Mostrando entradas con la etiqueta herbert von karajan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta herbert von karajan. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de septiembre de 2026

Hermanos bajo las alas de la alegría

beethoven
Título: Sinfonía nº 9 en re menor, Op. 125; "Coral"
Título original: Sinfonie mit Schluss-Chor über Schillers Ode: „An die Freude“ für grosses Orchester, 4 Solo- und 4 Chor-Stimmen
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1822-24
 Género: Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • "Choral" Symphony (Orchestra and Chorus of the 1951 Bayreuth Festival (Wilhelm Furtwängler / Elisabeth Schwarzkopf / Elisabeth Höngen / Hans Hopf / Otto Edelmann, 1951 [1955]) ★★★★☆ 
  • IX. Sinfonie; Egmont-Ouverture; Leonore III (Berliner Philharmoniker / Chor der St. Hedwigs-Kathedrale / Ferenc Fricsay, 1958 [1959]) ★★★★☆
  • IX. Symphonie (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1962 [1963]) ★★★★
  • Symphonie No. 9 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1983 [1984]) ★★★

   
 

He aquí la "Novena" de Beethoven, hito musical sin parangón para el que no hay palabras que puedan hacerle justicia. Una pieza que supone la culminación de muchas cosas: de la construcción sinfónica, de la genialidad de su autor y de los límites de la propia música. Dejémoslo claro y sin eufemismos: estamos ante una partitura que está entre los aspirantes más serios a obra musical más importante de todos los tiempos. 

Comprendan, por tanto, que escribir sobre esta pieza imponga un respeto que raya en el terror más absoluto. Porque lo que aquí hizo Beethoven supera no solo a todo lo que escribiera hasta ese momento, sino a todo —o casi todo— lo que estaba por venir después de él. Puedo estar exagerando, pero créanme, si es así, apenas me he pasado unas micras. No hay más que dejarse llevar por el tapiz musical que entreteje el de Bonn aquí, por los pasajes fugados y contrapuntísticos sutiles y perfectamente hilvanados que nos cuela, sobre todo en los apabullantes primer y cuarto movimientos, por los desplazamientos y yuxtaposiciones impagables del tema principal —o de los temas principales, mejor. 

En todo momento, la sinfonía da la sensación de trascendencia y de punto y aparte que seguro que perseguía el compositor, con cambios de naturaleza en cada movimiento y una culminación en el último, con la novedad de la introducción de la voz humana en forma de coros y voces solistas, toda una ruptura dentro de la tradición sinfónica en 1824. Así lo entendió el público enfervorecido que asistió a su estreno.

En el primer movimiento, Beethoven parece volver a ese "destino llamando a la puerta" de su quinta sinfonía con una música extraordinariamente tensa y violenta que parece surgir de la nada. En el segundo domina el contrapunto y una energía casi brutal que se desprende del vórtice que crea la repetición del famoso tema inicial. El tercero, por su parte, es un adagio lírico y contemplativo que nos ofrece un mundo totalmente diferente al resto de la sinfonía. Un oasis en medio de un océano turbulento que culmina en un último movimiento coral en el que nos lleva al éxtasis a la vez que cambia las reglas del juego para siempre. El colofón a una monumentalidad y unas dimensiones que serían el patrón para grandes sinfonistas futuros, Mahler y Bruckner a la cabeza.

¿Y cuál es la mejor forma de disfrutar de este hito? Comprenderán que elegir un puñado de grabaciones de las miles que puede haber es una labor titánica e inútil, ya que no creo que haya registro desechable de esta sinfonía. Esta vez, aunque me gusta acotar más, me he sumergido en cuatro grabaciones, todas impresionantes. Estas son: la que hizo Wilhelm Furtwängler en el Festival de Bayreuth (1951), la de Ferenc Fricsay al frente de la Filarmónica de Berlín (1958) y las de Herbert von Karajan con la misma filarmónica en 1962 y 1983 respectivamente. 

Grabaciones elegantes, monumentales e inapelables. La de Furtwängler, realizada tras la reapertura del festival bávaro después de la guerra, tiene mucho de mística, con la sensación de que la partitura se está formando ante tus oídos en ese mismo momento. Es una pieza muy querida por su carácter espiritual y por su significación histórica. La de Fricsay es más controlada y transparente, y cuenta con unas voces de excepción encabezadas por el barítono Dietrich Fischer-Dieskau, un auténtico portento en el canto del siglo XX. En cuanto a las de Karajan, su claridad y equilibrio son inapelables en ambas interpretaciones, si bien la primera es más canónica y de referencia que una segunda que nos lo muestra casi iracundo, dirigiendo con corsé tras su reciente operación.

