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miércoles, 10 de junio de 2026

A hombros de los gigantes

Título: Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, Op. 55; "Heroica"
Título original: Sinfonía eroica, composta per festeggiare il sovvenire d'un grand'uomo
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1803-04
 Género: Romanticismo/Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • »Eroica« (Herbert von Karajan / Berliner Philharmoniker, 1963) ★★★★☆
  • Symphony No. 3 "Eroica" (Wilhelm Furtwängler / Wiener Philharmoniker, 1998 [1944]) ★★★★★ 
 

Beethoven empezó a escribir su tercera sinfonía a mediados de 1803 a partir de unos esbozos realizados en el verano del año anterior. No hay acuerdo en cuanto a su finalización, la cual los historiadores sitúan entre el otoño de 1803 y principios de 1804. Lo que sí parece claro es que se interpretó por primera vez en la primavera de 1804, en un concierto privado organizado en la residencia vienesa del príncipe Lobkowitz, destinatario final de la dedicatoria de la pieza.

De todos es conocido que esta sinfonía iba a ser un homenaje a Napoleón Bonaparte, héroe de las guerras revolucionarias y símbolo de los ideales republicanos. En un principio, claro, porque, como ya sabemos, no tardó en autoproclamarse emperador, hecho que molestó sobremanera a un Beethoven humanista, que no pudo más que borrar su dedicatoria con tanta fuerza en el manuscrito que le hizo un agujero que todavía podemos admirar hoy. Es solo una teoría acerca del rasgado que tiene la primera página de la partitura, pero no me negarán que es más que plausible.

Hasta aquí el contexto histórico de una sinfonía que está entre las piezas más importantes, influyentes y decisivas de la historia de la música. No estamos, pues, ante una obra cualquiera. Para empezar, en su primer movimiento ya alcanza una duración comparable a la de muchas sinfonías completas de generaciones anteriores. No es alargar por alargar, sino que Beethoven coge el molde de Haydn y Mozart y lo estira hasta lo imposible logrando un efecto dramático que solo puede definirse como épico. También sigue ahondando en la concepción del último movimiento como elemento dramático con valor específico por sí mismo. Algo que hoy en día nos parece muy obvio, pero que empezó a esbozar Mozart y siguió perfeccionando Beethoven en sus dos primeras sinfonías y desarrolló de manera espectacular en esta tercera. Aquí, el finale deja de ser un simple desenlace para convertirse en un movimiento de enorme peso estructural y expresivo. Un cambio que influyó en casi todos los que vinieron después, de Schubert a Shostakóvich y de Brahms a Sibelius.

Lo difícil con la tercera es decidirse por una versión que encapsule toda la grandeza de la que es para muchos la sinfonía más grande jamás escrita. Hay demasiadas versiones, y muy buenas, pero ninguna es perfecta de por sí. Aun así, me he decidido por sumergirme en las de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín, grabada en 1962, y en la de Wilhelm Furtwängler con la Filarmónica de Viena, grabada en directo en el Musikverein en el invierno de 1944.

De la primera destacaría la forma en la que Karajan diluye la separación de los diferentes movimientos para construir una pieza única que fluye con una coherencia y una pulcritud inmaculadas. Una construcción elegante y limpia que puede que nos esté mostrando a un Beethoven más bello de lo que era en realidad. Porque el compositor gustaba de las aristas y lo rugoso, no lo olvidemos. Algo que Furtwängler muestra con una toma en directo en plenos coletazos finales de la 2ª Guerra Mundial. Una lectura furibunda, expresiva, llena de matices y en la que el director ilumina las tensiones con una maestría inigualable. Véanse, sin ir más lejos, un primer movimiento virulento como pocos y una "Marcha Fúnebre" en la que anula cualquier conato celebratorio para convertirla en un lamento profundo en medio de una era en pleno derrumbe. Una versión que te vapulea y te deja bien claro el porqué del prestigio de esta obra.


1. Allegro con brio
2. Marcia funebre: Adagio assai
3. Scherzo: Allegro vivace
4. Finale: Allegro molto

 No es fácil destacar individualidades en una pieza que hay que escuchar como un todo y en la que prácticamente todo brilla con una luz cegadora. Aun así, me gustaría hacer notar todo el primer movimiento, Allegro con brio, y dentro de él, la célebre entrada anticipada de la trompa. Se trata de una innovación impensable a principios del siglo XIX en la que Beethoven introduce una trompa que anticipa la recapitulación cuando el desarrollo todavía no ha concluido. la cual toca las cuatro notas del tema principal de la sinfonía, pero lo hace cuando nadie lo espera de tal manera que parece un error. Así se lo hizo notar al compositor Ferdinand Ries, alumno y amigo suyo, cuando menospreció al trompista en esa parte la primera vez que presenciaba la interpretación de esta sinfonía. Algo que le valió el enfado de Beethoven hasta, según dicen, casi llegar a las manos. Todo esto sucede entre el minuto 8 y 9 de la sinfonía.

