lunes, 18 de mayo de 2026

Cuanto canto, la boca me sabe a sangre

Grands cantaores du flamenco - Volume 19 (Tía Anica la Piriñaca, 1996) [RECOPILATORIO]
 

FLAMENCO. "Cuando canto, la boca me sabe a sangre". Palabras crudas y gráficas que se le atribuyen a Ana Blanco Soto, Tía Anica la Piriñaca para el arte. Una afirmación que puede sonar a hipérbole hueca y efectista, pero que si escuchas lo que hace la jerezana con su garganta, entenderás que no hay más que verdad en ella. Con su garganta, con su cuerpo y con su alma. Todo eso pone en juego esta señora a la hora de enfrentarse a los cantes más serios y jondos del flamenco.

Una actitud que la hace una artista seminal, un ejemplo a seguir para las generaciones posteriores. Y pensar que estuvimos cerca de perdernos todo este derroche de fuerza y sentimiento. Porque, aunque ya desde pequeña Ana cantaba en las labores del campo, no pudo hacerlo en público hasta que enviudó a principios de los años 50 del siglo pasado. Su marido nunca le había permitido cantar sobre un escenario, cosa que empezó a hacer tras la muerte de este, cuando ella ya superaba la cincuentena.

Más vale tarde que nunca, dicen, algo que aquí se ve clarísimo. Curtida en los cantes más graves y densos, destacó en las soleares y, sobre todo, en las seguiriyas, con una maestría que le permitía parar el tiempo y silenciar cualquier auditorio na más abrir la boca. Esa boca que, cuando cantaba bien, le sabía a sangre. La sangre de las heridas más dolorosas de un pueblo, el gitano, perseguido y denostado por los siglos de los siglos. Las heridas del alma humana, en realidad, puestas en primer plano por parte de una cantaora entreverá, hija de gitano y paya. Todos esos ecos resuenan en esta música.

En definitiva, lo que quiero dejar claro es que el alcance de las capacidades y el arte de Ana Blanco Soto nunca podrá ser sobrevalorado. Muy al contrario, todo lo que escuchamos, toda esa afinación rústica pero firme, todas esas grietas de pura autenticidad en su voz hay que multiplicarlas por el hecho de ser mujer, mestiza y de empezar a darse a conocer en una ya avanzada mediana edad. Circunstancias que hacen todavía más valioso el respeto reverencial que ha podido amasar la jerezana, la cual recibió numerosos homenajes en vida, una calle en Bormujos (Sevilla) y hasta un libro de memorias por parte del prestigioso periodista experto en flamenco, José Luis Ortiz Nuevo.

Tributos que nunca serán suficientes, porque estamos ante una grande entre los grandes. Ha tenido que llegar una disquera francesa para reunir estos cantes en un CD de una hora de música esencial para disfrutar y aprender. Cantes en los que no hay diversión ni en las bulerías. Cantes señeros, densos, abisales y escarpados que nos llegan frescos y como arrancados de su alma de raíz. Sin anestesia ni ornato alguno. Para que todo quede revelado de repente, en cuanto nos damos cuenta de que a nosotros también nos huelen a sangre.

★★★★☆

1 Qué desgracia es la mía (Siguiriyas del Marrurro y el Loco Mateo) 7:12
2 Qué malina era tu mare (Soleares) 3:59
3 Por cumplir con Dios (Martinetes) 3:12
4 Qué fatiguita tengo (Bulerías de Jerez) 3:30
5 Y siente tú mi fatiga (Siguiriyas) 1:54
6 Soleares de Jerez 3:52
7 Guárdalo, que es bueno (Aloreas bajo Andaluces) 3:03
8 Comparito mio cuco (Siguiriyas Jerezanas) 5:32
9 Me están dando ententaciones (Soleares) 6:58
10 Un mo de mirar (Bulerías) 4:10
11 Soleá de Juaniquín de Lebrija 3:58
12 Siguiriyas de José de Paula de Jerez 3:05
13 En la casita de los pobres (Tientos) 2:55
14 Santiago es lo mejor - Por usted doy la vía (Bulerías) 6:55

Total: 60:15

Náilon y el sonido como objet trouvé

Trees Outside the Academy (Thurston Moore, 2007)

NOISE ROCK SEMIACÚSTICO. El cáustico guitarrista de Sonic Youth deja a un lado la electricidad, sin olvidarse de ella por completo, para explorar sonoridades acústicas en su quinto disco en solitario. Para ello se deja acompañar por su sempiterno Steve Shelley a la batería y por Samara Lubelski al violín. También podemos disfrutar de los escarceos de su amigo J Mascis a la guitarra solista en cuatro cortes. 

