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viernes, 6 de marzo de 2026

El melocotonazo y la música del diablo

Hereslittlerichard.jpeg

Here's Little Richard (Little Richard, 1957)


ROCK & ROLL. Un negro mariquita tocando la música del diablo. Muy bonito no debía verse esto en la puritana Norteamérica de los 50. No resulta extraño que llegara Elvis y pasara lo que pasó. Aun así, el tiempo ha pasado y ha puesto las cosas en su sitio. A Elvis no hay quien lo mueva de su pedestal, merecidamente a pesar de todo, pero a mi negro afeminado hay que hacerle otro monumento. Uno que pueda cantar sus alabanzas como merece, si es que eso es posible. Por su carrera, por su vozarrón y por este disco increíble.

Esto fue su debut en LP y en menos de media hora ya sentó las bases de un género que, aunque no inventó, sí que le cambió los pañales. La música negra se torna en un animal vibrante de saxos tórridos y un piano ardiente, pensado para ser tocado de pie. Puro punk avant la lettre que era capaz de poner patas arriba cualquier auditorio y hacer enloquecer a una juventud ávida de referentes que sacudieran los convencionalismos. Little Richard no era precisamente la referencia que la timorata Norteamérica blanca quería para sus hijos, por eso el artista era visto como el mismo demonio y no contó con ninguna facilidad en su carrera. Si se acabó imponiendo, fue por vehemencia y por su demoledora calidad artística.

Así, Here's Little Richard no es que sea un mito del rock & roll, ES el rock & roll. Así de simple y así de duro. Tanto como la demencia que Ricardito escupe ante el micro, esa mezcla de locura y seguridad en unas dotes sobrehumanas. Nadie ha cantado jamás como él, eso lo sabe bien hasta Lemmy, adorador confeso del predicador. Y muy pocos, si los hay, han podido igualar la erupción volcánica que sacude tus altavoces tantos años después, con tanto bagaje a nuestras espaldas. Parece imposible que un disco de ¡¡¡1957!!! pueda sonar así y dejarte clavado al asiento, intimidado por un sonido tan bárbaro, para inmediatamente impulsarte a saltar y bailar sin poderte resistir a un poder que ha cruzado los decenios y cruzará eones de tiempo para erigirse siempre en una de las mejores cosas de esta vida. Punto.


 
A1 Tutti Frutti 2:24 ❤
A2 True, Fine Mama 2:41 ❤
A3 Can't Believe You Wanna Leave 2:23
A4 Ready Teddy 2:07 ❤
A5 Baby 2:03
A6 Slippin' and Slidin' 2:38
B1 Long Tall Sally 2:07 ❤
B2 Miss Ann 2:15
B3 Oh Why? 2:06
B4 Rip It Up 2:22
B5 Jenny, Jenny 2:00
B6 She's Got It 2:25
Total: 27:31

Lo dijo bien claro. En su familia no gustaba el rhythm & blues. Eran más de Bing Crosby  y Ella Fitzgerald. Esa fue su formación musical, aunque siempre supo que había algo más fuerte, que lo iba a llenar más. "No sabía dónde encontrarlo hasta que me dí cuenta de que estaba en mí".


 "I call my music the healing music… It makes the blind feel that they can see, the lame feel that they can walk, the deaf and dumb that they can hear and talk." (Little Richard)

domingo, 15 de febrero de 2026

Siempre en movimiento

Born to Run (Bruce Springsteen, 1975)

 

ÉPICA URBANA. Un clásico norteamericano. Poco se puede añadir sobre una obra que rasca los cielos como las montañas rocosas. Sudor, soul y rock de los de verdad. El disco de la épica urbana, de los personajes anónimos que salen de trabajar cada noche con solo un deseo... Vivir. Un disco que da voz a los héroes de la clase obrera y que sirve de goce y desahogo para ellos y el mundo. Nos lo entregó todo en sus surcos. Generoso y grácil en la derrota y en la victoria pírrica. No puedo decir cuánto le debemos al maestro, aunque solo fuera por esta obra.

Born to Run selló para siempre el pico creativo más intenso del cantautor. Interpretaciones como "Thunder Road", "Backstreets" o "Born to Run" muestran al Springsteen más liberado, más pasional y más brutal hasta la fecha. Son las claves fundamentales sobre las que construiría el grueso de su carrera. En cuanto a las letras, aquí da forma definitiva a su mitología. Esa que le acompañaría en pasos sucesivos. Una suerte de historias urbanas donde el asfalto se mezcla con la pulsión de los corazones y las almas sedientas de sus personajes. Una miríada de seres al borde de sus vidas, en busca de emociones reales con las que fustigar su monótono día a día. Unas letras que lo separan de la poesía mercurial de Dylan, con el que lo habían comparado desde que empezó. Springsteen se tira por el lado de lo social, pero a través de lo individual, del nombre y apellidos, y de lo torrencial en música y derroche vocal. Toda esta intensidad se la echarían en cara muchos. Ninguno después de verlo en concierto.

