FLAMENCO EXPERIMENTAL. Creo que a nadie podía extrañarle. Enrique Morente Cotelo, el último revolucionario del flamenco, tenía que irse revolcándose en esa heterodoxia de la que ha hecho gala y bandera durante toda su vida artística. En su último disco antes de su trágica desaparición, aprovecha la excusa del homenaje a un hermano artístico como Picasso, para soltar su último exabrupto. Un trabajo incómodo y visceral alrededor de una figura con la que comparte el aliento entrecortado de aquellos que jamás podrán saciarse porque este mundo es demasiado pequeño para ellos.
El disco está lleno de experimentos de una profundidad irrebatible. Piezas que no tienen nada que envidiar a sus momentos más arriesgados ni a los más clásicos. Piezas de carácter funerario y de lírica densa que avanzan con la coherencia del arte mayor. "Guern-Irak", "Tientos griegos" o "Compases y silencios" comparten el ansia y la zozobra que ha vertebrado la obra de genios de lo desviado como Robert Wyatt, Scott Walker, Tim Buckley o la última Patti Smith.
Canciones retadoras, negras y con una voluntad de subsistir a lo mínimo, de sobrevivir a su propia autarquía, que resultan conmovedoras en grado sumo. En ellas, Morente combina lo atávico y lo descorazonador. En las progresiones fúnebres del tema titular, que se prolongan en su continuación, y en esa "Compases y silencios" en la que alarga las sílabas hasta alcanzar la disonancia en un contraste brutal entre la melodía perfecta y la cacofonía más brutal.
Todo esto hace que se nos haga más llevadera la tontería supina de "Angustia de mensaje". No es que moleste demasiado, tratándose además de un rema extra. Sin embargo, pone su granito de arena en un disco que también falla en algún otro punto. ¿Podría haber estado mejor empastado para no parecer una colección de ocurrencias vanguardistas más o menos conseguidas? ¿Podrían haberse cuidados más las melodías y unos ganchos que parecen algo dispersos y esparcidos casi al azar? Sobre todo la última parte del álbum se hace algo cuesta arriba, eso me parece innegable. Sin embargo, nada de esto empaña el hecho de me vea enfrente de una obra que ya no me esperaba, el digno canto de cisne de uno de los artistas más grandes de este país en cualquier género.
★★★☆☆
1 Guern-Irak 2 Tientos griegos (llamadas anónimas) 3 Autorretrato (con voz de Pablo Picasso) 4 Pintao en un papel verde 5 Borrachuelo con aguardiente 6 Malagueña de la campana 7 Compases y silencios 8 Montes de Málaga 9 Soleá de los números 10 Pan tostao 11 Soneto X
Bonus Tracks 12 Angustia de mensaje 🕱 13 Adiós, Málaga
CACHARRERÍA. Zambullirse en
esta obra es quedar pringado para siempre de todo el óxido y las
esencias agridulces de uno de los mayores gigantes de la canción
norteamericana. No es este disco triple la mejor puerta de entrada al
mundo personal del de Pomona, pero tampoco diría que sea un mal
comienzo.
Al fin y al cabo, aquí está la esencia sin refinar de
todo lo que Waits ha ido trabajando en su discografía. Faltan quizás los
aires algo más ortodoxos de sus comienzos, ya que las tres rodajas
recapitulan la cara B de su discografía, canciones olvidadas,
colaboraciones, versiones y, novedad, hasta treinta de estos temas han
sido grabados para la ocasión.
En cuanto a la división, trata de
aunar temáticas y ritmos, aunque sin obsesionarse. Así, el primer CD,
"Brawlers", recopila los temas más cercanos al blues y al rock; "Bawlers"
se centra en temáticas más pesimistas y melancólicas; y "Bastards" se
recrea en esos toques más experimentales que siempre acompañan a nuestro
esquivo cantautor.
En suma, un discazo triple para paladear y digerir
sin prisas. Una excusa perfecta para picotear aquí y allá del amplio
rango estilístico de un autor inimitable, un genio de la chatarra que no
olvida sus lazos con el jazz al piano, el blues gran reserva y el rock
más cortante. Una gran obra disfrazada de reclamo para muy fans. A su
manera, logra hacerse imprescindible para cualquiera que pretenda conocer
a uno de los grandes genios de nuestro tiempo.
