sábado, 20 de junio de 2026

El hijo pródigo

The Homecoming Concert (Tim Hardin, 1981) [DIRECTO]
 

CANTAUTOR ARMÓNICO. Desahuciado y en lucha permanente con las drogas, Hardin toma aire con su última aparición pública en este concierto en su pueblo natal, Eugene, Oregón. Era enero de 1980 y, aun actuando de manera más bien esporádica desde una colaboración que tuvo con Can en 1975, lo cierto es que estaba bastante desconectado de la música. Al menos si lo comparamos con su etapa inicial. En cualquier caso, esta sí que fue la última vez que se subió a un escenario, ya que acabaría perdiendo su batalla con las drogas muriendo de sobredosis de heroína en diciembre de ese mismo año. Estaba preparando un nuevo disco, el cual, como este directo, no vería publicado.

El cantautor no estaba en su mejor momento físico, eso está claro. Acababa de reinstalarse en su país de nacimiento, en Seattle, después de unos años en Inglaterra y no se puede decir que estuviera en el ojo del huracán en cuanto a popularidad. Ingredientes que ayudaban a tomarse este concierto como un homenaje en vida hacia un artista del que decían que era el único capaz de disputarle el trono a Bob Dylan en el arte de escribir canciones. Homenaje que, sin duda, Hardin se tomó en serio. Desde la selección del repertorio, centrado en sus clásicos más incontestables, hasta la entrega interpretativa, todo aquí exuda la grandeza de un autor que rezuma musicalidad en cada requiebro y en cada silabeo.

Exageraciones (o no) aparte, si hay algo evidente en estas interpretaciones es que Tim Hardin no era de los que miraba atrás. En su voz, que aquí se nota que ha aprendido a controlar y a modular con una belleza añeja que llama la atención, se aprecian los años, el cansancio y la experiencia de miles de cuitas, de sueños decapitados y adicciones asesinas. Todos sabemos, antes de escuchar el disco, que no va a cantar las canciones como lo hacía diez o quince años antes —en realidad, nunca cantó una canción dos veces igual . Lo que no nos esperábamos es que lo hiciera tan bien, cambiándolas sin desfigurarlas, arrimándolas a la serenidad y al nudo en la garganta. En una grabación que no va a impresionarte por su sonido ni por su épica ni por ser contagiosa hasta la infección.

Porque aquí hablamos de momento histórico, de recapitulación y de escribir unas hojas importantísimas para incluir en el legajo de su testamento musical. Esto no va de puño en alto ni de reivindicación. Va de emoción y de reencuentro. Eso que solo apreciarán los amigos de verdad, los que han estado ahí siempre. Los demás podremos fisgonear, cómo no, y salir encantados, pero no podremos sumergirnos en la inmensidad de un Tim Hardin que, después de tantos semifallos, de tantos discos con mejor forma que contenido, casi se nos había olvidado. 

Sin ser perfecta, creo que esta habría sido la despedida perfecta para nuestro amigo. No ese Nine (1973), que no le gusta a casi nadie. Tampoco ese Unforgiven (1981), que dejó a medio hacer y se tuvieron que inventar tras su muerte. Aquí la sangre circula con fluidez y hay mucha más verdad y menos artificio. Sí, me da igual el calendario y la avaricia de herederos y disqueras... Para mí al menos, este será por siempre su adiós definitivo. 

★★★

A1 Black Sheep Boy 2:30
A2 Misty Roses 3:00
A3 Reason to Believe 2:37
A4 Lady Came From Baltimore 2:18
A5 Old Blue Jeans 3:46
A6 Hang on to a Dream 3:11
B1 If I Were a Carpenter 4:00
B2 Tribute to Hank Williams 3:49
B3 Smugglin' Man 2:10
B4 Speak Like a Child 2:31
B5 Red Balloon 2:33
B6 Amen 3:12

Total: 35:37

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