lunes, 25 de mayo de 2026

Estudiando las reglas del juego

Tim Buckley (Tim Buckley, 1966)

FOLK ROCK. Un debut más curioso que genial y que ofrece pistas, más que certezas, sobre la grandeza futura de un cantautor único. Pistas escasas y a veces engañosas, porque apenas dejan intuir los hitos de sus experimentos vocales y musicales. No en vano, este es su disco más convencional. El más pop y por tanto el de menos peso y poso.

Curiosamente, cuando lo escucho, no veo grandes defectos en estas melodías tan bien acabadas. Si acaso, un algo anticuado al que hay que acostumbrarse y sobre todo, y esto es lo peor, la sensación de que la voz de Buckley parece querer salirse de este sonido tan encorsetado. 

Con estas ideas trato de explicar que hay algo que no encaja en este álbum y no sé bien qué es. Hay momentos en los que el agudo poderoso del cantante no empasta con los arreglos. Es como si fuera demasiado para tanta levedad. Y eso es incómodo, pero lo peor es que, como nos demostraría en unos meses, queda lejos de la voz propia que no iba a tardar en encontrar.

Dicho esto, ¿estamos ante un álbum predecible en la línea del folk rock de tintes psicodélicos que se hacía en la época? No exactamente. ¿Es tan bueno que se convierte en la mejor puerta de entrada al arte del cantautor? En absoluto. Tendrá algo bueno, seguro que sí. Sin embargo, mientras te empeñas en encontrarlo, estás perdiendo un tiempo demasiado valioso con el que explorar el resto de su discografía. Un tiempo que, créeme, vas a necesitar.

★★☆☆☆

A1 I Can't See You 2:40
A2 Wings 2:30
A3 Song of the Magician 3:05
A4 Strange Street Affair Under Blue 3:10
A5 Valentine Melody 3:40
A6 Aren't You the Girl 2:01
B1 Song Slowly Song 4:13
B2 It Happens Every Time 1:49
B3 Song for Jainie 2:43
B4 Grief in My Soul 2:03
B5 She Is 3:05
B6 Understand Your Man 3:06

Total: 34:05

sábado, 23 de mayo de 2026

Como el aire

Mil coisas invisíveis (Tim Bernardes, 2022)
 

MPB CONTEMPORÁNEA. La portada ya nos muestra la voluntad de hacer algo clásico y perdurable. Un eco que se repite en los arreglos minuciosos y flotantes que llenan una obra preñada de dulzura y elegancia en cada uno de sus detalles. Desde el mismo artwork hasta una secuenciación made in heaven, desde la voz atemporal y hermosísima de Bernardes hasta los toques sutiles de funk, jazz y bossa nova que no enmascaran, sino que potencian este pop de autor totalmente arty y personal a la vez.

Quince viñetas de pura poesía existencial. Selfies emocionales con los que Bernardes trata de explicar su entorno más íntimo y su lugar en el orden de las cosas. Con una música que parece beber de mil cosas, eso, invisibles, pero cuyos ingredientes no podemos identificar con exactitud. Solo podemos decir que es algo delicado, frágil y casi volátil. Quince suspiros insuflados de la belleza más pura y más indescriptible.

Belleza sin mácula que se debe, por supuesto, a la inspiración sublime del paulista a la hora de componer e interpretar estas canciones, pero que también se engrandece por unos arreglos de fantasía y por una producción que da con un sonido en el que te puedes sumergir de manera casi física. Cosas invisibles, otra vez, que hacen que el álbum pueda impactarte como una experiencia emocional subyugante o que también se pueda disfrutar como música de fondo mientras haces otras cosas.

Algo, esto último, que no es un defecto y que hace de este trabajo parada obligada para casi todo el mundo. Melómanos empedernidos, turistas musicales, fiesteros irredentos (con ganas de relajarse) y hasta los más aferrados de cualquier género ajeno a esto deberían darle una oportunidad al segundo trabajo de Bernardes. Porque les va a gustar a poco que se bajen las revoluciones de sus ajetreadas vidas y escuchen de manera limpia y atenta, pero sobre todo porque se van a dar cuenta de que sigue habiendo esperanza para la música que se hace en nuestros días, para los que creemos que los artistas comprometidos nunca se extinguirán y, en definitiva, para toda la humanidad. Sí, esta música nos deja claro que sigue habiendo mil cosas invisibles en las que creer. 