Con su tercer disco, Springsteen entrega su primera obra maestra indiscutible y la mejor. Jamás ha igualado este nivel de compromiso y plenitud artística. Nebraska (1982) también triunfaría después, pero desde otro flanco. Estas ocho canciones conforman su legado más espectacular. Aun sabiendo que tiene muchos discos irrepetibles, de esos que no te cansas de escuchar, ninguno me llena como este. Ninguno me deja sentado escuchando, tratando de meter ese saxo en mi piel, de recordar para siempre cada inflexión vocal, cada meandro interminable de "Jungleland", una canción que siempre está en sus conciertos. Con toda la grandeza de sus casi diez minutos, echa el cierre con una autoridad, una melancolía y una certeza tan subyugantes, que te anega la alegría de vivirla una y otra vez, y el dolor de conocerla demasiado bien. Amor, creo que lo llaman.


 

A1 Thunder Road 4:50
A2 Tenth Avenue Freeze-Out 3:11
A3 Night 3:01
A4 Backstreets 6:30
B1 Born to Run 4:30
B2 She's the One 4:30
B3 Meeting Across the River 3:19
B4 Jungleland 9:33

Total: 39:24

domingo, 1 de febrero de 2026

Desde el exilio

Exodus (Bob Marley & the Wailers, 1977)

 

REGGAE. Ideado y grabado durante su exilio londinense, Exodus pasa por ser el disco más exuberante, abierto e internacional de Bob Marley. Después del intento de asesinato que sufrió en diciembre de 1976, Marley se entrega de lleno a lo espiritual, lo amoroso y al sexo libre en un discazo colosal que es toda una celebración de lo sacro y lo profano.

El noveno álbum del jamaicano vuelve a contar con la nómina habitual de clásicos inevitables a partir de entonces en sus conciertos. Incluso diría que se apelotona alguno más de lo habitual en un repertorio made in heaven que configura la obra más disfrutable de este gigante. Es irremediable, no se puede uno resistir a la delicia almibarada de algunas de sus mejores composiciones. Quizás hayan perdido el sabor fuerte a tierra y hierba de su tierra, tan cosmopolitas y comerciales ellas, pero nadie puede decir que eso importe lo más mínimo.

Así de rotundas y así de eternas son todas esas "Jamming", "So Much Things to Say", "Waiting in Vain", "Three Little Birds", "One Love" o la canción titular, con su melopea insaciable e infecciosa. Aquí Bob Marley toca a rebato y pocos fueron los que no le siguieron. Si quedaba algún despistado que todavía no se había enterado de qué iba la película, seguro que con Exodus acabó enganchado para siempre al ritmo tropical de un genio que siempre estará muy por encima de la imagen que nos quieren vender.

Quizás estemos ante el disco más absoluto de Robert Nesta Marley. Por su alcance y por su enorme impacto. Un trabajo tan rotundo que, tras ese inalcanzable Legend (1984), es su disco más vendido. Una popularidad que puede que no sea suficiente por sí misma para amarlo. Si no fuera por las sensaciones indelebles que despierta su escucha, la perfección sónica y estructural con la que está armado y la infinita sutileza con la que Marley inyecta pop sin mesura a un reggae que parecía haber viajado al exilio con él. En un periplo que demuestra de una vez por todas que eso de la pureza es una milonga sin valor y que sin la mezcla no hay avance posible.


A1 Natural Mystic
A2 So Much Things to Say
A3 Guiltiness
A4 The Heathen
A5 Exodus
B1 Jamming
B2 Waiting in Vain
B3 Turn Your Lights Down Low
B4 Three Little Birds
B5 One Love / People Get Ready 

Total: 37 min. 

Bob Marley sufrió un intento de asesinato el 3 de diciembre de 1976. Siete hombres armados irrumpieron en su casa y le dispararon hiriéndole en el pecho y el brazo. Los motivos no han llegado a esclarecerse por completo, aunque parece que la política tuvo mucho que ver en el asunto.

 

En medio de una muy convulsa campaña presidencial en Jamaica entre los dos partidos mayoritarios, el conservador JLP (Jamaican Labour Party) y el progresista PNP (People's National Party), Marley trataba de mantener un tono neutral para no enardecer el ya bastante enardecido ambiente preelectoral. Para ello, incluso tenía previsto actuar en un concierto que se celebraría dos días después bajo el lema "sonríe, Jamaica"

Los motivos de fondo de la agresión se desconocen, aunque se han llegado a culpar a la misma CIA del mismo. Lo único que sabemos con certeza es que entre los simpatizantes del JLP había un descontento patente por las inclinaciones de Marley hacia el otro partido. Algo que, como digo arriba, el cantante había tratado de diluir con unas declaraciones que abogaban por la neutralidad y la concordia, pero que no todo el mundo se creía por el apoyo que tradicionalmente había brindado a la formación progresista.

 

Sea como fuere, Marley se vio obligado a huir a Londres a los pocos días. Allí inició un periodo de exilio que duraría año y medio. En ese tiempo ideó el tema "Exodus" y el álbum del mismo título. Según dicen, tenía el título de la canción antes de componerla y no me extrañaría que surgiera de su propia experiencia personal, la cual él asemejaría al Éxodo del pueblo judío en la Biblia. Un tono espiritual que volcó en la primera cara del álbum mientras que en la segunda se centró en temas más carnales y cotidianos, con el amor y el sexo como motores.

