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miércoles, 8 de julio de 2026

La biblia y la pistola

John Wesley Harding (Bob Dylan, 1967)

 

COUNTRY/FOLK. Dylan no estaba en su mejor momento por estos años. Después de publicar Blonde on Blonde (1966), y tras una extenuante gira en la que había tenido que soportar insultos y abucheos por una transformación eléctrica que seguía escociendo, sufrió un misterioso accidente de moto que le hizo recluirse en su casa de Woodstock y apartarse de la opinión pública por un tiempo. Con lo de "misterioso" quiero decir que nunca se ha aclarado ni las circunstancias que lo rodearon ni la auténtica gravedad del mismo. Por supuesto no hubo parte médico público ni fotografías del momento. Lo que sí parece indiscutible es que a Dylan le vino de maravilla para retirarse durante el tiempo necesario y poder así recuperarse física y mentalmente de la vorágine en la que había estado inmerso desde la edición de Bringing It All Back Home (1965).

Un momento de respiro que le hizo replantearse su dirección musical. O eso se deduce del disco en el que empezó a trabajar. Una obra que navega entre el country, el folk y el góspel. Un trabajo reposado y desnudo, casi esquelético si lo comparamos con sus tres discos anteriores. En John Wesley Harding se entremezclan, como el forajido que le da título, el crimen, la religión y la compasión hacia los más débiles de una manera magistral, con una seguridad creativa admirable que dice mucho del nivel de inspiración por el que atravesaba el cantautor en esos años. Con este álbum dejaba claro de una vez por todas que el rock no le había secado el seso y que daba igual cómo vistiera sus canciones. Con estas doce piezas estaba diciéndonos que se había ganado el derecho a hacer lo que le viniera en gana. Algo que venía haciendo desde siempre, pero que ya nadie tenía derecho a fiscalizar.

En resumidas cuentas, al desnudar su propuesta cuando nadie se lo esperaba, Dylan entrega un disco descomunal. Todo un compendio de referencias bíblicas a cascoporro y de intrahistoria norteamericana a su estilo. Alguna canción-río torrencial y más de una melodía absolutamente arrebatadora. Y encima, nos regala "All Along the Watchtower", pieza infaltable en sus directos a partir de entonces y clásico irrebatible versionado por los más grandes. Jimi Hendrix se la iba a arrebatar para siempre al año siguiente, o eso dicen, y Dylan se la cedió gustoso: "(Hendrix) encontró cosas en la canción que yo no había pensado. La mejoró en todos los sentidos", declararía tiempo después. Una muestra más de la generosidad de un artista inigualable. Claro, que con el nivel de inspiración que tenía el Bardo en esos años tampoco parecía muy difícil dar y regalar.

★★★★★

A1 John Wesley Harding
A2 As I Went Out One Morning
A3 I Dreamed I Saw St. Augustine
A4 All Along the Watchtower
A5 The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest
A6 Drifter's Escape
B1 Dear Landlord
B2 I Am a Lonesome Hobo
B3 I Pity the Poor Immigrant
B4 The Wicked Messenger
B5 Down Along the Cove
B6 I'll Be Your Baby Tonight

Total: 38 min.

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sábado, 20 de junio de 2026

El genio de la lámpara

Aladdin Sane (David Bowie, 1973)

 

GLAM. Quemando etapas, grabando en los descansos de la gira de Ziggy Stardust, con la voracidad al límite, grabando y produciendo gemas históricas como Transformer (Lou Reed, 1972) o Raw Power (Iggy & the Stooges, 1973)... Así se encontraba el Camaleón tras su extenuante e incandescente obra maestra The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972).

Y este sucesor, para ganarse su sitio entre tanta gloria, no podía sino presentarnos a la novísima reencarnación del artista, un Aladdin Sane que jugaba con la homofonía de "a lad insane" (un muchacho loco) para ser más una variante del todavía pujante Ziggy Stardust que un personaje por sí mismo. Una especie de "Ziggy goes to America" que incide desde su eterna portada en la ambivalencia y en ese rock lleno de brillantina que explota gozoso en su interior.

Porque de eso se compone esta obra maestra, de pura genialidad. Se beneficia de la participación de todo un Mike Garson a las teclas, el cual arrima al disco al calor del jazz y a la experimentación. Lo que no quita que la influencia de los Rolling Stones esté más patente que nunca y que Mick Ronson y el resto de las Arañas de Marte se las apañen como siempre para que esto suene a rock duro y crujiente. A eso suenan y así saben las muy electrificadas "Watch that Man", "Panic in Detroit", "Cracked Actor", "Let's Spend the Night Together" o una "The Jean Genie" a mayor gloria de Iggy Pop. 


Y a pesar de todo este aparataje hardrockero, el melodrama sigue rozando la gloria y erizando el vello de la nuca en joyas impagables como "Aladdin Sane", "Drive in Saturday", "Time" o "Lady Grinning Soul", las auténticas gemas inmarchitables de un disco ecléctico, innovador y absolutamente espectacular. Una de las cumbres más inexpugnables de la etapa glam del genio de Brixton.

★★★★★

A1 Watch That Man 4:30
A2 Aladdin Sane (1913-1938-197?) 5:15
A3 Drive-In Saturday 4:38
A4 Panic in Detroit 4:30
A5 Cracked Actor 3:01
B1 Time 5:10
B2 The Prettiest Star 3:28
B3 Let's Spend the Night Together 3:10
B4 The Jean Genie 4:06
B5 Lady Grinning Soul 3:53

Total: 41:41

miércoles, 10 de junio de 2026

A hombros de los gigantes

Título: Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, Op. 55; "Heroica"
Título original: Sinfonía eroica, composta per festeggiare il sovvenire d'un grand'uomo
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1803-04
 Género: Romanticismo/Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • »Eroica« (Herbert von Karajan / Berliner Philharmoniker, 1963) ★★★★☆
  • Symphony No. 3 "Eroica" (Wilhelm Furtwängler / Wiener Philharmoniker, 1998 [1944]) ★★★★★ 
 

Beethoven empezó a escribir su tercera sinfonía a mediados de 1803 a partir de unos esbozos realizados en el verano del año anterior. No hay acuerdo en cuanto a su finalización, la cual los historiadores sitúan entre el otoño de 1803 y principios de 1804. Lo que sí parece claro es que se interpretó por primera vez en la primavera de 1804, en un concierto privado organizado en la residencia vienesa del príncipe Lobkowitz, destinatario final de la dedicatoria de la pieza.

De todos es conocido que esta sinfonía iba a ser un homenaje a Napoleón Bonaparte, héroe de las guerras revolucionarias y símbolo de los ideales republicanos. En un principio, claro, porque, como ya sabemos, no tardó en autoproclamarse emperador, hecho que molestó sobremanera a un Beethoven humanista, que no pudo más que borrar su dedicatoria con tanta fuerza en el manuscrito que le hizo un agujero que todavía podemos admirar hoy. Es solo una teoría acerca del rasgado que tiene la primera página de la partitura, pero no me negarán que es más que plausible.

