viernes, 6 de marzo de 2026

El melocotonazo y la música del diablo

Hereslittlerichard.jpeg

Here's Little Richard (Little Richard, 1957)


ROCK & ROLL. Un negro mariquita tocando la música del diablo. Muy bonito no debía verse esto en la puritana Norteamérica de los 50. No resulta extraño que llegara Elvis y pasara lo que pasó. Aun así, el tiempo ha pasado y ha puesto las cosas en su sitio. A Elvis no hay quien lo mueva de su pedestal, merecidamente a pesar de todo, pero a mi negro afeminado hay que hacerle otro monumento. Uno que pueda cantar sus alabanzas como merece, si es que eso es posible. Por su carrera, por su vozarrón y por este disco increíble.

Esto fue su debut en LP y en menos de media hora ya sentó las bases de un género que, aunque no inventó, sí que le cambió los pañales. La música negra se torna en un animal vibrante de saxos tórridos y un piano ardiente, pensado para ser tocado de pie. Puro punk avant la lettre que era capaz de poner patas arriba cualquier auditorio y hacer enloquecer a una juventud ávida de referentes que sacudieran los convencionalismos. Little Richard no era precisamente la referencia que la timorata Norteamérica blanca quería para sus hijos, por eso el artista era visto como el mismo demonio y no contó con ninguna facilidad en su carrera. Si se acabó imponiendo, fue por vehemencia y por su demoledora calidad artística.

Así, Here's Little Richard no es que sea un mito del rock & roll, ES el rock & roll. Así de simple y así de duro. Tanto como la demencia que Ricardito escupe ante el micro, esa mezcla de locura y seguridad en unas dotes sobrehumanas. Nadie ha cantado jamás como él, eso lo sabe bien hasta Lemmy, adorador confeso del predicador. Y muy pocos, si los hay, han podido igualar la erupción volcánica que sacude tus altavoces tantos años después, con tanto bagaje a nuestras espaldas. Parece imposible que un disco de ¡¡¡1957!!! pueda sonar así y dejarte clavado al asiento, intimidado por un sonido tan bárbaro, para inmediatamente impulsarte a saltar y bailar sin poderte resistir a un poder que ha cruzado los decenios y cruzará eones de tiempo para erigirse siempre en una de las mejores cosas de esta vida. Punto.


 
A1 Tutti Frutti 2:24 ❤
A2 True, Fine Mama 2:41 ❤
A3 Can't Believe You Wanna Leave 2:23
A4 Ready Teddy 2:07 ❤
A5 Baby 2:03
A6 Slippin' and Slidin' 2:38
B1 Long Tall Sally 2:07 ❤
B2 Miss Ann 2:15
B3 Oh Why? 2:06
B4 Rip It Up 2:22
B5 Jenny, Jenny 2:00
B6 She's Got It 2:25
Total: 27:31

Lo dijo bien claro. En su familia no gustaba el rhythm & blues. Eran más de Bing Crosby  y Ella Fitzgerald. Esa fue su formación musical, aunque siempre supo que había algo más fuerte, que lo iba a llenar más. "No sabía dónde encontrarlo hasta que me dí cuenta de que estaba en mí".


 "I call my music the healing music… It makes the blind feel that they can see, the lame feel that they can walk, the deaf and dumb that they can hear and talk." (Little Richard)

Sin rastro de humanidad

Dehumanizer (Black Sabbath, 1992)

HEAVY METAL. Once años después del exitoso Mob Rules (1981), y sin saber muy bien cómo, Tony Iommi consigue reunir la formación que grabó dicho álbum. Ronnie James Dio a las voces, Geezer Butler al bajo y Vinny Appice a la batería acompañan al guitarrista en un disco marcado por los continuos saltos al charco entre EE.UU. e Inglaterra para su grabación, lo que supuso un despilfarro que el propio Iommi no se ha cansado de mencionar.

Debió doler a la vista del resultado que, una vez más, muestra a unos Sabbath más orientados a lo que estaba haciendo Dio en ese momento que a la dirección que habían tomado desde Tyr (1990), álbum con el que habían logrado volver a invocar la oscuridad desde el ángulo de las leyendas escandinavas. ¿Algo que es malo per se? La verdad es que no. Son dos formas complementarias de entender el metal. Sin embargo, algo ha pasado siempre con la relación entre Iommi y Dio o con la de este último y Ozzy, quién sabe, pero lo cierto es que esta formación duró bien poco, volviendo Tony Martin al acabar la gira de presentación de este disco.

Un disco bastante bien considerado entre la crítica y los seguidores más acérrimos. Puedo entenderlo. El aura y la potencia escénica de Dio son muy grandes como para pasarlas por alto. Las ganas de revivir antiguas victorias, también. Aun así, tampoco veo mucho que celebrar en un álbum que me suena cabezón y poco imaginativo. Una obra que no aporta gran cosa ni al canon del grupo ni al del metal. En plena era de dominio del grunge, puede que se agradeciera que hubiera abnegados trabajadores del heavy de toda la vida para dar el contrapunto, pero, desde luego, se necesitaba algo más para equilibrar la balanza. 