Mucha historia, como pueden ver, detrás de la obra más gigantesca del jamaicano. Un álbum que te puedes poner sin parar porque no se va a agotar ni en mil años.

miércoles, 21 de enero de 2026

La Biblia Negra

Paranoid (Black Sabbath, 1970)

HEAVY BLUES DE CATACUMBAElectricidad mórbida, tierra de cripta, veneno rítmico y toda la parafernalia mortuoria al servicio de un heavy blues que nunca ha sonado tan vicioso, sanguinario o letal. Por mucho que sus acólitos lo hayan intentado todo, desde subir el volumen hasta lo insoportable, exagerar lo demoníaco hasta lo ridículo o aplicar una guturalidad de orco que más de una vez ha acabado dando más risa que otra cosa.

Lo cierto es que nadie ha podido nunca igualar este segundo capítulo de la Biblia Negra que ha alimentado las pesadillas y ha moldeado los mandamientos fundamentales de lo que iba a ser el heavy metal. En cualquiera de sus sucias mutaciones, aunque especialmente en los géneros más oscuros y siniestros, ninguno de los grandes popes del género que reventaría en los 80 puede ni quiere escapar al influjo malsano de Black Sabbath en general ni de este disco muy en particular.

El secreto de su grandeza es fácil de apreciar y difícil de describir. Está en el sonido entre vidrioso y agonizante. Un sonido especial y único que debe tanto a la afinación especial de la guitarra de Tony Iommi como a la base rítmica con la demoledora presencia de ese pulpo llamado Bill Ward a los tambores y esa vibración tan personal y tan increíble de Geezer Butler al bajo. Es esto una de las cosas que más me han llamado la atención siempre, ese groove gomoso y bulboso que me traslada al pantano y a la cripta.

Mención aparte merece la voz, un Ozzy Osbourne que nunca estará entre las voces más impresionantes del rock ni nada de eso, pero que con su personalidad y su estilo ha marcado absolutamente a todos después de él. Su graznido de corto alcance puede que no impresione a nadie de primeras, pero no se puede negar que acaba hipnotizando como nadie. Eso y su manía tontorrona de cantar siguiendo la línea de bajo o de guitarra sin salirse. Un recurso tan simplón, tan poco imaginativo que no sé si se le había ocurrido antes a alguien, pero que Ozzy acaba convirtiendo en arte mayor.

Todos estos detalles unidos al oportunismo de llegar en el momento justo hicieron su trabajo para encumbrar a Paranoid a la categoría de clásico indiscutible, de disco transversal que todo aficionado a la música en cualquier género debería conocer. Luego existe la posibilidad de que se convierta en obra de cabecera y fundes bandas como Venom, Slayer o Motörhead. Que se dice pronto. 


 

A1 War Pigs
A2 Paranoid
A3 Planet Caravan
A4 Iron Man
B1 Electric Funeral
B2 Hand of Doom
B3 Rat Salad
B4 Fairies Wear Boots

Total: 42 min. 

viernes, 9 de enero de 2026

El toque sagrado

Songs of Leonard Cohen (Leonard Cohen, 1967)
 

CANCIÓN DESESPERADA. Hoy ha muerto Leonard Cohen. No podría haber escogido un día más triste para poner este disco. No podría haber elegido un momento peor para escribir sobre él. ¿Y qué más da? ¿Puede haber un buen momento para hablar de la obra maestra de un artesano como este? ¿Puede vencerse el miedo a no llegar jamás, a no poder alcanzar ni una micra de su poder con palabras incapaces? Eso es todo lo que la mayoría tenemos a su lado. Al lado de la grandeza de versos gigantescos adornados con la elegancia de lo mínimo, aventados con la magnitud de una voz verdadera y brutalmente seca. Nada en este disco está pensado para reconfortarte. Nada aquí está pensado para curar, pero consigue ambas cosas.

El debut de Leonard Cohen no llegó tarde. Llegó en el momento justo. Tras una reputada carrera como poeta y novelista, el canadiense decide lanzarse al vacío de poner música a sus palabras. Y no importó que estuviera ya granaíco, con 32 años, edad algo tardía para iniciarse en la implacable industria musical. Lo suyo era algo diferente a la superficialidad pop. Su culto al cuerpo se centraba en la idolatría de la feminidad por encima de todo, del arte por encima de otras consideraciones. Su culto a la mujer, al amor y todas sus ramificaciones le impulsó siempre a la hora de escribir algunas de las mejores canciones de la historia.

Bastantes de ellas están aquí, en su debut, en uno de los mejores discos que se hayan grabado jamás, un tratado en primera persona sobre la pasión, que apabulla por su repertorio, por lo espartano y lo preciso de sus arreglos y, cómo no, por su lírica arrebatada y perfecta. Todas las canciones de este estreno conforman el puzzle definitivo del jardín de las delicias. Quizás el trío formado por "Suzanne", "Sisters of Mercy" y "So Long, Marianne" sea el más llamativo y el que la mayoría del vulgo conozca, pero sería un craso error no reparar en las maravillas que deparan "Master Song", "The Stranger Song", "Hey That's No Way to Say Goodbye", o ese devastador terceto final que te aniquila. Estas canciones se quedan con algo tuyo cada vez que suenan. Algo que jamás te van a devolver.