Hasta aquí el contexto histórico de una sinfonía que está entre las piezas más importantes, influyentes y decisivas de la historia de la música. No estamos, pues, ante una obra cualquiera. Para empezar, en su primer movimiento ya alcanza una duración comparable a la de muchas sinfonías completas de generaciones anteriores. No es alargar por alargar, sino que Beethoven coge el molde de Haydn y Mozart y lo estira hasta lo imposible logrando un efecto dramático que solo puede definirse como épico. También sigue ahondando en la concepción del último movimiento como elemento dramático con valor específico por sí mismo. Algo que hoy en día nos parece muy obvio, pero que empezó a esbozar Mozart y siguió perfeccionando Beethoven en sus dos primeras sinfonías y desarrolló de manera espectacular en esta tercera. Aquí, el finale deja de ser un simple desenlace para convertirse en un movimiento de enorme peso estructural y expresivo. Un cambio que influyó en casi todos los que vinieron después, de Schubert a Shostakóvich y de Brahms a Sibelius.

Lo difícil con la tercera es decidirse por una versión que encapsule toda la grandeza de la que es para muchos la sinfonía más grande jamás escrita. Hay demasiadas versiones, y muy buenas, pero ninguna es perfecta de por sí. Aun así, me he decidido por sumergirme en las de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín, grabada en 1962, y en la de Wilhelm Furtwängler con la Filarmónica de Viena, grabada en directo en el Musikverein en el invierno de 1944.

De la primera destacaría la forma en la que Karajan diluye la separación de los diferentes movimientos para construir una pieza única que fluye con una coherencia y una pulcritud inmaculadas. Una construcción elegante y limpia que puede que nos esté mostrando a un Beethoven más bello de lo que era en realidad. Porque el compositor gustaba de las aristas y lo rugoso, no lo olvidemos. Algo que Furtwängler muestra con una toma en directo en plenos coletazos finales de la 2ª Guerra Mundial. Una lectura furibunda, expresiva, llena de matices y en la que el director ilumina las tensiones con una maestría inigualable. Véanse, sin ir más lejos, un primer movimiento virulento como pocos y una "Marcha Fúnebre" en la que anula cualquier conato celebratorio para convertirla en un lamento profundo en medio de una era en pleno derrumbe. Una versión que te vapulea y te deja bien claro el porqué del prestigio de esta obra.


1. Allegro con brio
2. Marcia funebre: Adagio assai
3. Scherzo: Allegro vivace
4. Finale: Allegro molto

 No es fácil destacar individualidades en una pieza que hay que escuchar como un todo y en la que prácticamente todo brilla con una luz cegadora. Aun así, me gustaría hacer notar todo el primer movimiento, Allegro con brio, y dentro de él, la célebre entrada anticipada de la trompa. Se trata de una innovación impensable a principios del siglo XIX en la que Beethoven introduce una trompa que anticipa la recapitulación cuando el desarrollo todavía no ha concluido. la cual toca las cuatro notas del tema principal de la sinfonía, pero lo hace cuando nadie lo espera de tal manera que parece un error. Así se lo hizo notar al compositor Ferdinand Ries, alumno y amigo suyo, cuando menospreció al trompista en esa parte la primera vez que presenciaba la interpretación de esta sinfonía. Algo que le valió el enfado de Beethoven hasta, según dicen, casi llegar a las manos. Todo esto sucede entre el minuto 8 y 9 de la sinfonía.

 

Tampoco quiero dejar de señalar una "Marcha Fúnebre" que, en el caso de la grabación de Furtwängler de 1944, ya hemos dicho que suena oscura y doliente hasta el tuétano. Algo que se vio influido por el ambiente en Viena esos 19 y 20 de diciembre. La guerra estaba a punto de terminar y Alemania estaba siendo frenada y casi aniquilada en todos los frentes. Los bombardeos se recrudecían y las sirenas antiaéreas eran el pan nuestro de cada día en las ciudades del Reich. El Musikverein carecía calefacción y no es difícil imaginarse a muchos asistentes embutidos en sus abrigos mientras la guerra se acercaba a su desenlace. Creo que así podremos entender el alcance y la importancia de lo que se vivió allí en esas noches en las que, como esa interpretación de la "Marcha Fúnebre", más que celebrar heroicidades, la gente estaba presenciando inerte el final de toda una era.

martes, 2 de junio de 2026

El navegante interestelar

Starsailor (Tim Buckley, 1970)


EXPERIMENTO CÓSMICO
. Si te apetece relajarte, oir un poquito de guitarrita y hundirte en el sillón, huye de este disco. Como de la peste. No te dejes engatusar por la sonrisa afable de Tim, ni por el carrusel juguetón que es "Moulin Rouge", ni por la leyenda de esa "Song to the Siren" que cualquiera ha cantado con más brillo, más lustre y también más aburrida ortodoxia.

Aquí no hablamos de versiones más o menos lucidas. Esto es la fuente. En cuanto a la canción mencionada y en cuanto al experimento vocal per se. Aquí Tim Buckley raya en la locura en un intento por estirar la dificultad de su disco anterior en busca de los límites de la cordura y el sentimiento. Para ello se vale de su mejor instrumento, su voz infinita y cegadora. El albatros al que siguen sin pestañear los vientos, contrabajos y pianos en un intento por alcanzar un destino que desde el principio se antoja inexistente. Lo que pasa es que a veces no importa a dónde se va, sino el trayecto, y aquí este es alucinante. Free jazz, gritos animales y el corazón en la boca son el combustible para una singladura sin igual por las estrellas.

El disco empieza perezoso y raro como un perro verde, una mezcla que no ayuda. Tenemos que esperar a "Monterey" para "disfrutar" del primer tortazo en toda regla. Se trata de una melopea desquiciada que azuza a un Buckley desatado. En ella nos azota con su inmenso rango vocal, con su expresionismo, con su vuelo acrobático sin red. Todo un descoloque que se acentúa con la continuación, una ortodoxa, graciosa y preciosa "Moulin Rouge". Un contraste brutal que queda despedazado de nuevo con el vuelo planeador de esa maravilla llamada "Song to the Siren", canción que es obligatorio visitar una y otra vez en su toma original para comprobar lo bien que le sientan los hierbajos eléctricos, la hojarasca y la libertad extrema. 

Una libertad que se duplica en la apertura de la cara B, con una infernal "Jungle Fire", y que no pierde fuelle con los fantasmas que pueblan la tétrica canción titular, una psicofonía escalofriante que te pone de los nervios. Y no crean que se queda contento con eso. La penúltima es igual de desquiciante, y cuando ya creemos que no podemos más, nos suelta la trompeta fronteriza con la que abre el glorioso cierre, "Down by the Borderline". Un colofón que nos quita todas las dudas a base, otra vez, de base rítmica minimalista e insistente e incursiones en terrenos inexplorados por parte de los vientos y, cómo no, la voz, esa voz indescriptible, críptica y aguda como la eternidad.

Realmente, después de su escaso minutaje, Starsailor te deja una sensación extraña. A la placidez que sigue a su extinción acompaña un regusto casi sabroso. Una mezcla de satisfacción y tristeza. Al principio puedes creer que es porque no has entendido nada, pero te lo vuelves a poner y compruebas que no, que esa tristeza se parece mucho a lo que se siente cuando se acaba un libro que estás disfrutando con deleite. No quieres que termine, pero quieres saber qué pasa al final, aunque te duela.

