Mostrando entradas con la etiqueta tim buckley. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tim buckley. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de junio de 2026

Enamorao de la vida...

Dream Letter: Live in London 1968 (Tim Buckley, 1998)

 
FOLK ROCK CÓSMICO. Nos encontramos ante un material de archivo de primera. Tim Buckley contaba con 21 añitos en esos momentos y giraba para promocionar su segundo álbum, Goodbye and Hello (1967). La gira lo llevó a tierras británicas en otoño del 68, y así, el 7 de octubre dio este recital en Londres. Un concierto en el que se le ve en plena forma a pesar de las dificultades que la falta de presupuesto le había acarreado.

Por cuestiones económicas no pudo llevarse de gira ni a su bajista ni a su percusionista habituales. Sí que estaba el genial Lee Underwood a la guitarra eléctrica, algo que, junto a la presencia de todo un Danny Thompson (Pentangle) al bajo y de David Friedman al vibráfono, diría yo que palió con creces todas las bajas.

Así lo siento ante un registro apabullante en todos los sentidos. A un paso de iniciar su etapa más experimental, Buckley ya da pistas sobre sus siguientes movimientos con un concierto de corte introspectivo y casi ascético en el que conceptos como tiempo y espacio emborronan su significado. Simplemente los disuelve con su voz, con sus melismas siderales, alargando las canciones, juntándolas con otras, picoteando de la tradición para deshacerla en su garganta. Apabullante, he dicho antes, y sí, esto puede resultar tan magnético como difícil de transitar sin el ánimo adecuado.

Al fin y al cabo, no todo es "Phantasmagoria in Two" aquí. No todo son canciones directas con planteamiento, nudo y desenlace. Para disfrutar de este maravilloso concierto, hay que estar dispuesto a sumergirse en él y dejarse llevar. Hay que aceptar digresiones y circunloquios infinitos antes de llegar a la solución que esperamos con ansia en nuestras mentes convencionales y aburridas. Eso era Tim Buckley en el 68. Al menos en directo. Algo que se acentuaría exponencialmente en apenas un año o dos. Una aproximación artística absolutamente embriagadora, casi adictiva, aunque también entiendo que no es para todo el mundo ni para todos los momentos. Picasso tampoco lo es. Ni Dreyer. Ni James Joyce. Y a ver quién pone en duda su genialidad. 
 
★★★★☆
 
1.1 Introduction 1:06
1.2 Buzzin' Fly 6:13
1.3 Phantasmagoria in Two 4:41
1.4 Morning Glory 3:43
1.5 Dolphins 6:39
1.6 I've Been Out Walking 8:18
1.7 The Earth Is Broken 6:59
1.8 Who Do You Love 9:27
1.9 Pleasant Street / You Keep Me Hanging On 7:58
 
2.1 Love From Room 109 / Strange Feelin' 12:18
2.2 Carnival Song / Hi Lily, Hi Lo 8:50
2.3 Hallucinations 7:14
2.4 Troubadour 6:04
2.5 Dream Letter / Happy Time 9:25
2.6 Wayfaring Stranger / You Got Me Runnin' 13:08
2.7 Once I Was 4:29

Total length: 116:32
 

jueves, 4 de junio de 2026

Tonto el que lo lea

Look at the Fool (Tim Buckley, 1974)

FUNK/R&B. El noveno disco de Tim Buckley se iba a convertir en lo último que publicara en vida el cantautor californiano nacido en Washington D.C. Una vitola triste que acrecienta la desazón que produce un plástico que no satisfizo a casi nadie. No en vano, está ampliamente considerado el peor álbum de toda su carrera.

Más allá de las exageraciones de rigor, habría que decir que, efectivamente, no hay mucho que defender aquí. En una huida hacia el funk y lo comercial sin medias tintas ni coartada alguna, Buckley entrega una colección de canciones insulsa y predecible hasta el bostezo. Hay quien le critica por su voz, en claro declive —o eso dicen, al menos—. También hay quien dice que el disco es malo, así, sin ambages.

