miércoles, 12 de agosto de 2026

Jugando a ser gigantes

Autobiografía (Duncan Dhu, 1989)

POP. Dos volúmenes que rondan los cuarenta minutos cada uno conforman la obra más ambiciosa y personal de Duncan Dhu. Uno de sus mejores trabajos, de los más definitorios de sus intereses y habilidades, nos muestra al dúo inspirado en un toma y daca que podría recordar al de Lennon y McCartney. Y es que, salvando las distancias, este disco se mira claramente en el álbum blanco de The Beatles.

Juanra Viles ya no estaba. Los tiras y aflojas alrededor de la orientación artística del grupo habían acabado con el abandono del batería. El dúo reacciona a la adversidad, y lo hace con una huida hacia delante en la que se emplean a fondo y se vacían con una colección de canciones que, puede que necesite un filtro más selectivo, pero que lo cierto es que funciona. Al menos durante la mayor parte del minutaje, porque también es cierto que en el tramo final, personalmente, acabo pidiendo la hora.

La idea era ambiciosa. Así lo demuestra la variedad estilística que desarrollan los donostiarras. Medios tiempos de almíbar conviven con un par entregas de rock rugoso, y la melancolía marca de la casa lo baña todo. Un disco que apela al "demasiado" con convicción y que se espeja en obras como la ya mencionada The Beatles (1968), siendo, a la vez, modelo para vómitos expresivos del nivel de Honestidad Brutal (Andrés Calamaro, 1999). Todo eso redunda en incrementar un valor no siempre bien ponderado por la crítica, pero elevado a los altares por los fanáticos. Sin exageraciones y sin tacañería, un buen disco a pesar de todas sus taras.

★★★☆☆

A1 Rozando la eternidad 3:27
A2 El día que fue 2:13
A3 Rosa gris 3:31 
A4 El nuevo calor 2:31
A5 Dulce aroma 2:24
A6 El viejo camino de la vía del tren 1:42
A7 Cuento de la canción en la botella 3:51
B1 Entre salitre y sudor 2:21
B2 Mujer sobre el papel 2:41
B3 Camisas limpias 2:46
B4 Amarga 2:50
B5 El camino de la piel 3:20
B6 La casa del enterrador 1:41
B7 Rosas en agua 1:48
B8 Tras la cortina 1:20

C1 Las reglas del juego 2:34
C2 Historias tristes 2:54
C3 Música ratonera 2:30
C4 El chico de los ojos asustados 3:06
C5 Dulce tentación 3:06
C6 Cayendo el cielo 3:05
C7 En el andén 2:44
D1 Palabras sin nombre 3:30
D2 Paraguas una tarde de diciembre gris 2:07
D3 El maniquí 2:10
D4 Un punto más 3:22
D5 Mi fiel talismán 2:16
D6 Carne de bar 3:19
D7 El ritmo de la calle 1:57
D8 Fiesta y vino 2:37

Total: 79:43 

Oda a los bajos fondos

Heartattack and Vine (Tom Waits, 1980)
 

ROCK PENDENCIERO Y ELEGÍACO. Para el título de su sexto disco de estudio —lo siento, pero para mí Nighthawks at the Diner (1975) siempre será un directo— Tom Waits se sigue basando en el entorno que le rodea. Así, con ese humor tan suyo, hace un juego de palabras con la intersección entre Hollywood Blvd. y Vine Street. Un cruce muy conocido de Los Ángeles y no demasiado glamuroso en la época.

No en vano, aunque había sido un centro neurálgico, con una gran concentración de estudios cinematográficos, emisoras de radio y hoteles de lujo en las décadas de los 30 y 40 del siglo pasado, a mitad de los 70 era el sitio por el que pululaban camellos, prostitutas y gente sin hogar. El escenario perfecto para un disco de Tom Waits. De ahí que cambiara, con escasa sutileza, el nombre de Hollywood Blvd. por el de Heartattack, mucho más descriptivo de la tensión que se vivía en la zona.