★★★★★

A1 Come Here Woman 4:09
A2 I Woke Up 4:02
A3 Monterey 4:30
A4 Moulin Rouge 1:57
A5 Song to the Siren 3:20
B1 Jungle Fire 4:42
B2 Starsailor 4:36
B3 The Healing Festival 3:16
B4 Down by the Borderline 5:22

Total: 35:54

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domingo, 12 de abril de 2026

Te doy la vida

Viviré (Camarón, 1984)

 

FLAMENCO. El disco se abre con un laúd que hilvana pespuntes de belleza cristalina con sus aires morunos. Y un pequeño toque de disonancia, junto a la percusión y al bajo eléctrico, pone a prueba una vez más a los oyentes más vetustos e inmovilistas. Está claro, Camarón no da ni un paso atrás. Olvídense, señores. Ese es el tono en uno de sus discos más majestuosos. Un disco en el que la interpretación del de San Fernando es ardiente y cruda, con una entrega que hace relucir la belleza del dolor más extremo.

Esos toques extravagantes mencionados, algún brochazo de disonancia hiriente, como el comienzo de "Campanas del alba", cuerdas aquí y allá... Todos esos son los aceites novedosos con los que el cantaor pinta este lienzo fastuoso. Un disco que eriza el vello como muy pocos en su catálogo. Una obra que apela al dolor más primario con los adornos más exquisitos. Un álbum profético a solo ocho años del fatal desenlace. "Viviré", canta Camarón, y lo hace con la convicción del que ve lo que se avecina. O eso me parece a mí, tal es su decisión, su inmersión en lo que cuenta y la verdad de un fraseo sobrehumano en claro contraste con su aspecto avejentado y casi yerto.

Pocas veces ha conjurado el cantaor tanto dolor como en estas tonadas de muerte en las que el título del disco, más que una reafirmación, es casi una condena. Incluso cuando le canta al amor ("Nuestros sueños") suena desesperado y descreído, casi implorante. Camarón no parecía estar viviendo el mejor momento en su vida y, como pasa a menudo, esto se traduce en una obra de arte inmarchitable. El disco definitivo con el que nos dice que, de una vez por todas, le importa bien poco lo que digan de él. Nunca iba a poder acallar las voces críticas ya, así que mejor aprender a vivir con ello.

★★★★★

A1 Viviré
A2 Campanas del alba
A3 Mi sangre grita
A4 Mar amargo
B1 Na más que'r día
B2 Nuestros sueños
B3 Dios de la nada
B4 Tres luceros

Total: 31 min.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Peligrosos como un cable pelado

Live and Dangerous (Thin Lizzy, 1978) [DIRECTO]

HARD ROCK. Al César lo que es del César. Antes de Gary Moore, esta banda ya era increíble. Ya tenían un repertorio construido a base de canciones sólidas y duraderas, con un frontman excepcional al que algunos se atreven incluso a llamar poeta. Lo fuera o no, Phil Lynott siemre se encontró como en casa en el escenario. Eso sí que era inapelable. Será por eso que para muchos este sea su mejor disco. Y la verdad, no encuentro motivos para llevarles la contraria. Puede que dude delante de Jailbreak (1976), pero, bien mirado, precisamente ese álbum conforma el esqueleto de este directo de sonido impecable, interpretaciones torrenciales y canciones que van de lo bueno a lo superior. 

Y no soy sospechoso de venderme barato, porque nunca he sido amigo de los discos en vivo. De ahí que me aproxime a este con la ceja levantada para rendirme a la altura de la enorme "Still In Love With You", una canción por la que hubiera matado el Prince de Purple Rain (1984), ahí es nada. Y no es ese el único motivo para agenciarse este compendio de la etapa gloriosa de un gran grupo. Un grupo que está a medio camino entre los jevis y los rockeros algo más abiertos. Esa indefinición me encanta. Y la forma de cantar de Lynott. Y el duelo de guitarras encendidas. Y por supuesto, el constatar que esta banda fue un animal de escenario salvaje y libre en toda la extensión de ambos términos. 

PD: Todo esto lo escribo a pesar de saber la controversia que existe sobre la "pureza" de este "documento". Según algunas fuentes, solo la batería y los gritos del público están grabados en directo y el resto son los infames overdubbings. Me parece algo a tener muy en cuenta, pero al fin y al cabo ¿no es el artificio una parte inseparable de la creación musical? ¿No tendría su mérito el construir esto desde la nada? Yo lo tengo claro, y a pesar de las dudas que puedan surgir, concluyo que no me importa que me mientan si lo que me cuentan es tan bonito.

 ★★★★

A1 Jailbreak
A2 Emerald
A3 Southbound
A4 Rosalie / Cowgirl's Song
B1 Dancing in the Moonlight (It's Caught Me in Its Spotlight)
B2 Massacre
B3 Still in Love With You
B4 Johnny the Fox Meets Jimmy the Weed

C1 Cowboy Song
C2 The Boys Are Back in Town
C3 Don't Believe a Word
C4 Warrior
C5 Are You Ready
D1 Suicide
D2 Sha-La-La
D3 Baby Drives Me Crazy
D4 The Rocker

Total: 76 min.

Aparte de lo que pueda impresionar el disco, su aura también queda dañada —o quizás al contrario, ¿quién sabe?— por las dudas que siempre han surgido acerca de su autenticidad como documento totalmente en directo. La mecha la prendió su productor, Tony Visconti, cuando afirmó que prácticamente el 75% del disco estaba rehecho en el estudio y que solo la batería y parcialmente el público eran auténticos. Incluso mencionó que buena parte del sonido de la audiencia fue creado artificialmente usando sintetizadores.

 

En cuanto a la banda, Phil Lynott solo admitió algunos overdubs necesarios, pero nada que empañara la condición de documento en vivo. El guitarrista, Brian Robertson, afirmó que lo que decía Visconti era "gilipolleces" y que el disco estaba grabado y producido totalmente en vivo.

Nunca va a quedar claro qué parte de este disco es verdad y qué parte pura cosmética. Tampoco va a ayudar a zanjar el debate acerca de cuánto retoque se permite para que un disco siga considerándose un documento en directo. Lo único que importa es que, ya sea porque nos muestra una versión idealizada de la banda, o porque captura con eficacia la fuerza de su despliegue en el escenario, estamos ante un registro descomunal que sigue ganando adeptos y al que nadie consigue bajar de su pedestal entre los mejores directos o "directos" de la historia. Tampoco fue el único que sufrió los supuestos retoques, una práctica más que extendida en la época. Por tanto, se hace necesaria una petición: no lo crucifiquemos sin más,  por favor.  

sábado, 7 de marzo de 2026

Cuando Dios mira para otro lado

The Times They Are a-Changin' (Bob Dylan, 1964)

FOLKDylan nunca ha sido fácil de encasillar. Por eso nunca estuvo del todo a gusto con la etiqueta de cantautor protesta. Por mucho que cogiera tanto del género como lo que acabó devolviéndole. Sin duda, su afiliación a las causas sociales comenzó de manera clara con ese magno The Freewheelin' Bob Dylan (1963) que precedía a este, la auténtica destilación de eso de cantar los dolores de los más débiles.

