viernes, 13 de marzo de 2026

Canciones de vida y lucha

We Shall Overcome: The Seeger Sessions (Bruce Springsteen, 2006)

 

FOLK. No parece un plato muy apetitoso a priori lo que cocía Springsteen a costa del cancionero popular trabajado con esmero por el venerable Pete Seeger. Canciones más que manoseadas, canónicas, a las que costaba creer que se les pudiera insuflar vida nueva. Canciones protestonas de melodías claras, pero más pasadas que el propio Seeger. Ni el Boss ni el vejestorio del banjo despiertan pasiones unánimes. Comparten el hecho de tener seguidores tan fanáticos como sus detractores. Hipertrofiado interpretativamente el de New Jersey, soseras hasta la muerte el neoyorquino y populistas ambos, todos estos adjetivos les ha dedicado más de una vez su camarilla de fieles odiadores.

Ante todo este panorama, la sorpresa es mayúscula, porque cuando no se espera nada, es motivo de euforia el que se reciba tantísimo. Porque Bruce simplemente ha hecho lo que sabe y porque gracias a dios se ha dejado aconsejar por la violinista Soozie Tyrell a la hora de juntar una banda paralela a la E-Street Band que ejerce su papel a la perfección. Springsteen ni quiere ni sabe hacer marcianadas y en estos tiempos el ser capaz de limitarte a lo que dominas es motivo de celebración. Springsteen triunfa en este experimento porque surge del puro entretenimiento. Porque siguió su instinto cuando su hija le comentó lo divertida que era "We Shall Overcome", versión que grabara para un tributo a Seeger. Y porque es único a la hora de templar la voz, rugir y sonar auténtico, desde el corazón y las tripas. No hace falta nada más para redondear un disco de intenciones humildes y que es capaz de arreglarte el día, el mes y un trocito de tu vida.

★★★★☆

1 Old Dan Tucker 2:31
2 Jesse James 3:47
3 Mrs. McGrath 4:19
4 O Mary Don't You Weep 6:05
5 John Henry 5:07
6 Erie Canal 4:03
7 Jacob's Ladder 4:28
8 My Oklahoma Home 6:03
9 Eyes on the Prize 5:16
10 Shenandoah 4:52
11 Pay Me My Money Down 4:32
12 We Shall Overcome 4:53
13 Froggie Went A Courtin' 4:33 

Total: 61 min.

No tendría sentido tocar estas canciones de combate si no es para hacerlas revivir en nuestros tiempos, para airear un mensaje que sigue siendo tan válido hoy como hace cien años. Bruce lo sabía bien y por eso, además de arreglarlas con mimo para hacerlas estallar en nuestros altavoces, añade cosas como esa "Bring 'Em Home" en la que combina las canciones "Bring Them Home (If You Love Your Uncle Sam)", de Pete Seeger, y  "When Johnny Comes Marching Home", canción popular de la Guerra Civil americana.

 

Una creación propia de Springsteen —que solo puede escucharse en la American Land Edition del disco— a partir de canciones ya existentes que siempre ha sido el modus operandi favorito de los cantantes de folk. Y una canción que le vino como anillo al dedo para reclamar al gobierno que trajera de vuelta a los soldados de una guerra de Irak que ya pesaba demasiado en las conciencias y el corazón de las buenas gentes de Norteamérica.

Entre olas de melancolía terminal

I Will Swim to You: A Tribute to Jason Molina (VV.AA., 2025)

HOMENAJE. La idea de este homenaje no solo me parece oportuna, sino que la veo más que necesaria para poner en el sitio que merece la figura trágica y siempre emocionante de Jason Molina. Un cantautor que no caló en las masas, pero que generó un culto fiel y militante hasta la adoración. Su fallecimiento por "causas naturales" derivadas del consumo de alcohol no hizo sino aumentar un fanatismo que, eso sí, no ha logrado traspasar la barrera del underground.