Sí, hoy ha muerto Leonard Cohen y estoy triste. Hoy ha muerto uno de los artistas que más me han enseñado. Uno de esos que creemos conocer tan bien como a un amigo, aunque no tengamos ni idea, porque creemos que se vuelcan en sus canciones. Y quiero creer que esta vez es verdad y que lo conozco como pienso. A él sí. A este disco sí. Por una vez, no puedo estar equivocado.

 

A1 Suzanne 3:48
A2 Master Song 5:55
A3 Winter Lady 2:16
A4 The Stranger Song 5:00
A5 Sisters of Mercy 3:32
B1 So Long, Marianne 5:38
B2 Hey, That's No Way to Say Goodbye 2:55
B3 Stories of the Street 4:35
B4 Teachers 3:01
B5 One of Us Cannot Be Wrong 4:23

Total: 41:03

-  “How can I begin anything new with all of yesterday in me?” (Beautiful Losers)

- “I don't remember
lighting this cigarette
and I don't remember
if I'm here alone
or waiting for someone.” (Book of Longing)

- “Never make a decision when you need to pee.” (Beautiful Losers)

- “I don't consider myself a pessimist. I think of a pessimist as someone who is waiting for it to rain. And I feel soaked to the skin.” (L. C.)

DISCOS RELACIONADOS

 


miércoles, 17 de diciembre de 2025

¡Paganismo o muerte! 🌷

 

Título: La consagración de la primavera

 Título original: Le Sacre du printemps

Autor: Igor Stravinsky

Año de composición: 1913

Género: Clásica moderna / Ballet
  

Grabaciones de referencia:

  • Le sacre du printemps (Philharmonic-Symphony Orchestra of New York / Igor Stravinsky, 1940) ★★★
  • Le sacre du printemps (New York Philharmonic / Leonard Bernstein, 1958)   
  • Stravinsky Conducts Le sacre du printemps (Igor Stravinsky / Columbia Symphony Orchestra, 1961) ★★★ 

   

29 de mayo de 1913. Teatro de los Campos Elíseos en París. Poco se imaginaban los asistentes lo que les aguardaba en el estreno de la última composición de Igor Stravinsky. Se trataba de la música para un ballet que iba a ser presentado por la compañía de Serguéi Diáguilev con coreografía del mítico Vaslav Nijinsky. Una partitura y una escenografía que, para el público, iban a suponer el volteo de toda idea que tuvieran sobre la música y, para la historia, un viaje hacia un futuro que no sé si hemos alcanzado —o alcanzaremos— alguna vez.

Está claro que las rupturas nunca se han producido con suavidad. Por eso, lo que ofrecía Stravinsky no era un plato de fácil paladeo ni mucho menos de digestión ligera. De ahí que, aunque ahora nos cueste entenderlo, el público reaccionara aquella noche como lo hizo: con gritos y abucheos que generaron un ambiente que degeneró en una hostilidad que rayaba la violencia física. Una turba casi enloquecida que hizo muy difícil seguir a la orquesta y que obligó a Stravinsky a abandonar el teatro visiblemente enfadado. Pero una atmósfera que también ha contribuido de manera decisiva a señalar el momento de este estreno como aquel en el que la música entraba con paso decidido en la modernidad. Un cambio de época que quedó marcado para siempre en esta partitura.

Un rito de paso que cobra sentido cada vez que escuchamos una obra que nunca va a ser para todo el mundo. Una pieza visceral y primitiva que evoca rituales paganos de la Rusia arcaica vinculados a la llegada de la primavera. Capaz de ser también emocional y sutil cuando tiene que serlo, pero ante todo una pieza brutal en toda la extensión del término. Una obra plagada de estacatos, cortes abruptos, cambios de ritmo y de dinámica absolutamente radicales, construida a partir de células rítmicas breves y métricas cambiantes. Todo un festín sonoro para el que se deje llevar por la vorágine, pero también una pesadilla para quien busque asideros melódicos claros y estructuras repetitivas de efecto calmante.

Estas son las características que hacen de La consagración de la primavera una de las obras fundacionales a partir de las cuales se ha generado buena parte de la música moderna y contemporánea, influyendo también en estilos populares como la electrónica, el rock progresivo, el metal y toda la música experimental en cualquiera de sus pieles. Y para sumergirse en ella, contamos con infinidad de grabaciones muy diferentes entre sí.

Por mi parte me he centrado en tres de las versiones más aclamadas —y a veces polémicas—, como son las dirigidas por el propio Stravinsky con la Filarmónica de Nueva York en 1940 y con la Columbia Symphony Orchestra en 1960, por un lado, y la que dirigió Leonard Bernstein con la mencionada Filarmónica neoyorquina en 1958. Aproximaciones distintas e igualmente fascinantes.

