jueves, 24 de septiembre de 2026

La fricción y la energía

The Tony Bennett / Bill Evans Album (Tony Bennett/Bill Evans, 1975)

JAZZ VOCAL. Colaboración en la cumbre entre dos colosos de la música norteamericana. Dos talentos llenos de personalidad que chocan y se elevan en este disco hasta las alturas. Un álbum que se puede y se debe analizar desde dos perspectivas complementarias e irreconciliables. Por un lado, nos fijaremos en el tono del mismo: parsimonioso, atmosférico y moroso hasta lo indecible. Algo que no es reprochable y que dependerá de los gustos del oyente. Luego está el empaste entre dos personalidades únicas y que tratan de imponerse el uno sobre el otro. Ahí sí podría haber más dudas, y estas, de existir, sí podrían incidir en la calidad del producto.

Por mi parte no tengo ningún problema con los tempos lentísimos y la melancolía terminal que transmite la obra, aunque no puedo decir lo mismo de la integración de las habilidades supremas de estos dos musicazos. No es que cada uno esté haciendo la guerra por su cuenta. De hecho, hay una interacción clara y sentida, ambos se escuchan y ambos reaccionan a lo que hace el otro. Sin embargo, se percibe el hecho de que Evans se niegue a actuar como mero telón de fondo y desaparecer detrás del cantante. Eso, unido al hecho de que ambos músicos posean unos estilos tan marcados y casi opuestos, provoca una fricción en la interpretación que, para bien o para mal, no pasa desapercibida.

¿Y es eso malo? En realidad, no por sí mismo, pero sí que va a influir en nuestra apreciación del disco. A unos les parecerá una confrontación que hace a la obra más interesante aún, mientras que otros lo sentirán como un obstáculo para poder disfrutar de un trabajo que, además, cuenta con una falta de empuje rítmico, por la ausencia de percusiones y bajo, que ya lo hacen diferente. Por mi parte, como tantas otras veces, me voy a situar en la zona intermedia. Algo que, al final, baja al álbum del pedestal de mis obras maestras. Por mucho que lo disfrute cuando lo escucho en el momento adecuado y que lo vea como lo mejor que grabara Bennett. No así, y aquí contradigo a mucha gente, como uno de los mejores trabajos de Evans. Así es como lo siento y así se los he contado.

★★★☆☆

A1 Young and Foolish 3:50
A2 The Touch of Your Lips 3:54
A3 Some Other Time 4:40
A4 When in Rome 2:53
A5 We'll Be Together Again 4:36
B1 My Foolish Heart 4:47
B2 Waltz for Debby 4:02
B3 But Beautiful 3:34
B4 Days of Wine and Roses 2:20

Total: 34:36

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Das Volk hat die Macht

Keine Macht für Niemand - Ton Steine Scherben

Keine Macht für Niemand (Ton Steine Scherben 1972)

 

PROTOPUNK ANARQUISTA. Este disco doble está considerado una de las cumbres del rock en alemán. Una apreciación que debe venir sin duda de la mano de sus ambiciones. Y es que los de Berlín se fabricaron aquí, en su segunda referencia en largo, todo un tratado de protopunk con pretensiones de escuela de arte que desborda clasificaciones estilísticas de cualquier tipo. Es como si aspiraran a abarcar todas las caras del rock and roll en una sola obra. De ahí que desde una primera escucha ya percibamos la psicodelia expansiva made in San Francisco, los recitados de Lou Reed, las canciones-río estilo Bob Dylan o el bucolismo de Jethro Tull —flauta incluida.

Influencias anglosajonas que no permearon a la hora de elegir el idioma en el que cantaban. El uso del alemán fue algo innegociable desde el principio, una seña de identidad que los diferenciaba del grueso de bandas teutonas del momento —que cantaban en inglés— y un arma política para difundir sus convicciones izquierdistas alrededor del anarquismo y el autonomismo. Rio Reiser, su líder y cantante, lo tenía claro: había que usar la lengua materna y de una manera sencilla para que el mensaje llegara y sus letras se acabaran convirtiendo en consignas capaces de inflamar la conciencia de su público.

