Mostrando entradas con la etiqueta discos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta discos. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de septiembre de 2026

Hermanos bajo las alas de la alegría

beethoven
Título: Sinfonía nº 9 en re menor, Op. 125; "Coral"
Título original: Sinfonie mit Schluss-Chor über Schillers Ode: „An die Freude“ für grosses Orchester, 4 Solo- und 4 Chor-Stimmen
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1822-24
 Género: Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • "Choral" Symphony (Orchestra and Chorus of the 1951 Bayreuth Festival (Wilhelm Furtwängler / Elisabeth Schwarzkopf / Elisabeth Höngen / Hans Hopf / Otto Edelmann, 1951 [1955]) ★★★★☆ 
  • IX. Sinfonie; Egmont-Ouverture; Leonore III (Berliner Philharmoniker / Chor der St. Hedwigs-Kathedrale / Ferenc Fricsay, 1958 [1959]) ★★★★☆
  • IX. Symphonie (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1962 [1963]) ★★★★
  • Symphonie No. 9 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1983 [1984]) ★★★

   
 

He aquí la "Novena" de Beethoven, hito musical sin parangón para el que no hay palabras que puedan hacerle justicia. Una pieza que supone la culminación de muchas cosas: de la construcción sinfónica, de la genialidad de su autor y de los límites de la propia música. Dejémoslo claro y sin eufemismos: estamos ante una partitura que está entre los aspirantes más serios a obra musical más importante de todos los tiempos. 

Comprendan, por tanto, que escribir sobre esta pieza imponga un respeto que raya en el terror más absoluto. Porque lo que aquí hizo Beethoven supera no solo a todo lo que escribiera hasta ese momento, sino a todo —o casi todo— lo que estaba por venir después de él. Puedo estar exagerando, pero créanme, si es así, apenas me he pasado unas micras. No hay más que dejarse llevar por el tapiz musical que entreteje el de Bonn aquí, por los pasajes fugados y contrapuntísticos sutiles y perfectamente hilvanados que nos cuela, sobre todo en los apabullantes primer y cuarto movimientos, por los desplazamientos y yuxtaposiciones impagables del tema principal —o de los temas principales, mejor. 

En todo momento, la sinfonía da la sensación de trascendencia y de punto y aparte que seguro que perseguía el compositor, con cambios de naturaleza en cada movimiento y una culminación en el último, con la novedad de la introducción de la voz humana en forma de coros y voces solistas, toda una ruptura dentro de la tradición sinfónica en 1824. Así lo entendió el público enfervorecido que asistió a su estreno.

En el primer movimiento, Beethoven parece volver a ese "destino llamando a la puerta" de su quinta sinfonía con una música extraordinariamente tensa y violenta que parece surgir de la nada. En el segundo domina el contrapunto y una energía casi brutal que se desprende del vórtice que crea la repetición del famoso tema inicial. El tercero, por su parte, es un adagio lírico y contemplativo que nos ofrece un mundo totalmente diferente al resto de la sinfonía. Un oasis en medio de un océano turbulento que culmina en un último movimiento coral en el que nos lleva al éxtasis a la vez que cambia las reglas del juego para siempre. El colofón a una monumentalidad y unas dimensiones que serían el patrón para grandes sinfonistas futuros, Mahler y Bruckner a la cabeza.

¿Y cuál es la mejor forma de disfrutar de este hito? Comprenderán que elegir un puñado de grabaciones de las miles que puede haber es una labor titánica e inútil, ya que no creo que haya registro desechable de esta sinfonía. Esta vez, aunque me gusta acotar más, me he sumergido en cuatro grabaciones, todas impresionantes. Estas son: la que hizo Wilhelm Furtwängler en el Festival de Bayreuth (1951), la de Ferenc Fricsay al frente de la Filarmónica de Berlín (1958) y las de Herbert von Karajan con la misma filarmónica en 1962 y 1983 respectivamente. 

Grabaciones elegantes, monumentales e inapelables. La de Furtwängler, realizada tras la reapertura del festival bávaro después de la guerra, tiene mucho de mística, con la sensación de que la partitura se está formando ante tus oídos en ese mismo momento. Es una pieza muy querida por su carácter espiritual y por su significación histórica. La de Fricsay es más controlada y transparente, y cuenta con unas voces de excepción encabezadas por el barítono Dietrich Fischer-Dieskau, un auténtico portento en el canto del siglo XX. En cuanto a las de Karajan, su claridad y equilibrio son inapelables en ambas interpretaciones, si bien la primera es más canónica y de referencia que una segunda que nos lo muestra casi iracundo, dirigiendo con corsé tras su reciente operación.

No se obsesionen demasiado. Esta obra es tan inspiradora que es difícil encontrar una interpretación ni tan siquiera regular de la misma. Pónganse la que quieran, si no lo han hecho aún, y déjense llevar durante la hora y pico que suele durar. Descubrirán lo que significa flotar en medio de la inmensidad. 

1. Allegro ma non troppo, un poco maestoso
2. Molto vivace - Presto
3. Adagio molto e cantabile - Andante moderato - Tempo primo - Andante moderato - Adagio - Lo stesso tempo
4. Presto

🔎 Es prácticamente imposible destacar un momento individual de esta sinfonía. Los cuatro movimientos son de un riqueza sin parangón. Personalmente, me gustan mucho los tres primeros por mi querencia por lo instrumental en la música clásica. Me encanta el contraste entre furia desatada de los dos primeros y lo elegíaco y contemplativo del tercero.

 

Sin embargo, aquí hay que admitir que el último movimiento es el corazón palpitante de la "Novena". Ya había habido intentos de combinar la música coral con lo instrumental, como en la ópera o en oratorios —como los de Bach o Händel—, pero nunca ningún compositor de renombre se había atrevido a incluir la voz humana en una sinfonía.