No se obsesionen demasiado. Esta obra es tan inspiradora que es difícil encontrar una interpretación ni tan siquiera regular de la misma. Pónganse la que quieran, si no lo han hecho aún, y déjense llevar durante la hora y pico que suele durar. Descubrirán lo que significa flotar en medio de la inmensidad. 

1. Allegro ma non troppo, un poco maestoso
2. Molto vivace - Presto
3. Adagio molto e cantabile - Andante moderato - Tempo primo - Andante moderato - Adagio - Lo stesso tempo
4. Presto

🔎 Es prácticamente imposible destacar un momento individual de esta sinfonía. Los cuatro movimientos son de un riqueza sin parangón. Personalmente, me gustan mucho los tres primeros por mi querencia por lo instrumental en la música clásica. Me encanta el contraste entre furia desatada de los dos primeros y lo elegíaco y contemplativo del tercero.

 

Sin embargo, aquí hay que admitir que el último movimiento es el corazón palpitante de la "Novena". Ya había habido intentos de combinar la música coral con lo instrumental, como en la ópera o en oratorios —como los de Bach o Händel—, pero nunca ningún compositor de renombre se había atrevido a incluir la voz humana en una sinfonía.

Un movimiento que Beethoven había ido madurando durante varias décadas hasta plasmarlo en el pentagrama de esta forma tan definitiva. Porque en esta sinfonía todos los movimientos parecen desarrollarse y crecer con el propósito de desembocar en este milagro polifónico que parece otra sinfonía dentro de la sinfonía. Por entidad, por impacto y por cerrar de manera inigualable una obra y casi toda una vida dedicada a la música. Esta no fue la última composición de Beethoven, aunque espiritualmente se le puede considerar así. Al fin y al cabo fue la culminación, la cumbre de sus capacidades. 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Así llama el destino a la puerta

Título: Sinfonía nº 5 en do menor, Op. 67; "Del destino"
Título original: Sinfonie Nr. 5 in c-Moll, Op. 67
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1804-08
 Género: Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • Symphonie Nr. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1962) ★★★★☆
  • Symphonie Nr. 5 (Wiener Philharmoniker / Carlos Kleiber, 1975) ★★★★

Cover art for Symphonie Nr. 5 by Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan Cover art for Symphonie Nr.5 by Wiener Philharmoniker / Carlos Kleiber

Con esta obra tenemos dos opciones claras: detenernos ante lo popular de su alcance y lo manido de ese sol–sol–sol–mi♭ con el que abre o dejarnos llevar entendiendo que si es una obra tan universal, es por algo. Claramente les recomiendo lo segundo: déjense vapulear por una de las piezas más expresivas, voluptuosas y apabullantes de la historia de la música.

Porque eso es lo que es la "Quinta" de Beethoven. Una partitura en la que el compositor ya está haciendo algo más que anunciar el romanticismo más desatado que estaba por venir. Ese que pone a la naturaleza y a la violencia de los elementos en el centro como expresiones poderosas de las emociones y pasiones humanas.

Una intensidad que choca con o surge de los graves problemas auditivos que Beethoven empezó a experimentar a finales de la década de 1790 y que se habían agravado muchísimo en 1808, fecha en la que terminó esta sinfonía. Una dolencia que le acosó precisamente en plena etapa heroica y que de alguna forma podría representar la lucha del compositor con un destino que parecía tenerlo contra las cuerdas. Algo que conecta con las declaraciones de su amigo Anton Schindler, según las cuales, el archifamoso soniquete con el que comienza la sinfonía y del que hemos hablado arriba representaba, según Beethoven, el sonido del destino llamando a la puerta.

Unas declaraciones que hay que coger con pinzas, ya que hablamos de una persona que llegó a falsificar algunos de los cuadernos que utilizaba Beethoven para comunicarse debido a su sordera. En cualquier caso, la historia del destino llamando a la puerta, la sordera del genio de Bonn y la potencia de esos cuatro golpes contienen por sí mismos la suficiente poesía y el suficiente poder de fascinación como para que, con el tiempo, esta sinfonía quedara bautizada con el sobrenombre de la sinfonía "del destino".

