viernes, 14 de agosto de 2026

Quel monde merveilleux!

Édith Piaf [Je t'ai dans la peau] (Édith Piaf, 1952)

CHANSON. Grabaciones de los primeros 50. En ellas nos encontramos al gorrión parisino relajada, dominante y mucho más hecha que en sus comienzos. No es de extrañar. Ya iba para los veinte años de su primera grabación, esa "Entre Saint-Ouen et Glignancourt" de 1933.

Un tiempo precioso y muy aprovechado tal y como nos muestra una Édith Piaf que desgrana melodías perfectas y coquetea con los aires mediterráneos en esa inolvidable "Chante-moi", que los créditos de mi CD le adjudican a ella misma. Una delicia que abre el cierre gozoso de un disco que con "Noël de la rue" y "Au bal de la chance" se pone el lazo del bonito regalo que acaba siendo.

★★★☆☆

A1 Je t'ai dans la peau
A2 Télégramme
A3 Du matin jusqu'au soir
A4 Monsieur et madame
B1 Mon ami m'a donne
B2 Chante-moi
B3 Le Noël de la rue
B4 Au bal de la chance

Total:  

 

La vie en rose (Édith Piaf, 1953) [RECOPILATORIO]

 

CHANSON. Una colección de canciones heterogénea recopilada en 1953. Contiene grabaciones de la parisina que datan de 1946, la canción titular, 1950 y 1951. Un arco temporal muy amplio y muy extraño por incluir esa "La vie en rose" tan distanciada temporalmente del resto. Lo que no quiere decir que el constructo carezca de coherencia ni de atractivo. Eso es lo que cuenta con los discos largos de esta artista.

Bastantes temas podemos encontrarlos en grabaciones anteriores, pero eso tampoco importa. Al enfrentarnos a la obra de Édith Piaf tenemos que cambiar el chip y fijarnos en el conjunto, en cómo se ordenan las canciones, cómo dialogan y qué tal se llevan ente ellas. Y en eso, me parece a mí que esta colección es de lo mejor que podemos encontrar en la época.

"La vie en rose", "Hymne à l'amour", "Padam... padam", "Plus bleu que tes yeux"... Los motivos de gozo se multiplican y realzan un trabajo redondo y hechizante en el que podemos disfrutar de la más grande en modo diva inflamada hasta el tuétano. Sencillamente espectacular.

★★★

A1 La vie en rose
A2 C'est d'la faute à tes yeux
A3 La fête continue
A4 Hymne à l'amour
B1 Je hais les dimanches
B2 Padam, padam
B3 Plus bleu que tes yeux
B4 Jezebel

Total: 26 min.

La vida es puro teatro

Le bel indifférent (Édith Piaf, 1953) 

TEATRO. Grabación en audio de la obra de teatro que Jean Cocteau escribió para Piaf en 1940. La cantante interpreta a la protagonista, que en el único acto de la obra realiza un monólogo desesperado que es en toda su hondura y sus contradicciones el epítome del amor desgastado y de las relaciones al borde del colapso. 

Sin duda, faltan las imágenes, las cuales tenemos que imaginarnos si queremos ver a Édith. Otra opción sería intentarlo con el cortometraje que Jacques Demy realizó en 1958, el cual (me imagino que) no será lo mismo, por supuesto.

 

A Le bel indifférent
B Le bel indifférent

Total: 

Mes grands succès (Édith Piaf, 1954) [RECOPILATORIO]

CHANSON. Con los discos de esta época se hace difícil diferenciar un recopilatorio de un álbum creado para la ocasión. La mayoría de ellos solían nutrirse de canciones ya publicadas en disco pequeño, el formato dominante. Tampoco es fácil encontrar adjetivos para diferenciar los diferentes trabajos que la Piaf fue esparciendo en esta época dorada para ella que fueron los 50.

Aquí tenemos uno más de ellos. Una colección de canciones maravillosa en la que el pequeño gorrión despliega su trino inigualable como siempre. Lo digo así, sin darle mayor importancia, como si fuera tan fácil, pero es que al presenciar cómo la parisina se desliza sin esfuerzo por partituras de almíbar como "Soeur Anne", "Et moi", "Les amants de Venise" o "La goulante du pauvre Jean", parece que esto pueda hacerlo cualquiera. Craso error, lo sé.

