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sábado, 30 de mayo de 2026

Luna y panorama de los insectos

Lorca (Tim Buckley, 1970)

EXPERIMENTO GALÁCTICO. Con el quinto álbum, Tim Buckley se tiró de cabeza al vacío. Ya lo vemos en la portada, en la que se nos aparece como el negativo de un negativo fotográfico, desdibujado, casi fundido con su entorno. Tal y como nos lo encontramos en los surcos del disco: totalmente disuelto en una música que nos arroja a la cara como una marejada irrefrenable. 

Así es el quinto trabajo del músico criado en California. Denso, problemático, cargado... Todo un punto y aparte, que se puede considerar el primer experimento con mayúsculas de Buckley. Una obra que anticipaba los picos radicales y eternos de Starsailor (1970) y que apabulla sin medias tintas. A veces demasiado. Por eso, es un disco tan idolatrado como denostado por su parroquia de fans. Objetivo cumplido, diría yo, porque ¿se puede pretender otra cosa con un álbum como este que no sea volver loco al personal para sumirlo en una discusión sin posibilidad de acuerdo?

Sobre el título, está claro que homenajea a Federico García Lorca, al cual estaban leyendo Lee Underwood (guitarra) y el propio Buckley en ese momento. Las imágenes surrealistas del granadino se impregnan en unas letras más abstractas y en una huida clara de la tiranía de la estructura convencional de estrofa-estribillo. También en el hecho de quitarle el protagonismo a una guitarra que ahora suena menos y de una manera más impresionista. Cualidades que marcan a un disco difícil y desafiante para el oyente medio. Lo que no quita que esté entre los más respetados del cantautor tanto por su carácter iconoclasta como por ser el prólogo a ese majestuoso Starsailor con el que tocó el cielo —o el abismo, según se mire— apenas un par de meses después. 

Estas son las virtudes y las dudas que plantea un experimento que hace del folk algo totalmente irreconocible y que da enjundia a una vanguardia que algunos quieren arrogarse para sí mismos a la vez que la apartan de las garras del vulgo. Aquí Buckley intentó darnos a probar un poco de ese néctar de difícil digestión. Solo por eso ya merece la pena que Lorca exista.

★★★☆☆

A1 Lorca 9:53
A2 Anonymous Proposition 7:43
B1 I Had a Talk With My Woman 5:55
B2 Driftin' 8:10
B3 Nobody Walkin' 7:30

Total: 39:11

El título de este disco no es gratuito y viene de un amor sincero y profundo por la obra de Federico García Lorca, una influencia fortísima en el cantautor en esos años. Tanto él como su guitarrista, Lee Underwood, estaban fascinados por la lluvia de imágenes que ofrecía el poeta granadino, algo que trataron de volcar en la música y las letras de este proyecto.

Una abstracción que llevó en volandas al disco hasta terrenos ignotos para Buckley. Terrenos desde los que crearía su gran obra maestra, apenas dos meses después. Estos tiempos pueden parecer exagerados, y lo son. En realidad, Lorca había sido grabado bastante antes, a la vez que Blue Afternoon (1969). Lo diferente de ambos trabajos ya deja clara la intención de huida hacia delante que se vislumbra en el segundo. Esa sensación de isla en su discografía que, en realidad, atesora cada álbum del californiano de adopción.

Quede constancia por tanto de que, antes de Leonard Cohen o de nuestro Enrique Morente, ya hubo un guiri que no pudo evitar rendir pleitesía a uno de nuestros poetas más grandes. Eso es algo que se olvida demasiado a menudo y que conviene recordar. 

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