En mi caso, pongo en duda lo primero, pero no puedo dudar en absoluto de lo segundo. No, el último álbum de Tim Buckley no es un disco malo. Ni en su interpretación, ni en su grabación, ni siquiera en su composición, se ajusta en absoluto a ese calificativo. Lo que nos chirría de este álbum no es su calidad. En mi opinión, lo peor del disco es que no encontramos ni un atisbo de la personalidad de un autor que nos había enganchado desde las antípodas de esto. No encontramos nada a lo que agarrarnos que nos lleve a Starsailor (1970) ni a "Pleasant Street". Algo que no es reprobable de por sí, pero que, unido al hecho de que el disco, por mucho que no sea malo, no deja de ser soso hasta la agonía, nos deja con pocas opciones de abrazarlo como la coda majestuosa que merecía un músico de su calibre.

No lo voy a negar. No me gusta Look at the Fool. Ni un poquito. De hecho, me molesta que engrose una discografía por la que tengo absoluta devoción. Sin embargo, le concedo que hay trabajo detrás de él, que hay calidad. Quizás si lo hubiera firmado otro... Pero claro, viniendo de alguien que ha hecho de la transgresión un arte, me parece demasiado poco. Demasiado de diario. Por eso, también creo que estamos ante lo peor que pariera Tim Buckley. Ya se sabe, a cada uno hay que pedirle según sus posibilidades. 

★★☆☆☆

A1 Look at the Fool 5:10
A2 Bring It On Up 3:26
A3 Helpless 3:18
A4 Freeway Blues 3:10
A5 Tijuana Moon 2:38
B1 Ain't It Peculiar 2:34
B2 Who Could Deny You 4:20
B3 Mexicali Voodoo 2:23
B4 Down in the Street 3:20
B5 Wanda Lu 2:37

Total: 32:56

miércoles, 3 de junio de 2026

Sabiduría clásica malamente aplicada

Sefronia (Tim Buckley, 1973)

FUNK/R&B. Tim Buckley sigue acelerando en su huida de la heterodoxia y se mete de lleno en el funk, el rhythm & blues, el formato banda más convencional y las estructuras musicales de la canción más formulaica. Una decisión que saca a relucir que, si bien sus aptitudes le permiten afrontar con garantías lo que se proponga, todo esto no es lo suyo. Y es que en su octavo disco, ni consigue brillar ni nos convence con una colección de canciones ramplona y aburrida como nunca hasta entonces.

Todos estos son los motivos para temer a un disco que ya da señales de alarma por el alto número de versiones, signo inequívoco de que el cantautor no estaba en su mejor momento creativo. "Dolphins", de Fred Neil, no solo le queda muy bien, sino que es una elección muy natural. No hay que olvidar que se trata de una canción que siempre le obsesionó y que ya hacía tiempo que solía tocar en sus conciertos. Sin embargo, no me gustan cosas como esa "Martha", de Tom Waits, que no me acabo de creer con todo su boato orquestal. Menos aún me llegan artificios como "I Know I'd Recognize Your Face", escrita expresamente para Buckley y a dúo con un coro femenino. Puede que el instante en el que suena más insulso, tópico y casi diría que desfigurado de toda su carrera.

Como entenderán, son detalles estos que dañan irremisiblemente una obra que también se compone de tonadas turgentes y con miga. A "Dolphins" podríamos añadirle, no sin sus buenas dosis de dudas, "Because of You", "Quicksand", "Stone Love" o "Sally Go Round the Roses". No así las dos partes de "Sefronia", el experimento de rigor, aunque esta vez se presenta desangelado y desatinado en grado sumo. Una prueba más de lo errado de un álbum sin rumbo ni casi razón de ser. Nadie sabía que el final estaba tan cerca, pero hoy día es ponerse este disco y no entender cómo no lo sospecharon.

★★☆☆☆

A1 Dolphins 3:10
A2 Honey Man 4:10
A3 Because of You 4:25
A4 Peanut Man 2:52
A5 Martha 3:10
B1 Quicksand 3:22
B2 I Know I'd Recognize Your Face 3:58 🕱
B3 Stone in Love 3:27
B4 Sefronia - After Asklepiades, After Kafka 2:15
B5 Sefronia - The King's Chain 3:23
B6 Sally Go 'Round the Roses 3:43

Total: 37:55

martes, 2 de junio de 2026

Turismo de postal

Greetings from L.A. (Tim Buckley, 1972)

FUNK ROCK CÓSMICO. Estamos ante la materialización de uno de los cambios más radicales y sorpresivos de la historia de la música popular. Después de publicar Starsailor (1970), disco vanguardista, desafiante y casi inabordable para la mayoría, Tim Buckley decidió cambiar de tercio de manera brutal. Ya fuera por motivos económicos —solo de respeto no se vive—, para aislar todavía más al disco anterior como la obra maestra única e incomparable que siempre fue o por la búsqueda de un cambio vital que reorientara su vida, el cantautor da rienda suelta a su erotismo escénico y desfoga sus más bajas pasiones a través de su obsesión por el funk y el rhythm & blues.

