miércoles, 15 de abril de 2026

Anti-todo

Renegade (Thin Lizzy, 1981)

HARD ROCK. Tanto en su portada como en su título, el undécimo álbum de Thin Lizzy, se presenta belicoso y reivindicativo. Un intento desesperado por darse importancia y tratar de dejar claro que seguían vivos y vigentes. Algo que, en esta segunda y última obra con Snowy White a una de las guitarras solistas, no se materializa en sus surcos.

A mi modo de ver, Renegade, como su hermano mayor, Chinatown (1980), pero un poco más si cabe, es un disco formulaico en el que no me queda claro que Phil Lynott hubiera puesto sus cinco sentidos. Recordemos que entre el 80 y el 82 publicaría sus dos discos en solitario. Este trabajo está en medio de ellos, imagino que obras más íntimas y queridas para el cantante y compositor.

Un detalle muy sintomático que no ayuda a que Renegade alce el vuelo entre sutiles capas de teclados y una insulsez que empezaba a aposentarse de manera preocupante. Y eso que cuenta con sus momentos garbosos. "Angel of Death", sin ser mi favorita, resulta interesante por mostrar que el grupo había absorbido el sonido incipiente de la NWOBHM, con Iron Maiden a la cabeza. De hecho, cada vez que la oigo, no consigo dilucidar si es más lo que tomaron los irlandeses de todo eso o si el galope de esta canción está anunciando lo que los londinenses iban a hacer en un futuro nada lejano. 

También está claro que la dureza que armaría el álbum de despedida de Lizzy, Thunder and Lightning (1983), queda prologada en este tema inaugural. Como también en una crujiente y rocanrolera "Leave This Town", que parece escamoteada a todos unos ZZ Top y que para mí es, más que posiblemente, la mejor pieza del álbum. Todo un chute de energía en medio de un páramo en el que la banda suena tan correcta y tan en su sitio como aburrida hasta el bostezo. 

Está claro que todo en esta vida tiene una caducidad. Thin Lizzy, después de una década de carrera discográfica, parecía estar acercándose a su final, algo que materializarían apenas un par de años después de una forma que casi nadie esperaba. Sí, eso será otra historia. Afortunadamente, en todos los sentidos.

★★☆☆☆

A1 Angel of Death 6:17
A2 Renegade 6:08
A3 The Pressure Will Blow 3:45
A4 Leave This Town 3:48
B1 Hollywood (Down on Your Luck) 4:10
B2 No One Told Him 3:36
B3 Fats 4:02
B4 Mexican Blood 3:40
B5 It's Getting Dangerous 5:46

Total: 41:12

martes, 14 de abril de 2026

El barrio chino

Chinatown (Thin Lizzy, 1980)

HARD ROCK. Gary Moore ya sonaba en Black Rose: A Rock Legend (1979) con una intensidad tan suicida que se percibía de alguna forma que no iba a durar en la banda. Esa manera de vaciarse con el instrumento estaba vaticinando su abandono. El miedo a la vorágine de excesos que habitaba en el grupo, su afán perfeccionista y su necesidad de perseguir su propia visión fuera del abrazo asfixiante de un Phil Lynott omnipotente fueron los detonantes de su marcha.

Su hueco lo cubrió otro enorme guitarrista: Snowy White. Con un bagaje excelso como instrumentista de apoyo para Pink Floyd, Cliff Richard o Peter Green, entró en Lizzy como miembro de pleno derecho para grabar un par de discos de los que este iba a ser el primero. Su estilo, contenido y absolutamente profesional, dio otro aire al grupo, aportando solvencia, eficacia y un saber estar que no les vino nada mal en ese momento. Un estilo, todo sea dicho, que redundó en el tono eléctrico y también algo estancado que acabó suponiendo para Thin Lizzy esta entrada en la nueva década.

Un estancamiento no exento de contundencia. Y es que, por mucho que se le critique, este disco es más que válido. Puede que se muestre derivativo, pero también es efectivo al máximo. Se le puede achacar que no supone avance alguno, pero contiene un buen puñado de clásicos para seguir incendiando los escenarios. En definitiva, sin estar entre los mejores discos de Thin Lizzy, este Chinatown, con su sonido callejero y peligroso, es un magnífico motivo para seguir creyendo en la banda. Un disco de transición que para más de uno puede ser su favorito. Y si no, puede que como a mí te parezca que, sin poder compararse a los de la etapa dorada del grupo, sí que es bastante mejor que esos primeros álbumes que solo defienden los seguidores más fanáticos de los irlandeses. No me parece poco, la verdad.

