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jueves, 17 de septiembre de 2026

Hermanos bajo las alas de la alegría

beethoven
Título: Sinfonía nº 9 en re menor, Op. 125; "Coral"
Título original: Sinfonie mit Schluss-Chor über Schillers Ode: „An die Freude“ für grosses Orchester, 4 Solo- und 4 Chor-Stimmen
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1822-24
 Género: Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • "Choral" Symphony (Orchestra and Chorus of the 1951 Bayreuth Festival (Wilhelm Furtwängler / Elisabeth Schwarzkopf / Elisabeth Höngen / Hans Hopf / Otto Edelmann, 1951 [1955]) ★★★★☆ 
  • IX. Sinfonie; Egmont-Ouverture; Leonore III (Berliner Philharmoniker / Chor der St. Hedwigs-Kathedrale / Ferenc Fricsay, 1958 [1959]) ★★★★☆
  • IX. Symphonie (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1962 [1963]) ★★★★
  • Symphonie No. 9 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1983 [1984]) ★★★

   
 

He aquí la "Novena" de Beethoven, hito musical sin parangón para el que no hay palabras que puedan hacerle justicia. Una pieza que supone la culminación de muchas cosas: de la construcción sinfónica, de la genialidad de su autor y de los límites de la propia música. Dejémoslo claro y sin eufemismos: estamos ante una partitura que está entre los aspirantes más serios a obra musical más importante de todos los tiempos. 

Comprendan, por tanto, que escribir sobre esta pieza imponga un respeto que raya en el terror más absoluto. Porque lo que aquí hizo Beethoven supera no solo a todo lo que escribiera hasta ese momento, sino a todo —o casi todo— lo que estaba por venir después de él. Puedo estar exagerando, pero créanme, si es así, apenas me he pasado unas micras. No hay más que dejarse llevar por el tapiz musical que entreteje el de Bonn aquí, por los pasajes fugados y contrapuntísticos sutiles y perfectamente hilvanados que nos cuela, sobre todo en los apabullantes primer y cuarto movimientos, por los desplazamientos y yuxtaposiciones impagables del tema principal —o de los temas principales, mejor. 

En todo momento, la sinfonía da la sensación de trascendencia y de punto y aparte que seguro que perseguía el compositor, con cambios de naturaleza en cada movimiento y una culminación en el último, con la novedad de la introducción de la voz humana en forma de coros y voces solistas, toda una ruptura dentro de la tradición sinfónica en 1824. Así lo entendió el público enfervorecido que asistió a su estreno.

En el primer movimiento, Beethoven parece volver a ese "destino llamando a la puerta" de su quinta sinfonía con una música extraordinariamente tensa y violenta que parece surgir de la nada. En el segundo domina el contrapunto y una energía casi brutal que se desprende del vórtice que crea la repetición del famoso tema inicial. El tercero, por su parte, es un adagio lírico y contemplativo que nos ofrece un mundo totalmente diferente al resto de la sinfonía. Un oasis en medio de un océano turbulento que culmina en un último movimiento coral en el que nos lleva al éxtasis a la vez que cambia las reglas del juego para siempre. El colofón a una monumentalidad y unas dimensiones que serían el patrón para grandes sinfonistas futuros, Mahler y Bruckner a la cabeza.

¿Y cuál es la mejor forma de disfrutar de este hito? Comprenderán que elegir un puñado de grabaciones de las miles que puede haber es una labor titánica e inútil, ya que no creo que haya registro desechable de esta sinfonía. Esta vez, aunque me gusta acotar más, me he sumergido en cuatro grabaciones, todas impresionantes. Estas son: la que hizo Wilhelm Furtwängler en el Festival de Bayreuth (1951), la de Ferenc Fricsay al frente de la Filarmónica de Berlín (1958) y las de Herbert von Karajan con la misma filarmónica en 1962 y 1983 respectivamente. 

Grabaciones elegantes, monumentales e inapelables. La de Furtwängler, realizada tras la reapertura del festival bávaro después de la guerra, tiene mucho de mística, con la sensación de que la partitura se está formando ante tus oídos en ese mismo momento. Es una pieza muy querida por su carácter espiritual y por su significación histórica. La de Fricsay es más controlada y transparente, y cuenta con unas voces de excepción encabezadas por el barítono Dietrich Fischer-Dieskau, un auténtico portento en el canto del siglo XX. En cuanto a las de Karajan, su claridad y equilibrio son inapelables en ambas interpretaciones, si bien la primera es más canónica y de referencia que una segunda que nos lo muestra casi iracundo, dirigiendo con corsé tras su reciente operación.

No se obsesionen demasiado. Esta obra es tan inspiradora que es difícil encontrar una interpretación ni tan siquiera regular de la misma. Pónganse la que quieran, si no lo han hecho aún, y déjense llevar durante la hora y pico que suele durar. Descubrirán lo que significa flotar en medio de la inmensidad. 

1. Allegro ma non troppo, un poco maestoso
2. Molto vivace - Presto
3. Adagio molto e cantabile - Andante moderato - Tempo primo - Andante moderato - Adagio - Lo stesso tempo
4. Presto

🔎 Es prácticamente imposible destacar un momento individual de esta sinfonía. Los cuatro movimientos son de un riqueza sin parangón. Personalmente, me gustan mucho los tres primeros por mi querencia por lo instrumental en la música clásica. Me encanta el contraste entre furia desatada de los dos primeros y lo elegíaco y contemplativo del tercero.

 

Sin embargo, aquí hay que admitir que el último movimiento es el corazón palpitante de la "Novena". Ya había habido intentos de combinar la música coral con lo instrumental, como en la ópera o en oratorios —como los de Bach o Händel—, pero nunca ningún compositor de renombre se había atrevido a incluir la voz humana en una sinfonía.

Un movimiento que Beethoven había ido madurando durante varias décadas hasta plasmarlo en el pentagrama de esta forma tan definitiva. Porque en esta sinfonía todos los movimientos parecen desarrollarse y crecer con el propósito de desembocar en este milagro polifónico que parece otra sinfonía dentro de la sinfonía. Por entidad, por impacto y por cerrar de manera inigualable una obra y casi toda una vida dedicada a la música. Esta no fue la última composición de Beethoven, aunque espiritualmente se le puede considerar así. Al fin y al cabo fue la culminación, la cumbre de sus capacidades. 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Así llama el destino a la puerta

Título: Sinfonía nº 5 en do menor, Op. 67; "Del destino"
Título original: Sinfonie Nr. 5 in c-Moll, Op. 67
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1804-08
 Género: Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • Symphonie Nr. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1962) ★★★★☆
  • Symphonie Nr. 5 (Wiener Philharmoniker / Carlos Kleiber, 1975) ★★★★

Cover art for Symphonie Nr. 5 by Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan Cover art for Symphonie Nr.5 by Wiener Philharmoniker / Carlos Kleiber

Con esta obra tenemos dos opciones claras: detenernos ante lo popular de su alcance y lo manido de ese sol–sol–sol–mi♭ con el que abre o dejarnos llevar entendiendo que si es una obra tan universal, es por algo. Claramente les recomiendo lo segundo: déjense vapulear por una de las piezas más expresivas, voluptuosas y apabullantes de la historia de la música.

Porque eso es lo que es la "Quinta" de Beethoven. Una partitura en la que el compositor ya está haciendo algo más que anunciar el romanticismo más desatado que estaba por venir. Ese que pone a la naturaleza y a la violencia de los elementos en el centro como expresiones poderosas de las emociones y pasiones humanas.