Estaba claro que el californiano lo había dicho todo con el jazz de vanguardia y los experimentos más arriesgados. Algo que debía considerar agotado y que decidió aparcar para realizar una aproximación a la música mucho más carnal, dionisíaca y digerible para el gran público. Así surgió este disco, su primera incursión en el formato tradicional de guitarra, bajo, teclados y batería. Un convencionalismo del que siempre huyó y que en Greetings... se convierte en el motor pulsante sobre el que cabalga su voz. Una voz que dirige esta serie de jams elásticas y cargadas de groove para convencernos de que esta es la mejor forma de disfrutar de ella.

Que no lo es, eso lo sabemos todos, pero a Tim no parece importarle lo que pensemos, tal es su decisión y su entrega aquí. Porque al final, ni el disco es tan comercial como nos habían prometido ni deja de haber pasión y buena música en él. Es innegable que marca un punto y aparte que puede no ser lo que esperamos ni lo que deseamos de un músico de su sabiduría y bravura. Sin embargo, aquí todavía podemos sentir que Buckley está disfrutando, porque lo percibimos fundiéndose con la música como siempre hizo. Ni siquiera podemos echarle en cara que haya pose alguna. Puede que no entendamos bien lo que pretende aquí, pero está clarísimo que podemos disfrutarlo como la mayoría de sus obras. No, esto sigue siendo cósmico, no hay coartada comercial alguna y no vais a poder tirarlo a la basura por mucho que os empeñéis. Que quede clarito. 

★★★☆☆

A1 Move With Me 4:49
A2 Get on Top 6:35
A3 Sweet Surrender 6:48
B1 Nighthawkin' 3:21
B2 Devil Eyes 6:51
B3 Hong Kong Bar 7:13
B4 Make It Right 4:06

Total: 39:43 

El navegante interestelar

Starsailor (Tim Buckley, 1970)


EXPERIMENTO CÓSMICO
. Si te apetece relajarte, oir un poquito de guitarrita y hundirte en el sillón, huye de este disco. Como de la peste. No te dejes engatusar por la sonrisa afable de Tim, ni por el carrusel juguetón que es "Moulin Rouge", ni por la leyenda de esa "Song to the Siren" que cualquiera ha cantado con más brillo, más lustre y también más aburrida ortodoxia.

Aquí no hablamos de versiones más o menos lucidas. Esto es la fuente. En cuanto a la canción mencionada y en cuanto al experimento vocal per se. Aquí Tim Buckley raya en la locura en un intento por estirar la dificultad de su disco anterior en busca de los límites de la cordura y el sentimiento. Para ello se vale de su mejor instrumento, su voz infinita y cegadora. El albatros al que siguen sin pestañear los vientos, contrabajos y pianos en un intento por alcanzar un destino que desde el principio se antoja inexistente. Lo que pasa es que a veces no importa a dónde se va, sino el trayecto, y aquí este es alucinante. Free jazz, gritos animales y el corazón en la boca son el combustible para una singladura sin igual por las estrellas.

El disco empieza perezoso y raro como un perro verde, una mezcla que no ayuda. Tenemos que esperar a "Monterey" para "disfrutar" del primer tortazo en toda regla. Se trata de una melopea desquiciada que azuza a un Buckley desatado. En ella nos azota con su inmenso rango vocal, con su expresionismo, con su vuelo acrobático sin red. Todo un descoloque que se acentúa con la continuación, una ortodoxa, graciosa y preciosa "Moulin Rouge". Un contraste brutal que queda despedazado de nuevo con el vuelo planeador de esa maravilla llamada "Song to the Siren", canción que es obligatorio visitar una y otra vez en su toma original para comprobar lo bien que le sientan los hierbajos eléctricos, la hojarasca y la libertad extrema. 

