domingo, 14 de junio de 2026

This Is NOT Tim Hardin

Tim Hardin 4 (Tim Hardin, 1969)

FOLK BLUES. Este disco, perdonen la tontería, debería haberse llamado This Is Tim Hardin 2, o mejor, This Is NOT Tim Hardin. No en vano, se trata, otra vez, de material de archivo. Sesiones sin pulir que Hardin grabó junto a John Sebastian, Sticks Evans y Bob Bushnell para Columbia en 1964. La misma idea exhumadora que había detrás de ese This Is Tim Hardin (1967), aunque ahora con el agravante de intentar hacer pasar estas grabaciones como nuevas.

Intereses comerciales que subyacen también en la abundancia de temas de rhythm & blues trotón en la línea de los primeros Stones, Kinks o Beatles. Unas canciones que Tim maneja con soltura, pero que no dejan de estar más que superadas en la fecha de lanzamiento de un disco con clara vocación de hacer caja y nulas pretensiones artísticas. Una idea, la de hacer caja, que no sé si podía casar alguna vez con la más bien escasa masa de fieles que rodeaban al de Oregón.

Por eso este disco es tan raro y por eso nos cuesta tanto creérnoslo. Puede resultar entretenido, eso hay que admitirlo, pero no creo que a nadie le haga falta para entender a un Tim Hardin que apenas vamos a encontrar aquí en la forma en la que se hizo carne en sus mejores y más característicos trabajos. Aquí se han limitado a coger el material sobrante de esas sesiones prehistóricas —bastante peor, como es lógico, que el que utilizaron en This Is Team Hardin—. Material en el que han metido dos tomas de la misma canción, y seguidas además, o una nueva lectura de "House of the Rising Sun". Signos, junto a la querencia por el rhythm & blues, que decíamos arriba, que no nos hacen pensar en decisiones artísticas precisamente.

Al final, lo único realmente bueno del disco lo encuentro en la portada, la cual puede que nos recuerde a obras como At San Quentin (Johnny Cash, 1969) o al Bob Dylan's Greatest Hits (Bob Dylan, 1967). Pero no. Lo primero es que con el de Bob Dylan no guarda un parecido tan cercano, y respecto al de Johnny Cash, el de Tim Hardin es anterior. Ideas que indican, una vez más, que el de Oregón era de los que marcaba tendencia y no de los que se dejaban arrastrar por la marea. Aunque la portada no la hubiera decidido él, cosa de la que no tengo ni idea y que me está distrayendo de la idea principal: la de que estamos ante una obra para rellenar y sin apenas interés. Un lanzamiento que no auguraba nada bueno.

★★☆☆☆

A1 Airmobile 2:20
A2 Whiskey, Whiskey 5:35
A3 Seventh Son 2:00
A4 How Long 4:30
A5 Danville Dame 2:45
B1 Ain't Gonna Do Without (Part I) 2:08
B2 Ain't Gonna Do Without (Part II) 1:30
B3 House of the Rising Sun 3:35
B4 Bo Diddley 2:45
B5 I Can't Slow Down 2:27
B6 Hello Baby 5:23

Total: 34:58

Somos uno

Suite for Susan Moore and Damion - We Are - One, One, All in One (Tim Hardin, 1969)

EXPERIMENTO DE AUTOR. Espeso, volátil, herido, roto... Esta suite para Susan Moore y su hijo Damion puede asociarse a todos esos adjetivos. Y es que este exorcismo musical del cantautor maldito no se alinea exactamente con el dolor, pero tampoco con la celebración de la vida familiar que lo motiva. Diría que rebosa anhelo en cada surco: el deseo de cumplir un sueño aun a sabiendas de que no va a poder ser.

Un vómito sentimental que es simplemente demasiado para el que se acerca por primera vez a la obra del de Oregón. Se suponía que iba a ser el sumun de su discografía. Un elaborado trabajo conceptual sobre los supuestos placeres de esa arcadia que nunca es la vida doméstica, que se beneficia de una atmósfera nebulosa y preñada de eco, pero que no sobrevive ni a los recitados, que más que poéticos son absolutamente anticlimáticos, ni a la indefinición de sus momentos experimentales, ni, y esto es casi definitivo, a los nueve minutos y pico de "One, One, the Perfect Sum". Simplemente horrible.

