ROCK CRISTIANO. Estamos en el punto álgido de la fiebre religiosa de Bob Dylan, con el cristianismo en el centro de su vida y obra. Si en Slow Train Coming (1979) todavía podíamos asociar sus metáforas de alabanza a cosas más terrenales, en esta continuación el autor deja poco o ningún espacio para la interpretación. Nada más empezar, tras versionar a Joe "Red" Hayes y Jack Rhodes para dejar claro que se encuentra en paz consigo mismo, se lanza a explicarnos el porqué: ha sido salvado por la gracia de Dios.
Todo esto nos cuenta el Bardo de Minesota en el pórtico majestuoso y casi frenético de su vigésimo álbum. Una declaración de intenciones en toda regla que no busca la descripción anecdótica, sino que suena a clara evangelización por su parte. Una forma de predicar sin tapujos ni parábolas que valgan. Desde un púlpito en el que suena el góspel, cómo no, las baladas epifánicas, obvio, pero también algunas gotas de rock puro y duro —"Saved", "Solid Rock". Nuestro héroe —sí, todavía y a pesar de este período de alucinación que sufría— no escatima en recursos para hacerse oír. Justo lo que siempre han hecho los predicadores más fanáticos e irreductibles.
Un recurso que puede resultar vistoso y que con los años ha influido a la hora de mejorar la imagen de un disco que estuvo mucho peor visto en el momento de su edición que ahora. Eso es lo que percibo entre la dylanología militante. Y lo entiendo. Al fin y al cabo, aunque era muy pequeño para escucharlo cuando salió, también he ido mejorando mi opinión de esta grabación con el paso del tiempo. No lo suficiente como para considerarlo un buen álbum —a ese nivel no creo que llegue nunca—, pero sí he aprendido a verlo con otros ojos, apreciando canciones que pueden llegar a emocionarme. Limitaría este premio a los siguientes temas: "A Satisfied Mind", "Saved" y "Pressing On". Canciones sobresalientes en medio de un mar de mediocridad.
El ejemplo manifiesto de otro de los grandes dichos acerca del maestro: que por muy malo que sea un disco suyo, siempre hay dos o tres canciones que merecen la pena. O al menos una, en el peor de los casos. No deja de ser un pobre consuelo. Este, definitivamente, no es el LP que me voy a poner a diario. Voy a seguir frunciendo el ceño cada vez que caiga en mis manos, más como una obligación que como un placer. Supongo que me tengo que conformar con ese acuerdo de mínimos, porque la fe a mí no me da para creer en los milagros ni para poner mi otra mejilla. Al menos me alegro de que mi querido Bob hubiera sido cegado por la luz de la salvación, aunque solo fuera por un tiempo.
★★☆☆☆
A1 A Satisfied Mind 1:58 A2 Saved 4:03 A3 Covenant Woman 6:05 A4 What Can I Do for You? 5:54 A5 Solid Rock 3:58 B1 Pressing On 5:13 B2 In the Garden 5:59 B3 Saving Grace 5:04 B4 Are You Ready 4:40
CANCIÓN DISLOCADA. Debió ser maravilloso lo que atacó la cabeza del genio de Pomona en la mitad de los 80. Tuvo que ser algo impactante, directo y brutal lo que volteara sus concepciones musicales para ser capaz de vomitar tanta influencia clásica, tanto blues y tanto jazz, tanta Afroamérica, en torrentes expresivos de la voluptuosidad y la heterodoxia de Swordfishtrombones (1983) y esta continuación, que no hacía más que imperfeccionar lo que parecía imposible.