Una libertad que se duplica en la apertura de la cara B, con una infernal "Jungle Fire", y que no pierde fuelle con los fantasmas que pueblan la tétrica canción titular, una psicofonía escalofriante que te pone de los nervios. Y no crean que se queda contento con eso. La penúltima es igual de desquiciante, y cuando ya creemos que no podemos más, nos suelta la trompeta fronteriza con la que abre el glorioso cierre, "Down by the Borderline". Un colofón que nos quita todas las dudas a base, otra vez, de base rítmica minimalista e insistente e incursiones en terrenos inexplorados por parte de los vientos y, cómo no, la voz, esa voz indescriptible, críptica y aguda como la eternidad.

Realmente, después de su escaso minutaje, Starsailor te deja una sensación extraña. A la placidez que sigue a su extinción acompaña un regusto casi sabroso. Una mezcla de satisfacción y tristeza. Al principio puedes creer que es porque no has entendido nada, pero te lo vuelves a poner y compruebas que no, que esa tristeza se parece mucho a lo que se siente cuando se acaba un libro que estás disfrutando con deleite. No quieres que termine, pero quieres saber qué pasa al final, aunque te duela.

★★★★★

A1 Come Here Woman 4:09
A2 I Woke Up 4:02
A3 Monterey 4:30
A4 Moulin Rouge 1:57
A5 Song to the Siren 3:20
B1 Jungle Fire 4:42
B2 Starsailor 4:36
B3 The Healing Festival 3:16
B4 Down by the Borderline 5:22

Total: 35:54

Xxx

DISCOS RELACIONADOS

  

sábado, 30 de mayo de 2026

Luna y panorama de los insectos

Lorca (Tim Buckley, 1970)

EXPERIMENTO GALÁCTICO. Con el quinto álbum, Tim Buckley se tiró de cabeza al vacío. Ya lo vemos en la portada, en la que se nos aparece como el negativo de un negativo fotográfico, desdibujado, casi fundido con su entorno. Tal y como nos lo encontramos en los surcos del disco: totalmente disuelto en una música que nos arroja a la cara como una marejada irrefrenable. 

Así es el quinto trabajo del músico criado en California. Denso, problemático, cargado... Todo un punto y aparte, que se puede considerar el primer experimento con mayúsculas de Buckley. Una obra que anticipaba los picos radicales y eternos de Starsailor (1970) y que apabulla sin medias tintas. A veces demasiado. Por eso, es un disco tan idolatrado como denostado por su parroquia de fans. Objetivo cumplido, diría yo, porque ¿se puede pretender otra cosa con un álbum como este que no sea volver loco al personal para sumirlo en una discusión sin posibilidad de acuerdo?

Sobre el título, está claro que homenajea a Federico García Lorca, al cual estaban leyendo Lee Underwood (guitarra) y el propio Buckley en ese momento. Las imágenes surrealistas del granadino se impregnan en unas letras más abstractas y en una huida clara de la tiranía de la estructura convencional de estrofa-estribillo. También en el hecho de quitarle el protagonismo a una guitarra que ahora suena menos y de una manera más impresionista. Cualidades que marcan a un disco difícil y desafiante para el oyente medio. Lo que no quita que esté entre los más respetados del cantautor tanto por su carácter iconoclasta como por ser el prólogo a ese majestuoso Starsailor con el que tocó el cielo —o el abismo, según se mire— apenas un par de meses después. 

Estas son las virtudes y las dudas que plantea un experimento que hace del folk algo totalmente irreconocible y que da enjundia a una vanguardia que algunos quieren arrogarse para sí mismos a la vez que la apartan de las garras del vulgo. Aquí Buckley intentó darnos a probar un poco de ese néctar de difícil digestión. Solo por eso ya merece la pena que Lorca exista.

★★★☆☆

A1 Lorca 9:53
A2 Anonymous Proposition 7:43
B1 I Had a Talk With My Woman 5:55
B2 Driftin' 8:10
B3 Nobody Walkin' 7:30

Total: 39:11

El título de este disco no es gratuito y viene de un amor sincero y profundo por la obra de Federico García Lorca, una influencia fortísima en el cantautor en esos años. Tanto él como su guitarrista, Lee Underwood, estaban fascinados por la lluvia de imágenes que ofrecía el poeta granadino, algo que trataron de volcar en la música y las letras de este proyecto.