★★★★☆
Brawlers
1.1
Lie to Me
2:10
1.2
Lowdown
4:15
1.3
2:19
5:02
1.4
Fish in the Jailhouse
4:22
1.5
Bottom of the World
5:42
1.6
Lucinda
4:52
1.7
Ain't Goin' Down to the Well
2:28
1.8
Lord I've Been Changed
2:28
1.9
Puttin' On the Dog
3:39
1.10
Road to Peace
7:17
1.11
All the Time
4:33
1.12
The Return of Jackie and Judy
3:28
1.13
Walk Away
2:43
1.14
Sea of Love
3:43
1.15
Buzz Fledderjohn
4:12
1.16
Rains on Me
3:20
Bawlers
2.1
Bend Down the Branches
1:06
2.2
You Can Never Hold Back Spring
2:26
2.3
Long Way Home
3:10
2.4
Widow's Grove
4:58
2.5
Little Drop of Poison
3:09
2.6
Shiny Things
2:20
2.7
World Keeps Turning
4:16
2.8
Tell It to Me
3:08
2.9
Never Let Go
3:13 ❤
2.10
Fannin Street
5:01
2.11
Little Man
4:33 ❤
2.12
It's Over
4:40
2.13
If I Have to Go
2:15
2.14
Goodnight Irene
4:47
2.15
The Fall of Troy
3:01
2.16
Take Care of All My Children
2:31 ❤
2.17
Down There by the Train
5:39 ❤
2.18
Danny Says
3:05
2.19
Jayne's Blue Wish
2:29
2.20
Young at Heart
3:41
Bastards
3.1
What Keeps Mankind Alive
2:09
3.2
Children's Story
1:42
3.3
Heigh Ho
3:32
3.4
Army Ants
3:25
3.5
Books of Moses
2:49
3.6
Bone Chain
1:04
3.7
Two Sisters
4:55
3.8
First Kiss
2:40
3.9
Dog Door
2:43
3.10
Redrum
1:12
3.11
Nirvana
2:12
3.12
Home I'll Never Be
2:28
3.13
Poor Little Lamb
1:43
3.14
Altar Boy
2:48
3.15
The Pontiac
1:54
3.16
Spidey's Wild Ride
2:03
3.17
King Kong
5:29
3.18
On the Road
4:14
3.19
Dog Treat [unlisted]
2:57
3.20
Missing My Son [unlisted]
3:38
Total: 189:19
"The Hidden" (Tom Waits, 2026) [BOOTLEG]
CANCIÓN JAZZ & EXPERIMENTOS. He aquí la pieza que puede que te falte si te has metido de lleno en el mundo de Tom Waits. Aunque Orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards (2006) ya había acudido al rescate en una labor encomiable de recuperación de material oculto, todavía quedaba alguna grieta en la que buscar bichejos dentro de la cara oculta de las grabaciones de nuestro héroe.
Es cierto que no queda mucho por descubrir que valga realmente la pena. Eso sí, todo o casi todo lo que no ha salido a la luz y merece nuestro tiempo está aquí, en un pirata de casi una hora que reúne grabaciones que van desde sus inicios, en los primeros 70, hasta 2026, con la inclusión de sus dos últimas grabaciones hasta la fecha.
El material, reunido casi al azar y sin excusas narrativas que valgan, es tan interesante como todo a lo que ha puesto voz nuestro protagonista. Aquí hay canciones jazzeras al piano, versiones de clásicos como Fats Waller, colaboraciones de relumbrón junto a Teddy Edwards, Gavin Bryars, Marc Ribot o Massive Attack, descartes y hasta temas incluidos en alguna banda sonora.
Un viaje intenso y reconfortante para cualquiera con ganas de explorar el planeta Waits en cualquiera de sus regiones. Podemos encontrarnos al cantautor leyendo uno de sus poemas, "Seeds on the Ground" o sorprendiéndonos con un tema narrado, un "The Fly" que sigue ofreciendo pistas falsas sobre los movimientos de un artista siempre fuera del radar. Hasta echar la persiana con una "Tom Traubert's Blues" en directo, sacada del programa documental italiano Il fattore umano . Una interpretación que, desde la atalaya de la edad, resulta el cierre de círculo más devastador posible para una carrera incomparable.
