lunes, 6 de julio de 2026

Resumiendo lo inabarcable


Los recopilatorios, esos discos que a todos parecen gustarnos, pero que al final no nos satisfacen en absoluto. O acaban siendo redundantes o tienen huecos inmensos en su selección o simplemente no añaden nada a lo que ya sabemos de nuestros artistas favoritos.

Sin embargo, hay veces en las que los recopilatorios se convierten en necesarios, atractivos o incluso fundamentales en nuestra colección. Son esos extraños artefactos que cumplen alguno de estos requisitos (en los mejores casos, varios de ellos):

  • Representan a la perfección todo lo que necesitamos del artista en cuestión. Esto suele pasar cuando el artista no es de los que factura álbumes redondos gastando todas sus fuerzas en los singles y poco más.
  • Recogen una etapa importante del artista o son integrales en el caso de que este no grabara LPs por pertenecer a una época en la que simplemente no se hacía eso o porque no llegó a tener la pujanza necesaria para que le dejaran hacerlo.
  • Completan huecos indispensables en la discografía del artista en cuestión. Ya sea en forma de caras B o de rarezas no editadas en sus discos oficiales, la calidad de estas canciones hacen ineludible la cita con la compilación de las mismas.

Habrá más motivos, pero creo que estos son los fundamentales a la hora de encumbrar a una colección de grabaciones sin hogar al altar que solo pueden ocupar los trabajos más fundamentales e inmarcesibles de nuestro catálogo de favoritos. Los otros, los más normalitos, los que buscan hacer caja, también pueden disfrutarse, pero enseguida nos damos cuenta de que son otra cosa. Chucherías que nos hacen pasar el rato, pero que no merecen ese lugar especial en el corazón que todos estos sí que se han ganado a base de bien.

 

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10 The Look of Love: The Burt Bacharach Collection (VV.AA. / Burt Bacharach, 1998)
 
9Nuggets: Original Artyfacts From the First Psychedelic Era (VV.AA., 1998)
 
8 Star Time (James Brown, 1991)


7 Back to Mono (1958-1969) (VV.AA. / Phil Spector, 1991)


  
 
The Complete Recordings (Robert Johnson, 1990)
5 Anthology of American Folk Music (VV.AA. / Harry Smith, 1952)

4 Singles Collection: The London Years (The Rolling Stones, 1989) 

   

3 The All Time Greatest Hits (Elvis Presley, 1987)

2 40 Greatest Hits (Hank Williams, 1978)

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1 The Great Twenty-Eight (Chuck Berry, 1982)


El big bang estallando en tus oídos en un glorioso disco doble que glosa el poder y la gloria del rock 'n' roll. El inicio, la matriz, el origen de un sonido que ha dominado la música popular desde su surgimiento. Y si esta no es su partida de nacimiento poco le falta. Chuck Berry fue decisivo a la hora de dar forma a todo este rollo. Si no fue el único sí que fue el más importante. Que me perdonen Elvis y Little Richard, Fats Domino y Bo Diddley.

Berry dominó y definió todo lo que debía tener un músico de rock. El apartado compositivo con temas afilados como cuchillas. La inclusión de esos solos demoníacos. El aspecto gestual y guasón que copiarían tantos y tantos guitarristas y frontmen futuros. Y no olvidemos las letras, livianas y llenas de sentido en su hedonismo. Un cóctel que apelaba al instinto y a lo atávico del ser humano. Una combinación en la que la jeta se antepone a lo intelectual, lo espontáneo a lo pomposo. Todos podéis hacerlo, parecía decir. Y aún así cualquiera se daba cuenta de que esa maestría no estaba al alcance de cualquiera.

Estas veintiocho canciones son un contenido mínimo en cualquier currículum que pretenda glosar las enseñanzas del rock. Ellas solas componen un temario imprescindible para todo el que pretenda saber de qué va esto. Imparten magisterio pero a la vez son una gozada por mucho tiempo que pase. No hay lugar para la duda. Todo un monumento a la música popular en cualquiera de sus vertientes. Después de esto nada volvería a ser igual. ¡Cágate Beethoven, lo tienes crudo!