Rain Dogs es la cima creativa de un gigante, una cumbre imponente, un ataque frontal que no deja prisioneros. Un álbum que habla de todos aquellos que no encajan, esos perros de la lluvia que viven fuera del radar, con el desarraigo como único compañero de viaje. El marco perfecto para destilar la esencia del mejor Waits, el de la hojalata y los ladridos, el chatarrero de los sonidos imposibles. Aquí se explaya a gusto, entre el vertedero y la taberna, entre el garito y el teatro. Deconstruye a Louis Armstrong, infusiona a Captain Beefheart y apabulla con su voz maleducada y perruna. Con la ayuda impagable de Marc Ribot a la guitarra, se ajusta a todos los registros, desde la balada beoda hasta el rock rajado, aunque las piezas que arma en esta joya superan la categorización. No es rock, no es jazz, no es música de cabaret, es Tom Waits, el artista que supo regurgitar su pasado para transitar por esta puerta a un futuro que lo encumbraría como el cantautor dislocado, el genio visionario que hoy sabemos que es.
Las palabras se suelen quedar cortas siempre, pero mucho más ante monumentos como este. Él solo explica toda una carrera. Sin desmerecer al mítico y absolutamente seminal Swordfishtrombones, aquí Tom suena más libre que nunca, su voz duele como nunca lo había hecho y sus aciertos compositivos son más rotundos. Así sale un disco que siempre apetece escuchar, soberbio en su desarrollo. Diecinueve canciones que se clavan en el alma. Por emoción o desgarro. Por brillo u óxido.
A1 Singapore 2:46 A2 Clap Hands 3:47 A3 Cemetery Polka 1:54 A4 Jockey Full of Bourbon 2:45 A5 Tango Till They're Sore 2:49 A6 Big Black Mariah 2:44 A7 Diamonds & Gold 2:31 A8 Hang Down Your Head 2:32 ❤ A9 Time 3:55 B1 Rain Dogs 2:56 B2 Midtown (Instrumental) 1:00 B3 9th & Hennepin 1:58 B4 Gun Street Girl 4:37 B5 Union Square 2:24 B6 Blind Love 4:18 B7 Walking Spanish 3:05 B8 Downtown Train 3:53 ❤ B9 Bride of Rain Dog (Instrumental) 1:07 B10 Anywhere I Lay My Head 2:48 ❤
CANCIÓN DISLOCADA. Estamos ante la revolución más profunda y radical que llevara a cabo Tom Waits. Ya había tenido puntos y aparte, discos seminales que habían significado un cambio de dirección artística evidente. Sin embargo, nada nos preparaba para lo que se inventa aquí el de Pomona. Y es que en este punto, Waits decide que lo que han hecho Billie Holiday, James Brown o Louis Armstrong ya está más que digerido y, además, es irrepetible. Así que, ni corto ni perezoso, ataca frontalmente al pasado con los ácidos del trombón-pez-espada y, a través de ritmos de metal roto y ladridos de opereta, nos lo devuelve reluciente para la eternidad.
Los cambios en realidad se limitan a las formas, las cuales apalea hasta abollarlas. En cuanto a las letras, nos sigue contando sus historias de bebedores y sus nostálgicas elegías al barrio, alineadas quizás con más convicción con el inconformismo y la vanguardia. Un irrenunciable billete de ida a Marte, regalo de un Santo Bebedor que se transformaría ya para siempre con este trabajo en el Cantautor Dislocado.
Por mucho que lo repita, nunca me parecerá suficiente. Desde este punto comienza a fraguarse todo un mundo por descubrir. Y eso que parece imposible absorber tanta belleza de la lata, de esta música para banda ambulante desastrada. Los viejos patrones se repiten a lomos de un sonido nuevo, primigenio, salido de instrumentos imposibles, surgidos de pesadillas infantiles. La base sigue bullendo de manera parecida. Sigue siendo blues, jazz, canción de entreguerras, pero, tocada por este Waits, nada vuelve a ser igual. Científico loco, Chatarrero celestial, Genio inconmensurable... Los apelativos se agolpan y se amontonan sin medida. De alguna forma habrá que llamar a alguien capaz de obsequiarnos con tan deliciosa chatarra.