Esto último es un detalle nada anecdótico que ayuda a que todo el tono acústico y casi bucólico del álbum no acabe diluyendo la personalidad transgresora y ampérica de Moore, la cual se muestra en todo su esplendor en arrebatos experimentales del calibre de "American Coffin", con piano aporreado y distorsión crepitante. Quizás lo más canónico —que para cualquier otro sería lo más heterodoxo— en un álbum que destaca por sus melodías y por el respeto al formato canción en joyitas como "Frozen GTR", "The Shape Is in a Trance", "Silver>Blue" o "Fri\End".

Canciones bien formadas, entendibles y coherentes entre sí. Y canciones que no consiguen dotar a este disco de un discurso articulado y a prueba de bomba gracias a algunos tramos más toscos y menos paladeables. Temas que deshilachan y rompen, "Thurston @13" a la cabeza, tontería entre la vanguardia y la boutade que tampoco es que sea ejemplo de nada de lo que suena aquí y que además está al final del álbum como adenda más que como viga maestra. Sin embargo, junto a otras cosas que hacen que la escucha tropiece, se encargan de que un álbum que iba para maravilla se quede en pieza más que interesante. Que no es poco, cuidado, que no es poco.

★★★☆☆

1 Frozen GTR 4:06
2 The Shape Is in a Trance 4:39
3 Honest James 3:50
4 Silver>Blue 5:50
5 Fri/End 3:31
6 American Coffin 3:57
7 Wonderful Witches + Language Meanies 2:24
8 Off Work 4:12
9 Never Day 4:01
10 Free Noise Among Friends 0:37
11 Trees Outside the Academy 6:05
12 Thurston @13 2:38 🕱

Total: 45:50 

Violines acuchillados

 
Título: Cuartetos de cuerda

 Título original: „Streichquartette“

Autor: Béla Bartók

Año de composición: 1908-39

Género: Modernismo / Primitivismo / Cuarteto de cuerda
 

 Grabaciones de referencia:

  • The 6 String Quartets (Takács Quartet, 1997)

Béla Bartók compuso sus seis cuartetos de cuerda a lo largo de un periodo de más de treinta años. No nacen como parte de un proyecto unitario y, sin embargo, todos comparten una sonoridad y una intención que los conecta de manera irremisible. Casi todos suenan abstractos y acuchillados, con patrones rítmicos precisos pero abruptos y como cortados al ras. Y los que no alcanzan ese filo, se muestran inasibles y flotantes con una pesadumbre subyugante. Todo un arsenal emocional que Bartók consigue con técnicas heterodoxas y radicales en las que el violín, además de ser un instrumento melódico, además de llorar y gemir como nunca, se convierte en un arma de fricción y ataque. Cuando no en pura percusión. 

Así consigue sacar a la luz todo el primitivismo que resulta de su exploración del folklore de su tierra y alrededores, esto es, Europa central y sudoriental. Una música expresiva por encima de una búsqueda de la belleza tradicional que simplemente no iba con él. Porque en estos cuartetos, pináculos dentro de la música de cámara, los músicos atacan al instrumento y ofrecen sonidos de una agresividad y una virulencia inéditas en este formato. Un atavismo que conecta directamente con esa conmoción que fue La consagración de la primavera (Igor Stravinsky, 1913) para ofrecer su versión de lo que debería ser la música modernista. Precisamente una mirada al lado más primitivo del hombre para acabar sacando las partituras más avanzadas de su época, auténtico espejo para cualquiera con pretensiones vanguardistas desde entonces.

Todas estas fluctuaciones van repitiéndose en estos cuartetos como si de las olas del mar se tratara. Desde la reinterpretación de Beethoven que parece estar desarrollando en el primero, al cubismo que aplica a ese legado, con sus excepciones en ciertos movimientos y cuartetos, como el sexto, que suena totalmente elegíaco, trascendental y casi lacrimoso. Elementos disuasorios para el oyente medio, pero que van a atrapar a cualquier curioso que se acerque a esta música con el ánimo adecuado y la mente limpia y abierta.

