martes, 7 de abril de 2026

Agarrado al cordón umbilical

El Camarón de la Isla con la colaboración especial de Paco de Lucía [3] (Camarón de la Isla, 1971)

 

FLAMENCO. El segundo había sido más vertiginoso, con menos espacio para los palos de ritmo más lento. Un disco que fluía como un vendaval sin pararse demasiado en las fosas de lo jondo. En eso cambiaba con respecto al estreno, el cual contaba con un tramo solo apto para iniciados que lo hacían más difícil, y alguno me dirá que también más puro. Pues algo de eso hay en este tercer asalto. Algo que es más bien mucho, porque aquí parece que Camarón está intentando demostrar que no ha abandonado el redil, más que otra cosa.

Un artista dócil todavía en su arte, deseoso de recibir el aplauso de los gitanos viejos, los que saben, se revuelca impúdico en tangos, polos, soleás de Alcalá y demás palos abisales para desangrarse como solo él ha sabido. Quizás estemos ante el disco más espeso y oscuro del trío inicial. Perdonen el atrevimiento, pero, en mi ignorancia, percibo aquí un rajo y una densidad que puede echar para atrás al oyente ocasional.

Y como suele ocurrir, salir huyendo a las primeras de cambio sería un error de bulto. Porque aquí encontramos al cantaor enganchado a su cordón umbilical. Aquí es donde podemos comprender por qué es venerado por todos, rancios guardianes incluidos. Y por último, aquí es donde también podemos impregnarnos del dolor de esta música milenaria para, tal vez, comprender un poco por qué el flamenco es más que un estilo. Y así entender de una vez que es una cultura, una señal de identidad y un modo de vida para todo un pueblo.

★★★★☆

A1 Son tus ojos dos estrellas
A2 La mujer con ser mujer
A3 Por mala lengua que tienes
A4 Sin motivos ni razón
A5 En la provincia de Cádiz
A6 De una mina de La Unión
B1 El espejo en que te miras
B2 Me la tienes contolá
B3 Al Padre Santo de Roma
B4 Estoy pagando condena
B5 Se murió mi madre
B6 Me voy por la calle abajo

Total: 38 min.

lunes, 6 de abril de 2026

Hay que ser muy zorro...

Johnny the Fox (Thin Lizzy, 1976)

 

HARD ROCK. Estamos en plena época clásica de Thin Lizzy. Este aclamadísimo séptimo álbum del combo nos los presenta inflamados y en forma, repartiendo estopa sin freno en esa refriega constante en la que la música del grupo supo sacar brillo a un rock duro siempre cargado de matices, sutileza y toques hibérnicos. También fue el último álbum en contar con el gran Brian Robertson a tiempo completo en la guitarra. Los choques con Phil Lynott se habían convertido en una constante demasiado insoportable, lo que culminó con el despido del guitarrista.

Me parece bastante claro que lo que el público ama de este disco, lo que hace que muchos lo pongan por encima de ese glorioso Jailbreak (1976) con el que tocaron el cielo, es una madurez compositiva que los hace sonar más autoritarios y casi diría que variados. No mejor, esa idea nunca la compraré, pero sí más llamativos a poco que pegues la oreja. Aun así, veo algunos agujeros que hacen que el álbum haya bajado algún peldaño en mi apreciación. Para empezar, algunas canciones con las que no acabo de comulgar —"Rocky", "Borderline"—, temas que no puedo decir que sean malos, pero que no me dicen tanto como a otra gente. Luego está esa "Massacre" que, aun estando muy bien, palidece ante la versión turgente y orgánica de Live and Dangerous (1978). Y por último, habría que hablar de una "Boogie Woogie Dance" que me parece mala sin eufemismo ni disculpa posible.

Así las cosas, parece claro que no veo a este disco como el mejor de Thin Lizzy. Sin embargo, también admito que es imposible no caer rendido ante el grueso de su descarga. Ante un sonido y unas canciones templados y precisos en su coherencia y su acabado. Ante unas "Don't Believe a Word", "Old Flame" y "Johnny the Fox Meets Jimmy the Weed" que están entre lo más alto de la producción de Phil Lynott. Y en definitiva, ante una narrativa que, acompañada por la preciosa portada de Jim Fitzpatrick, presenta pocas fisuras más allá de los detalles mencionados arriba. Detalles de viejo cascarrabias, que existen, no hay duda, pero que, después de sus escasos treinta y seis minutos, no tienen importancia alguna.