Una abstracción que llevó en volandas al disco hasta terrenos ignotos para Buckley. Terrenos desde los que crearía su gran obra maestra, apenas dos meses después. Estos tiempos pueden parecer exagerados, y lo son. En realidad, Lorca había sido grabado bastante antes, a la vez que Blue Afternoon (1969). Lo diferente de ambos trabajos ya deja clara la intención de huida hacia delante que se vislumbra en el segundo. Esa sensación de isla en su discografía que, en realidad, atesora cada álbum del californiano de adopción.

Quede constancia por tanto de que, antes de Leonard Cohen o de nuestro Enrique Morente, ya hubo un guiri que no pudo evitar rendir pleitesía a uno de nuestros poetas más grandes. Eso es algo que se olvida demasiado a menudo y que conviene recordar. 

viernes, 29 de mayo de 2026

Triste sobremesa

Blue Afternoon (Tim Buckley, 1969)
 

JAZZ FOLK CÓSMICO. Parecía que este disco iba a ser diferente a su hermano mayor, todo un punto y aparte para Buckley. Sin embargo, a pesar de que consta de canciones más cortas, no siempre aparecen más estructuradas ni más ortodoxas en sus formas. Sí que muestran melodías claras y sí que engatusan con la voz del cantante, que hace lo que le viene en gana y siempre con sentido. Lo que no quita que haya algunos momentos demasiado alambicados que hacen que la experiencia sea más trabada de lo esperado.

Momentos que, seamos claros, se concentran en el cierre, con una "The Train" que trata de volvernos locos en la línea furibunda de "Gypsy Woman" (Happy Sad, 1969). Todo lo demás, también hay que reconocerlo, es un fluir taciturno y pausado, sin sobresaltos y con una sensación de nudo en la garganta que no hace sino dejar claro que estamos ante un vocalista sobrenatural y ante una obra excepcional. 

Precisamente, por esa capacidad para mantenernos enganchados y casi diría que en vilo, diría que prefiero este disco al anterior. Y eso que reconozco que ese es más sólido, más coherente y está mejor acabado. Sin embargo, este Blue Afternoon no me produce esa sensación de extravío y desorientación que me provoca su hermano mayor. Una concreción de la que son muy culpables los músicos acompañantes, Lee Underwood, guitarra y piano, a la cabeza. La forma en la que todos fabrican el colchón perfecto para Buckley es uno de esos misterios que nadie sabe de dónde surgen, pero que todos notamos que están detrás de la forja de toda obra maestra.

★★★★☆

A1 Happy Time 3:15
A2 Chase the Blues Away 5:10
A3 I Must Have Been Blind 3:40
A4 The River 5:47
B1 So Lonely 3:27
B2 Cafe 5:40
B3 Blue Melody 4:55
B4 The Train 7:53

Total: 39:47 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Feliz con tus entresijos

Happy Sad (Tim Buckley, 1969) 

JAZZ FOLK CÓSMICO. El tercer álbum de Tim Buckley es un compendio de jazz de cámara sutil y largo como la sombra de un árbol antiguo. Un auténtico arrebato de finura que se erige en una isla en su discografía, porque el experimento que propone todavía entra casi a la primera. Lo de largo puede ser injusto, ya que solo dura los tres cuartos de hora de rigor. Lo que pasa es que se hace difícil sustraerse a la extensión mostrenca de la mayoría de cortes que lo componen. Algo que potencia esa sensación de que el álbum dura más de lo que lo hace en realidad.

Para abrir boca, Buckley tira de gusto y deja que su voz planee sobre una base extirpada del "All Blues" de Miles Davis. Todo un tour de force que resuelve con gracia y contra todo pronóstico, ya que consigue nada menos que hacer suya una canción armada sobre una de las piezas clave de todo un Kind of Blue (1959).

Ahí es nada, pero es que eso era solo el principio. La introducción ritual para una serie de ejercicios en los que prima la improvisación y la libertad más extrema. Una serie de piezas elástica y sin limitaciones en su vocación por servir de vehículo expresivo sin corsés en forma de estructuras definidas o estribillos. Brutalidades artísticas que o te entran hasta el tuétano o te resbalan sin remedio.