Sin ser imprescindible, eso creo que era de esperar, estamos ante una colección de postales que recomendaría sin dudar un instante. Porque retratan al artista de manera panorámica, porque satisfacen al que ya lo cree saber todo y porque nos recuerdan el verdadero significado de la palabra grandeza.
☆☆★★★
Blue Skies (w/ Band)
I'm Crazy About My Baby (Fats Waller Cover)
I'm Not Your Fool Anymore (w/ Teddy Edwards)
Jesus' Blood Never Failed Me Yet (Extract) (By Gavin Bryars)
Little Drop of Poison ("The End of Violence" OST Version)
Título:Sinfonía nº 5 en do menor, Op. 67; "Del destino"
Título original:Sinfonie Nr. 5 in c-Moll, Op. 67
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1804-08
Género: Sinfonía
Grabaciones de referencia:
Symphonie Nr. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1962) ★★★★☆
Symphonie Nr. 5 (Wiener Philharmoniker / Carlos Kleiber, 1975) ★★★★★
Con esta obra tenemos dos opciones claras: detenernos ante lo popular de su alcance y lo manido de ese sol–sol–sol–mi♭ con el que abre o dejarnos llevar entendiendo que si es una obra tan universal, es por algo. Claramente les recomiendo lo segundo: déjense vapulear por una de las piezas más expresivas, voluptuosas y apabullantes de la historia de la música.
Porque eso es lo que es la "Quinta" de Beethoven. Una partitura en la que el compositor ya está haciendo algo más que anunciar el romanticismo más desatado que estaba por venir. Ese que pone a la naturaleza y a la violencia de los elementos en el centro como expresiones poderosas de las emociones y pasiones humanas.
Una intensidad que choca con o surge de los graves problemas auditivos que Beethoven empezó a experimentar a finales de la década de 1790 y que se habían agravado muchísimo en 1808, fecha en la que terminó esta sinfonía. Una dolencia que le acosó precisamente en plena etapa heroica y que de alguna forma podría representar la lucha del compositor con un destino que parecía tenerlo contra las cuerdas. Algo que conecta con las declaraciones de su amigo Anton Schindler, según las cuales, el archifamoso soniquete con el que comienza la sinfonía y del que hemos hablado arriba representaba, según Beethoven, el sonido del destino llamando a la puerta.
Unas declaraciones que hay que coger con pinzas, ya que hablamos de una persona que llegó a falsificar algunos de los cuadernos que utilizaba Beethoven para comunicarse debido a su sordera. En cualquier caso, la historia del destino llamando a la puerta, la sordera del genio de Bonn y la potencia de esos cuatro golpes contienen por sí mismos la suficiente poesía y el suficiente poder de fascinación como para que, con el tiempo, esta sinfonía quedara bautizada con el sobrenombre de la sinfonía "del destino".
Una sinfonía de la que, se podrán imaginar, existen cientos de grabaciones y muchas buenísimas. En mi caso me he centrado en dos para disfrutarla. Por un lado, la que dirigió Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín en 1962 y por otro la de Carlos Kleiber con la Filarmónica de Viena en el totémico Musikverein en 1974. Se trata de dos grabaciones míticas de las muchas que podría haber elegido para esta sinfonía. Karajan nos ofrece una visión limpia y clara en la que manda el conocimiento minucioso de la obra. Una sensación de control que puede abrumar. Kleiber, por su parte, lleva la precisión a otro nivel al ponerla al servicio de una tensión casi física. Un sonido aplastante y con un manejo de esa tensión simplemente abrumador. Véase, por ejemplo, la transición entre el tercer y el cuarto movimiento, momento que en Karajan es de una elegancia y una claridad perfectas, pero que en Kleiber es un acontecimiento que debería estar grabado en piedra para la eternidad.
Sencillamente lo que merece esta sinfonía. Ni más ni menos. Posiblemente la más popular de Beethoven, no sé si la mejor, pero no tengo dudas de que la que más gente reconoce y la más disfrutable de todas. Y cuando digo todas, no tengo claro que deba limitarme a las del compositor alemán.
♪♪♪
1. Allegro con brio 2. Andante con moto 3. Scherzo. Allegro 4. Allegro
🔎 Hay varios detalles destacables en esta sinfonía. Ahí está, sin ir más lejos, la transición del tercer al cuarto movimiento, la cual es especialmente impresionante en la versión dirigida por Carlos Kleiber de la que hablábamos arriba.