★★★☆☆

A1 We Will Be Strong 5:07
A2 Chinatown 4:40
A3 Sweetheart 3:28
A4 Sugar Blues 4:18
A5 Killer on the Loose 3:53
B1 Having a Good Time 4:35
B2 Genocide (The Killing of the Buffalo) 5:05
B3 Didn't I 4:25
B4 Hey You 5:06

Total: 40:37 

Desde el fondo de esta carcasa mortal

It'll End in Tears (This Mortal Coil, 1984)

POP ONÍRICO. Más que una banda al uso, This Mortal Coil fue un colectivo de artistas dirigido por Ivo Watts-Russell, fundador del sello 4AD, marca en la que operaban o con la que se relacionaban los colaboradores participantes en el proyecto. Se puede decir, por tanto, que el núcleo del grupo lo formaban Watts-Russell y John Fryer, ambos en tareas de dirección y producción, siendo miembros de Cocteau Twins, Dead Can Dance, Cindytalk o Colourbox los que dan forma con sus voces y sus instrumentaciones a este curioso debut.

Por lo tanto, no hay más que echar un vistazo a los artistas en nómina para predecir a qué va a sonar esto. No hay peligro de equivocarse. Aquí hay dream pop, pasajes atmosféricos que transitan entre la pesadilla y el embeleso, voces de helio enfrentadas a sintetizadores vaporosos y percusiones crudas... Todo el arsenal de rigor, entre el duermevela malsano de David Lynch y los paisajes bucólicos de Kenneth Grahame, que ya conocerás si estás familiarizado con las bandas mencionadas.

Una coherencia sónica que tampoco esquiva la sensación de amalgama inconexa que da el hecho de contar con cinco vocalistas y una decena de instrumentistas diferentes. La narrativa, sin embargo, está ahí en cierta forma y creo que se debe más al sonido que sacan de las cuatro versiones escogidas para la ocasión —de Big Star, Tim Buckley y Roy Harper—, el cual les sirve de molde para esculpir el resto del disco con tonadas bastante deudoras de tan egregio e imponente molde.

Tampoco se trata de despachar esto diciendo que las versiones son lo mejor del disco y el resto no aguanta el tipo. En realidad, por mucho que temas como "Song to the Siren", el más conocido con diferencia, parezcan mejor acabados frente a unas canciones propias que se pierden en devaneos atmosféricos sin dar sensación de solidez, el conjunto presenta pocas fisuras y la sensación de obra completa se consigue a pesar de su evidente falta de cohesión. Otra cosa son los toques un pelín demasiado pastelosos — "Another Day" a la cabeza— y que el artificio de una propuesta que nació antinatural no acabe de sonar creíble. Un equilibrio inestable y cambiante que al final, de alguna forma, cae del lado de la calidad.

★★★☆☆

A1 Kangaroo 3:31
A2 Song to the Siren 3:30
A3 Holocaust 3:38
A4 FYT 4:24
A5 Fond Affections 3:51
A6 The Last Ray 4:08
B1 Another Day 2:54
B2 Waves Become Wings 4:26
B3 Barramundi 3:56
B4 Dreams Made Flesh 3:48
B5 Not Me 3:44
B6 A Single Wish 2:27

Total: 44:17 

Al final este disco suena a lo que suena. Sin poder ocultarlo ni rebajarle una micra su espesura fantasmal, esto suena a Twin Peaks, a Julee Cruise, a los Cowboy Junkies, a medio catálogo de 4AD, a misterio y a panegírico.

 

A demasiadas cosas, y ninguna mentalmente sana, precisamente. Por eso, lo mismo que puede arreglarte el día, lo más normal es que este trabajo te acabe dejando mala cara. Es lo que tiene hacer las cosas para ti en vez de para el mundo. Con This Mortal Coil conceptos como carrera, industria y público se difuminan hasta quedar borrados para siempre.

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domingo, 12 de abril de 2026

Te doy la vida

Viviré (Camarón, 1984)

 

FLAMENCO. El disco se abre con un laúd que hilvana pespuntes de belleza cristalina con sus aires morunos. Y un pequeño toque de disonancia, junto a la percusión y al bajo eléctrico, pone a prueba una vez más a los oyentes más vetustos e inmovilistas. Está claro, Camarón no da ni un paso atrás. Olvídense, señores. Ese es el tono en uno de sus discos más majestuosos. Un disco en el que la interpretación del de San Fernando es ardiente y cruda, con una entrega que hace relucir la belleza del dolor más extremo.