De ahí que la selección de artistas no deba sorprender a nadie. Quizás echemos en falta a alguna figura del mundo alternativo como, qué sé yo, un Will Oldham, pero lo cierto es que no se me ocurre forma más honesta de celebrar la figura del de Ohio que dejándolo todo en las manos de artistas que no conoce ni Dios. Lo que no quita que la idea inicial no se acabe materializando en algo así como el tributo definitivo.

Porque, ya sea por centrarse en su repertorio más denso y oscuro, porque a todos les atraiga la parte más profunda y taciturna del cantautor o por pura incapacidad... Lo cierto es que el disco se arrastra sin llegar a fluir en ningún momento. Y por ahí no paso. Molina pudo ser melancólico, poético y lento hasta lo moroso. Sin embargo, si hay algo que nunca fue, es aburrido. Precisamente la sensación que me transmiten estas rendiciones que, por ombliguistas o por inanes, no calan por mucho que te las pongas una y otra vez. 

Podría haber sido estupendo y puede que haya gente que pueda conectar con esta colección de manera profunda y emocional. Yo no. Por mucho que aprecie el esfuerzo y unas intenciones limpias e inmaculadas más allá de cualquier duda.

★★☆☆☆

1 MJ Lenderman - Just Be Simple 3:56
2 Horse Jumper of Love - Blue Factory Flame 7:01
3 Trace Mountains - The Dark Don’t Hide It 4:29
4 Sun June - Leave the City 4:28
5 Runnner - When Your Love Has Gone 3:59
6 Sadurn - The Old Black Hen 5:45
7 Advance Base - Everything Should Try Again 3:51
8 Hand Habits - Lioness 6:55
9 Teen Suicide - Whip Poor Will 4:32
10 Friendship - Hard to Love a Man 4:24
11 Lutalo - Shadow Answers the Wall 2:22
12 Another Michael - Farewell Transmission 5:51

Total: 57:33

The Last Three Human Words / Just Be Simple (Jason Molina / MJ Lenderman, 2025) [SINGLE]

FOLK/HOMENAJE. No deja de ser emocionante enfrentarse al Jason Molina más introspectivo y privado. Un artista con un poder de evocación que se amplifica hasta el infinito en la oscuridad de su habitación. De ahí han sacado una demo inédita de "The Last Three Human Words", canción que solo pudieron disfrutar sus fieles en sus conciertos además de en ese Trials & Errors (Magnolia Electric Co., 2005) en directo.

Un tema desangelado y tan roto como la relación de la que habla, con una guitarra que parece tocada a hachazos. Una de sus obras maestras que es una pena que no encontrara su camino en ningún álbum del de Ohio, aunque por otra parte, qué gozada poder disfrutarla en un single que cobra todo su sentido gracias a esta negra exclusividad.

Lo de la otra cara es otra historia. Una versión correcta y aseada, pero poco más, de "Just Be Simple" por parte de MJ Lenderman, toma incluida en I Will Swim to You: A Tribute to Jason Molina (VV.AA., 2005), álbum tributo aparecido el mismo día que este single. No sé si es lo suficiente como para justificar el desembolso —la demo de Molina no está en plataformas de streaming y solo puede disfrutarse en formato físico—, pero sin duda es un complemento valioso que va a espolear las ganas de ahondar en un legado exiguo y a la vez refulgente dentro de la americana más cruda y desolada.

☆☆★★

 A Jason Molina - The Last Three Human Words (Demo)
B MJ Lenderman - Just Be Simple 

Total: 9 min. 

Así suenan nuestros entresijos

Field of Reeds (These New Puritans, 2013)
 

LITURGIA ABISAL. Que haya gente que diga que no pasa nada en este disco... Es algo que me cuesta digerir. Estoy de acuerdo en que el tercer disco de los británicos, como toda su obra, no es un producto fácil ni se deja atrapar con tan solo un par de escuchas descuidadas. Pero de ahí a que esto sea aburrido, plano o monótono creo que hay un mundo. El mismo universo que constituyen las etiquetas que todo el mundo intenta encontrar para una música que el Sunday Times definió como imposible de categorizar. El reconocimiento de una derrota que acaba siendo el mayor triunfo para unos sonidos tan modernos como atemporales.