 

... ¡Y 20 MÁS!

 

Y para seguir la fiesta, porque diez siempre van a ser pocos, añadimos otros veinte que podían haber estado aquí perfectamente. Sin órdenes ni jerarquías más allá de lo cronológico. Para seguir disfrutando... ¡Y que no pare! 

    

Genius of Modern Music Vol. 1 & 2 (Thelonious Monk, 1951-52)

Smash Hits (The Jimi Hendrix Experience, 1968)


No New York (VV.AA. / Brian Eno, 1978) 


Singles Going Steady (Buzzcocks, 1979)
 
The Singles 81->85 (Depeche Mode, 1985)

    

Battiato (Franco Battiato, 1986)


Standing on the Beach: The Singles (The Cure, 1986)

Substance (Joy Division, 1988)
 
Complete Discography (Minor Threat, 1989)The Immaculate Collection (Madonna, 1990)

    
 
The Chess Box (Howlin' Wolf, 1991)
 
The Bootleg Series Volumes 1-3 [Rare & Unreleased] (Bob Dylan, 1991)
 
The Essential Johnny Cash 1955-1983 (Johnny Cash, 1992)

The Early Singles (Pink Floyd, 1992)

The Complete RCA Victor Recordings 1937-1949 (Dizzy Gillespie, 1995)


    
 
Les copains d'abord (Georges Brassens, 1996)
 
The Essential Bessie Smith (Bessie Smith, 1997)

The Best of the Black President (Fela Kuti, 1999)
 
Greatest Hits (Henry Mancini, 2000) 

Hooker (John Lee Hooker, 2006)

La calzada de los gigantes

Ordenar los mejores discos por décadas es una labor ardua, ingrata y en constante fluctuación. Podrán imaginarse lo difícil que es para cualquier melómano elegir sus diez discos favoritos a nivel internacional. Hablamos de cribar entre decenas, cientos quizás, de álbumes gloriosos de casi cualquier género. Para que acabe ganando el rock, claro. Y es que por muy ecléctico que se ponga uno, por muchos discos de hip hop que evaluemos y que disfrutemos, al final, cuando nos quedamos en el meollo, en el tuétano de nuestro ser más profundo, sale toda la verdad.

No es por tanto esta una selección objetiva ni completista ni de gran alcance, aunque creo que el que intente poner en duda la valía de cualquiera de estas obras de arte se va a dar con un canto entre los dientes. Que alguna habrá que no satisfaga a todo el mundo, pero de ahí a no respetarla en lo que vale, creo que hay una grieta demasiado insalvable para cualquiera. 

Gana el rock, he dicho, sí, pero eso no significa que no haya pop ni jazz ni soul. Me ha faltado meter algo de rap, como he dicho arriba, algo de electrónica, algo de funk y de música étnica o de música latina. Cosas que cada vez me gustan más, pero que simplemente no pueden competir a día de hoy con estos tótems de la cultura popular. Y ya sé que es un pecado que no haya nada de los Beatles o que me haya dejado el Dark Side of the Moon (Pink Floyd, 1973), pero aunque los primeros han estado a punto de entrar, el caso de los reyes del rock sinfónico es más duro. Nunca he ocultado mi favoritismo por The Piper at the Gates of Dawn (1967), y si ese no ha pasado el corte, ya está todo dicho.

Aquí solo hay tralla, verdad y emoción a raudales. Es mi opinión. Discutible pero totalmente sincera.

 

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10 What's Going On (Marvin Gaye, 1971)

Cuando Marvin Gaye sacó este álbum no creo que pudiera imaginarse lo necesario que era para un mundo en plena combustión. Las turbulencias sociales se multiplicaban en forma de conflictos raciales, la guerra de Vietnam, que estaba en un punto de no retorno inasumible por ninguna de las partes, y multitud de revueltas sociales que pintaban un panorama más que oscuro. Por eso no era posible que un artista encontrara tanto amor en medio de la miseria, tanta humanidad en medio de un mundo tan despiadado. Pero Marvin lo hizo. Y por eso el mundo se agarró a estas plegarias, a todo este talento desatado, como si se tratara de su última oportunidad de salvación.