Con estas premisas, el de Pomona armó un álbum en el que dominan las guitarras por primera vez en su carrera. Un trabajo en el que le deja buena parte del protagonismo al blues, por encima del jazz que venía siendo el centro de gravedad de todo lo que había hecho hasta ese momento. No se olvida de las escobillas ni de las orquestaciones, aunque sí que quedan en un delicioso segundo plano, como demuestran joyas inmarchitables del calibre de "Saving All My Love for You", "On the Nickel" o la eterna "Jersey Girl", que Bruce Springsteen no tardó en agenciarse para sus directos.

Por lo demás, y atendiendo al álbum como conjunto, debemos admitir que es un trabajo maravilloso, pero bastante irregular. Uno de esos que llaman de transición, de los que no siguen desarrollando las ideas que el artista venía plasmando en sus obras anteriores y que además quedan sin descendencia que brote de su semilla. Un disco que alberga ya la rudeza de hojalata por venir —sobre todo en la voz del maestro— y que se beneficia de un uso de las guitarras inédito en Waits. Después cogería cosas de este álbum para llevarlas más allá, no cabe duda, pero en general, debemos tener en cuenta que estamos ante una isla en su discografía. Por eso debemos disfrutarla y, a la vez, andarnos con pies de plomo. O quizás no. Ahora suena "Ruby's Arms", todo cobra sentido y me rindo. Sí... Mejor disfrutar de este disco a tumba abierta.

★★★★☆

A1 Heartattack and Vine 4:42
A2 In Shades 4:04
A3 Saving All My Love for You 3:39
A4 Downtown 4:43
A5 Jersey Girl 5:09
B1 'Til the Money Runs Out 4:20
B2 On the Nickel 6:17
B3 Mr. Siegal 5:13
B4 Ruby's Arms 5:35

Total length: 43:42 

Bounced Checks (Tom Waits, 1981) [RECOPILATORIO]

CANCIÓN JAZZ. El problema de este recopilatorio británico está en tratar de averiguar qué pretende. ¿Recoger lo mejor de sus años en Asylum? Parece evidente que no. ¿Juntar un puñado de rarezas? Pues tampoco. Entonces, ¿para qué sirve? ¿Se puede uno hacer una idea aproximada del talento que rebosaba Waits en estos años con este disco? 

Solo en parte. Falta demasiado magro como para pasarlo por alto si buscamos un buen resumen de sus primeros años. Por ejemplo, el enorme Blue Valentine (1978) solo está representado por una toma alternativa —bastante sosita— de "Whistlin' Past the Graveyard". No voy a glosar los temazos que se podrían haber incluido. Simplemente me quedaré con el glorioso final enlazando las maravillosas "Burma Shave" y "Tom Traubert's Blues".

Dos canciones señeras del primer Waits, de acuerdo, pero que tampoco llenan si conoces un poquito su catálogo. De entre lo novedoso, destacaremos una versión en directo, desquiciante o genial —según el día—, de "The Piano Has Been Drinking" y una interesante —y poco más— "Mr. Henry", que grabó y acabó descartando para el entonces reciente Heartattack and Vine (1980). Claramente insuficiente dentro de un disco que nunca sabremos a qué juega.

☆☆☆★★

A1 Heartattack and Vine 4:42
A2 Jersey Girl 4:38
A3 Eggs and Sausage 4:13
A4 I Never Talk to Strangers 3:37 with Bette Midler
A5 The Piano Has Been Drinking (Live) 6:07
B1 Whistlin' Past the Graveyard 3:15
B2 Mr. Henry 3:28
B3 Diamonds on My Windshield 3:13
B4 Burma-Shave 6:32
B5 Tom Traubert's Blues 6:40

Total: 46:25

martes, 11 de agosto de 2026

Siervo de nadie

Slow Train Coming (Bob Dylan, 1979)