Un detalle nada menor que tampoco tiene mucho que ver con lo que suena en el álbum. Un álbum que empieza ya extraño, con un Hardin que trata de dar nueva vida a los acordes de "House of the Risin' Sun" mientras trata de apuntalar una melodía totalmente diferente con su voz en "First Love Song". Eso parece que se lo vuelve a traer del jazz que tanto adoraba. También las atmósferas nocturnas llenas de armónicas sutiles y pianos eléctricos junto a las sempiternas guitarras acústicas marca de la casa. Según cuenta, el cantautor colocó un micrófono en cada habitación de su cabaña de Woodstock mientras el productor, Gary Klein, se alojaba en un hotel cercano esperando la llamada de Tim día y noche para ponerse manos a la obra. Nunca se sabe cuándo va a llegar la inspiración y parece que el autor tenía miedo de no capturarla en el momento indicado.

Como podemos observar, un disco en el que Hardin se implicó como en ningún otro, con buenas ideas y mejores intenciones, pero con un resultado totalmente descompensado y casi diría que anémico. La ausencia de grandes canciones para recordar es más que sintomática de todo esto. Y luego están los recitados y los experimentos. Demasiados obstáculos como para que el oyente pueda concentrarse en una escucha placentera y continuada sin desconectar. Pudo haber sido majestuoso y acabó rozando el fracaso total. Aun así, sigue siendo interesante acercarse a fisgonear.

★★☆☆☆

Implication I
A1 First Love Song
A2 Everything Good Become More True
Implication II
A3 Question of Birth
A4 Once Touched by Flame
A5 Last Sweet Moments
Implication III
B1 Magician
B2 Loneliness She Knows
End of Implication
B3 The Country I'm Living In
B4 One, One, the Perfect Sum 🕱
B5 Susan

Total: 43 min.  

Xxx

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viernes, 12 de junio de 2026

Desenterrando los orígenes

This Is Tim Hardin (Tim Hardin, 1967) 

FOLK BLUES. Publicado en septiembre del 67 por ATCO para aprovechar el tirón que el cantautor había logrado con sus dos obras mayores, 1 y 2, se trata de una recuperación de temas grabados entre el 63 y 64, cuando todavía no había debutado discográficamente. Son tomas desnudas y profundas de blues antiguos y canciones folk clásicas. Y desde el comienzo, toda una demostración de hondura expresiva y entrega, algo que en Hardin siempre va a ser una apuesta a todo o nada. 

En estas tonadas, mucho más que simples ejercicios de estilo, se revuelca con clase y entrega en unas interpretaciones a palo seco que ya anuncian buena parte de su grandeza. Porque aunque beba del Delta y del duende de los músicos negros de principios del siglo XX, esto no deja de ser una forma nueva de enfrentarse al blues. Por parte de un blanco que no trata de ocultarlo. Todos sabemos que ningún blanco podrá cantar el blues como un negro. Eso es innegable. Por eso está muy bien que Tim no intente parecer lo que no es. Máxime cuando suena como si cantara desde la distancia infinita del tiempo y el espacio, con una autoridad, una sabiduría y una capacidad de evocación que parecen imposibles en un cantante novel.

Entre el John Fahey más espectral y el Muddy Waters más sobrenatural, no podemos dejar de maravillarnos ante el carácter emotivo y flotante de su dicción. Un paladeo que tiene algo que subyuga, y sin embargo, no acabamos de creérnoslo en un repertorio tan primitivo. Él había nacido para otra cosa. Para algo más que para habitar un puñado de versiones y un par de temas propios lejos todavía de su enorme capacidad escritural. Y aún así, recomendaré esto siempre. Por mucho que el tono unitario que parecía tener en el comienzo de su singladura acabe hecho polvo con los dos últimos temas. Ahí entendemos que estas nunca estuvieron pensadas para contarnos una historia. Y es normal que lo que nos cuentan no tenga coherencia y quede inconcluso. Lo que no quita que el título no deje de llevar su razón. This is Tim Hardin… Bueno, una parte de él, sí. Sin duda.

