Grabaciones de referencia:
- Piano Concerto No. 3 in C minor, Op. 37 (Daniel Barenboim / Berliner Staatskapelle, 2007) [VIDEO]
- Concerto for Piano and Orchestra No. 3 / Symphony No. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan / Glenn Gould, 2008) ★★★☆☆
- The Five Piano Concertos (Emil Gilels, George Szell, Cleveland Orchester, 2019)

He aquí otro de los ciclos clave para entender a un Beethoven todavía joven que ya aspiraba a las cotas más altas de prestigio y consolidación entre el público. Un pianista conocido por su estilo enérgico y apasionado en la Viena de la época. También por su incalculable capacidad improvisatoria. Un pianista que empieza atisbando su madurez en la distancia para acabar cerrando el ciclo ya metido de lleno en su etapa heroica. Detalles todos que podemos apreciar en sus conciertos para piano, todos intensos y apasionados, si bien hoy nos vamos a centrar en el tercero y el quinto.
El concierto para piano y orquesta nº 3 lo empezó a pergeñar Beethoven, según la mayoría de estudiosos, a finales del siglo XVIII, revisándolo en diferentes fases hasta 1802, según las fuentes autorizadas. Se trata de un concierto con un primer movimiento claramente deudor de su admirado Mozart, concretamente de su Concierto para piano nº 24 (1786), también en do menor. Aquí Beethoven, más que imitar de manera inerte, digiere y expande la obra del austriaco para usarla como punto de partida en un viaje que se torna una experiencia absolutamente dramática y expansiva.
Él mismo estrenó esta obra en 1803, dirigiéndola e interpretando las partes al piano, en un ejercicio de control total que dice mucho sobre su apabullante personalidad. Como ejemplo de su carácter impulsivo e irreductible, mencionaré las palabras de su amigo, Ignaz von Seyfried, el cual se encargaba de pasarle las hojas de las partituras en sus actuaciones: "No vi nada salvo páginas en blanco; como mucho, en alguna que otra página, unos cuantos jeroglíficos egipcios totalmente ininteligibles para mí aparecían garabateados para servirles de pista: y es que tocaba todas las partes solistas de memoria, ya que, como solía ser el caso, no había tenido tiempo para escribirlas en papel."
El nº 5, por su parte, conocido como "Emperador", fue compuesto en 1809, cerrando el ciclo de manera monumental. Una música que mira claramente hacia el romanticismo y que hace honor a su sobrenombre, puesto tiempo después, aunque no se sabe con certeza de dónde ni de quién vino la idea. Tampoco hay certeza acerca de si con "Emperador" se refieren a Napoleón, aunque es una idea bastante extendida. No parece que Beethoven buscara un nombre grandilocuente para este concierto y, además, es bien conocida su opinión acerca de la heroicidad de un personaje al que empezó respetando y acabó despreciando como el dictador en el que se convirtió.
Creo que con eso queda todo dicho acerca de dos obras clave dentro del canon, y a la vez se plantea la duda de si debemos criticar tanto enfoques como el de Glenn Gould, que seguía esa costumbre de tocar sin partitura, o quizás deberíamos tomarlo como algo puramente beethoveniano. Porque precisamente una de las grabaciones que he usado como referencia para el tercer concierto es la que hizo el pianista canadiense bajo la dirección de Herbert von Karajan. Dirección por decir algo, porque más bien parece un enfrentamiento en el que el austriaco no se pliega al estilo de Gould y se limita a dirigir la orquesta en un diálogo de besugos tan intenso y beligerante que acaba siendo una de las grabaciones más interesantes que se puedan escuchar de este concierto. La grabación se produjo en 1957 para ser rescatada en 2008. Toda una revelación, ya que entre toda la tensión y el enfrentamiento que ofrece el estilo pétreo y monolítico de Karajan contra los arabescos fragmentarios y excesivamente intrincados de Gould podemos encontrar revelaciones inéditas y totalmente inesperadas. Al menos en algunos momentos.
Aun así, una vez saciado nuestro interés por el morbo más heterodoxo, es obligatorio centrarse y sumergirse en la fantástica recreación que hizo Daniel Barenboim (dirección y piano) en el Klavier-Festival del Ruhr. Ahí dejamos de oír a Gould para empezar a oír a Beethoven. Y es que por la claridad en los planos sonoros, la naturalidad rítmica de Barenboim y la integración perfecta entre el piano y la orquesta podemos decir que estamos ante uno de los trabajos de referencia para este concierto para piano. Exactamente lo mismo que puedo decir de la aproximación de Emil Gilels a las teclas bajo la dirección de George Szell. Trabajos pulcros, elegantes y de una sensibilidad infinita para hacer justicia al núcleo duro de un ciclo de conciertos que son una gozada de principio a fin.
♪♪♪
Concierto para piano y orquesta nº 3 en do menor, Op. 37
1. Allegro con brio
2. Largo
3. Rondo
Concierto para piano y orquesta nº 5 en mi bemol mayor, Op. 73 «Emperador»
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