Un movimiento que Beethoven había ido madurando durante varias décadas hasta plasmarlo en el pentagrama de esta forma tan definitiva. Porque en esta sinfonía todos los movimientos parecen desarrollarse y crecer con el propósito de desembocar en este milagro polifónico que parece otra sinfonía dentro de la sinfonía. Por entidad, por impacto y por cerrar de manera inigualable una obra y casi toda una vida dedicada a la música. Esta no fue la última composición de Beethoven, aunque espiritualmente se le puede considerar así. Al fin y al cabo fue la culminación, la cumbre de sus capacidades. 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Los ecos del genocidio

Anonymous (Tomahawk, 2007)

FOLK METAL TRIBAL. Tercera referencia para esta superbanda liderada por Mike Patton (Faith No More, Fantômas, Mr. Bungle) y Duane Denison (The Jesus Lizard), y completada por John Stanier (Helmet). El bajista habitual hasta entonces, Kevin Rutmanis (Cows, Melvins), dejó la banda en plena grabación, ocupándose Denison y Patton de sus partes a las cuatro cuerdas.

Denison fue el que realizó la labor de campo a la hora de seleccionar los temas tradicionales de los nativos norteamericanos sobre los que iban a trabajar. Canciones que el guitarrista escuchó de primera mano en las mismas reservas donde vivían los descendientes de las grandes tribus de antaño. Una motivación que le vino después de escuchar a bandas de rock formadas por indios y darse cuenta de lo convencionales y paniaguadas que sonaban, sin rastro, por supuesto, de sus crudas y polvorientas raíces ancestrales.

Así, este disco, en cierta forma reivindicativo, viene a saldar una deuda para con una música misteriosa, ceremonial y muy profunda. Unos ritmos en los que manda la repetición y unos patrones poco explotados en la tradición, digamos, occidental. Con la habitual desfiguración de contornos que supone que el entonces trío se las lleve a su terreno, pero con una fidelidad hacia las estructuras y líneas melódicas originales muy patente. Un triunfo matizable, que brilla en el misterio y la oscuridad más que en la rabia y el desboque.

Y es que el disco no es de digestión inmediata. Lo telúrico, lo sanguíneo del asunto está casi siempre supeditado a la barbarie de Tomahawk. Algo que nunca va a ser para todos los públicos y que, en este caso, más que potenciar los ingredientes, hace que a veces sea difícil distinguirlos en nuestro paladar.

★★☆☆☆

1 War Song 3:24
2 Mescal Rite 1 2:53
3 Ghost Dance 3:44
4 Red Fox 3:04
5 Cradle Song 4:10
6 Antelope Ceremony 3:59
7 Song of Victory 1:13
8 Omaha Dance 3:57
9 Sun Dance 3:02
10 Mescal Rite 2 5:51
11 Totem 3:04
12 Crow Dance 3:45
13 Long, Long Weary Day 1:23

Total: 43:29

Pisando a fondo

Mit Gas (Tomahawk, 2003)

ROCK ALTERNATIVO/NOISE. ¿Qué te puedes esperar de una superbanda en la que tocan miembros de Fantômas, Faith No More, Mr. Bungle, The Jesus Lizard, Helmet, Cows y Melvins? Efectivamente: tensión, riffs enfermizos, patrones rítmicos atípicos y el uso de la voz como un instrumento (de tortura) más. Cosas, todas, que podemos encontrar sin medida en el segundo disco de Tomahawk.

Un álbum que grabaron durante la ingrata gira en la que ejercieron de banda de apoyo de Tool. En ella, la recepción del público fue bastante tibia, lo que no presagiaba esta llamarada de rock ecléctico y variado. Ingredientes que han acabado conformando un álbum bastante más enfocado y hecho que su debut. Sin que eso quiera decir que estemos ante obra maestra alguna.

Tampoco le hace falta aspirar a tales laureles. Lo más destacable del disco ya es lo suficientemente disfrutable como para que aguante las escuchas que le eches. La guitarra de Denison es imaginativa y poderosa como podíamos esperar; la voz de Patton, aunque pendenciera y salvaje, está más en su sitio de lo que podíamos suponer si atendemos a su historial; y en cuanto a la base rítmica, es una auténtica hormigonera funcionando a tumba abierta y sin síntomas de fatiga o falta de rendimiento.

También es cierto que el viaje tiene sus peajes. Habría que señalar unos intentos por salirse del rock más directo que no acaban de encontrar todo el sentido —algunos conatos de experimentación sí que llaman la atención— y un control de calidad que falla por momentos —lo de "Desastre Natural" ¿era necesario?. Cosas que hacen que el disco fluya, pero no para todos los públicos. En ciertos momentos percibo que incluso se arriman a lo progresivo —de ahí supongo las comparaciones con Zappa y Pink Floyd que ha recibido. También, oh sorpresa, a ambientes casi cinematográficos. Algo que seguro que le da prestigio, pero que lo encapsula en un sonido muy determinado que a algunos puede atraerles tanto como causarles repulsión. 

¿El mejor álbum de Tomahawk? Seguro que sí. Lo que tengo claro es que este es un buen disco, y eso ya es suficiente para mí.

★★★☆☆

1 Birdsong 5:14
2 Rape This Day 3:16
3 You Can't Win 4:53
4 Mayday 3:36
5 Rotgut 2:55
6 Capt Midnight 3:14
7 Desastre Natural 3:02 🕱
8 When the Stars Begin to Fall 2:58
9 Harelip 3:34
10 Harlem Clowns 3:44
11 Aktion 13F14 4:58

Total: 41:24

martes, 15 de septiembre de 2026

Más malo que un dolor

Cover art for Bad As Me by Tom Waits

Bad As Me (Tom Waits, 2011)

 

CANCIÓN DISLOCADA. "Más malo que un dolor", así titulo esto, pero no se crean que me refiero al contenido del álbum. Más bien trato de alabar, sin mucho éxito, la actitud de un Waits que trata de mezclarse entre la multitud como el ser humano que a veces olvidamos que es. "Soy como tú y tú eres tan malo como yo", nos dice. Porque, seamos claros, quien más y quien menos, todos somos más malos que un dolor.

Sin embargo, algo falla en este planteamiento. No creo que Tom sea exactamente como nosotros, o mejor dicho, no creo que seamos igual de malos que él. De ser así, cualquiera podría escribir este disco, una maravilla en la que utiliza los ingredientes de siempre para darnos un viaje por cada esquina de su mundo. Y encima lo hace sonar de manera diferente a todo lo que ha hecho antes. Con la madera desvencijada de siempre, con el metal oxidado de costumbre y con una voz que nunca ha sonado más rasposa —ni más expresiva—. Con el blues, el jazz, el folk destrozado, el cabaret y el circo, pero de otra forma. Con un dominio absoluto de su dicción y sus requiebros. Algo que solo puede venir de la madurez mejor entendida.