9 Loveless (My Bloody Valentine, 1991)

Loveless es una obra maestrísima de los 90. Un dechado de gracia en movimiento. Una sacudida interminable. Un disco irrepetible e inalcanzable que supuso el agotamiento de una banda genial. Es curioso porque abres el libreto y no hay apenas información. Tanto misterio solo puede deberse al descuido o a la imposibilidad de glosar el trabajo milimétrico, concienzudo y chinesco de un Kevin Shields desaforado, que lo dio todo en el estudio para parir su magnum opus. Esto es un testamento inabarcable que casi nadie puede aspirar a legar.

Se abre esta joya a martillazo limpio y puro con las guitarras entrechocando contra la solidez férrea de una batería de adamantio. "Only Shallow" es tan prístina y precisa como un reloj suizo. Tan inmisericorde como Atila. El perfecto pórtico que nos adentra por senderos más turbios cargados de estática viciada y salvajemente hermosa. (...)

 

8 Funhouse (The Stooges, 1970)

No veo posible ponerse este disco, ver cuándo salió y no emitir un grito de sorpresa. No me cabe en la cabeza cómo Iggy y su banda pudieron tocar con esa rabia, con esa convicción, sin importarles la recepción que pudieran recibir en un año como 1970. Te pones el disco cincuenta años después y es que no te lo crees. Tanta furia, tanta electricidad, tanta urgencia... Sí, luego llegaron los punkarras a reivindicarlos, pero es que en esos momentos no había nadie que se acercara siquiera a oler lo que los Stooges estaban haciendo. No es que Funhouse fuera brutal en su momento, es que lo sigue siendo, con todo lo que eso significa. Y no hay que ser muy listo para olerse que lo va a seguir siendo por los siglos de los siglos.


7Closer (Joy Division, 1980)

Poner una tumba en la portada de un disco tan funerario ya por su sonido podía parecer frívolo y hasta fácil. Hacerlo poco después del suicidio de su cantante, eso ya hacía más que rozar lo morboso y lo oportunista. Sin embargo, la portada la había elegido Ian Curtis, o al menos había estado de acuerdo con la elección como funda del que iba a ser su segundo álbum. Y aun siendo legítimas todas estas dudas, te pones el disco y no puedes más que llorar de emoción. Tanta hondura, tanta premonición, tanto dolor reconcentrado en las letras, pero también en un sonido abisal, denso y absolutamente aplastante en su solemnidad pétrea... Son demasiadas cosas como para pararse en tonterías. Demasiado arte y demasiada verdad como para poner en duda que estás ante algo mucho más grande que la propia música que contiene.

 

6 Kind of Blue (Miles Davis, 1959)

Pocos discos, si es que hay alguno, pueden amasar mayor consenso que este Kind of Blue a la hora de encumbrarlos como lo mejor que se ha hecho. Y con toda la razón. Porque dentro del jazz no tiene parangón esta revolución tranquila que se inventó Miles poniendo el cool en primer plano en tiempos en los que dominaba el furibundo bebop. Miles ralentizó el tempo y promovió una improvisación más controlada para detallar con mayor minuciosidad unos pasajes sinuosos, tersos y emocionales por encima de cualquier otra consideración más epidérmica. De todo eso, este disco es el súmum. Tan solo échenle un vistazo a sus colaboradores en el que puede ser el disco más querido del jazz. Cannonball Adderley, Bill Evans, Paul Chambers o John Coltrane. No creo que haya que añadir comentario alguno para aumentar el impacto de semejante cartel.

 

5Pet Sounds (The Beach Boys, 1966)

Este puesto podría haberlo ocupado Revolver (The Beatles, 1966) y algún otro de los de Liverpool. Curiosamente, siempre me he jactado de que dicho álbum me gusta un poquito más que este Pet Sounds. No será verdad, cuando a la hora de la verdad me decanto por el de los norteamericanos. Y es que el influjo de la obra maestra de Brian Wilson y sus compadres es mucho más grande que sus propias canciones. La forma en la que usaron el estudio como el instrumento principal, las armonías inalcanzables que hilvanaron aquí, el engarce perfecto entre las canciones, el caos mental y personal que hubo en las sesiones de grabación y que acabó con Wilson en el psiquiátrico... Todo esto ha influido en convertir al álbum en uno de los clásicos más inapelables de la historia. Hasta el punto de que en estos tiempos no es un disco fácil de disfrutar. No es raro encontrar opiniones que lo ven sobrevalorado y a mí mismo me costó más de lo que esperaba. Hasta que lo pillas y no quieres otra cosa. Porque al final se pilla siempre. No hay más que intentarlo las veces que sean necesarias.