La fantasía, los sueños, cosas que acaban imponiéndose a la gris realidad. Así de estupendo puede ser pasar media hora con una de las mejores cantantes de todos los tiempos.

¡Alabado sea el Señor!

Saved (Bob Dylan, 1980)

ROCK CRISTIANO. Estamos en el punto álgido de la fiebre religiosa de Bob Dylan, con el cristianismo en el centro de su vida y obra. Si en Slow Train Coming (1979) todavía podíamos asociar sus metáforas de alabanza a cosas más terrenales, en esta continuación el autor deja poco o ningún espacio para la interpretación. Nada más empezar, tras versionar a Joe "Red" Hayes y Jack Rhodes para dejar claro que se encuentra en paz consigo mismo, se lanza a explicarnos el porqué: ha sido salvado por la gracia de Dios.

Todo esto nos cuenta el Bardo de Minesota en el pórtico majestuoso y casi frenético de su vigésimo álbum. Una declaración de intenciones en toda regla que no busca la descripción anecdótica, sino que suena a clara evangelización por su parte. Una forma de predicar sin tapujos ni parábolas que valgan. Desde un púlpito en el que suena el góspel, cómo no, las baladas epifánicas, obvio, pero también algunas gotas de rock puro y duro —"Saved", "Solid Rock". Nuestro héroe —sí, todavía y a pesar de este período de alucinación que sufría— no escatima en recursos para hacerse oír. Justo lo que siempre han hecho los predicadores más fanáticos e irreductibles.

Una solución que puede resultar vistosa y que con los años ha influido a la hora de mejorar la imagen de un disco que estuvo mucho peor visto en el momento de su edición que ahora. Eso es lo que percibo entre la [i]dylanología[/i] militante. Y lo entiendo. Al fin y al cabo, aunque yo era muy pequeño para escucharlo cuando salió, también he ido mejorando mi opinión de esta grabación con el paso del tiempo. No lo suficiente como para considerarlo un buen álbum —a ese nivel no creo que llegue nunca—, pero sí he aprendido a verlo con otros ojos, apreciando canciones que pueden llegar a emocionarme. Limitaría este premio a los siguientes temas: "A Satisfied Mind", "Saved" y "Pressing On". Canciones sobresalientes en medio de un mar de mediocridad.

El ejemplo manifiesto de otro de los grandes dichos acerca del maestro: que por muy malo que sea un disco suyo, siempre hay dos o tres canciones que merecen la pena. O al menos una, en el peor de los casos. No deja de ser un pobre consuelo. Este, definitivamente, no es el LP que me voy a poner a diario. Voy a seguir frunciendo el ceño cada vez que caiga en mis manos, más como una obligación que como un placer. Supongo que me tengo que conformar con ese acuerdo de mínimos, porque la fe a mí no me da para creer en los milagros ni para poner mi otra mejilla. Al menos me alegro de que mi querido Bob hubiera sido cegado por la luz de la salvación, aunque solo fuera por un tiempo.

★★☆☆☆

A1 A Satisfied Mind 1:58
A2 Saved 4:03
A3 Covenant Woman 6:05
A4 What Can I Do for You? 5:54
A5 Solid Rock 3:58
B1 Pressing On 5:13
B2 In the Garden 5:59
B3 Saving Grace 5:04
B4 Are You Ready 4:40

Total: 42:54 

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Como perros a la intemperie

Rain Dogs (Tom Waits, 1985)

CANCIÓN DISLOCADA. Debió ser maravilloso lo que atacó la cabeza del genio de Pomona en la mitad de los 80. Tuvo que ser algo impactante, directo y brutal lo que volteara sus concepciones musicales para ser capaz de vomitar tanta influencia clásica, tanto blues y tanto jazz, tanta Afroamérica, en torrentes expresivos de la voluptuosidad y la heterodoxia de Swordfishtrombones (1983) y esta continuación, que no hacía más que imperfeccionar lo que parecía imposible.