De verdad que no quiero sonar exagerado, pero, por mucho que confiáramos en el de Pomona, no creo que hubiera muchos por ahí que se esperaran tal despliegue en el que, de momento, es su álbum de despedida. Vuelven los sospechosos habituales a la escena del crimen: Marc Ribot, Keith Richards, Flea, Les Claypool, David Hidalgo, Larry Taylor... Y vuelve a meter mano una Kathleen Brennan que seguro que merece un 50% —si no más— en el crédito que se ha venido agenciando nuestro cantautor dislocado desde, digamos, Franks Wild Years (1987).

Todo está aparentemente en su sitio. No hay giros bruscos ni reinvenciones en esta obra. No obstante, debo decir que suena con una viveza, con una fluidez y con un brillo compositivo que me obliga a ponerla por encima de discos que considero totémicos en su canon. No sé si supera a Bone Machine (1992), pero si no lo hace ahora, puede que el tiempo le acabe dando el empujón, y si no, siempre va a estar ahí rondando. Ahora mismo estoy demasiado ebrio de estas tonadas, demasiado mareado como para poder pensar con claridad. Síntoma inequívoco de que estoy delante de una de esas obras gordas y perdurables. Sé que puedo estar exagerando, pero es lo que siento mientras termino esta reseña a la vez que Tom despide el año llevándose el "Auld Lang Syne" a la frontera mexicana. No creo que se pueda ser más oportuno, más ingenioso ni más absolutamente arrebatador. 

Llámenme loco, pero no estoy seguro de querer que este disco tenga una continuación. Ahora mismo pienso que sería mejor dejarlo aquí. En las mismas nubes.

★★★★☆

1 Chicago 2:15
2 Raised Right Men 3:24
3 Talking at the Same Time 4:14
4 Get Lost 2:42
5 Face to the Highway 3:43
6 Pay Me 3:14
7 Back in the Crowd 2:49
8 Bad As Me 3:10
9 Kiss Me 3:41
10 Satisfied 4:05
11 Last Leaf 2:56
12 Hell Broke Luce 3:57 🕱
13 New Year's Eve 4:32

Total: 44:42

domingo, 13 de septiembre de 2026

Materia troncal

Estudando o samba (Tom Zé, 1976)
 

MPB. Lo que más me ha gustado siempre de Tom Zé es su facilidad para manosear la tradición de su país, vía Tropicália, hasta hacerla algo totalmente personal. Tanto que parece que está inventando algo en cada canción, cuando no es así en absoluto. Eso era lo más destacable de Todos os olhos (1973), su álbum anterior, y aquí lo depura en el sentido de que se deja de exageraciones para seguir colándonos su experimentación mientras la diluye por completo en el torrente de la convención.

Cuando se experimenta, se pueden tomar varios puntos de vista. Se puede atacar desde la radicalidad más absoluta, ya sea esta sonora, lírica o estructural, o se puede jugar a descolocar al oyente con las melodías más claras vestidas de alguna disonancia, algún motivo confrontacional o alguna digresión que llame la atención del oyente sin aterrorizarlo.

En mi opinión, veo claro que Tom Zé siempre ha preferido lo segundo. Una visión que va perfectamente con mis gustos y que, si bien aplicó de manera deliciosa y más patente en el álbum anterior, aquí florece de manera más sutil. Tanto es así que habrá quien diga que este trabajo no tiene nada de experimental, que es música popular brasileña en estado puro. Craso error. Zé juega con el ritmo, los arreglos y la estructura de las canciones. Y sin embargo, tienen razón todos los que llamen a esto MPB sin otros adjetivos.

Creo que ese es el secreto de las bondades de este disco. Esa integración perfecta, esa voluntad del artista por no quedarse por encima de una canción que no requiere de meneos ni estrangulamientos. Ese saber quedarse en el punto justo, tan inteligente y tan difícil de conseguir. Cualidades que todo el mundo identifica con los grandes álbumes. Otra cosa es que el artista esté siempre dispuesto a desnudarse como lo hace aquí el de Bahía. Eso ya no está al alcance de cualquiera.

★★★★☆

A1 Mã 3:56
A2 A felicidade 3:18
A3 Toc 2:59
A4 Tô 2:50
A5 Vai (Menina amanhã de manhã) 2:19
A6 Ui! (Você inventa) 3:02
B1 Dói 3:33
B2 Mãe (Mãe solteira) 3:43
B3 Hein? 3:42
B4 Só (Solidão) 4:27
B5 Se 2:30
B6 Índice 1:26 feat. Andrea Osório

Total: 37:45 

Y ahora, si no conocéis Todos os olhos (1973), puede que os preguntéis ¿cuál es mejor? Una pregunta muy difícil de contestar. Por mi parte, no podría eliminar ninguno de los dos de mi vida. Ambos me han infectado para siempre. Los dos ofrecen música delicada y evocadora en grado sumo. El primero tiene un corazón experimental más duro y juega con las disonancias y lo desviado de manera más evidente. Este segundo, en cambio, parece plegarse a la tradición sin luchar.

Pero al final, ni uno es tan arisco como parece ni el otro es tan obediente y manso como lo pintan. Encuentro más puntos en común que diferencias entre los dos. La similitud más importante estaría en su enorme talla artística. 

Y si me presionan muchísimo, acabaría quedándome con la capacidad invasiva de Estudando o samba. No solo es más inmediato, es casi adictivo. Siempre apetece darle al play cuando termina. Algo que, a estas alturas de mi vida, me parece impagable. Lo que no quita que sea incapaz de desechar al otro. Eso sería como hacerte elegir entre uno de tus dos brazos. Simplemente no se puede. 

sábado, 12 de septiembre de 2026

Eight miles high

Physical Graffiti (Led Zeppelin, 1975)

 

EL MARTILLO DE LOS DIOSES. Led Zeppelin volaban más alto que nunca a mitad de los 70. Sin nada que demostrar y con el mundo a sus pies, decidieron que era la hora de entregar ese álbum doble en el que cae todo gran artista cuando está tan pagado de sí mismo y tan resabiado que no sabe ya qué hacer para impresionar. Para ello se encerraron en el estudio con nuevas ideas sobre viejos conceptos y con un puñado de descartes de discos anteriores que podrían haber desestabilizado el proyecto desde los mismos cimientos de la coherencia y la solidez.