★★★★★
A1 Underground 1:58 A2 Shore Leave 4:12 A3 Dave the Butcher 2:15 A4 Johnsburg, Illinois 1:30 A5 16 Shells From a Thirty-Ought-Six 4:30 ❤ A6 Town With No Cheer 4:22 A7 In the Neighborhood 3:04 ❤ B1 Just Another Sucker on the Vine 1:42 B2 Frank's Wild Years 1:50 B3 Swordfishtrombone 3:00 B4 Down, Down, Down 2:10 B5 Soldier's Things 3:15 ❤ B6 Gin Soaked Boy 2:20 B7 Trouble's Braids 1:18 B8 Rainbirds 3:05
Total: 40:31
Este disco es tan rico, tan diferente, tan único... que no encuentro referencias con los que conectarlo. O mejor dicho, encuentro demasiadas.
Desde los funerales de Nueva Orleans, quizás la más pintoresca y la más cercana en muchos sentidos, hasta la banda alienígena que ameniza las veladas en la Cantina de Mos Eisley —Star Wars—, desde el gamelán indonesio a los ritos ancestrales de las culturas africanas y precolombinas... Cualquier cosa con algún componente ritual, primitivo, atávico puede asociarse a un álbum, de verdad, inigualable.
Así es Swordfishtrombones. Puro gumbo, puro mojo, puro vudú. Como Captain Beefheart, como Dr. John, pero diferente. Como nadie más que él mismo.
One From the Heart (Tom Waits and Crystal Gayle, 1982) [BANDA SONORA]
CANCIÓN JAZZ. Tom Waits da un paso al costado y hace un paréntesis en su carrera desenfrenada con la creación de la banda sonora para Corazonada, película dirigida por su amigo Francis Ford Coppola y estrenada en 1982. Para ello se pone su traje de crooner, se deja acompañar por la cantante country Crystal Gayle y escribe un puñado de canciones en las que el jazz y el piano bar toman la manija completamente borrachos de romanticismo.
Unas formas clásicas que solo dejan ver algún conato de los últimos movimientos del cantautor, pero que para nada anuncian lo que estaba por venir apenas unos meses después con ese festival de ladridos, lija y tuberías oxidadas que iba a ser Swordfishtrombones (1983). Clasicismo cinematográfico que resultó bastante exitoso para el de Pomona. Sobre todo en lo artístico y si lo comparamos con el descalabro en taquilla que sufrió la película. Tanto que agravó la situación financiera de un Coppola que acabaría declarándose en bancarrota.
A pesar de mis alabanzas, me gustaría matizar algo: no es que estemos ante la última maravilla de Waits. Con las imágenes todo cobra mucho más sentido, pero sin ellas el disco suena arrastrado y no acaba de fluir. Está lleno de postales de amor preciosas, pero, si bien el contraste entre las voces de Gayle y el autor me parece genial, el tono mainstream que destila todo cuando ella canta sola no es algo que mi mente pueda asociar al cantautor dislocado. No es algo que pueda hundir al disco, pero desde luego no lo ayuda a salir de esa zona media en la que va a pescar cualquiera interesado en la obra del autor de "Tom Traubert's Blues". La misma que nunca visitará un oyente más casual. Como banda sonora que es, ni siquiera sé si contarla como álbum de su discografía canónica, pero, de hacerlo, no se me ocurre mejor ejemplo de lo que sería un disco de transición.
