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jueves, 6 de agosto de 2026

Náufragos del asfalto

The Heart of Saturday Night (Tom Waits, 1974)
 

PIANO BAR. Closing Time (1973) mostraba la soledad del bebedor de una manera casi nostálgica. El naufragio de un alma que aletea entre la ternura y lo insoportable de tener que entenderse con lo que pasa dentro de tu propia cabeza. Esta continuación, sin embargo, empieza con la euforia contenida del que parte en su singladura a través de la noche. Con todas las esperanzas y anhelos intactos, preparados para ser compartidos con tu caterva de perdedores favorita. Pero eso no es más que el principio. Las cosas se van torciendo y el rumbo se va perdiendo conforme avanza el álbum para dirigirse sin remedio al mismo punto en el que empezábamos en el anterior —"The Ghosts of Saturday Night (After Hours at Napoleone's Pizza House)". Aun así, en The Heart of Saturday Night, el bar todavía está abierto. Aún podemos oler la camaradería y el calor humano.

Siguiendo con la comparación, necesaria si tratamos a estos dos primeros discos como el díptico que muchos percibimos, diría que es en esos aspectos en los que el segundo da un paso adelante, en el hecho de contarnos una noche de farra sin tapujos, pero con un cariño infinito hacia los personajes que la componen. Como si de una Odisea en miniatura se tratara, Waits emprende un pequeño regreso a su Ítaca personal, que el cantautor sitúa en un Napoleone's Pizza House que conocía bien de su etapa como friegaplatos.

Todo esto no significa que este segundo disco sea superior al primero. Closing Time gana claramente en la cercanía que transmiten unas canciones, menos marinadas en jazz que las de su hermano pequeño, y más abiertas al folk, al blues y hasta al soul. Por eso, aunque The Heart of Saturday Night sea más maduro y cuente con un hilo narrativo mejor hilvanado, Closing Time se nos muestra más redondo y compacto. Eso convierte a este último en un álbum más querido entre los aficionados, aunque para muchos, y me incluyo, la diferencia no esté tan clara y nos cueste horrores decantarnos por uno u otro. Lo que solo quiere decir que los dos son muy buenos y que Waits empezó, cómo no, por la puerta grande.

★★★★☆

A1 New Coat of Paint 03:23
A2 San Diego Serenade 3:30
A3 Semi Suite 3:29
A4 Shiver Me Timbers 4:26
A5 Diamonds on My Windshield 3:12
A6 (Looking For) The Heart of Saturday Night 3:53
B1 Fumblin' With the Blues 3:02
B2 Please Call Me, Baby 4:25
B3 Depot, Depot 3:46
B4 Drunk on the Moon 5:06
B5 The Ghosts of Saturday Night (After Hours at Napoleone's Pizza House) 3:16

Total: 41:28 

Creo que el paralelismo que he establecido con la Odisea (Homero, 750-700 a.C.) no es baladí ni anecdótico. Es cierto que puede pesar mucho la diferencia entre la épica de un texto que apela a la grandeza del ser humano a partir de una empresa titánica y la narración de una noche de juerga a finales del siglo XX. Aparentemente, cualquier conexión entre las dos obras sonará pretenciosa y fútil.

Sin embargo, no me resisto a seguir con mi idea, por loca que parezca. Y es que, por encima de diferencias maximalistas, en el meollo de ambas obras veo una celebración de lo más doméstico dentro de la naturaleza humana. Igual que Ulises ansiaba regresar a su hogar, Waits y sus amigos sienten una necesidad imperiosa de encontrarse a sí mismos a través de la camaradería, el sentido de pertenencia y las ganas de lanzarse a algo tan sencillo y tan difícil, a veces, como es vivir. Una intención que en el caso de Ulises es más profundo y noble y en el caso de nuestros amigos se basa en el más puro hedonismo. Pero, al final, ¿qué es lo que mueve el mundo? No conozco la respuesta, pero a mí este disco me motiva y me hace feliz. Creo que es un buen punto de partida, ¿no creen? 

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viernes, 31 de julio de 2026

I'm a loser, baby...

Closing Time (Tom Waits, 1973)

PIANO BAR. Es la hora del cierre. Los últimos borrachos se desparraman en la barra y el camarero los barre con su escoba hasta la salida. El pianista entona con voz cazallosa la penúltima historia sobre un par de corazones rotos y un coche desvencijado. Martha y Rosie acaban su turno y se cambian de ropa. Les apetecería un helado, pero a estas horas no hay más que whisky. Tal vez el destino se porte hoy y les regale un paseo tranquilo a la luz de esa luna cítrica y así soñar con ese galán de cuento que les saque de este antro. Y el piano sigue sonando, anunciando la hora del cierre, y suena empapado en cerveza y licor barato. Y clarinetes. Y guitarras acústicas. En un compás beodo y lúcido en busca del silencio mortal que cae como una sentencia a la hora del cierre. El tiempo se detiene, las postales nos restriegan el pasado por la cara. ¿Fue realmente un tiempo mejor?. Yo de ti no se lo preguntaría al que ha hecho de este antro su casa. Ahí está, acompañado por un presente sin rostro y aleteando como un pez sobre el suelo sucio mientras espera otra ronda. Seguro que mejora a la anterior. Seguro que no será la última. No hasta la hora del cierre.

★★★★☆

A1 Ol' '55 3:55 
A2 I Hope That I Don't Fall in Love With You 3:52 
A3 Virginia Avenue 3:22 
A4 Old Shoes (& Picture Postcards) 3:41
A5 Midnight Lullaby 3:10
A6 Martha 4:26
B1 Rosie 3:56
B2 Lonely 3:11
B3 Ice Cream Man 3:05 
B4 Little Trip to Heaven (On the Wings of Your Love) 3:55 
B5 Grapefruit Moon 4:46 
B6 Closing Time 3:58 

Total: 45:17

Este disco me remite irremisiblemente a Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Demasiado obvio y, a la vez, un poco forzado, aunque si se analiza bien, hay más similitudes que diferencias entre la película y el disco. Es cierto que a la película le falta ese ambiente decadente y casi miserable que sí que exuda el disco. Sin embargo, no podemos obviar el hecho del piano en el bar —representado por Sam en la película—. Un pianista mucho más limpio y sereno en todos los aspectos que la imagen que nos ofrece Waits ya en la misma portada, pero un pianista sentimental hasta las trancas en ambos casos.

 

También está el hecho de que el bar en ambos casos represente la estación de paso de perdedores y borrachos, que en la película podríamos equiparar con agentes secretos en tránsito, espías y ex-presos políticos de renombre. Todos en un ambiente luminoso y casi festivo en la película, y en un entorno más deprimente, lúgubre y casi maloliente en el álbum.

Y por último, está el hecho de que el disco también evoque la soledad más tenaz y desesperanzada, cosa que cuesta vislumbrar en la película. A no ser que nos fijemos en el personaje de Rick, interpretado por Humphrey Bogart, auténtico arquetipo del ser solitario e individualista hasta el extremo.

Con todos estos ingredientes y perspectivas dislocadas y casi contrapuestas, podemos concluir, creo yo, que Closing Time bebe bastante del clásico de Curtiz. Queriendo o no, desde luego, en mi cabeza hay una interconexión que he tratado de explicar por muy loca que pueda parecer. O por demasiado obvia, repito.

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