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sábado, 23 de mayo de 2026

Diálogo profundo

 
Título: Concierto para piano nº 3 en do menor, Op.37
 Título original: Concerto pour le Pianoforte avec accompagnement d’Orchestre en ut mineur, Op. 37 
Autor: Ludwig Van Beethoven
 Año de composición: 1800-02
 Género: Concierto para piano y orquesta

Grabaciones de referencia:

  • Piano Concerto No. 3 in C minor, Op. 37 (Daniel Barenboim / Berliner Staatskapelle, 2007) [VIDEO]
  • Concerto for Piano and Orchestra No. 3 / Symphony No. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan / Glenn Gould, 2008) ★★★☆☆

 

He aquí una de las obras clave para entender a un Beethoven todavía joven que ya aspiraba a las cotas más altas de prestigio y consolidación entre el público. Un pianista conocido por su estilo enérgico y apasionado en la Viena de la época. También por su incalculable capacidad improvisatoria. Sin embargo, todavía estaba lejos de su época heroica de madurez. Detalles todos que podemos apreciar en sus conciertos para piano, todos intensos y apasionados, si bien hoy nos vamos a centrar en el tercero.

Este concierto para piano y orquesta lo empezó a pergeñar Beethoven, según la mayoría de estudiosos, a finales del siglo XVIII, revisándolo en diferentes fases hasta 1802, según las fuentes autorizadas. Se trata de un concierto con un primer movimiento claramente deudor de su admirado Mozart, concretamente de su Concierto para piano mº 24 (1786), también en do menor. Aquí Beethoven, más que imitar de manera inerte, digiere y expande la obra del austriaco para usarla como punto de partida en un viaje que se torna una experiencia absolutamente dramática y expansiva. 

Él mismo estrenó esta obra en 1803, dirigiéndola e interpretando las partes al piano, en un ejercicio de control total que dice mucho sobre su apabullante personalidad. Como ejemplo de su carácter impulsivo e irreductible, mencionaré las palabras de su amigo, Ignaz von Seyfried, el cual se encargaba de pasarle las hojas de las partituras en sus conciertos: "No vi nada salvo páginas en blanco; como mucho, en alguna que otra página, unos cuantos jeroglíficos egipcios totalmente ininteligibles para mí aparecían garabateados para servirles de pista: y es que tocaba todas las partes solistas de memoria, ya que, como solía ser el caso, no había tenido tiempo para escribirlas en papel."

Creo que con eso queda todo dicho, y a la vez se plantea la duda de si debemos criticar tanto enfoques como el de Glenn Gould, que seguía esa costumbre de tocar sin partitura al pie de la letra, o quizás deberíamos tomarlo como algo puramente beethoveniano. Porque precisamente una de las grabaciones que he usado como referencia para esta obra es la que hizo el pianista canadiense bajo la dirección de Herbert von Karajan. Dirección por decir algo, porque más bien parece un enfrentamiento en el que el austriaco no se pliega al estilo de Gould y se limita a dirigir la orquesta en un diálogo de besugos tan intenso y beligerante que acaba siendo una de las grabaciones más interesantes que se puedan escuchar de este concierto. La grabación se produjo en 1954 para ser rescatada en 2008. Toda una revelación, ya que entre toda la tensión y el enfrentamiento que ofrece el estilo pétreo y monolítico de Karajan contra los arabescos fragmentarios y excesivamente intrincados de Gould podemos encontrar revelaciones inéditas y totalmente inesperadas. Al menos en algunos momentos.

Aun así, una vez saciado nuestro interés por el morbo más heterodoxo, es obligatorio centrarse y sumergirse en la fantástica recreación que hizo Daniel Barenboim (dirección y piano) en el Klavier-Festival del Ruhr. Ahí dejamos de oír a Gould para empezar a oír a Beethoven. Y es que por la claridad en los planos sonoros, la naturalidad rítimica de Barenboim y la integración perfecta entre el piano y la orquesta podemos decir que estamos ante uno de los trabajos de referencia para este concierto para piano. Un trabajo pulcro, elegante y de una sensibilidad infinita para hacer justicia a una obra que puede que no esté entre las más grandes del canon beethoveniano, pero que es una gozada de principio a fin. 