★★★☆☆

A1 I Can't Slow Down 3:25
A2 Blues on the Ceilin' 3:55
A3 Stagger Lee 3:10
A4 (I'm Your) Hoochie Coochie Manlyrics 4:20
A5 I've Been Working on the Railroad 2:47
B1 House of the Rising Sunlyrics 4:07
B2 Fast Freight 4:05
B3 Cocaine Bill 2:53
B4 You Got to Have More Than One Woman 2:00
B5 Danville Dame 2:05

Total: 32:47

jueves, 11 de junio de 2026

Me enamoré y me quedé sin nada

Tim Hardin 2 (Tim Hardin, 1967)

 

CANCIÓN DE AUTOR. Estamos ante la segunda obra maestra de Tim Hardin en pocos meses. Eso es lo que nos dice la sabiduría popular y es lo que creemos a pies juntillas. Una grabación de la que Hardin salió aún más descontento. Si del primero llegó a afirmar que lo habían tratado como a un niño, sin intención alguna de seguir sus ideas, en este la queja es más amarga por ser la segunda vez que sufría dichos desmanes. Está claro que los arreglos de cuerda no iban con un cantautor de alma torturada y necesidades frugales. Como pequeña venganza, no acreditó a los músicos en la carpeta. Queja que para el oyente actual no deja de resultar sorprendente ante el equilibrio y la lucidez de unos arreglos que contribuyen a darle al disco una pátina de atemporalidad, a la vez que ayudan a que se nos pase en un suspiro, escurriéndose entre nuestros dedos apenas empieza a sonar.

Algo que se debe, claro está, a sus escasísimos veintidós minutos, que lo hacen uno de los LPs más cortos que puedas escuchar. Pero, como digo, la impresión no viene solo de lo material, sino que, además de ser cortísimo, su escucha parece pasárseme bastante más rápido de lo que marca ese minutaje. Una circunstancia que se deberá, quiero creer, a la gran calidad de unas canciones que en realidad tampoco es que entren a la primera, pero que cuando entran, ya no te abandonan.

Después de esta disertación, sin mucho sentido, lo sé, toca tratar de poner orden y limar todas las contradicciones. Oxímoron estos que no son tales y que surgen de la imposibilidad de entender las diferentes tensiones que conviven en una obra de apariencia sencilla y corazón multiforme. Una obra en la que Hardin se nos sigue presentando como un cantautor con alma de cantante de jazz. Porque, como en su estreno, sigue emperrado en retrasar o adelantar las sílabas respecto al pulso de la canción —se ve clarísimo en temas como "A Reason to Believe", del primer disco, o en ese "I fell in love... with the lady" que desajusta con gracia en "Lady Came From Baltimore". 

Todo esto unido a un sutil perfume oriental que podemos apreciar en la estructura circular de una música en la que conviven lo modal y lo tonal. Algo que flota en el ambiente y que está en las percusiones de "If I Were a Carpenter", en ese terminar las canciones in media res, antes de que lleguen a una resolución convencional —y mucho antes de que lleguen a cansarnos.

En definitiva, aunque no lo parezca en algunos tramos, creo que estamos ante la obra maestra de Tim Hardin. Es cierto que hay que dedicarle toda tu atención para que se vayan desvelando sus secretos. No será hasta que comprendas las bondades de su cierre, con una austera pero profunda "Tribute to Hank Williams", cuando puedas empezar a tasar este disco con justicia para poder colocarlo donde merece: en el anaquel de esas joyitas que son mucho más de lo que parecen.