Una intensidad que choca con o surge de los graves problemas auditivos que Beethoven empezó a experimentar a finales de la década de 1790 y que se habían agravado muchísimo en 1808, fecha en la que terminó esta sinfonía. Una dolencia que le acosó precisamente en plena etapa heroica y que de alguna forma podría representar la lucha del compositor con un destino que parecía tenerlo contra las cuerdas. Algo que conecta con las declaraciones de su amigo Anton Schindler, según las cuales, el archifamoso soniquete con el que comienza la sinfonía y del que hemos hablado arriba representaba, según Beethoven, el sonido del destino llamando a la puerta.

Unas declaraciones que hay que coger con pinzas, ya que hablamos de una persona que llegó a falsificar algunos de los cuadernos que utilizaba Beethoven para comunicarse debido a su sordera. En cualquier caso, la historia del destino llamando a la puerta, la sordera del genio de Bonn y la potencia de esos cuatro golpes contienen por sí mismos la suficiente poesía y el suficiente poder de fascinación como para que, con el tiempo, esta sinfonía quedara bautizada con el sobrenombre de la sinfonía "del destino".

Una sinfonía de la que, se podrán imaginar, existen cientos de grabaciones y muchas buenísimas. En mi caso me he centrado en dos para disfrutarla. Por un lado, la que dirigió Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín en 1962 y por otro la de Carlos Kleiber con la Filarmónica de Viena en el totémico Musikverein en 1974. Se trata de dos grabaciones míticas de las muchas que podría haber elegido para esta sinfonía. Karajan nos ofrece una visión limpia y clara en la que manda el conocimiento minucioso de la obra. Una sensación de control que puede abrumar. Kleiber, por su parte, lleva la precisión a otro nivel al ponerla al servicio de una tensión casi física. Un sonido aplastante y con un manejo de esa tensión simplemente abrumador. Véase, por ejemplo, la transición entre el tercer y el cuarto movimiento, momento que en Karajan es de una elegancia y una claridad perfectas, pero que en Kleiber es un acontecimiento que debería estar grabado en piedra para la eternidad.

Sencillamente lo que merece esta sinfonía. Ni más ni menos. Posiblemente la más popular de Beethoven, no sé si la mejor, pero no tengo dudas de que la que más gente reconoce y la más disfrutable de todas. Y cuando digo todas, no tengo claro que deba limitarme a las del compositor alemán. 

1. Allegro con brio
2. Andante con moto
3. Scherzo. Allegro
4. Allegro 

🔎 Hay varios detalles destacables en esta sinfonía. Ahí está, sin ir más lejos, la transición del tercer al cuarto movimiento, la cual es especialmente impresionante en la versión dirigida por Carlos Kleiber de la que hablábamos arriba. 

Sin embargo, si tengo que quedarme con un momento en esta pieza, ese sería el primer movimiento. Ese Allegro con brio que podemos seguir nota a nota mientras nuestras manos tratan de tocar violines y trompas de aire. Exactamente lo mismo que hacemos cuando clavamos de memoria ese solo de guitarra eléctrica de nuestro grupo favorito.

Un síntoma de que estamos, lo diré una vez más, ante una obra popular en grado sumo, pero también la prueba de que está perfectamente engarzada, con un movimiento que siempre va hacia delante y en el que el famoso ta-ta-ta-taaa se convierte en una célula rítmica alrededor de la cual se construye todo el movimiento. Es magistral cómo Beethoven lo desplaza, lo fragmenta, lo superpone y lo recoloca constantemente, surgiendo de la nada cuando nuestro oído menos lo espera. Una genialidad en la que vemos claramente el alcance de los poderes del que puede ser el mejor compositor de la historia.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Tierra llamando a Memphis

From Elvis in Memphis (Elvis Presley, 1969) 


CROONER. Este disco representa en cierta forma un regreso para Elvis. En el ínterin entre 1961 y 1968 dejó los directos, siguiendo el plan de su mánager, el Coronel Tom Parker, y se concentró en su carrera cinematográfica y en sus consecuentes bandas sonoras. Los réditos fueron brutales, sobre todo en lo económico, y su nivel de popularidad alcanzaría cotas inimaginadas. Aun así, faltaba algo de esa inocencia primitiva, de ese poner a la música por encima de todo, que lo había caracterizado. Por eso, tras el éxito fulgurante de su vuelta a los escenarios en un especial navideño para la televisión en 1968, todo el mundo estaba expectante ante el disco que empezó a cocer y que publicaría meses después.

Un álbum que se fue a grabar a Memphis, a los recién inaugurados estudios American Sound. El motivo principal, la banda residente, los "Memphis Boys", culpables del maravilloso sonido country-soul de este registro histórico. Un disco que, por muchos motivos, es el clásico de los lujos. El lujo de una interpretación sublime. Aquí Elvis poseía un dominio escénico y vocal sin parangón, y los arreglos y el acompañamiento están a la altura. El lujo de unas canciones enormes, con algunos títulos en particular que ponen la carne de gallina y el nudo en la garganta: "Wearin' that Loved on Look", "Only the Strong Survive", "I'll Hold You in My Heart", "Gentle on My Mind", "True Love Travels on a Gravel Road", "Any Day Now", "In the Ghetto"... Crescendos vibrantes, remansos emotivos, historias melodramáticas... La vida que se desborda libre.

Y para acabar, el último lujo, el que solo los más grandes pueden permitirse, como es dejarse fuera del álbum joyas de los quilates de "The Fair Is Moving On", "Don't Cry Daddy" o, sobre todo, "Suspicious Minds". O se está muy loco o muy seguro de uno mismo para acometer tamaño salto mortal.

Se le podrá criticar el hecho de que no fuera el primero a pesar de que muchos lo crean. Que todo se debiera a su atractivo y al color de su piel, que pudieron relegar a un segundo plano a los grandes intérpretes negros. Lo cierto es que nunca rozaron su nivel de popularidad. Puedo estar de acuerdo con todas estas apreciaciones, pero escuchando esta joya, todas se disuelven en el aire. A fin de cuentas, cuando pongo este disco, solo quiero disfrutarlo sin pleitos ni controversias. Para clamar a los cuatro vientos, gozoso y sin un atisbo de duda en la garganta: Long live the King!

★★★★

A1 Wearin' That Loved on Look 2:41
A2 Only the Strong Survive 2:45
A3 I'll Hold You in My Heart (Till I Can Hold You in My Arms) 4:31
A4 Long Black Limousine 3:41
A5 It Keeps Right on A-Hurtin' 2:35
A6 I'm Movin' On 2:50
B1 Power of My Love 2:35
B2 Gentle on My Mind 3:20
B3 After Loving You 3:05
B4 True Love Travels on a Gravel Road 2:37
B5 Any Day Now 2:55
B6 In the Ghetto 2:44

Total: 36:19

Xxx

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viernes, 4 de septiembre de 2026

Erewhon

Cover art for Either / Or by Elliott Smith

Either/Or (Elliott Smith, 1997)

POP DE AUTOR. Poeta, genio maldecido por la tragedia, etiquetas tópicas, pesadas, tontas, que no ayudan ni describen. Más bien generan un sambenito insoportable para un artistazo que lo es por derecho propio. Pero claro, a nosotros nos gusta la carnaza, el morbo y la desolación. Lo admito, hay mucho de esto también aquí, en estas palabras y en este disco.