★★★★☆

1 Nascer, viver, morrer 1:53
2 Fases 4:18
3 BB (Garupa de moto amarela) 2:46
4 Realmente lindo 3:25
5 Meus 26 5:00
6 Falta 3:03
7 Velha amiga 4:07
8 Olha 4:19
9 Esse ar 3:02
10 Última vez 5:22
11 Mistificar 3:07
12 A balada de Tim Bernardes 6:06
13 Beleza eterna 5:29
14 Leve 3:51
15 Mesmo se você não vê 2:21

Total: 58:09

Diálogo profundo

 
Título: Concierto para piano nº 3 en do menor, Op.37
 Título original: Concerto pour le Pianoforte avec accompagnement d’Orchestre en ut mineur, Op. 37 
Autor: Ludwig Van Beethoven
 Año de composición: 1800-02
 Género: Concierto para piano y orquesta

Grabaciones de referencia:

  • Piano Concerto No. 3 in C minor, Op. 37 (Daniel Barenboim / Berliner Staatskapelle, 2007) [VIDEO]
  • Concerto for Piano and Orchestra No. 3 / Symphony No. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan / Glenn Gould, 2008) 

 

He aquí una de las obras clave para entender a un Beethoven todavía joven que ya aspiraba a las cotas más altas de prestigio y consolidación entre el público. Un pianista conocido por su estilo enérgico y apasionado en la Viena de la época. También por su incalculable capacidad improvisatoria. Sin embargo, todavía estaba lejos de su época heroica de madurez. Detalles todos que podemos apreciar en sus conciertos para piano, todos intensos y apasionados, si bien hoy nos vamos a centrar en el tercero.

Este concierto para piano y orquesta lo empezó a pergeñar Beethoven, según la mayoría de estudiosos, a finales del siglo XVIII, revisándolo en diferentes fases hasta 1802, según las fuentes autorizadas. Se trata de un concierto con un primer movimiento claramente deudor de su admirado Mozart, concretamente de su Concierto para piano mº 24 (1786), también en do menor. Aquí Beethoven, más que imitar de manera inerte, digiere y expande la obra del austriaco para usarla como punto de partida en un viaje que se torna una experiencia absolutamente dramática y expansiva. 

Él mismo estrenó esta obra en 1803, dirigiéndola e interpretando las partes al piano, en un ejercicio de control total que dice mucho sobre su apabullante personalidad. Como ejemplo de su carácter impulsivo e irreductible, mencionaré las palabras de su amigo, Ignaz von Seyfried, el cual se encargaba de pasarle las hojas de las partituras en sus conciertos: "No vi nada salvo páginas en blanco; como mucho, en alguna que otra página, unos cuantos jeroglíficos egipcios totalmente ininteligibles para mí aparecían garabateados para servirles de pista: y es que tocaba todas las partes solistas de memoria, ya que, como solía ser el caso, no había tenido tiempo para escribirlas en papel."

Creo que con eso queda todo dicho, y a la vez se plantea la duda de si debemos criticar tanto enfoques como el de Glenn Gould, que seguía esa costumbre de tocar sin partitura al pie de la letra, o quizás deberíamos tomarlo como algo puramente beethoveniano. Porque precisamente una de las grabaciones que he usado como referencia para esta obra es la que hizo el pianista canadiense bajo la dirección de Herbert von Karajan. Dirección por decir algo, porque más bien parece un enfrentamiento en el que el austriaco no se pliega al estilo de Gould y se limita a dirigir la orquesta en un diálogo de besugos tan intenso y beligerante que acaba siendo una de las grabaciones más interesantes que se puedan escuchar de este concierto. La grabación se produjo en 1954 para ser rescatada en 2008. Toda una revelación, ya que entre toda la tensión y el enfrentamiento que ofrece el estilo pétreo y monolítico de Karajan contra los arabescos fragmentarios y excesivamente intrincados de Gould podemos encontrar revelaciones inéditas y totalmente inesperadas. Al menos en algunos momentos.

Aun así, una vez saciado nuestro interés por el morbo más heterodoxo, es obligatorio centrarse y sumergirse en la fantástica recreación que hizo Daniel Barenboim (dirección y piano) en el Klavier-Festival del Ruhr. Ahí dejamos de oír a Gould para empezar a oír a Beethoven. Y es que por la claridad en los planos sonoros, la naturalidad rítimica de Barenboim y la integración perfecta entre el piano y la orquesta podemos decir que estamos ante uno de los trabajos de referencia para este concierto para piano. Un trabajo pulcro, elegante y de una sensibilidad infinita para hacer justicia a una obra que puede que no esté entre las más grandes del canon beethoveniano, pero que es una gozada de principio a fin. 