Siguiendo un orden cronológico, la versión dirigida por el propio Stravinsky con la Filarmónica de Nueva York en 1940 me parece muy interesante desde el punto de vista historicista. No solo porque el propio compositor de la obra sea el que la dirige, sino también por la relativa cercanía temporal con el momento de su creación. A veintisiete años de su estreno en París, la crudeza de esta grabación saca a la luz todo lo primitivo y lo pagano de la composición. Con un sonido algo mate, hijo del tiempo en el que se registró, la partitura consigue desplegarse en todo su florido y rudo salvajismo. Quizás el ejemplo más fidedigno para con las intenciones primigenias del propio Stravinsky.

En segundo lugar, debo hablar de mi favorita, de la que nunca dejaría de escuchar y con la que me quedaría si tuviera que elegir solo una. Me refiero a la versión dirigida por Leonard Bernstein en 1958 al frente de la Filarmónica neoyorquina. Una versión en la que el director metió mucho de sí mismo, demasiado según algunos críticos, permitiéndose unas licencias que oscilan entre lo discutible y lo absolutamente maravilloso. No puedo decir que estas libertades afecten lo más mínimo a mi disfrute de un trabajo que maravilló al propio Stravinsky, el cual lo calificó con un simple y directo wow!. Una interpretación que muestra las habilidades de Bernstein en toda su plenitud. Un trabajo al límite de la expresión, terriblemente enérgico, con un sonido rugiente y salvaje en sus acentuaciones y colapsos rítmicos.

Y en tierra de nadie, casi suplicando atención, nos encontramos la recreación que hizo otra vez Stravinsky al frente de la Sinfónica de Columbia en 1960. Una versión que, en mi opinión, no puede competir cuerpo a cuerpo con las dos anteriores, pero que no está exenta de interés. Para mí, la clasificación estaría clara: la del 40 representaría el ritual primitivo, la del 58 se identificaría con la electricidad abrasiva y la del 60 sería la ceremonia oscura y distante. Porque eso es lo que califica a lo que suena en esta versión: una música ceremonial y oscura con pasajes casi tétricos, pero carente de la crudeza fundacional de la primera y de la explosividad controlada de la segunda. Un disco en el que el compositor parece mirar a su obra desde la distancia que da el tiempo. Desde un desapego que resulta revelador, pero que no va a espolear nuestras ganas de escuchar esta versión cuando nos apetezca sumergirnos en La consagración de la primavera.

En cualquier caso, con estas grabaciones o casi con cualquier otra, estamos ante una obra capital. Por su significación histórica como auténtico pórtico hacia una nueva era y por el disfrute atávico y profundo que provoca a poco que nos dejemos atrapar por sus raíces nudosas y sus dientes afilados. Una partitura visionaria que va a permanecer moderna por los siglos de los siglos. Juvenil, fresca e insolente... criogenizada para la eternidad.

1. Premier tableau : L'adoration de la terre
    1. Introduction
    2. Les augures printaniers
    3. Danses des adolescentes
    4. Jeu du rapt
    5. Rondes printanières
    6. Jeux de cités rivales
    7. Cortège du sage
    8. Le sage
    9. Danse de la terre
2. Second tableau : Le sacrifice
    1. Introduction
    2. Cercles mystérieux des adolescentes
    3. Glorification de l'élue
    4. Évocation des ancêtres
    5. Action rituelle des ancêtres
    6. Danse sacrale (L'élue)

lunes, 15 de diciembre de 2025

El fantasma de la electricidad

The Bootleg Series Vol. 4: Live 1966 - The "Royal Albert Hall" Concert (Bob Dylan, 1998) [DIRECTO]

FOLK ROCK. El rock alcanza su mayoría de edad. Dylan se reinventa a sí mismo para gozo y fastidio del público. Las sentidas rendiciones acústicas no pueden ocultar un resto de autoparodia, especialmente evidente en "Mr. Tambourine Man", y cuando el jinete eléctrico inicia su pandemónium particular ya no hay quien lo pare. Ni la tibia acogida del público, ni el famoso grito de "¡Judas!" al que Dylan contesta con una rotunda e incontestable versión de "Like a Rolling Stone". 

Puede que los seguidores no quisieran verlo, cegados por la esperanza de que al final el de Duluth volviera al redil de lo acústico, lo social, a todo ese folk de raigambre que ya no le servía. Quizás por eso seguían yendo a sus conciertos a la espera de que pasara algo. O a cumplir el ritual. Aplaudo en el set acústico. Abucheo en el eléctrico. A las alturas de esta gira británica todo estaba más que medido e institucionalizado. Desde la idolatría hasta el insulto. Desde el autógrafo hasta la decepción. Por todos estos motivos, esta gira, estos meses, son claves para la historia. La de Bob Dylan, que no dudó cuando tenía al mundo en su contra, y la del rock como catalizador de emociones y generador de arte mayor.

Con todo esto importaría bien poco la calidad de las versiones o del sonido. Este documento se basta y se sobra para conquistar la eternidad. Por aura, peso y leyenda. El mito está servido antes de que el bardo abra la boca. Antes del primer acople. Pero lo mejor de todo es que la música que aquí nos encontramos no solo hace honor a la polvareda levantada, sino que la convierte en un simún devastador.

