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miércoles, 12 de abril de 2023

The Basketball Diaries

Catholic Boy (Jim Carroll, 1980)

 

ROCK. "A ver si ahora el tonto de Mick me dice que este no le gusta". Si bien no fueron las palabras exactas, eso es lo que dijo el bueno de Keith Richards cuando vio a Jim Carroll con su banda y decidió que tenía que ficharlo para la discográfica que compartía con Jagger. Y así fue, porque efectivamente a Mick le encantó el tipo paliducho y desgarbado que recitaba con una mezcla de indolencia y posesión diabólica sobre una tapicería eléctrica que parecía estar hecha a su medida.

Un artista que no había surgido de la nada. Heroinómano desde los trece años, ya había vomitado su vida en la novela The Basketball Diaries (1978). Cinco años antes también había sido nominado al Pulitzer y era considerado uno de los mejores poetas de su generación. No se trataba pues de un advenedizo precisamente, sino de un artista personal y hecho. Un artista al que le iba eso de nadar contracorriente. Y es que ya había muchos rockeros que se jactaban de ser poetas aun sin serlo. Lo que era una novedad era que, como él, el poeta, que sí lo era, se tirara de cabeza al rock & roll. Sobre todo por la decisión y la vehemencia con las que lo hacía.

Con todos estos agravantes se fabricó este disco. Carroll había sido pareja ocasional de Patti Smith, con la que compartía su ambición artística. Quizás por eso no es extraño que este disco suene tanto a punk rock y parezca a punto de saltar por los aires. Por eso y por su obsesión por volcar su vida y sus detritus en su arte. 

Una obra magistral que suena a Nueva York como ninguna otra y que aúna a Television, Jonathan Richman, su adorada Patti Smith y Lou Reed bajo un mismo paraguas. Un disco, en definitiva, que parecía llegar demasiado tarde, pero que ha acabado aposentándose en los salones de la eternidad.

★★★★☆

A1 Wicked Gravity 4:57
A2 Three Sisters 3:19
A3 Day and Night 2:23
A4 Nothing Is True 3:25
A5 People Who Died 5:07 ✠
B1 City Drops Into the Night 7:28
B2 Crow 3:02
B3 It's Too Late 3:04
B4 I Want the Angel 2:52
B5 Catholic Boy 3:05
Total: 38:42

Son demasiadas las cosas que me evoca este disco. Entre su portada, lo que suena y lo que cuenta me encuentro a William S. Burroughs (aunque dicen que los que están al lado de Carroll en la carátula son sus padres). Será por el caballo, será por la poesía entonces.

También me viene a la cabeza Patti Smith, ya lo he dejado bien claro arriba, los intentos de poesía de Lou Reed y en definitiva esa Nueva York que imprime sus latidos en cada golpe de batería y en cada inflexión vocal, en cada línea de bajo y en cada cambio armónico a la guitarra. 

Una ciudad que ha impregnado todo lo que ha hecho este paliducho chico católico, este esqueleto viviente, este poeta empeñado en reventarse desde dentro.

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sábado, 5 de noviembre de 2022

Las confesiones de un tío recto

The Modern Lovers (The Modern Lovers, 1976)

ROCK. The Modern Lovers supone la sublimación de lo imperfecto a través de lo crudo, lo entrañable (de entrañas), lo jocoso y lo independiente de verdad. Se trata de una obra magistral que fue la carta de presentación de todo un personaje como es Jonathan Richman. Este fue el líder, cerebro y guía de una banda cuyo mito sobrepasa por mucho su producción discográfica. 

En estas demos grabadas entre 1971 y 1973 ya se encuentran buena parte de los elementos que harían grande a Richman. A saber, su humor personal y malsano, su dicción entre Lou Reed e Iggy Pop, su adoración por The Velvet Underground y un amor por las melodías sencillas y una rítmica propulsada a chorro entre el rock de los 50 y las galopadas de terciopelo de la banda de John Cale. Precisamente este último fue el productor de la primera de las sesiones de grabación de alguno de estos temas. Entre ellos se encuentra el mítico "Roadrunner" que debe su fama a la eterna mística norteamericana de la carretera. El tema se apoya en una base de dos acordes que van inflándose gracias a un teclado demoledor y al canto de Richman entre arrastrado y extasiado. Se trata de un clásico eterno que por mucho que recuerde al "Sister Ray" de la Velvet resulta inolvidable. 