Elliott Smith vivió deprisa y murió joven, apuñalado, caso abierto, el alimento perfecto para la leyenda y el mito. Antes le había dado tiempo a completar cinco discos largos a su nombre, de los cuales este es el tercero. Discos con una valoración altísima. Discos grabados con lo justo en cuanto a medios, pero sobradísimos de talento y sensibilidad. Este Either/Or pasa por ser su cumbre, o una de ellas, no conviene aseverar a la ligera. Se trata de una obra crepuscular, melancólica, de las que tocan hueso, ahí bien profundo. Un disco susurrado, con sus momentos de desmelene pop y una originalidad melódica que impresiona.

Una obra que muestra a un artista total. Guitarrista finísimo, creador por encima de todo, algo deudor y muy heredero, pero para nada imitador ni de Nick Drake ni de Bob Dylan. Con el primero comparte el daño, la condena; con el segundo el compromiso poético, la mirada certera. Un humanista que se derrama apasionado y tranquilo por estos sonidos llenos de una verdad tan humilde que no podemos resistirnos a ella. Muy poco... Muchísimo.

★★★★

1 Speed Trials 3:01
2 Alameda 3:43
3 Ballad of Big Nothing 2:48
4 Between the Bars 2:21
5 Pictures of Me 3:46
6 No Name No. 5 3:43
7 Rose Parade 3:28
8 Punch and Judy 2:25
9 Angeles 2:56
10 Cupid's Trick 3:04
11 2:45 AM 3:18
12 Say Yes 2:19

Total: 36:52

lunes, 31 de agosto de 2026

¡Toma esplendor en la hierba!

Cover art for El mundo según by Sr. Chinarro

El mundo según (Sr. Chinarro, 2006)

 

POP CHINARRO 2.0. La continuación al mayestático El fuego amigo (2006) no solo le sostiene la mirada, sino que le disputa el trono en combate cerrado. Cada uno tendrá su favorito, pero creo que hay muchos más que no lo tenemos tan claro. Este, para empezar, tiene un encanto inigualable. Porque Antonio Luque se quita definitivamente la mordaza y se suelta el pelo en lo musical, porque el pop reluce como nunca o porque simplemente todas las piezas encajan a la perfección.

El mundo según fluye como guiado por algún ser superior, sin tropiezos, sin dudas, con una coherencia y una sensación de unidad que lo hace prácticamente indestructible. Todo a pesar de que "La canción de G.G. Penningstone" o "Gitana" no sean para todo el mundo. Demasiado azucarada la primera, demasiado emparentada con esa odiosa "Chiquilla" con la que Seguridad Social nos siguen torturando, la segunda. Ideas estas cogidas con pinzas, todo sea dicho, si prestamos un poco de atención a ambas tonadas.

En el resto del trayecto cuesta aún más encontrar peros. Amores, relaciones al borde, experiencias religiosas en la frontera, alegatos contra vete a saber qué, delicias variopintas para empezar a entender de verdad al Chinarro. Que no lo vamos a entender nunca, no nos hagamos ilusiones. En realidad esa es mi gran alegría: la seguridad de saber que nunca vamos a comprender todo esto al cien por cien. ¡Qué aburrido sería! Prefiero entregarme al arrullo y arroparme con el verbo limpio, el fraseo sencillo, el fluir líquido de un poeta eufórico que está escribiendo aquí su obra maestra.

★★★★★

1 Esplendor en la hierba 3:30
2 La decoración 3:11
3 Del montón 2:33
4 Ni lo sé ni lo quiero pensar 3:27
5 No dispares 4:06
6 La canción de G.G. Penningstone 2:47
7 Gitana 3:04
8 El lejano oeste 4:11
9 Ángela 2:28
10 El mar de la tranquilidad 3:06
11 Militar 4:01
12 La última cena 2:51

Total: 39:15

"Concierto Radio 3" (Sr. Chinarro, 2007) [BOOTLEG] [DIRECTO]

POP CHINARRO 2.0. Audio del concierto emitido el 22/01/2007 en "Los conciertos de Radio 3" de RTVE. Un repaso en algo menos de media hora a lo que era su flamante nuevo disco por entonces, el mayúsculo "El mundo según" (2007). Una presentación que nos muestra a un grupo engrasado capaz de trazar a la perfección todos los vericuetos de estas magníficas canciones. Un grupo y un Antonio Luque que se presentan rotundos y seguros de sí mismos y del material que venían a ofrecer.

Un registro sonoro curioso para el voyeur insaciable, pero que para mí ofrece poca novedad aparte de un par de arreglos curiosos. Simplemente la confirmación de la fuerza extraordinaria del noveno disco de Sr. Chinarro y la constatación de la profesionalidad ganada con los años. Atrás quedan esos conciertos para olvidar regados por el alcohol y la desidia. Demos la bienvenida a un músico dispuesto más que nunca a vivir de esto. Qué pena que el sonido no acompañe en este raquítico mp3.

☆☆★★★

  1. Esplendor en la hierba
  2. El lejano oeste
  3. La decoración
  4. Gitana
  5. Ángela 
  6. Del montón
  7. No dispares
  8. Ni lo sé ni lo quiero pensar

Total: 30 min.

viernes, 28 de agosto de 2026

A los pies del Presidente Negro

The Best of the Black President (Fela Kuti, 1999) [RECOPILATORIO]

 

AFROBEAT. Sumergirse en las procelosas aguas de la vasta discografía de este gigante invita al pánico. Qué mejor que una buena recopilación para abrir boca. Esta se me antoja magnífica. Un suculento disco doble preñado de jazz africano, letanías vudú y funk yoruba. Fiel y multiperspectivista retrato de este tornado de hombre, el presidente negro, el que trae la muerte a sus enemigos, un auténtico luchador que nos dejó demasiado pronto y que conocemos demasiado poco. El impulsor y el dueño del baile caliente de los desheredados.

Y también, como pasa con los mejores, una figura contradictoria y hasta odiosa en algunos aspectos. No podemos dejar de lado su machismo recalcitrante, su infantilismo ideológico o su homofobia a voz en grito. Si no te portabas bien en el amor te reencarnabas en homosexual, llegó a decir el nigeriano. Unas características que lo hacen tan repulsivo como carnal. Y unos rasgos que incidían sin duda en su empuje y la fe ciega en su música y su autoridad irrebatible en el escenario.

Todo esto ha moldeado al mito, lo bueno y lo malo. Y todo esto está aquí, en la destilación sublime de sus mejores momentos. Por mucho que te guste lo que hace Fela, puede que agobie la idea de meterse con su discografía completa. He leído por ahí que sacó casi ochenta discos y no sé cómo puede afirmarse eso con rotundidad teniendo en cuenta el caótico mercado negro e incluso oficial de cassettes y piratas que en África siempre ha tenido una pujanza brutal y que hace prácticamente imposible pensar en completar la obra de cualquiera de sus artistas.

En cualquier caso, en cuanto uno se documenta, lee, ve videos y documentales sobre el mito, queda claro que aquí está lo más suculento de la obra de Fela Kuti. Trece piezas apretujadas en dos CDs, más de dos horas y media de obsesión, denuncia y catarsis en la mejor escuela del continente negro. Con teclados jazzísticos y bajos funk, un toque occidental que simplemente es un detalle, anegado como queda en el magma polirrítmico y cadencioso de una música que se te inocula como un veneno lento. Y da igual que te resistas porque a poco que abras tus orejas, te va a invadir y a asentarse en tu alma para siempre.