Objetivo cumplido, por tanto. El disco puede resultar chocante a ratos, justo como una "Die letzte Schalcht gewinnen wir", un anti-todo y anti-todos que suena tan magnético como liviano. También lo percibo en "Schritt für Schritt ins Paradies". Son canciones que te atrapan tanto como te repelen, aunque al final, si te abandonas a su fluir, va ganando lo primero poco a poco, como la famosa gota malaya. 

Ambos temas me parecen el resumen perfecto de las sensaciones que provoca este álbum. También uno de sus himnos más irrebatibles, "Rauch-Haus Song", que para mí comparte esas dudas de las otras que menciono. No como "Der Traum ist aus", mi favorita y uno de los motivos de que al final sí que haya acabado convencido de que estoy ante todo un clásico del rock en alemán. Una banda que sabe sonar original en los riffs y que arma unos solos más convencionales, pero igualmente adictivos en la escuela de la mejor psicodelia entre Hendrix y Jefferson Airplane. Podemos sentir la tentación de dejarlos en los Clash alemanes antes de los Clash, pero qué fácil y qué barato sería eso, ¿no creen? Aunque, bien mirado, ¡menudo piropazo!

★★★★☆

A1 Wir müssen hier raus! 5:21
A2 Feierabend 4:41
A3 Die letzte Schlacht gewinnen wir 4:18
B1 Paul Panzers Blues 6:41
B2 Menschenjäger 5:03
B3 Allein machen sie dich ein 4:41

C1 Schritt für Schritt ins Paradies 6:52
C2 Der Traum ist aus 9:24
D1 Mensch Meier 3:43
D2 Rauch-Haus-Song 3:59
D3 Keine Macht für Niemand 4:08
D4 Komm schlaf bei mir 4:02

Total: 62:53

martes, 22 de septiembre de 2026

Nacido con el don de una voz de oro

I Left My Heart in San Francisco (Tony Bennett, 1962)

JAZZ VOCAL. Decimoséptimo álbum del crooner neoyorquino —o por ahí debe andar, según el listado en el que te fijes. Una obra de mimbres clásicos hecha a base de estándares, orquestaciones sedosas y la voz dúctil y absolutamente embriagadora de Bennett, la cual se siente aquí como pez en el agua. Es su terreno, no lo olvidemos, y no se puede decir que esta música pueda sonar actual en ningún caso. Pero también es imposible negarle su poder evocador y su capacidad para conmover.

Sobre todo en los números lentos, no creo que eso sorprenda a nadie. Ahí es donde podemos deleitarnos con su fraseo más acariciante y su paladeo más reverberante. Una diferencia que duele cuando la enfrentamos a los números más movidos, en los que se defiende con mucha solvencia, pero que nunca van a ser lo mismo.

Como tampoco es lo mismo el disco que nos encontramos al comienzo que el que se nos queda al final. Aparte de contar con un final algo brusco, casi guillotinado, con la estupenda "The Best Is Yet to Come" —escúchenla para entender lo que digo—, el álbum nunca vuelve a enganchar un tramo del nivel de las cuatro primeras canciones después. Seguro que una impresión personal que, además, puede que cambie con el tiempo. Nada que manche en demasía esta excusa para acercarse a un cantante irrepetible. Solo hay que encontrar el momento adecuado.

★★★☆☆

A1 I Left My Heart in San Francisco 2:51
A2 Once Upon a Time 2:58
A3 Tender Is the Night 2:38
A4 Smile 2:54
A5 Love for Sale 3:08
A6 Taking a Chance on Love 1:55
B1 Candy Kisses 2:24
B2 Have I Told You Lately? 2:38
B3 Rules of the Road 2:38
B4 Marry Young 2:20
B5 I'm Always Chasing Rainbows 2:41
B6 The Best Is Yet to Come 2:30

Total: 31:35

domingo, 20 de septiembre de 2026

Amando al ritmo entrecortado de tu respiración

The Beat of My Heart (Tony Bennett, 1957)

JAZZ VOCAL. Este fue el quinto álbum de Tony Bennett. No era ningún advenedizo, por tanto, cuando lo sacó. Tal vez por eso no me extrañen sus ganas de experimentar con las percusiones en busca de esa novedad que todo artista ansía para sus nuevas obras. Otra cosa es que el resultado sea todo lo bueno que uno desea.