Rain Dogs es la cima creativa de un gigante, una cumbre imponente, un ataque frontal que no deja prisioneros. Un álbum que habla de todos aquellos que no encajan, esos perros de la lluvia que viven fuera del radar, con el desarraigo como único compañero de viaje. El marco perfecto para destilar la esencia del mejor Waits, el de la hojalata y los ladridos, el chatarrero de los sonidos imposibles. Aquí se explaya a gusto, entre el vertedero y la taberna, entre el garito y el teatro. Deconstruye a Louis Armstrong, infusiona a Captain Beefheart y apabulla con su voz maleducada y perruna. Con la ayuda impagable de Marc Ribot a la guitarra, se ajusta a todos los registros, desde la balada beoda hasta el rock rajado, aunque las piezas que arma en esta joya superan la categorización. No es rock, no es jazz, no es música de cabaret, es Tom Waits, el artista  que supo regurgitar su pasado para transitar por esta puerta a un futuro que lo encumbraría como el cantautor dislocado, el genio visionario que hoy sabemos que es.

Las palabras se suelen quedar cortas siempre, pero mucho más ante monumentos como este. Él solo explica toda una carrera. Sin desmerecer al mítico y absolutamente seminal Swordfishtrombones, aquí Tom suena más libre que nunca, su voz duele como nunca lo había hecho y sus aciertos compositivos son más rotundos. Así sale un disco que siempre apetece escuchar, soberbio en su desarrollo. Diecinueve canciones que se clavan en el alma. Por emoción o desgarro. Por brillo u óxido.


 

A1 Singapore 2:46
A2 Clap Hands 3:47
A3 Cemetery Polka 1:54
A4 Jockey Full of Bourbon 2:45
A5 Tango Till They're Sore 2:49
A6 Big Black Mariah 2:44
A7 Diamonds & Gold 2:31
A8 Hang Down Your Head 2:32
A9 Time 3:55
B1 Rain Dogs 2:56
B2 Midtown (Instrumental) 1:00
B3 9th & Hennepin 1:58
B4 Gun Street Girl 4:37
B5 Union Square 2:24
B6 Blind Love 4:18
B7 Walking Spanish 3:05
B8 Downtown Train 3:53
B9 Bride of Rain Dog (Instrumental) 1:07
B10 Anywhere I Lay My Head 2:48

Total: 53:49

Xxx

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La rebelión de los trombones pez espada

Swordfishtrombones (Tom Waits, 1983)

CANCIÓN DISLOCADA. Estamos ante la revolución más profunda y radical que llevara a cabo Tom Waits. Ya había tenido puntos y aparte, discos seminales que habían significado un cambio de dirección artística evidente. Sin embargo, nada nos preparaba para lo que se inventa aquí el de Pomona. Y es que en este punto, Waits decide que lo que han hecho Billie Holiday, James Brown o Louis Armstrong ya está más que digerido y, además, es irrepetible. Así que, ni corto ni perezoso, ataca frontalmente al pasado con los ácidos del trombón-pez-espada y, a través de ritmos de metal roto y ladridos de opereta, nos lo devuelve reluciente para la eternidad. 

Los cambios en realidad se limitan a las formas, las cuales apalea hasta abollarlas. En cuanto a las letras, nos sigue contando sus historias de bebedores y sus nostálgicas elegías al barrio, alineadas quizás con más convicción con el inconformismo y la vanguardia. Un irrenunciable billete de ida a Marte, regalo de un Santo Bebedor que se transformaría ya para siempre con este trabajo en el Cantautor Dislocado

Por mucho que lo repita, nunca me parecerá suficiente. Desde este punto comienza a fraguarse todo un mundo por descubrir. Y eso que parece imposible absorber tanta belleza de la lata, de esta música para banda ambulante desastrada. Los viejos patrones se repiten a lomos de un sonido nuevo, primigenio, salido de instrumentos imposibles, surgidos de pesadillas infantiles. La base sigue bullendo de manera parecida. Sigue siendo blues, jazz, canción de entreguerras, pero, tocada por este Waits, nada vuelve a ser igual. Científico loco, Chatarrero celestial, Genio inconmensurable... Los apelativos se agolpan y se amontonan sin medida. De alguna forma habrá que llamar a alguien capaz de obsequiarnos con tan deliciosa chatarra.

★★★★★

A1 Underground 1:58
A2 Shore Leave 4:12
A3 Dave the Butcher 2:15
A4 Johnsburg, Illinois 1:30
A5 16 Shells From a Thirty-Ought-Six 4:30
A6 Town With No Cheer 4:22
A7 In the Neighborhood 3:04
B1 Just Another Sucker on the Vine 1:42
B2 Frank's Wild Years 1:50
B3 Swordfishtrombone 3:00
B4 Down, Down, Down 2:10
B5 Soldier's Things 3:15
B6 Gin Soaked Boy 2:20
B7 Trouble's Braids 1:18
B8 Rainbirds 3:05

Total: 40:31 

Este disco es tan rico, tan diferente, tan único... que no encuentro referencias con los que conectarlo. O mejor dicho, encuentro demasiadas. 