1. Allegro con brio
2. Largo
3. Rondo

lunes, 4 de mayo de 2026

Legado inmortal

 
Título: El arte de la fuga, BWV 1080

 Título original: „Die Kunst der Fuge“

Autor: Johann Sebastian Bach

Año de composición: 1740-50

Género: Barroco/Fugas
 

 Grabaciones de referencia:

  • The Art of the Fugue: Volume I (First Half) - Fugues 1-9 (Glenn Gould, 1962)   ★★★☆☆
  • L'Art de la Fugue (Gustav Leonhardt, 1978)   ★★★

 

Escrito y corregido durante sus diez últimos años de vida, El arte de la fuga es el testamento musical de Johann Sebastian Bach. Una obra monumental en la que el de Eisenach combina la teoría y la práctica de manera superlativa. Variaciones sobre un tema en constante evolución, aumento progresivo de la dificultad para el intérprete conforme avanzamos en los diferentes movimientos y un desarrollo sofisticado y complejo del contrapunto. Estas catorce fugas y cuatro canons en re menor suponen la culminación del arte de un genio sin parangón.

La fuente más fidedigna de esta obra la encontramos en el manuscrito del propio autor, fechado entre 1740 y 1746. Un documento en el que no se especifica la instrumentación requerida para su interpretación. No obstante, hay bastante consenso entre los estudiosos en que se trata de una serie de piezas para teclado. La costumbre de no especificar instrumentación en las obras para teclado entre finales del siglo XVII y principios del XVIII es un punto a favor de esta idea. También el hecho de que el rango tonal de los instrumentos de una orquesta de la época no alcanzara la amplitud mostrada en la obra. Por otra parte, hay que mencionar también la ausencia de bajo continuo en la partitura y el detalle nada menor de que los tipos de fuga empleados aquí se parecen demasiado a los utilizados en obras como El clave bien temperado. Ideas todas que empujan en la dirección de que esta música fue pensada para el teclado, por mucho que se haya interpretado de infinidad de maneras, incluyendo versiones orquestales de la misma.

Por ello, para su disfrute y análisis me he centrado en grabaciones que se aproximan a la obra desde instrumentos con teclas. Empezando por la versión que grabó Glenn Gould para órgano en 1962. Una versión incompleta que cubre la mitad de la obra. Tenía pensado grabar un segundo volumen, pero esto, por diversas circunstancias, no se hizo. En esta aproximación, percibimos a un Gould impreciso y torpe ante un instrumento que no parece dominar en ningún momento. Es curioso y hasta tiene su punto de atractivo el percibirlo como si un niño estuviera jugando con la pieza de Bach de manera candorosa y totalmente personal. Esta interpretación la he complementado con una serie de intentos al piano sobre algunos de estos contrapunctus. Y ahí, sí que sí, el canadiense consigue parar el tiempo y ponernos un nudo en la garganta. Sobre todo en una "Fuga a 3 soggetti (Contrapunctus XIV)", que el alemán había dejado inconclusa y que Gould transforma en un hermosísimo adagio que, aunque acaba abruptamente, sirve para homenajear a Bach con honores.

Aun así, la grabación más respetada y calificada como histórica podría ser la que hizo el neerlandés Gustav Leonhardt al clave en 1969 —publicada en 1978—. Para ello, utilizó un instrumento fabricado por Martin Skowroneck siguiendo un modelo histórico del siglo XVIII conservado en Amberes. Sobre estas teclas desgranó su concepción de El arte de la fuga, según la cual desnudó la obra de artificios modernos y distracciones para ofrecernos una interpretación limpia, detallada y gélida. En ella, con una precisión milimétrica, se enfatiza la arquitectura matemática y la solemnidad de una obra más pensada para impresionar que para deleitar. Un trabajo subyugante que selló para siempre la forma en la que Bach debió sonar, al menos, en la mente del genial intérprete de los Países Bajos.