Finalmente no fue así. Aunque alguno de estos temas venían de ideas con las que tonteaban desde las sesiones de Led Zeppelin III en 1970, gracias a su magia negra, consiguieron que empastaran de maravilla con "novedades" de la potencia de "Custard Pie" o "In My Time of Dying", saqueos reincidentes a Bukka White y Bob Dylan (o a la tradición) respectivamente. Dos cargas de profundidad que están entre lo más destacable de un álbum que muestra el nivel de seguridad en el que se encontraba el combo. Canciones que no dejan lugar a la duda, con un Bonham más poderoso que nunca y un Plant mucho menos chillón, más serio y menos irritante. Todo esto se redondeó con la labor de Page a los mandos y con los arreglos de cuerda de un Jones, que en "Kashmir" ya estaban anunciando el dinerito y el mucho prestigio que iba a ganar como productor de renombre en unos años. Unos ingredientes que se traducen en el disco más poderoso, sónicamente hablando, de Led Zeppelin. Hasta el punto de que, al volumen adecuado, su pegada puede dejar sin capacidad de reacción.

Y eso que no es todo técnica en el álbum. Eso por sí solo no valdría gran cosa. En Physical Graffiti hay tiempo para todo. En su cerca de hora y media te vas a hartar, a desgañitar, vas a pedir la hora y también vas a disfrutar con una evolución que tiene aquí su cima. Está clarísimo desde la primera escucha. La forma en la que todo suena sin prisas, dándole a cada canción su tiempo para desarrollarse; la manera en la que juegan con la repetición hasta colarnos melopeas monótonas sin paliativos como los mantras más hipnóticos del mundo ("Custard Pie", "Kashmir"); la combinación tan deliciosa y sutil entre el blues rock de toda la vida y los aires orientales que les obsesionaban ("Kashmir", "In the Light"); la madurez, en definitiva, que les habilita para entregar melodías reposadas e inmortales como en "Ten Years Gone" o "Down by the Seaside". Una forma de hacer las cosas que solo es posible si tienes carta blanca por parte de la discográfica y de la afición. Algo que te pasa una vez en la vida, si es que te pasa.

También es cierto, que quede claro, que bajan el nivel en la última cara de manera notable. Hasta el punto de hacer temblar ese aire de obra completa, sólida y de una pieza que habían logrado alcanzar hasta ese momento. Ahí el disco hace aguas, aunque tampoco es un fragmento tan desechable como dicen algunos por ahí. Sigue habiendo temazos, por mucho que la falta de coherencia y de nexos de unión entre ellos hable más de relleno para llegar a la duración deseada que otra cosa.

Con todo, Physical Graffiti es un obrón espectacular que no hace más que revalorizarse con los años. Una cumbre desde la que solo se podía descender, como así sería. En muchos aspectos su obra más rotunda y brutal. Su disco más complejo, el que mejor suena y el que más convence a los descreídos. No voy a decir que sea mi favorito ni el mejor, ahí tengo que quedarme con el cuarto, pero este sexto trabajo tiene una potencia y una personalidad imposible de igualar. Por eso siempre será el más apasionante.

★★★★☆

A1 Custard Pie 4:20
A2 The Rover 5:54
A3 In My Time of Dying 11:08
B1 Houses of the Holy 4:01
B2 Trampled Under Foot 5:38
B3 Kashmir 9:41
 
C1 In the Light 8:46
C2 Bron-Yr-Aur 2:07
C3 Down by the Seaside 5:15
C4 Ten Years Gone 6:55
D1 Night Flight 3:37
D2 The Wanton Song 4:10
D3 Boogie With Stu 3:45
D4 Black Country Woman 4:30
D5 Sick Again 4:40
Total: 84:27 
La portada de este disco es una de las más icónicas y también de las más complejas de diseñar dentro de la discografía del grupo. Un troquelado en el que alternamos entre el título del disco y diversos personajes que se nos aparecen en las ventanas dependiendo de si metemos el inserto o no.
 
 
 
Peter Corriston estuvo buscando edificios con personalidad para crearla. La construcción debía ser simétrica y tener detalles interesantes. Con esta idea en mente, se dio de bruces con la solución en el East Village neoyorquino. Con un edificio que para los locales debía ser de lo más anodino, pero al que el artista convirtió en icónico. Hoy no son pocos los fanáticos que se patean el barrio en su búsqueda, lo cual dice mucho de lo que nos ha llegado el envoltorio de este poderoso álbum. 

DISCOS RELACIONADOS

viernes, 11 de septiembre de 2026

Cuando arrecia el bombardeo

Cover art for Pablo de Málaga by Enrique Morente

Pablo de Málaga (Enrique Morente, 2008) 

FLAMENCO EXPERIMENTAL. Creo que a nadie podía extrañarle. Enrique Morente Cotelo, el último revolucionario del flamenco, tenía que irse revolcándose en esa heterodoxia de la que ha hecho gala y bandera durante toda su vida artística. En su último disco antes de su trágica desaparición, aprovecha la excusa del homenaje a un hermano artístico como Picasso, para soltar su último exabrupto. Un trabajo incómodo y visceral alrededor de una figura con la que comparte el aliento entrecortado de aquellos que jamás podrán saciarse porque este mundo es demasiado pequeño para ellos.

El disco está lleno de experimentos de una profundidad irrebatible. Piezas que no tienen nada que envidiar a sus momentos más arriesgados ni a los más clásicos. Piezas de carácter funerario y de lírica densa que avanzan con la coherencia del arte mayor. "Guern-Irak", "Tientos griegos" o "Compases y silencios" comparten el ansia y la zozobra que ha vertebrado la obra de genios de lo desviado como Robert Wyatt, Scott Walker, Tim Buckley o la última Patti Smith. 

Canciones retadoras, negras y con una voluntad de subsistir a lo mínimo, de sobrevivir a su propia autarquía, que resultan conmovedoras en grado sumo. En ellas, Morente combina lo atávico y lo descorazonador. En las progresiones fúnebres del tema titular, que se prolongan en su continuación, y en esa "Compases y silencios" en la que alarga las sílabas hasta alcanzar la disonancia en un contraste brutal entre la melodía perfecta y la cacofonía más brutal.

