miércoles, 5 de agosto de 2026
Reinventando el pianoforte
Grabaciones de referencia:

- The Complete Piano Sonatas (Daniel Barenboim, 1998)
En sus 32 sonatas para piano, Beethoven exploró terreno ignoto, abriendo caminos infinitos para una nueva forma de expresión a través de un instrumento individual y protagonizando una evolución sin parangón que se desarrolló a lo largo de casi 30 años, de 1795 a 1822. Un auténtico laboratorio mágico en el que empieza hablando el lenguaje de Haydn y Mozart para acabar inventándose un idioma futurista y rompedor del que beberían las generaciones venideras.
Por eso, no es extraño que intérpretes del prestigio de Daniel Barenboim, Artur Schnabel, Wilhelm Kempff, Claudio Arrau o Alfred Brendel hayan dedicado su vida a interpretarlas y grabarlas en su totalidad. Por el enigma que supone su dificultad técnica, porque el piano se convierte en toda una orquesta en estas piezas y por la sensación que queda al apagarse la Sonata nº 32... Un regusto a final en las alturas, la certeza de que no se puede ir más allá.
Una música que rompió con todo —sobre todo las últimas sonatas— y que no se parecía a casi nada por aquel entonces. Alrededor de 9 horas de música que apabullan y atemorizan a cualquiera. De ahí que me haya centrado en seis de ellas —sin duda, seis de las más importantes y señeras—. Estas serían las sonatas nº 8, 14, 21, 23, 29 y 32. Piezas mayúsculas en las que el piano se transforma en un instrumento nuevo, en el que el pianista lo acaricia, lo golpea y lo encabrita hasta que parece luchar contra los elementos de la naturaleza en plena vorágine.
Precisamente lo que podemos encontrar en grabaciones como la integral que hizo Daniel Barenboim en 1998. El registro que he usado de referencia y del que no me puedo despegar, tal es su autoridad y su fluidez. Una interpretación en la que el pianista parece hacerse a un lado para que disfrutemos de la partitura de la manera más transparente posible, como si no hubiera intermediarios entre Beethoven y nosotros.
♪♪♪
Piano Sonata No. 8 in C minor - "Pathétique"
1. Grave - Allegro di molto e con brio
2. Adagio cantabile
3. Rondo. Allegro
Piano Sonata No. 14 in C sharp minor - "Moolight Sonata"
1. Adagio sostenuto
2. Allegretto
3. Presto agitato
Piano Sonata No. 21 in C major - "Waldstein"
1. Allegro con brio
2. Introduzione. Adagio molto
3. Rondo. Allegretto moderato - Prestissimo
Piano Sonata No. 23 in F minor - "Appassionata"
1. Allegro assai
2. Andante con moto
3. Allegro ma non troppo - Presto
Piano Sonata No. 29 in B flat major - "Hammerklavier"
1. Allegro
2. Scherzo: Assai vivace
3. Adagio sostenuto
4. Introduzione: Largo - Fuga: Allegro risoluto
Piano Sonata No. 32 in C minor
1. Maestoso - Allegro con brio ed appassionato
2. Arietta: Adagio molto semplice cantabile
🔎 Y de entre todas estas piezas, debo destacar una obviedad para los más avezados en esto de la música clásica. Algo que puede que no me perdonen por manido y casi populachero, pero que para mí es simplemente uno de los mejores momentos de la historia de la música —si no el mejor. Por supuesto, se trata del Adagio sostenuto de la Sonata nº 14: "Claro de luna".
Un primer movimiento en el que Beethoven deja a un lado el virtuosismo y la técnica para abrazar la emoción más pura, sencilla y profunda. Con una música que es como un cuchillo que me atraviesa el alma sin esfuerzo. Una música que queda suspendida en el aire sin avanzar a ningún sitio. Simplemente flota y nos hace encontrarnos con nuestros entresijos más ocultos.
Puede que para los entendidos construir todo este universo expresivo a partir de un motivo de cinco notas sea demasiado poco, pero para mí y alguno que otro más se convierten en una de las cosas más hermosas que se puedan escuchar. Hasta el punto de llevarme al éxtasis. Lo siento, pero eso nunca me va a parecer poca cosa.
lunes, 3 de agosto de 2026
Rapeando en Kinshasa