Y es que Field of Reeds es una de esas obras que se sitúan fuera del tiempo y el espacio. Un trabajo en el que bulle la música contemporánea —o la clásica de vanguardia—, el jazz y las sonoridades atmosféricas en todas sus vertientes. Todo, eso sí, a partir de la calidez y lo orgánico como santo y seña innegociable. Una calidez que no evita teñirse de ese barniz tenebroso que le da tanto atractivo para los amantes de lo intenso como repulsión para los adoradores de lo inmediato. Extremos que conviven sin problema en temas clave como "V (Island Song)" —puro ritual—, "Organ Eternal" —celebración casi religiosa— o "Nothing Else" —que parece estar formándose ante nuestros oídos en el momento. 

En cualquier caso, dudas y matices aparte, lo que está claro es que no estamos ante un trabajo pacato ni minimalista. Aquí hay progresiones complejas por doquier y capas y capas de arreglos. Aunque el núcleo de la banda es el trío formado por los hermanos Jack y George Barnett más Thomas Hein, cuentan con el apoyo de unos cuarenta músicos de sesión, incluyendo la rutilante contribución de Elisa Rodrigues, cantante portuguesa de jazz y fado. Una obra que nació tras un minucioso y extenuante proceso de grabación en el que, según Jack Barnett, cabrearon y volvieron locos a mucha gente. Parece raro cuando disfrutamos del resultado: un álbum de sonido panorámico y envolvente. Pura ambrosía inmersiva que hace que olvidemos que para hacer la tortilla siempre hay que romper los huevos.

★★★★☆

1 This Guy's in Love With You 3:03
2 Fragment Two 4:34
3 The Light in Your Name 6:03
4 V (Island Song) 9:16
5 Spiral 6:04
6 Organ Eternal 5:32
7 Nothing Else 7:49
8 Dream 4:15
9 Field of Reeds 6:29

Total: 53:05 

jueves, 12 de marzo de 2026

Voy a ser el Rey León y tú lo vas a ver

The "Angry" Young Them! (Them, 1965)
 

RHYTHM & BLUES. Estamos ante el estreno discográfico en largo de todo un Van Morrison. Nada más que por eso, creo yo que merece que le dediquemos nuestro tiempo al debut de Them, banda norirlandesa que podríamos encuadrar en la British Invasion que trató de electrificar el rhythm & blues hasta aproximarlo a un rock que acabaría dominando la Tierra en unos añitos.

Lo cierto es que Them no las tenían todas consigo para triunfar. En primer lugar, no fueron los primeros en golpear precisamente. Los Rolling Stones ya habían debutado el año anterior, los Beatles hacía dos, los Animals y los Kinks también llevaban meses de ventaja y los Who, aunque sí que iban más de la mano en el tiempo, habían demostrado que lo suyo era cosa aparte. Además, el origen periférico de los de Belfast, alejados de los circuitos promocionales de Londres, tampoco jugaba a su favor, si bien, por otra parte y para mí, esa marginalidad les acaba regalando un encanto matador.

También tenían algunas ventajas respecto a las bandas mencionadas que los hacen únicos. Para empezar, destacaremos la voz de Van Morrison, todo un arma de destrucción masiva con la que no podían ni siquiera soñar los demás. Ahí está su carrera en solitario para dejarlo claro, aunque aquí su instrumento ya brilla de manera espectacular. Luego está el hecho de contar con temas propios, seis de los catorce, escritos por el propio Morrison. Algo de lo que pocas bandas de la British Invasion podían jactarse en su debut. Sobre todo por la calidad de los mismos, con una "Gloria" que se convirtió en el molde y casi en asignatura obligada para cualquier banda que empezara a partir de entonces.