Para este álbum, el neoyorquino se rodeó de una miríada de percusionistas, entre los que destacan los nombres de Chico Hamilton, Art Blakey o Sabú Martínez. Responsables directos del sonido de un disco tan pegado a su época que se hace demasiado alienígena a nuestros oídos. Una opinión puramente personal que no me deja entrar en una obra que veo demasiado engolada y demasiado chocante, en el mal sentido, para los oídos del público de este siglo XXI.

Y eso es lo que me gustaría dejar claro. Más allá de que el disco sea mejor o peor, está tan anclado a su tiempo que me veo sin recursos para poder evaluarlo con justicia. Si bien sí que tengo claro que tanta percusión no empasta en absoluto con el fraseo fluido y cálido de Bennett. Tambores y garganta parecen ir cada uno por su lado sin abrazarse ni intercambiar miradas en ningún momento. Quizás sea la clave para que el disco no haya encontrado el secreto de la atemporalidad. Ese que hace que las obras de arte esquiven términos como ajado, rancio y anticuado para abrazar otros como añejo, clásico y perdurable. 

Sí, toda esta disertación a pesar del vozarrón impagable que tiene este tío, pero es que cuando es que no, es que no.

★★☆☆☆

A1 Let's Begin
A2 Lullaby of Broadway
A3 Let There Be Love
A4 Love for Sale
A5 Army Air Corps Song
A6 Crazy Rhythm
B1 The Beat of My Heart
B2 So Beats My Heart for You
B3 Blues in the Night
B4 Lazy Afternoon
B5 Let's Face the Music and Dance
B6 Just One of Those Things

Total: 30 min. 

La edad de oro

Buena Vista Social Club (Buena Vista Social Club, 1997)
 

CUBA. Proyecto personal de Ry Cooder que rescata y pone en valor todo un tesoro olvidado de la música cubana. A algunos puede que les escueza, pero tuvo que llegar un gringo, californiano para más señas, para descubrirnos a todo un elenco de artistazos que parecía haberse tragado la tierra y que demuestran aquí que todavía tenían mucho que decir.

El disco, que después se convertiría en película dirigida por un tal Wim Wenders, en gira mundial y en disco en directo desde el Carnegie Hall, no hace más que revalorizarse con el tiempo. Pocos podrían adivinar el impacto de un proyecto bautizado como el popular club de La Habana, que viviera su época dorada en las décadas de los 30 y los 40 del pasado siglo, y que llevaba cerrado casi 50 años.

La labor de Ry Cooder fue prácticamente de caza y captura, localizando y reclutando artistas cubanos que habían disfrutado de su gloria en décadas pasadas, pero que en su mayoría no se encontraban ya en activo o eran bastante irrelevantes para el público. Así, Cooder consigue reunir un elenco espectacular que incluye a Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer, Eliades Ochoa, Compay Segundo, Barbarito Torres, Rubén González, Pío Leiva, Puntillita y Orlando "Cachaíto" López, entre otros.

Todos a una se conjuran para derramar sus dotes y su arte en un documento irrepetible, rebosante de latinidad, donde apenas se nota la mano de un Cooder más forjado en las músicas de raíz norteamericana. Algún bottleneck o algún arreglo por su parte se cuela aquí o allá, pero lo que manda aquí es el son, la guajira, la salsa, el jazz afrocubano y el bolero, con mención especial para las descargas, esa traslación del concepto de jam a la música salsera. Estas estallan en plenitud en dos temazos espectaculares como son "Candela" y "El cuarto de Tula", monumentos al ritmo con la pulsión sexual a tope.

Tampoco querría dejar de mencionar mis otros dos temas favoritos, "Chan Chan" y "El carretero", donde podemos disfrutar del arte de Compay Segundo y Eliades Ochoa, y donde podemos regocijarnos en la autenticidad de un proyecto que bebe de la tradición más enraizada para refrescarla y mostrarla a un mundo sediento. Un mundo que descubrió en este disco a Ibrahim Ferrer, quizás mi favorito entre los demás, un cantante versátil, que lo mismo te destroza con un bolero, que se mete a dar caña en una descarga implacable. Su voz es dulce como la caña, dúctil, cálida y acariciante. Una de las mejores voces que servidor haya escuchado jamás. Sin alardes ni aspavientos, un auténtico bálsamo curativo.