★★★★☆

A1 Johnny
A2 Rocky
A3 Borderline
A4 Don't Believe a Word
A5 Fools Gold
B1 Johnny the Fox Meets Jimmy the Weed
B2 Old Flame
B3 Massacre
B4 Sweet Marie
B5 Boogie Woogie Dance 🕱

Total: 36 min. 

La trampa y el cartón

Deceit (This Heat, 1981)
 

POST-PUNK RETORCIDO. Estamos ante el segundo y último álbum de una banda especial como pocas. Una banda que no encontró mejor forma de expresarse que a través de la improvisación y la instalación sonora más extrema. Con un pie en el post-punk y otro en el art rock más irreverente e indescriptible, los ingleses se despidieron con un disco en el que juegan con la sonoridad de su nombre en su título para acabar colándonos una trola en toda regla. Un engaño de esos en los que adoramos caer, todo sea dicho.

Porque lo que contiene este álbum, grabado en un almacén refrigerado en desuso, está atravesado por una coherencia totalmente inesperada en un artefacto de pulso tan aleatorio. Un bichejo bulboso nacido del apareamiento entre los rasgueos de guitarra más violentos y caóticos, una base rítmica siempre al borde del precipicio y una obsesión malsana por la devastación nuclear que venía de esos tiempos duros de una guerra fría que había imprimido su terror lejano pero profundo en las almas de Charles Hayward, Gareth Williams y Charles Bullen.

Sí, a eso podríamos decir que suena Deceit: al pavor que viene de vivir siempre en la cuerda floja del colapso. Un motivo de peso para que exorcizaran su pesimismo en canciones que hablan de radiación, incomunicación y barbarie. Todo desde una óptica gélida y totalmente expresionista por encima de la forma o las convenciones. Un sonido que me remite a discos como Low (David Bowie, 1977) o Fear of Music (Talking Heads, 1979). Después de romperlos en mil pedazos y pisotearlos, eso sí. Algo así como el Tago Mago (Can, 1971) o como el hormigueo previo al apocalipsis.

★★★★☆

A1 Sleep 2:14
A2 Paper Hats 6:02
A3 Triumph 2:55
A4 S.P.Q.R. 3:28
A5 Cenotaph 4:41
B1 Shrink Wrap 1:40
B2 Radio Prague 2:21
B3 Makeshift Swahili 4:04
B4 Independence 3:42
B5 A New Kind of Water 4:57
B6 被爆症 (Hi baku shyo) (Suffer Bomb Disease) 4:03

Total: 40:07

Este es uno de esos álbumes asociados a un período muy concreto. Las fotos de su artwork, las letras, los títulos de las canciones y su ambiente opresivo nos llevan directamente a los momentos en los que la amenaza nuclear estaba más al rojo que nunca. Una época de incertidumbre y miedo que nunca ha llegado a irse del todo y que parece estar volviendo con fuerza en esta mitad de la tercera década del siglo XXI.

 

Treinta y seis años después de Hiroshima y Nagasaki y a solo cinco años de Chernobyl, Deceit se convierte en todo un panegírico con tintes premonitorios. Un lamento y una advertencia a la que nadie hizo caso y que ha caído en el olvido más absoluto. Una vez más. ¿Aprenderemos alguna vez?  

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jueves, 2 de abril de 2026

Impartiendo magisterio

El Camarón de la Isla con la colaboración especial de Paco de Lucía [2] (Camarón de la Isla, 1970)

 

FLAMENCO. Cada vez más seguro, más hecho, más imponente. Así se ve al de San Fernando unos meses después de su debut discográfico. En esta nueva alianza con Paco de Lucía vuelve a sentar cátedra con un nuevo hito de un flamenco rebosante de frescura y con la mirada puesta en los más grandes. Aprender para después enseñar, esa parece ser la máxima de este dúo que puso patas arriba lo que todos creían saber sobre el polvo, la madera y las entrañas.

Hay tanto material impresionante aquí que es difícil decantarse por algo, pero si tengo que hacerlo no puedo dejar de lado esos tangos que llamara "Ante el altar me juraste" y, por supuesto, esos tientos con los que cierra, un "Al gurugú guruguero" en los que da lecciones sobre cómo sacar luz de la negrura y agua pura de las lágrimas más dolientes. Lo festero y lo jondo para resumir una obra inagotable. Como todas las de esta primera época, todo hay que decirlo.