Toda una pléyade de virtudes que acaban algo embarradas ante la inclusión de esos poquitos temas más predecibles, canciones que podíamos encontrar en casi cualquier disco de rhythm & blues en esos años. Canciones más superfluas y casi superadas en el 65, "Route 66" a la cabeza. No me entiendan mal. Como banda en ciernes, Them tenían todo el derecho a agarrarse a la solidez de lo conocido, a no soltarse de la mano hasta encontrar esa seguridad que todos necesitamos. Una seguridad que no iban a tener tiempo de disfrutar, ya que Van Morrison abandonaría el barco después del segundo disco, dejándolos prácticamente en cueros.

No sé si soy algo injusto al no poder encumbrar a este debut entre las joyas más refulgentes de su generación, pero, sea por lo que sabemos hoy de Van the Man o por esa sensación de que podían haber rayado más alto, lo cierto es que no puedo decir más que estamos ante un buen disco de una muy buena banda. No creo que sea poco, pero seguro que no es suficiente.

★★★☆☆

A1 Mystic Eyes 2:47
A2 If You and I Could Be as Two 2:59
A3 Little Girl 2:30
A4 Just a Little Bit 2:26
A5 I Gave My Love a Diamond 2:52
A6 Gloria 2:43
A7 You Just Can't Win 2:26
B1 Go On Home Baby 2:41
B2 Don't Look Back 3:26
B3 I Like It Like That 3:22
B4 I'm Gonna Dress in Black 3:38
B5 Bright Lights Big City 2:35
B6 My Little Baby 2:14
B7 (Get Your Kicks On) Route 66 2:27

Total: 39:06 

lunes, 9 de marzo de 2026

Desnudos y helados

Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen / lorategi izoztuan hezur huts bilakatu arte (Lisabö, 2018/2023)

 

POST-HARDCORE. "Y tras el rastro de la belleza nos desnudamos hasta transformarnos en mero hueso en el jardín helado". Este es el poderoso verso que se forma si juntamos el título de los dos últimos discos de Lisabö, un díptico glorioso y aberrante que no pudo ser por la pandemia, pero que ahora es y se puede disfrutar en toda su gigantesca plenitud. También es la unión entre la frase con la que acaban el primer álbum y la que usan para empezar el segundo.

Cinco años son los que median entre la publicación de ambas rodajas. La idea era sacarlos casi seguidos, pero por lo comentado, además de por el modus operandi de una banda que lo hace todo a fuego lentísimo, no fue posible. Y no hacía falta que el grupo se empeñara en cuidar las formas para aventar con claridad meridiana que los álbumes comparten el mismo ADN. Es cierto que se agradece esa uniformidad en las carátulas, ese yin yang en el que no hay lugar para la duda. Pero, en realidad, no hay más que escuchar las primeras notas de cada obra para entender que se trata de un continuo, de una bilogía, como ellos la llaman, de una profundización en los hallazgos de ese Animalia lotsatuen putzua (2011), que lo cambió todo para los irundarras.

Aquí siguen obcecados en abrirse camino a partir de los postulados más primitivos y más atávicos. Superada ya con creces la etapa en la que metían chelos, y centrados en la barbarie, Lisabö se empeñan en ser nuestros Swans, nuestros Fugazi y nuestros Neurosis. Así de intensos, crudos y emocionales se muestran en un par de álbumes en el que redoblan esfuerzos por multiplicar el efecto de sus obsesiones hasta el infinito. Y no es que trabajen su obcecación o sus lugares comunes como si de tics se trataran, no. Más bien estamos hablando de que todo ese amor por el énfasis encima del énfasis, los mandobles sónicos, las dentelladas instrumentales y esa pasión por lo monocorde hasta el infinito son sus herramientas de trabajo, su instrumental quirúrgico. Y eso, por mucho que en su aparente inmovilismo se les pueda confundir con los Motörhead de Irún, no deja de ser una demostración de fuerza, pasión y coherencia.