En resumidas cuentas, mientras que cuando Gould toca, para bien o para mal, lo escuchamos a él y no a Bach, Leonhardt nos ofrece una idea plausible de cómo sonaría esta música tocada por su autor. En ningún caso estamos ante la verdad absoluta, sino ante dos formas de espolear nuestra imaginación. Gould, por su parte, no tuvo problemas en tocar esa "Fuga a 3 soggetti", aun teniendo que dejarla flotando en el aire ante su final abrupto de obra inacabada. Leonhardt prefirió no entrar en el terreno de la imaginación y tocó solamente lo que Bach había dado por terminado. Dos formas opuestas y complementarias de entender el genio del compositor más imprescindible y esencial de toda la música occidental. 

1. Contrapunctus I
2. Contrapunctus II
3. Contrapunctus III
4. Contrapunctus IV
5. Contrapunctus V
6. Contrapunctus VI, a 4 in stylo francese
7. Contrapunctus VII, a 4 per augmentationem et diminutionem
8. Contrapunctus VIII, a 3
9. Contrapunctus IX, a 4 alla duodecima
10. Contrapunctus X, a 4 voci alla decima
11. Contrapunctus XI, a 4
12. Contrapunctus XII, a 4
13. Contrapunctus XIII, a 3
14. Canon per augmentationem in contrario motu
15. Canon alla ottava: Canon
16. Canon alla decima in contrapunto alla
17. Canon alla duodecima in contrapunto alla quinta
18. Fuga a 3 soggetti (Contrapunctus XIV) 

 El movimiento más curioso e interesante de esta obra para mí es precisamente el que Bach dejó inconcluso, una "Fuga a 3 soggetti (Contrapunctus XIV)" que suena melancólica hasta el tuétano. La idea del compositor parecía consistir en la construcción de una fuga monumental en la que iba introduciendo temas sucesivos. Así, el primer sujeto de la fuga era el tema principal, el segundo era un movimiento más complejo y contrapuntísticamente denso, y el tercero empezó a levantarlo sobre las notas si bemol, la, do y si natural. Una notación que en el mundo anglosajón se escribe B♭ – A – C – B♮, pero que en Alemania era B-A-C-H.

Se trataba de un recurso simbólico con el que "firmaba" la partitura desde la misma música. Un truco que ya había utilizado antes y que muchos otros compositores retomarían después de él. Lo que ocurre en esta fuga es que, aunque esboza su intención, Bach no tiene tiempo para rematarla. No llega a conectar los tres sujetos mencionados plenamente y los deja sin resolver. La tradición, y así lo deja por escrito su hijo Carl Philip Emanuel Bach en la misma partitura, dice que Johann Sebastian murió literalmente en medio de la composición del último compás.

Algo que parece exagerado y que no puede probarse. Lo único cierto es que el estado de salud del compositor estaba ya muy deteriorado en los últimos años. Hasta el punto de que no era probable que pudiera escribir música. Mucho menos hasta el último instante de vida. Su hijo escribió eso con toda la intención y el mito simplemente se abrió paso en el inconsciente colectivo.

Aun así, a pesar del morbo, nos quedaremos con la pena de no poder disfrutar de un movimiento que se antojaba absolutamente descomunal. Y es que Bach apuntaba a una fuga cuádruple en la que parecía querer combinar los tres sujetos de la misma en una especie de apoteosis final del contrapunto. No pudo ser, pero nos queda la imaginación y el sabor de lo que podía haber sido, por ejemplo, en la interpretación/recreación de Glenn Gould al piano. Ahí ya vemos que, si la pieza suena así sin terminar, no podemos sino relamernos al pensar cómo sería si Bach la hubiera terminado. 

lunes, 25 de agosto de 2025

Ejercicios de calentamiento para el alma

 

Título: El clave bien temperadoBWV 846-893
Título original: Das wohltemperierte Klavier, BWV 846-893
Autor: Johann Sebastian Bach
Año de composición: 1722-44
Género: Barroco / Preludios y fugas
 