Una sinfonía de la que, se podrán imaginar, existen cientos de grabaciones y muchas buenísimas. En mi caso me he centrado en dos para disfrutarla. Por un lado, la que dirigió Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín en 1962 y por otro la de Carlos Kleiber con la Filarmónica de Viena en el totémico Musikverein en 1974. Se trata de dos grabaciones míticas de las muchas que podría haber elegido para esta sinfonía. Karajan nos ofrece una visión limpia y clara en la que manda el conocimiento minucioso de la obra. Una sensación de control que puede abrumar. Kleiber, por su parte, lleva la precisión a otro nivel al ponerla al servicio de una tensión casi física. Un sonido aplastante y con un manejo de esa tensión simplemente abrumador. Véase, por ejemplo, la transición entre el tercer y el cuarto movimiento, momento que en Karajan es de una elegancia y una claridad perfectas, pero que en Kleiber es un acontecimiento que debería estar grabado en piedra para la eternidad.

Sencillamente lo que merece esta sinfonía. Ni más ni menos. Posiblemente la más popular de Beethoven, no sé si la mejor, pero no tengo dudas de que la que más gente reconoce y la más disfrutable de todas. Y cuando digo todas, no tengo claro que deba limitarme a las del compositor alemán. 

1. Allegro con brio
2. Andante con moto
3. Scherzo. Allegro
4. Allegro 

🔎 Hay varios detalles destacables en esta sinfonía. Ahí está, sin ir más lejos, la transición del tercer al cuarto movimiento, la cual es especialmente impresionante en la versión dirigida por Carlos Kleiber de la que hablábamos arriba. 

Sin embargo, si tengo que quedarme con un momento en esta pieza, ese sería el primer movimiento. Ese Allegro con brio que podemos seguir nota a nota mientras nuestras manos tratan de tocar violines y trompas de aire. Exactamente lo mismo que hacemos cuando clavamos de memoria ese solo de guitarra eléctrica de nuestro grupo favorito.

Un síntoma de que estamos, lo diré una vez más, ante una obra popular en grado sumo, pero también la prueba de que está perfectamente engarzada, con un movimiento que siempre va hacia delante y en el que el famoso ta-ta-ta-taaa se convierte en una célula rítmica alrededor de la cual se construye todo el movimiento. Es magistral cómo Beethoven lo desplaza, lo fragmenta, lo superpone y lo recoloca constantemente, surgiendo de la nada cuando nuestro oído menos lo espera. Una genialidad en la que vemos claramente el alcance de los poderes del que puede ser el mejor compositor de la historia.

miércoles, 10 de junio de 2026

A hombros de los gigantes

Título: Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, Op. 55; "Heroica"
Título original: Sinfonía eroica, composta per festeggiare il sovvenire d'un grand'uomo
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1803-04
 Género: Romanticismo/Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • »Eroica« (Herbert von Karajan / Berliner Philharmoniker, 1963) ★★★★☆
  • Symphony No. 3 "Eroica" (Wilhelm Furtwängler / Wiener Philharmoniker, 1998 [1944]) ★★★★★ 
 

Beethoven empezó a escribir su tercera sinfonía a mediados de 1803 a partir de unos esbozos realizados en el verano del año anterior. No hay acuerdo en cuanto a su finalización, la cual los historiadores sitúan entre el otoño de 1803 y principios de 1804. Lo que sí parece claro es que se interpretó por primera vez en la primavera de 1804, en un concierto privado organizado en la residencia vienesa del príncipe Lobkowitz, destinatario final de la dedicatoria de la pieza.

De todos es conocido que esta sinfonía iba a ser un homenaje a Napoleón Bonaparte, héroe de las guerras revolucionarias y símbolo de los ideales republicanos. En un principio, claro, porque, como ya sabemos, no tardó en autoproclamarse emperador, hecho que molestó sobremanera a un Beethoven humanista, que no pudo más que borrar su dedicatoria con tanta fuerza en el manuscrito que le hizo un agujero que todavía podemos admirar hoy. Es solo una teoría acerca del rasgado que tiene la primera página de la partitura, pero no me negarán que es más que plausible.