★★★☆☆
A1 Opening Montage: Tom's Piano Intro / Once Upon a Town / The Wages of Love 5:15 A2 Is There Any Way Out of This Dream 2:12 A3 Picking Up After You 3:52 A4 Old Boyfriends 5:52 A5 Broken Bicycles 2:51 B1 I Beg Your Pardon 4:25 B2 Little Boy Blue 3:43 B3 Instrumental Montage: The Tango / Circus Girl 2:59 B4 You Can't Unring a Bell 2:20 B5 This One's From the Heart 5:44 B6 Take Me Home 1:35 B7 Presents 1:01
POP ROCK. Con su segundo disco largo, ese que llaman el difícil, llegan a la cima, lugar del que no se bajarían en los pocos años que le quedaban a la década. Los motivos me parecen esquivos ahora. Cómo un grupo tan recoleto, tan poca cosa a simple vista, tan retraído, consiguió arrasar en las listas de este país y vender discos a mansalva es algo digno de estudio. Claro que en la época eso nos parecía de lo más normal, porque la música era todo lo que teníamos y, simplemente, nos parábamos a escuchar. La música y las palabras.
No quiero decir con todo esto que el disco sea lo más de lo más. Es bastante defectuoso en realidad, una depuración de su estilo, más efectista que otra cosa. Poco de originalidad, mucho de digestión bien hecha, pero no tan brillantemente plasmada. Un disco que hoy sigue apelando a la nostalgia como hacía desde el momento de su edición. Sé que eso no parece posible, pero canciones como "En algún lugar", "Tu sonrisa", "Al caer la noche", "Una calle de París", "El sentido de tu canción" tienen algo muy atractivo, sin duda, pero también un pelín de tontería y una falta de garra que, ya lo sé, va en el ADN del todavía trío. Y si triunfan, es porque están construidas sobre una masa de melancolía y morriña que las hace perdurables.
Hasta cierto punto. El grito del tiempo no deja de ser problemático. Por mucho que me traslade a otros momentos. Por mucho que sus melodías sigan pareciéndome tan bonitas como el primer día. Lo que me cuenta ya no me dice lo mismo. Yo no soy el mismo y él sí. No sé, a veces creo que está más que superado, pero otras vuelve a llenarme de dudas. Dentro de lo que cabe, por supuesto, tampoco nos volvamos locos.
★★★☆☆
A1 En algún lugar 3:52 A2 Tu sonrisa 2:16 ❤ A3 Señales en el cielo 3:02 A4 Al caer la noche 2:55 A5 La tierra del amor 3:40 A6 No debes marchar 3:39 B1 La barra de este hotel 2:50 B2 Una calle de París 2:18 B3 Mi tierra mi casa y una mujer 2:23 B4 El sentido de tu canción 2:50 ❤ B5 Paloma blanca 3:23 B6 Dirección sur 2:13 B7 El río del silencio 2:18
Total: 37:39
Es inevitable relacionar este disco con The Joshua Tree (U2, 1987), disco lanzado meses antes y que tanto gráficamente como en sonido me parece una influencia más que directa para los donostiarras.
Es cierto que el mayor paralelismo lo veo en la portada, con ese blanco y negro y esa pose por parte del trío vasco. Pero no es menos cierto que, si bien Duncan Dhu producen un disco mucho más doméstico y humilde en lo emocional que el expansivo y casi megalomaníaco superventas de los irlandeses, veo similitudes en el sonido de corte americano de ambos.
POP ROCK. Todavía muchos no entendemos qué llevó al por entonces dúo donostiarra a publicar este álbum de descartes y rarezas justo antes de ese magno Autobiografía (1989). Lo que aún me sorprende hoy día es lo escaso del material que incluyeron aquí. De hecho, prácticamente se vieron obligados a ampliarlo en la edición CD con la inclusión de su EP de debut, Por tierras escocesas (1985).
Lo peor de todo es que cuando digo que el material es escaso, no me refiero solo a la cantidad, sino a la calidad de las canciones ofrecidas, muy inferior a lo que podemos encontrar en sus LPs. Algo que puede parecer normal en principio, pero que aquí destaca especialmente. Hasta el punto de dudar de la necesidad de airear cosas como "¿Quién pintó las estrellas de carmín?", "Mi amor" o "Sir d'Halancourt". Decir que son totalmente olvidables es quedarse muy corto.
