cuales incluso llegó a probar con los míticos Crazy Horse de Young. A Stephen Stills no le entusiasmaron y, según cuentan, comentó tras escucharlas que Bob era un buen escritor de canciones pero para nada un músico. Poca loa para el disco que se estaba pergeñando.

La idea inicial era grabar el disco con acompañamiento eléctrico. Para ello Dylan contactó con Mike Bloomfield, el demoníaco guitarrista que lo acompañara en Highway '61 Revisited (1966). Según parece no le dio tiempo a aprenderse unas canciones que de todas formas le sonaban monótonas. Según él, todas le sonaban igual y estaban en la misma nota. Es Bob Dylan, ¿no?

Este podría haber sido el disco que se conocería como Blood on the Tracks si no fuera porque Dylan hizo una de las suyas y en el último momento decidió regrabar la mitad de las canciones dándoles un aire totalmente distinto. Una suerte. Más allá de que lo publicado sea mejor o no, así tenemos las dos muestras. Dos mejor que una. Al menos en un caso como este.

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