martes, 2 de junio de 2026

Turismo de postal

Greetings from L.A. (Tim Buckley, 1972)

FUNK ROCK CÓSMICO. Estamos ante la materialización de uno de los cambios más radicales y sorpresivos de la historia de la música popular. Después de publicar Starsailor (1970), disco vanguardista, desafiante y casi inabordable para la mayoría, Tim Buckley decidió cambiar de tercio de manera brutal. Ya fuera por motivos económicos —solo de respeto no se vive—, para aislar todavía más al disco anterior como la obra maestra única e incomparable que siempre fue o por la búsqueda de un cambio vital que reorientara su vida, el cantautor da rienda suelta a su erotismo escénico y desfoga sus más bajas pasiones a través de su obsesión por el funk y el rhythm & blues.

Estaba claro que el californiano lo había dicho todo con el jazz de vanguardia y los experimentos más arriesgados. Algo que debía considerar agotado y que decidió aparcar para realizar una aproximación a la música mucho más carnal, dionisíaca y digerible para el gran público. Así surgió este disco, su primera incursión en el formato tradicional de guitarra, bajo, teclados y batería. Un convencionalismo del que siempre huyó y que en Greetings... se convierte en el motor pulsante sobre el que cabalga su voz. Una voz que dirige esta serie de jams elásticas y cargadas de groove para convencernos de que esta es la mejor forma de disfrutar de ella.

Que no lo es, eso lo sabemos todos, pero a Tim no parece importarle lo que pensemos, tal es su decisión y su entrega aquí. Porque al final, ni el disco es tan comercial como nos habían prometido ni deja de haber pasión y buena música en él. Es innegable que marca un punto y aparte que puede no ser lo que esperamos ni lo que deseamos de un músico de su sabiduría y bravura. Sin embargo, aquí todavía podemos sentir que Buckley está disfrutando, porque lo percibimos fundiéndose con la música como siempre hizo. Ni siquiera podemos echarle en cara que haya pose alguna. Puede que no entendamos bien lo que pretende aquí, pero está clarísimo que podemos disfrutarlo como la mayoría de sus obras. No, esto sigue siendo cósmico, no hay coartada comercial alguna y no vais a poder tirarlo a la basura por mucho que os empeñéis. Que quede clarito. 

★★★☆☆

A1 Move With Me 4:49
A2 Get on Top 6:35
A3 Sweet Surrender 6:48
B1 Nighthawkin' 3:21
B2 Devil Eyes 6:51
B3 Hong Kong Bar 7:13
B4 Make It Right 4:06

Total: 39:43 

El navegante interestelar

Starsailor (Tim Buckley, 1970)


EXPERIMENTO CÓSMICO
. Si te apetece relajarte, oir un poquito de guitarrita y hundirte en el sillón, huye de este disco. Como de la peste. No te dejes engatusar por la sonrisa afable de Tim, ni por el carrusel juguetón que es "Moulin Rouge", ni por la leyenda de esa "Song to the Siren" que cualquiera ha cantado con más brillo, más lustre y también más aburrida ortodoxia.

Aquí no hablamos de versiones más o menos lucidas. Esto es la fuente. En cuanto a la canción mencionada y en cuanto al experimento vocal per se. Aquí Tim Buckley raya en la locura en un intento por estirar la dificultad de su disco anterior en busca de los límites de la cordura y el sentimiento. Para ello se vale de su mejor instrumento, su voz infinita y cegadora. El albatros al que siguen sin pestañear los vientos, contrabajos y pianos en un intento por alcanzar un destino que desde el principio se antoja inexistente. Lo que pasa es que a veces no importa a dónde se va, sino el trayecto, y aquí este es alucinante. Free jazz, gritos animales y el corazón en la boca son el combustible para una singladura sin igual por las estrellas.

