
ROCK & ROLL. Siguiendo la estela de su predecesor, el segundo disco de Richard Wayne Penniman es una colección de singles de éxito, caras A y B, junto a tres temas inéditos hasta el momento de su edición. Todo se grabó con anterioridad a la retirada de Little Richard del mundo del rock and roll para iniciar su vida como pastor evangelista. Apenas diez meses después de su anuncio, la compañía empaquetó estas canciones para sacar este disco, el cual sigue los postulados del anterior de manera eficiente al mostrar la vehemencia incandescente de rigor.
O casi, porque sí que hay un par de números algo más débiles, cosa que no ocurría con su hermano mayor. Canciones paridas en las entrañas de un Tin Pan Alley que no era lo que más se ajustaba a la flama con la que se empleaba el predicador en ciernes. "By the Light of the Silvery Moon" o "Baby Face" contrastan claramente con joyas de su puño y letra, como "Keep a Knockin'", "Ooh! My Soul" o "Lucille", o una "Good Golly, Miss Molly" que le escribieron y él hizo suya para siempre. Una sensación de desequilibrio que, aun siendo real, se volatiliza porque lo bueno acaba ganando por goleada. Y así nos damos cuenta enseguida de que estamos ante un disco que, dejémonos de tonterías, es un catálogo maravilloso del Richard primigenio. Un artista que duró lo que marcaba un estilo feroz que no dejaba prisioneros ni estaba pensado para dilatarse más allá del alarido.
Parecía que después de haber visto a Dios, Little Richard iba a dejarnos tristes y desvalidos para siempre, cosa que afortunadamente no fue así. Al final, sucumbiendo a la más pura adulación de sus seguidores más jóvenes, el hijo pródigo regresó al redil. Todavía le quedaba una carrera plagada de sobresaltos, de drogas y de epifanías varias. Lo que es cierto es que, aunque logró mantener un éxito bastante estable a través de los años, nada iba a ser comparable con la detonación de sus dos primeros discos, auténticos tratados de referencia para aprender cómo se hace esto del rock and roll. Con ellos en el mundo, de verdad, sin haber hecho nada más, Ricardito ya tendría un hueco en la Torre de la Canción.
★★★★☆
A1 Keep a Knockin' ❤
A2 By the Light of the Silvery Moon
A3 Send Me Some Lovin'
A4 Boo Hoo Hoo Hoo
A5 Heeby-Jeebies
A6 All Around the World
B1 Good Golly, Miss Molly ❤
B2 Baby Face
B3 Hey-Hey-Hey-Hey
B4 Ooh! My Soul
B5 The Girl Can't Help It
B6 Lucille ❤
Total: 27 min.
Parece ser que en medio de una gira por Australia, el 12 de octubre de 1957, asediado por las pesadillas y los malos augurios, decidió que la música que hacía venía dictada por el mismo diablo. De la noche a la mañana canceló lo que quedaba de gira y abandonó la música para dedicarse a estudiar teología y a predicar el evangelio por EE.UU.
En 1960, regresó al mundo de la música, pero lo hizo grabando solo góspel hasta que dos años después, en una gira por el Reino Unido, y ante la idolatría que le profesaban artistas como The Beatles o The Rolling Stones, fue incluyendo el rock en su repertorio. Al fin y al cabo, era lo que el público le pedía en los conciertos.
Así, después de algún single y alguna colaboración, el regreso a la música del diablo se materializó de manera definitiva con la publicación de Little Richard Is Back (And There's a Whole Lotta Shakin' Goin' On!) (1964).






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