★★☆☆☆

1 Computer God 6:15
2 After All (The Dead) 5:41
3 TV Crimes 4:02
4 Letters From Earth 4:17
5 Master of Insanity 5:55
6 Time Machine 4:15
7 Sins of the Father 4:46
8 Too Late 6:55
9 I 5:13
10 Buried Alive 4:50
11 Time Machine (Wayne's World Version) 4:19

Total: 56:28

El grito

Animalia Lotsatuen Putzua (Lisabö, 2011)

POST-HARDCORE. "El pozo de los animales avergonzados" se abre paso a dentelladas y no deja títere ni cabeza en sus cuarenta minutos de asedio. Así se las gastan los irundarras en su quinto asalto en largo, un disco que suena como lo hace la furia y que duele como un aullido. Las letras son de Martxel Mariskal, como viene siendo marca de la casa en los últimos trabajos del grupo. Y habría que colocarlas en el primer plano que merecen. Son confesiones descarnadas, puñaladas a la conciencia y el entendimiento, disparos secos de auténtica poesía lúcida, personal, desnuda, salvaje. Es como la nieve que golpea la cara en la ventisca, el manto intraspasable que cubre estas canciones aceradas y brutales.

Lisabö parecen aquí más veteranos pero no más viejos. Cargados de experiencia, han facturado una obra más sencilla en lo musical, más directa, más primitiva y más rotunda que todo lo que hayan hecho nunca. Y ya es decir en el currículum de uno de los grupos más crudos y viscerales que tenemos. Lo básico se ha conjurado para sumar en un disco coherente desde su portada mínima e icónica hasta la distribución vinílica de los temas. Ya lo venían anunciando en una discografía matadora, pero aún así no podemos dejar de sorprendernos ante la barbarie de este disco. Todo sucede de una manera maquinal y certera bajo el tictac inclemente de esa batería doble, bajo la rabia en las voces perfectamente empastadas de Karlos Osinaga y Javi Manterola, bajo el noise a tumba abierta.

Ya no se habla de referentes más, Lisabö se han convertido por derecho en un espejo para todo el que tenga la curiosidad de mirarse. A veces pueden parecer un charco embarrado y otras un océano negro y encabritado. Es la grandeza, la inmensidad y la furia del alarido y el escalofrío. El Grito. Y luego el Silencio.

-o-

"No has venido a mi fiesta. No he ido a tu entierro. Ando cuidando tus libros y tus collares, alimentándome de la carcoma en el ático de madera, tragándome los muchos ojos del recuerdo cada vez que cambian de color". ("Oinazearen intimitatea" / "La intimidad del dolor")

★★★★

A1 Oroimenik gabeko filma 6:26
A2 Ez zaitut somatu iristen 5:53
A3 Oinazearen intimitatea 7:28
B1 Gordintasunaren otordu luzea 6:16
B2 Laztan isilen deiadarra 7:18
B3 Ezereza mugak 7:30

Total: 40:51

 

jueves, 5 de marzo de 2026

Cenizas entre las cenizas

Days of Ash (U2, 2026) [EP]

CANCIONCILLA PROTESTA. Se esperaba todo un álbum de U2 para finales de este año. Por eso ha sorprendido tanto la edición de este EP. Seis canciones que, a la vista de los acontecimientos, no podían esperar, según los miembros del grupo. Ya habrá tiempo para reír y saltar, dice Bono. Ahora lo que toca es reflexionar y movilizarse con el lanzamiento más político y beligerante de la banda desde War (1983). Con la inspiración y la inercia de los U2 de 2026, claro.

Algo que no anuncia delicia alguna precisamente. Algo, que como la actitud del cantante ante el genocidio palestino, se queda en una protesta muy tibia, en un susurro más que en un grito de dolor. Es cierto que las intenciones son buenas y se percibe una cierta revitalización en las formas y en la rabia, pero también hay que admitir que todo esto es insuficiente en grado sumo. Cuando es más interesante la motivación o la historia detrás de la canción que la música misma, mal vamos.

Aquí U2, o Bono, le cantan las cuarenta a los desmanes del ICE, a la guerra de Ucrania, a la violencia del gobierno iraní contra su propio pueblo y hasta propone la solución de los dos estados para el conflicto Israel-Palestina. Hasta ahí, todo es correcto, pero aparte del tono más bien amable de todo este panfleto, hay un par de puntos que chirrían especialmente.