Todo esto hace que se nos haga más llevadera la tontería supina de "Angustia de mensaje". No es que moleste demasiado, tratándose además de un rema extra. Sin embargo, pone su granito de arena en un disco que también falla en algún otro punto. ¿Podría haber estado mejor empastado para no parecer una colección de ocurrencias vanguardistas más o menos conseguidas? ¿Podrían haberse cuidados más las melodías y unos ganchos que parecen algo dispersos y esparcidos casi al azar? Sobre todo la última parte del álbum se hace algo cuesta arriba, eso me parece innegable. Sin embargo, nada de esto empaña el hecho de me vea enfrente de una obra que ya no me esperaba, el digno canto de cisne de uno de los artistas más grandes de este país en cualquier género.

★★★

1 Guern-Irak
2 Tientos griegos (llamadas anónimas)
3 Autorretrato (con voz de Pablo Picasso)
4 Pintao en un papel verde
5 Borrachuelo con aguardiente
6 Malagueña de la campana
7 Compases y silencios
8 Montes de Málaga
9 Soleá de los números
10 Pan tostao
11 Soneto X

Bonus Tracks
12 Angustia de mensaje 🕱
13 Adiós, Málaga

Total: 51 min.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Así llama el destino a la puerta

Título: Sinfonía nº 5 en do menor, Op. 67; "Del destino"
Título original: Sinfonie Nr. 5 in c-Moll, Op. 67
Autor:Ludwig van Beethoven
Año de composición: 1804-08
 Género: Sinfonía

Grabaciones de referencia:

  • Symphonie Nr. 5 (Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan, 1962) ★★★★☆
  • Symphonie Nr. 5 (Wiener Philharmoniker / Carlos Kleiber, 1975) ★★★★

Cover art for Symphonie Nr. 5 by Berliner Philharmoniker / Herbert von Karajan Cover art for Symphonie Nr.5 by Wiener Philharmoniker / Carlos Kleiber

Con esta obra tenemos dos opciones claras: detenernos ante lo popular de su alcance y lo manido de ese sol–sol–sol–mi♭ con el que abre o dejarnos llevar entendiendo que si es una obra tan universal, es por algo. Claramente les recomiendo lo segundo: déjense vapulear por una de las piezas más expresivas, voluptuosas y apabullantes de la historia de la música.

Porque eso es lo que es la "Quinta" de Beethoven. Una partitura en la que el compositor ya está haciendo algo más que anunciar el romanticismo más desatado que estaba por venir. Ese que pone a la naturaleza y a la violencia de los elementos en el centro como expresiones poderosas de las emociones y pasiones humanas.

Una intensidad que choca con o surge de los graves problemas auditivos que Beethoven empezó a experimentar a finales de la década de 1790 y que se habían agravado muchísimo en 1808, fecha en la que terminó esta sinfonía. Una dolencia que le acosó precisamente en plena etapa heroica y que de alguna forma podría representar la lucha del compositor con un destino que parecía tenerlo contra las cuerdas. Algo que conecta con las declaraciones de su amigo Anton Schindler, según las cuales, el archifamoso soniquete con el que comienza la sinfonía y del que hemos hablado arriba representaba, según Beethoven, el sonido del destino llamando a la puerta.

Unas declaraciones que hay que coger con pinzas, ya que hablamos de una persona que llegó a falsificar algunos de los cuadernos que utilizaba Beethoven para comunicarse debido a su sordera. En cualquier caso, la historia del destino llamando a la puerta, la sordera del genio de Bonn y la potencia de esos cuatro golpes contienen por sí mismos la suficiente poesía y el suficiente poder de fascinación como para que, con el tiempo, esta sinfonía quedara bautizada con el sobrenombre de la sinfonía "del destino".

Una sinfonía de la que, se podrán imaginar, existen cientos de grabaciones y muchas buenísimas. En mi caso me he centrado en dos para disfrutarla. Por un lado, la que dirigió Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín en 1962 y por otro la de Carlos Kleiber con la Filarmónica de Viena en el totémico Musikverein en 1974. Se trata de dos grabaciones míticas de las muchas que podría haber elegido para esta sinfonía. Karajan nos ofrece una visión limpia y clara en la que manda el conocimiento minucioso de la obra. Una sensación de control que puede abrumar. Kleiber, por su parte, lleva la precisión a otro nivel al ponerla al servicio de una tensión casi física. Un sonido aplastante y con un manejo de esa tensión simplemente abrumador. Véase, por ejemplo, la transición entre el tercer y el cuarto movimiento, momento que en Karajan es de una elegancia y una claridad perfectas, pero que en Kleiber es un acontecimiento que debería estar grabado en piedra para la eternidad.

Sencillamente lo que merece esta sinfonía. Ni más ni menos. Posiblemente la más popular de Beethoven, no sé si la mejor, pero no tengo dudas de que la que más gente reconoce y la más disfrutable de todas. Y cuando digo todas, no tengo claro que deba limitarme a las del compositor alemán. 

1. Allegro con brio
2. Andante con moto
3. Scherzo. Allegro
4. Allegro 

🔎 Hay varios detalles destacables en esta sinfonía. Ahí está, sin ir más lejos, la transición del tercer al cuarto movimiento, la cual es especialmente impresionante en la versión dirigida por Carlos Kleiber de la que hablábamos arriba. 

Sin embargo, si tengo que quedarme con un momento en esta pieza, ese sería el primer movimiento. Ese Allegro con brio que podemos seguir nota a nota mientras nuestras manos tratan de tocar violines y trompas de aire. Exactamente lo mismo que hacemos cuando clavamos de memoria ese solo de guitarra eléctrica de nuestro grupo favorito.