 
Grabaciones de referencia: 
  • The Well-Tempered Clavier (Glenn Gould, 1963-71) ★★★★☆
 
      


Bach compuso este juego de preludios y fugas, aparte de como obra de arte con la que probarse como compositor, como libro de ejercicios tanto para estudiantes de piano (clavecín en su época) como entrenamiento para músicos más avezados. En sus 48 partes (o piezas), divididas en dos libros de 24 cada uno, trazó un atlas fastuoso sobre cómo enfrentarse al teclado y cómo sacar de él esas polifonías que siempre lo han hecho el instrumento definitivo para la música. Un manual de referencia para cualquiera que quiera ahondar en una formación musical clásica, pero también una influencia decisiva en el jazz. Hago esta comparación, algo osada, por las sensaciones tan similares que me provocan estas piezas y las improvisaciones de gente como Thelonious Monk o McCoy Tyner. Ese flujo irrefrenable, mareante y capaz de anegar todos tus sentidos es algo que aprecio en unas piezas que pueden ponerse dulces y parsimoniosas o desatarse en un pandemónium de notas en cascada que solo puedes engullir sin distinguir sabores ni texturas.
 
Un mamotreto matemático de una perfección y un equilibrio inmaculados que le va que ni pintado al pianista que elijo para introducirme en él. Glenn Gould ha sido uno de los grandes referentes a la hora de acercar la obra del alemán al gran público. Las excentricidades del intérprete canadiense unidas a su virtuosismo y su aproximación absolutamente heterodoxa a la interpretación pianística han logrado no solo popularizar una música tan inalcanzable para el populacho como la de Bach, sino que le ha sacado matices y colores que nadie antes había logrado. Aunque es más famoso por sus grabaciones de las Variaciones Goldberg (Johann Sebastian Bach, 1741), también hizo un trabajo mayúsculo con este Clave bien temperado. En él mantiene su técnica depurada en la que domina la claridad en la digitación, la limpieza entre notas y una emotividad a flor de piel en cada pulsación, por mucho que se le acuse o se aprecie su enfoque frío y analítico. Dicho de otra forma, por radiografiar a Bach como nadie. 
 
La prueba de toda esta expresividad está en el hecho de que el Preludio y Fuga en do mayor del Libro II de estas grabaciones haya sido escogido para formar parte del disco de oro que la NASA introdujo en la sonda Voyager en 1977 como mensaje para potenciales civilizaciones extraterrestres que pudieran encontrarlo.
 
Un mensaje de amor y paz que conecta a Bach, es decir a lo más espiritual del ser humano, con las estrellas a través de un intermediario tan especial como el maravilloso Glenn Gould. ¿Se puede pedir más?
 

 
Book I
1. Prelude and Fugue No. 1 in C major
2. Prelude and Fugue No. 2 in C minor
3. Prelude and Fugue No. 3 in C sharp major
4. Prelude and Fugue No. 4 in C sharp minor
5. Prelude and Fugue No. 5 in D major
6. Prelude and Fugue No. 6 in D minor
7. Prelude and Fugue No. 7 in E flat major
8. Prelude and Fugue No. 8 in E flat minor
9. Prelude and Fugue No. 9 in E major
10. Prelude and Fugue No. 10 in E minor
11. Prelude and Fugue No. 11 in F major
12. Prelude and Fugue No. 12 in F minor
13. Prelude and Fugue No. 13 in F sharp major
14. Prelude and Fugue No. 14 in F sharp minor
15. Prelude and Fugue No. 15 in G major
16. Prelude and Fugue No. 16 in G minor
17. Prelude and Fugue No. 17 in A flat major
18. Prelude and Fugue No. 18 in G sharp minor
19. Prelude and Fugue No. 19 in A major
20. Prelude and Fugue No. 20 in A minor
21. Prelude and Fugue No. 21 in B flat major
22. Prelude and Fugue No. 22 in B flat minor
23. Prelude and Fugue No. 23 in B major
24. Prelude and Fugue No. 24 in B minor
 