Y de entre todos, no sé con cuál quedarme, la verdad. Ahí está la grandeza del quinto y del cuarto, con sus pizzicatos salvajes bautizados en honor de Bartók; la majestuosidad dolorosa y extática del sexto y del último movimiento del segundo; la vanguardia punzante del tercero; o ese primer cuarteto que nos enseña a las claras de dónde nace todo lo demás. Detalles que conectan a todos entre sí y que nos dejan una obra maestrísima de la música más agreste y apasionada. De esa que no es para todo el mundo, pero en la que una vez que entras no vas a salir, o mejor dicho, te va a cambiar para siempre. Sí, así de intenso es esto. Por eso, precisamente, hay que atreverse a zambullirse sin dudar ni un instante.

Streichquartett Nr. 1 (1908)

1. Lento
2. Allegretto
3. Allegro vivace 

Streichquartett Nr. 2

1. Moderato
2. Allegro molto capriccioso
3. Lento 

Streichquartett Nr. 3 

1. Prima parte. Moderato
2. Seconda parte. Allegro
3. Recapitulazione della prima parte. Moderato
4. Coda. Allegro molto

Streichquartett Nr. 4

1. Allegro
2. Prestissimo, con sordino
3. Non troppo lento
4. Allegretto pizzicato
5. Allegro molto

Streichquartett Nr. 5 

1. Allegro
2. Adagio molto
3. Scherzo. Alla bulgarese
4. Andante
5. Finale. Allegro vivace

Streichquartett Nr. 6 

1. Mesto - Vivace
2. Mesto - Marcia
3. Mesto - Burletta
4. Mesto - Molto tranquillo 

sábado, 16 de mayo de 2026

Camino de perdición

38 chefs d'oeuvres (Carlos Gardel, 1996) [RECOPILATORIO]

 

TANGO. Destilación sublime de la extensa obra del mito franco-argentino, o uruguayo, que todos se quieren apuntar ser la cuna del rey del tango. Fue el más grande, el que empezó a poner voz a un género nacido en el arrabal con la humilde intención de acompañar al baile. No había necesidad de letras, aunque los tangos siempre se cantaron de una u otra forma. Gardel fue uno de los primeros en dar enjundia a esas letras y hacerlas algo inseparable de la música. Con él la gente empezó a escuchar con atención esas historias y así el tango canción floreció para hacerse una de las músicas más populares de principios del siglo XX.

Un estilo, por tanto, obligatorio al que el melómano acaba llegando tarde o temprano. Y no hay manera de evitarlo. Igual que para probar el reggae nos ponemos a Bob Marley y para saber qué es eso del flamenco no podemos esquivar la figura de Camarón, Carlos Gardel es la primera referencia que cualquiera pone en su tocadiscos cuando quiere empaparse de esta música apasionada y canalla, con todos esos personajes marginales y esos pechos en carne viva rebosantes de amor y de vida.

Esta cuidada edición francesa del idolatrado genio porteño es caudalosa y lo suficientemente enciclopédica como para saciar al neófiito. He dicho porteño y habría que añadir que de adopción, porque no está claro dónde nació, aunque parece seguro que no fue en Argentina. Uruguay o Toulouse (Francia) se disputan el honor, aunque la segunda es la que se toma oficialmente como su cuna por la mayoría de biógrafos. Y aunque esto importe poco al público, da fe de lo mucho que se le quiere en Francia y de ahí este recopilatorio que se hace un poco extraño para el oyente hispanoparlante por su libreto y sus notas interiores en francés.

Pero lo cierto es que eso es lo único que choca. Todo lo demás es ambrosía, un néctar goteante que cae sin parar en nuestros oídos para deleitarnos con uno de los cancioneros más irrebatibles y más impresionantes de la historia de la música grabada. Gardel no solía componer, pero cuando lo hacía, lo hacía como nadie. Ahí están "Volver" o "Por una cabeza", dos de las mejores canciones que cualquiera pueda oir jamás. La mayoría de piezas son composiciones ajenas. Piezas a las que dio vida para hacerlas suyas para siempre. Así de grande fue uno de los mejores cantantes que haya abierto la boca si hablamos de música popular. Un mito de una estatura inmensa. Esa montaña inalcanzable que todos querremos escalar algún día.