 

4 A Love Supreme (John Coltrane, 1965)

Si hay un disco capaz de transportarte a otro mundo, ese sería la obra cumbre de John Coltrane. Una plegaria que él siempre achacó al mismo Creador, el cual se la dictó para que la inmortalizara con su saxo para la eternidad. Fuera así o no, el de Hamlet se tomó muy en serio su papel de transmisor y no sin dolor creó una pieza en cuatro partes que para mí es lo más epatante y emocional que se ha hecho bajo la etiqueta del jazz. Miles es un dios de esa música, por supuesto, pero si me tengo que quedar solo con uno, me temo que escojo a Coltrane y a este disco. Una obra que causó una conmoción inesperada y sublime en mi alma. Un disco que no consigo comprender, pero que disfruto más cuanto menos intento desentrañarlo. Una de esas obras que existen para acompañarte, pero que no aceptan interrogatorios ni entrevistas. Ella se va a encargar de acercarte al Dios que parece hablarte en cada soplido del saxofonista. Tú solo tienes que dejarte llevar.


3The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars
(David Bowie, 1972)

David Bowie culmina su papel definitivo como ese alienígena bisexual, genio de la guitarra con conatos suicidas. Ziggy Stardust fue un personaje para el que Bowie bebió de mil fuentes. Un ente excesivo, floreado y hasta diría que cruel. No tardaría mucho en darle muerte en el mismo escenario para empezar con otra cosa, pero en este momento, con este disco, aparte de ayudar a dar forma a ese glam que acababa de nacer, se fabricó una de las obras más definitivas de la historia del rock, auténtico molde en el que se miraron casi todos para hacer discos en los 70. Ahí están Lou Reed o Iggy Pop para dar fe de ello con sus Transformer (1972) y Lust for Life (1977), álbumes en los que mete mano David y que son otros clásicos inmarchitables. Álbumes que triunfaron porque siguieron la senda de esa elegancia llena de altivez, esa brillantez melódica en medio de un fondo sucio y muy eléctrico. En fin, que supieron destilar lo mejor de una obra inagotable y estratosférica. Porque Bowie tiene muchos hitos, algunos altísimos, pero creo que ninguno iguala lo que hizo aquí.


2 The Velvet Underground & Nico (The Velvet Underground & Nico, 1967)

Este es uno de esos discos cargado de lugares comunes y frases casi hechas ya. Que si nadie le hizo caso en su momento, pero los pocos que lo compraron acabaron formando una banda, que si es un dechado de innovación en esa mezcla imposible entre dulzura y agresión, que si ha generado un par de movimientos musicales o tres él solito... Frases que todos hemos oído alguna vez aplicada a la cima de los neoyorquinos. Frases que no por manidas dejan de ser ciertas. Frases que pueden ser una losa en estos tiempos, casi sesenta años después, pero que no deberían serlo. Deberían ser una garantía de lo que es el disco más autárquico, narcótico y perverso que se haya grabado jamás. Un disco urbano, pulsante, que ha entendido el ritmo y el fluir de lo que pasa en el vientre infecto de la gran urbe como ninguno. Un grito primario en el que no se habla ni de bien común ni de revuelta social. Solo de la libertad de elección, del hedonismo extremo y de lo que pasa en nuestros cerebros y nuestras almas, ya sea esto bueno u horrible. Puro periodismo sin anestesia, cronismo en negro de lo más sucio y lo más auténtico de esta vida. ¿Hay algún disco como este por ahí suelto?