Lo mismo podemos decir del resto de la cara A con el cúlmen en la oscura y jocosa "Pablo Picasso". Estos dos son los temas que sobresalen de una colección que no baja el nivel en ningún momento. Los chispazos eléctricos se alternan con el soplido agresivo de unos teclados sobresalientes en su papel de subrayado y la rítmica es letal a la hora de encabritar los temas o reposarlos como en un coma latente y angustioso. 

Realmente parece mentira e injusto que estas canciones necesitaran esperar hasta el 76 para ver la luz. Lo que no me resulta tan extraño es que las dejaran en su versión demo. Los retoques, sin duda, las habrían estropeado, aunque solo fuera un poquito. Y eso hubiera sido imperdonable para una obra que ha conseguido perpetuarse en el tiempo por encima de modas y tendencias. Como la obra de Picasso, y salvando las distancias, esto es un disco que dio un brochazo de frescura en la anquilosada escena de mitad de los 70. Como algunos otros y como él solo. Y sí, "nadie llamó gilipollas a Pablo Picasso jamás".


 

A1 Roadrunner 4:04 ✠
A2 Astral Plane 3:00
A3 Old World 4:00
A4 Pablo Picasso 4:15 ✠
B1 She Cracked 2:53 ✠
B2 Hospital 5:31
B3 Someone I Care About 3:37
B4 Girl Friend 3:51
B5 Modern World 3:40
Total: 34:51

Como buen álbum maldito, no tuvo un recorrido fácil. "Hospital" sin ir más lejos se incluyó en el álbum tal y como salió en una sesión demo de 1971. El grueso del álbum se compone del material registrado en otras dos sesiones demo que tuvieron lugar en Los Angeles. La primera fue producida por el mítico John Cale y la segunda por Alan Mason y Robert Appere.


Las dos sesiones fueron realizadas para discográficas diferentes y no iban a ser las definitivas para el álbum. Finalmente se decidieron por Warner y por consiguiente por John Cale como productor para las grabaciones definitivas. Grabaciones que afortunadamente no se llegaron a realizar. La culpa la tuvieron diversos factores como fueron las tensiones en la banda, las intenciones de Richman hacia una suavización de los temas que no les habrían hecho ningún bien y la muerte de Gram Parsons, gran amigo de Richman. Todo esto desembocó en la disolución del grupo en 1974. Y sin disco largo en el mercado.

Posteriormente Richman fichó como solista por la discográfica Beserkley con la intención de regrabar algunos de los temas mencionados. Eso es otra historia que no viene al caso ahora. Lo que nos interesa es que la discográfica aprovechó el fichaje de Richman para editar el maravilloso disco que nos ocupa. Para ello remezcló las pistas originales que se habían grabado entre 4 y 5 años antes.

Resulta epatante que, a pesar de (o debido a) que se trate de tomas directas y sin refinar, el sonido sea tan apabullante. Será la frescura, será la inspiración. Algo tendrán que ver unos músicos que prefirieron arder con fiereza antes que consumirse tristemente. 

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lunes, 31 de enero de 2022

Profesores chiflados

Crazy Rhythms (The Feelies, 1980)
 

ART PUNK. The Feelies, uno de esos grupos malditos que siempre se han identificado con la profesionalidad y un estilo que ha sido calificado como "idiota, nervioso y ruidoso". Sin duda la perfecta descripción para un grupo de canciones que coquetean con el pop de vanguardia, la melodía pegadiza y las cabalgadas eléctricas de rítmica primitiva marca Velvet. Fueron importantes, incluso diría que clásicos. Y como tales, no tuvieron éxito en su época. Como tantas veces ha ocurrido, su debut, Crazy Rhythms (1980), no tuvo ninguna repercusión. Hoy es considerado un clásico incontestable.

A veces llamaría a esto power pop, otras lo veo como una bastardización electrificada del rock de los 50. Todo este batiburrillo, las gafas de pasta, Buddy Holly, Weezer y el pop venenoso es un intento de mi mente por clasificar y encuadrar el estilo de una banda única que deja babeando tras la escucha de este estreno. En su obra maestra aceleran el ritmo de manera espasmódica y mezclan las guitarras limpias y las distorsionadas con una maestría que no debería estar al alcance de unos imberbes como ellos. El resultado es una obra de difícil clasificación.

Crazy Rhythms es una oda a lo febril y lo urgente. Todo un pildorazo pop que entra a la primera. Una cura y un veneno mortal. Un trabajazo complejo y profundo sin parecerlo. Con sus versiones (The Beatles) y sus canciones de más de seis minutos. Una montaña rusa que pasa de cero a cien en cero coma. Television, The Modern Lovers, el post-punk o sus adorados Velvet Underground, toda influencia queda volatilizada desde la raíz con este estilo tan directo y crudo. Un no parar con la autoestima al máximo. Creo que queda claro. Tonterías aquí, ni media.