En este The Times They Are a-Changin' prácticamente todas las piezas tocan hueso en su denuncia de los abusos del poder. También le dedica algo de espacio al amor y sus puñaladas, eso es algo inevitable en el de Duluth, pero el grueso del álbum es un relato del pulso de un tiempo asesino que debíamos (debemos) cambiar a toda costa. "Los tiempos están cambiando" sería la divisa universal sobre la que giran los versos del bardo, aunque con la negrura de sus relatos también nos advierte de que somos nosotros los que debemos darles un empujón para que todo eso se materialice.

Por eso no es de extrañar que el disco sea como es. Fue grabado en medio de las revueltas y la alta concienciación propiciadas por ese Movimiento por los Derechos Civiles que culminó en esa famosa marcha en Washington DC. Dylan empezó a trabajar en él semanas antes, por lo que la influencia es clara en un disco más que imbuido por el ambiente social que se respiraba. Eso lo hizo una obra mucho más adusta y negra que las dos anteriores, lo que la relegó a pequeña decepción para el gran público, pero también la dotó de una gravedad y una autenticidad devastadoras.

Para mí, no tengo dudas al respecto, los años han otorgado una pátina profética y visionaria a unas composiciones que juntas se convierten en lo mejor que hiciera Dylan en esos primeros años. Es verdad que hay poca diversión en cosas tan profundas y dolientes como "Ballad of Hollis Brown" o "North Country Blues". El propio Dylan cambiaría de tercio rápidamente con el siguiente disco. Pero eso no les quita ni una micra de su oscura belleza ni de su certero pesimismo. Y es que hay obras que existen para recordarnos que, para muchos, demasiados, la vida no es ninguna fiesta.

★★★★

A1 The Times They Are A-Changin' 3:12
A2 Ballad of Hollis Brown 5:03
A3 With God on Our Side 7:05
A4 One Too Many Mornings 2:38
A5 North Country Blues 4:33
B1 Only a Pawn in Their Game 3:30
B2 Boots of Spanish Leather 4:38
B3 When the Ship Comes In 3:15
B4 The Lonesome Death of Hattie Carroll 5:45
B5 Restless Farewell 5:32

Total: 45:11

La Marcha sobre Washington para el trabajo y la libertad fue un momento clave en la lucha por los derechos civiles que se libraba en EE.UU. en los años 60. Bajo el lema "empleo, justicia y paz" consiguió aunar a organizaciones sindicales, religiosas y de derechos civiles para remar en la misma dirección. Un instante de armonía en la lucha de clases que hoy parece simplemente imposible.

 

Y en medio de toda esa vorágine, cantautores, poetas y políticos se encontraron para alzar su voz junto a la de un pueblo más que harto del racismo y los desmanes de los poderosos. La marcha culminó en el Mall de Washington DC, donde ese 28 de agosto de 1963 Martin Luther King pronunció su famoso discurso "Yo tengo un sueño".

Los cambios no llegaron de manera instantánea, pero no se puede negar la importancia de una marea sanadora que hizo algo más que instigarlos. Y mientras tanto, Dylan, que también estuvo allí y cantó un par de temas de este álbum, aún por salir. Como siempre, tomando el pulso de los tiempos, profético, eléctrico... Único. 

 

[...] "I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character. I have a dream . . . I have a dream that one day in Alabama, with its vicious racists, with its governor having his lips dripping with the words of
interposition and nullification, one day right there in Alabama little black boys and black girls will be able to join hands with little white boys and white girls as sisters and brothers."
[...] 

(Martin Luther King Jr.)

Full audio + transcript

viernes, 6 de marzo de 2026

El grito

Animalia Lotsatuen Putzua (Lisabö, 2011)

POST-HARDCORE. "El pozo de los animales avergonzados" se abre paso a dentelladas y no deja títere ni cabeza en sus cuarenta minutos de asedio. Así se las gastan los irundarras en su quinto asalto en largo, un disco que suena como lo hace la furia y que duele como un aullido. Las letras son de Martxel Mariskal, como viene siendo marca de la casa en los últimos trabajos del grupo. Y habría que colocarlas en el primer plano que merecen. Son confesiones descarnadas, puñaladas a la conciencia y el entendimiento, disparos secos de auténtica poesía lúcida, personal, desnuda, salvaje. Es como la nieve que golpea la cara en la ventisca, el manto intraspasable que cubre estas canciones aceradas y brutales.

Lisabö parecen aquí más veteranos pero no más viejos. Cargados de experiencia, han facturado una obra más sencilla en lo musical, más directa, más primitiva y más rotunda que todo lo que hayan hecho nunca. Y ya es decir en el currículum de uno de los grupos más crudos y viscerales que tenemos. Lo básico se ha conjurado para sumar en un disco coherente desde su portada mínima e icónica hasta la distribución vinílica de los temas. Ya lo venían anunciando en una discografía matadora, pero aún así no podemos dejar de sorprendernos ante la barbarie de este disco. Todo sucede de una manera maquinal y certera bajo el tictac inclemente de esa batería doble, bajo la rabia en las voces perfectamente empastadas de Karlos Osinaga y Javi Manterola, bajo el noise a tumba abierta.

Ya no se habla de referentes más, Lisabö se han convertido por derecho en un espejo para todo el que tenga la curiosidad de mirarse. A veces pueden parecer un charco embarrado y otras un océano negro y encabritado. Es la grandeza, la inmensidad y la furia del alarido y el escalofrío. El Grito. Y luego el Silencio.

-o-

"No has venido a mi fiesta. No he ido a tu entierro. Ando cuidando tus libros y tus collares, alimentándome de la carcoma en el ático de madera, tragándome los muchos ojos del recuerdo cada vez que cambian de color". ("Oinazearen intimitatea" / "La intimidad del dolor")

★★★★

A1 Oroimenik gabeko filma 6:26
A2 Ez zaitut somatu iristen 5:53
A3 Oinazearen intimitatea 7:28
B1 Gordintasunaren otordu luzea 6:16
B2 Laztan isilen deiadarra 7:18
B3 Ezereza mugak 7:30

Total: 40:51

 

jueves, 5 de marzo de 2026

Ciudadano del mundo

Born in the USA (Bruce Springsteen, 1984)

 

ROCK. Después de las demos en carne viva de Nebraska (1982), el Boss entrega un disco en apariencia radiante y abierto. Nada más lejos de una realidad oculta por esa voz desbocada y esas melodías contagiosas, vibrantes y enternecedoras, pero desoladas en el fondo. Porque si este álbum es su gran viaje por las venas de Norteamérica, es inevitable que esta le acabe helando el corazón. 