FUNK POP. Paralelamente a Talking Heads, Tina Weymouth y Chris Frantz desarrollaron este proyecto en el que ahondaban en su propia versión de lo que venían haciendo con la banda madre. Para ello contaron con la aportación de Adrian Belew —el arma secreta detrás del sonido de joyas como Remain in Light (Talking Heads, 1980) o The Name of This Band Is Talking Heads (Talking Heads, 1982).
El resultado es un álbum en el que acentúan la vertiente funk de la banda madre, le añaden disco y dub, y arriman su lado experimental a lo juguetón sin dejar de integrar los sonidos étnicos —africanos y caribeños principalmente— en un potingue que con el vitriolo que aporta Belew a las seis cuerdas se hace adictivo por momentos. También repetitivo y desenfocado, todo sea dicho, pero, mayormente, el groove que cuece aquí Tom Tom Club funciona sin apenas taras. Porque lejos de seguir con las ínfulas de la banda madre, lo han simplificado todo hasta el punto de que para ellos el ritmo no es el medio, sino la canción misma.
Algo que veo como un acierto absoluto. A pesar de que el empaste entre etnosíntesis —a veces recuerda a My Life in the Bush of Ghosts (Brian Eno & David Byrne, 1981)— y soniquetes casi de broma no me acabe de sonar creíble al 100%. Puede que el disco no fluya como un todo, pero su frescura es siempre bienvenida en nuestra azarosa singladura melómana.
★★★☆☆
A1 Wordy Rappinghood 6:27
A2 Genius of Love 5:34
A3 Tom Tom Theme 1:25
A4 L'éléphant 4:50
B1 As Above, So Below 5:23
B2 Lorelei 5:05
B3 On, on, on, on... 3:33
B4 Booming and Zooming 4:32
Total: 36:49
Xxx
DISCOS RELACIONADOS
¡Torpedo, pecadooorrr!

ROCK. A estas alturas, con este tercer álbum, Tom Petty deja claro que domina la fórmula y que el arte de hacer canciones de rock cristalino y adhesivo no tiene secretos para él. Eso es lo que se aprecia en este Damn the Torpedoes, uno de sus discos más queridos y aspirante eterno al cetro de obra maestra absoluta del de Florida. Sí, puede haber otros, puede que te encante su debut del 76, pero nadie me negará que es difícil discutirle el primer puesto a este festival de melodías imbatibles y elegancia de otro mundo.
El disco se abre con una seguridad y una brillantez apabullantes. "Refugee" nos sugiere en su introducción semejanzas con el "Like a Rolling Stone" de Bob Dylan. "Here Comes My Girl" suena como si Bruce Springsteen se hubiera olvidado de que toca para miles de personas... Y así, podríamos establecer paralelismos infinitos, hasta darnos cuenta de que el arte del de la Rickenbacker sobrepasa cualquier comparación. Puede que el sello de Jimmy Iovine a los mandos fuera decisivo, pero lo fue en el buen sentido, no en el de maquillar una propuesta más que pensada y más que trabajada.
Iovine venía de trabajar con Springsteen, Patti Smith o John Lennon, y ya había trabajado con Petty en el anterior, You're Gonna Get It! (1978). Con todo ese bagaje, supo mantener el carácter del grupo intacto a la vez que lo hacía sonar como la máquina perfectamente engrasada que ya era. Siempre al servicio de unas canciones descomunales, auténticos himnos de una efervescencia casi suicida. Temazos que se suceden sin pausa para el resuello y que hacen de este disco una experiencia obligada a la hora de introducirse en el arte de nuestro rubito favorito.
En definitiva, un álbum capital a la hora de analizar la evolución del rock norteamericano. Entronca con Springsteen a la perfección, su sonido brillante lo convierte en ingrediente importante de la ya poderosa FM y en mascarón de proa de una revisión del clasicismo que acabaría desembocando en el Nuevo Rock Americano (NAR). Así de importante es la culminación de esa epifanía que empezara tres años antes y con la que Petty cambiaría su carrera para siempre.
★★★★☆
A1 Refugee 3:21
A2 Here Comes My Girl 4:33
A3 Even the Losers 3:35
A4 Shadow of a Doubt (A Complex Kid) 4:53
A5 Century City 3:40
B1 Don't Do Me Like That 2:40
B2 You Tell Me 4:32
B3 What Are You Doing in My Life? 3:25
B4 Louisiana Rain 4:45
Total: 35:24
sábado, 1 de agosto de 2026
El club de los corazones rotos