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1 Blonde on Blonde (Bob Dylan, 1966)


El disco más grande de Bob Dylan podría estar aquí por ser uno de los primeros (el primero quizás) discos dobles de la historia, pero no sería mucho mérito eso. Además no necesita de esas ayuditas, cuando por sí solo cuenta con una brillantez y una autoridad tan irrebatibles. Si el Bardo ya había tocado el cielo con Highway 61 Revisited (1965), ampliando y mejorando lo apuntado en Bringing It All Back Home (1965), con este Blonde on Blonde duplica la intensidad, el lirismo y apuntala el lenguaje que iba a usar el rock en los siguientes tropecientos años. Aquí no cuenta solo lo que dice Dylan, aunque sea lo más importante, también hay que prestar atención a cómo lo dice y cómo lo adorna. Cómo el engarce entre teclados, guitarras eléctricas y acústicas es un trenzado perfecto para su voz imperfecta, chamánica y absolutamente certera. Cantando desde las entrañas, amplificando el grito final, tratando de abrazar la eternidad entre versos mercuriales y música ácida flanqueando la psicodelia. Creo que por eso está en el primer lugar. Porque, aun siendo un disco fundamental en mi vida, esa importancia se queda en nada ante el peso que ocupa para el resto de la humanidad. Lo sepáis o no.

El timo de los discos en directo

Raras veces una grabación en directo podrá superar a una de estudio. La historia de la música está llena de ejemplos. No, los discos en directo no suelen quedar bien en las listas de los mejores. Y sin embargo hay un puñado de ellos que avasallan y confirman la regla. Son raros ejemplares que capturan el aire de una noche/momento irrepetible para que lo repitas en tu reproductor ad finitum.

Está claro que la experiencia de un concierto es inimitable, aunque algunas veces un pequeño grupo de elegidos han logrado acercarse bastante.
Sin pretender ser enciclopédico y sin importarme caer en obviedades, aquí presento una pequeña y creo que jugosa muestra de lo mejor de lo mejor. Los más grandes de todos los tiempos y un análisis por décadas. Teniendo en cuenta dos cosas: el año de grabación y no el de publicación; y no se incluirán los discos ya elegidos como los mejores de la historia. A nivel internacional, pero con un pequeño anexo en el que también me acuerdo de mi país, claro.

 

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10 'Get Yer Ya-Ya's Out!': The Rolling Stones in Concert (The Rolling Stones, 1969)

Los Rolling Stones capturados en vivo semanas antes de su accidentadísimo concierto en Altamont, con asesinato por parte de un Ángel del Infierno incluido. Después de eso, por las malas vibraciones de la canción, dejaron de tocar "Sympathy for the Devil" durante años. Aquí tenemos una de las últimas interpretaciones del tema antes del luctuoso suceso. Un plástico que captura a una banda en la cima de sus poderes. Unos Stones catárticos, viscerales y supremos. El mejor momento de la mejor banda de rock & roll del mundo.


9 "Live" at the Apollo (James Brown, 1963)

James Brown ya había tenido un exitazo con "Try" y contaba con una fama de directo espectacular. De todas formas la discográfica no estaba dispuesta a poner dinero para la última idea del cantante: un disco en directo. Simplemente no pensaban que gente pudiera pagar por canciones que ya tenían en su versión de estudio. Pues ni corto ni perezoso, el propio Brown financió la grabación. Para consternación de los "visionarios" discográficos, el disco fue todo un éxito y lanzó a Brown a otro nivel, dejando claro que cuando el artista se porta como debe en un escenario, el público va a pagar lo que haga falta para llevárselo a casa. Esta es la historia, pero solo escuchándolo podrás entender por qué es un hito con todas las letras.



8 "Live" at the Star-Club, Hamburg (Jerry Lee Lewis, 1964)

Jerry Lee Lewis solía meterle fuego a su piano. Literal y metafóricamente. Aquí puede sentirse ese ardor. Pocas actuaciones se podrán sentir más vivas, más calientes y más bestiales que lo que hizo el Killer en este club alemán. Ya desde los primeros acordes de "Mean Woman Blues" pone el local patas arriba. Si la magia de un buen disco en directo consiste en hacerte desear haber estado allí, casi más que la imposibilidad de recrear el momento al dedillo, pocos se me ocurren que puedan igualar a este. Mientras lo escuchas no vas a poder pensar en un ejercicio igual de devastador. ¿Será que no lo hay?