Un síntoma de que estamos, lo diré una vez más, ante una obra popular en grado sumo, pero también la prueba de que está perfectamente engarzada, con un movimiento que siempre va hacia delante y en el que el famoso ta-ta-ta-taaa se convierte en una célula rítmica alrededor de la cual se construye todo el movimiento. Es magistral cómo Beethoven lo desplaza, lo fragmenta, lo superpone y lo recoloca constantemente, surgiendo de la nada cuando nuestro oído menos lo espera. Una genialidad en la que vemos claramente el alcance de los poderes del que puede ser el mejor compositor de la historia.

martes, 8 de septiembre de 2026

Cubanos en Marte

Real Gone (Tom Waits, 2004)
 

FUNK CUBISTA. El señor Waits nos propone en su decimoséptimo álbum un viaje al otro mundo, al centro de la tierra, a la estratosfera y más allá. Sí, una vez más, y como de costumbre desde hace más de veinte años, no nos asegura el retorno. Lo que significa, no lo duden ni un momento, una experiencia inolvidable. 

Paisajes rugosos filmados en película de grano gordo, etéreos, bañados en la baja fidelidad de instrumentos y cacharros sacados del laboratorio de un científico loco. Funk cubista lo llama. Y con razón. Al fin y al cabo, aquí se cuelan los contoneos inenarrables de un James Brown descoyuntado y los espasmos disfuncionales de los Contortions. Funk, no wave, ritmos latinos y la base de blues que todo lo espesa. Por supuesto, también podemos deleitarnos con los recitados de lija de rigor, algo de jazz apenas esbozado y esa música de entreguerras descorchada desde el rincón más oscuro de su bodega.

Todo tocado por la varita de un loco genial, que vuelve a hacernos caer rendidos a sus pies. Rendidos ante una voz más inmisericorde que nunca. Un graznido cruel capaz de abrir una grieta bajo nuestros zapatos. Merced a lo cascado de su garganta y a una obcecación por tener un colchón instrumental más primario y despojado de aspavientos que nunca. Esto queda potenciado, además de por una instrumentación realmente esquelética, por el hecho de que la producción ha fabricado una masa sónica en la que todo suena como una amalgama sin definir. Un sonido salvaje y crudo que, en principio, le va como anillo al dedo a esta música.

O eso creíamos hasta que el propio cantautor junto a su esposa y mano derecha, Kathleen Brennan, decidieron que había que pulir un trabajo con el que no habían quedado satisfechos. De ese deseo surgió la nueva mezcla y remasterización que realizó la pareja en 2017. Una labor que no se quedó en lo cosmético, sino que modificó las pistas originales hasta dar con un resultado que suena radicalmente diferente. Personalmente, no soy amigo de estas maniobras, pero en este caso he de decir que esta es la versión en la que podemos disfrutar mejor de esta obra. Los instrumentos aparecen más separados y claros, lo que acaba dotando al álbum de una expresividad y un impacto de los que carecía en su versión original.  

Por tanto, y sin que sirva de precedente, me quedo con esta remasterización como la referencia definitiva de un disco que, en cualquier caso, deja claro que el cantautor dislocado lo ha vuelto a hacer. Otra vez. Y van... tantas, que he perdido la cuenta.

★★★★☆

1 Top of the Hill 4:54
2 Hoist That Rag 4:20
3 Sins of the Father 10:36
4 Shake It 3:52
5 Don't Go Into That Barn 5:22
6 How's It Gonna End 4:51
7 Metropolitan Glide 4:13
8 Dead and Lovely 5:40
9 Circus 3:56
10 Trampled Rose 3:58
11 Green Grass 3:13
12 Baby Gonna Leave Me 4:29
13 Clang Boom Steam 0:46
14 Make It Rain 3:39
15 Day After Tomorrow 6:53
16 Chick a Boom [unlisted] 1:17

Total: 71:59

lunes, 7 de septiembre de 2026

¡Asesinados por el cielo!

Omega (Morente & Lagartija Nick, 1996)



 
FLAMENCO EXPERIMENTAL. "Prefiero el caos y la hecatombe a la mediocridad." (Enrique Morente)
 
Hay artistas que se quedan en un rincón reviviendo continuamente un pasado más o menos glorioso y ARTISTAS que miran hacia delante continuamente en una búsqueda insaciable. Estos últimos escasean y, como buscadores de una verdad intangible, se dan más de un coscorrón. Enrique Morente es uno de esos visionarios que entiende la música como una materia viva y cambiante. Como algo que no puede encerrarse entre prejuicios y miedos. Su carrera siempre había sido un romper continuo con lo anterior, una provocación para muchos, una afirmación continua para otros tantos.

Omega no es sino un punto de inflexión absoluto en su carrera y en la historia de la música en castellano. La ambición que proyectaba no era para tomar a broma y, sinceramente, se prestaba a salir mal por muchos motivos. El principal era una tendencia clara hacia la épica y la dispersión. Vamos, aunque peguen, no se me antoja fácil unir a Federico García Lorca y Leonard Cohen bajo el paraguas del flamenco. Y para más inri, por si esto no fuera suficientemente osado, se alía con Lagartija Nick para teñir los palos de un rock casi thrash que auguraba interés… Y muchas dudas.

A veces ocurre, y hablamos de triunfo absoluto entonces, que los ARTISTAS se sobreponen a todas las dificultades y vencen los augurios a base de creatividad, talento o sangre. De todo esto se valió este grupo de granaínos para empastar unos estilos antagónicos que conviven y respiran como sin esfuerzo en un trabajo capital como se han visto pocos en este país. No puede sonar exagerado, no al menos después de atravesar "Omega", la canción, el dichoso y negro pórtico que se erige en el impresionante acceso al álbum. Sus once minutos nos sacuden entre magmas eléctricos, poesía apasionante y crescendos sedientos de sangre. Un tour de force que sirve de presentación perfecta para la dulzura portuaria de "Pequeño Vals Vienés". Morente derrite los versos de Lorca, según la versión de Cohen, en un maridaje triple digno del autor de Beautiful Losers (1966).

A pesar de todo este paisaje abyecto para el purista, no crean que esto es algo diferente al flamenco. Muy al contrario, sigue siéndolo por actitud y rajo. Ya se encargan de dejarlo bien claro los temas más "tradicionales" del disco. Tradicionales por decir algo, porque todos tienen el sello morentiano, el giro que los diferencia de cualquier otra cosa. Eso que hace que a los que no escuchan flamenco les parezca muy puro y a los fanáticos del género una marcianada. Pues ni una cosa ni otra. Este álbum no se entiende desde el extremismo. Y eso que Omega se sitúa en un extremo desde su mismo título. 
 