Sí que hay cosas más interesantes, seamos sinceros. "Pobre diablo" y "Taxi Mex 103" —descartes de Autobiografía— tienen un riff manido pero atractivo; "El bosque" es una nueva inmersión en un universo Beatles que siempre les ha dado muy buenos frutos; "Una lanza, una oración" es fantástica —si no has disfrutado de la versión casete o CD de El grito del tiempo (1987), claro— y la versión en directo de "Al caer la noche", que aporta poco a lo que ya sabemos, pero que siempre es agradable.
En resumen, un disco solo para muy fans de la banda. Lo de la versión "Bésame mucho" lo dejo como caso aparte, porque creo que personifica muy bien la combinación entre aversión y atracción que puede provocar este recopilatorio. Más que un descubrimiento, un lo comido por lo servido. Tú verás si te vale.
★★☆☆☆
A1 El bosque A2 ¿Quién pintó las estrellas de carmín? A3 Mi amor A4 Sir d'Halancourt A5 Pobre diablo B1 Taxi Mex 103 B2 Fantasmas ❤ B3 Una lanza, una oración B4 Bésame mucho B5 Al caer la noche (Twilight Time) (En vivo) B6 Volverán por mí
POP. Dos volúmenes que rondan los cuarenta minutos cada uno conforman la obra más ambiciosa y personal de Duncan Dhu. Uno de sus mejores trabajos, de los más definitorios de sus intereses y habilidades, nos muestra al dúo inspirado en un toma y daca que podría recordar al de Lennon y McCartney. Y es que, salvando las distancias, este disco se mira claramente en el álbum blanco de The Beatles.
Juanra Viles ya no estaba. Los tiras y aflojas alrededor de la orientación artística del grupo habían acabado con el abandono del batería. El dúo reacciona a la adversidad, y lo hace con una huida hacia delante en la que se emplean a fondo y se vacían con una colección de canciones que, puede que necesite un filtro más selectivo, pero que lo cierto es que funciona. Al menos durante la mayor parte del minutaje, porque también es cierto que en el tramo final, personalmente, acabo pidiendo la hora.
La idea era ambiciosa. Así lo demuestra la variedad estilística que desarrollan los donostiarras. Medios tiempos de almíbar conviven con un par entregas de rock rugoso, y la melancolía marca de la casa lo baña todo. Un disco que apela al "demasiado" con convicción y que se espeja en obras como la ya mencionada The Beatles (1968), siendo, a la vez, modelo para vómitos expresivos del nivel de Honestidad Brutal (Andrés Calamaro, 1999). Todo eso redunda en incrementar un valor no siempre bien ponderado por la crítica, pero elevado a los altares por los fanáticos. Sin exageraciones y sin tacañería, un buen disco a pesar de todas sus taras.
★★★☆☆
A1 Rozando la eternidad 3:27 A2 El día que fue 2:13 A3 Rosa gris 3:31 A4 El nuevo calor 2:31 ❤ A5 Dulce aroma 2:24 A6 El viejo camino de la vía del tren 1:42 A7 Cuento de la canción en la botella 3:51 B1 Entre salitre y sudor 2:21 B2 Mujer sobre el papel 2:41 B3 Camisas limpias 2:46 B4 Amarga 2:50 B5 El camino de la piel 3:20 B6 La casa del enterrador 1:41 B7 Rosas en agua 1:48 B8 Tras la cortina 1:20 ❤
C1 Las reglas del juego 2:34 C2 Historias tristes 2:54 C3 Música ratonera 2:30 C4 El chico de los ojos asustados 3:06 C5 Dulce tentación 3:06 C6 Cayendo el cielo 3:05 C7 En el andén 2:44 D1 Palabras sin nombre 3:30 ❤ D2 Paraguas una tarde de diciembre gris 2:07 D3 El maniquí 2:10 D4 Un punto más 3:22 D5 Mi fiel talismán 2:16 D6 Carne de bar 3:19 D7 El ritmo de la calle 1:57 D8 Fiesta y vino 2:37
ROCK PENDENCIERO Y ELEGÍACO. Para el título de su sexto disco de estudio —lo siento, pero para mí Nighthawks at the Diner (1975) siempre será un directo— Tom Waits se sigue basando en el entorno que le rodea. Así, con ese humor tan suyo, hace un juego de palabras con la intersección entre Hollywood Blvd. y Vine Street. Un cruce muy conocido de Los Ángeles y no demasiado glamuroso en la época.