El disco empieza perezoso y raro como un perro verde, una mezcla que no ayuda. Tenemos que esperar a "Monterey" para "disfrutar" del primer tortazo en toda regla. Se trata de una melopea desquiciada que azuza a un Buckley desatado. En ella nos azota con su inmenso rango vocal, con su expresionismo, con su vuelo acrobático sin red. Todo un descoloque que se acentúa con la continuación, una ortodoxa, graciosa y preciosa "Moulin Rouge". Un contraste brutal que queda despedazado de nuevo con el vuelo planeador de esa maravilla llamada "Song to the Siren", canción que es obligatorio visitar una y otra vez en su toma original para comprobar lo bien que le sientan los hierbajos eléctricos, la hojarasca y la libertad extrema. 

Una libertad que se duplica en la apertura de la cara B, con una infernal "Jungle Fire", y que no pierde fuelle con los fantasmas que pueblan la tétrica canción titular, una psicofonía escalofriante que te pone de los nervios. Y no crean que se queda contento con eso. La penúltima es igual de desquiciante, y cuando ya creemos que no podemos más, nos suelta la trompeta fronteriza con la que abre el glorioso cierre, "Down by the Borderline". Un colofón que nos quita todas las dudas a base, otra vez, de base rítmica minimalista e insistente e incursiones en terrenos inexplorados por parte de los vientos y, cómo no, la voz, esa voz indescriptible, críptica y aguda como la eternidad.

Realmente, después de su escaso minutaje, Starsailor te deja una sensación extraña. A la placidez que sigue a su extinción acompaña un regusto casi sabroso. Una mezcla de satisfacción y tristeza. Al principio puedes creer que es porque no has entendido nada, pero te lo vuelves a poner y compruebas que no, que esa tristeza se parece mucho a lo que se siente cuando se acaba un libro que estás disfrutando con deleite. No quieres que termine, pero quieres saber qué pasa al final, aunque te duela.

★★★★★

A1 Come Here Woman 4:09
A2 I Woke Up 4:02
A3 Monterey 4:30
A4 Moulin Rouge 1:57
A5 Song to the Siren 3:20
B1 Jungle Fire 4:42
B2 Starsailor 4:36
B3 The Healing Festival 3:16
B4 Down by the Borderline 5:22

Total: 35:54

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sábado, 30 de mayo de 2026

Luna y panorama de los insectos

Lorca (Tim Buckley, 1970)

EXPERIMENTO GALÁCTICO. Con el quinto álbum, Tim Buckley se tiró de cabeza al vacío. Ya lo vemos en la portada, en la que se nos aparece como el negativo de un negativo fotográfico, desdibujado, casi fundido con su entorno. Tal y como nos lo encontramos en los surcos del disco: totalmente disuelto en una música que nos arroja a la cara como una marejada irrefrenable. 

Así es el quinto trabajo del músico criado en California. Denso, problemático, cargado... Todo un punto y aparte, que se puede considerar el primer experimento con mayúsculas de Buckley. Una obra que anticipaba los picos radicales y eternos de Starsailor (1970) y que apabulla sin medias tintas. A veces demasiado. Por eso, es un disco tan idolatrado como denostado por su parroquia de fans. Objetivo cumplido, diría yo, porque ¿se puede pretender otra cosa con un álbum como este que no sea volver loco al personal para sumirlo en una discusión sin posibilidad de acuerdo?

Sobre el título, está claro que homenajea a Federico García Lorca, al cual estaban leyendo Lee Underwood (guitarra) y el propio Buckley en ese momento. Las imágenes surrealistas del granadino se impregnan en unas letras más abstractas y en una huida clara de la tiranía de la estructura convencional de estrofa-estribillo. También en el hecho de quitarle el protagonismo a una guitarra que ahora suena menos y de una manera más impresionista. Cualidades que marcan a un disco difícil y desafiante para el oyente medio. Lo que no quita que esté entre los más respetados del cantautor tanto por su carácter iconoclasta como por ser el prólogo a ese majestuoso Starsailor con el que tocó el cielo —o el abismo, según se mire— apenas un par de meses después. 