Hasta aquí el contexto histórico de una sinfonía que está entre las piezas más importantes, influyentes y decisivas de la historia de la música. No estamos, pues, ante una obra cualquiera. Para empezar, en su primer movimiento ya alcanza una duración comparable a la de muchas sinfonías completas de generaciones anteriores. No es alargar por alargar, sino que Beethoven coge el molde de Haydn y Mozart y lo estira hasta lo imposible logrando un efecto dramático que solo puede definirse como épico. También sigue ahondando en la concepción del último movimiento como elemento dramático con valor específico por sí mismo. Algo que hoy en día nos parece muy obvio, pero que empezó a esbozar Mozart y siguió perfeccionando Beethoven en sus dos primeras sinfonías y desarrolló de manera espectacular en esta tercera. Aquí, el finale deja de ser un simple desenlace para convertirse en un movimiento de enorme peso estructural y expresivo. Un cambio que influyó en casi todos los que vinieron después, de Schubert a Shostakóvich y de Brahms a Sibelius.

Lo difícil con la tercera es decidirse por una versión que encapsule toda la grandeza de la que es para muchos la sinfonía más grande jamás escrita. Hay demasiadas versiones, y muy buenas, pero ninguna es perfecta de por sí. Aun así, me he decidido por sumergirme en las de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín, grabada en 1962, y en la de Wilhelm Furtwängler con la Filarmónica de Viena, grabada en directo en el Musikverein en el invierno de 1944.

De la primera destacaría la forma en la que Karajan diluye la separación de los diferentes movimientos para construir una pieza única que fluye con una coherencia y una pulcritud inmaculadas. Una construcción elegante y limpia que puede que nos esté mostrando a un Beethoven más bello de lo que era en realidad. Porque el compositor gustaba de las aristas y lo rugoso, no lo olvidemos. Algo que Furtwängler muestra con una toma en directo en plenos coletazos finales de la 2ª Guerra Mundial. Una lectura furibunda, expresiva, llena de matices y en la que el director ilumina las tensiones con una maestría inigualable. Véanse, sin ir más lejos, un primer movimiento virulento como pocos y una "Marcha Fúnebre" en la que anula cualquier conato celebratorio para convertirla en un lamento profundo en medio de una era en pleno derrumbe. Una versión que te vapulea y te deja bien claro el porqué del prestigio de esta obra.


1. Allegro con brio
2. Marcia funebre: Adagio assai
3. Scherzo: Allegro vivace
4. Finale: Allegro molto

🔎 No es fácil destacar individualidades en una pieza que hay que escuchar como un todo y en la que prácticamente todo brilla con una luz cegadora. Aun así, me gustaría hacer notar todo el primer movimiento, Allegro con brio, y dentro de él, la célebre entrada anticipada de la trompa. Se trata de una innovación impensable a principios del siglo XIX en la que Beethoven introduce una trompa que anticipa la recapitulación cuando el desarrollo todavía no ha concluido. la cual toca las cuatro notas del tema principal de la sinfonía, pero lo hace cuando nadie lo espera de tal manera que parece un error. Así se lo hizo notar al compositor Ferdinand Ries, alumno y amigo suyo, cuando menospreció al trompista en esa parte la primera vez que presenciaba la interpretación de esta sinfonía. Algo que le valió el enfado de Beethoven hasta, según dicen, casi llegar a las manos. Todo esto sucede entre el minuto 8 y 9 de la sinfonía.

 

Tampoco quiero dejar de señalar una "Marcha Fúnebre" que, en el caso de la grabación de Furtwängler de 1944, ya hemos dicho que suena oscura y doliente hasta el tuétano. Algo que se vio influido por el ambiente en Viena esos 19 y 20 de diciembre. La guerra estaba a punto de terminar y Alemania estaba siendo frenada y casi aniquilada en todos los frentes. Los bombardeos se recrudecían y las sirenas antiaéreas eran el pan nuestro de cada día en las ciudades del Reich. El Musikverein carecía calefacción y no es difícil imaginarse a muchos asistentes embutidos en sus abrigos mientras la guerra se acercaba a su desenlace. Creo que así podremos entender el alcance y la importancia de lo que se vivió allí en esas noches en las que, como esa interpretación de la "Marcha Fúnebre", más que celebrar heroicidades, la gente estaba presenciando inerte el final de toda una era.