★★★★★

1.1 Lady 13:50
1.2 Shakara 13:26
1.3 Gentleman (Edit Version) 11:00
1.4 Water No Get Enemy (Edit Version) 9:50
1.5 Zombie 12:24
1.6 Sorrow Tears and Blood 10:16
1.7 No Agreement (Part 2) 7:53

2.1 Roforofo Fight 15:37
2.2 Shuffering and Shmiling (Part 2) 12:20
2.3 Coffin for Head of State (Part 2) 13:19
2.4 I T T (Part 2) 13:41
2.5 Army Arrangement (Part 2) 17:00
2.6 O.D.O.O. (Edit Version) 6:53

Total: 157:29 

 

The Best of the Black President (Fela Kuti, 2013) [RECOPILATORIO]

 

AFROBEAT. Otro festín para completar el gigantesco cuadro de la música del nigeriano. Una obra muy necesaria, si bien no tan imprescindible como esperaba, para pringarse bien de lo que Kuti iba a dejar para la posteridad. Un discazo rebosante en todos los sentidos, para empezar por sus más de dos horas y media de música.

Es cierto que esto es más que recomendable para afinar la idea que podemos hacernos del legado del Presidente Negro, aunque veo algunos problemas que lo hacen claramente inferior al primer volumen publicado catorce años antes. Para empezar, es obvio que lo mejor de lo mejor ya aparecía en ese disco y hay poco aquí que pueda alcanzar ese nivel. Y para seguir, hay curiosidades que tienen mucho interés pero no llenan, como una "Trouble Sleep Yanga Wake Am" que muestra un lado melancólico en el que parece coquetear con cosas como la morna caboverdiana. Puede que en mi ignorancia esté diciendo una barbaridad, pero la melancolía de la canción me recuerda un poco a lo que hacía la grandiosa Cesaria Évora. Y lo cierto es que lo que hace Fela ahí acaba siendo un pelín plomizo y arrastrado. Es lo que pasa cuando te sales de tu zona de confort.

En definitiva, este segundo volumen es una pieza jugosa y se disfruta a pesar de su duración, pero las piezas parecen redoblar su repetición a base de introducciones siempre interminables. Tampoco me ha gustado que incluyan la versión original y extendida de "Sorrow, Tears and Blood", tema que ya aparecía en el primer recopilatorio, ya que añade bien poco, nada en realidad, a lo que ya ofrecía la versión editada. Otro detallito más que hace que no engulla este obrón como el anterior. Cosas que cuando las sumas redundan en una penalización demasiado dura para lo que no deja de ser otro discazo del mayor artista africano de todos los tiempos. Y es que lo he comparado demasiado con el volumen 1. Hasta el punto de que podría parecer que no me gusta, pero lo cierto es que es una maravilla monumental.

☆★★★★

1.1 Everything Scatter 10:31
1.2 Expensive Shit 13:11
1.3 Underground System (Part 2) 15:19
1.4 Trouble Sleep Yanga Wake Amlyrics 12:03
1.5 Monkey Banana 11:31
1.6 Sorrow Tears and Blood (Original Extended Version) 16:41

2.1 Black Man's Cry 11:35
2.2 Mr Follow Follow 12:55
2.3 He Miss Road 10:45
2.4 Yellow Fever 15:20
2.5 Na Poi 13:30
2.6 Colonial Mentality 13:41

Total: 157:02

"Movement of the People" (Fela Kuti, 1978) [BOOTLEG]

AFROBEAT. Temas grabados en la época de más efervescencia política de Kuti, esto es entre 1976 y 1978, y que fueron publicados como extras en la reedición de discos como "Zombie" (1976) o "Live!" (1971). El primero de ellos, auténtico símbolo de su lucha más enconada contra la violencia ejercida por el poder establecido.

Lo que más me gusta de estas piezas es que volatilizan la idea inicial del que se acerca a ellas en busca de la curiosidad y el regalito curiosete. Como toda la música del nigeriano, no son bromas ni mediocridades, sino temazos con más razón de ser que las discografías completas de muchos otros. En ellos domina la melopea, no es una novedad, pero sí que esta obcecación en los patrones y las salmodias se multiplica aquí sin pudor. Cosa que se acentúa por la escasez de partes cantadas por nuestro protagonista.

Tampoco es que eso sea un problema. La cualidad hipnótica y ritual de la música de Kuti está aquí intacta y casi diría que aumentada, por lo que la inmersión, una vez más, se realiza sin esfuerzo alguno. Sorprende incluso que lo que a priori se anunciaba como mamotreto de difícil digestión, como es ese dueto a la batería entre los gigantes Tony Allen y Ginger Baker con el que cierran este recopilatorio, es en realidad una pieza turgente donde la improvisación va de la mano con la celebración más festiva posible. Se divierten y nos divierten, y eso es de agradecer. Es el resumen perfecto de lo que siempre ha sido la música de Fela, un ritual colectivo en el que el público siempre está invitado a participar, formando parte de la ceremonia y sintiendo esta música como algo suyo. Supongo que por eso todo esto nos llegará tan adentro.

★★★

  1. Observation Is No Crime
  2. Mistake (Live at the Berlin Jazz Festival, 1978)
  3. Ginger Baker & Tony Allen Drum Solo (Live at the Berlin Jazz Festival, 1978)

Total: 45 min. 

Las joyas de la corona

The All Time Greatest Hits (Elvis Presley, 1987) [RECOPILATORIO]

 

ROCK & ROLL. Este cofre del tesoro alberga el registro sonoro del auténtico big bang en la historia de la música. "Antes de Elvis no había nada", eso decía John Lennon. Y se quedaba tan ancho. Con la tranquilidad que da el decir las verdades a la cara. Con la satisfacción de escupir en el rostro de esos críticos avejentados y estirados. Esos popes sobrealimentados a base de óperas y música clásica, incapaces de ver más allá de sus atriles y enterrados en vida por los tratados del buen gusto y de la alta cultura.

En el pecado llevan la penitencia, pues se pierden la vibración esencial, el latigazo cervical de la que puede ser la música más excitante, epidérmica y física de la creación. El rock certifica su derecho a colear y bullir con el resumen más avasallador, concentrado y salvaje del más grande. Elvis Pelvis, colaborador necesario, cómplice habitual en la perpetración de un crimen contra natura. Si no el creador, sí el impulsor más universal de un género que en un par de años pasó de los pañales a la mayoría de edad. Quemando etapas, sin hacer paradas, directo a su destino ineludible con la eternidad.

Aquí encontramos joyas que simplemente hay que conocer. El listado sería interminable, hay demasiado material imprescindible en estos surcos. Dos horas escasas de música que siempre saben a poco, muy poco. No te vas a saciar, pero al menos vas a entender un poco mejor de qué va esto del rock & roll. Vas a empezar a pillar por qué a este tío lo idolatran los más grandes. De Lemmy a Dylan, de The Beatles a Johnny Cash, todos los grandes han caído rendidos a su influjo. El Rey tuvo una carrera que empezó subiendo como un cohete para ir cayendo suavemente. Todo eso se aprecia aquí gracias al orden cronológico. 