★★★★☆

A1 If I Were a Carpenter 2:41
A2 Red Balloon 2:37
A3 Black Sheep Boy 1:58
A4 Lady Came From Baltimore 1:49
A5 Baby Close Its Eyes 1:52
B1 You Upset the Grace of Living When You Lie 1:47
B2 Speak Like a Child 3:15
B3 See Where You Are and Get Out 1:12
B4 It's Hard to Believe in Love for Long 2:17
B5 Tribute to Hank Williams 3:10

Total: 22:38

miércoles, 10 de junio de 2026

A hombros de los gigantes

Título: Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, Op. 55; "Heroica"
Título original: Sinfonía eroica, composta per festeggiare il sovvenire d'un grand'uomo
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1803-04
 Género: Romanticismo/Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • »Eroica« (Herbert von Karajan / Berliner Philharmoniker, 1963) ★★★★☆
  • Symphony No. 3 "Eroica" (Wilhelm Furtwängler / Wiener Philharmoniker, 1998 [1944]) ★★★★★
 

Beethoven empezó a escribir su tercera sinfonía a mediados de 1803 a partir de unos esbozos realizados en el verano del año anterior. No hay acuerdo en cuanto a su finalización, la cual los historiadores sitúan entre el otoño de 1803 y principios de 1804. Lo que sí parece claro es que se interpretó por primera vez en la primavera de 1804, en un concierto privado organizado en la residencia vienesa del príncipe Lobkowitz, destinatario final de la dedicatoria de la pieza.

De todos es conocido que esta sinfonía iba a ser un homenaje a Napoleón Bonaparte, héroe de las guerras revolucionarias y símbolo de los ideales republicanos. En un principio, claro, porque, como ya sabemos, no tardó en autoproclamarse emperador, hecho que molestó sobremanera a un Beethoven humanista, que no pudo más que borrar su dedicatoria con tanta fuerza en el manuscrito que le hizo un agujero que todavía podemos admirar hoy. Es solo una teoría acerca del rasgado que tiene la primera página de la partitura, pero no me negarán que es más que plausible.

Hasta aquí el contexto histórico de una sinfonía que está entre las piezas más importantes, influyentes y decisivas de la historia de la música. No estamos, pues, ante una obra cualquiera. Para empezar, en su primer movimiento ya alcanza una duración comparable a la de muchas sinfonías completas de generaciones anteriores. No es alargar por alargar, sino que Beethoven coge el molde de Haydn y Mozart y lo estira hasta lo imposible logrando un efecto dramático que solo puede definirse como épico. También sigue ahondando en la concepción del último movimiento como elemento dramático con valor específico por sí mismo. Algo que hoy en día nos parece muy obvio, pero que empezó a esbozar Mozart y siguió perfeccionando Beethoven en sus dos primeras sinfonías y desarrolló de manera espectacular en esta tercera. Aquí, el finale deja de ser un simple desenlace para convertirse en un movimiento de enorme peso estructural y expresivo. Un cambio que influyó en casi todos los que vinieron después, de Schubert a Shostakóvich y de Brahms a Sibelius.

Lo difícil con la tercera es decidirse por una versión que encapsule toda la grandeza de la que es para muchos la sinfonía más grande jamás escrita. Hay demasiadas versiones, y muy buenas, pero ninguna es perfecta de por sí. Aun así, me he decidido por sumergirme en las de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín, grabada en 1962, y en la de Wilhelm Furtwängler con la Filarmónica de Viena, grabada en directo en el Musikverein en el invierno de 1944.

De la primera destacaría la forma en la que Karajan diluye la separación de los diferentes movimientos para construir una pieza única que fluye con una coherencia y una pulcritud inmaculadas. Una construcción elegante y limpia que puede que nos esté mostrando a un Beethoven más bello de lo que era en realidad. Porque el compositor gustaba de las aristas y lo rugoso, no lo olvidemos. Algo que Furtwängler muestra con una toma en directo en plenos coletazos finales de la 2ª Guerra Mundial. Una lectura furibunda, expresiva, llena de matices y en la que el director ilumina las tensiones con una maestría inigualable. Véanse, sin ir más lejos, un primer movimiento virulento como pocos y una "Marcha Fúnebre" en la que anula cualquier conato celebratorio para convertirla en un lamento profundo en medio de una era en pleno derrumbe. Una versión que te vapulea y te deja bien claro el porqué del prestigio de esta obra.