De entre ellas destacaría "Gypsy Woman", por su furia poética casi free jazz, y pondría mis reparos a "Love From Room 109...", dispersa, aletargada y deshilachada en extremo. "Buzzin' Fly" y "Dream Letter" devuelven el disco a la excelencia, mientras que "Sing a Song for You" retoma el verso-estribillo, aunque en un estilo heterodoxo anunciador de su famosa "Song to the Siren". Canción que, a pesar de ser publicada años después, fue concebida en este periodo.

En resumen, estamos ante un álbum único dentro del catálogo del californiano. Una obra sólida, experimental, plácida y bella hasta decir basta. Seis piezas que basculan entre lo interesante y lo genial para disfrutar de los entresijos artísticos más recónditos de Tim Buckley. No siempre a tumba abierta, y con algún que otro frenazo, pero con un balance final claramente favorable.

★★★☆☆

A1 Strange Feelin' 7:49
A2 Buzzin' Fly 6:00
A3 Love From Room 109 at The Islander (On Pacific Coast Highway) 10:47
B1 Dream Letter 5:10
B2 Gypsy Woman 12:19
B3 Sing a Song for You 2:36

Total length: 44:41

Xxx

DISCOS RELACIONADOS

 

 

martes, 26 de mayo de 2026

You say, "yes", I say, "no"

Goodbye and Hello (Tim Buckley, 1967)

 

FOLK ROCK CÓSMICO. El segundo disco fue un ejercicio de afirmación artística en toda regla. Puede que el más equilibrado de su carrera, al compensar su lado pop y su respeto por la estructura de la canción con una vertiente experimental que reventaría en obras como Lorca (1970) o el brutal Starsailor (1970). Un equlibrio que ya se percibe a todas luces inestable.

Aquí hay toques de riesgo y confrontación, pero dominan el paisaje las canciones. Tonadas dulces, pero duras, con más de una estructura heterodoxa que se iba a convertir en marca de la casa. Como ya he dicho, un falso equilibrio en el que incluso los fogonazos de luz están bañados de oscuridad, y que es el que hace de Goodbye and Hello uno de sus mejores álbumes.

Y eso que no es un disco que entre a la primera. Su rareza, que puede provocar incluso una leve repulsión en el oyente, se ve mitigada cuando conseguimos penetrar en piezas clave como "Pleasant Street", "Hallucinations", "Once I Was", "Morning Glory" o "Phantasmagoria in Two", una pieza de una belleza clásica, gaseosa e inenarrable. Canciones preñadas de un exotismo terminal y evanescente potenciado por la producción —torpe e inestable— o por su mismo ADN. Ambos, diría yo, dejan a las tonadas flotando en el aire bastantes segundos después de terminar. 

El secreto mejor guardado en una obra que también se nutre de experimentos del calibre de un tema titular que en sus más de ocho minutos visita tierras inexploradas en esto del folk psicodélico. Un semifallo delicioso que anuncia el futuro del cantautor de manera pretenciosa e ingenua. Y con una seguridad, eso también, que solo puede venir del que sabe perfectamente lo que está haciendo.

★★★★☆

A1 No Man Can Find the War 2:58
A2 Carnival Song 3:10
A3 Pleasant Street 5:15
A4 Hallucinations 4:55
A5 I Never Asked to Be Your Mountain 6:02
B1 Once I Was 3:22
B2 Phantasmagoria in Two 3:29
B3 Knight-Errant 2:00
B4 Goodbye and Hello 8:38
B5 Morning Glory 2:52

Total: 42:41

Xxx 

DISCOS RELACIONADOS

lunes, 25 de mayo de 2026

Estudiando las reglas del juego

Tim Buckley (Tim Buckley, 1966)

FOLK ROCK. Un debut más curioso que genial y que ofrece pistas, más que certezas, sobre la grandeza futura de un cantautor único. Pistas escasas y a veces engañosas, porque apenas dejan intuir los hitos de sus experimentos vocales y musicales. No en vano, este es su disco más convencional. El más pop y por tanto el de menos peso y poso.

Curiosamente, cuando lo escucho, no veo grandes defectos en estas melodías tan bien acabadas. Si acaso, un algo anticuado al que hay que acostumbrarse y sobre todo, y esto es lo peor, la sensación de que la voz de Buckley parece querer salirse de este sonido tan encorsetado. 