¿Es el final de una etapa o la apertura de caminos infinitos? Principio, final, nacimiento, muerte… Omega no se acaba nunca. Dejen de leer sobre él y escúchenlo de verdad. Métanselo en la piel y en los huesos. Tal vez así entiendan toda esta verborrea. Solo así verán que sus raíces se hunden en lo más profundo y sus ramas abrazan la inmensidad del todo más absoluto.
 
 
1 Omega 10:48
2 Pequeño vals vienés (Take This Waltz) 5:33
3 El pastor bobo 3:42
4 Manhattan (First We Take Manhattan) 4:44
5 La aurora de Nueva York 4:59
6 Sacerdotes (Priest) 4:07
7 Niña ahogada en el pozo 3:45
8 Adán 4:14
9 Vuelta de paseo 5:08
10 Vals en las ramas 4:01
11 Aleluya (Hallelujah n. 2) 6:24
12 Norma y paraíso de los negros 4:34
13 Ciudad sin sueño 5:46
Total: 67:45
 
"Omega es la visión de Enrique Morente sobre Poeta en Nueva York de Federico García Lorca." - (libreto interior del disco)

"Incluso antes de salir el disco, la flamencología empezó a criticarme muy enérgicamente y a agredirme como si estuviéramos haciendo algo malo (...) Fue un posicionamiento, un pronunciamiento musical, un golpe de estado artístico a lo que se hacía en esos momentos." (Enrique Morente)

"El poema en trece versos ya contiene el grito y el ruido, aparte de ser una premonición sobre la propia muerte de Lorca, pero Morente enseguida visualizó cómo adaptarlo a nuestro caos." (Antonio Arias, Lagartija Nick, sobre la canción "Omega")

"Los poemas explosionaban en nuestras manos y nos arrastraban por el camino de la intuición." (Antonio Arias)

domingo, 6 de septiembre de 2026

Tierra llamando a Memphis

From Elvis in Memphis (Elvis Presley, 1969) 


CROONER. Este disco representa en cierta forma un regreso para Elvis. En el ínterin entre 1961 y 1968 dejó los directos, siguiendo el plan de su mánager, el Coronel Tom Parker, y se concentró en su carrera cinematográfica y en sus consecuentes bandas sonoras. Los réditos fueron brutales, sobre todo en lo económico, y su nivel de popularidad alcanzaría cotas inimaginadas. Aun así, faltaba algo de esa inocencia primitiva, de ese poner a la música por encima de todo, que lo había caracterizado. Por eso, tras el éxito fulgurante de su vuelta a los escenarios en un especial navideño para la televisión en 1968, todo el mundo estaba expectante ante el disco que empezó a cocer y que publicaría meses después.

Un álbum que se fue a grabar a Memphis, a los recién inaugurados estudios American Sound. El motivo principal, la banda residente, los "Memphis Boys", culpables del maravilloso sonido country-soul de este registro histórico. Un disco que, por muchos motivos, es el clásico de los lujos. El lujo de una interpretación sublime. Aquí Elvis poseía un dominio escénico y vocal sin parangón, y los arreglos y el acompañamiento están a la altura. El lujo de unas canciones enormes, con algunos títulos en particular que ponen la carne de gallina y el nudo en la garganta: "Wearin' that Loved on Look", "Only the Strong Survive", "I'll Hold You in My Heart", "Gentle on My Mind", "True Love Travels on a Gravel Road", "Any Day Now", "In the Ghetto"... Crescendos vibrantes, remansos emotivos, historias melodramáticas... La vida que se desborda libre.

Y para acabar, el último lujo, el que solo los más grandes pueden permitirse, como es dejarse fuera del álbum joyas de los quilates de "The Fair Is Moving On", "Don't Cry Daddy" o, sobre todo, "Suspicious Minds". O se está muy loco o muy seguro de uno mismo para acometer tamaño salto mortal.

Se le podrá criticar el hecho de que no fuera el primero a pesar de que muchos lo crean. Que todo se debiera a su atractivo y al color de su piel, que pudieron relegar a un segundo plano a los grandes intérpretes negros. Lo cierto es que nunca rozaron su nivel de popularidad. Puedo estar de acuerdo con todas estas apreciaciones, pero escuchando esta joya, todas se disuelven en el aire. A fin de cuentas, cuando pongo este disco, solo quiero disfrutarlo sin pleitos ni controversias. Para clamar a los cuatro vientos, gozoso y sin un atisbo de duda en la garganta: Long live the King!

★★★★

A1 Wearin' That Loved on Look 2:41
A2 Only the Strong Survive 2:45
A3 I'll Hold You in My Heart (Till I Can Hold You in My Arms) 4:31
A4 Long Black Limousine 3:41
A5 It Keeps Right on A-Hurtin' 2:35
A6 I'm Movin' On 2:50
B1 Power of My Love 2:35
B2 Gentle on My Mind 3:20
B3 After Loving You 3:05
B4 True Love Travels on a Gravel Road 2:37
B5 Any Day Now 2:55
B6 In the Ghetto 2:44

Total: 36:19

Xxx

DISCOS RELACIONADOS



sábado, 5 de septiembre de 2026

Musicales de ensueño y pesadilla

Alice / Blood Money (Tom Waits, 2002)

CANCIÓN DISLOCADA. Con esta pareja de discos publicados a la vez, pero por separado, Waits retoma el espíritu de The Black Rider (1993). Cada uno es la traslación al plástico de la música contenida en sendas óperas escritas junto a su esposa, Kathleen Brennan, y Robert Wilson.  

Alice exprime las canciones escritas para el musical del mismo título, estrenado en 1992. Un libreto que va sobre la obsesión de Lewis Carroll por Alice Liddell, la niña que le sirvió de inspiración y musa para sus novelas Alice in Wonderland (1865) y Through the Looking Glass (1871).

Blood Money, por su parte, extrae la música de Woyzeck, ópera producida por Wilson y estrenada en el año 2000, que se basa en la obra teatral de Georg Büchner, incompleta en el momento de su muerte, en 1837, y editada por Karl Emil Franzos en 1877. En ella se cuenta la historia de un soldado sin recursos y mentalmente atormentado que acabó matando, en un ataque de celos, a su amante y madre de su hijo. Crimen por el que fue decapitado finalmente.