1. Allegro con brio
2. Marcia funebre: Adagio assai
3. Scherzo: Allegro vivace
4. Finale: Allegro molto

 No es fácil destacar individualidades en una pieza que hay que escuchar como un todo y en la que prácticamente todo brilla con una luz cegadora. Aun así, me gustaría hacer notar todo el primer movimiento, Allegro con brio, y dentro de él, la célebre entrada anticipada de la trompa. Se trata de una innovación impensable a principios del siglo XIX en la que Beethoven introduce una trompa que anticipa la recapitulación cuando el desarrollo todavía no ha concluido. la cual toca las cuatro notas del tema principal de la sinfonía, pero lo hace cuando nadie lo espera de tal manera que parece un error. Así se lo hizo notar al compositor Ferdinand Ries, alumno y amigo suyo, cuando menospreció al trompista en esa parte la primera vez que presenciaba la interpretación de esta sinfonía. Algo que le valió el enfado de Beethoven hasta, según dicen, casi llegar a las manos. Todo esto sucede entre el minuto 8 y 9 de la sinfonía.

 

Tampoco quiero dejar de señalar una "Marcha Fúnebre" que, en el caso de la grabación de Furtwängler de 1944, ya hemos dicho que suena oscura y doliente hasta el tuétano. Algo que se vio influido por el ambiente en Viena esos 19 y 20 de diciembre. La guerra estaba a punto de terminar y Alemania estaba siendo frenada y casi aniquilada en todos los frentes. Los bombardeos se recrudecían y las sirenas antiaéreas eran el pan nuestro de cada día en las ciudades del Reich. El Musikverein carecía calefacción y no es difícil imaginarse a muchos asistentes embutidos en sus abrigos mientras la guerra se acercaba a su desenlace. Creo que así podremos entender el alcance y la importancia de lo que se vivió allí en esas noches en las que, como esa interpretación de la "Marcha Fúnebre", más que celebrar heroicidades, la gente estaba presenciando inerte el final de toda una era.

lunes, 8 de junio de 2026

Aferrándose a un sueño

 
Tim Hardin 1 (Tim Hardin, 1966)


CANCIÓN DE AUTOR. He aquí el debut y primera obra maestra para Tim Hardin. Un disco en el que no importa que el cantautor se queje de los arreglos de cuerda del gran Artie Butler —para el oyente actual son tan contenidos y preciosos que acaban siendo más un reclamo que una tara. Tampoco que haya un par de temas del folk rock más predecible y manoseado —"Smugglin' Man" y "Ain't Gonna Do Without". Nada importa en lo negativo a la hora de tasarlo, porque sus aciertos son realmente espectaculares. Algo que brilla aún más en una obra primeriza como esta.

Y es que en este estreno ya nos encontramos al poeta irredento, cantor de los sueños imposibles, el amor y la adicción. Mentiras y desamparo que pueblan una obra personal e intransferible. Una colección de canciones en las que ya se percibe el letargo ponzoñoso de esa heroína que probó con los marines apenas había pasado la mayoría de edad y que sería el motor de su inspiración y su tumba postrera. Tim Heroin, lo llamaban en la Factory de Andy Warhol. Algo que dice mucho del nivel de enganche de Hardin, al venir de quienes venía. Algo que da cosa resaltar cuando hablamos de su obra, pero que se encuentra entrelazado de manera inextricable entre su vida, sus amores y sus canciones.

Sin embargo, no podemos decir que toda esta negatividad domine su obra. Este es uno de sus mejores discos. Sin discusión. Por tanto, es uno de los mejores ejemplos para entender al cantautor. No solo porque contiene un buen racimo de sus mejores canciones de siempre, sino porque pone sobre la mesa su voz inimitable, entre una cantante de jazz de los años veinte y un crooner a punto de romperse; porque asesta un mandoble de autoridad con esos acordes folk especiados con toques jazzísticos; y finalmente, por su ausencia de relleno estructural. No hay más que magro en unas canciones que Hardin hace crecer justo hasta el momento en el que la idea podría amenazar con desgastarse.