Estas son las virtudes y las dudas que plantea un experimento que hace del folk algo totalmente irreconocible y que da enjundia a una vanguardia que algunos quieren arrogarse para sí mismos a la vez que la apartan de las garras del vulgo. Aquí Buckley intentó darnos a probar un poco de ese néctar de difícil digestión. Solo por eso ya merece la pena que Lorca exista.

★★★☆☆

A1 Lorca 9:53
A2 Anonymous Proposition 7:43
B1 I Had a Talk With My Woman 5:55
B2 Driftin' 8:10
B3 Nobody Walkin' 7:30

Total: 39:11

El título de este disco no es gratuito y viene de un amor sincero y profundo por la obra de Federico García Lorca, una influencia fortísima en el cantautor en esos años. Tanto él como su guitarrista, Lee Underwood, estaban fascinados por la lluvia de imágenes que ofrecía el poeta granadino, algo que trataron de volcar en la música y las letras de este proyecto.

Una abstracción que llevó en volandas al disco hasta terrenos ignotos para Buckley. Terrenos desde los que crearía su gran obra maestra, apenas dos meses después. Estos tiempos pueden parecer exagerados, y lo son. En realidad, Lorca había sido grabado bastante antes, a la vez que Blue Afternoon (1969). Lo diferente de ambos trabajos ya deja clara la intención de huida hacia delante que se vislumbra en el segundo. Esa sensación de isla en su discografía que, en realidad, atesora cada álbum del californiano de adopción.

Quede constancia por tanto de que, antes de Leonard Cohen o de nuestro Enrique Morente, ya hubo un guiri que no pudo evitar rendir pleitesía a uno de nuestros poetas más grandes. Eso es algo que se olvida demasiado a menudo y que conviene recordar. 

viernes, 29 de mayo de 2026

Triste sobremesa

Blue Afternoon (Tim Buckley, 1969)
 

JAZZ FOLK CÓSMICO. Parecía que este disco iba a ser diferente a su hermano mayor, todo un punto y aparte para Buckley. Sin embargo, a pesar de que consta de canciones más cortas, no siempre aparecen más estructuradas ni más ortodoxas en sus formas. Sí que muestran melodías claras y sí que engatusan con la voz del cantante, que hace lo que le viene en gana y siempre con sentido. Lo que no quita que haya algunos momentos demasiado alambicados que hacen que la experiencia sea más trabada de lo esperado.

Momentos que, seamos claros, se concentran en el cierre, con una "The Train" que trata de volvernos locos en la línea furibunda de "Gypsy Woman" (Happy Sad, 1969). Todo lo demás, también hay que reconocerlo, es un fluir taciturno y pausado, sin sobresaltos y con una sensación de nudo en la garganta que no hace sino dejar claro que estamos ante un vocalista sobrenatural y ante una obra excepcional. 

Precisamente, por esa capacidad para mantenernos enganchados y casi diría que en vilo, diría que prefiero este disco al anterior. Y eso que reconozco que ese es más sólido, más coherente y está mejor acabado. Sin embargo, este Blue Afternoon no me produce esa sensación de extravío y desorientación que me provoca su hermano mayor. Una concreción de la que son muy culpables los músicos acompañantes, Lee Underwood, guitarra y piano, a la cabeza. La forma en la que todos fabrican el colchón perfecto para Buckley es uno de esos misterios que nadie sabe de dónde surgen, pero que todos notamos que están detrás de la forja de toda obra maestra.