Sin embargo, si tengo que quedarme con un momento en esta pieza, ese sería el primer movimiento. Ese Allegro con brio que podemos seguir nota a nota mientras nuestras manos tratan de tocar violines y trompas de aire. Exactamente lo mismo que hacemos cuando clavamos de memoria ese solo de guitarra eléctrica de nuestro grupo favorito.
Un síntoma de que estamos, lo diré una vez más, ante una obra popular en grado sumo, pero también la prueba de que está perfectamente engarzada, con un movimiento que siempre va hacia delante y en el que el famoso ta-ta-ta-taaa se convierte en una célula rítmica alrededor de la cual se construye todo el movimiento. Es magistral cómo Beethoven lo desplaza, lo fragmenta, lo superpone y lo recoloca constantemente, surgiendo de la nada cuando nuestro oído menos lo espera. Una genialidad en la que vemos claramente el alcance de los poderes del que puede ser el mejor compositor de la historia.
FUNK CUBISTA. El señor Waits nos propone en su decimoséptimo álbum un viaje al otro mundo, al centro de la tierra, a la estratosfera y más allá. Sí, una vez más, y como de costumbre desde hace más de veinte años, no nos asegura el retorno. Lo que significa, no lo duden ni un momento, una experiencia inolvidable.
Paisajes rugosos filmados en película de grano gordo, etéreos, bañados en la baja fidelidad de instrumentos y cacharros sacados del laboratorio de un científico loco. Funk cubista lo llama. Y con razón. Al fin y al cabo, aquí se cuelan los contoneos inenarrables de un James Brown descoyuntado y los espasmos disfuncionales de los Contortions. Funk, no wave, ritmos latinos y la base de blues que todo lo espesa. Por supuesto, también podemos deleitarnos con los recitados de lija de rigor, algo de jazz apenas esbozado y esa música de entreguerras descorchada desde el rincón más oscuro de su bodega.
Todo tocado por la varita de un loco genial, que vuelve a hacernos caer rendidos a sus pies. Rendidos ante una voz más inmisericorde que nunca. Un graznido cruel capaz de abrir una grieta bajo nuestros zapatos. Merced a lo cascado de su garganta y a una obcecación por tener un colchón instrumental más primario y despojado de aspavientos que nunca. Esto queda potenciado, además de por una instrumentación realmente esquelética, por el hecho de que la producción ha fabricado una masa sónica en la que todo suena como una amalgama sin definir. Un sonido salvaje y crudo que, en principio, le va como anillo al dedo a esta música.
O eso creíamos hasta que el propio cantautor junto a su esposa y mano derecha, Kathleen Brennan, decidieron que había que pulir un trabajo con el que no habían quedado satisfechos. De ese deseo surgió la nueva mezcla y remasterización que realizó la pareja en 2017. Una labor que no se quedó en lo cosmético, sino que modificó las pistas originales hasta dar con un resultado que suena radicalmente diferente. Personalmente, no soy amigo de estas maniobras, pero en este caso he de decir que esta es la versión en la que podemos disfrutar mejor de esta obra. Los instrumentos aparecen más separados y claros, lo que acaba dotando al álbum de una expresividad y un impacto de los que carecía en su versión original.
Por tanto, y sin que sirva de precedente, me quedo con esta remasterización como la referencia definitiva de un disco que, en cualquier caso, deja claro que el cantautor dislocado lo ha vuelto a hacer. Otra vez. Y van... tantas, que he perdido la cuenta.
★★★★☆
1 Top of the Hill 4:54 2 Hoist That Rag 4:20 3 Sins of the Father 10:36 4 Shake It 3:52 5 Don't Go Into That Barn 5:22 6 How's It Gonna End 4:51 7 Metropolitan Glide 4:13 8 Dead and Lovely 5:40 9 Circus 3:56 10 Trampled Rose 3:58 11 Green Grass 3:13 12 Baby Gonna Leave Me 4:29 13 Clang Boom Steam 0:46 14 Make It Rain 3:39 15 Day After Tomorrow 6:53 16 Chick a Boom [unlisted] 1:17
FLAMENCO EXPERIMENTAL. "Prefiero el caos y la hecatombe a la mediocridad." (Enrique Morente)
Hay artistas que se quedan en un rincón reviviendo continuamente un pasado más o menos glorioso y ARTISTAS que miran hacia delante continuamente en una búsqueda insaciable. Estos últimos escasean y, como buscadores de una verdad intangible, se dan más de un coscorrón. Enrique Morente es uno de esos visionarios que entiende la música como una materia viva y cambiante. Como algo que no puede encerrarse entre prejuicios y miedos. Su carrera siempre había sido un romper continuo con lo anterior, una provocación para muchos, una afirmación continua para otros tantos.