La primera rodaja recoge a la perfección lo que era el set acústico con el que empezaba los conciertos por entonces. Magnífico en su contención, recoleto, serio, con un Dylan concentrado en cantar mejor que nunca (atiendan a "Just Like a Woman"), como queriendo sellar la forma definitiva de estas canciones. Por si no volvía a tocarlas jamás. Y por supuesto, en el segundo CD se deja acompañar por el núcleo de lo que sería The Band para epatar con ese sonido de mercurio salvaje que perseguía como poseído. Así destroza maravillosamente "I Don't Believe You" y no tiene piedad alguna de "Baby Let Me Follow You Down" o "One Too Many Mornings". Cualquier parecido con las originales es pura coincidencia, y esta vez acierta de lleno en unas deconstrucciones inflamadas por el ardor que amenazaba con consumirlo. Son solo tres ejemplos de una cabalgada irresistible que empieza con un inédito "Tell Me Momma" más que revelador y culmina con ese "Like a Rolling Stone" para la historia.

Live 1966 es uno de los mejores discos de la historia. Una grabación en vivo que impacta aun sin conocer toda la parafernalia histórica que la rodea. Nunca se ha oído a un Bob Dylan más iracundo ni más sincero. Nunca se le ha percibido tan enfadado y a la vez tan sublime. Como perseguido por un sabueso infernal, revolcándose en el blues, alargando las sílabas finales con una rabia tan exagerada, tan pura y tan elemental que causa pavor. Sí, ya lo decía una y otra vez en "Ballad of a Thin Man", y el silencio tras la descarga así lo confirma: de verdad que algo ha pasado aquí. Y a nosotros no nos queda otra: "¡PLAY FUCKING LOUD!"


 

1.1 She Belongs to Me 3:27
1.2 Fourth Time Around 4:37
1.3 Visions of Johanna 8:08
1.4 It's All Over Now, Baby Blue 5:45
1.5 Desolation Row 11:31
1.6 Just Like a Woman 5:52
1.7 Mr. Tambourine Man 8:52

2.1 Tell Me, Momma 5:10
2.2 I Don't Believe You (She Acts Like We Never Have Met) 6:07
2.3 Baby, Let Me Follow You Down 3:46
2.4 Just Like Tom Thumb's Blues 6:50
2.5 Leopard-Skin Pill-Box Hat 4:50
2.6 One Too Many Mornings 4:22
2.7 Ballad of a Thin Man 7:55
2.8 Like a Rolling Stone 8:01

Total: 95:13

sábado, 6 de diciembre de 2025

Dios salve a la reina

Lady Soul (Aretha Franklin, 1968)

SOUL. "Lady Soul" es un apelativo, un guante que se ajusta a una artistaza irrepetible. Un título gigantesco que no pesa ni un gramo sobre las espaldas de la mejor cantante que haya abierto la boca. O al menos una de las más grandes, Aretha Franklin, que con este disco disolvió cualquier duda que pudiera haber sobre su valía. De todas formas no las había después de una carrera rutilante con bombazos inapelables. Lady Soul, su duodécimo trabajo según la mayor parte de los catálogos, simplemente redondeó la jugada y la arrimó a la perfección.

Esta obra maestra se despliega sin pudor, como la interpretación vocal de la hija del predicador, de las mejores de su carrera. Ahí está la vibración arrastrada de "Chain of Fools", pero también la plegaria sublime que es "People Get Ready", esa posesión espeluznante del "(You Make Me Feel Like) a Natural Woman" de Carole King o la contención de piel de gallina con la que cierra, "Ain't No Way", mi favorita quizás. Favorita entre un rosario de ellas, porque cada canción aquí, cada inflexión y cada pausa para tomar aliento son momentos irrepetibles en la historia de la música. 

El góspel, el blues, el soul y el rock suenan en este disco con una autoridad, una sabiduría y un amor de los que cuesta encontrar. Por eso después de más de cuarenta años sigue sonándonos como nos suena, sigue impresionando y sigue siendo, por derecho propio, una de las piezas más fundamentales para entender la evolución del soul moderno. Y dejándonos de paparruchas, una de las grabaciones más emocionantes que se puedan disfrutar en esta vida.

A1 Chain of Fools 2:45
A2 Money Won't Change You 2:02
A3 People Get Ready 3:35
A4 Niki Hoeky 2:33
A5 (You Make Me Feel Like) A Natural Woman 2:37
B1 Since You've Been Gone (Sweet Sweet Baby) 2:18
B2 Good to Me as I Am to You 3:25
B3 Come Back Baby 2:29
B4 Groovin' 2:45
B5 Ain't No Way 4:12

Total: 28:41

jueves, 4 de diciembre de 2025

Realismo mágico

In the Aeroplane Over the Sea (Neutral Milk Hotel, 1998)