ROCK CRISTIANO. Para rastrear los primeros pasos de la relación de Dylan con el cristianismo discográficamente hablando, tenemos que remontarnos nada menos que a 1967, con la edición del maravilloso John Wesley Harding. En él ya introducía en forma de parábolas y referencias bíblicas lo que nos iba a endosar más de una década más tarde. La diferencia es clara, sin embargo. Lo que allí no dejaban de ser pinceladas a la hora de usar a Dios y la religión para hablar de amores e injusticias, aquí es pura y dura carne de púlpito. El júbilo megalomaníaco del que ha descubierto al Altísimo y siente la necesidad de compartirlo y de convertir a todo bicho viviente a su paso. Sí, en el disco de la reconversión definitiva de Dylan en apóstol de la palabra, nos lo dice claramente: "Dios me ha hablado... Esta es su palabra".

Un planteamiento, no nos engañemos, que echa para atrás a cualquier rockero de pro. Si Dylan había volteado la cabeza de la parroquia folkie con su reconversión eléctrica, ahora doblaba la apuesta e intentaba una pirueta triple que no todos supieron entender. Y es que no era fácil tragarse los pedruscos líricos que nos endosaba. A no ser que los leyéramos con la puerta abierta de la ironía o de la aplicación de los mismos a cuestiones más mundanas como, digamos, el amor romántico. Seguro que mucho de ambas cosas habría en un Dylan que parecía totalmente abducido, pero que todos sabemos que siempre ha sido mucho más de lo que dejaba entrever.

Con todo esto, en este disco nos encontramos al Bardo dedicado a desbrozar canciones de rock templado. Incluso se deja acompañar por todo un Mark Knopfler a la guitarra solista o un Pick Withers a la batería, ambos miembros de Dire Straits. Toda una declaración de intenciones acerca de cómo quería que sonara el disco. Algo que para los alérgicos a la asepsia de la banda británica no era ninguna buena noticia, por mucho que el de Duluth lo vuelva a teñir todo de ese caos delicioso que siempre mejora la mezcla, sean cuales sean los ingredientes. Sí, el resultado, no importan las variaciones al respecto, sigue sonando muy Dylan. Concretamente al nexo entre el Dylan desbordado de mediados de los 70 y el insustancial y casi prescindible de los 80. Algo es algo.

★★★☆☆

A1 Gotta Serve Somebody 5:23
A2 Precious Angel 6:30
A3 I Believe in You 5:08
A4 Slow Train 5:57
B1 Gonna Change My Way of Thinking 5:27
B2 Do Right to Me Baby (Do Unto Others) 3:52
B3 When You Gonna Wake Up 5:28
B4 Man Gave Names to All the Animals 4:25
B5 When He Returns 4:29

Total: 46:39

Ese cruel San Valentín

Blue Valentine (Tom Waits, 1978)

 

CANCIÓN JAZZ. Este disco retoma la grandeza casi inmaculada de Small Change (1976) después del semifallo que supuso Foreign Affairs (1977). En muchos aspectos, podemos ver aquí la culminación del aprendizaje desarrollado desde sus comienzos, el final de una era para el cantautor dislocado. Y a la vez, este álbum nos está anunciando parte de sus muy suculentos movimientos futuros.

Hay demasiado en estos casi cincuenta minutos de música torrencial como para despacharlo en dos párrafos y medio, pero no queda otra. Desde su versión del "Somewhere" de West Side Story (Robert Wise & Jerome Robbins, 1961) hasta ese pozo de lágrimas para corazones reventados que es "Blue Valentines", por el disco pasea todo un elenco de personajes de la más baja estofa. Noctámbulos, prostitutas, pandilleros y maleantes de todo pelaje y, eso sí, con su corazoncito, sus cuitas y su humanidad en plena floración.