Book II
1. Prelude and Fugue No. 1 in C major
2. Prelude and Fugue No. 2 in C minor
3. Prelude and Fugue No. 3 in C sharp major
4. Prelude and Fugue No. 4 in C sharp minor
5. Prelude and Fugue No. 5 in D major
6. Prelude and Fugue No. 6 in D minor
7. Prelude and Fugue No. 7 in E flat major
8. Prelude and Fugue No. 8 in D sharp minor
9. Prelude and Fugue No. 9 in E major
10. Prelude and Fugue No. 10 in E minor
11. Prelude and Fugue No. 11 in F major
12. Prelude and Fugue No. 12 in F minor
13. Prelude and Fugue No. 13 in F sharp major
14. Prelude and Fugue No. 14 in F sharp minor
15. Prelude and Fugue No. 15 in G major
16. Prelude and Fugue No. 16 in G minor
17. Prelude and Fugue No. 17 in A flat major
18. Prelude and Fugue No. 18 in G sharp minor
19. Prelude and Fugue No. 19 in A major
20. Prelude and Fugue No. 20 in A minor
21. Prelude and Fugue No. 21 in B flat major
22. Prelude and Fugue No. 22 in B flat minor
23. Prelude and Fugue No. 23 in B major
24. Prelude and Fugue No. 24 in B minor  
 

sábado, 27 de julio de 2024

El mundo es de los valientes


Título: Variaciones Goldberg, BWV 988
Título original: Goldberg-Variationen, BWV 988
Autor: Johann Sebastian Bach
Año de composición: 1741
Género: Barroco / Variaciones para teclado  
 
 
Grabaciones de referencia: 
  • Bach: The Goldberg Variations (Glenn Gould, 1956)   ★★★★★
  • Bach: The Goldberg Variations (Glenn Gould, 1981)   ★★★★★ 

 

  

 

Casi nadie creía en Glenn Gould cuando en 1955, con veintipocos años, se empeñó en grabar las Variaciones Goldberg de Bach para estrenarse en el mundo discográfico. Desde luego, no contó con el beneplácito inmediato de Columbia. Pero ¿qué se creía este chico? ¡Escoger unas partituras más bien oscuras de las que solamente había un par de registros en disco en la fecha! Unas partituras que además eran famosas por su especial dificultad y que solo los más entendidos apreciarían. No parecía la mejor forma de darse a conocer al gran público. Por suerte, consiguió convencer a los jefes y aquí tenemos el resultado.

Y es que el hecho de que el pianista canadiense haya roto moldes se puede ver desde el momento en el que me encuentro escribiendo sobre él, cosa que no suelo hacer respecto a las obras y los artistas dedicados a un mundo tan elevado e ignoto para mí como la música clásica. Quizás es que su forma de aproximarse al instrumento sea más punk que ortodoxa, y toda su figura, sus manierismos y su obsesión por el sonido y el producto discográfico lo conviertan más en un icono pop que en un envarado intérprete de salón. La tragedia de su muerte temprana y su obsesión por la tecnología aplicada a la música también lo arrastran hacia esta percepción sobre su figura.

En cualquier caso, es innegable que Gould fue un intérprete genial. Sus extravagancias no pueden ocultar esa realidad. Ni el hecho de que recortara las patas de las sillas para tocar en esas posturas encorvadas y absolutamente imposibles que para él eran lo más cómodo del mundo, ni eso de que metiera los brazos en agua caliente durante veinte minutos antes de los conciertos, como los cirujanos, podría tomarse como una forma gratuita de llamar la atención. No había más que verlo desplazarse por el teclado para estar de acuerdo en que lo suyo tenía más que ver con una intervención quirúrgica de precisión que otra cosa.