Buena Vista Social Club podría verse como algo oportunista, como el timo de la estampita con el que Ry Cooder quiere dárnosla con queso. No obstante, me parecería un craso error no apreciar sus enormes virtudes. Ya sé que están demasiado claras, y eso siempre resulta sospechoso, pero es que es tan evidente que su autenticidad te deja estupefacto. Lo que ves es lo que hay. Gente enamorada de la vida tocando la mejor música del mundo. Punto.
★★★★☆
 
1 Chan Chan 4:16 ❤
2 De camino a la vereda 5:03
3 El cuarto de Tula 7:27 ❤
4 Pueblo nuevo 6:05
5 Dos gardenias 3:02
6 ¿Y tú qué has hecho? 3:13
7 Veinte años 3:29
8 El carretero 3:28 ❤
9 Candela 5:27 ❤
10 Amor de loca juventud 3:21
11 Orgullecida 3:18
12 Murmullo 3:50
13 Buena Vista Social Club 4:54
14 La Bayamesa 2:50
Total: 59:43

El Buenavista Social Club fue un local nocturno de La Habana fundado en 1932 y en el que vibraban cada noche las clases más populares de la isla. Cambió de ubicación y fue un hervidero de artistas y aficionados, sobre todo afrocubanos, que impulsaron el desarrollo de la guajira, el son montuno y el bolero.

En su honor, Ry Cooder reúne a estos músicos para tratar de reverdecer los laureles de una época olvidada que hay que sacar de las tinieblas para que nunca olvidemos la gracia embriagadora de esas noches interminables.

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jueves, 17 de septiembre de 2026

Hermanos bajo las alas de la alegría

beethoven
Título: Sinfonía nº 9 en re menor, Op. 125; "Coral"
Título original: Sinfonie mit Schluss-Chor über Schillers Ode: „An die Freude“ für grosses Orchester, 4 Solo- und 4 Chor-Stimmen
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1822-24
 Género: Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • "Choral" Symphony (Orchestra and Chorus of the 1951 Bayreuth Festival (Wilhelm Furtwängler / Elisabeth Schwarzkopf / Elisabeth Höngen / Hans Hopf / Otto Edelmann, 1951 [1955]) ★★★★☆ 
  • IX. Sinfonie; Egmont-Ouverture; Leonore III (Berliner Philharmoniker / Chor der St. Hedwigs-Kathedrale / Ferenc Fricsay, 1958 [1959]) ★★★★☆
  • IX. Symphonie (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1962 [1963]) ★★★★★
  • Symphonie No. 9 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1983 [1984]) ★★★☆☆

   
 

He aquí la "Novena" de Beethoven, hito musical sin parangón para el que no hay palabras que puedan hacerle justicia. Una pieza que supone la culminación de muchas cosas: de la construcción sinfónica, de la genialidad de su autor y de los límites de la propia música. Dejémoslo claro y sin eufemismos: estamos ante una partitura que está entre los aspirantes más serios a obra musical más importante de todos los tiempos. 

Comprendan, por tanto, que escribir sobre esta pieza imponga un respeto que raya en el terror más absoluto. Porque lo que aquí hizo Beethoven supera no solo a todo lo que escribiera hasta ese momento, sino a todo —o casi todo— lo que estaba por venir después de él. Puedo estar exagerando, pero créanme, si es así, apenas me he pasado unas micras. No hay más que dejarse llevar por el tapiz musical que entreteje el de Bonn aquí, por los pasajes fugados y contrapuntísticos sutiles y perfectamente hilvanados que nos cuela, sobre todo en los apabullantes primer y cuarto movimientos, por los desplazamientos y yuxtaposiciones impagables del tema principal —o de los temas principales, mejor. 

