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martes, 2 de junio de 2026

El navegante interestelar

Starsailor (Tim Buckley, 1970)


EXPERIMENTO CÓSMICO
. Si te apetece relajarte, oir un poquito de guitarrita y hundirte en el sillón, huye de este disco. Como de la peste. No te dejes engatusar por la sonrisa afable de Tim, ni por el carrusel juguetón que es "Moulin Rouge", ni por la leyenda de esa "Song to the Siren" que cualquiera ha cantado con más brillo, más lustre y también más aburrida ortodoxia.

Aquí no hablamos de versiones más o menos lucidas. Esto es la fuente. En cuanto a la canción mencionada y en cuanto al experimento vocal per se. Aquí Tim Buckley raya en la locura en un intento por estirar la dificultad de su disco anterior en busca de los límites de la cordura y el sentimiento. Para ello se vale de su mejor instrumento, su voz infinita y cegadora. El albatros al que siguen sin pestañear los vientos, contrabajos y pianos en un intento por alcanzar un destino que desde el principio se antoja inexistente. Lo que pasa es que a veces no importa a dónde se va, sino el trayecto, y aquí este es alucinante. Free jazz, gritos animales y el corazón en la boca son el combustible para una singladura sin igual por las estrellas.

El disco empieza perezoso y raro como un perro verde, una mezcla que no ayuda. Tenemos que esperar a "Monterey" para "disfrutar" del primer tortazo en toda regla. Se trata de una melopea desquiciada que azuza a un Buckley desatado. En ella nos azota con su inmenso rango vocal, con su expresionismo, con su vuelo acrobático sin red. Todo un descoloque que se acentúa con la continuación, una ortodoxa, graciosa y preciosa "Moulin Rouge". Un contraste brutal que queda despedazado de nuevo con el vuelo planeador de esa maravilla llamada "Song to the Siren", canción que es obligatorio visitar una y otra vez en su toma original para comprobar lo bien que le sientan los hierbajos eléctricos, la hojarasca y la libertad extrema. 

Una libertad que se duplica en la apertura de la cara B, con una infernal "Jungle Fire", y que no pierde fuelle con los fantasmas que pueblan la tétrica canción titular, una psicofonía escalofriante que te pone de los nervios. Y no crean que se queda contento con eso. La penúltima es igual de desquiciante, y cuando ya creemos que no podemos más, nos suelta la trompeta fronteriza con la que abre el glorioso cierre, "Down by the Borderline". Un colofón que nos quita todas las dudas a base, otra vez, de base rítmica minimalista e insistente e incursiones en terrenos inexplorados por parte de los vientos y, cómo no, la voz, esa voz indescriptible, críptica y aguda como la eternidad.

Realmente, después de su escaso minutaje, Starsailor te deja una sensación extraña. A la placidez que sigue a su extinción acompaña un regusto casi sabroso. Una mezcla de satisfacción y tristeza. Al principio puedes creer que es porque no has entendido nada, pero te lo vuelves a poner y compruebas que no, que esa tristeza se parece mucho a lo que se siente cuando se acaba un libro que estás disfrutando con deleite. No quieres que termine, pero quieres saber qué pasa al final, aunque te duela.

★★★★★

A1 Come Here Woman 4:09
A2 I Woke Up 4:02
A3 Monterey 4:30
A4 Moulin Rouge 1:57
A5 Song to the Siren 3:20
B1 Jungle Fire 4:42
B2 Starsailor 4:36
B3 The Healing Festival 3:16
B4 Down by the Borderline 5:22

Total: 35:54

Xxx

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jueves, 13 de marzo de 2025

El bálsamo que cura


  Astral Weeks (Van Morrison, 1968)

SONG CYCLE. Hay discos que te exigen escribir sobre ellos de rodillas. Como esta esencia del primer Van Morrison que ya despuntará para siempre como su magnum opus indiscutible. Y digo esto a sabiendas de que habrá polémica para aquellos que prefieran, por ejemplo, el también excelso Moondance (1970). Solo señalaré un motivo para decantarse por este: mientras que el siguiente álbum es una demostración insuperable en el arte de escribir canciones, estas "semanas astrales" conforman un conjunto de MÚSICA ABSOLUTA en toda la expresión del término y con la libertad como motivo, hilo conductor y faro.

Sé que la pasión me puede, pero lo voy a decir. En este mundo hay pocas cosas tan placenteras como abandonarse al fluir sereno de las notas que resuenan en estas canciones. Con ese sabor a madera, ese vaivén de las estaciones, esos misteriosos círculos de las cosechas… Ese vivir sin prisas ni agobios. Ese es el bálsamo que nos propone un Morrison en la cumbre de sus poderes. Para ello deja que las canciones le pidan lo que quieren ofrecer, dónde quieren empezar y acabar, cómo quieren desarrollarse, dónde hay que meter un violín, dónde un vibráfono, dónde tiene que retumbar el rasgueo suave y firme de la guitarra acústica, cuándo tiene que surgir un contrabajo de la nada o cuándo tiene que resonar su voz superdotada para asediarnos con un gemido, suplicarnos con un susurro o enfatizar una frase con un paladeo sutil o masticando las palabras.

Las obras maestras lo son por diferentes motivos. Es casi imposible destacar unas por encima de otras. Lo que sí está claro es que esta es una. Y de las más poderosas. Una pieza simétrica e inversa con dos canciones largas y dos cortas por cara. De otro tiempo. De cuando se podían hacer estas cosas. De cuando las palabras podían mover montañas y corazones. De cuando la música podía destrozarte y jugar con tus pedacitos. Pero este disco no está aquí para hacernos daño. Muy al contrario, está para sanarnos y recordarnos lo que una vez fuimos. Para que así lo sigamos siendo.

"Let us go there together, darlin', way from the river to here and now And carry it with a smile, bumper to bumper Stepping lightly, just like a ballerina."

 

In the Beginning
A1 Astral Weeks 7:00
A2 Beside You 5:10
A3 Sweet Thing 4:10
A4 Cyprus Avenue 6:50
 
Afterwards
B1 The Way Young Lovers Do 3:10
B2 Madame George 9:25
B3 Ballerina 7:00
B4 Slim Slow Slider 3:20
Total: 46:05

Parece probada la leyenda que dice que esta obra maestra se grabó en tan solo tres sesiones. ¿Para qué más?


Más que como álbum conceptual, ha sido definido como "ciclo de canciones". Tanto por su sonido como por su temática, la relación y el flujo entre ellas es evidente.

"Van Morrison tenía 22 o 23 años cuando hizo este disco; hay vidas enteras tras él. De lo que trata Astral Weeks no es de hechos sino de verdades. Astral Weeks, si es que puede reducirse a algo, es un disco sobre personas aturdidas por la vida, completamente avasalladas, ahogadas en sus cuerpos, sus edades y egos, paralizadas por la enormidad de lo que pueden comprender en un momento visionario."- Lester Bangs