Por eso, aunque en primera instancia el séptimo disco del de Nueva Jersey nos parece un disco cálido y sin dobleces, la cosa se va poniendo negra con las escuchas para acabar entendiendo que nos estamos enfrentando a un álbum duro y crudo. Un disco que lo apuesta todo a las melodías más intensas y coreables y que viaja desde la visión de pájaro (nada complaciente por cierto) de todo un país —"Born in the USA"— hasta el microscopio aplicado con intimidad y nostalgia a la ciudad natal como ejemplo de cualquier otra —"My Hometown". Podría ser la tuya, como dice al final. 

Con todo, pasan los años y se acumulan las escuchas. Nos acabamos metiendo discos como este en los entresijos más íntimos de nuestra alma. Tantos, que corremos el peligro de darlos por hechos, de no valorarlos, de no concluir que estamos ante una auténtica obra maestra. Podemos andarnos con melindrosidades y un ojo, más que crítico, inquisidor. Sin embargo, si, como yo, te pones este álbum y no puedes dejar de cantar, si te vibra hasta el último vello de la nuca en cuanto empieza "Downbound Train", para no parar ya hasta que se apaga "My Hometown" como la vela de un ritual... Bueno, no creo que te puedas permitir el lujo de no colocarlo entre tus obras maestras más queridas. 

Porque si no es una obra referencial para la cultura occidental —algo que habría que discutir—, no me cabe duda de que sí que es una obra emocional como pocas, y no solo merece la pena, sino que se hace casi imprescindible. Por encima de cualquier tópico y por encima de cualquier otra estúpida consideración.

★★★★★

A1 Born in the U.S.A. 4:39
A2 Cover Me 3:26
A3 Darlington County 4:48
A4 Working on the Highway 3:11
A5 Downbound Train 3:35
A6 I'm on Fire 2:36
B1 No Surrender 4:00
B2 Bobby Jean 3:46
B3 I'm Goin' Down 3:29 
B4 Glory Days 4:15
B5 Dancing in the Dark 4:01
B6 My Hometown 4:33

Total: 46:19

No se puede ser más obvio. La portada, el título y el brazo en alto ya lo anuncian a los cuatro vientos. Que este disco representa como ningún otro a los EE.UU. es una obviedad de dimensiones bíblicas, algo impepinable. Que se ha malinterpretado hasta la extenuación, también es bien sabido. 

Sin embargo, debo hacer hincapié en ello. No sé si para contrarrestar con mi minúsculo granito de arena cada vez que se ha cogido la canción titular para fines para los que no fue concebida. Quizás para responder a todos esos —políticos patrioteruchos casi siempre— que se la han arrogado para causas casi siempre innobles. No, no dice eso que usted quiere. Más bien lo contrario. No habla de maximalismos. Como todo el disco, aquí se aplica el microscopio y se llega al barrio, al hogar, al individuo y hasta al alma. Todos lo sabemos. Nos lo han dicho miles de veces. Pero seguimos olvidándolo.

sábado, 28 de febrero de 2026

Combustión sostenida

Live/1975-85 (Bruce Springsteen & the E-Street Band, 1986) [DIRECTO]

ROCK“Los conciertos de Bruce Springsteen en 1978 eran apabullantes; tocaba para la posteridad.” (Julio Valdeón) 

Esta frase, que el periodista y escritor español soltó en una entrevista, nada menos que cuarenta años después de la publicación de este disco que nos ocupa, me parece lo más certero para describir lo que contienen sus surcos. Aclarando, eso sí, que esa fiereza y esa plenitud sobre el escenario no se limitaba al año de Darkness on the Edge of Town, sino que ya venía prologada desde mucho antes y que se prolongaría hasta bastante después. Algo que no se puede dudar después de las más de tres horas y media que nos endosa el Boss aquí. 

Una duración capaz de echar para atrás al más pintado, pero una duración necesaria para retratar de la manera más fidedigna posible lo que ha sido, es y será Bruce Springsteen en directo. No creo que pecara de pretencioso con este cofre. Cinco vinilos o tres CDs, Cuarenta canciones que repasan un cancionero inigualable. Unas grabaciones que recogen un arco temporal de diez años, de 1975 a 1985, de la explosión de Born to Run (1975) a la gloriosa masificación de Born in the USA (1984). Diez años en los que no vemos a un artista envejecer paulatinamente y tampoco podemos decir que lo veamos crecer. No, la potencia de Springsteen y sus aliados, que también habría que hablar de esa E-Street Band sin parar, esa incandescencia sobrenatural se crea y se mantiene, pero no se desgasta, no se apaga aquí en ningún momento.

No debería extrañarnos, viendo cómo cuarenta años después el de Nueva Jersey sigue fiel a sus principios y sigue apabullando con recitales interminables que ponen a prueba una resistencia inquebrantable. En estos años, además, Bruce estaba en la cúspide, así, sin paliativos. En cuanto a voz, en cuanto a energía vital y en cuanto a una relación con las musas que le hizo capaz de soltar un reguero de clásicos que parecía interminable. 

Reconozco que en el pasado intenté ponerle pegas a este cofre del tesoro. Así era yo, joven, inexperto y pendenciero. Que si era muy largo, que si no incluyó "Jungleland", que si se pasaba con el dramatismo... Excusas muy baratas, ahora lo veo claro. El que no se entregue de lleno a estas canciones, sinceramente, creo que no tiene corazón. No recuerdo haber probado nunca en mis carnes lo que será someterse a estas más de tres horas y media del tirón. La vida moderna y las responsabilidades hacen de eso casi una utopía. Sin embargo, me he propuesto hacerlo algún día. Si por capítulos es capaz de dejarme sin capacidad de reacción, no quiero ni pensar lo que será una sobredosis de esto.

★★★★★

A1 Thunder Road 5:41
A2 Adam Raised a Cain 5:25
A3 Spirit in the Night 6:22
A4 4th of July, Asbury Park (Sandy) 6:29
B1 Paradise by the "C" 3:34
B2 Fire 3:12
B3 Growin' Up 7:57
B4 It's Hard to Be a Saint in the City 4:37

C1 Backstreets 7:27
C2 Rosalita (Come Out Tonight) 9:59
C3 Raise Your Hand 5:10
D1 Hungry Heart 4:28
D2 Two Hearts 3:05
D3 Cadillac Ranch 4:50
D4 You Can Look (But You Better Not Touch) 3:51
D5 Independence Day 5:09

E1 Badlands 5:15
E2 Because the Night 5:18
E3 Candy's Room 3:09
E4 Darkness on the Edge of Town 4:28
E5 Racing in the Street 8:13
F1 This Land Is Your Land 4:17
F2 Nebraska 4:16
F3 Johnny 99 4:21
F4 Reason to Believe 5:15

G1 Born in the U.S.A. 6:07
G2 Seeds 5:13
G3 The River 11:37
H1 War 4:51
H2 Darlington County 5:12
H3 Working on the Highway 3:59
H4 The Promised Land 5:32

I1 Cover Me 6:58
I2 I'm on Fire 4:23
I3 Bobby Jean 4:27
I4 My Hometown 5:08
J1 Born to Run 5:02
J2 No Surrender 4:42
J3 Tenth Avenue Freeze-Out 4:18
J4 Jersey Girl 6:31

Total: 215:48 

jueves, 29 de enero de 2026

Música rebelde

Natty Dread (Bob Marley & the Wailers, 1974)

 

REGGAE. Bob Marley toma las riendas más que nunca y eso se refleja en la misma portada, con ese fantástico dibujo de su rostro en primer plano y con esa firma que cambia el anterior "The Wailers" por "Bob Marley & The Wailers". También en la autoría de unas canciones que, aunque aparecen firmadas por mil manos, muchas veces parientes o amigos, no dejan de ser obra exclusiva de Marley. Los problemas contractuales por los que atravesaba parece que fueron el detonante de esta maniobra de distracción.