En todo momento, la sinfonía da la sensación de trascendencia y de punto y aparte que seguro que perseguía el compositor, con cambios de naturaleza en cada movimiento y una culminación en el último, con la novedad de la introducción de la voz humana en forma de coros y voces solistas, toda una ruptura dentro de la tradición sinfónica en 1824. Así lo entendió el público enfervorecido que asistió a su estreno.

En el primer movimiento, Beethoven parece volver a ese "destino llamando a la puerta" de su quinta sinfonía con una música extraordinariamente tensa y violenta que parece surgir de la nada. En el segundo domina el contrapunto y una energía casi brutal que se desprende del vórtice que crea la repetición del famoso tema inicial. El tercero, por su parte, es un adagio lírico y contemplativo que nos ofrece un mundo totalmente diferente al resto de la sinfonía. Un oasis en medio de un océano turbulento que culmina en un último movimiento coral en el que nos lleva al éxtasis a la vez que cambia las reglas del juego para siempre. El colofón a una monumentalidad y unas dimensiones que serían el patrón para grandes sinfonistas futuros, Mahler y Bruckner a la cabeza.

¿Y cuál es la mejor forma de disfrutar de este hito? Comprenderán que elegir un puñado de grabaciones de las miles que puede haber es una labor titánica e inútil, ya que no creo que haya registro desechable de esta sinfonía. Esta vez, aunque me gusta acotar más, me he sumergido en cuatro grabaciones, todas impresionantes. Estas son: la que hizo Wilhelm Furtwängler en el Festival de Bayreuth (1951), la de Ferenc Fricsay al frente de la Filarmónica de Berlín (1958) y las de Herbert von Karajan con la misma filarmónica en 1962 y 1983 respectivamente. 

Grabaciones elegantes, monumentales e inapelables. La de Furtwängler, realizada tras la reapertura del festival bávaro después de la guerra, tiene mucho de mística, con la sensación de que la partitura se está formando ante tus oídos en ese mismo momento. Es una pieza muy querida por su carácter espiritual y por su significación histórica. La de Fricsay es más controlada y transparente, y cuenta con unas voces de excepción encabezadas por el barítono Dietrich Fischer-Dieskau, un auténtico portento en el canto del siglo XX. En cuanto a las de Karajan, su claridad y equilibrio son inapelables en ambas interpretaciones, si bien la primera es más canónica y de referencia que una segunda que nos lo muestra casi iracundo, dirigiendo con corsé tras su reciente operación.

No se obsesionen demasiado. Esta obra es tan inspiradora que es difícil encontrar una interpretación ni tan siquiera regular de la misma. Pónganse la que quieran, si no lo han hecho aún, y déjense llevar durante la hora y pico que suele durar. Descubrirán lo que significa flotar en medio de la inmensidad. 

♪♪♪

1. Allegro ma non troppo, un poco maestoso
2. Molto vivace - Presto
3. Adagio molto e cantabile - Andante moderato - Tempo primo - Andante moderato - Adagio - Lo stesso tempo
4. Presto

🔎 Es prácticamente imposible destacar un momento individual de esta sinfonía. Los cuatro movimientos son de un riqueza sin parangón. Personalmente, me gustan mucho los tres primeros por mi querencia por lo instrumental en la música clásica. Me encanta el contraste entre furia desatada de los dos primeros y lo elegíaco y contemplativo del tercero.

 

Sin embargo, aquí hay que admitir que el último movimiento es el corazón palpitante de la "Novena". Ya había habido intentos de combinar la música coral con lo instrumental, como en la ópera o en oratorios —como los de Bach o Händel—, pero nunca ningún compositor de renombre se había atrevido a incluir la voz humana en una sinfonía.

Un movimiento que Beethoven había ido madurando durante varias décadas hasta plasmarlo en el pentagrama de esta forma tan definitiva. Porque en esta sinfonía todos los movimientos parecen desarrollarse y crecer con el propósito de desembocar en este milagro polifónico que parece otra sinfonía dentro de la sinfonía. Por entidad, por impacto y por cerrar de manera inigualable una obra y casi toda una vida dedicada a la música. Esta no fue la última composición de Beethoven, aunque espiritualmente se le puede considerar así. Al fin y al cabo fue la culminación, la cumbre de sus capacidades.