FOLK MÁGICO. Sorprendente y euforizante obra maestra de estos norteamericanos apátridas. Desde algún lugar inventado se sacan de la manga un compendio de pop de cámara, espejismos de rock entre cazurro y noise y un folk mágico que no desentonaría en el currículum de Mercury Rev... O quizás sí, ya que estos últimos nunca han alcanzado estas cotas de naturalidad y excelencia. Jeff Mangum lidera un proyecto que surge del trauma que le produjo la lectura tardía del Diario de Anna Frank (1955), inspiración que vuelca en referencias más o menos directas esparcidas por todo el disco. El trauma es más que evidente en el fraseo urgente y a ratos agónico de Mangum, en su rasgueo poseído y en las letras tan mágicas como inextricables. Como inextricable es su sonido, bizarro y cercano con gemas de baja fidelidad que van de los 1:35 a los 8:18 quilates. Al sumergirte en este lago monocromático quedarás atrapado entre aporreos de acústica con sentido, gaitas oceánicas, trompetas a ratos fúnebres y a veces preñadas de euforia fronteriza, y sobre todo, esas letras que causan sensación...

"And one day we will die, and our ashes will fly from the aeroplane over the sea, but for now we are young let us lay in the sun and count every beautiful thing we can see." // "And will she remember me 50 years later, I wished I could save her in some sort of time machine, Know all your enemies, We know who our enemies are" // "I love you Jesus Christ, Jesus Christ I love you, Yes I do".

Neutral Milk Hotel, o Jeff Mangum, no consiguieron sobrevivir al vaciado emocional que supuso esta joya. Tuvieron que lidiar con la incomodidad de una interpretación rugosa, acelerada y sangrante. Mucho feísmo, a priori, del que resulta milagroso haber extraído tantísima belleza. Un álbum perfecto para acompañar a tu colección de R.E.M.... Y superar sin esfuerzo bastantes obras de los de Athens. La magia de un folk fuera de época y lugar. Ni americano, ni europeo, ni terrenal. Simplemente sublime.

PD: (Todo esto 8 años antes del Ys de Joanna Newsom y 9 antes del Strawberry Jam de Animal Collective).

 

1 The King of Carrot Flowers Pt. One 2:00 ❤
2 The King of Carrot Flowers Pts. Two & Three 3:06
3 In the Aeroplane Over the Sea 3:22 ❤
4 Two-Headed Boy 4:26
5 The Fool 1:53
6 Holland, 1945 3:12
7 Communist Daughter 1:57
8 Oh Comely 8:18 ❤
9 Ghost 4:08
10 [untitled] 2:16
11 Two-Headed Boy Pt. Two 5:13

Total: 39:51

Estamos ante un auténtico disco de CULTO para cualquier amante de la música alternativa que se precie. Su veneración por publicaciones y fans es inversamente proporcional a sus ventas. Al menos a sus exiguas ventas iniciales.

Una de sus características principales es su carácter críptico. A pesar del hermetismo lírico, hay una corriente muy extendida que dice que el disco trata sobre el drama de Ana Frank. El grupo no lo ha desmentido y hay algún que otro verso refiriéndose a su fecha de nacimiento y defunción. Algo habrá. O no.

martes, 28 de octubre de 2025

Rompiendo la baraja

Bringing It All Back Home (Bob Dylan, 1965)

MERCURIO SALVAJE. En plena ebullición del sueño hippy, Bob Dylan se sale del carril y se mete en los procelosos terrenos del rock & roll. Sin pedir permiso, provocando un escozor que aún hoy pica a algunos. Todo empezó a gestarse en el festival de Newport de 1965. Allí Dylan se colgó la Fender y, ayudado por los decibelios infernales de Mike Bloomfield y Al Kooper, desató el apocalipsis. Una lluvia eléctrica inundó el sacrosanto templo del folk. La gente no se lo tomó precisamente bien, pero esas pocas canciones, incluidas en este glorioso disco, más un adelanto de una tal "Like a Rolling Stone" quedaron para la posteridad.

Lo que Dylan hizo fue amplificar el poder catártico de las piezas más electrificadas de este giro que ya se venía anunciando en cierta forma con Another Side of Bob Dylan (1964). Allí seguía con lo acústico, pero sus historias habían mutado, cambiando la denuncia social por la poesía, el amor y sus alrededores. Aquí siguió por esa senda y además de entregar un puñado de piezas de aire todavía folk, que están entre lo mejor que nunca escribiera, se zambulló en el fango de un rock prohibido para los más puristas de la pana y las camisas de cuadros.

Para un fanático de lo artesanal y de la letra bien vocalizada, esto puede ser una pesadilla. Para el ecléctico, una gozada. Ver cómo conviven, se retan y acaban teniendo todo su sentido cosas como "Love Minus Zero / No Limits" y "Outlaw Blues", "Mr. Tambourine Man" y "Subterranean Homesick Blues", es algo que muy pocas veces podemos disfrutar. En ellas, Dylan se permite una lucidez, un sarcasmo y una socarronería absolutamente inéditas. 

Ante, por ejemplo, el tono nasal y dejado de "On the Road Again" todavía podemos maravillarnos de estar escuchando al auténtico Dylan. Lo mismo pasa con las carcajadas con las que introduce "Bob Dylan's 115th Dream". Aquí no hay imposturas ni segundas pieles. Solo las ganas y el buen hacer de un cantautor desatado probando los límites de un talento al que no se le veía el final. Seguimos sin divisarlo.