Desde los funerales de Nueva Orleans, quizás la más pintoresca y la más cercana en muchos sentidos, hasta la banda alienígena que ameniza las veladas en la Cantina de Mos Eisley —Star Wars—, desde el gamelán indonesio a los ritos ancestrales de las culturas africanas y precolombinas... Cualquier cosa con algún componente ritual, primitivo, atávico puede asociarse a un álbum, de verdad, inigualable.

Así es Swordfishtrombones. Puro gumbo, puro mojo, puro vudú. Como Captain Beefheart, como Dr. John, pero diferente. Como nadie más que él mismo.  

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jueves, 13 de agosto de 2026

Corazonada

One From the Heart (Tom Waits and Crystal Gayle, 1982) [BANDA SONORA]

CANCIÓN JAZZ. Tom Waits da un paso al costado y hace un paréntesis en su carrera desenfrenada con la creación de la banda sonora para Corazonada, película dirigida por su amigo Francis Ford Coppola y estrenada en 1982. Para ello se pone su traje de crooner, se deja acompañar por la cantante country Crystal Gayle y escribe un puñado de canciones en las que el jazz y el piano bar toman la manija completamente borrachos de romanticismo.

Unas formas clásicas que solo dejan ver algún conato de los últimos movimientos del cantautor, pero que para nada anuncian lo que estaba por venir apenas unos meses después con ese festival de ladridos, lija y tuberías oxidadas que iba a ser Swordfishtrombones (1983). Clasicismo cinematográfico que resultó bastante exitoso para el de Pomona. Sobre todo en lo artístico y si lo comparamos con el descalabro en taquilla que sufrió la película. Tanto que agravó la situación financiera de un Coppola que acabaría declarándose en bancarrota.

A pesar de mis alabanzas, me gustaría matizar algo: no es que estemos ante la última maravilla de Waits. Con las imágenes todo cobra mucho más sentido, pero sin ellas el disco suena arrastrado y no acaba de fluir. Está lleno de postales de amor preciosas, pero, si bien el contraste entre las voces de Gayle y el autor me parece genial, el tono mainstream que destila todo cuando ella canta sola no es algo que mi mente pueda asociar al cantautor dislocado. No es algo que pueda hundir al disco, pero desde luego no lo ayuda a salir de esa zona media en la que va a pescar cualquiera interesado en la obra del autor de "Tom Traubert's Blues". La misma que nunca visitará un oyente más casual. Como banda sonora que es, ni siquiera sé si contarla como álbum de su discografía canónica, pero, de hacerlo, no se me ocurre mejor ejemplo de lo que sería un disco de transición.

★★★☆☆

A1 Opening Montage: Tom's Piano Intro / Once Upon a Town / The Wages of Love 5:15
A2 Is There Any Way Out of This Dream 2:12
A3 Picking Up After You 3:52
A4 Old Boyfriends 5:52
A5 Broken Bicycles 2:51
B1 I Beg Your Pardon 4:25
B2 Little Boy Blue 3:43
B3 Instrumental Montage: The Tango / Circus Girl 2:59
B4 You Can't Unring a Bell 2:20
B5 This One's From the Heart 5:44
B6 Take Me Home 1:35
B7 Presents 1:01

Total: 41:49

miércoles, 12 de agosto de 2026

Ecos desde ninguna parte

El grito del tiempo (Duncan Dhu, 1987)

POP ROCK. Con su segundo disco largo, ese que llaman el difícil, llegan a la cima, lugar del que no se bajarían en los pocos años que le quedaban a la década. Los motivos me parecen esquivos ahora. Cómo un grupo tan recoleto, tan poca cosa a simple vista, tan retraído, consiguió arrasar en las listas de este país y vender discos a mansalva es algo digno de estudio. Claro que en la época eso nos parecía de lo más normal, porque la música era todo lo que teníamos y, simplemente, nos parábamos a escuchar. La música y las palabras.