★★★★☆

1.1 Tomo y obligo 2:17
1.2 Almagro 2:48
1.3 Viejo rincón 2:24
1.4 Silencio 2:40
1.5 Rencor 2:34
1.6 Secreto 2:20
1.7 Volvió una noche 3:01
1.8 La canción de Buenos Aires 2:12
1.9 Juventud 2:27
1.10 Volver 2:52
1.11 Senda florida 2:41
1.12 Bandoneón arrabalero 2:06
1.13 Lo han visto con otra 2:35
1.14 Cuesta abajo 3:10
1.15 Muñeca brava 2:14
1.16 Tango argentino 2:24
1.17 Palomita blanca 3:03
1.18 Dandy 2:20
1.19 La garçonnière 2:42

2.1 Milonga sentimental 2:57
2.2 Viejo smocking 2:39
2.3 Tortazos 2:33
2.4 Sueño de juventud 2:28
2.5 El día que me quieras 3:20
2.6 Silbando 2:46
2.7 Mi Buenos Aires querido 2:37
2.8 Paseo de julio 2:18
2.9 Farolito de papel 2:25
2.10 Por una cabeza 2:30
2.11 Caprichosa 2:10
2.12 Parlez-moi d'amour 2:34
2.13 Mi noche triste 3:16
2.14 Medianoche 2:41
2.15 Pompas 2:09
2.16 Vieja recoba 2:44
2.17 Tu vieja ventana 2:15
2.18 Lejana tierra mía 2:39
2.19 La cumparsita 2:13

Total: 98:04 

viernes, 15 de mayo de 2026

Corazones estrangulados

Psychic ♥♥♥'s  (Thurston Moore, 1995)

NOISE ROCK. Que Thurston Moore es el alma de Sonic Youth, no digo que su miembro más importante, pero casi, queda claro en este disco, el segundo en solitario del guitarrista. Un álbum publicado meses antes de Washing Machine (Sonic Youth, 1995) y que muestra que lo que tenía el de Florida en su mente y sus manos lo repartía por igual entre sí mismo y su comuna.

De ahí que, oh sorpresa, lo que suena aquí, además de traernos los flujos eléctricos de The Velvet Underground, Television o The Stooges, no deja de sonarnos al disco mencionado y a toda la obra más o menos cercana de su banda madre, con parada obligada en obras como Dirty (1992) o Experimental Jet Set, Trash and No Star (1994). Con todo su ruido, con canciones bien estructuradas y con homenajes a sus obsesiones de siempre. De Patti Smith a Kim Gordon ("Queen Bee and Her Pals") y de Yoko Ono a todas las estrellas muertas del rock, esta obra es un festival de referencias que nos presentan a un autor permeable a su entorno y con una intención clara de reflejarlo con estilo y audacia.

Una personalidad que deja clara su impronta también en el disco en el que estaba trabajando casi en paralelo con sus compañeros. Los paralelismos entre este álbum que nos ocupa y el citado Washing Machine están a la vista. En la manera similar en la que fluyen ambos, en algunos riffs y soniquetes comunes y en el cierre con sendas codas elásticas y casi oceánicas que en ambos casos se acercan a los 20 minutos. "Diamond Sea", en el de Sonic Youth, empieza cantada y casi convencional, mientras que esta "Elegy for All the Dead Rock ☆s" es totalmente instrumental. La idea se mantiene, no obstante, dejando claro que los ingredientes con los que crearon ambas obras venían del mismo sitio.

Con las diferencias de rigor, por supuesto. Steve Shelley está en la batería y Lee Ranaldo en las mezclas. Así es imposible desprenderse del espíritu de los jacobinos del noise, pero sí que se nota que este es un disco de Thurston sin el equilibrio o la brida que le proporcionan tanto Ranaldo como Kim Gordon en el apartado creativo. Por eso, aun con sus similitudes, esto suena más a palo seco, más garajero y más punzante que un Washing Machine que tampoco es que sea el colmo de lo comercial. Así las cosas, podríamos definir Psychic ♥♥♥'s como un estupendo debut en solitario o como el más que decente noveno álbum de Sonic Youth. 

★★★☆☆

1 Queen Bee and Her Pals 2:56
2 Ono Soul 3:29
3 Psychic Hearts 3:59
4 Pretty Bad 3:59
5 Patti Smith Math Scratch 2:43
6 Blues From Beyond the Grave 4:36
7 See-Through Playmate 2:18
8 Hang Out 4:10
9 Feathers 2:20
10 Tranquilizer 2:06
11 Staring Statues 2:35
12 Cindy (Rotten Tanx) 3:47
13 Cherry's Blues 2:05
14 Female Cop 5:25
15 Elegy for All the Dead Rock ☆s 19:46

Total length: 66:14

Xxx

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miércoles, 13 de mayo de 2026

Rendiciones a la luz de la luna

Moonlight Concessions (Throwing Muses, 2025)
 

INDIE AÑEJO. Entro en el undécimo álbum de Throwing Muses directamente desde University (1995). Un lapsus de treinta añazos que me hace darme de bruces ante todo un descubrimiento cuando menos me lo esperaba. Hay quien dice por ahí que todo aquí suena muy parecido a lo que venía entregando la Hersh en solitario. Ella, por su parte, afirma que con este disco han materializado una vuelta a los orígenes de la banda, en la época anterior a su debut, Throwing Muses (1986).