Es una lástima el bajón de los últimos temas, pero ni el Rey pudo mantener tal nivel en esos frenéticos veinte años de carrera discográfica. Bien mirado el bajón es bastante emotivo. La constatación de la humanidad de un artista que creíamos bendecido por la perfección. No, Elvis no era de otro planeta, era uno más de nosotros. Una persona tocada por el don de una energía especial, una persona con una luz que derramaba en todo lo que hacía. Uno de los más grandes. Aquí se resume con gloria su impresionante legado.

★★★★★

1.1 Heartbreak Hotel 2:06
1.2 Blue Suede Shoes 1:59
1.3 Hound Dog 2:16
1.4 Love Me Tender 2:44
1.5 Too Much 2:31
1.6 All Shook Up 1:57
1.7 Teddy Bear 1:48
1.8 Paralysed 2:22
1.9 Party 1:29
1.10 Jailhouse Rock 2:28
1.11 Don't 2:48
1.12 Wear My Ring Around Your Neck 2:14
1.13 Hard Headed Woman 1:53
1.14 King Creole 2:09
1.15 One Night 2:32
1.16 A Fool Such as I 2:29
1.17 A Big Hunk o' Love 2:16
1.18 Stuck on You 2:16
1.19 The Girl of My Best Friend 2:19
1.20 It's Now or Never 3:25
1.21 Are You Lonesome Tonight? 3:05
1.22 Wooden Heart 1:58
1.23 Surrender 1:51
1.24 (Marie's the Name) His Latest Flame 2:15
1.25 Can't Help Falling in Love 3:01
1.26 Good Luck Charm 3:24

2.1 She's Not You 2:08
2.2 Return to Sender 2:09
2.3 (You're The) Devil in Disguise 2:18
2.4 Crying in the Chapel 2:23
2.5 Love Letters 2:48
2.6 If I Can Dream 3:10
2.7 In the Ghetto 2:45
2.8 Suspicious Minds 3:11
2.9 Don't Cry Daddy 2:50
2.10 The Wonder of You 2:37
2.11 I Just Can't Help Believin' 4:45
2.12 An American Trilogy 4:31
2.13 Burning Love 2:54
2.14 Always on My Mind 3:01
2.15 My Boy 3:18
2.16 Suspicion 2:45
2.17 Moody Blue 2:59
2.18 Way Down 2:35
2.19 It's Only Love 2:45

Total: 117:27 

"The King" (Elvis Presley, ) [BOOTLEG] [RECOPILATORIO]

ROCK & ROLL. Elvis fue un artista total, un creador por mucho que trabajara principalmente con material ajeno. Eso es algo que pocos ponen en duda. Lo que sorprende cuando se profundiza en su obra es lo poco que se equivocó, sobre todo en sus años de gloria. Lo del cantante gordo que soltaba baladones inefables a las abuelas agarrado a un micro es otra historia, pero lo que hay aquí, la cara oculta del mito nos demuestra que Elvis tenía un poder ilimitado y siempre supo muy bien lo que hacía.

Así lo demuestra un grupo de canciones que por una u otra razón no merecieron un lugar en sus álbumes de estudio. Joyas imperecederas en muchos casos, grandes interpretaciones en todos ellos. Una colección paralela a la discografía oficial en la que colea el rock & roll, el country y los tintes góspel en baladas y calambrazos eléctricos ineludibles. "That's All Right", "Fair's Moving On", "Kentucky Rain", "Mama Liked the Roses" o "Sylvia" nos harán menearnos sin poderlo evitar o soltar una lagrimita con el corazón encogido. No es poca cosa para una colección hecha sin orden ni concierto. Una colección que acaba gustando más de lo que podíamos esperar.

☆☆★★★

  1. That's All Right
  2. Fame and Fortune
  3. A Mess of Blues
  4. I Gotta Know
  5. Fair's Moving On
  6. You'll Think of Me
  7. Kentucky Rain
  8. Mamma Liked the Roses
  9. When I'm Over You
  10. Something 
  11. I'll Never Know
  12. Sylvia
  13. Cindy, Cindy
  14. Rags to Riches

Total: 40 min. 

viernes, 14 de agosto de 2026

La rebelión de los trombones pez espada

Swordfishtrombones (Tom Waits, 1983)

CANCIÓN DISLOCADA. Estamos ante la revolución más profunda y radical que llevara a cabo Tom Waits. Ya había tenido puntos y aparte, discos seminales que habían significado un cambio de dirección artística evidente. Sin embargo, nada nos preparaba para lo que se inventa aquí el de Pomona. Y es que en este punto, Waits decide que lo que han hecho Billie Holiday, James Brown o Louis Armstrong ya está más que digerido y, además, es irrepetible. Así que, ni corto ni perezoso, ataca frontalmente al pasado con los ácidos del trombón-pez-espada y, a través de ritmos de metal roto y ladridos de opereta, nos lo devuelve reluciente para la eternidad. 

Los cambios en realidad se limitan a las formas, las cuales apalea hasta abollarlas. En cuanto a las letras, nos sigue contando sus historias de bebedores y sus nostálgicas elegías al barrio, alineadas quizás con más convicción con el inconformismo y la vanguardia. Un irrenunciable billete de ida a Marte, regalo de un Santo Bebedor que se transformaría ya para siempre con este trabajo en el Cantautor Dislocado

Por mucho que lo repita, nunca me parecerá suficiente. Desde este punto comienza a fraguarse todo un mundo por descubrir. Y eso que parece imposible absorber tanta belleza de la lata, de esta música para banda ambulante desastrada. Los viejos patrones se repiten a lomos de un sonido nuevo, primigenio, salido de instrumentos imposibles, surgidos de pesadillas infantiles. La base sigue bullendo de manera parecida. Sigue siendo blues, jazz, canción de entreguerras, pero, tocada por este Waits, nada vuelve a ser igual. Científico loco, Chatarrero celestial, Genio inconmensurable... Los apelativos se agolpan y se amontonan sin medida. De alguna forma habrá que llamar a alguien capaz de obsequiarnos con tan deliciosa chatarra.

★★★★★

A1 Underground 1:58
A2 Shore Leave 4:12
A3 Dave the Butcher 2:15
A4 Johnsburg, Illinois 1:30
A5 16 Shells From a Thirty-Ought-Six 4:30
A6 Town With No Cheer 4:22
A7 In the Neighborhood 3:04
B1 Just Another Sucker on the Vine 1:42
B2 Frank's Wild Years 1:50
B3 Swordfishtrombone 3:00
B4 Down, Down, Down 2:10
B5 Soldier's Things 3:15
B6 Gin Soaked Boy 2:20
B7 Trouble's Braids 1:18
B8 Rainbirds 3:05

Total: 40:31 

Este disco es tan rico, tan diferente, tan único... que no encuentro referencias con los que conectarlo. O mejor dicho, encuentro demasiadas. 

Desde los funerales de Nueva Orleans, quizás la más pintoresca y la más cercana en muchos sentidos, hasta la banda alienígena que ameniza las veladas en la Cantina de Mos Eisley —Star Wars—, desde el gamelán indonesio a los ritos ancestrales de las culturas africanas y precolombinas... Cualquier cosa con algún componente ritual, primitivo, atávico puede asociarse a un álbum, de verdad, inigualable.

Así es Swordfishtrombones. Puro gumbo, puro mojo, puro vudú. Como Captain Beefheart, como Dr. John, pero diferente. Como nadie más que él mismo.  