No quiero decir con todo esto que el disco sea lo más de lo más. Es bastante defectuoso en realidad, una depuración de su estilo, más efectista que otra cosa. Poco de originalidad, mucho de digestión bien hecha, pero no tan brillantemente plasmada. Un disco que hoy sigue apelando a la nostalgia como hacía desde el momento de su edición. Sé que eso no parece posible, pero canciones como "En algún lugar", "Tu sonrisa", "Al caer la noche", "Una calle de París", "El sentido de tu canción" tienen algo muy atractivo, sin duda, pero también un pelín de tontería y una falta de garra que, ya lo sé, va en el ADN del todavía trío. Y si triunfan, es porque están construidas sobre una masa de melancolía y morriña que las hace perdurables.

Hasta cierto punto. El grito del tiempo no deja de ser problemático. Por mucho que me traslade a otros momentos. Por mucho que sus melodías sigan pareciéndome tan bonitas como el primer día. Lo que me cuenta ya no me dice lo mismo. Yo no soy el mismo y él sí. No sé, a veces creo que está más que superado, pero otras vuelve a llenarme de dudas. Dentro de lo que cabe, por supuesto, tampoco nos volvamos locos. 

★★★☆☆

A1 En algún lugar 3:52
A2 Tu sonrisa 2:16
A3 Señales en el cielo 3:02
A4 Al caer la noche 2:55
A5 La tierra del amor 3:40
A6 No debes marchar 3:39
B1 La barra de este hotel 2:50
B2 Una calle de París 2:18
B3 Mi tierra mi casa y una mujer 2:23
B4 El sentido de tu canción 2:50
B5 Paloma blanca 3:23
B6 Dirección sur 2:13
B7 El río del silencio 2:18

Total: 37:39

Es inevitable relacionar este disco con The Joshua Tree (U2, 1987), disco lanzado meses antes y que tanto gráficamente como en sonido me parece una influencia más que directa para los donostiarras.

 

Es cierto que el mayor paralelismo lo veo en la portada, con ese blanco y negro y esa pose por parte del trío vasco. Pero no es menos cierto que, si bien Duncan Dhu producen un disco mucho más doméstico y humilde en lo emocional que el expansivo y casi megalomaníaco superventas de los irlandeses, veo similitudes en el sonido de corte americano de ambos.

✠✠✠

Grabaciones olvidadas (Duncan Dhu, 1989) [RECOPILATORIO]

POP ROCK. Todavía muchos no entendemos qué llevó al por entonces dúo donostiarra a publicar este álbum de descartes y rarezas justo antes de ese magno Autobiografía (1989). Lo que aún me sorprende hoy día es lo escaso del material que incluyeron aquí. De hecho, prácticamente se vieron obligados a ampliarlo en la edición CD con la inclusión de su EP de debut, Por tierras escocesas (1985).

Lo peor de todo es que cuando digo que el material es escaso, no me refiero solo a la cantidad, sino a la calidad de las canciones ofrecidas, muy inferior a lo que podemos encontrar en sus LPs. Algo que puede parecer normal en principio, pero que aquí destaca especialmente. Hasta el punto de dudar de la necesidad de airear cosas como "¿Quién pintó las estrellas de carmín?", "Mi amor" o "Sir d'Halancourt". Decir que son totalmente olvidables es quedarse muy corto.

Sí que hay cosas más interesantes, seamos sinceros. "Pobre diablo" y "Taxi Mex 103" —descartes de Autobiografía— tienen un riff manido pero atractivo; "El bosque" es una nueva inmersión en un universo Beatles que siempre les ha dado muy buenos frutos; "Una lanza, una oración" es fantástica —si no has disfrutado de la versión casete o CD de El grito del tiempo (1987), claro— y la versión en directo de "Al caer la noche", que aporta poco a lo que ya sabemos, pero que siempre es agradable.

En resumen, un disco solo para muy fans de la banda. Lo de la versión "Bésame mucho" lo dejo como caso aparte, porque creo que personifica muy bien la combinación entre aversión y atracción que puede provocar este recopilatorio. Más que un descubrimiento, un lo comido por lo servido. Tú verás si te vale.

★★☆☆ 

A1 El bosque
A2 ¿Quién pintó las estrellas de carmín?
A3 Mi amor
A4 Sir d'Halancourt
A5 Pobre diablo
B1 Taxi Mex 103
B2 Fantasmas
B3 Una lanza, una oración
B4 Bésame mucho
B5 Al caer la noche (Twilight Time) (En vivo)
B6 Volverán por mí

Total: 31 min.