Historias truculentas, cada una a su estilo y en diferente grado, que encuentran en esta música un vehículo expresivo inmejorable. Canciones inflamadas y valses que conforman toda una odisea entre la lógica del sueño y el sinsentido —palabras del propio autor— en el caso de Alice. En cuanto a Blood Money, Waits lo describe como un disco que se escora de lo brutal a lo tierno, con ritmos que agreden y melodías románticas. Mientras el primero, y seguimos usando las palabras del cantautor, ofrece canciones adultas para niños o canciones infantiles para adultos, el segundo nos revela esas malas noticias que a todos nos gusta oír de una boca bonita, en canciones afligidas que parecen haber envejecido en una barrica.

Es cierto que con dos álbumes a la vez, por mucho que "solo" sumen 90 minutos, corremos el riesgo de perdernos en medio del atracón. Probablemente, los matices queden enterrados en la maraña y nos apetecerá dar carpetazo pronto y a otra cosa, antes que dedicarles el tiempo que merecen. Sin embargo, me niego a ser injusto con esta dupla. Hay demasiados violines en llamas, demasiados pianos destemplados, demasiados vientos tambaleantes y demasiada pasión que se desborda por estos surcos. La tentación puede susurrarte que los despaches con un no están mal, pero... Y ahí es donde debemos quitarnos la venda de los ojos y confesar que el de Pomona lo ha vuelto a hacer una vez más. Como si no le costara esfuerzo alguno. 

★★★★☆

1 Alice 4:30
2 Everything You Can Think 3:12
3 Flower's Grave 3:30
4 No One Knows I'm Gone 1:44
5 Kommienezuspadt 3:12
6 Poor Edward 3:44
7 Table Top Joe 4:16
8 Lost in the Harbour 3:47
9 We're All Mad Here 2:33
10 Watch Her Disappear 2:35
11 Reeperbahn 4:04
12 I'm Still Here 1:51
13 Fish & Bird 4:01
14 Barcarolle 4:01
15 Fawn 1:43

Total: 48:43

1 Misery Is the River of the World 4:25
2 Everything Goes to Hell 3:45
3 Coney Island Baby 4:02
4 All the World Is Green 4:36
5 God's Away on Business 2:59
6 Another Man's Vine 2:28
7 Knife Chase 2:26
8 Lullaby 2:09
9 Starving in the Belly of a Whale 3:41
10 The Part You Throw Away 4:22
11 Woe 1:20
12 Calliope 1:59
13 A Good Man Is Hard to Find 3:57

Total: 42:09

viernes, 4 de septiembre de 2026

Erewhon

Cover art for Either / Or by Elliott Smith

Either/Or (Elliott Smith, 1997)

POP DE AUTOR. Poeta, genio maldecido por la tragedia, etiquetas tópicas, pesadas, tontas, que no ayudan ni describen. Más bien generan un sambenito insoportable para un artistazo que lo es por derecho propio. Pero claro, a nosotros nos gusta la carnaza, el morbo y la desolación. Lo admito, hay mucho de esto también aquí, en estas palabras y en este disco.

Elliott Smith vivió deprisa y murió joven, apuñalado, caso abierto, el alimento perfecto para la leyenda y el mito. Antes le había dado tiempo a completar cinco discos largos a su nombre, de los cuales este es el tercero. Discos con una valoración altísima. Discos grabados con lo justo en cuanto a medios, pero sobradísimos de talento y sensibilidad. Este Either/Or pasa por ser su cumbre, o una de ellas, no conviene aseverar a la ligera. Se trata de una obra crepuscular, melancólica, de las que tocan hueso, ahí bien profundo. Un disco susurrado, con sus momentos de desmelene pop y una originalidad melódica que impresiona.

Una obra que muestra a un artista total. Guitarrista finísimo, creador por encima de todo, algo deudor y muy heredero, pero para nada imitador ni de Nick Drake ni de Bob Dylan. Con el primero comparte el daño, la condena; con el segundo el compromiso poético, la mirada certera. Un humanista que se derrama apasionado y tranquilo por estos sonidos llenos de una verdad tan humilde que no podemos resistirnos a ella. Muy poco... Muchísimo.

★★★★

1 Speed Trials 3:01
2 Alameda 3:43
3 Ballad of Big Nothing 2:48
4 Between the Bars 2:21
5 Pictures of Me 3:46
6 No Name No. 5 3:43
7 Rose Parade 3:28
8 Punch and Judy 2:25
9 Angeles 2:56
10 Cupid's Trick 3:04
11 2:45 AM 3:18
12 Say Yes 2:19

Total: 36:52

jueves, 3 de septiembre de 2026

Persiguiendo a las musas

La rebelión de los hombres rana (El Último de la Fila, 1995) 

POP AFLAMENCADO. Con un tono más reposado y claramente meditativo, EUDLF se despiden diez años después de su primer disco. Su canto de cisne es una obra melancólica y oscura de tonos semiacústicos. En ella se conjuran los sentimientos de agotamiento y despedida que anunciaban la inevitable disolución. 

Todo ese anuncio está latente en la música y en las palabras. Inequívocas al hablar de la falta de inspiración, de esas "musas que huyen" y esos "ripios confusos" ("El bombero del atardecer"). Claras al llorar el final con ese "pudo ser mejor, pero nuestro baile acaba" ("Uva de la vieja parra").

Letras cansadas y pulcras como siempre. Músicas que anuncian claramente al Manolo García que volaría en solitario poco después ("Las hojas que ríen"), aunque una sola de estas canciones valga más que toda su discografía al margen del grupo. Historias pensadas y ultimadas para cerrar un ciclo único en la historia del rock en castellano. Aunque el disco se desinfle un poco conforme avanza. Aunque ya nada sea como al principio. Despedida más que digna con uno de sus esfuerzos más logrados. Su disco más maduro. Y esta vez no es un insulto.

★★★☆☆

A1 ¡Qué bien huelen los pinos! 4:27
A2 Pedir tu mano 2:54
A3 Vestido de hombre rana 3:16
A4 Bailarás como un indio 4:09
A5 A medio soñar 3:43
A6 Uva de la vieja parralyrics 3:46
B1 Las hojas que ríen 5:13
B2 Sin llaves 3:34
B3 El bombero del atardecer 4:42
B4 Dímelo tú 4:06
B5 Illetes 4:03 

Total: 43:53