No fue lo único novedoso en este séptimo disco del jamaicano. El primer álbum tras el abandono del grupo de Peter Tosh y Bunny Wailer es una obra en la que se redobla el compromiso sociopolítico y el tono espiritual. Las canciones de Natty Dread rebosan denuncia y misticismo, temáticas que elevan a los cielos a un puñado de melodías que puede que sean lo más inspirado que Marley escribiera nunca. Al menos como conjunto. 

Además de todo esto, destacaría el tono soul que proporciona una nueva incorporación que iba a ser capital en el devenir de la carrera genio antillano. Me refiero a la inclusión de las míticas I Threes, trío vocal que incluía a Rita, esposa de Bob, y que dotó al sonido del grupo de una dulzura y una potencia estratosféricas. Una adición nada anecdótica y que contribuye, no me cabe la menor duda, a hacer de este disco una de sus mejores obras.

Para mí, Natty Dread es un aspirante muy serio a mejor disco de Marley y los Wailers. Es cierto que Catch a Fire (1973) marcó un antes y un después, y su importancia puede ser objetivamente mayor, pero el nivel de disfrute que me provoca este álbum es por momentos superior. Prácticamente no hay momentos desechables aquí. Todo fluye en una secuencia infecciosa y adictiva, las letras te secuestran irremisiblemente y las músicas no abandonan lo memorable en ningún momento. Más allá de la manoseada "No Woman No Cry", fastuosa por otra parte, Natty Dread tiene tal cantidad de ganchos y de momentos excelsos que simplemente nunca se acaba. Sea el mejor o no, siempre encontraremos un nuevo motivo para amarlo. Sí, es uno de esos pocos.

★★★★★

A1 Lively Up Yourself 5:29
A2 No Woman, No Cry 4:06
A3 Them Belly Full (But We Hungry) 3:10
A4 Rebel Music (3 O'Clock Road Block) 6:40
B1 So Jah Seh 4:25
B2 Natty Dread 3:33
B3 Bend Down Low 3:10
B4 Talkin' Blues 4:06
B5 Revolution 4:20

Total: 38:59 

martes, 27 de enero de 2026

¡Levántate, Babilonia!

Burnin' (The Wailers, 1974)

 

REGGAE. Sacado de la misma camada de canciones que los Wailers escribieron para Catch a Fire (1973), grabado como ese álbum de manera cruda en Jamaica y depurado y mezclado en Londres durante la gira del disco anterior, Burnin' supuso la reafirmación de Bob Marley y los suyos como embajadores de una música que había venido para quedarse. También iba a ser lastimosamente el último álbum en el que colaboraran Marley, Peter Tosh y Bunny Wailer, auténticos motores creativos del combo.

La base de esta exuberancia sónica siempre ha estado en el perfecto ensamblaje de fuerzas que ha caracterizado a los Wailers. Un ensamblaje que tiene su clave en una base rítmica dúctil, melódica y tremendamente versátil. Ahí es donde entran los hermanos Carlton y Aston Barrett. El primero a las percusiones y el segundo al bajo y en el papel de inefable y ultrarreconocible director musical de la banda. Piezas que sí que siguieron acompañando a Marley en una aventura que no había hecho más que empezar y que fueron bastante culpables del éxito que llevaban amasado y el que les esperaba.

Pero no nos adelantemos. El trío de ases en voces y composición del que hablábamos seguía activo y a pleno rendimiento para un álbum que se escoró hacia lo combativo de manera más clara. Ahí están temas para encender la mecha de la revuelta como "Get Up, Stand Up", "Burnin' and Lootin'" o "I Shot the Sheriff". Himnos instantáneos que nos muestran a unos compositores en plenitud, si bien no ocultan el desgaste que había sufrido un grupo que apenas había empezado a caminar. Si no, cómo se explica la regrabación de temas que ya habían lanzado en sus coproducciones primerizas para el sello Upsetters de Lee Perry.

Son temas algo más imberbes y se nota. Lo que no quita que disfrute mucho canciones como "Put It On", "Small Axe" o "Duppy Conqueror". Puede que se les vean las costuras y se perciba que pertenecen a otra era en la banda, pero no suponen bajón alguno en cuanto al nivel. No como una más plana "Pass It On", que tampoco erosiona un trabajo bien construido y mejor acabado. Un disco básico para entender la música jamaicana en su despertar al mundo, con espacio también para lo espiritual. Ojo al cierre con una "Rasta Man Chant" que parece querer reconciliar a la banda con sus ancestros y con una forma de hacer música que podía estar quedando diluida en una fusión babilónica que no por necesaria iba a dejar de tener detractores y de sembrar dudas en el mismo seno de la banda. Dudas que iban a dejarnos al hilo de tres carreras discográficas diferentes, interesantes todas, pero entre las que no hay color a favor de un Marley que se acabaría haciendo fuerte para convertirse en la figura global más importante salida de los márgenes de la cultura "occidental". 

Otra historia que iremos contando a su debido tiempo, pero no olvidemos que los orígenes de esa epopeya están en estos años convulsos y definitorios.

★★★★★

A1 Get Up, Stand Up 3:15
A2 Hallelujah Time 3:27
A3 I Shot the Sheriff 4:39
A4 Burnin' and Lootin' 4:11
A5 Put It On 3:58
B1 Small Axe 4:00
B2 Pass It On 3:32
B3 Duppy Conqueror 3:44
B4 One Foundation 3:20
B5 Rasta Man Chant 3:43

Total: 37:49

domingo, 25 de enero de 2026

¡Toma fuego!

Catch a Fire (Bob Marley & The Wailers, 1973)

REGGAE. El tamaño colosal de esta obra se mide directamente por el agujero que dejó tras su impacto. Sus dimensiones sobrepasan toda explicación porque no hay manera de encontrar un porqué a la conjunción de astros que crearon el disco que iba a proyectar al reggae a escala mundial. Para ello Marley y los suyos se atrevieron a enturbiar la pureza ruda de su roots reggae y gracias a esos toques de rock y soul, de ese subir la guitarra en la mezcla en los momentos clave o darle protagonismo a ese clavinet majestuoso en "No More Trouble", consiguieron ese mestizaje del que muchos reniegan, pero que siempre es lo que más llega cuando se hace en su justa medida.