En cualquier caso, en lo que a mí respecta, me encuentro ante un sorpresón en toda regla. Un disco con atmósfera y personalidad propia. Gracias a ese chelo que todo lo inunda, rascado por Pete Harvey, el peso taciturno y grave de esta música se va contagiando entre todos los temas hasta solidificar un bloque equilibrado y sublime. Un grupo de canciones que parecen susurrarse secretos al oído entre ellas mientras flotan, en un ejercicio de intimidad innegable.

Son solo 29 minutos, lo que para muchos no puede llamarse ni álbum, pero con este trabajo Kristin Hersh demuestra que el grupo está más vivo que nunca, que haríamos muy bien en explorar su discografía en solitario y que sigue teniendo los redaños para fabricar uno de los discos del año. De entre ese grupo selecto que casi nadie va a escuchar, claro.

★★★★☆

1 Summer of Love 3:00
2 South Coast 3:35
3 Theremini 3:14
4 Libretto 2:47
5 Albatross 3:40
6 Sally's Beauty 3:30
7 Drugstore Drastic 3:28
8 You're Clouds 3:32
9 Moonlight Concessions 2:36

Total: 29:22 

martes, 12 de mayo de 2026

Matrícula de honor

University (Throwing Muses, 1995) 

ESENCIA INDIE. Te crees que es el disco de "Bright Yellow Gun" y poco más. Por eso, cuando termina esa canción, te tienes que agarrar a la silla para no ser aplastado por "Start", "Hazing" y "Shimmer". Es apenas el segundo álbum sin Tanya Donelly, pero el disco avanza y no parece importarte mucho su ausencia. Así de bueno es el sexto trabajo de unos Throwing Muses, ahora en formato trío, con Kristin Hersh a la voz y guitarras, David Narcizo a la batería y Bernard Georges —antes roadie de la banda— al bajo.

Un trío que suena cohesionado y potente merced a una base rítmica lo suficientemente sólida como para que Hersh se deleite en sus progresiones autistas y en el noise más expansivo. Un armazón sólido y macizo sobre el que construir un temazo tras otro, superado ya eso de ser los más raros del lugar por el simple hecho de serlo. Aquí, siguiendo las directrices inauguradas en Hunkpapa (1989) y perfeccionadas en su obra maestra, The Real Ramona (1991), se deleitan en el arte de hacer canciones que no nos vamos a cansar de escuchar una y otra vez. Si bien, no todo fluye como debería.

Esencia indie en su grado más alto. Capaces de tutear tanto a los grandes popes del grunge —sí, Soundgarden o Nirvana, ¿por qué no?— como de encandilar a gigantes de lo alternativo —de Hüsker Dü a The Replacements y de Dinosaur Jr. a Pixies. Y eso sin jugar en la liga de ninguno de ellos. Porque si Throwing Muses se pueden jactar de algo, es de no haber seguido moda alguna. Ni siquiera en este álbum con temas de corte más influenciado por su entorno como la mencionada "Bright Yellow Gun". Al final, ya sea por la voz de Hersh, por esas letras sacadas desde las profundidades abisales de su cerebro convaleciente, por sus rasgueos inexplicablemente adictivos a la guitarra o por los golpes secos y salvajemente vivos de Narcizo a los parches, todo esta música solo suena a Throwing Muses. 

No se puede ser más honesto ni más coherente con uno mismo. Y eso el público lo acaba agradeciendo. Sin olvidar, y esto no puedo obviarlo, que el álbum se acaba atascando en un par de sitios, afectando a su sensación de conjunto o a su fluir no tan inmaculado. Nada grave, eso seguro, pero algo que lo baja a la tierra y lo aleja un poco de sus hermanos mayores.

★★★☆☆

1 Bright Yellow Gun 3:43
2 Start 2:47
3 Hazing 3:14
4 Shimmer 3:14
5 Calm Down, Come Down 1:48
6 Crabtown 4:20
7 No Way in Hell 4:44
8 Surf Cowboy 2:45
9 That's All You Wanted 3:26
10 Teller 2:52
11 University 2:12
12 Snakeface 3:29
13 Flood 3:14
14 Fever Few 6:44

Total: 48:32