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martes, 8 de julio de 2025

Fáilte go hÉireann

Fisherman's Blues (The Waterboys, 1988)

ROCK CELTA. Se acabó la "gran música", bienvenidos al rock celta. ¿Así de simple? Bueno, por supuesto, hay que matizar esta idea que vertebra casi todas las aproximaciones al cuarto disco de los Waterboys. Porque si bien parece claro que hay un esfuerzo por sonar más sencillos y directos aquí, sin tanta ampulosidad arreglística, la banda formada en Londres sigue lanzando sus canciones a las estrellas con el vigor y la decisión de siempre. Básicamente cambian los vientos por las cuerdas, aunque lo que sí es cierto es que el componente celta, que siempre había sido un ingrediente especial en su cocina, se vuelve aquí mucho más importante y se percibe sin esfuerzo en una música que ha decidido no esconderse y mostrar sin tapujos todas las influencias hibérnicas que habían bullido en el alma de Mike Scott.

Tampoco se olvidan de su atracción por los EE.UU., los cuales resuenan con la fuerza de todo un Bruce Springsteen en tonadas como "Strange Boat", o en su abiertamente idolatrado Bob Dylan ("And a Bang on the Ear", "Has Anybody Here Seen Hank"). Una muestra más de las intenciones de quitarse todas las caretas y hacer la música que les da la vida sin miedos ni restricciones. Algo que también es evidente en esa versión de Van Morrison que se marcan, una "Sweet Thing" que hacen suya cuando nadie daba un duro por tal hazaña. Detalles que unidos a la adaptación de W. B. Yeats en "The Stolen Child" no pueden venir de otro sitio que del traslado de Mike Scott a Irlanda un par de años antes de la grabación de este disco. País en el que se instaló y del que le concedieron la ciudadanía. Y país que resuena en este álbum como en ningún otro de los Waterboys.

Es cierto que la preciosa "The Stolen Child" puede sonar un pelín pretenciosa y falta de frescura con ese dueto entre Scott y Tomás Mac Eoin, pero ese es el único momento de duda dentro de un álbum redondo, que fluye como Liffey y que no quieres que acabe nunca. Y es que en realidad todas las pegas que queramos ponerle a la canción de marras no dejan de ser problema nuestro. Y nada más. Fáilte go hÉireann!

★★★★☆

A1 Fisherman's Blues 4:29 ✔ 
A2 We Will Not Be Lovers 7:05 ✔
A3 Strange Boat 3:09 ✔
A4 World Party 4:03 ✔
A5 Sweet Thing 7:16 ✔
B1 And a Bang on the Ear 7:35 ✔
B2 Has Anybody Here Seen Hank? 3:21 ✔
B3 When Will We Be Married? 3:03 ✔
B4 When Ye Go Away 3:47 ✔
B5 Dunford's Fancy 1:06 ✔
B6 The Stolen Child 6:57
B7 This Land Is Your Land [unlisted] 0:58 ✔

Total: 52:49 

viernes, 4 de julio de 2025

Como el mar

This Is the Sea (The Waterboys, 1985)

 

BIG MUSIC. El paso definitivo dentro de esa "gran música" que los Waterboys venían fraguando desde su debut de 1983. Un álbum culminante, enorme, que suena a soul arrebatado, a épica sin brida e incluso a post-punk brutal. Canciones largas, complejas, llenas de unos vientos inmensos y puntuadas por detonaciones de energía casi nuclear. Ya sé que no es la descripción que muchos profanos esperabais, pero a todo esto me suena la obra maestra indiscutible de los londinenses de origen y edimburgueses de corazón.

Como The Pogues, empezaron afincados en Inglaterra, pero con más de un ojo puesto en el terruño que vio nacer a su líder, Mike Scott, para ya en este disco tratar sin tapujos temáticas puramente inglesas ("Old England"). Entre el amor incondicional y la crítica más rabiosa, construyen una oda al romanticisimo, el idealismo juvenil y la redención espiritual con dardos al thatcherismo y un retrato descarnado de la Inglaterra de su época. Como The Pogues, pero a su estilo personalísimo.

Todo este meollo, en el que Scott parece empaparse más que nunca de Blake o Wordsworth, es el núcleo que sostiene un envoltorio gozoso y vibrante como nunca en su discografía. Una mezcla perfecta en la que nos da en todos los morros con la flama de un expresionismo arrebatador. Mike Scott nunca ha sido de guardarse sus sentimientos al interpretar sus canciones, pero aquí más que nunca se nos aparece absolutamente explosivo acorde con unas bases instrumentales y unos arreglos en las antípodas del minimalismo que tanto alabamos, pero que en esta música simplemente no tiene cabida.

Por todo esto, calibrar el alcance y la estatura de la obra magna de los Waterboys me parece imposible. Todo en este disco es tan grande y tan preciso. Y eso es lo difícil: el fabricar una obra basada en lo pantagruélico sin que sobre nada, sin sonar pretencioso, sin cansar a un personal que no puede más que vibrar y vibrar canción tras canción, historia tras historia, baquetazo tras baquetazo. No, no hay manera de cansarse de This Is the Sea. ¡Vaya título, por cierto! Mike Scott nos presenta lo que creemos conocer como lo más nuevo del mundo, aunque pretende que no nos quedemos en su superficie, sino que atendamos a la profundidad abisal de un océano que es aquí a la vez ingrediente y producto final. Retando nuestra talasofobia hasta el desmayo. Y no podemos quedarle más agradecidos. 