Sí, la crudeza en bruto de las grabaciones que los Wailers hicieron en Jamaica no fue del gusto de Island, y por una vez, el intento por endulzarlas dio con hallazgos más que interesantes. El resultado de tamaña intromisión es una grabación que conserva la gravedad del bajo de Aston "Family Man" Barrett, el auténtico esqueleto junto a las percusiones selváticas y sabrosísimas de su hermano Carlton, entre las que se cuela sin pudor. Y sin dañar la monstruosa base rítmica, se permiten intromisiones, como ya he mencionado, de guitarras que arriman esto peligrosamente al rock, pero no, es imposible enmascarar la humedad ecuatorial que lo impregna todo.

Catch a Fire también sorprende porque su impacto no se corresponde con el que se esperaría de una obra con tanto contenido social y político. La denuncia de la que Marley siempre haría gala está ya aquí patente, dura como la roca. Una roca que se empeña en erosionar con la dulzura infinita de su voz macerada en ron y caña de azúcar. Y sí, en otras sustancias que han acabado por anegar el imaginario universal, haciendo al género inseparable del humo del ganja que parece impregnar los surcos de un disco que, por supuesto, es mucho más que eso. Sí, pero tampoco se puede separar de los rituales de la marihuana. El zippo sobre el que se construye la mítica portada habla con una elocuencia solo superada por la música. Imprescindible.

★★★★★

A1 Concrete Jungle 4:12
A2 Slave Driver 2:54
A3 400 Years 2:45
A4 Stop That Train 3:55
A5 Baby We've Got a Date (Rock It Baby) 4:06
B1 Stir It Up 5:30
B2 Kinky Reggae 3:36
B3 No More Trouble 3:56
B4 Midnight Ravers 4:57

Total: 35:51

Este disco nos invita de manera clara a reflexionar sobre el exceso de querencia por lo primigenio, lo puro, lo tradicional... Su proceso creativo, sus renuncias y su zambullida en aguas ignotas ponen sobre la mesa la importancia de pegarse a la tradición conviviendo con la necesidad de innovar para avanzar y ampliar tu radio de acción.

En 2001 Tuff Gong se sacó de la manga una edición que incluía las tomas originales que se grabaron y mezclaron en Jamaica. Unas tomas que se llevaron a Londres para modificarse con las adiciones y retoques que conformaron el Catch a Fire definitivo.

 

Un álbum que puede que perdiera parte de ese sabor local, pero lo hizo a cambio de una ganancia mucho más grande. Y no hablo de cuestiones económicas, donde también reventó de éxito, sino del hecho de que gracias a esa supuesta "domesticación", lograron crear un álbum de alcance global, catapultando al reggae a una dimensión desconocida de éxito desde ese mismo momento. Creo que sería injusto y tontorrón no reconocer que el disco quedó mejor así. No solo por su éxito, sino porque con esa decisión Bob Marley y sus compañeros estaban creando algo novedoso y de un impacto que no podrían haber alcanzado de otra forma. Una delicia musical perdurable que ha llegado intacta a nuestros días y que seguirá manteniéndose fresca durante eones. 

viernes, 16 de enero de 2026

Here comes the man

I'm Your Man (Leonard Cohen, 1989)
 
 
 
CANCIÓN ENGALANADA. En esta época, Leonard Cohen estaba luchando por salir de la irrelevancia en la que le habían sumido sus últimos movimientos discográficos. Su ritmo se había ralentizado desde hacía lustros y entregaba un disco cada cinco años. Eso siempre ha ido a favor de la calidad de una discografía intachable, pero también suponía una amenaza a la hora de mantener el interés del público. Así, si con Various Positions (1984) había logrado conquistar a un público maduro deseoso de rememorar las glorias del pasado, con este I'm Your Man se confirma como el artista imprescindible que siempre ha sido y asalta las listas con una fuerza renovada e implacable.

Al grito de "First We Take Manhattan" el álbum de la esplendorosa madurez de Cohen va imponiendo sus detalles, su exotismo y las verdades de una poesía que suena más libre que nunca, para cantarle al inconformismo, al anhelo, a la arrogancia y a las simas insondables del amor. Para ello invoca a Lorca y a Hank Williams y rodea sus canciones de orquestaciones electrónicas donde la amenaza y lo exótico conviven en una armonía tan imposible como real.
  
Cohen hace gala de su dominio interpretativo y demuestra que sabe cómo acariciar y rascar como la lija con esa voz dorada, ese instrumento de dominación que va perdiendo octavas con los años y ganando hombría y profundidad. Canta, recita, se pierde en la gravedad de los abismos más negros y se deja acompañar por ese coro de ángeles que ya brilla con fuerza aquí.

Por una vez el intento por sonar moderno y relevante no se queda en nada. Era peligroso eso de añadir capas de sintetizadores a unos versos que siempre se habían mostrado más cómodos con una instrumentación más espartana. Es cierto que, después de experimentos como el muro de sonido de Phil Spector en Death of a Ladies Man (1977), estamos curados de espantos, pero eso no quita que se pueda acceder a I'm Your Man con un cierto recelo. Un recelo que es dinamitado por una voz auténtica que dice cosas implacablemente bellas. Una voz que sella con este disco el momento más estremecedor de una etapa de madurez que ofrecería alguna que otra gema más, pero que nunca alcanzaría las cotas de calidad del último alarido libertario del poeta canadiense.
 
★★★★
 
A1 First We Take Manhattan 6:01
A2 Ain't No Cure for Love 4:50
A3 Everybody Knows 5:36 ❤
A4 I'm Your Man 4:28 ❤
B1 Take This Waltz 6:00 ❤
B2 Jazz Police 3:53
B3 I Can't Forget 4:31
B4 Tower of Song 5:37
Total: 40:56

Austin City Limits #1411 [Friends of Austin City Limits — Leonard Cohen] (Leonard Cohen 1989) [VIDEO]

CONCIERTO ENGALANADO . Directo emitido por la TV norteamericana basado en el exuberante repertorio del muy reciente I'm Your Man (1988). Dentro del muy exigente y prestigioso programa Austin City Limits, el cantautor se presenta elegante y perfectamente arropado por músicos y coristas. En esa tesitura, con la que afrontar el final del milenio, Cohen desgrana unas canciones que ya forman parte de la conciencia colectiva. Toda una celebración de la palabra ante un público totalmente entregado.

El pero lo ponen un "The Partisan" demasiado movidito y una "Joan of Arc", versión soul adulto, algo aburrida. El colofón, sin embargo, es un ascenso a los cielos con unas "If It Be Your Will" y "Take This Waltz" inolvidables. La demostración sin tapujos ni fisuras de la absoluta grandeza del disco que vertebra este concierto. Y la aceptación definitiva del canadiense dentro de los exigentes círculos de la música tradicional norteamericana, que lo acogen para venerarlo a partir de este momento con uno de los conciertos históricos de la serie.

☆★★★

1. First We Take Manhattan
2. Tower of Song
3. Everybody Knows
4. Ain't No Cure for Love
5. The Partisan (Marly/Zaret)
6. Joan of Arc
7. Jazz Police (Cohen/Fisher)
8. If It Be Your Will
9. Take This Walt

Total: 61 min.