Sin duda, las letras son uno de los puntos fuertes del álbum. Esa forma de colarnos las historias de manera poética, sarcástica a veces, pero también prístina a poco que leamos entre líneas. Una inteligencia escritural que se traslada a la música, finísima, interpretada con fiereza y elegancia, y muy rica en detalles. Una base de jazz claro y contundente, con paradas en Louis Armstrong, Captain Beefheart o Howlin' Wolf. Influencias eternas para Waits, las cuales iría matizando y digiriendo de mil maneras en los próximos años, pero que siempre van a estar ahí.

También destaca este disco, al contraponerlo a Small Change —su espejo más claro—, por la dosificación de las partes orquestales que tan maravillosamente esparce aquí y allá Bob Alcivar. Una apuesta por la crudeza que, más que un trabajo rudo y pendenciero, que también, nos acaba entregando una obra variada, multicromática y muy cálida. En las antípodas del blanco y negro con el que nos sorprendió —tómense eso como quieran— en el anterior Foreign Affairs.

En resumen, no estamos ante un disco cualquiera, sino ante una de las cumbres más altas del de Pomona. Un álbum en el que mandan las luces, el neón, los amores guillotinados en pleno clímax y las oportunidades perdidas entre vasos sucios y cristales rotos. Puede parecer más de lo mismo, pero, créanme, Tom sabe cómo mostrarnos sus lugares comunes una y otra vez sin que sintamos que es más de lo mismo. Por eso es tan grande. Por discos tan inagotables como este.

★★★★★

A1 Somewhere (From "West Side Story") 3:50
A2 Red Shoes by the Drugstore 3:11
A3 Christmas Card From a Hooker in Minneapolis 4:30
A4 Romeo Is Bleeding 4:50
A5 $29.00 8:12
B1 Wrong Side of the Road 5:11
B2 Whistlin' Past the Graveyard 3:14
B3 Kentucky Avenue 4:47
B4 A Sweet Little Bullet From a Pretty Blue Gun 5:34
B5 Blue Valentines 5:50

Total length: 49:09

Pocos músicos encontrarás más cinematográficos que Tom Waits. No solo por su trabajo como actor, digno de ser revisado, sino porque sus discos tienen ese ambiente tridimensional, esa atmósfera peliculera tan fácil de apreciar y tan difícil de describir.

En este no puedo dejar de fijarme en los neones de su contraportada, en la que aparece a horcajadas sobre su novia de entonces, la gran Rickie Lee Jones. Tampoco pasan desapercibido para mí los tonos verdes con los que adorna el libreto.

 

Colores y estética que me llevan de cabeza a Paris, Texas (Wim Wenders, 1984), la cual no existía cuando salió el disco. Lo que me lleva a pensar si no es posible que Wenders se empapara bien de Blue Valentine antes de hacer una película que, no solo por su estética, sino por lo que cuenta, podría haber tenido a este álbum como perfecta banda sonora. Llámenme loco.

A corazón abierto

Wildflowers (Tom Petty, 1994)

 

ROCK. Tom Petty se presenta en solitario por segunda vez con un disco que sabe como el regreso del hijo pródigo. Después de algunas obras más bien dubitativas con los Heartbreakers, en este disco volvemos a disfrutar del Petty más reconocible. Un artista que tira por el lado intimista, con una estupenda colección de medios tiempos y sin olvidarse de rockear —los rescoldos del grunge todavía ejercían su influencia por doquier— en unos cuantos números, pocos, pero crudísimos, que demostraban que seguía con el geiger al rojo. 

Y es que en un disco que supera la hora de duración pueden pasar muchas cosas. ¿Demasiadas, quizá? Eso júzguenlo ustedes. Para mí, por mucho que siempre prefiera la concisión, no supone molestia alguna. No puede suponerlo ante un conjunto de canciones tan bien acabado, tan prístinamente producido y tan emotivo, lo mires por donde lo mires. Una colección de postales en sepia que nos muestran al Petty más desnudo y vulnerable, de una manera tan sincera y sencilla que se hace imposible ponerle pegas. No, no me extraña en absoluto que este disco esté entre los mejores del de Florida. Es bonito, redondo y fluye y refresca como el agua de manantial.