No en vano, aunque había sido un centro neurálgico, con una gran concentración de estudios cinematográficos, emisoras de radio y hoteles de lujo en las décadas de los 30 y 40 del siglo pasado, a mitad de los 70 era el sitio por el que pululaban camellos, prostitutas y gente sin hogar. El escenario perfecto para un disco de Tom Waits. De ahí que cambiara, con escasa sutileza, el nombre de Hollywood Blvd. por el de Heartattack, mucho más descriptivo de la tensión que se vivía en la zona.
Con estas premisas, el de Pomona armó un álbum en el que dominan las guitarras por primera vez en su carrera. Un trabajo en el que le deja buena parte del protagonismo al blues, por encima del jazz que venía siendo el centro de gravedad de todo lo que había hecho hasta ese momento. No se olvida de las escobillas ni de las orquestaciones, aunque sí que quedan en un delicioso segundo plano, como demuestran joyas inmarchitables del calibre de "Saving All My Love for You", "On the Nickel" o la eterna "Jersey Girl", que Bruce Springsteen no tardó en agenciarse para sus directos.
Por lo demás, y atendiendo al álbum como conjunto, debemos admitir que es un trabajo maravilloso, pero bastante irregular. Uno de esos que llaman de transición, de los que no siguen desarrollando las ideas que el artista venía plasmando en sus obras anteriores y que además quedan sin descendencia que brote de su semilla. Un disco que alberga ya la rudeza de hojalata por venir —sobre todo en la voz del maestro— y que se beneficia de un uso de las guitarras inédito en Waits. Después cogería cosas de este álbum para llevarlas más allá, no cabe duda, pero en general, debemos tener en cuenta que estamos ante una isla en su discografía. Por eso debemos disfrutarla y, a la vez, andarnos con pies de plomo. O quizás no. Ahora suena "Ruby's Arms", todo cobra sentido y me rindo. Sí... Mejor disfrutar de este disco a tumba abierta.
★★★★☆
A1 Heartattack and Vine 4:42 A2 In Shades 4:04 A3 Saving All My Love for You 3:39 A4 Downtown 4:43 A5 Jersey Girl 5:09 ❤ B1 'Til the Money Runs Out 4:20 B2 On the Nickel 6:17 ❤ B3 Mr. Siegal 5:13 B4 Ruby's Arms 5:35
Total: 43:42
Bounced Checks (Tom Waits, 1981) [RECOPILATORIO]
CANCIÓN JAZZ. El problema de este recopilatorio británico está en tratar de averiguar qué pretende. ¿Recoger lo mejor de sus años en Asylum? Parece evidente que no. ¿Juntar un puñado de rarezas? Pues tampoco. Entonces, ¿para qué sirve? ¿Se puede uno hacer una idea aproximada del talento que rebosaba Waits en estos años con este disco?
Solo en parte. Falta demasiado magro como para pasarlo por alto si buscamos un buen resumen de sus primeros años. Por ejemplo, el enorme Blue Valentine (1978) solo está representado por una toma alternativa —bastante sosita— de "Whistlin' Past the Graveyard". No voy a glosar los temazos que se podrían haber incluido. Simplemente me quedaré con el glorioso final enlazando las maravillosas "Burma Shave" y "Tom Traubert's Blues".