ROCK. Aquí tenemos el arquetipo del debut fresco pero maduro, entusiasta pero avezado. Un trabajo reluciente con el que Tom Petty entraba en el mundo discográfico por la puerta grande. Country rock desatado, power pop medido al milímetro y reverencias generosas a The Byrds, Elvis Costello, los Stones, Bob Dylan y a un Bruce Springsteen al que le robaría los seguidores en el futuro por su zambullida indecente en el mainstream.
No solo las referencias son impecables, sino que al ser tan numerosas y estar tan bien licuadas y digeridas, Petty se marca un estilazo propio que, más que anunciar, confirma desde el útero al artista gigante que iba a reinar en la siguiente década. Un estilo que lo iba a convertir en referente, nunca en deudor, gracias a su dominio de la pausa, la dosificación bien estudiada y la clase derramada a borbotones. Calidades de lujo para que podamos llamar a esta música rock sin adjetivos superfluos que al final no explican nada. Bueno, también pop, que el abanico del de Florida es demasiado grande como para andarse con limitaciones.
Zumo multivitaminas en frasco pequeño —apenas 30 minutos— para volver a disfrutar sin pretensiones ni circunloquios de la magia del mejor rock and roll. Con una música que coge de muchos sitios para ofrecernos el meollo. Raíces y modernidad, campo y urbe, en constante fricción. Retroalimentándose, bullendo y volviendo a la calma más hipnótica. Seguro que no he descrito bien lo que este disco es capaz de provocar, pero si al menos os he despertado la curiosidad y vais a correr a ponéroslo, ya me siento satisfecho. Eso sí, no seáis como yo y dadle las vueltas que sean necesarias. No os rindáis a la primera, que la recompensa será grande. Palabrita del niño Jesús.
★★★★☆
A1 Rockin' Around (With You) 2:26
A2 Breakdown 2:42
A3 Hometown Blues 2:14
A4 The Wild One, Forever 3:01
A5 Anything That's Rock 'n' Roll 2:23
B1 Strangered in the Night 3:32
B2 Fooled Again (I Don't Like It) 3:54
B3 Mystery Man 3:04
B4 Luna 3:59
B5 American Girl 3:33 ❤
Total length: 30:48
viernes, 31 de julio de 2026
I'm a loser, baby...

Closing Time (Tom Waits, 1973)
PIANO BAR. Es la hora del cierre. Los últimos borrachos se desparraman en la barra y el camarero los barre con su escoba hasta la salida. El pianista entona con voz cazallosa la penúltima historia sobre un par de corazones rotos y un coche desvencijado. Martha y Rosie acaban su turno y se cambian de ropa. Les apetecería un helado, pero a estas horas no hay más que whisky. Tal vez el destino se porte hoy y les regale un paseo tranquilo a la luz de esa luna cítrica y así soñar con ese galán de cuento que les saque de este antro. Y el piano sigue sonando, anunciando la hora del cierre, y suena empapado en cerveza y licor barato. Y clarinetes. Y guitarras acústicas. En un compás beodo y lúcido en busca del silencio mortal que cae como una sentencia a la hora del cierre. El tiempo se detiene, las postales nos restriegan el pasado por la cara. ¿Fue realmente un tiempo mejor?. Yo de ti no se lo preguntaría al que ha hecho de este antro su casa. Ahí está, acompañado por un presente sin rostro y aleteando como un pez sobre el suelo sucio mientras espera otra ronda. Seguro que mejora a la anterior. Seguro que no será la última. No hasta la hora del cierre.
★★★★☆
Quedamos en el malecón
Con estos datos es comprensible el éxito que el grupo cosechó en estos años gloriosos de mitad de los 70. Fueron sin duda otros de esos que añadir a la lista de los que influyeron de manera decisiva en el punk que estaba por llegar. Esta fiebre, por desgracia, sólo duró un par de años, seis desde que se formó el grupo. Johnson y Brilleaux partieron peras por sus continuos desacuerdos, y tras Sneakin' Around (1977), el guitarrista y auténtico motor creativo dejó el grupo, que ha seguido ininterrumpidamente con múltiples cambios de formación.