★★★★☆

A1 Happy Time 3:15
A2 Chase the Blues Away 5:10
A3 I Must Have Been Blind 3:40
A4 The River 5:47
B1 So Lonely 3:27
B2 Cafe 5:40
B3 Blue Melody 4:55
B4 The Train 7:53

Total: 39:47 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Feliz con tus entresijos

Happy Sad (Tim Buckley, 1969) 

JAZZ FOLK CÓSMICO. El tercer álbum de Tim Buckley es un compendio de jazz de cámara sutil y largo como la sombra de un árbol antiguo. Un auténtico arrebato de finura que se erige en una isla en su discografía, porque el experimento que propone todavía entra casi a la primera. Lo de largo puede ser injusto, ya que solo dura los tres cuartos de hora de rigor. Lo que pasa es que se hace difícil sustraerse a la extensión mostrenca de la mayoría de cortes que lo componen. Algo que potencia esa sensación de que el álbum dura más de lo que lo hace en realidad.

Para abrir boca, Buckley tira de gusto y deja que su voz planee sobre una base extirpada del "All Blues" de Miles Davis. Todo un tour de force que resuelve con gracia y contra todo pronóstico, ya que consigue nada menos que hacer suya una canción armada sobre una de las piezas clave de todo un Kind of Blue (1959).

Ahí es nada, pero es que eso era solo el principio. La introducción ritual para una serie de ejercicios en los que prima la improvisación y la libertad más extrema. Una serie de piezas elástica y sin limitaciones en su vocación por servir de vehículo expresivo sin corsés en forma de estructuras definidas o estribillos. Brutalidades artísticas que o te entran hasta el tuétano o te resbalan sin remedio.

De entre ellas destacaría "Gypsy Woman", por su furia poética casi free jazz, y pondría mis reparos a "Love From Room 109...", dispersa, aletargada y deshilachada en extremo. "Buzzin' Fly" y "Dream Letter" devuelven el disco a la excelencia, mientras que "Sing a Song for You" retoma el verso-estribillo, aunque en un estilo heterodoxo anunciador de su famosa "Song to the Siren". Canción que, a pesar de ser publicada años después, fue concebida en este periodo.

En resumen, estamos ante un álbum único dentro del catálogo del californiano. Una obra sólida, experimental, plácida y bella hasta decir basta. Seis piezas que basculan entre lo interesante y lo genial para disfrutar de los entresijos artísticos más recónditos de Tim Buckley. No siempre a tumba abierta, y con algún que otro frenazo, pero con un balance final claramente favorable.

★★★☆☆

A1 Strange Feelin' 7:49
A2 Buzzin' Fly 6:00
A3 Love From Room 109 at The Islander (On Pacific Coast Highway) 10:47
B1 Dream Letter 5:10
B2 Gypsy Woman 12:19
B3 Sing a Song for You 2:36

Total length: 44:41

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DISCOS RELACIONADOS

 

 

El cisne de hielo

 
Título: Sinfonía nº 5 en mi bemol mayor, Op. 82; "Sinfonía del cisne"
Título original: Symphonie Nr. 5 Es-Dur, op. 82
Autor: Jean Sibelius
Año de composición: 1915-19
 Género: Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • Symphonies Nos. 3 & 5 (Paavo Berglund / Helsinki Philharmonic Orchestra, 1988)
  • Concerto for Piano and Orchestra No. 3 / Symphony No. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan / Glenn Gould, 2008) ★★★☆☆
 

Jean Sibelius siempre se ha caracterizado por retratar como nadie con su música el paisaje, el ethos y la idiosincrasia de Finlandia, la tierra que lo vio nacer y en la que vivió hasta su muerte en 1957. Hay numerosos ejemplos en los que ese paisajismo sonoro nos sobrecoge con su descripción certera del frío, el viento y las postales nevadas de su tierra. Esta sinfonía, la del cisne, es uno de los mejores retazos de esa emotividad arrancada de los mismos elementos.

Una música diáfana, pero también tormentosa, apacible y serena, pero también voluptuosa y agitada como la tempestad, la calma, el frío y el viento helado. Sin dejar de lado la calidez del hogar que también se cuela entre estas notas: destellos impresionistas a veces, surgiendo como la niebla y colándose de puntillas en tu alma para no salir jamás. Esa es la potencia de una música que emerge de lo local para conquistar el mundo en cualquiera de sus rincones.