Dos canciones señeras del primer Waits, de acuerdo, pero que tampoco llenan si conoces un poquito su catálogo. De entre lo novedoso, destacaremos una versión en directo, desquiciante o genial —según el día—, de "The Piano Has Been Drinking" y una interesante —y poco más— "Mr. Henry", que grabó y acabó descartando para el entonces reciente Heartattack and Vine (1980). Claramente insuficiente dentro de un disco que nunca sabremos a qué juega.
☆☆☆★★
A1 Heartattack and Vine 4:42 A2 Jersey Girl 4:38 A3 Eggs and Sausage 4:13 A4 I Never Talk to Strangers 3:37 with Bette Midler A5 The Piano Has Been Drinking (Live) 6:07 B1 Whistlin' Past the Graveyard 3:15 B2 Mr. Henry 3:28 B3 Diamonds on My Windshield 3:13 B4 Burma-Shave 6:32 B5 Tom Traubert's Blues 6:40
Total: 46:25
Asylum Years (Tom Waits, 1986) [RECOPILATORIO]
CANCIÓN JAZZ. Estamos ante la edición británica en CD del disco doble de 1984. Un resumen en 70 minutos de dicho disco que supuestamente recorre lo mejor de Tom Waits durante su etapa en la discográfica fundada por David Geffen en 1971.
He dicho supuestamente, sí, porque, por un lado, me faltan demasiadas canciones clave como para mirar para otro lado. Algunas están en la versión original del 84, pero otras ni eso. Cualquier aficionado al primer Waits echará de menos gemas de los quilates de "Shiver Me Timbers", "Better Off Without a Wife", "I Wish I Was in New Orleans", "Invitation to the Blues", "The Piano Has Been Drinking", "Jersey Girl" o "On the Nickel", por señalar las asuencias más flagrantes e indiscutibles. Algo que, me consta, depende mucho de la subjetividad de uno, y que, por tanto, puedo perdonar.
Si no fuera porque también encuentro muy discutibles varias piezas incluidas en el recopilatorio, como son "Diamonds on My Windshield", "Small Change" o, sobre todo, "Potter's Field". Esto es quizás lo peor de la selección. El ver cómo se gastan casi nueve minutazos para colocar una de las peores "canciones" del genio de Pomona en detrimento de algunas de las que he señalado arriba. Es lo que tiene la obligación de ofrecer todas las caras del arte de nuestro amigo. Aun así, podían haber pensado en cosas como "Step Right Up" o "Red Shoes" en su lugar.
Subjetividades al margen, el disco contiene bastantes más momentos memorables e imprescindibles que de los otros. Su secuenciación también me parece acertada. No es un orden puramente cronológico, sino que las canciones aparecen trenzadas según un agrupamiento discográfico que me parece muy coherente, esto es, en grupos de dos discos, los cuales, casualmente o no, comparten estética y estilo de manera evidente.
En conclusión, esta versión de Asylum Years no está mal para aproximarte al genio del primer Tom Waits. La profusión y profundidad de su arte requeriría que te metieras mejor con el disco doble de 1984. Aun así, y siendo totalmente sincero, no creo que haya recopilatorio que iguale la experiencia de someterte a su discografía al completo. Si juntas tiempo y ganas, no puede haber mejor recomendación posible para disfrutar a tumba abierta de uno de los cantautores más personales y decisivos del siglo XX.
★★★☆☆
1 Diamonds on My Windshield 3:08 2 (Looking For) The Heart of Saturday Night 3:55 3 Martha 4:29 4 The Ghosts of Saturday Night (After Hours at Napoleone's Pizza House) 3:14 5 Grapefruit Moon 4:49 6 Small Change 5:05 7 Burma Shave 6:33 8 I Never Talk to Strangers 3:41 9 Tom Traubert's Blues 6:34 10 Blue Valentines 5:54 11 Potter's Field 8:44 12 Kentucky Avenue 4:51 13 Somewhere (From 'West Side Story') 3:53 14 Ruby's Arms 5:35