En primer lugar, "Song of the Future" habla de la muerte de Sarina Ezmailzadeh, chica iraní de 16 años asesinada a palos por las fuerzas de seguridad tras participar en una protesta. Las autoridades, además, trataron de hacer pasar el crimen por suicidio. Y el problema con la canción es su tono: tan dulce, tan florido y tan luminoso que me parece casi ofensivo. Algo que puede ser simplemente una impresión personal, lo sé. Como la aversión que me producen los aires marciales que imponen en el vídeo y el libreto a "Yours Eternally", homenaje a Taras Topolia, cantante ucraniano que decidió aparcar la música para combatir contra Rusia al comienzo del conflicto. Una apología de lo bélico que no me esperaba en los abanderados de la paz mundial. Además, en una canción en la que colabora Ed Sheeran para llevársela totalmente a su terreno y desdibujar a una banda borracha de épica en medio de un crescendo eufórico e infame.

En resumen, la urgencia no suele ser buena consejera. Las ganas no bastan. Son un buen motor para generar arte valioso, pero sin la inspiración y el maceramiento pertinente se suelen quedar en nada. Este es el caso ante una obra de la que no esperaba mucho y para la que, por tanto, tampoco hay decepción posible.

★☆☆☆☆

1 American Obituary 4:23
2 The Tears of Things 5:25
3 Song of the Future 3:55
4 Wildpeace 1:18 with Adeola & Jacknife Lee
5 One Life at a Time 4:03
6 Yours Eternally 4:26 feat. Ed Sheeran & Тарас Тополя [Taras Topolya]

Total: 23:30

Ciudadano del mundo

Born in the USA (Bruce Springsteen, 1984)

 

ROCK. Después de las demos en carne viva de Nebraska (1982), el Boss entrega un disco en apariencia radiante y abierto. Nada más lejos de una realidad oculta por esa voz desbocada y esas melodías contagiosas, vibrantes y enternecedoras, pero desoladas en el fondo. Porque si este álbum es su gran viaje por las venas de Norteamérica, es inevitable que esta le acabe helando el corazón. 

Por eso, aunque en primera instancia el séptimo disco del de Nueva Jersey nos parece un disco cálido y sin dobleces, la cosa se va poniendo negra con las escuchas para acabar entendiendo que nos estamos enfrentando a un álbum duro y crudo. Un disco que lo apuesta todo a las melodías más intensas y coreables y que viaja desde la visión de pájaro (nada complaciente por cierto) de todo un país —"Born in the USA"— hasta el microscopio aplicado con intimidad y nostalgia a la ciudad natal como ejemplo de cualquier otra —"My Hometown". Podría ser la tuya, como dice al final. 

Con todo, pasan los años y se acumulan las escuchas. Nos acabamos metiendo discos como este en los entresijos más íntimos de nuestra alma. Tantos, que corremos el peligro de darlos por hechos, de no valorarlos, de no concluir que estamos ante una auténtica obra maestra. Podemos andarnos con melindrosidades y un ojo, más que crítico, inquisidor. Sin embargo, si, como yo, te pones este álbum y no puedes dejar de cantar, si te vibra hasta el último vello de la nuca en cuanto empieza "Downbound Train", para no parar ya hasta que se apaga "My Hometown" como la vela de un ritual... Bueno, no creo que te puedas permitir el lujo de no colocarlo entre tus obras maestras más queridas. 

Porque si no es una obra referencial para la cultura occidental —algo que habría que discutir—, no me cabe duda de que sí que es una obra emocional como pocas, y no solo merece la pena, sino que se hace casi imprescindible. Por encima de cualquier tópico y por encima de cualquier otra estúpida consideración.

★★★★★

A1 Born in the U.S.A. 4:39
A2 Cover Me 3:26
A3 Darlington County 4:48
A4 Working on the Highway 3:11
A5 Downbound Train 3:35
A6 I'm on Fire 2:36
B1 No Surrender 4:00
B2 Bobby Jean 3:46
B3 I'm Goin' Down 3:29 
B4 Glory Days 4:15
B5 Dancing in the Dark 4:01
B6 My Hometown 4:33

Total: 46:19

No se puede ser más obvio. La portada, el título y el brazo en alto ya lo anuncian a los cuatro vientos. Que este disco representa como ningún otro a los EE.UU. es una obviedad de dimensiones bíblicas, algo impepinable. Que se ha malinterpretado hasta la extenuación, también es bien sabido. 

Sin embargo, debo hacer hincapié en ello. No sé si para contrarrestar con mi minúsculo granito de arena cada vez que se ha cogido la canción titular para fines para los que no fue concebida. Quizás para responder a todos esos —políticos patrioteruchos casi siempre— que se la han arrogado para causas casi siempre innobles. No, no dice eso que usted quiere. Más bien lo contrario. No habla de maximalismos. Como todo el disco, aquí se aplica el microscopio y se llega al barrio, al hogar, al individuo y hasta al alma. Todos lo sabemos. Nos lo han dicho miles de veces. Pero seguimos olvidándolo.