No están hechos Lisabö para estos tiempos. Eso creo que lo sabemos todos, ellos los primeros. Tampoco era cuestión de endosarnos un disco doble, algo que hasta ellos entienden como insoportable. Pero qué necesarios siguen siendo. Optar por lo espaciado, por huir de las prisas y lo superficial, es un suicidio en estos tiempos. Precisamente lo que más necesitamos. No el suicidio, claro, sino su maravillosa actitud vital.

★★★★☆

1 Errautsaren bezpera
2 Nomaden zirkulu tematia
3 Olio tantak ezpainetan
4 Oroimena galdu aurretik idatzi gabeku gutuna
5 Hegaldiaren etenaldian
6 Amuz inguratuta
7 Denboratik kanpo bizi garenok

Total: 42 min.

1 Sarraila 0:34
2 Urpekaritza baso kiskalian 8:04
3 Kristalezko begiei so 9:18
4 Gauak gure ametsak baino luzeagoak dira 2:05
5 Gutariko bakoitza gara denok 7:22
6 Hosto zehargarriak 5:54
7 Zeru arrosaren guraizeak 7:33

Total: 40:50

 

Martxel Mariskal sigue detrás de las letras del grupo. Su auténtica arma (no tan) secreta y, como ellos no se cansan de repetir, un miembro más de la banda al 100%. No es para menos. Desde Ezlekuak (2007) se ha encargado de traducir en palabras la música de Lisabö. Sin lugar a dudas, y por encima de giros estilísticos, el hecho más definitivo a la hora de poner las producciones del grupo en otro nivel.

 
Resulta curioso que las palabras sean tan importantes en una música hecha desde las tripas, tan monocorde y tan salvaje. O quizás sea lo más lógico si lo pensamos bien. Porque también es una música que surge de lo más recóndito del alma, de lo más emocional y epidérmico. Una música que necesita esas palabras mayores para expresarse y florecer en toda su plenitud. Por muchos años.

domingo, 8 de marzo de 2026

La última juerga

Little Richard (Little Richard, 1958)
 

ROCK & ROLL. Siguiendo la estela de su predecesor, el segundo disco de Richard Wayne Penniman es una colección de singles de éxito, caras A y B, junto a tres temas inéditos hasta el momento de su edición. Todo se grabó con anterioridad a la retirada de Little Richard del mundo del rock and roll para iniciar su vida como pastor evangelista. Apenas diez meses después de su anuncio, la compañía empaquetó estas canciones para sacar este disco, el cual sigue los postulados del anterior de manera eficiente al mostrar la vehemencia incandescente de rigor.

O casi, porque sí que hay un par de números algo más débiles, cosa que no ocurría con su hermano mayor. Canciones paridas en las entrañas de un Tin Pan Alley que no era lo que más se ajustaba a la flama con la que se empleaba el predicador en ciernes. "By the Light of the Silvery Moon" o "Baby Face" contrastan claramente con joyas de su puño y letra, como "Keep a Knockin'", "Ooh! My Soul" o "Lucille", o una "Good Golly, Miss Molly" que le escribieron y él hizo suya para siempre. Una sensación de desequilibrio que, aun siendo real, se volatiliza porque lo bueno acaba ganando por goleada. Y así nos damos cuenta enseguida de que estamos ante un disco que, dejémonos de tonterías, es un catálogo maravilloso del Richard primigenio. Un artista que duró lo que marcaba un estilo feroz que no dejaba prisioneros ni estaba pensado para dilatarse más allá del alarido.

Parecía que después de haber visto a Dios, Little Richard iba a dejarnos tristes y desvalidos para siempre, cosa que afortunadamente no fue así. Al final, sucumbiendo a la más pura adulación de sus seguidores más jóvenes, el hijo pródigo regresó al redil. Todavía le quedaba una carrera plagada de sobresaltos, de drogas y de epifanías varias. Lo que es cierto es que, aunque logró mantener un éxito bastante estable a través de los años, nada iba a ser comparable con la detonación de sus dos primeros discos, auténticos tratados de referencia para aprender cómo se hace esto del rock and roll. Con ellos en el mundo, de verdad, sin haber hecho nada más, Ricardito ya tendría un hueco en la Torre de la Canción. 