★★★★★

A1 The Boy With the Perpetual Nervousness ✔
A2 Fa Cé-La ✔
A3 Loveless Love ✔
A4 Forces at Work ✔
B1 Original Love 
B2 Everybody's Got Something to Hide (Except Me and My Monkey) ✔
B3 Moscow Nights ✔
B4 Raised Eyebrows ✔
B5 Crazy Rhythms ✔

Total: 40 min.


Lo sepan o no, lo reconozcan o lo nieguen, la influencia de este grupo en gente como Weezer es tan aparente que casi parece algo casual. 

 

Está en alguna forma en el sonido entre dulce y agreste que ambas bandas se gastan, pero sobre todo en la imagen. Vean la portada del debut de los californianos o el videoclip de su exitazo "Buddy Holly" y después me cuentan. 

Por lo demás, estamos hablando de bandas muy diferentes, sobre todo en cuanto a calidad y perdurabilidad, pero el paralelismo, buscado o no, creo que está ahí.

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sábado, 5 de junio de 2021

Por amor al comercio

The Cars (The Cars, 1978)

 

NEW WAVE. Así es como se hace el pop en los EE.UU.. Los de Ric Ocasek y Benjamin Orr no entienden la melodía sin ir bien rebozada en guitarras serias y en insolencia rockera que te sacuda mientras te pringas de asfalto por esas carreteras que se pierden en el horizonte. Los de Boston fabrican un discazo de escucha obligada con los restos de esa autoinmolación con la que el punk se desintegró apenas unos segundos después de nacer. Elvis Costello, Cheap Trick o Jonathan Richman son los coetáneos entre los que se codearon unos Cars que siempre destacaron por su elegante insolencia.

Un desparpajo y una seguridad en sus poderes que les permitió crear pelotazos como este debut, un disco en el que las guitarras arañan sin perder un dramatismo que las hace engarzarse a la perfección con unas eyaculaciones de teclado que también podemos disfrutar en los famosos Attractions de Elvis Costello. Aquí de una manera más atmosférica y envolvente, con un clasicismo que les permite invocar incluso a Queen en algunos coros, tal es la falta de prejuicios y cortapisas de los bostonianos.

Por todo esto "The Cars" es un clásico instantáneo. Porque suena con convicción, suelto, sin miedos... Porque salió con el sabor de lo último manteniendo el poso de lo clásico. Una conjunción de ingredientes en la que prima el gusto por encima del virtuosismo o esa rabiosa actualidad que ha hecho tanto daño en tantas ocasiones. Pop de toda la vida, eléctrico, rabioso, coleante, sentido, inmediato y absolutamente eterno. Parece fácil, pero todos sabemos que esto no está al alcance de cualquiera.

★★★★☆

A1 Good Times Roll 3:44
A2 My Best Friend's Girl 3:44
A3 Just What I Needed 3:44
A4 I'm in Touch With Your World 3:31
A5 Don't Cha Stop 3:01
B1 You're All I've Got Tonight 4:13
B2 Bye Bye Love 4:14
B3 Moving in Stereo 5:15
B4 All Mixed Up 4:14
Total: 35:40
 
 
La cantidad de influencias en el disco da buena cuenta del hambre voraz, el gusto y la capacidad de filtrado infinita de un Ric Ocasek que nunca ha ocultado su interés por sonar accesible, aunque sin renunciar a ese toque intelectualoide que ha dado sentido y personalidad a todo lo que ha hecho.

Así no es extraño que podamos decir que aquí suenan ecos no siempre predecibles como Queen (muchos coros, empezando por los de "Good Times Roll"), Roxy Music ("Moving in Stereo") o incluso unos Crosby, Stills & Nash que siempre han estado en el ADN de Ocasek (armonías vocales en "All Mixed Up"). No olvidemos su empeño en sonar como ellos en Milkwood, una de sus primeras bandas.

Todo esto ha hecho de The Cars un grupo accesible pero respetado. En su época había quien decía que los aficionados a la música podían dividirse entre los más alternativos, los cuales escuchaban a The Clash, Talking Heads o The Cars, y los más "mainstream", los cuales idolatraban a Aerosmith, Queen o The Cars. Eso refleja a la perfección esa interzona en la que Ocasek siempre se ha movido como pez en el agua.

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