Omega no es sino un punto de inflexión absoluto en su carrera y en la historia de la música en castellano. La ambición que proyectaba no era para tomar a broma y, sinceramente, se prestaba a salir mal por muchos motivos. El principal era una tendencia clara hacia la épica y la dispersión. Vamos, aunque peguen, no se me antoja fácil unir a Federico García Lorca y Leonard Cohen bajo el paraguas del flamenco. Y para más inri, por si esto no fuera suficientemente osado, se alía con Lagartija Nick para teñir los palos de un rock casi thrash que auguraba interés… Y muchas dudas.
A veces ocurre, y hablamos de triunfo absoluto entonces, que los ARTISTAS se sobreponen a todas las dificultades y vencen los augurios a base de creatividad, talento o sangre. De todo esto se valió este grupo de granaínos para empastar unos estilos antagónicos que conviven y respiran como sin esfuerzo en un trabajo capital como se han visto pocos en este país. No puede sonar exagerado, no al menos después de atravesar "Omega", la canción, el dichoso y negro pórtico que se erige en el impresionante acceso al álbum. Sus once minutos nos sacuden entre magmas eléctricos, poesía apasionante y crescendos sedientos de sangre. Un tour de force que sirve de presentación perfecta para la dulzura portuaria de "Pequeño Vals Vienés". Morente derrite los versos de Lorca, según la versión de Cohen, en un maridaje triple digno del autor de Beautiful Losers (1966).
A pesar de todo este paisaje abyecto para el purista, no crean que esto es algo diferente al flamenco. Muy al contrario, sigue siéndolo por actitud y rajo. Ya se encargan de dejarlo bien claro los temas más "tradicionales" del disco. Tradicionales por decir algo, porque todos tienen el sello morentiano, el giro que los diferencia de cualquier otra cosa. Eso que hace que a los que no escuchan flamenco les parezca muy puro y a los fanáticos del género una marcianada. Pues ni una cosa ni otra. Este álbum no se entiende desde el extremismo. Y eso que Omega se sitúa en un extremo desde su mismo título.
¿Es el final de una etapa o la apertura de caminos infinitos? Principio, final, nacimiento, muerte… Omega no se acaba nunca. Dejen de leer sobre él y escúchenlo de verdad. Métanselo en la piel y en los huesos. Tal vez así entiendan toda esta verborrea. Solo así verán que sus raíces se hunden en lo más profundo y sus ramas abrazan la inmensidad del todo más absoluto.
1
Omega
10:48 ❤
2
Pequeño vals vienés (Take This Waltz)
5:33 ❤
3
El pastor bobo
3:42
4
Manhattan (First We Take Manhattan)
4:44
5
La aurora de Nueva York
4:59
6
Sacerdotes (Priest)
4:07
7
Niña ahogada en el pozo
3:45
8
Adán
4:14
9
Vuelta de paseo
5:08 ❤
10
Vals en las ramas
4:01
11
Aleluya (Hallelujah n. 2)
6:24
12
Norma y paraíso de los negros
4:34
13
Ciudad sin sueño
5:46 ❤
Total: 67:45
"Omega es la visión de Enrique Morente sobre Poeta en Nueva York de Federico García Lorca." - (libreto interior del disco)
"Incluso antes de salir el disco, la flamencología empezó a criticarme muy enérgicamente y a agredirme como si estuviéramos haciendo algo malo (...) Fue un posicionamiento, un pronunciamiento musical, un golpe de estado artístico a lo que se hacía en esos momentos." (Enrique Morente)
"El poema en trece versos ya contiene el grito y el ruido, aparte de ser una premonición sobre la propia muerte de Lorca, pero Morente enseguida visualizó cómo adaptarlo a nuestro caos." (Antonio Arias, Lagartija Nick, sobre la canción "Omega")
"Los poemas explosionaban en nuestras manos y nos arrastraban por el camino de la intuición." (Antonio Arias)