A1 Subterranean Homesick Blues 2:17
A2 She Belongs to Me 2:48
A3 Maggie's Farm 3:51
A4 Love Minus Zero / No Limit 2:47
A5 Outlaw Blues 3:00
A6 On the Road Again 2:30
A7 Bob Dylan's 115th Dream 6:29
B1 Mr. Tambourine Man 5:25
B2 Gates of Eden 5:42
B3 It's Alright, Ma (I'm Only Bleeding) 7:30
B4 It's All Over Now, Baby Blue 4:13

Total: 46:32

Xxx

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lunes, 21 de julio de 2025

Shane's lament

Rum, Sodomy & the Lash (The Pogues, 1985)
 

 
PUNK GAÉLICO. Estamos ante uno de esos raros artefactos que desafían el paso del tiempo con la cabeza erguida y el paso firme. Rum, Sodomy & the Lash es una de esas rara avis que sobrevivirían en una era post-atómica. Un disco de género que ha traspasado el encasillamiento para convertirse en obra esencial en cualquier discoteca seria. Igual que el Legend de Bob Marley lo es para el reggae, el segundo de The Pogues es un monumento a la, llamémosla, música tradicional gaélica. Lo sé, he evitado el apelativo celta a propósito. Es que esto es mucho más, y supongo que para los seguidores de dicha música, mucho menos. Como decía, es un disco de género que traspasa las fronteras de los gustos. Este y el mencionado Legend hay que tenerlos aunque no te gusten ni los violines ni el reggae. Es así de absoluto. Y con el matiz importante de que este disco no es ningún recopilatorio. Es un trozo aleatorio de la intensa carrera de un grupo intenso como pocos, con un frontman espectacular y trágico.

Shane MacGowan ha probado ser un borrachín simpático o un iracundo alcohólico bañado en rabia berserk. Tan inexplicable y tan humano como la poesía que derrama en cada verso. Una poesía directa y brutal, crónica sin depurar de una vida desordenada, virulenta y totalmente real. Este carácter indómito es lo que hace que muchos llamen a esto punk gaélico a pesar de que el grupo sabe como invocar las llamaradas de la revuelta sin recurrir a ningún tópico rockero en su música. No, no busquen distorsiones ni electricidad. La potencia puede fabricarse con otros métodos. Con una actitud como desganada al cantar, con las manos en los bolsillos, que no esconde una pasión y un buen hacer ilimitados, con una energía pasional que mueve al más inerte y con una selección de temas donde la conjunción entre lo tradicional y lo propio hace indistinguibles a unos y otros. Esto es un todo, y un todo brutal. Un disco del que no hay manera humana de cansarse. Ni en mil vidas.

 

A1 The Sick Bed of Cuchulainn 2:59
A2 The Old Main Drag 3:19 ✔
A3 Wild Cats of Kilkenny 2:48
A4 I'm a Man You Don't Meet Every Day 2:55
A5 A Pair of Brown Eyes 4:54
A6 Sally MacLennane 2:43
B1 Dirty Old Town 3:45
B2 Jesse James 2:58
B3 Navigator 4:12
B4 Billy's Bones 2:02
B5 The Gentleman Soldier 2:04
B6 And the Band Played Waltzing Matilda 8:10

Total: 42:49

La balsa de Medusa es el motivo sobre el que juega el grupo en la portada. Con toda esa tragedia que impregna la obra de Géricault, crónica de un suceso real, MacGowan y los suyos juegan a disfrazarse, a despojar de dramatismo a la muerte, a hacerla un trampantojo de la vida a través de la juerga sin fin y de la enorme profundidad de la tradición. En un principio puede parecer que se ríen de la alta cultura, pero no, lo que pasa es que en su mundo todo se mezcla y todo tiene cabida.

☘☘☘

Poguetry in Motion (The Pogues, 1986) [EP]

PUNK GAÉLICO. Podría haber sido el coletazo glorioso de ese Rum, Sodomy & the Lash (1985) al que epiloga, pero lo cierto es que este EP se acaba quedando a medio camino. Porque son cuatro canciones que nos siguen mostrando a la banda en plena forma y a Shane en una cúspide de la que no había quien lo bajar. Pero también hay que reconocer casi de inmediato que solo la mitad del disco brilla a la altura de sus dos largos anteriores.

Por supuesto que me refiero a esa "The Body of an American", que refulgió con luz propia en esa serie espectacular que fue The Wire. Y por supuestísimo también que me refiero a esa "A Rainy Night in Soho", que está entre las mejores partituras de The Pogues. Esa es la gloria y la miseria de este EP. La de ese "And you're the measure of my dreams" con el que se acaba apagando un temazo que no tiene parangón en el canon de los londinenses. Mucho menos en este EP interesante, atractivo, pero insuficiente en su conjunto. Lo que pasa es que con un par de motivos como los mencionados, a ver quién es el guapo que se pierde esto.

☆☆★★★  

A1 London Girl 3:07
A2 A Rainy Night in Soho 5:38
B1 The Body of an American 4:51
B2 Planxty Noel Hill 3:14
Total: 16:50