También destacan dos palos más oscuros, como el tema que abre y por el que también se conoce al disco, un "Cada vez que nos miramos" imperial, que, según parece, es una soleá de la Serneta, y esa romera y cantiña del contrabandista que es "Jardín de belleza". Este último nos muestra la originalidad y la fuerza creativa de un Camarón irrefrenable. Ese que nada más abrir la boca ya estaba anunciando lo grande que iba a ser. Claro y meridiano.

★★★★☆

A1 Cada vez que nos miramos 3:47
A2 Y no llegastes a quererme 2:58
A3 Ante el altar me juraste 3:52
A4 Moral 2:17
A5 La andan hablando 4:09
A6 Vas a conseguir tres cosas 1:57
B1 Jardín de belleza 2:33
B2 Sube al enganche 2:20
B3 Donde una ermita poner 2:32
B4 Los santos del cielo 4:08
B5 Soy grande por ser gitano 3:18
B6 Al gurugu guruguero 3:19

Total: 37:10 

Xxx 

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miércoles, 1 de abril de 2026

Sin bozal y con ganas de bronca


Fighting (Thin Lizzy, 1975)

HARD ROCK. Aquí es donde Thin Lizzy empiezan a hacer rock duro sin tapujos ni medias tintas. Aquí es donde le sueltan la brida a esas dos guitarras solistas que estrenaron en el álbum anterior y que se iban a convetir en su sello indeleble para la posteridad. Por eso y por la calidad y la pegada de estos diez temazos, considero indiscutible que estamos ante el primer gran trabajo del combo irlandés. Y no soy el único en afirmarlo.

No hay más que dejarse arrastrar por ese cañonazo de salida, "Rosalie", versión de Bob Seeger en la que invocan a los mejores Stones, con palmas y un riff de guitarra infeccioso como pocos, para darse cuenta de inmediato de que esto va a ser diferente. De que todas las promesas que nos venían haciendo en sus cuatro álbumes anteriores se van a materializar aquí de manera contundente y totalmente física. Nos lo confirma el segundo tema, pero es que nos vuelven a volar la cabeza con el blues rock casi protopunk de "Suicide". También con los aires clásicos y fresquísimos de "Wild One" y con ese otro delicioso medio tiempo que es "Spirit Slips Away". 

Eso, junto al canallismo callejero de "Silver Dollar" y la crudeza sulfúrica de "Ballad of the Hard Man", constituye el armazón indestructible de un disco gigantesco. Se acabaron los ejercicios de estilo, se acabaron las buenas intenciones sin consumar. Todo eso ya era bueno, pero es que todo el que se parara a escuchar ya sabía que estos eran mucho más que eso. No eran simplemente una buena banda. Estaban destinados a dominar el mundo y a convertirse en influencia directa para los más grandes de un futuro que, ahora sí, podíamos vislumbrar con renovado y total entusiasmo.

★★★★☆

A1 Rosalie 3:15

A2 For Those Who Love to Live 3:10

A3 Suicide 5:15

A4 Wild One 4:19

A5 Fighting My Way Back 3:11

B1 King's Vengeance 4:12

B2 Spirit Slips Away 4:50

B3 Silver Dollar 3:26

B4 Freedom Song 3:32

B5 Ballad of the Hard Man 3:56


Total: 39:06

 

domingo, 29 de marzo de 2026

Endulzando un manjar

Buddy Holly (Buddy Holly, 1958)

 

ROCK & ROLL. En su segundo álbum, el genio de Lubbock reincide en la fiereza pop de su estreno con los Crickets del año anterior. Con algunas diferencias que habría que resaltar. La más importante está en la aparente intención por parte de la discográfica de lanzar a Charles Hardin Holley como artista en solitario. Detectado el tirón del artista entre la muchachada, lo presentan solo en la portada del disco y le quitan las gafas. Además, a pesar de que los Crickets seguían siendo su banda de apoyo, el trabajo se firma con el nombre artístico del tejano.

Una maniobra que también parece permear lo que suena aquí. Y es que, aunque sigue habiendo pelotazos de rock & roll trepidante —"I'm Gonna Love You Too", "Peggy Sue", "Ready Teddy", "You're So Square"... —, las baladas y la ternura parecen ganar terreno con rapidez —"Listen to Me", "Valley of Tears", "Everyday", "Words of Love"...—. Algo que no parece casual, que hace que el álbum suene más a obra hecha para resaltar el atractivo de Buddy entre el público femenino que a disco de banda en el que el conjunto se impone a las individualidades.