★★★★☆

A1 Keep a Knockin'
A2 By the Light of the Silvery Moon
A3 Send Me Some Lovin'
A4 Boo Hoo Hoo Hoo
A5 Heeby-Jeebies
A6 All Around the World
B1 Good Golly, Miss Molly
B2 Baby Face
B3 Hey-Hey-Hey-Hey
B4 Ooh! My Soul
B5 The Girl Can't Help It
B6 Lucille

Total: 27 min. 

Parece ser que en medio de una gira por Australia, el 12 de octubre de 1957, asediado por las pesadillas y los malos augurios, decidió que la música que hacía venía dictada por el mismo diablo. De la noche a la mañana canceló lo que quedaba de gira y abandonó la música para dedicarse a estudiar teología y a predicar el evangelio por EE.UU. 

 

En 1960, regresó al mundo de la música, pero lo hizo grabando solo góspel hasta que dos años después, en una gira por el Reino Unido, y ante la idolatría que le profesaban artistas como The Beatles o The Rolling Stones, fue incluyendo el rock en su repertorio. Al fin y al cabo, era lo que el público le pedía en los conciertos. 

Así, después de algún single y alguna colaboración, el regreso a la música del diablo se materializó de manera definitiva con la publicación de Little Richard Is Back (And There's a Whole Lotta Shakin' Goin' On!) (1964). 

sábado, 7 de marzo de 2026

Mucho ruido y muchísimas nueces

Getting Killed (Geese, 2025)
 

ART ROCK. En su cuarto disco, Geese nos sumergen en un sueño en el que creemos posible la unión entre lo clásico y lo más rabiosamente actual, entre el plástico del presente y el humo del pasado. Con unas canciones vidriosas, entre la improvisación y la catarsis colectiva, empañadas, entre lo onírico y lo prosaico, nos hacen creer una vez más que otro mundo es posible y que el rock and roll, cierren la boca ya, malditos agoreros, no ha muerto todavía.

El espíritu de los más grandes se nos materializa en estas canciones. En esa lluvia de arreglos sencillos pero fantasiosos, oxidados pero precisos, entre los que juguetea la voz indescriptiblemente hermosa y expresiva más allá de lo humano de su líder, cantante y compositor, Cameron White. A sus veintitrés añitos, él solito —presten atención a su carrera en solitario también— se las arregla para revitalizar  una escena que necesitaba este vapuleo. Con sus letras intrigantes y crípticas, sus cambios rítmicos cortados a cuchillo, sus arreglos entre el ruido y lo sublime, y su entrega vocal, nos enseña el camino a seguir a todos los que estábamos escondidos en nuestra cueva sin posibilidad de ver la luz del sol.

Repito, con herramientas que tampoco pueden considerarse el colmo de la vanguardia. Sin embargo, creo que ya lo he sugerido un par de veces, ni sus melodías ni las soluciones que proponen son predecibles ni acomodaticias. Por eso creo que han llamado tanto la atención. Porque a pesar de esa heterodoxia, no dejamos de ver restos de Television, de Talking Heads, de Blondie o de la Patti Smith más incandescente. De un Nueva York de otro tiempo, lleno de soul, renovado y customizado para nuestros días y quizás, quién sabe, para la eternidad. Solo el tiempo lo dirá, pero la cosa no tiene mala pinta.

★★★★☆

1 Trinidad 3:44
2 Cobra 3:05
3 Husbands 4:08
4 Getting Killed 4:44
5 Islands of Men 5:54
6 100 Horses 3:46
7 Half Real 3:22
8 Au pays du cocaine 3:30
9 Bow Down 3:28
10 Taxes 3:17
11 Long Island City Here I Come 6:37

Total: 45:35