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sábado, 12 de septiembre de 2026

Eight miles high

Physical Graffiti (Led Zeppelin, 1975)

 

EL MARTILLO DE LOS DIOSES. Led Zeppelin volaban más alto que nunca a mitad de los 70. Sin nada que demostrar y con el mundo a sus pies, decidieron que era la hora de entregar ese álbum doble en el que cae todo gran artista cuando está tan pagado de sí mismo y tan resabiado que no sabe ya qué hacer para impresionar. Para ello se encerraron en el estudio con nuevas ideas sobre viejos conceptos y con un puñado de descartes de discos anteriores que podrían haber desestabilizado el proyecto desde los mismos cimientos de la coherencia y la solidez.

Finalmente no fue así. Aunque alguno de estos temas venían de ideas con las que tonteaban desde las sesiones de Led Zeppelin III en 1970, gracias a su magia negra, consiguieron que empastaran de maravilla con "novedades" de la potencia de "Custard Pie" o "In My Time of Dying", saqueos reincidentes a Bukka White y Bob Dylan (o a la tradición) respectivamente. Dos cargas de profundidad que están entre lo más destacable de un álbum que muestra el nivel de seguridad en el que se encontraba el combo. Canciones que no dejan lugar a la duda, con un Bonham más poderoso que nunca y un Plant mucho menos chillón, más serio y menos irritante. Todo esto se redondeó con la labor de Page a los mandos y con los arreglos de cuerda de un Jones, que en "Kashmir" ya estaban anunciando el dinerito y el mucho prestigio que iba a ganar como productor de renombre en unos años. Unos ingredientes que se traducen en el disco más poderoso, sónicamente hablando, de Led Zeppelin. Hasta el punto de que, al volumen adecuado, su pegada puede dejar sin capacidad de reacción.

Y eso que no es todo técnica en el álbum. Eso por sí solo no valdría gran cosa. En Physical Graffiti hay tiempo para todo. En su cerca de hora y media te vas a hartar, a desgañitar, vas a pedir la hora y también vas a disfrutar con una evolución que tiene aquí su cima. Está clarísimo desde la primera escucha. La forma en la que todo suena sin prisas, dándole a cada canción su tiempo para desarrollarse; la manera en la que juegan con la repetición hasta colarnos melopeas monótonas sin paliativos como los mantras más hipnóticos del mundo ("Custard Pie", "Kashmir"); la combinación tan deliciosa y sutil entre el blues rock de toda la vida y los aires orientales que les obsesionaban ("Kashmir", "In the Light"); la madurez, en definitiva, que les habilita para entregar melodías reposadas e inmortales como en "Ten Years Gone" o "Down by the Seaside". Una forma de hacer las cosas que solo es posible si tienes carta blanca por parte de la discográfica y de la afición. Algo que te pasa una vez en la vida, si es que te pasa.

También es cierto, que quede claro, que bajan el nivel en la última cara de manera notable. Hasta el punto de hacer temblar ese aire de obra completa, sólida y de una pieza que habían logrado alcanzar hasta ese momento. Ahí el disco hace aguas, aunque tampoco es un fragmento tan desechable como dicen algunos por ahí. Sigue habiendo temazos, por mucho que la falta de coherencia y de nexos de unión entre ellos hable más de relleno para llegar a la duración deseada que otra cosa.

Con todo, Physical Graffiti es un obrón espectacular que no hace más que revalorizarse con los años. Una cumbre desde la que solo se podía descender, como así sería. En muchos aspectos su obra más rotunda y brutal. Su disco más complejo, el que mejor suena y el que más convence a los descreídos. No voy a decir que sea mi favorito ni el mejor, ahí tengo que quedarme con el cuarto, pero este sexto trabajo tiene una potencia y una personalidad imposible de igualar. Por eso siempre será el más apasionante.

★★★★☆

A1 Custard Pie 4:20 ❤
A2 The Rover 5:54
A3 In My Time of Dying 11:08
B1 Houses of the Holy 4:01
B2 Trampled Under Foot 5:38
B3 Kashmir 9:41
 
C1 In the Light 8:46
C2 Bron-Yr-Aur 2:07
C3 Down by the Seaside 5:15
C4 Ten Years Gone 6:55
D1 Night Flight 3:37
D2 The Wanton Song 4:10
D3 Boogie With Stu 3:45
D4 Black Country Woman 4:30
D5 Sick Again 4:40
Total: 84:27 
La portada de este disco es una de las más icónicas y también de las más complejas de diseñar dentro de la discografía del grupo. Un troquelado en el que alternamos entre el título del disco y diversos personajes que se nos aparecen en las ventanas dependiendo de si metemos el inserto o no.
 
 
 
Peter Corriston estuvo buscando edificios con personalidad para crearla. La construcción debía ser simétrica y tener detalles interesantes. Con esta idea en mente, se dio de bruces con la solución en el East Village neoyorquino. Con un edificio que para los locales debía ser de lo más anodino, pero al que el artista convirtió en icónico. Hoy no son pocos los fanáticos que se patean el barrio en su búsqueda, lo cual dice mucho de lo que nos ha llegado el envoltorio de este poderoso álbum. 

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martes, 21 de febrero de 2023

Creado y regalo de los ángeles...