Todas estas aptitudes las puso al servicio de su arte sin importarle la opinión de los "entendidos", los cuales no sé si supieron apreciar su aproximación a esta obra de Bach. Una serie de piezas pensadas como ejercicios de calentamiento y perfeccionamiento para clavecín, algo que se percibe en el tintineo casi gimnástico que supone el tocar tantas notas con la separación justa entre ellas para que se entiendan a la perfección. Gould consiguió eso con una maestría incomparable, pero además tocó estas piezas de una manera totalmente heterodoxa. Huyó de la convención a toda costa jugando con el finger tapping, técnica revolucionaria que aprendió de su maestro, Alberto Guerrero. Además, si las piezas ya eran difíciles de tocar per se, aceleró el tempo, ventilándose la obra en menos de cuarenta minutos, cuando lo normal es que sobrepase la hora de duración.

Unos detalles técnicos que no explican por sí mismos el éxtasis en el que nos sumerge Gould en un estreno que pudo llevarse a cabo gracias a su insolencia y su ambición. Ahora dicen que puede que sufriera el síndrome de Asperger. Viendo su falta de miedo y la convicción extrema en sus capacidades, hay que decir que es más que posible que fuera así. Y quizás, gracias a eso, hoy podemos disfrutar de una de las grabaciones clásicas más rompedoras y espectaculares de la historia.

Y veintiséis años después de ese maravilloso primer intento con la obtusa y exigente obra de Bach, Glenn Gould intenta darle la vuelta otra vez, cosa que consigue sin problemas. No hay más que ver cómo se acerca a la hora de duración para darse cuenta de que estas Variaciones Goldberg van a sonar de otra forma. El chaval impetuoso e insolente que volteó estas piezas se había transformado en un hombre maduro, reflexivo y más sabio.

Y todo esto no impide que de nuevo ataque a lo convencional en la forma de cambios abruptos de ritmo. Al principio puede parecernos que todo es más pausado y solemne aquí, pero lo cierto es que, aunque lo lento puede ser más moroso, lo rápido lo convierte en vertiginoso. Un contrapunto que vuelve a dotar a la obra de Bach de un sabor a obra nueva, como si acabara de ser escrita para los dedos del canadiense.

Un nuevo hito, por tanto, esta grabación realizada un año antes de su edición en 1982. Y una despedida, ya que el pianista fallecería trágicamente justamente un mes después de verla publicada. No se me ocurre manera más hermosa de decir adiós.

♪♪♪

A Variations Nos. 1 Through 16                      
    i. Aria
    ii. Variation 1 a 1 Clav.
    iii. Variation 2 a 1 Clav.
    iv. Variation 3 a 1 Clav. Canone all'unisono
    v. Variation 4 a 1 Clav.
    vi. Variation 5 a 1 ovvero 2 Clav.
    vii. Variation 6 a 1 Clav. Canone alla seconda
    viii. Variation 7 a 1 ovvero 2 Clav.
    ix. Variation 8 a 2 Clav.
    x. Variation 9 a 1 Clav. Canone alla terza
    xi. Variation 10 a 1 Clav. Fughetta
    xii. Variation 11 a 2 Clav.
    xiii. Variation 12 Canone alla quarta
    xiv. Variation 13 a 2 Clav.
    xv. Variation 14 a 2 Clav.
    xvi. Variation 15 a 1 Clav. Canone alla quinta. Andante
    xvii. Variation 16 Ouverture a 1 Clav.
 
B Variations Nos. 17 Through 30                      
    i. Variation 17 a 2 Clav.
    ii. Variation 18 Canone alla sesta a 1 Clav.
    iii. Variation 19 a 1 Clav.
    iv. Variation 20 a 2 Clav.
    v. Variation 21 Canone alla settima
    vi. Variation 22 Alla breve a 1 Clav.
    vii. Variation 23 a 2 Clav.
    viii. Variation 24 Canone all'ottava a 1 Clav.
    ix. Variation 25 a 2 Clav.
    x. Variation 26 a 2 Clav.
    xi. Variation 27 Canone alla nona
    xii. Variation 28 a 2 Clav.
    xiii. Variation 29 a 1 ovvero 2 Clav.
    xiv. Variation 30 a 1 Clav. Quodlibet
    xv. Aria da capo