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martes, 11 de agosto de 2026

Ese cruel San Valentín


Blue Valentine (Tom Waits, 1978)

CANCIÓN JAZZ. Este disco retoma la grandeza casi inmaculada de Small Change (1976) después del semifallo que supuso Foreign Affairs (1977). En muchos aspectos, podemos ver aquí la culminación del aprendizaje desarrollado desde sus comienzos, el final de una era para el cantautor dislocado. Y a la vez, este álbum nos está anunciando parte de sus muy suculentos movimientos futuros.

Hay demasiado en estos casi cincuenta minutos de música torrencial como para despacharlo en dos párrafos y medio, pero no queda otra. Desde su versión del "Somewhere" de West Side Story (Robert Wise & Jerome Robbins, 1961) hasta ese pozo de lágrimas para corazones reventados que es "Blue Valentines", por el disco pasea todo un elenco de personajes de la más baja estofa. Noctámbulos, prostitutas, pandilleros y maleantes de todo pelaje y, eso sí, con su corazoncito, sus cuitas y su humanidad en plena floración.

Sin duda, las letras son uno de los puntos fuertes del álbum. Esa forma de colarnos las historias de manera poética, sarcástica a veces, pero también prístina a poco que leamos entre líneas. Una inteligencia escritural que se traslada a la música, finísima, interpretada con fiereza y elegancia, y muy rica en detalles. Una base de jazz claro y contundente, con paradas en Louis Armstrong, Captain Beefheart o Howlin' Wolf. Influencias eternas para Waits, las cuales iría matizando y digiriendo de mil maneras en los próximos años, pero que siempre van a estar ahí.

También destaca este disco, al contraponerlo a Small Change —su espejo más claro—, por la dosificación de las partes orquestales que tan maravillosamente esparce aquí y allá Bob Alcivar. Una apuesta por la crudeza que, más que un trabajo rudo y pendenciero, que también, nos acaba entregando una obra variada, multicromática y muy cálida. En las antípodas del blanco y negro con el que nos sorprendió —tómense eso como quieran— en el anterior Foreign Affairs.

En resumen, no estamos ante un disco cualquiera, sino ante una de las cumbres más altas del de Pomona. Un álbum en el que mandan las luces, el neón, los amores guillotinados en pleno clímax y las oportunidades perdidas entre vasos sucios y cristales rotos. Puede parecer más de lo mismo, pero, créanme, Tom sabe cómo mostrarnos sus lugares comunes una y otra vez sin que sintamos que es más de lo mismo. Por eso es tan grande. Por discos tan inagotables como este.

★★★★★

A1 Somewhere (From "West Side Story") 3:50
A2 Red Shoes by the Drugstore 3:11
A3 Christmas Card From a Hooker in Minneapolis 4:30
A4 Romeo Is Bleeding 4:50
A5 $29.00 8:12
B1 Wrong Side of the Road 5:11
B2 Whistlin' Past the Graveyard 3:14
B3 Kentucky Avenue 4:47
B4 A Sweet Little Bullet From a Pretty Blue Gun 5:34
B5 Blue Valentines 5:50

Total: 49:09

Pocos músicos encontrarás más cinematográficos que Tom Waits. No solo por su trabajo como actor, digno de ser revisado, sino porque sus discos tienen ese ambiente tridimensional, esa atmósfera peliculera tan fácil de apreciar y tan difícil de describir.

En este no puedo dejar de fijarme en los neones de su contraportada, en la que aparece a horcajadas sobre su novia de entonces, la gran Rickie Lee Jones. Tampoco pasan desapercibido para mí los tonos verdes con los que adorna el libreto.

 

Colores y estética que me llevan de cabeza a Paris, Texas (Wim Wenders, 1984), la cual no existía cuando salió el disco. Lo que me lleva a pensar si no es posible que Wenders se empapara bien de Blue Valentine antes de hacer una película que, no solo por su estética, sino por lo que cuenta, podría haber tenido a este álbum como perfecta banda sonora. Llámenme loco.

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lunes, 10 de agosto de 2026

Mutaciones permanentes

Small Change (Tom Waits, 1976)

CANCIÓN JAZZ. Este es el verdadero gran salto adelante de Tom Waits. El pequeño cambio que anuncia en su título resulta ser demasiado humilde para lo que contiene el cuarto álbum del de Pomona. Y no hay que ser muy avispado para percibirlo. Basta con sentir la devastación que provoca su primera canción, una "Tom Traubert's Blues..." que para mí es la mejor que nunca haya escrito el cantautor dislocado. Y no está sola. Ahí tenemos criaturas que comparten su precioso pelaje, como "Jitterbug Boy...", "I Wish I Was in New Orleans", "The Piano Has Been Drinking", "Invitation to the Blues", "Bad Liver and a Broken Heart" o "I Can't Wait to Get Off Work...".

Reconozco sin tapujos que esas son las que me conquistan y me dejan tiritando. Lo que no me impide admitir que lo realmente novedoso, lo que, con los años, iba a convertir a nuestro amigo en el genio inclasificable que es y siempre será, son precisamente las otras que no menciono. Los recitados sobre una base de jazz más o menos clara, sobre un simple contrabajo o sobre una percusión galopante. "Step Right Up", "The One That Got Away" o "Small Change...". "Pasties and a G-String" sería otra, pero esa simplemente no la soporto. Uno tiene sus límites, supongo.

Y aun así, no puedo negar que el tema tiene su puntito divertido. Circunstancia que no hace sino dar fe de lo bueno que es un disco absolutamente magistral. Un trabajo en el que Waits da cuenta de la melancolía como alguien que la está viviendo 24/7. Con una interpretación perruna y rugosa como la lija, aún lejos de la corrosión de Swordfishtrombones (1983), pero casi en el umbral de ese festival de lata y óxido. Más que cantar, Tom vomita y se desangra sobre el piano, ofreciéndonos sus entrañas sin ningún tipo de asepsia ni adornos superfluos.

Ninguno más allá de unos arreglos orquestales absolutamente espectaculares, obra de Ed Lustgarten. Unas cuerdas que llevan la música de Tom Waits a otro nivel, siendo las mayores responsables de que estemos ante uno de los pináculos de su carrera. Cúspide que lograría extender su influjo durante cuatro álbumes más, de manera desigual, hasta cambiar de tercio con un Swordfishtrombones que, esta vez sí, cambiaría al maestro para siempre. Otra historia, desde luego, que queda lejos y de la que aquí solo percibimos algún eco deformado. Lo que manda en esta obra maestra por derecho propio es el abatimiento terminal y el noble arte de lamerse las heridas. Cosas que, admitámoslo de una vez, siempre nos van a remover y con las que nos vamos a identificar sí o sí. La más imperfecta de las obras maestras. En una palabra: arrebatador.