1. Allegro con brio
2. Largo
3. Rondo

jueves, 21 de mayo de 2026

La diosa del mar

Wildhoney (Tiamat, 1994)
 

METAL GÓTICO. Wildhoney es para casi todos los fanáticos del metal gótico una de las piezas angulares del género. Sin discusión. Y no me extraña. Lo que hacen aquí los suecos se ajusta perfectamente a lo que mandan los cánones de lo oscuro y lo triste hasta el extremo. Ritmos lentos, atmósferas turbias y sólidas, dramatismo exacerbado sobre progresiones casi wagnerianas... Pompa y boato fúnebre para un disco en el que todos los temas aparecen conectados en pos de un efecto aplastante del que el oyente no va a poder recuperarse con facilidad.

Calidades de lujo, por tanto, pero a la vez un estilo catedralicio y solemne que va a espantar a cualquiera para quien la música signifique algo más liviano, lúdico o simplemente más terrenal y auténtico. Aléjense, por todo ello, los seguidores del punk o el pop más directos, y acérquense, con los brazos abiertos, los adoradores de Pink Floyd, Paradise Lost o Gustav Mahler. Una cualidad divisiva que veo más como virtud que como tara para lo que hace Tiamat.

Porque, más que sembrar dudas, lo que consiguen con esta militancia es hacer valer su sello propio, mostrarse como una banda con las ideas muy claras y con una actitud hacia el arte absolutamente innegociable. Cuestiones que riman con palabras mayores como personalidad.

Lo que más me ha impresionado siempre de este álbum es que es ponértelo y darte cuenta de que estás ante algo muy grande. Ya desde la primera escucha, sabes que toda su atmósfera y ese hilo conductor que parece conectar las canciones en una sola de cuarenta y dos minutos huelen a clásico. A disco gordo. No de esos capaces de atravesar géneros, pero sí que te queda claro que estás escuchando la crème de la crème del metal gótico. Puede que, como yo, no acabes de comulgar con todo esta pasión agigantada. Sin embargo, ¿a que te encanta asomarte a ver lo que pasa? Sin que te vean, por supuesto.

★★★☆☆

1 Wildhoney 0:53
2 Whatever That Hurts 5:48
3 The Ar 5:04
4 25th Floor 1:50
5 Gaia 6:27
6 Visionaire 4:19
7 Kaleidoscope 1:20
8 Do You Dream of Me? 5:06
9 Planets 3:13
10 A Pocket Size Sun 8:05

Total: 42:05 

lunes, 18 de mayo de 2026

Cuanto canto, la boca me sabe a sangre

Grands cantaores du flamenco - Volume 19 (Tía Anica la Piriñaca, 1996) [RECOPILATORIO]
 

FLAMENCO. "Cuando canto, la boca me sabe a sangre". Palabras crudas y gráficas que se le atribuyen a Ana Blanco Soto, Tía Anica la Piriñaca para el arte. Una afirmación que puede sonar a hipérbole hueca y efectista, pero que si escuchas lo que hace la jerezana con su garganta, entenderás que no hay más que verdad en ella. Con su garganta, con su cuerpo y con su alma. Todo eso pone en juego esta señora a la hora de enfrentarse a los cantes más serios y jondos del flamenco.

Una actitud que la hace una artista seminal, un ejemplo a seguir para las generaciones posteriores. Y pensar que estuvimos cerca de perdernos todo este derroche de fuerza y sentimiento. Porque, aunque ya desde pequeña Ana cantaba en las labores del campo, no pudo hacerlo en público hasta que enviudó a principios de los años 50 del siglo pasado. Su marido nunca le había permitido cantar sobre un escenario, cosa que empezó a hacer tras la muerte de este, cuando ella ya superaba la cincuentena.

Más vale tarde que nunca, dicen, algo que aquí se ve clarísimo. Curtida en los cantes más graves y densos, destacó en las soleares y, sobre todo, en las seguiriyas, con una maestría que le permitía parar el tiempo y silenciar cualquier auditorio na más abrir la boca. Esa boca que, cuando cantaba bien, le sabía a sangre. La sangre de las heridas más dolorosas de un pueblo, el gitano, perseguido y denostado por los siglos de los siglos. Las heridas del alma humana, en realidad, puestas en primer plano por parte de una cantaora entreverá, hija de gitano y paya. Todos esos ecos resuenan en esta música.