★★★★★

A1 Don't Bang the Drum 6:46 ✔
A2 The Whole of the Moon 5:00
A3 Spirit 1:49 ✔
A4 The Pan Within 6:13 ✔
B1 Medicine Bow 2:45 ✔
B2 Old England 5:32 ✔
B3 Be My Enemy 4:17 
B4 Trumpets 3:37 ✔
B5 This Is the Sea 6:31 ✔

Total: 42:30 

Apelaremos a William Wordsworth, influencia definitiva en el Mike Scott de This Is the Sea, con su exhortación a admirar la inmensidad de la naturaleza, mar incluido.

"The world is too much with us; late and soon,
Getting and spending, we lay waste our powers;—
Little we see in Nature that is ours;
We have given our hearts away, a sordid boon!
This Sea that bares her bosom to the moon;
The winds that will be howling at all hours,
And are up-gathered now like sleeping flowers;
For this, for everything, we are out of tune;
It moves us not.—Great God! I’d rather be
A Pagan suckled in a creed outworn;
So might I, standing on this pleasant lea,
Have glimpses that would make me less forlorn;
Have sight of Proteus rising from the sea;
Or hear old Triton blow his wreathed horn."
 

(William Wordsworth, "The World Is Too Much with Us", 1807) 

miércoles, 2 de julio de 2025

Paganismo o muerte

A Pagan Place (The Waterboys, 1984)
 

BIG MUSIC. Si como yo te imaginabas a los Waterboys como esa banda folkie que desgranaba tonadas tan bonitas como insulsas al calor de una fogata nocturna, vas a flipar con este disco. Bueno, con este y con casi cualquier otro, porque Mike Scott y sus secuaces tienen poco que ver con esa idea tan bucólica y tan reposada. 

Lo que te vas a encontrar en el fastuoso segundo álbum de la banda formada en Londres es intensidad, teatralidad y unos arreglos tan bombásticos que te vas a pasar la escucha buscando sin éxito esos restos de folk de los que te han hablado y que están tan fusionados con el ambiente, tan integrados con todo lo que suena, que por mucho que notes que hay mucho de ellos, no vas a saber ni identificarlos ni describirlos.

También vas a darte de bruces con letras pensadas y trabajadas. Poesía y periodismo entrelazados en un imaginario en el que Blake, Yeats o incluso Ginsberg parecen dictar los pasos firmes y decididos de Mike Scott. También un Bob Dylan que siempre ha sido más que un apoyo para el escocés. Nombres sagrados para tratar de entender la enorme calidad de unas historias que lo mismo hablan de amor romántico que de religión o crítica social. A veces incluso entremezclándose en la misma canción.

Ingredientes muy finos y muy selectos para un álbum que suena rotundo y gigantesco. Un disco que sigue el trabajo monumental que iniciaran con su estreno y que prologa ese sumun gargantuesco que iba a ser This Is the Sea (1985). Estamos, por tanto, en el mismo meollo de la etapa más explosiva de los Waterboys. Una época en la que buscaban constantemente la música más inmensa que fueran capaces de escribir y ejecutar. Todo eso cambiaría en unos años, pero en este momento era la idea que vertebraba su forma de proceder. Y ahí es donde nosotros nos beneficiamos, cómo no.

★★★★☆

A1 Church Not Made With Hands 6:02 ✔
A2 All the Things She Gave Me 5:32 ✔
A3 The Thrill Is Gone 5:30 ✔
A4 Rags 5:20 ✔
B1 Somebody Might Wave Back 2:43 ✔
B2 The Big Music 4:46 ✔
B3 Red Army Blues 8:03 ✔
B4 A Pagan Place 5:14 ✔

Total: 43:10 

Es acojonante la cantidad de referencias que retozan en tu mente cuando te pones a este grupo. Referencias que seguro que manejaban a la hora de crear su música, bandas contemporáneas con una carrera en paralelo a ellos e influidos que han tratado de seguir sus pasos con mayor o menor fortuna.

Es difícil decidir por dónde empezar, pero ahí está Van Morrison y su herencia entre celta y soul; Bob Dylan y su poesía infinita; esos Dexys Midnight Runners que parecen emular en la canción de apertura; los mismos U2 o Simple Minds con todo su endiosamiento tremendista; Bruce Springsteen y toda la furia de su heartland rock; los Pogues y su fusión brutal entre el rock y el folk...

Es tan fácil identificar las fuentes y las desembocaduras como difícil asignarlas a tal verso o tal arreglo. Todo está ahí porque lo que ha intentado Mike Scott siempre ha tenido la calidad y la personalidad como banderas sin posibilidad de rendición. Algo indescriptible e imposible que pase desapercibido. 

Como tampoco podemos pasar por alto su amor por los poetas clásicos de su isla. Entre sus muchísimas influencias, elegiremos a un William Butler Yeats que resuena en estos surcos con una fuerza especial.

"I went out to the hazel wood,
Because a fire was in my head,
And cut and peeled a hazel wand,
And hooked a berry to a thread;
And when white moths were on the wing,
And moth-like stars were flickering out,
I dropped the berry in a stream
And caught a little silver trout.

When I had laid it on the floor
I went to blow the fire a-flame,
But something rustled on the floor,
And someone called me by my name:
It had become a glimmering girl
With apple blossom in her hair
Who called me by my name and ran
And faded through the brightening air.

Though I am old with wandering
Through hollow lands and hilly lands,
I will find out where she has gone,
And kiss her lips and take her hands;
And walk among long dappled grass,
And pluck till time and times are done
The silver apples of the moon,
The golden apples of the sun."

("The Song of Wandering Aengus", W. B. Yeats, 1899)