
ESENCIA INDIE. Kristin Hersh y Tanya Donelly dan forma con este estreno a un disco crudo y seco. Mucho más inspirado por su entorno de lo que lo estarían sus hermanos pequeños, la enorme personalidad de las hermanas no oculta ciertas deudas convenientemente filtradas. Ahí está el eco lejano de Siouxsie & the Banshees o las feromonas enfurecidas de The Slits para dejar constancia de que el espíritu indie del grupo venía impulsado con decisión por el punk y lo gótico. Entre muchas otras influencias no tan detectables.
Cuando digo "gótico", no esperen castillos encantados ni nada de eso. Lo que empezamos a notar aquí, lo cual refinarían mucho más en futuros intentos, es una necesidad de exorcizar los demonios que debían acosarles en sus sueños. Sobre todo por parte de Hersh, compositora del 90% de lo que suena aquí y casi diría que de toda la producción de la banda. Un flujo fantasmagórico que nos desvela pesadillas y secretos inconfesables a golpe de guitarra acústica o de electricidad desatada. Algo que no iba a casar con ese grunge en ciernes con el que intentaron relacionarlas. Tampoco con ese movimiento riot grrrl con el que nunca se sintieron identificadas.
Así las cosas, es difícil imaginarse a qué suena este estreno sin escucharlo. Lo que deben tener claro es que no hay rastros de supuestas herederas como Hole o Bikini Kill. No, puede que Courtney Love y Kathleen Hanna le deban la vida a Throwing Muses, pero no hay manera de percibir esa influencia de manera directa. Y es que las de Rhode Island siempre han sido absolutamente inimitables. Sería, como Hersh decía, porque nunca intentaron sonar como nadie. Y se nota, joder si se nota. Lo que no significa que tanta heterodoxia no se pueda hacer bola.
★★★☆☆
A1 Call Me
A2 Green
A3 Hate My Way
A4 Vicky's Box
A5 Rabbits Dying
B1 America (She Can't Say No)
B2 Fear
B3 Stand Up
B4 Soul Soldier
B5 Delicate Cutters
Total: 38 min.
Es de sobra conocido el hecho de que las canciones de Kristin Hersh surgían en conexión directa con sus problemas mentales. Su trastorno bipolar, con alucinaciones auditivas incluidas, marcaba el pulso de su escritura, llegando incluso a dictarle las canciones por completo sin saber de dónde venían.
Por supuesto, podemos tomarnos esto a chufla, pero no creo que lo hagamos después de escuchar este primer disco. Una obra que, además, aparece secuenciada de tal forma que empieza más o menos clara e inteligible para ir emborronándose hasta el caos de lo incomprensible. "Delicate Cutters" ofrece un pequeño asidero antes de echar la persiana, pero no creo que satisfaga de ninguna manera a los oyentes más casuales e imberbes.
Y es que Throwing Muses es un álbum de difícil digestión. Es desequilibrado en todos los sentidos, no ofrece recompensas auditivas predecibles y vive en el cambio de sentido brusco y en la sorpresa permanente. Si estás preparado para todo eso, lo puedes disfrutar. Si no, ni te acerques.