★★★★☆

1 Wildflowers 3:11
2 You Don't Know How It Feels 4:49
3 Time to Move Only 3:15
4 You Wreck Me 3:23
5 It's Good to Be King 5:10
6 Only a Broken Heart 4:30
7 Honey Bee 4:58
8 Don't Fade on Me 3:32
9 Hard on Me 3:48
10 Cabin Down Below 2:51
11 To Find a Friend 3:23
12 A Higher Place 3:56
13 House in the Woods 5:32
14 Crawling Back to You 5:05
15 Wake Up Time 5:19

Total length: 62:42

lunes, 10 de agosto de 2026

Tres "rusos" para Beethoven

 
Título: Concierto para violín, violonchelo y piano en do mayor, Op. 56; "Triple concierto"
Título original: Concerto für das Pianoforte, Violine, Violoncello und Orchester, Op. 56; „Tripelkonzert“
Autor: Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1804
 Género: Concierto para cuerda

Grabaciones de referencia:

  • Beethoven Triple Concerto (The Berlin Philharmonic Orchestra / Herbert von Karajan / David Oistrakh / Mstislav Rostropovich / Sviatoslav Richter, 1969) ★★★★☆


Con este concierto para piano, violín, violonchelo y orquesta, Beethoven estaba hollando terreno casi virgen. Pocos —en realidad no sé si hubo alguno— se habían aventurado a escribir un concierto para esta combinación de instrumentos junto a la orquesta. Una osadía casi vanguardista que el genio de Bonn resolvió con unas formas tan clásicas que podríamos llamar conservadoras sin despeinarnos. 

Algo que se convierte en virtud, aunque con matices. Por un lado, el hecho de elegir estas formas continuistas y casi vintage, incluso para su época, demuestra hasta qué punto Beethoven dominaba el lenguaje y la historia de la música. Como cuando Picasso pintaba esos prodigiosos cuadros naturalistas al más puro estilo de su ídolo Velázquez para dejar después ese estilo en pos de la abstracción y la simpleza extrema. Algo que, aunque exagerado, puedo ver aplicado al compositor alemán, que trabajaba o ya había terminado por esta época obras tan rompedoras y definitivas como la "Heroica", algunas de sus sonatas para piano más innovadoras, como las "Waldstein" o "Appassionata" o algunos de sus cuartetos de cuerda más impactantes.

Por otro, no podemos negar que el contraste entre las formas nuevas y futuristas que estaba planteando el compositor y una pieza como esta, que parece mirar de manera clara al siglo XVIII, a los conciertos de Haydn y Mozart. Algo que no supone un atraso en la evolución de Beethoven, ni mucho menos, pero que hace que el oyente pueda mirar la obra con una cierta, e injusta, condescendencia.

Injusta porque, como podemos comprobar en la grabación que he usado como referencia, la belleza y el alcance de esta composición están fuera de toda duda. Me refiero a la grabación que realizaron Mstislav Rostropovich al chelo, David Oistrakh al violín y Sviatoslav Richter al piano, bajo la dirección de Herbert von Karajan. Una grabación de 1969 que fue criticada por varios motivos.

Para empezar, a Karajan, una vez más, se le achaca que embelleció la composición en demasía, limándole unas asperezas presentes en la partitura, según muchos musicólogos. Richter, por su parte, siempre ha sido muy crítico con una grabación en la que el director austriaco impuso su voluntad en todo momento, eliminando cualquier margen de maniobra por parte de los instrumentistas. Una actitud dictatorial que podemos creernos a tenor de las formas de Karajan, pero que también podemos poner en duda ante la personalidad indiscutible de los tres maestros.