 

Tampoco quiero dejar de señalar una "Marcha Fúnebre" que, en el caso de la grabación de Furtwängler de 1944, ya hemos dicho que suena oscura y doliente hasta el tuétano. Algo que se vio influido por el ambiente en Viena esos 19 y 20 de diciembre. La guerra estaba a punto de terminar y Alemania estaba siendo frenada y casi aniquilada en todos los frentes. Los bombardeos se recrudecían y las sirenas antiaéreas eran el pan nuestro de cada día en las ciudades del Reich. El Musikverein carecía calefacción y no es difícil imaginarse a muchos asistentes embutidos en sus abrigos mientras la guerra se acercaba a su desenlace. Creo que así podremos entender el alcance y la importancia de lo que se vivió allí en esas noches en las que, como esa interpretación de la "Marcha Fúnebre", más que celebrar heroicidades, la gente estaba presenciando inerte el final de toda una era.

sábado, 23 de mayo de 2026

Diálogo profundo

 
Título: Concierto para piano nº 3 en do menor, Op.37
 Título original: Concerto pour le Pianoforte avec accompagnement d’Orchestre en ut mineur, Op. 37 
Autor: Ludwig Van Beethoven
 Año de composición: 1800-02
 Género: Concierto para piano y orquesta

Grabaciones de referencia:

  • Piano Concerto No. 3 in C minor, Op. 37 (Daniel Barenboim / Berliner Staatskapelle, 2007) [VIDEO]
  • Concerto for Piano and Orchestra No. 3 / Symphony No. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan / Glenn Gould, 2008) ★★★☆☆

 

He aquí una de las obras clave para entender a un Beethoven todavía joven que ya aspiraba a las cotas más altas de prestigio y consolidación entre el público. Un pianista conocido por su estilo enérgico y apasionado en la Viena de la época. También por su incalculable capacidad improvisatoria. Sin embargo, todavía estaba lejos de su época heroica de madurez. Detalles todos que podemos apreciar en sus conciertos para piano, todos intensos y apasionados, si bien hoy nos vamos a centrar en el tercero.

Este concierto para piano y orquesta lo empezó a pergeñar Beethoven, según la mayoría de estudiosos, a finales del siglo XVIII, revisándolo en diferentes fases hasta 1802, según las fuentes autorizadas. Se trata de un concierto con un primer movimiento claramente deudor de su admirado Mozart, concretamente de su Concierto para piano mº 24 (1786), también en do menor. Aquí Beethoven, más que imitar de manera inerte, digiere y expande la obra del austriaco para usarla como punto de partida en un viaje que se torna una experiencia absolutamente dramática y expansiva. 

Él mismo estrenó esta obra en 1803, dirigiéndola e interpretando las partes al piano, en un ejercicio de control total que dice mucho sobre su apabullante personalidad. Como ejemplo de su carácter impulsivo e irreductible, mencionaré las palabras de su amigo, Ignaz von Seyfried, el cual se encargaba de pasarle las hojas de las partituras en sus conciertos: "No vi nada salvo páginas en blanco; como mucho, en alguna que otra página, unos cuantos jeroglíficos egipcios totalmente ininteligibles para mí aparecían garabateados para servirles de pista: y es que tocaba todas las partes solistas de memoria, ya que, como solía ser el caso, no había tenido tiempo para escribirlas en papel."

Creo que con eso queda todo dicho, y a la vez se plantea la duda de si debemos criticar tanto enfoques como el de Glenn Gould, que seguía esa costumbre de tocar sin partitura al pie de la letra, o quizás deberíamos tomarlo como algo puramente beethoveniano. Porque precisamente una de las grabaciones que he usado como referencia para esta obra es la que hizo el pianista canadiense bajo la dirección de Herbert von Karajan. Dirección por decir algo, porque más bien parece un enfrentamiento en el que el austriaco no se pliega al estilo de Gould y se limita a dirigir la orquesta en un diálogo de besugos tan intenso y beligerante que acaba siendo una de las grabaciones más interesantes que se puedan escuchar de este concierto. La grabación se produjo en 1954 para ser rescatada en 2008. Toda una revelación, ya que entre toda la tensión y el enfrentamiento que ofrece el estilo pétreo y monolítico de Karajan contra los arabescos fragmentarios y excesivamente intrincados de Gould podemos encontrar revelaciones inéditas y totalmente inesperadas. Al menos en algunos momentos.

Aun así, una vez saciado nuestro interés por el morbo más heterodoxo, es obligatorio centrarse y sumergirse en la fantástica recreación que hizo Daniel Barenboim (dirección y piano) en el Klavier-Festival del Ruhr. Ahí dejamos de oír a Gould para empezar a oír a Beethoven. Y es que por la claridad en los planos sonoros, la naturalidad rítimica de Barenboim y la integración perfecta entre el piano y la orquesta podemos decir que estamos ante uno de los trabajos de referencia para este concierto para piano. Un trabajo pulcro, elegante y de una sensibilidad infinita para hacer justicia a una obra que puede que no esté entre las más grandes del canon beethoveniano, pero que es una gozada de principio a fin. 

1. Allegro con brio
2. Largo
3. Rondo