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viernes, 14 de agosto de 2026

Como perros a la intemperie

Rain Dogs (Tom Waits, 1985)

CANCIÓN DISLOCADA. Debió ser maravilloso lo que atacó la cabeza del genio de Pomona en la mitad de los 80. Tuvo que ser algo impactante, directo y brutal lo que volteara sus concepciones musicales para ser capaz de vomitar tanta influencia clásica, tanto blues y tanto jazz, tanta Afroamérica, en torrentes expresivos de la voluptuosidad y la heterodoxia de Swordfishtrombones (1983) y esta continuación, que no hacía más que imperfeccionar lo que parecía imposible.

Rain Dogs es la cima creativa de un gigante, una cumbre imponente, un ataque frontal que no deja prisioneros. Un álbum que habla de todos aquellos que no encajan, esos perros de la lluvia que viven fuera del radar, con el desarraigo como único compañero de viaje. El marco perfecto para destilar la esencia del mejor Waits, el de la hojalata y los ladridos, el chatarrero de los sonidos imposibles. Aquí se explaya a gusto, entre el vertedero y la taberna, entre el garito y el teatro. Deconstruye a Louis Armstrong, infusiona a Captain Beefheart y apabulla con su voz maleducada y perruna. Con la ayuda impagable de Marc Ribot a la guitarra, se ajusta a todos los registros, desde la balada beoda hasta el rock rajado, aunque las piezas que arma en esta joya superan la categorización. No es rock, no es jazz, no es música de cabaret, es Tom Waits, el artista  que supo regurgitar su pasado para transitar por esta puerta a un futuro que lo encumbraría como el cantautor dislocado, el genio visionario que hoy sabemos que es.

Las palabras se suelen quedar cortas siempre, pero mucho más ante monumentos como este. Él solo explica toda una carrera. Sin desmerecer al mítico y absolutamente seminal Swordfishtrombones, aquí Tom suena más libre que nunca, su voz duele como nunca lo había hecho y sus aciertos compositivos son más rotundos. Así sale un disco que siempre apetece escuchar, soberbio en su desarrollo. Diecinueve canciones que se clavan en el alma. Por emoción o desgarro. Por brillo u óxido.


 

A1 Singapore 2:46
A2 Clap Hands 3:47
A3 Cemetery Polka 1:54
A4 Jockey Full of Bourbon 2:45
A5 Tango Till They're Sore 2:49
A6 Big Black Mariah 2:44
A7 Diamonds & Gold 2:31
A8 Hang Down Your Head 2:32 ❤
A9 Time 3:55 ❤
B1 Rain Dogs 2:56
B2 Midtown (Instrumental) 1:00
B3 9th & Hennepin 1:58
B4 Gun Street Girl 4:37
B5 Union Square 2:24
B6 Blind Love 4:18
B7 Walking Spanish 3:05
B8 Downtown Train 3:53 ❤
B9 Bride of Rain Dog (Instrumental) 1:07
B10 Anywhere I Lay My Head 2:48 ❤

Total: 53:49

Xxx

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La rebelión de los trombones pez espada

Swordfishtrombones (Tom Waits, 1983)

CANCIÓN DISLOCADA. Estamos ante la revolución más profunda y radical que llevara a cabo Tom Waits. Ya había tenido puntos y aparte, discos seminales que habían significado un cambio de dirección artística evidente. Sin embargo, nada nos preparaba para lo que se inventa aquí el de Pomona. Y es que en este punto, Waits decide que lo que han hecho Billie Holiday, James Brown o Louis Armstrong ya está más que digerido y, además, es irrepetible. Así que, ni corto ni perezoso, ataca frontalmente al pasado con los ácidos del trombón-pez-espada y, a través de ritmos de metal roto y ladridos de opereta, nos lo devuelve reluciente para la eternidad. 

Los cambios en realidad se limitan a las formas, las cuales apalea hasta abollarlas. En cuanto a las letras, nos sigue contando sus historias de bebedores y sus nostálgicas elegías al barrio, alineadas quizás con más convicción con el inconformismo y la vanguardia. Un irrenunciable billete de ida a Marte, regalo de un Santo Bebedor que se transformaría ya para siempre con este trabajo en el Cantautor Dislocado. 

Por mucho que lo repita, nunca me parecerá suficiente. Desde este punto comienza a fraguarse todo un mundo por descubrir. Y eso que parece imposible absorber tanta belleza de la lata, de esta música para banda ambulante desastrada. Los viejos patrones se repiten a lomos de un sonido nuevo, primigenio, salido de instrumentos imposibles, surgidos de pesadillas infantiles. La base sigue bullendo de manera parecida. Sigue siendo blues, jazz, canción de entreguerras, pero, tocada por este Waits, nada vuelve a ser igual. Científico loco, Chatarrero celestial, Genio inconmensurable... Los apelativos se agolpan y se amontonan sin medida. De alguna forma habrá que llamar a alguien capaz de obsequiarnos con tan deliciosa chatarra.

★★★★★

A1 Underground 1:58
A2 Shore Leave 4:12
A3 Dave the Butcher 2:15
A4 Johnsburg, Illinois 1:30
A5 16 Shells From a Thirty-Ought-Six 4:30 ❤
A6 Town With No Cheer 4:22
A7 In the Neighborhood 3:04 ❤
B1 Just Another Sucker on the Vine 1:42
B2 Frank's Wild Years 1:50
B3 Swordfishtrombone 3:00
B4 Down, Down, Down 2:10
B5 Soldier's Things 3:15 ❤
B6 Gin Soaked Boy 2:20
B7 Trouble's Braids 1:18
B8 Rainbirds 3:05

Total: 40:31 

Este disco es tan rico, tan diferente, tan único... que no encuentro referencias con los que conectarlo. O mejor dicho, encuentro demasiadas. 

Desde los funerales de Nueva Orleans, quizás la más pintoresca y la más cercana en muchos sentidos, hasta la banda alienígena que ameniza las veladas en la Cantina de Mos Eisley —Star Wars—, desde el gamelán indonesio a los ritos ancestrales de las culturas africanas y precolombinas... Cualquier cosa con algún componente ritual, primitivo, atávico puede asociarse a un álbum, de verdad, inigualable.

Así es Swordfishtrombones. Puro gumbo, puro mojo, puro vudú. Como Captain Beefheart, como Dr. John, pero diferente. Como nadie más que él mismo.  

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