En definitiva, lo que quiero dejar claro es que el alcance de las capacidades y el arte de Ana Blanco Soto nunca podrá ser sobrevalorado. Muy al contrario, todo lo que escuchamos, toda esa afinación rústica pero firme, todas esas grietas de pura autenticidad en su voz hay que multiplicarlas por el hecho de ser mujer, mestiza y de empezar a darse a conocer en una ya avanzada mediana edad. Circunstancias que hacen todavía más valioso el respeto reverencial que ha podido amasar la jerezana, la cual recibió numerosos homenajes en vida, una calle en Bormujos (Sevilla) y hasta un libro de memorias por parte del prestigioso periodista experto en flamenco, José Luis Ortiz Nuevo.

Tributos que nunca serán suficientes, porque estamos ante una grande entre los grandes. Ha tenido que llegar una disquera francesa para reunir estos cantes en un CD de una hora de música esencial para disfrutar y aprender. Cantes en los que no hay diversión ni en las bulerías. Cantes señeros, densos, abisales y escarpados que nos llegan frescos y como arrancados de su alma de raíz. Sin anestesia ni ornato alguno. Para que todo quede revelado de repente, en cuanto nos damos cuenta de que a nosotros también nos huelen a sangre.

★★★★☆

1 Qué desgracia es la mía (Siguiriyas del Marrurro y el Loco Mateo) 7:12
2 Qué malina era tu mare (Soleares) 3:59
3 Por cumplir con Dios (Martinetes) 3:12
4 Qué fatiguita tengo (Bulerías de Jerez) 3:30
5 Y siente tú mi fatiga (Siguiriyas) 1:54
6 Soleares de Jerez 3:52
7 Guárdalo, que es bueno (Aloreas bajo Andaluces) 3:03
8 Comparito mio cuco (Siguiriyas Jerezanas) 5:32
9 Me están dando ententaciones (Soleares) 6:58
10 Un mo de mirar (Bulerías) 4:10
11 Soleá de Juaniquín de Lebrija 3:58
12 Siguiriyas de José de Paula de Jerez 3:05
13 En la casita de los pobres (Tientos) 2:55
14 Santiago es lo mejor - Por usted doy la vía (Bulerías) 6:55

Total: 60:15

Náilon y el sonido como objet trouvé

Trees Outside the Academy (Thurston Moore, 2007)

NOISE ROCK SEMIACÚSTICO. El cáustico guitarrista de Sonic Youth deja a un lado la electricidad, sin olvidarse de ella por completo, para explorar sonoridades acústicas en su quinto disco en solitario. Para ello se deja acompañar por su sempiterno Steve Shelley a la batería y por Samara Lubelski al violín. También podemos disfrutar de los escarceos de su amigo J Mascis a la guitarra solista en cuatro cortes. 

Esto último es un detalle nada anecdótico que ayuda a que todo el tono acústico y casi bucólico del álbum no acabe diluyendo la personalidad transgresora y ampérica de Moore, la cual se muestra en todo su esplendor en arrebatos experimentales del calibre de "American Coffin", con piano aporreado y distorsión crepitante. Quizás lo más canónico —que para cualquier otro sería lo más heterodoxo— en un álbum que destaca por sus melodías y por el respeto al formato canción en joyitas como "Frozen GTR", "The Shape Is in a Trance", "Silver>Blue" o "Fri\End".

Canciones bien formadas, entendibles y coherentes entre sí. Y canciones que no consiguen dotar a este disco de un discurso articulado y a prueba de bomba gracias a algunos tramos más toscos y menos paladeables. Temas que deshilachan y rompen, "Thurston @13" a la cabeza, tontería entre la vanguardia y la boutade que tampoco es que sea ejemplo de nada de lo que suena aquí y que además está al final del álbum como adenda más que como viga maestra. Sin embargo, junto a otras cosas que hacen que la escucha tropiece, se encargan de que un álbum que iba para maravilla se quede en pieza más que interesante. Que no es poco, cuidado, que no es poco.