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sábado, 10 de enero de 2026

Belleza entre los cascotes

Songs of Love and Hate (Leonard Cohen, 1971)
 
 
CANCIÓN SUICIDA. Todos lo hemos pensado alguna vez: vivimos en el peor de los mundos posibles, uno en el que el dolor es perpetuo y en el que estamos condenados a perseguir aquello que nunca conseguiremos. Un pensamiento universal que cobra todo su sentido con estas canciones insondables como el océano más negro. Un pensamiento que encaja con el tercer disco de Leonard Cohen como un guante. Porque si a Cohen se le ha alineado, acertadamente o no, con lo más negro del pesimismo schopenhaueriano, es en grandísima medida por este álbum, uno de los momentos más negros de la historia de la música. Una negrura mate como esa portada sin matices en la que el autor aparece sonriente aplastado por esas canciones de amor y odio del título.

La liturgia se abre con, quizás, el mejor momento del canadiense. El desgarro abre sus alas de albatros en "Avalanche", un alud sentimental que hiere con palabras durísimas. Reproches y anhelos tras el destrozo de una relación con la amante o con Dios. "Last Year's Man" es el retrato del artista atormentado y el dolor del parto creativo en grado sumo. "Dress Rehearsal Rag" es simple y llanamente la captura de un suicidio a cámara lenta. "Diamonds in the Mine" va sobre abortos, asesinatos y sequedad. "Love Calls You By Your Name" intenta alegrar el día pero te deja aún más pensativo y taciturno. Es cierto, el amor te espera y es especial y único para cada uno, pero siempre hay algo acechando, oculto entre la oscuridad y el escenario, entre el túnel y el tren, entre el traidor y su dolor y entre la víctima y la mancha. 
 
Demasiadas preguntas como para poder soportarlo. Se hace necesario un momento de nostalgia, como la maravillosa "Famous Blue Raincoat", recuerdos entre lágrimas sobre la melodía más melancólica posible. Un relato sobre un trío amoroso que parece sacado de su novela Beautiful Losers (1966). "Sing Another Song Boys" está llena de autismo y deseos insatisfechos. Y por último, "Joan of Arc", otro de los momentos clave del canadiense, se regodea en el sacrificio y el poder del amor. Un puntito de esperanza a pesar de su taciturna melodía. Porque al final toda esta pasión y este anhelo se consume en sus propias llamas entre la crueldad y el brillo.

Y aquí se acaba. Sin aspavientos, tras ocho temas sofocantes e intensos. Cohen vuelve a hacerlo de nuevo. Una vez más se muestra infalible a la hora de describir el alma humana. Desde el lado más oscuro posible esta vez. Una aproximación que apela a nuestra empatía y a nuestros terrores más inconfesables. Como decir que te encanta este disco, que te ha salvado la vida varias veces. Pocos serían capaces de admitirlo. No, Songs of Love and Hate nunca será algo de lo que estar orgulloso. Pero qué falta nos hace.
 
★★★★
 
A1 Avalanche 4:59 
A2 Last Year's Man 5:58 
A3 Dress Rehearsal Rag 6:02
A4 Diamonds in the Mine 4:00
B1 Love Calls You by Your Name 5:37
B2 Famous Blue Raincoat 5:06 
B3 Sing Another Song, Boys 6:09
B4 Joan of Arc 6:22
Total: 44:13

Aprovecharemos la ocasión. A Leonard Cohen no hay comparación, ni literaria ni de ningún tipo, que pueda venirle grande. Será que ya era un escritor reputado cuando decidió colgarse la guitarra o será que lo suyo con el arte siempre ha sido una cosa muy seria, pero con su obra, y este disco en particular, se agolpan las referencias a cual más leída y a cual más profunda.

 

Schopenhauer y su pesimismo laten con fuerza en los versos del poeta canadiense. Y más que nunca en este tercer disco, pero no quisiera dejar pasar la oportunidad de relacionarlo con ese fastuoso y abisal Carl Theodor Dreyer, cineasta danés de un compromiso y una visión personales e irrenunciables. Concretamente, supongo que lo adivinarán, me fijo en esa obsesión que es La pasión de Juana de Arco, cinta de 1928 en la que Dreyer nos fulmina a través de la interpretación sobrenatural de una Maria Falconetti hecha icono para siempre a través de la mirada del danés.

Unos planos cortos que retratan el alma humana y que no se me quitan de la mente cuando suena este disco. Por supuesto que por esa "Joan of Arc" que habla por sí misma, pero también por "Avalanche", "Love Calls You by Your Name" y demás piras funerarias en las que purgar los pecados, los anhelos y las derrotas más amargas.

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Cuando no queda nada

Il n'y a plus rien (Léo Ferré, 1973)

 

CHANSON INCENDIAIRE. El vigésimo sexto disco de Léo Ferré es una nueva cumbre. Quizás la más alta de su discografía, lo que no es decir poco. Un álbum que, tras el paréntesis de una recreación increíble de su clásico La chanson du mal aimé (1972) y dos discos en italiano, recoge el testigo de La solitude (1971) para ahondar en la desesperanza hasta el nihilismo. Porque si en el disco del 71 la esperanza de crear un mundo nuevo a través de la unión se empezaba a agotar, aquí solo queda un cráter vacío y apagado por completo.

Un desencanto extremo que no evita que Ferré, con 57 años por entonces, se emplee a fondo para seguir encontrando nuevas vetas para su arte. Aquí no hay rock, como en Amour anarchie (1970), pero sigue habiendo desgarro y electricidad en unas palabras que se derraman de su garganta como ríos, irrefrenables y salvajes como nunca. De los seis temas, solo dos bajan de los cinco minutos, y los dieciséis del cierre conforman un recitado semiautomático espeluznante en el que importa tanto lo que pasa en la superficie—las palabras en la forma de un manifiesto furioso, visionario— como lo que bulle debajo: una música coleante, hermosa y evocadora, en las antípodas de la dureza monocorde de ejercicios similares, como esa también brutal "Psaume 151" de 1970. Desde luego, si no es su mejor canción, seguro que está en el pódium.

Una canción que contiene todo lo excesivo y desatado que ha habitado en Ferré desde siempre. Sí, también soy consciente de su tendencia a tomarse a sí mismo demasiado en serio, de que puede sonar demasiado dogmático y sermonear más allá de sus posibilidades. No voy a decir que eso sea algo bueno ni necesario. Es cierto también que aquí suaviza todo ese gigantismo ególatra en unos versos en los que se sigue sabiendo poeta, pero en los que también deja claro que no espera nada de ninguna revolución. Además, se incluye en el desastre de ese mundo que soñó, pero que es consciente de que nunca se hará realidad. 

Todo esto construye un disco especialmente difícil y escarpado dentro de una discografía llena de ellos. Un disco que se erige en el epítome de un artista demasiado adusto y demasiado autoinvestido de inmortalidad. Sin embargo, debemos tener claro que nada de esto es forzado y, sobre todo, que ninguna de estas opiniones podrían importarle lo más mínimo. Que no se nos olvide eso.

★★★★★

A1 Préface 3:20
A2 Ne chantez pas la mort 7:34
A3 Night and Day 6:40
A4 Richard 5:08
B1 L'oppression 4:18
B2 Il n'y a plus rien 15:55

Total: 42:55