Ritual De lo Habitual (Jane's Addiction, 1990) 
 

 ROCK EXÓTICO. Jane's Addiction, esa droga dura que me llegó junto a sus coetáneos, los Pixies. No es que tengan mucho que ver más allá de su visión desviada del rock alternativo como materia para modelar el arte. Quizás estén relacionados en sus curiosos y sugerentes artworks, su originalidad melódica y su intensidad. Y en este disco también en ese español roto que usaran los de Boston y que aquí sirve a los angelinos para titularlo y para darle entrada con esa chica que suelta esas vergonzantes y geniales frases: "señores y señoras, nosotros tenemos más influenssia en sus hijos que tú tiene, pero los queremos. Creado y regalo de Los Ángeles, ¡Guana's Adicsiónnnnn!". Toda una declaración de intenciones, de verdad descarnada.

Este sería el segundo álbum de Jane's Addiction y el último de estudio antes de su forzada y sosita reunificación. Este discazo es el que acabaría por establecer su estatus de banda legendaria. Aquí juegan con las texturas y los matices más y mejor que nunca y cuando tienen que ponerse duros, lo hacen sin dejar un resquicio para la duda. Así las cosas me parece claro que este Ritual... es un trabajo extremo en toda la extensión del término. Extremo en las formas y en el contenido. Preñado de música fuerte como una roca y capaz de emocionarnos con una sensibilidad tan primitiva como exótica.

No es que sea una obra conceptual al uso, a dios gracias, pero sí que tiene hilos conductores en su aparente caos. Para empezar, la maravillosa portada, trabajo del propio Perry Farrell, que se inspira en la letra de "Three Days". Y para seguir, sus dos partes bien diferenciadas: las primeras 5 canciones, que forman un collage pop rock del duro con guitarras de vértigo y con un tono más bien insustancial. Pura diversión anfetamínica. Y el tramo final, que empezaría en ese prodigio llamado "Three Days". Los cuatro últimos temas conformarían una elegía de Farrell a su novia Xiola Blue, fallecida por sobredosis. También hay menciones en "Then She Did" al suicidio de la madre del cantante cuando este tenía cuatro años. Memorias trágicas que pedían lo que se les dio, un tono mucho más oscuro que aquél a que nos tenían acostumbrados hasta ahora, estructuras progresivas y longitud maratoniana. Hasta un violín teñido de aires orientales o eslavos en "Of Course". Al final esta suite sorprende por sacar al grupo de su zona de confort haciéndoles parir la mejor música que jamás habían creado.

Pocos grupos pueden sacar pecho y decir que con solo dos discos rozaron el cielo. Jane's Addiction son unos de ellos, lo rozaron y se quemaron. Conscientes de la máxima de Neil Young, prefirieron consumirse a desvanecerse poco a poco. Exactamente igual que los Pixies. Vaya con las asociaciones peregrinas. Al final tienen hasta sentido.

★★★★★

1 Stop! 4:14
2 No One's Leaving 3:00
3 Ain't No Right 3:29
4 Obvious 5:58
5 Been Caught Stealing 3:33 ✠
6 Three Days 10:45 ✠
7 Then She Did... 8:19
8 Of Course 7:02
9 Classic Girl 5:10
Total: 51:30

Xxx

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domingo, 8 de mayo de 2022

Oriente y Occidente

El espíritu del vino (Héroes del silencio, 1993)

MELODRAMA DOBLE. Mastodóntico proyecto que mira a los ojos del Physical Graffiti (1975) de Led Zeppelin. Brisas orientales, hindúes para más señas, lo refrescan. Riffs blueseros de rock americano te vapulean mientras entierran los arpegios de antaño. Y todo queda perfectamente enmarcado en una producción impecable para dar brillo a tamaño exceso. Que sobre esto va el disco. Aquí todo gira en torno al exceso y la añoranza de las cosas sencillas.

Y para hablar del exceso, ¿qué mejor que hacerlo con una obra excesiva en todos los aspectos? Pues la respuesta sería: cualquier otra cosa. Demasiado minutaje, demasiada épica mística-budista, demasiados temas vacuos y tópicos y solo algunos momentos inspirados - sobre todo los más potentes. Por suerte, tras la extenuante travesía por el desierto, llega el bendito cierre con la calidez y humanidad de "La alacena". Tragos y vicios sencillos en honor a Dionisos.

Si el camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría, Héroes del Silencio erraron la ruta en alguna encrucijada. Lo que no significa que el disco no pueda satisfacer al fan más enconado. Muy al contrario, estos son los Héroes en su máxima expresión, disfrutando las mieles de un triunfo que, tampoco hay que escandalizarse, se les había subido a la cabeza. Mucho. 

★★★☆☆

1 Nuestros nombres 5:56
2 Tesoro 2:18
3 Los placeres de la pobreza 4:58
4 La herida 6:54
5 La sirena varada 4:15
6 La apariencia no es sincera 7:02
7 Z 0:51
8 Culpable 6:04
9 El camino del exceso 5:35
10 Flor de loto 6:16
11 El refugio interior 1:33
12 Sangre hirviendo 5:11
13 Tumbas de sal 4:33
14 Bendecida 2 0:36
15 Bendecida 5:58
16 La alacena 3:39
Total: 71:39

Podrá parecer una tontería, pero cuando tuve el CD en las manos por primera vez, lo miré y hojeé su libreto, inmediatamente me vino a la mente esa Historia interminable (1979) con la que Michael Ende removió la imaginación de tantos y tantos niños (y no tan niños).

Está en las enredaderas que enmarcan la bola de cristal rojo de la portada, en la tipografía bicolor de las letras (castellano/inglés) y hasta en los símbolos cuasi-arcanos que ilustran cada canción. Toda una panoplia de fantasía que conecta con lo gótico desde un ángulo mágico y casi infantil. Posiblemente el mayor acierto de un disco demasiado... eso, demasiado.

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