Mitos nórdicos que se han intentado encerrar en plástico en numerosas ocasiones. En mi caso, me he sumergido en las versiones de Karajan con la Filarmónica de Berlín, grabada en 1957, y la de Paavo Berglund con la Filarmónica de Helsinki, grabada en 1986. La primera posee más valor histórico que musical, y el oyente llega a ella más por el Concierto para piano nº 3 de Beethoven que abre el CD, y en el que participa Glenn Gould, que por la sinfonía de Sibelius. Y no es de extrañar, porque, aun ofreciendo la calidad esperada con Karajan, tampoco ofrece nada especial.

Algo que sí podemos disfrutar con la espectacular versión de Berglund. Una toma que se caracteriza por su excelente claridad estructural y por su huida del sentimentalismo excesivo. Una grabación hecha en casa en la que podemos comprobar la fortaleza de la conexión entre Sibelius y Finlandia. Algo que es básico para poder entender y disfrutar a fondo de la música de uno de los mayores compositores de finales del siglo XIX y principios del XX. Un genio que aquí se presenta apasionado, elegante y sutil elevado a la enésima potencia. Lo que me deja claro que, si no estamos ante su mejor sinfonía, estamos ante una de ellas. Y créanme que esto no es decir poco.

1. Tempo molto moderato - Allegro moderato (Ma poco a poco stretto) - Vivace molto - Presto - Più presto
2. Andante mosso, quasi allegretto - Poco a poco stretto - Tranquillo - Poco a poco stretto - Ritenuto al tempo I
3. Allegro molto - Misterioso - Un pochettino largamente - Largamente assai - Un pochettino stretto

martes, 26 de mayo de 2026

You say, "yes", I say, "no"

Goodbye and Hello (Tim Buckley, 1967)

 

FOLK ROCK CÓSMICO. El segundo disco fue un ejercicio de afirmación artística en toda regla. Puede que el más equilibrado de su carrera, al compensar su lado pop y su respeto por la estructura de la canción con una vertiente experimental que reventaría en obras como Lorca (1970) o el brutal Starsailor (1970). Un equlibrio que ya se percibe a todas luces inestable.

Aquí hay toques de riesgo y confrontación, pero dominan el paisaje las canciones. Tonadas dulces, pero duras, con más de una estructura heterodoxa que se iba a convertir en marca de la casa. Como ya he dicho, un falso equilibrio en el que incluso los fogonazos de luz están bañados de oscuridad, y que es el que hace de Goodbye and Hello uno de sus mejores álbumes.

Y eso que no es un disco que entre a la primera. Su rareza, que puede provocar incluso una leve repulsión en el oyente, se ve mitigada cuando conseguimos penetrar en piezas clave como "Pleasant Street", "Hallucinations", "Once I Was", "Morning Glory" o "Phantasmagoria in Two", una pieza de una belleza clásica, gaseosa e inenarrable. Canciones preñadas de un exotismo terminal y evanescente potenciado por la producción —torpe e inestable— o por su mismo ADN. Ambos, diría yo, dejan a las tonadas flotando en el aire bastantes segundos después de terminar. 

El secreto mejor guardado en una obra que también se nutre de experimentos del calibre de un tema titular que en sus más de ocho minutos visita tierras inexploradas en esto del folk psicodélico. Un semifallo delicioso que anuncia el futuro del cantautor de manera pretenciosa e ingenua. Y con una seguridad, eso también, que solo puede venir del que sabe perfectamente lo que está haciendo.

★★★★☆

A1 No Man Can Find the War 2:58
A2 Carnival Song 3:10
A3 Pleasant Street 5:15
A4 Hallucinations 4:55
A5 I Never Asked to Be Your Mountain 6:02
B1 Once I Was 3:22
B2 Phantasmagoria in Two 3:29
B3 Knight-Errant 2:00
B4 Goodbye and Hello 8:38
B5 Morning Glory 2:52

Total: 42:41

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