Esos toques extravagantes mencionados, algún brochazo de disonancia hiriente, como el comienzo de "Campanas del alba", cuerdas aquí y allá... Todos esos son los aceites novedosos con los que el cantaor pinta este lienzo fastuoso. Un disco que eriza el vello como muy pocos en su catálogo. Una obra que apela al dolor más primario con los adornos más exquisitos. Un álbum profético a solo ocho años del fatal desenlace. "Viviré", canta Camarón, y lo hace con la convicción del que ve lo que se avecina. O eso me parece a mí, tal es su decisión, su inmersión en lo que cuenta y la verdad de un fraseo sobrehumano en claro contraste con su aspecto avejentado y casi yerto.

Pocas veces ha conjurado el cantaor tanto dolor como en estas tonadas de muerte en las que el título del disco, más que una reafirmación, es casi una condena. Incluso cuando le canta al amor ("Nuestros sueños") suena desesperado y descreído, casi implorante. Camarón no parecía estar viviendo el mejor momento en su vida y, como pasa a menudo, esto se traduce en una obra de arte inmarchitable. El disco definitivo con el que nos dice que, de una vez por todas, le importa bien poco lo que digan de él. Nunca iba a poder acallar las voces críticas ya, así que mejor aprender a vivir con ello.

★★★★★

A1 Viviré
A2 Campanas del alba
A3 Mi sangre grita
A4 Mar amargo
B1 Na más que'r día
B2 Nuestros sueños
B3 Dios de la nada
B4 Tres luceros

Total: 31 min.

sábado, 11 de abril de 2026

Enamorao de la vida

Calle Real (Camarón, 1983)

 

FLAMENCO. Está bien claro en esos tanguillos con aires de fusión con los que abre. Una osadía que nos muestra al maestro dispuesto a hurgar en la herida, a la vez que anunciaba el flamenco-blues de Pata Negra, o se alimentaba de él, no sabría decirlo. En estos tiempos de revolución está claro que todos miraban de reojo al de al lado, pero me parece a mí que si había uno al que miraban todos a la vez, ese era el cantaor de San Fernando. Él había establecido las reglas cuatro años antes. Aquí se limitaba a ampliar el discurso o a matizarlo para que entrara mejor.

Una apertura que se traduce en el uso de bajos eléctricos, percusiones y aires exoflamencos que dan cuenta de lo permeable que es este arte, capaz de aparearse con casi cualquier cosa. Camarón se cuida de no salirse de madre, pero tampoco se corta a la hora de hacer lo que le más le apetece. Así, en esos tres primeros números marca el camino que deben seguir los que quieran renovar un arte hecho para trascender. No me cuesta ver ecos de lo que iban a hacer Diego Carrasco, Ray Heredia o los mencionados hermanos Amador, además de otras cosas no tan jugosas ni respetables, todo hay que decirlo.

En el quinto corte vuelve a hacer de las suyas, cogiendo unos fandangos tan vetustos que seguro que más de uno dijo "por fin". Hasta que entraron las cuerdas, claro, y Camarón volvió a darnos en la boca con una alianza entre el flamenco y la orquesta que no estaba en el guion. Porque si algo deja claro este duodécimo álbum del genio de la Isla es que ya no había vuelta atrás. Que o lo tomas o lo dejas. Con humildad, sí, pero con la inspiración y el fuego de su arte ardiendo inextinguible.

★★★★☆

A1 Romance de la luna
A2 Esclavo de tus besos
A3 Yo vivo enamorao
A4 Yo soy el viento
B1 Calle Real
B2 Ná es eterno
B3 Caminando
B4 Bulerías de la Perla

Total: 32 min. 

Be water, my friend

Como el agua (Camarón, 1981)

 

FLAMENCO. "Limpia va el agua del río". Como la voz de Camarón, como su conciencia, como su compromiso. Todo eso que quedó un poco en entredicho tras ese mayestático e incomprendido La leyenda del tiempo (1979). El de San Fernando acabó harto de la paliza que le dieron tras esa afrenta y volvió a refugiarse en la ortodoxia. No abandonó a sus nuevas amistades (Tomatito), pero volvió a llamar a Paco de Lucía, ese que ya le había avisado de que debía tener un cuidado que, gracias a los astros, no tuvo.

Entre los tres se sacan de la manga poco menos de media hora de gloria. Un disco que resultó sanador en muchos aspectos. Sobre todo por el tema que lo titula, que se encumbró de inmediato como la canción bandera del cantaor. Seguramente buena parte de la culpa la tengan esas ganas con las que se cogió un disco que, en general, se dejaba de instrumentaciones raras y de jugar con lo progresivo o el jazz. Bien escuchado, el disco anterior no tenía tanto de rupturista, pero sí es cierto que en sus detalles arañaba los oídos delicados y, permítanme, poco entrenados, de los más viejos del lugar. 