★★★★★

A1 Tom Traubert's Blues (Four Sheets to the Wind in Copenhagen) 6:40
A2 Step Right Up 5:39
A3 Jitterbug Boy (Sharing a Curbstone With Chuck E. Weiss, Robert Marchese, Paul Body and the Mug and Artie) 3:41
A4 I Wish I Was in New Orleans (In the Ninth Ward) 4:50
A5 The Piano Has Been Drinking (Not Me) (An Evening With Pete King) 3:37
B1 Invitation to the Blues 5:20
B2 Pasties and a G-String (At the Two O'Clock Club) 2:32 🕱
B3 Bad Liver and a Broken Heart (In Lowell) 4:46
B4 The One That Got Away 4:00
B5 Small Change (Got Rained on With His Own .38) 5:03
B6 I Can't Wait to Get Off Work (And See My Baby on Montgomery Avenue) 3:20

Total: 49:28

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miércoles, 8 de julio de 2026

La biblia y la pistola

John Wesley Harding (Bob Dylan, 1967)

 

COUNTRY/FOLK. Dylan no estaba en su mejor momento por estos años. Después de publicar Blonde on Blonde (1966), y tras una extenuante gira en la que había tenido que soportar insultos y abucheos por una transformación eléctrica que seguía escociendo, sufrió un misterioso accidente de moto que le hizo recluirse en su casa de Woodstock y apartarse de la opinión pública por un tiempo. Con lo de "misterioso" quiero decir que nunca se ha aclarado ni las circunstancias que lo rodearon ni la auténtica gravedad del mismo. Por supuesto no hubo parte médico público ni fotografías del momento. Lo que sí parece indiscutible es que a Dylan le vino de maravilla para retirarse durante el tiempo necesario y poder así recuperarse física y mentalmente de la vorágine en la que había estado inmerso desde la edición de Bringing It All Back Home (1965).

Un momento de respiro que le hizo replantearse su dirección musical. O eso se deduce del disco en el que empezó a trabajar. Una obra que navega entre el country, el folk y el góspel. Un trabajo reposado y desnudo, casi esquelético si lo comparamos con sus tres discos anteriores. En John Wesley Harding se entremezclan, como el forajido que le da título, el crimen, la religión y la compasión hacia los más débiles de una manera magistral, con una seguridad creativa admirable que dice mucho del nivel de inspiración por el que atravesaba el cantautor en esos años. Con este álbum dejaba claro de una vez por todas que el rock no le había secado el seso y que daba igual cómo vistiera sus canciones. Con estas doce piezas estaba diciéndonos que se había ganado el derecho a hacer lo que le viniera en gana. Algo que venía haciendo desde siempre, pero que ya nadie tenía derecho a fiscalizar.

En resumidas cuentas, al desnudar su propuesta cuando nadie se lo esperaba, Dylan entrega un disco descomunal. Todo un compendio de referencias bíblicas a cascoporro y de intrahistoria norteamericana a su estilo. Alguna canción-río torrencial y más de una melodía absolutamente arrebatadora. Y encima, nos regala "All Along the Watchtower", pieza infaltable en sus directos a partir de entonces y clásico irrebatible versionado por los más grandes. Jimi Hendrix se la iba a arrebatar para siempre al año siguiente, o eso dicen, y Dylan se la cedió gustoso: "(Hendrix) encontró cosas en la canción que yo no había pensado. La mejoró en todos los sentidos", declararía tiempo después. Una muestra más de la generosidad de un artista inigualable. Claro, que con el nivel de inspiración que tenía el Bardo en esos años tampoco parecía muy difícil dar y regalar.

★★★★★

A1 John Wesley Harding
A2 As I Went Out One Morning
A3 I Dreamed I Saw St. Augustine
A4 All Along the Watchtower
A5 The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest
A6 Drifter's Escape
B1 Dear Landlord
B2 I Am a Lonesome Hobo
B3 I Pity the Poor Immigrant
B4 The Wicked Messenger
B5 Down Along the Cove
B6 I'll Be Your Baby Tonight

Total: 38 min.

Xxx

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sábado, 20 de junio de 2026

El genio de la lámpara

Aladdin Sane (David Bowie, 1973)

 

GLAM. Quemando etapas, grabando en los descansos de la gira de Ziggy Stardust, con la voracidad al límite, grabando y produciendo gemas históricas como Transformer (Lou Reed, 1972) o Raw Power (Iggy & the Stooges, 1973)... Así se encontraba el Camaleón tras su extenuante e incandescente obra maestra The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972).

Y este sucesor, para ganarse su sitio entre tanta gloria, no podía sino presentarnos a la novísima reencarnación del artista, un Aladdin Sane que jugaba con la homofonía de "a lad insane" (un muchacho loco) para ser más una variante del todavía pujante Ziggy Stardust que un personaje por sí mismo. Una especie de "Ziggy goes to America" que incide desde su eterna portada en la ambivalencia y en ese rock lleno de brillantina que explota gozoso en su interior.

Porque de eso se compone esta obra maestra, de pura genialidad. Se beneficia de la participación de todo un Mike Garson a las teclas, el cual arrima al disco al calor del jazz y a la experimentación. Lo que no quita que la influencia de los Rolling Stones esté más patente que nunca y que Mick Ronson y el resto de las Arañas de Marte se las apañen como siempre para que esto suene a rock duro y crujiente. A eso suenan y así saben las muy electrificadas "Watch that Man", "Panic in Detroit", "Cracked Actor", "Let's Spend the Night Together" o una "The Jean Genie" a mayor gloria de Iggy Pop. 


Y a pesar de todo este aparataje hardrockero, el melodrama sigue rozando la gloria y erizando el vello de la nuca en joyas impagables como "Aladdin Sane", "Drive in Saturday", "Time" o "Lady Grinning Soul", las auténticas gemas inmarchitables de un disco ecléctico, innovador y absolutamente espectacular. Una de las cumbres más inexpugnables de la etapa glam del genio de Brixton.

★★★★★

A1 Watch That Man 4:30
A2 Aladdin Sane (1913-1938-197?) 5:15
A3 Drive-In Saturday 4:38
A4 Panic in Detroit 4:30
A5 Cracked Actor 3:01
B1 Time 5:10
B2 The Prettiest Star 3:28
B3 Let's Spend the Night Together 3:10
B4 The Jean Genie 4:06
B5 Lady Grinning Soul 3:53

Total: 41:41

miércoles, 10 de junio de 2026

A hombros de los gigantes

Título: Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, Op. 55; "Heroica"
Título original: Sinfonía eroica, composta per festeggiare il sovvenire d'un grand'uomo
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1803-04
 Género: Romanticismo/Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • »Eroica« (Herbert von Karajan / Berliner Philharmoniker, 1963) ★★★★☆
  • Symphony No. 3 "Eroica" (Wilhelm Furtwängler / Wiener Philharmoniker, 1998 [1944]) ★★★★★ 
 

Beethoven empezó a escribir su tercera sinfonía a mediados de 1803 a partir de unos esbozos realizados en el verano del año anterior. No hay acuerdo en cuanto a su finalización, la cual los historiadores sitúan entre el otoño de 1803 y principios de 1804. Lo que sí parece claro es que se interpretó por primera vez en la primavera de 1804, en un concierto privado organizado en la residencia vienesa del príncipe Lobkowitz, destinatario final de la dedicatoria de la pieza.

De todos es conocido que esta sinfonía iba a ser un homenaje a Napoleón Bonaparte, héroe de las guerras revolucionarias y símbolo de los ideales republicanos. En un principio, claro, porque, como ya sabemos, no tardó en autoproclamarse emperador, hecho que molestó sobremanera a un Beethoven humanista, que no pudo más que borrar su dedicatoria con tanta fuerza en el manuscrito que le hizo un agujero que todavía podemos admirar hoy. Es solo una teoría acerca del rasgado que tiene la primera página de la partitura, pero no me negarán que es más que plausible.