miércoles, 27 de mayo de 2026

El cisne de hielo

 
Título: Sinfonía nº 5 en mi bemol mayor, Op. 82; "Sinfonía del cisne"
Título original: Symphonie Nr. 5 Es-Dur, op. 82
Autor: Jean Sibelius
Año de composición: 1915-19
 Género: Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • Symphonies Nos. 3 & 5 (Paavo Berglund / Helsinki Philharmonic Orchestra, 1988)
  • Concerto for Piano and Orchestra No. 3 / Symphony No. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan / Glenn Gould, 2008) ★★★☆☆
 

Jean Sibelius siempre se ha caracterizado por retratar como nadie con su música el paisaje, el ethos y la idiosincrasia de Finlandia, la tierra que lo vio nacer y en la que vivió hasta su muerte en 1957. Hay numerosos ejemplos en los que ese paisajismo sonoro nos sobrecoge con su descripción certera del frío, el viento y las postales nevadas de su tierra. Esta sinfonía, la del cisne, es uno de los mejores retazos de esa emotividad arrancada de los mismos elementos.

Una música diáfana, pero también tormentosa, apacible y serena, pero también voluptuosa y agitada como la tempestad, la calma, el frío y el viento helado. Sin dejar de lado la calidez del hogar que también se cuela entre estas notas: destellos impresionistas a veces, surgiendo como la niebla y colándose de puntillas en tu alma para no salir jamás. Esa es la potencia de una música que emerge de lo local para conquistar el mundo en cualquiera de sus rincones.

Mitos nórdicos que se han intentado encerrar en plástico en numerosas ocasiones. En mi caso, me he sumergido en las versiones de Karajan con la Filarmónica de Berlín, grabada en 1957, y la de Paavo Berglund con la Filarmónica de Helsinki, grabada en 1986. La primera posee más valor histórico que musical, y el oyente llega a ella más por el Concierto para piano nº 3 de Beethoven que abre el CD, y en el que participa Glenn Gould, que por la sinfonía de Sibelius. Y no es de extrañar, porque, aun ofreciendo la calidad esperada con Karajan, tampoco ofrece nada especial.

Algo que sí podemos disfrutar con la espectacular versión de Berglund. Una toma que se caracteriza por su excelente claridad estructural y por su huida del sentimentalismo excesivo. Una grabación hecha en casa en la que podemos comprobar la fortaleza de la conexión entre Sibelius y Finlandia. Algo que es básico para poder entender y disfrutar a fondo de la música de uno de los mayores compositores de finales del siglo XIX y principios del XX. Un genio que aquí se presenta apasionado, elegante y sutil elevado a la enésima potencia. Lo que me deja claro que, si no estamos ante su mejor sinfonía, estamos ante una de ellas. Y créanme que esto no es decir poco.

1. Tempo molto moderato - Allegro moderato (Ma poco a poco stretto) - Vivace molto - Presto - Più presto
2. Andante mosso, quasi allegretto - Poco a poco stretto - Tranquillo - Poco a poco stretto - Ritenuto al tempo I
3. Allegro molto - Misterioso - Un pochettino largamente - Largamente assai - Un pochettino stretto

sábado, 23 de mayo de 2026

Diálogo profundo

 
Título: Conciertos para piano y orquesta
 Título original: Concerts pour le Piano-Forte avec l'Accompagnement de l'Orchestre 
Autor: Ludwig Van Beethoven
 Año de composición: 1795-1809
 Género: Concierto para piano y orquesta

Grabaciones de referencia:

  • Piano Concerto No. 3 in C minor, Op. 37 (Daniel Barenboim / Berliner Staatskapelle, 2007) [VIDEO]
  • Concerto for Piano and Orchestra No. 3 / Symphony No. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan / Glenn Gould, 2008) ★★★☆☆
  • The Five Piano Concertos (Emil Gilels, George Szell, Cleveland Orchester, 2019)

  

He aquí otro de los ciclos clave para entender a un Beethoven todavía joven que ya aspiraba a las cotas más altas de prestigio y consolidación entre el público. Un pianista conocido por su estilo enérgico y apasionado en la Viena de la época. También por su incalculable capacidad improvisatoria. Un pianista que empieza atisbando su madurez en la distancia para acabar cerrando el ciclo ya metido de lleno en su etapa heroica. Detalles todos que podemos apreciar en sus conciertos para piano, todos intensos y apasionados, si bien hoy nos vamos a centrar en el tercero y el quinto.