Viejos de espíritu, que no se me entienda mal. Viejos que tampoco creo que se calmaran del todo con esta falsa vuelta a los orígenes. Un disco que tiene mucho de díscolo. Desde una portada muy poco flamenca a un contenido limpio y cabal, pero lleno de una virulencia en la interpretación que dice más de lo que parece. Camarón se desata en las bulerías sin miedo a la contención ni a la mesura. A veces tanto desboque puede arrimarlo a otros estilos que no nombraré, pero lo peor es que araña y lacera al mojigatismo imperante. Tampoco renuncia al bajo eléctrico ni a las percusiones, precisamente en esa canción titular, tan idolatrada ella.

Como el agua guarda las apariencias. Camarón parece que da un paso atrás y que está pidiendo perdón, pero al mismo tiempo está manteniendo inercias y manierismos que ya no iba a dejar nunca, y canta con una furia que tiene un poco de enfado y ajuste de cuentas. Si con el anterior había iniciado una revolución, ahora no iba a cargársela. Simplemente se para y observa la bandera que ha plantado para pensar en su estrategia de expansión y dominación. No creo que muchos se dieran cuenta en su momento.

★★★★☆

A1 Como el agua
A2 Gitana te quiero
A3 Pueblos de la tierra mía
A4 Quiero quitarme esta pena
B1 Sentao en el valle
B2 Tu amor para mí no es fantasía
B3 En tu puerta da la luna
B4 La luz de aquella farola 

Total: 29 min. 

La leyenda de la rosa negra

Black Rose: A Rock Legend (Thin Lizzy, 1979)
 

HARD ROCK. Una vez despedido Brian Robertson, su hueco fue ocupado por Gary Moore, un guitarrista ya experimentado que incluso había colaborado con Thin Lizzy de manera puntual en el pasado. No solo había sustituido a Eric Bell temporalmente en 1974, sino que había grabado el solo de "Still in Love with You" en el disco Nightlife (1974). Un recambio, por tanto, más natural de lo que podía parecer. Y un sustituto que, por mucho que no permaneciera en el grupo más allá de este álbum, congenió a las mil maravillas con el estilo más lírico y sentido de Scott Gorham.

He iniciado mi reseña con esta mención a Moore porque considero que es lo más destacado y notorio en el sonido de estos nuevos Lizzy. Un sonido que sigue apostando por las dobles armonías de una dupla que ha cambiado una de sus partes, pero que sigue sonando bestial. De hecho, la aportación del norirlandés incide en la agresividad y en un virtuosismo que no podemos catalogar sino de vertiginoso y preciso como un bisturí en las manos del mejor cirujano. Una precisión y una violencia que redunda, curiosamente o no, en una amplificación de los tics que habían hecho grande a la banda.

Lynott también suena cómodo y rotundo en un álbum en el que juguetean con lo conceptual como nunca antes, en el que las dos guitarras flamean al viento sin brida que las sujete y en el que su compromiso con la música de su tierra late con una pasión inusitada —"Róisin Dubh (Black Rose) - A Rock Legend" lo deja bien claro. Hasta se permiten coquetear con algo parecido a ese punk que ya estaba más que instalado en las listas por entonces —escuchen "Get Out of Here" y me cuentan. En definitiva, Thin Lizzy, sin Robbo, suenan más a Thin Lizzy que nunca. Exagerando sus lugares comunes y sus obsesiones, de acuerdo. Sin la naturalidad y la fluidez de antaño, vale. Sin embargo, nadie puede negar que siguen lozanos, frescos y, sobre todo, más que reconocibles.

Si la apertura con "Do Anything You Want To" no es lo más Thin Lizzy que hayas escuchado nunca, que venga Dios y lo vea. Pero es que encima, la calidad de estas canciones queda fuera de toda duda. Como si Lynott se hubiera quitado un peso de encima con la expulsión del antes querido guitarrista escocés, Black Rose: A Rock Legend se sube solito al pódium de sus mejores trabajos. Para algunos se lleva el bronce, para otros la plata, y no son pocos los que le darían el oro. Yo no diría tanto, pero sí que lo veo como uno de sus trabajos más excitantes, si no el que más. No es que nos cuente una historia con sus canciones, pero su música sí que tiene una narrativa interna elaborada, clara y realmente pegajosa. Sin duda, un álbum con todas sus letras. De esos que exigen ser escuchados de principio a fin y del tirón.

★★★★☆

A1 Do Anything You Want To
A2 Toughest Street in Town
A3 S & M
A4 Waiting for an Alibi
A5 Sarah
B1 Got to Give It Up
B2 Get Out of Here
B3 With Love
B4 Róisín Dubh (Black Rose) - A Rock Legend
    Part One: Shenandoah
    Part Two: Will You Go Lassy Go
    Part Three: Danny Boy
    Part Four: The Mason's Apron

Total: 39 min.