Los no lugares

Ezlekuak (Lisabö, 2007)
 

POST-HARDCORE. He leído por ahí que con este disco, Lisabö volvían a la normalidad después de esas Pil Pil Sessions que acogieron lo que sería su segundo álbum. Y sí, es cierto que, con la vuelta de Javi Manterola a tiempo completo, recuperan su sonido y su actitud, pero también habría que señalar que, respecto a ese Ezarian (2000), con el que debutaron, hay también cambios significativos. Sobre todo en términos de una condensación de tiempos y estructuras que redunda en un álbum más sólido y compacto. Ocho canciones en cuarenta minutos son la base sobre la que armar un discurso mucho más concentrado y directo.

Sensación de bloque que se acentúa también por una aproximación más cruda y con menos florituras. Si bien no eliminan la presencia del chelo de Maite Arroitajauregui, sí que la reducen de manera notable ("Sekulan etxean izan ez", "Bi minutu". "Hazi eskukada II"). Y sin duda, la mayor aportación al álbum está en la poesía de un Martxel Mariskal que, a partir de este trabajo, se iba a convertir en un miembro más del grupo. Un giro que apuesta por la profundidad, la desnudez y la emoción más ardiente.

Todo en un álbum que parece pensado para el vinilo —aunque solo saldría en este formato más de una década después—, con sus cuatro temas por cara y su duración más breve. Todo un posicionamiento estético y casi político para un disco con carga de profundidad, aura y todo lo necesario para engatusar al más hermético. Es verdad que tenían capacidad para sonar aún más atávicos y primarios. Lo demostrarían después. Pero aquí es donde Lisabö marcan territorio y sientan las bases para una forma de hacer que los llevaría a lo más alto.

★★★★☆

1 Hazi eskukada I 5:52
2 Aukerak, ankerrak 3:36
3 Bi minutu 2:24
4 Alderantzizko magia 8:37
5 Sekulan etxean izan ez 6:09
6 Hazi eskukada II 1:53
7 1215. Katean 6:15
8 Nekearen teoria 6:18

Total: 41:04 

domingo, 1 de marzo de 2026

Cuando al placer le cortas las alas...

Vidas semipreciosas (Nacho Vegas, 2026)
 

CANCIÓN DE AUTOR. Nacho sigue en su línea y, empeñado en seguir tomándole el pulso a los tiempos, entrega una nueva obra entre la crónica y lo premonitorio. Un disco que moldea el pesimismo con esos mil matices que buscan ese hilo de luz que podamos llamar esperanza. Sobre estas premisas arma un álbum que revolotea sobre la idea de que quizás todo el placer que buscamos no sea más que un simple alivio. Idea escamoteada a William S. Burroughs y que enlaza directamente con una búsqueda de la belleza que nos puede llevar a tratar de alcanzar un ideal imposible. Nacho aboga por la coherencia y lo terrenal, aconsejándonos que nos quedemos con lo imperfecto, lo cotidiano... En definitiva, con lo semiprecioso.

Un armazón interesante y leído, pero sobre todo increíblemente humano, sensible y emocionante. La base sobre la que ir colocando su nueva colección de canciones de amor y lucha. Canciones que hablan del día a día, del amor de Nacho por su madre, de la auténtica libertad lejos de las consignas y el maquillaje, y de sus ideales férreos e irrompibles. Una colección en la que bulle, más que nunca, el amor por sus raíces, con un empleo cada vez más extendido de la lengua asturiana, así como del uso de un par de melodías, que si no las ha sacado del folklore de su tierra, han sido influenciadas por esas especias de manera clara.

No es que este disco se diferencie ni avance claramente con respecto a su obra anterior. Es un trabajo que no abre nuevas vías en una forma de escribir canciones para la que siempre parece difícil encontrar ese giro diferenciador e interesante. Simplemente asienta conceptos, ofrece buenas melodías y letras, y trata de hacerse un sitio a base de ordenar todo esto alrededor de una temática interesante. Puede que nos parezca poco para el escritor de ese desbordante Cajas de música difíciles de parar (2003) o del abisal Desaparezca aquí (2005), pero creo que con este disco no solo mantiene el tipo en una etapa de madurez siempre difícil, sino que ahonda en un modus operandi que es toda una garantía de longevidad artística. Por eso hay que celebrarlo. Sin euforias excesivas, pero también sin cicatería ni tacañería alguna.

★★★★☆

Cara Malaquita
A1 Alivio
A2 Fíu
A3 Mi pequeña bestia
A4 Piedras semipreciosas
A5 Llueven moscas 
A6 Tiempos de lobos
Cara Obsidiana
B1 Los asombros
B2 Deslenguarte
B3 Les ales
B4 Seis pardales
B5 L'acabose

Total: 43 min.