Con estas ideas trato de explicar que hay algo que no encaja en este álbum y no sé bien qué es. Hay momentos en los que el agudo poderoso del cantante no empasta con los arreglos. Es como si fuera demasiado para tanta levedad. Y eso es incómodo, pero lo peor es que, como nos demostraría en unos meses, queda lejos de la voz propia que no iba a tardar en encontrar.

Dicho esto, ¿estamos ante un álbum predecible en la línea del folk rock de tintes psicodélicos que se hacía en la época? No exactamente. ¿Es tan bueno que se convierte en la mejor puerta de entrada al arte del cantautor? En absoluto. Tendrá algo bueno, seguro que sí. Sin embargo, mientras te empeñas en encontrarlo, estás perdiendo un tiempo demasiado valioso con el que explorar el resto de su discografía. Un tiempo que, créeme, vas a necesitar.

★★☆☆☆

A1 I Can't See You 2:40
A2 Wings 2:30
A3 Song of the Magician 3:05
A4 Strange Street Affair Under Blue 3:10
A5 Valentine Melody 3:40
A6 Aren't You the Girl 2:01
B1 Song Slowly Song 4:13
B2 It Happens Every Time 1:49
B3 Song for Jainie 2:43
B4 Grief in My Soul 2:03
B5 She Is 3:05
B6 Understand Your Man 3:06

Total: 34:05

martes, 1 de junio de 2010

El bardo cósmico

Con su hijo Jeff podría haber alguna duda. Con él no. No hay (o no debería haber) nadie capaz de sugerir que la muerte prematura de Tim Buckley ha impulsado su fama de alguna forma. La manera tan despiadada y amorosa a la vez con la que abordó todo lo que hacía queda reflejada con una viveza tal en sus grabaciones que el escucharlas supone toda una revelación y una entrega casi inmediata al arte y la voz del norteamericano.

El problema con Tim Buckley puede venir por lo que el oyente puede esperar de antemano. Cuando se le cataloga de cantautor y se le ve en fotos con su melenaza y su acústica en ristre, digamos que viene a la mente un tipo de música muy determinado. Nada más lejos de la realidad. Lo suyo nunca fue el folk puro y duro. Tiraba más bien para el jazz y si me apuran la contemporánea. Al principio ofreció algo parecido al folk-pop en el que su voz torrencial no acababa de sentirse cómoda. Con los discos fue explorando terrenos escarpados y desagradecidos y empezó a aventar su adoración por el jazz de John Coltrane o por el núcleo duro de la música contemporánea y experimental. Todo, como ya hemos sugerido, al servicio de su voz, un instrumento de poder infinito con un rango ultraterreno. Todo un druida del rock que hacía de su garganta una constelación plagada de octavas en lugar de estrellas. Y con una sensibilidad única.

Murió de sobredosis de heroína en 1975 con 28 años, dos hijos y nueve discos.

3 BÁSICOS

Goodbye and Hello (67) ****

El segundo disco fue el más equilibrado al compensar su lado pop con el experimental que reventaría en obras como Lorca (70) o el brutal Starsailor (70). Canciones dulces pero duras con alguna que otra estructura heterodoxa. De lo mejor que hiciera.

Una copla: "Goodbye and Hello"

Happy Sad (69) ***1/2

El lugar de este disco tal vez debería ocuparlo por nota el directo Dream Letter: Live in London 1968 (90). Me parece más disfrutable que este compendio de jazz de cámara sutil y largo como la sombra de un árbol antiguo. Un auténtico arrebato de sutileza que se erige en una isla en su discografía porque el experimento que propone todavía entra a la primera. Y todo a pesar de la duración monstrenca de las piezas.

Una copla: "Dream Letter"

Starsailor (70) *****

La barbarie. Lo más cerca que pudo estar de su concepto de "voz como instrumento". Aquí el cantante berrea, gime, chilla como un pájaro aireando el espectro casi ilimitado de su voz. Nada parece poder escapar a su poder. Máxime si la rodea de una instrumentación cuando menos, rarita. Free jazz, folk huesudo y voces del más allá para convocar a los espíritus a un aquelarre del que nadie puede salir indemne. Muy fuerte.

Una copla: "Song to the Siren"

La mejor canción

Tal vez pueda parecer pequeña ante la enormidad de lo que contiene Starsailor (70) o ante tours de force sonoros del tamaño de "Lorca", pero me quedo con lo íntimo y lo evocador de una tonada para la eternidad: "Phantasmagoria in Two".