Hasta aquí el contexto histórico de una sinfonía que está entre las piezas más importantes, influyentes y decisivas de la historia de la música. No estamos, pues, ante una obra cualquiera. Para empezar, en su primer movimiento ya alcanza una duración comparable a la de muchas sinfonías completas de generaciones anteriores. No es alargar por alargar, sino que Beethoven coge el molde de Haydn y Mozart y lo estira hasta lo imposible logrando un efecto dramático que solo puede definirse como épico. También sigue ahondando en la concepción del último movimiento como elemento dramático con valor específico por sí mismo. Algo que hoy en día nos parece muy obvio, pero que empezó a esbozar Mozart y siguió perfeccionando Beethoven en sus dos primeras sinfonías y desarrolló de manera espectacular en esta tercera. Aquí, el finale deja de ser un simple desenlace para convertirse en un movimiento de enorme peso estructural y expresivo. Un cambio que influyó en casi todos los que vinieron después, de Schubert a Shostakóvich y de Brahms a Sibelius.

Lo difícil con la tercera es decidirse por una versión que encapsule toda la grandeza de la que es para muchos la sinfonía más grande jamás escrita. Hay demasiadas versiones, y muy buenas, pero ninguna es perfecta de por sí. Aun así, me he decidido por sumergirme en las de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín, grabada en 1962, y en la de Wilhelm Furtwängler con la Filarmónica de Viena, grabada en directo en el Musikverein en el invierno de 1944.

De la primera destacaría la forma en la que Karajan diluye la separación de los diferentes movimientos para construir una pieza única que fluye con una coherencia y una pulcritud inmaculadas. Una construcción elegante y limpia que puede que nos esté mostrando a un Beethoven más bello de lo que era en realidad. Porque el compositor gustaba de las aristas y lo rugoso, no lo olvidemos. Algo que Furtwängler muestra con una toma en directo en plenos coletazos finales de la 2ª Guerra Mundial. Una lectura furibunda, expresiva, llena de matices y en la que el director ilumina las tensiones con una maestría inigualable. Véanse, sin ir más lejos, un primer movimiento virulento como pocos y una "Marcha Fúnebre" en la que anula cualquier conato celebratorio para convertirla en un lamento profundo en medio de una era en pleno derrumbe. Una versión que te vapulea y te deja bien claro el porqué del prestigio de esta obra.


1. Allegro con brio
2. Marcia funebre: Adagio assai
3. Scherzo: Allegro vivace
4. Finale: Allegro molto

🔎 No es fácil destacar individualidades en una pieza que hay que escuchar como un todo y en la que prácticamente todo brilla con una luz cegadora. Aun así, me gustaría hacer notar todo el primer movimiento, Allegro con brio, y dentro de él, la célebre entrada anticipada de la trompa. Se trata de una innovación impensable a principios del siglo XIX en la que Beethoven introduce una trompa que anticipa la recapitulación cuando el desarrollo todavía no ha concluido. la cual toca las cuatro notas del tema principal de la sinfonía, pero lo hace cuando nadie lo espera de tal manera que parece un error. Así se lo hizo notar al compositor Ferdinand Ries, alumno y amigo suyo, cuando menospreció al trompista en esa parte la primera vez que presenciaba la interpretación de esta sinfonía. Algo que le valió el enfado de Beethoven hasta, según dicen, casi llegar a las manos. Todo esto sucede entre el minuto 8 y 9 de la sinfonía.

 

Tampoco quiero dejar de señalar una "Marcha Fúnebre" que, en el caso de la grabación de Furtwängler de 1944, ya hemos dicho que suena oscura y doliente hasta el tuétano. Algo que se vio influido por el ambiente en Viena esos 19 y 20 de diciembre. La guerra estaba a punto de terminar y Alemania estaba siendo frenada y casi aniquilada en todos los frentes. Los bombardeos se recrudecían y las sirenas antiaéreas eran el pan nuestro de cada día en las ciudades del Reich. El Musikverein carecía calefacción y no es difícil imaginarse a muchos asistentes embutidos en sus abrigos mientras la guerra se acercaba a su desenlace. Creo que así podremos entender el alcance y la importancia de lo que se vivió allí en esas noches en las que, como esa interpretación de la "Marcha Fúnebre", más que celebrar heroicidades, la gente estaba presenciando inerte el final de toda una era.

martes, 2 de junio de 2026

El navegante interestelar

Starsailor (Tim Buckley, 1970)


EXPERIMENTO CÓSMICO
. Si te apetece relajarte, oir un poquito de guitarrita y hundirte en el sillón, huye de este disco. Como de la peste. No te dejes engatusar por la sonrisa afable de Tim, ni por el carrusel juguetón que es "Moulin Rouge", ni por la leyenda de esa "Song to the Siren" que cualquiera ha cantado con más brillo, más lustre y también más aburrida ortodoxia.

Aquí no hablamos de versiones más o menos lucidas. Esto es la fuente. En cuanto a la canción mencionada y en cuanto al experimento vocal per se. Aquí Tim Buckley raya en la locura en un intento por estirar la dificultad de su disco anterior en busca de los límites de la cordura y el sentimiento. Para ello se vale de su mejor instrumento, su voz infinita y cegadora. El albatros al que siguen sin pestañear los vientos, contrabajos y pianos en un intento por alcanzar un destino que desde el principio se antoja inexistente. Lo que pasa es que a veces no importa a dónde se va, sino el trayecto, y aquí este es alucinante. Free jazz, gritos animales y el corazón en la boca son el combustible para una singladura sin igual por las estrellas.

El disco empieza perezoso y raro como un perro verde, una mezcla que no ayuda. Tenemos que esperar a "Monterey" para "disfrutar" del primer tortazo en toda regla. Se trata de una melopea desquiciada que azuza a un Buckley desatado. En ella nos azota con su inmenso rango vocal, con su expresionismo, con su vuelo acrobático sin red. Todo un descoloque que se acentúa con la continuación, una ortodoxa, graciosa y preciosa "Moulin Rouge". Un contraste brutal que queda despedazado de nuevo con el vuelo planeador de esa maravilla llamada "Song to the Siren", canción que es obligatorio visitar una y otra vez en su toma original para comprobar lo bien que le sientan los hierbajos eléctricos, la hojarasca y la libertad extrema. 

Una libertad que se duplica en la apertura de la cara B, con una infernal "Jungle Fire", y que no pierde fuelle con los fantasmas que pueblan la tétrica canción titular, una psicofonía escalofriante que te pone de los nervios. Y no crean que se queda contento con eso. La penúltima es igual de desquiciante, y cuando ya creemos que no podemos más, nos suelta la trompeta fronteriza con la que abre el glorioso cierre, "Down by the Borderline". Un colofón que nos quita todas las dudas a base, otra vez, de base rítmica minimalista e insistente e incursiones en terrenos inexplorados por parte de los vientos y, cómo no, la voz, esa voz indescriptible, críptica y aguda como la eternidad.

Realmente, después de su escaso minutaje, Starsailor te deja una sensación extraña. A la placidez que sigue a su extinción acompaña un regusto casi sabroso. Una mezcla de satisfacción y tristeza. Al principio puedes creer que es porque no has entendido nada, pero te lo vuelves a poner y compruebas que no, que esa tristeza se parece mucho a lo que se siente cuando se acaba un libro que estás disfrutando con deleite. No quieres que termine, pero quieres saber qué pasa al final, aunque te duela.

★★★★★

A1 Come Here Woman 4:09
A2 I Woke Up 4:02
A3 Monterey 4:30
A4 Moulin Rouge 1:57
A5 Song to the Siren 3:20
B1 Jungle Fire 4:42
B2 Starsailor 4:36
B3 The Healing Festival 3:16
B4 Down by the Borderline 5:22

Total: 35:54

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