7 At Newport 1960 (Muddy Waters, 1960)

Muddy Waters le dio la vuelta al concepto de festival que tenían en Newport, una cita con el blues, el jazz y el folk que ponía el disfrute de la música en calma por encima de cualquier otra consideración. En una tarde antológica, el de Misisipi le dio la vuelta a esa idea y puso al auditorio a bailar sin parar con la turgencia de un blues que era pura flama. Fue tal la algarabía y la insistencia del respetable que tuvo que repetir una "I've Got My Mojo Working" para tratar de calmar el ardor. Por supuesto, no fue posible.


6 No Sleep 'Til Hammersmith (Motörhead, 1981)

Estaba claro que el mejor disco de Motörhead tenía que ser un directo. Una banda que entiende la música como la de Lemmy Kilmister solo encuentra solaz en esas lides. Ahí es donde puede amplificar el alarido, soltar a los perros del estertor, conjurar el ritual solemne del ruido desbocado... Solo en un escenario podremos entender la magia de una banda como esta. Y lo que hicieron en el Hammersmith londinense la noche de autos no podría creerse de no haber sido registrado para la posteridad en un disco que es auténtica droga dura para los más fanáticos del ruido y la furia.


5 At Fillmore East (The Allman Brothers, 1971)

Los discos de los Allman Brothers siempre han estado muy bien, pero compararlos con sus conciertos es una tarea fútil. No solo por la frescura que ganan, sino por ese componente improvisatorio que acaba alargándolos en un viaje que nunca sabemos dónde nos va a llevar. Ni ellos, claro. Pero cuando te metes de lleno en esta música te queda bien claro que el destino es lo de menos. Lo que importa es el trayecto, y los Allman Brothers saben perfectamente cuál es el camino con las vistas más espectaculares.


4 The Bootleg Series Vol. 4: Live 1966 - The "Royal Albert Hall" Concert (Bob Dylan, 1966)

Este es el disco que lo cambió todo para Dylan y casi para el rock. ¡Cómo que no se podían convertir las canciones en literatura! ¡Cómo que no puedo coger una guitarra eléctrica y sentir ese crujido insondable! Dylan no estaba para cortapisas ni iba a permitir que le coartaran. Y gracias a esa insolencia y a esa fe inquebrantable, cambió las reglas para siempre. En este disco hay dos volúmenes. En el primero, un set acústico para amansar a las fieras, aunque con demasiada retranca y demasiadas palabras humeantes como para satisfacer al personal más retrógrado. Ese que en cuanto empezaba el segundo pase (segundo volumen del disco) abucheaba o incluso abandonaba el recinto. Normalmente abucheaban más que se marchaban. Algo que no deja de sorprender. Y es que por mucho que no lo entendieras, por mucho que no te gustara, hasta el más radical veía claro que ahí había algo muy gordo.



3 Live at the Harlem Square Club, 1963 (Sam Cooke, 1963)

Cooke sí que sabía cómo hacer arte del sudor, cómo convertir los jadeos más tórridos en una catedral gótica. La que formó en el Harlem Square Club de Miami la noche del 12 de enero de 1963 queda para historia. Como pueden ver no fue publicado hasta más de veinte años después. Así de caliente y escandaloso fue el show para una disquera que más que beneficio vio problemas con una grabación más problemática que otra cosa. Menos mal que acabó viendo la luz. Solo imaginarme que podríamos habernos perdido esto para siempre me produce una congoja difícil de describir.



2 At Folsom Prison (Johnny Cash, 1968)

No solo estamos ante un directo impecable, sino que nunca como en este disco se ha capturado un momento tan particular y tan especial. Johnny Cash hermanándose con los presos del penal de Folsom, en California, tratándolos como a iguales, aplacando su dolor sin paternalismos ni poses. Un disco que rezuma comunión, compromiso y misericordia en el sentido más amplio y más acogedor de la palabra. Una auténtica maravilla desde que empieza con ese mítico "Hello, I'm Johnny Cash", hasta que se apaga con las instrucciones del personal de la prisión entre abucheos y aplausos. Como en un pletórico "Podéis ir en paz". Pues "demos gracias a Dios".