Puede que estas canciones suenen tristes, casi desvalidas, pero creo que todas contienen esa gotita de esperanza que nos permite seguir aferrándonos al sueño como al último rescoldo de vida que le queda a nuestros anhelos. Por eso este disco, aunque me ha costado entenderlo, ahora me gusta tanto.

★★★★☆

A1 Don't Make Promises 2:22
A2 Green Rocky Road 2:20
A3 Smugglin' Man 1:56
A4 How Long 2:56
A5 While You're on Your Way 2:17
A6 It'll Never Happen Again 2:35
B1 Reason to Believe 1:59
B2 Never Too Far 2:15
B3 Part of the Wind 2:15
B4 Ain't Gonna Do Without 2:12
B5 Misty Roses 1:59
B6 How Can We Hang On to a Dream 2:06 ❤

Total: 27:12
 

domingo, 7 de junio de 2026

Enamorao de la vida...

Dream Letter: Live in London 1968 (Tim Buckley, 1998)

 
FOLK ROCK CÓSMICO. Nos encontramos ante un material de archivo de primera. Tim Buckley contaba con 21 añitos en esos momentos y giraba para promocionar su segundo álbum, Goodbye and Hello (1967). La gira lo llevó a tierras británicas en otoño del 68, y así, el 7 de octubre dio este recital en Londres. Un concierto en el que se le ve en plena forma a pesar de las dificultades que la falta de presupuesto le había acarreado.

Por cuestiones económicas no pudo llevarse de gira ni a su bajista ni a su percusionista habituales. Sí que estaba el genial Lee Underwood a la guitarra eléctrica, algo que, junto a la presencia de todo un Danny Thompson (Pentangle) al bajo y de David Friedman al vibráfono, diría yo que palió con creces todas las bajas.

Así lo siento ante un registro apabullante en todos los sentidos. A un paso de iniciar su etapa más experimental, Buckley ya da pistas sobre sus siguientes movimientos con un concierto de corte introspectivo y casi ascético en el que conceptos como tiempo y espacio emborronan su significado. Simplemente los disuelve con su voz, con sus melismas siderales, alargando las canciones, juntándolas con otras, picoteando de la tradición para deshacerla en su garganta. Apabullante, he dicho antes, y sí, esto puede resultar tan magnético como difícil de transitar sin el ánimo adecuado.

Al fin y al cabo, no todo es "Phantasmagoria in Two" aquí. No todo son canciones directas con planteamiento, nudo y desenlace. Para disfrutar de este maravilloso concierto, hay que estar dispuesto a sumergirse en él y dejarse llevar. Hay que aceptar digresiones y circunloquios infinitos antes de llegar a la solución que esperamos con ansia en nuestras mentes convencionales y aburridas. Eso era Tim Buckley en el 68. Al menos en directo. Algo que se acentuaría exponencialmente en apenas un año o dos. Una aproximación artística absolutamente embriagadora, casi adictiva, aunque también entiendo que no es para todo el mundo ni para todos los momentos. Picasso tampoco lo es. Ni Dreyer. Ni James Joyce. Y a ver quién pone en duda su genialidad. 
 
★★★★☆
 
1.1 Introduction 1:06
1.2 Buzzin' Fly 6:13
1.3 Phantasmagoria in Two 4:41
1.4 Morning Glory 3:43
1.5 Dolphins 6:39
1.6 I've Been Out Walking 8:18
1.7 The Earth Is Broken 6:59
1.8 Who Do You Love 9:27
1.9 Pleasant Street / You Keep Me Hanging On 7:58
 
2.1 Love From Room 109 / Strange Feelin' 12:18
2.2 Carnival Song / Hi Lily, Hi Lo 8:50
2.3 Hallucinations 7:14
2.4 Troubadour 6:04
2.5 Dream Letter / Happy Time 9:25
2.6 Wayfaring Stranger / You Got Me Runnin' 13:08
2.7 Once I Was 4:29

Total length: 116:32