Sé que todo esto ha sonado a queja, y si lo comparo con su superlativo disco anterior, puede que algo haya de eso. Sin embargo, tengo que dejar claro que estamos ante un discazo de época. Un álbum en el que artista, productor o discográfica, habría que ver quién, se esfuerzan en perfeccionar el equilibrio y las hechuras. Algo que redunda en una mayor madurez, un poco artificiosa, tal vez, pero también atractiva. Una palabra, "madurez", que no casa con la efervescencia de una música que estaba encontrando su camino a empellones... De acuerdo. Pero tampoco piensen que estamos ante una obra académica para viejos aburridos. Eso no podía venir firmado por Buddy Holly de ninguna manera. Ni en mil años ni en mil vidas.

★★★★☆

A1 I'm Gonna Love You Too
A2 Peggy Sue
A3 Look at Me
A4 Listen to Me
A5 Valley of Tears
A6 Ready Teddy
B1 Everyday
B2 Mailman, Bring Me No More Blues
B3 Words of Love
B4 You're So Square (Baby I Don't Care)
B5 Rave On
B6 Little Baby

Total: 25 min. 

Vida nocturna

Night Life (Thin Lizzy, 1974)

(NOT SO) HARD ROCK. Hay un consenso bastante claro entre los fans a la hora de situar aquí el verdadero punto de inflexión para unos Thin Lizzy que por fin se muestran con las formas que los iban a llevar a la posteridad. La puesta en escena de las guitarras gemelas de Scott Gorham y Brian Robertson lo ponen de manifiesto. No así el tono del álbum, más orientado al funk, al soul y al soft rock que hacia ese rock duro que parecen dejar un poco de lado en el grueso del metraje.

Por todo esto, aunque es innegable la buena acogida del álbum entre los seguidores más acérrimos, también está extendida la idea de que estamos ante el disco tranquilo del combo. Algo que lo acaba situando en la parte alta de la apreciación del vulgo, pero casi siempre alejado de los puestos de cabeza, lugares de honor reservados normalmente a sus obras más fieras y metálicas.

Con solo un par de escuchas, entro en el redil y no puedo estar más de acuerdo con todas estas apreciaciones. Night Life es un álbum escrito y ejecutado para gustar. Un trabajo en el que Phil Lynott muestra su querencia por las músicas negras, con el funk y el soul marcando la pauta —he ahí, "Night Life", "Showdown", "Dear Heart" o "Still in Love With You"—, su amor por lo celta —véase "Banshee" o "Philomena", por ejemplo— y su atracción por esos conatos de visceralidad que siempre acaban asomando la patita en los álbumes del ahora cuarteto —fíjense en "Sha-la-la", sin ir más lejos.

Y esta aceptación de la opinión más generalizada me hace también fijarme en lo extraño de ese abrazo al soft rock, a la música nocturna solo para muy adultos, que realizan Lynott y sus compinches. Algo que les hace entregar un trabajo atractivo, pero también inesperado, original y quizás demasiado alejado de las coordenadas que venían manejando. Lo sorprendente no es malo de por sí, pero sí que en este caso les salió una criatura que provoca tanta atracción como incomodidad. Por eso, creo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que estamos ante el disco rarito de Thin Lizzy.

★★★☆☆

A1 She Knows 5:15
A2 Night Life 3:59
A3 It's Only Money 2:50
A4 Still in Love With You 5:42
A5 Frankie Carroll 2:05
B1 Showdown 4:33
B2 Banshee 1:29
B3 Philomena 3:43
B4 Sha-la-la 3:29
B5 Dear Heart 4:34

Total: 37:39

En este trabajo es donde podemos encontrar una de mis canciones favoritas del combo irlandés. Una "Still in Love With You" que está en lo más alto de su catálogo para mí. Sin embargo, no puedo decir que se deba a esta versión, la original, sino a la que incluyeron en ese torrencial Live and Dangerous (1978), directo mítico en el que la ralentizan hasta hacerla una cosa por completo diferente a lo que suena en Night Life.

Quería puntualizar esto, ya que, aunque la versión en directo fue la primera que escuché, algo que hizo que me resultara extraña esta versión acelerada para mis oídos, con las escuchas he aprendido a amar las dos. Aquí es Gary Moore el que hace el solo, y desde luego se nota su sello. En la toma en directo, sin embargo, son Brian Robertson y Scott Gorham los que se encargan de las guitarras. No puedo decir que pierdan en la comparación, la verdad, pero sí que, aunque me gusta más esa última versión, no tengo más que parabienes para una versión original que es uno de los grandes atractivos de Night Life. Da igual la forma que tome. Estamos, indudablemente, ante una de las mejores canciones de Thin Lizzy.