 

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1 Kick Out the Jams (MC5, 1969)

Kick Out the Jams... ¿Qué se puede decir de la estatura mítica de este pedazo de verdad arrancado de raíz de los intestinos purulentos de Norteamérica? Podemos hablar de militancia, de drogas, pistolas y follar por las calles. De una ideología que abogaba por la supremacía del hedonismo y la libertad personal... Pero, ¿eso nos dará una idea de lo que bulle aquí?

Podemos hablar de rabia, de electricidad encabritada, de un duelo de guitarras que se persiguen a mordiscos en la yugular, de un Rob Tyner supremo en su concepción del soul como arma de destrucción masiva, de la creación del noise, del punk y del rock alternativo... Pero, ¿entenderemos con eso lo que suena aquí?

Cojan todas esas ideas y hagan lo que quieran con ellas. Estúdienlas, empaquétenlas y guárdenlas en un rincón oscuro, tírenlas al mar... Pero, por lo que más quieran, ¡escuchen este disco! Les prometo que verán la luz.

 
POR DÉCADAS

 

40s - 60s

     

10 At Mr. Kelly's (Sarah Vaughan, 1957)

Live / Dead (Grateful Dead, 1969) 

BBC Sessions (Jimi Hendrix, 1967-69)

Live at the Regal (B. B. King, 1965) 

Sunday at the Village Vanguard (Bill Evans, 1961) 

      

Ellington at Newport (Duke Ellington, 1956) 

"Live" at Village Vanguard  (John Coltrane, 1961)

Olympia 64 (Jacques Brel, 1964)

Symphony No. 3 "Eroica" (Wilhelm Furtwängler/Ludwig Van Beethoven, 1944)

At Carnegie Hall (Thelonious Monk/John Coltrane, 1957)   

 

FUERON LOS MEJORES...

   
  • Olympia 61 (Édith Piaf, 1961) (8)
  • Judy at Carnegie Hall (Judy Garland, 1961) (10)
  • Live in Japan (John Coltrane, 1966) (2)
  • A Love Supreme: 1965 Antibes Jazz Festival (John Coltrane, 1965) (9)
  • The Bootleg Series Vol. 6: Live 1964 - Concert at Philharmonic Hall (Bob Dylan, 1964) (7)



70s

     
 
10 Made in Japan (Deep Purple, 1972)
 
9 Space Ritual (Hawkwind, 1972)
 
8 Stupidity (Dr. Feelgood, 1975)
 
7 Live at the Cheetah Vol. 1 & 2 (Fanial All Stars, 1971)
 
6 Slade Alive! (Slade, 1972)
 
    
 
5 Rock n Roll Animal (Lou Reed, 1973) 
 
4 Live and Dangerous (Thin Lizzy, 1976-77)
 
3 It's Alive (Ramones, 1977)
 
2 It's Too Late to Stop Now (Van Morrison, 1974)
 
1 Live at Leeds (The Who. 1970)    
 

FUERON LOS MEJORES...

 

  
  • Shadows and Light (Joni Mitchell, 1979) (9)
  • The Bootleg Series Vol. 5: The Rolling Thunder Revue (Bob Dylan, 1975) (4)
  • The Blow Up (Television, 1978) (8

      

80s

    

10 The Homecoming Concert (Tim Hardin, 1981)

9 Concerti (Paolo Conte, 1985)

8 Nocturne (Siouxsie & the Banshees, 1983)

7 101 (Depeche Mode, 1989)

6 Under a Blood Red Sky (U2, 1983)

   

5 Live 1981-82 (The Birthday Party. 1981-82)

4 The Concert in Central Park (Simon & Garfunkel, 1981)

3 The Name of this Band Is Talking Heads (Talking Heads, 1977-80)

2 En concert à Paris Vol. 1 (Nusrat Fateh Ali Khan, 1987)

1 Live/1975-85 (Bruce Springsteen, 1975-85)          

 