El concierto para piano y orquesta nº 3 lo empezó a pergeñar Beethoven, según la mayoría de estudiosos, a finales del siglo XVIII, revisándolo en diferentes fases hasta 1802, según las fuentes autorizadas. Se trata de un concierto con un primer movimiento claramente deudor de su admirado Mozart, concretamente de su Concierto para piano nº 24 (1786), también en do menor. Aquí Beethoven, más que imitar de manera inerte, digiere y expande la obra del austriaco para usarla como punto de partida en un viaje que se torna una experiencia absolutamente dramática y expansiva. 

Él mismo estrenó esta obra en 1803, dirigiéndola e interpretando las partes al piano, en un ejercicio de control total que dice mucho sobre su apabullante personalidad. Como ejemplo de su carácter impulsivo e irreductible, mencionaré las palabras de su amigo, Ignaz von Seyfried, el cual se encargaba de pasarle las hojas de las partituras en sus actuaciones: "No vi nada salvo páginas en blanco; como mucho, en alguna que otra página, unos cuantos jeroglíficos egipcios totalmente ininteligibles para mí aparecían garabateados para servirles de pista: y es que tocaba todas las partes solistas de memoria, ya que, como solía ser el caso, no había tenido tiempo para escribirlas en papel."

El nº 5, por su parte, conocido como "Emperador", fue compuesto en 1809, cerrando el ciclo de manera monumental. Una música que mira claramente hacia el romanticismo y que hace honor a su sobrenombre, puesto tiempo después, aunque no se sabe con certeza de dónde ni de quién vino la idea. Tampoco hay certeza acerca de si con "Emperador" se refieren a Napoleón, aunque es una idea bastante extendida. No parece que Beethoven buscara un nombre grandilocuente para este concierto y, además, es bien conocida su opinión acerca de la heroicidad de un personaje al que empezó respetando y acabó despreciando como el dictador en el que se convirtió.

Creo que con eso queda todo dicho acerca de dos obras clave dentro del canon, y a la vez se plantea la duda de si debemos criticar tanto enfoques como el de Glenn Gould, que seguía esa costumbre de tocar sin partitura, o quizás deberíamos tomarlo como algo puramente beethoveniano. Porque precisamente una de las grabaciones que he usado como referencia para el tercer concierto es la que hizo el pianista canadiense bajo la dirección de Herbert von Karajan. Dirección por decir algo, porque más bien parece un enfrentamiento en el que el austriaco no se pliega al estilo de Gould y se limita a dirigir la orquesta en un diálogo de besugos tan intenso y beligerante que acaba siendo una de las grabaciones más interesantes que se puedan escuchar de este concierto. La grabación se produjo en 1957 para ser rescatada en 2008. Toda una revelación, ya que entre toda la tensión y el enfrentamiento que ofrece el estilo pétreo y monolítico de Karajan contra los arabescos fragmentarios y excesivamente intrincados de Gould podemos encontrar revelaciones inéditas y totalmente inesperadas. Al menos en algunos momentos.

Aun así, una vez saciado nuestro interés por el morbo más heterodoxo, es obligatorio centrarse y sumergirse en la fantástica recreación que hizo Daniel Barenboim (dirección y piano) en el Klavier-Festival del Ruhr. Ahí dejamos de oír a Gould para empezar a oír a Beethoven. Y es que por la claridad en los planos sonoros, la naturalidad rítmica de Barenboim y la integración perfecta entre el piano y la orquesta podemos decir que estamos ante uno de los trabajos de referencia para este concierto para piano. Exactamente lo mismo que puedo decir de la aproximación de Emil Gilels a las teclas bajo la dirección de George Szell. Trabajos pulcros, elegantes y de una sensibilidad infinita para hacer justicia al núcleo duro de un ciclo de conciertos que son una gozada de principio a fin. 

Concierto para piano y orquesta nº 3 en do menor, Op. 37 

1. Allegro con brio
2. Largo
3. Rondo

Concierto para piano y orquesta nº 5 en mi bemol mayor, Op. 73 «Emperador»

  • I. Allegro 
  • II. Adagio un poco mosso 
  • III. Rondo. Allegro