En cualquier caso, y ante tales críticas, se precisa una escucha desprejuiciada y atenta, y después de realizarla, no puedo sino certificar que se hace imposible no sentir que estamos ante un momento histórico irrepetible. La calidad del trío soviético ya es un seguro a todo riesgo. Algo que echa por tierra cualquier intento de fiscalización. La obra es intensa y hermosísima, pero es que la grabación, alterándola o no, es una barbaridad. Un auténtico hito en esto de la música grabada. Sí, señoras y señores, dejémonos de tonterías y disfrutemos de un momento único. 

 

1. Allegro
2. Largo
3. Rondo alla polacca 

Cine negro

Foreign Affairs (Tom Waits, 1977)

CINE NEGRO. El cuarto disco de estudio de Tom Waits es un asunto espinoso. Hay tantos aficionados diciendo que sufre por estar emparedado entre dos obras de la talla de Small Change (1976) y Blue Valentine (1978) como los que afirman que el álbum es malo sin excusa que valga. En mi caso, siempre me he alineado con los segundos... Hasta mis últimas escuchas, las cuales me dejan en esa tierra de nadie en la que es necesario hacer la media entre los extremos.

Y estoy seguro de que me voy a acabar quedando en esa interzona. Porque es tan cierto que el nivel aquí baja un escalón como que Foreign Affairs sufre de un linchamiento que no merece en absoluto. Eso es lo que me dice su portada de cine negro, sus arreglos sencillos que huyen de las orquestaciones del anterior y, en definitiva, su sonido mate. Una atmósfera que, como le dijo el productor Bones Howe al escuchar las maquetas, era de película en blanco y negro.

Todo eso son detalles que suman, pero a la vez restan en una obra diferente del de Pomona. Un trabajo en el que consigue acercarse más que nunca al más puro jazz vocal, pero que no podemos colocar junto a las grandes obras de Sinatra, Armstrong, Simone o Holiday. Esa es la pena para un disco en el que las melodías están apenas esbozadas, como a medio terminar, y los recitados se pueden hacer tan pesados como en una "Potter's Field" que puede hacerte perder la fe en el cantautor.

Menos mal que al final consigue salvar el desaguisado con canciones más memorables, como "Muriel", "A Sight for Sore Eyes" —en la que juega con el "Auld Lang Syne" y la melodía navideña de "The First Noel"—, "Burma Shave" o "Foreign Affair". Canciones que, aun lejos de los hitos de sus discos anteriores, nos traen a un compositor que puede estar algo perdido en este periodo de su vida, pero que no ha perdido ni el filo ni el instinto a la hora de cazar esas canciones, de pensar como la canción e impersonarse en ella. Una técnica que mejoraría horrores desde aquí, pero siempre ha estado presente en su proceso creativo. Incluso en este álbum de enganche, nada impresionante, pero tampoco tan malo como algunos te quieren hacer creer.

★★★☆☆

A1 Cinny's Waltz 2:17
A2 Muriel 3:33
A3 I Never Talk to Strangers 3:38 feat. Bette Midler
A4 Medley: Jack & Neal / California, Here I Come 5:01
A5 A Sight for Sore Eyes 4:40
B1 Potter's Field 8:40
B2 Burma-Shave 6:34
B3 Barber Shop 3:54
B4 Foreign Affair 3:46

Total: 42:03

El disco suena y se presenta deliberadamente como la banda sonora de cualquier película de cine negro o de alguna novela del estilo. Tomemos, por ejemplo, Perdición (Billy Wilder, 1944), aunque valdría casi cualquier otra del período clásico de Hollywood.

 

La película narra la historia de Walter Neff, un agente de seguros que es seducido por la malvada Phyllis Dietrichson para asesinar a su esposo y cobrar un jugoso seguro de accidente doble, desencadenando una espiral de traición, culpa y persecución implacable.

Creo que el argumento por sí mismo explica la relación directa entre este álbum y todo un género literario y cinematográfico. Pocos artistas tan peliculeros como Tom Waits, eso es seguro.