90s - ∞

    
 
10 Live (Rachid Taha, 2001)
 
9 Live Evil (Dead Moon, 1990)
 
8 Live in Sevilla 2000 (Masada, 2000)
 
7 Live Seeds (Nick Cave & the Bad Seeds, 1992-93)
 
6 Live at Sin-é (Jeff Buckley, 1993)
 
     
 
5 I Might Be Wrong: Live Recordings (Radiohead, 2001)
 
4 Minimum-Maximum (Kraftwerk, 2005)
 
3 Swans Are Dead (Swans, 1995-97)
 
Unplugged in NY (Nirvana, 1993)
 
1 Nightbird (Eva Cassidy, 1996)
 
 
FUERON LOS MEJORES...
 
    
  • Weld (Neil Young & Crazy Horse, 1991) (10) 
  • Arabesque (Jane Birkin, 2002) (8)
  • La serpenta canta (Diamanda Galás, 1999-2003) (6)
  • Unplugged (Jay-Z, 2001) (3) 


DE AQUÍ


     
 
10 Hipokrisiari Stop! (Bilbo 93-X-30) (Negu Gorriak, 1993)

 
The Rockdelux Experience 23.11.2004 (The Rockdelux Experience/VV.AA., 2004)
 
8 Vivo '83 (Leño, 1983)
 
7 Ante todo mucha calma (Siniestro Total, 1991)

6 El directo (Pata Negra, 1989)

   
 
5 Obras escocidas (1985-2000). En directo (Los Enemigos, 1985-2000)

4 Flamenco vivo (Camarón, 1978)

3 Directo (Ilegales, 1986)

2 Golpe tras golpe (Desechables, 1983)
 

 

1 En el Olympia de París (Paco Ibáñez, 1969)

 
 
Hay discos que suenan en tu equipo sin más y hay unos poquitos que te obligan a pegar la oreja porque te cuentan cosas. Cosas importantes como lo hace este directo referencial, una joya imprescindible por lo que cuenta, por cómo lo cuenta y por el momento en que lo cuenta.

Paco Ibáñez, autor militante, intérprete profundo, obligado al exilio desde temprana edad, congrega en el templo parisino de la chanson a un nutrido grupo de incondicionales en diciembre de 1969. El ambiente eléctrico y reivindicativo de esa noche quedaría esculpido para siempre en este disco doble. Se trata de un disco que glosa casi hora y media de la gloria y la parquedad de un intérprete genial. Paco Ibáñez se basta y se sobra con su guitarra y su voz profundísima para cantar a los poetas más incisivos y revolucionarios en todos los sentidos de la palabra. En plena dictadura franquista ataca a la iglesia y a los poderosos sin morderse la lengua a través de las líneas sagradas de Lorca, Alberti, Cernuda, Celaya, Otero, Goytisolo y muchos que me dejo. No se puede decir que Ibáñez haya sido un cantautor tibio ni de los que eluda posicionarse. Sus ideas quedan plasmadas en cada verso y cada requiebro de unas canciones inmortales a las que da forma a base de arpegios o rasgueos inclementes de nailon.

Con los años, un disco como este podría correr el riesgo de apolillarse, de quedarse en mero manual de historia sobre tiempos remotos a desempolvar sólo por estudiosos. Sin embargo no es así. Sigue sonando fresco como el primer día con un Paco exterminador con la voz en plenitud, explorando cada rincón de la melodía, fraseando libre, con unos arreglos sencillos pero cuidados que hacen que no haya ni una pizca de monotonía. Muy al contrario, las dos rodajas se harán cortas cada vez que las coloquemos en el reproductor. Por otra parte, si aún hay alguien que crea que las cosas han cambiado muchísimo, seguro que cinco minutos de En el Olympia de París le recordarán que tal vez no hayamos avanzado tanto como creemos. Por eso estas canciones suenan hoy con la misma urgencia que el primer día. Por eso este disco jamás será enterrado sino que sobrevivirá como una advertencia esencial. Un estertor infinito a través de los tiempos.

FUERON LOS MEJORES... 

 

  • Último concierto (091, 1996)