★★★☆☆

1 Frozen GTR 4:06
2 The Shape Is in a Trance 4:39
3 Honest James 3:50
4 Silver>Blue 5:50
5 Fri/End 3:31
6 American Coffin 3:57
7 Wonderful Witches + Language Meanies 2:24
8 Off Work 4:12
9 Never Day 4:01
10 Free Noise Among Friends 0:37
11 Trees Outside the Academy 6:05
12 Thurston @13 2:38 🕱

Total: 45:50 

Violines acuchillados

 
Título: Cuartetos de cuerda
  Título original: „Streichquartette“
 Autor: Béla Bartók
 Año de composición: 1908-39
 Género: Modernismo / Primitivismo / Cuarteto de cuerda

 Grabaciones de referencia:

  • The 6 String Quartets (Takács Quartet, 1997)

Béla Bartók compuso sus seis cuartetos de cuerda a lo largo de un periodo de más de treinta años. No nacen como parte de un proyecto unitario y, sin embargo, todos comparten una sonoridad y una intención que los conecta de manera irremisible. Casi todos suenan abstractos y acuchillados, con patrones rítmicos precisos pero abruptos y como cortados al ras. Y los que no alcanzan ese filo, se muestran inasibles y flotantes con una pesadumbre subyugante. Todo un arsenal emocional que Bartók consigue con técnicas heterodoxas y radicales en las que el violín, además de ser un instrumento melódico, además de llorar y gemir como nunca, se convierte en un arma de fricción y ataque. Cuando no en pura percusión. 

Así consigue sacar a la luz todo el primitivismo que resulta de su exploración del folklore de su tierra y alrededores, esto es, Europa central y sudoriental. Una música expresiva por encima de una búsqueda de la belleza tradicional que simplemente no iba con él. Porque en estos cuartetos, pináculos dentro de la música de cámara, los músicos atacan al instrumento y ofrecen sonidos de una agresividad y una virulencia inéditas en este formato. Un atavismo que conecta directamente con esa conmoción que fue La consagración de la primavera (Igor Stravinsky, 1913) para ofrecer su versión de lo que debería ser la música modernista. Precisamente una mirada al lado más primitivo del hombre para acabar sacando las partituras más avanzadas de su época, auténtico espejo para cualquiera con pretensiones vanguardistas desde entonces.

Todas estas fluctuaciones van repitiéndose en estos cuartetos como si de las olas del mar se tratara. Desde la reinterpretación de Beethoven que parece estar desarrollando en el primero, al cubismo que aplica a ese legado, con sus excepciones en ciertos movimientos y cuartetos, como el sexto, que suena totalmente elegíaco, trascendental y casi lacrimoso. Elementos disuasorios para el oyente medio, pero que van a atrapar a cualquier curioso que se acerque a esta música con el ánimo adecuado y la mente limpia y abierta.

Y de entre todos, no sé con cuál quedarme, la verdad. Ahí está la grandeza del quinto y del cuarto, con sus pizzicatos salvajes bautizados en honor de Bartók; la majestuosidad dolorosa y extática del sexto y del último movimiento del segundo; la vanguardia punzante del tercero; o ese primer cuarteto que nos enseña a las claras de dónde nace todo lo demás. Detalles que conectan a todos entre sí y que nos dejan una obra maestrísima de la música más agreste y apasionada. De esa que no es para todo el mundo, pero en la que una vez que entras no vas a salir, o mejor dicho, te va a cambiar para siempre. Sí, así de intenso es esto. Por eso, precisamente, hay que atreverse a zambullirse sin dudar ni un instante.

Streichquartett Nr. 1 (1908)

1. Lento
2. Allegretto
3. Allegro vivace 

Streichquartett Nr. 2

1. Moderato
2. Allegro molto capriccioso
3. Lento 

Streichquartett Nr. 3 

1. Prima parte. Moderato
2. Seconda parte. Allegro
3. Recapitulazione della prima parte. Moderato
4. Coda. Allegro molto

Streichquartett Nr. 4

1. Allegro
2. Prestissimo, con sordino
3. Non troppo lento
4. Allegretto pizzicato
5. Allegro molto

Streichquartett Nr. 5 

1. Allegro
2. Adagio molto
3. Scherzo. Alla bulgarese
4. Andante
5. Finale. Allegro vivace

Streichquartett Nr. 6 

1. Mesto - Vivace
2. Mesto - Marcia
3. Mesto - Burletta
4. Mesto - Molto tranquillo