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lunes, 9 de marzo de 2015

Lo bonito estallando en tu cara

 Isn't Anything (My Bloody Valentine, 1988)

SHOEGAZE. No fue el primero. Este grupazo se estrenó tres años antes con el miniálbum This Is Your Bloody Valentine. Aun así, este es el auténtico comienzo. El big bang para una banda y un sonido que iban a ser únicos. Aquí están ya Deb Googe y Bilinda Butcher, incorporaciones que resultarían clave en el sonido del grupo. Un sonido que perfeccionan ya para siempre alejándose del post-punk más bien gótico de sus orígenes. No obstante es Kevin Shields el que aprieta las tuercas y controla la manija en dirección a un pop ruidoso en el que la delicadeza es amplificada hasta ponerla del revés.

No se había visto hasta este momento tamaña sutileza entre una maraña sónica tan arisca y tan poderosa. "Lose My Breath", "Cupid Come", "You're Still in a Dream", "No More Sorry", "Feed Me With Your Kiss".... todas son piezas de orfebrería esculpidas sin un modelo al que imitar. En todas se aprecia un hálito de modernez casi eterno. La vanguardia a base de una colección de suspiros electrificados y amplificados hasta el hartazgo que nos dejan cegados por el fulgor. Como aparecen en la portada. Cegados por ese noise estroboscópico y succionante que ya domeñaban y no tardarían en elevar al infinito en su magno Loveless (1991). Y eso no significa que esto sean unos simples prolegómenos. Hasta ahora eran alumnos aventajados. A partir de aquí se convierten en maestros por derecho.

★★★★

A1 Soft as Snow (But Warm Inside)
A2 Lose My Breath
A3 Cupid Come
A4 (When You Wake) You're Still in a Dream
A5 No More Sorry
A6 All I Need
B1 Feed Me With Your Kiss
B2 Sueisfine
B3 Several Girls Galore
B4 You Never Should
B5 Nothing Much to Lose
B6 I Can See It (But I Can't Feel It)

Total: 38 min.

Fantasmal. Esa sería la palabra que define mejor lo que suena aquí. Las fotos que adornan el álbum no hacen más que rubricar esa sensación. Una atmósfera ectoplasmática que siempre le iba a ir que ni pintada al grupo más ruidoso y al de sonido más frágil a la vez del panorama.

Ghost (Pamela Wellington)

miércoles, 17 de octubre de 2012

El ruido del océano

Loveless (My Bloody Valentine, 1991)
 

RUIDO OCEÁNICO. Loveless es una obra maestrísima de los 90. Un dechado de gracia en movimiento. Una sacudida interminable. Un disco irrepetible e inalcanzable que supuso el agotamiento de una banda genial. Es curioso porque abres el libreto y no hay apenas información. Tanto misterio solo puede deberse al descuido o a la imposibilidad de glosar el trabajo milimétrico, concienzudo y chinesco de un Kevin Shields desaforado, que lo dio todo en el estudio para parir su magnum opus. Esto es un testamento inabarcable que casi nadie puede aspirar a legar.

Se abre esta joya a martillazo limpio y puro con las guitarras entrechocando contra la solidez férrea de una batería de adamantio. "Only Shallow" es tan prístina y precisa como un reloj suizo. Tan inmisericorde como Atila. El perfecto pórtico que nos adentra por senderos más turbios cargados de estática viciada y salvajemente hermosa. Eso es "Loomer", volatilidad y bruma que se amplifica en el interludio selvático que es "Touched". Tan solo un respiro para volver a volar a lomos de la guitarra planeadora sobre nubes hinchadas por el trémolo en la melodía esbozada pero clara que se va ensuciando en "To Here Knows When". "When You Sleep" golpea sin rodeos sobre un soniquete arrebatador en el que las voces de Kevin y Bilinda se sienten como en casa. Un chute de euforia antes de volver a la selva de los efectos con "I Only Said", donde algún ave mitológica grazna imperial sobre ese colchón de ruido que acaricia a bofetadas.

El resto, pura gloria. "Come In Alone" pone algo de pausa sin perder un ápice de intensidad. "Sometimes" es una delicia derretida que requiere un apartado propio. Un arrebato sonoro escalofriante en su emoción, un sueño imposible, candidata eterna a mejor canción de la historia. Ante tanta intensidad se hacía perentorio un tema de la ligereza de "Blown a Wish". Lo bueno es precisamente cómo esa levedad va enrareciéndose merced a una guitarra prácticamente daliniana. Ese sacarse melodías es-pec-ta-cu-la-res a partir de ruido viscoso es lo que hace a este disco tan impresionante. Y eso es lo que vuelven a hacer en la recta final con la contundencia pop de "What You Want" y el adhesivo eterno de "Soon". No se puede acabar mejor.

Hay discos que parecen haber estado ahí siempre. Obras tan necesarias que se hace imposible pensar cómo viviríamos hoy sin ellas. Forman parte de nuestra vida. Nos han ayudado y nos han inspirado. Y lo mejor de todo es que lo van a seguir haciendo siempre. No se puede volver a sentir el escalofrío de la primera vez, pero el fantasma de ese temblor sigue aterrando y maravillando. Como el primer día.

 

 
A1 Only Shallow
A2 Loomer
A3 Touched
A4 To Here Knows When
A5 When You Sleep
A6 I Only Said
B1 Come In Alone
B2 Sometimes
B3 Blown a Wish
B4 What You Want
B5 Soon

Total: 49 min.



Que el trabajo de grabación y edición fue minucioso queda claro cuando descubrimos que tardaron dos años en grabarlo y que usaron diecinueve estudios diferentes. Entre muchas otras técnicas, para conseguir el sonido tan único del disco, Shields usó barras de trémolo (una variedad de vibrato) en su guitarra, abusó del sampleado en baterías y enturbió voces.

Un disco así es muy costoso y las 250,000 libras que se dice que costó pudieron tener una influencia decisiva en la ruina del sello Creation.

"Loveless tiene un grosor invertido y escalonado que hace que los sonidos duros suenen suaves y los momentos frágiles, inmensos." - Chuck Klosterman.

martes, 16 de octubre de 2012

Ruído rosa

My Bloody Valentine, el vehículo expresivo de Kevin Shields, pasa por ser una de las bandas clave para entender la evolución de eso que llamaron noise rock y una de las bandas más importantes, adoradas y recordadas de los 90. Mitos vivientes con piel de gente normal.

Formados en 1983 en Dublín, coquetearon con el punk rock más directo y tardaron en dar con la tecla de un sonido propio, lo cual se puede decir que culminó con la edición de su EP de 1988, You Made Me Realise. Se trataba de un catálogo que anunciaba glorias futuras en base al sonido y su tratamiento. Rock rajado por la mitad envolviendo unas melodías refulgentes y vibrantes. Todo un hito que repetirían a lo largo de una discografía tan colosal como exigua. Solo tres álbumes largos y un puñado de sabrosos EPs y singles glosan la vida de una criatura tan genial como su líder en la sombra.

Kevin Shields ha sido el auténtico motor creativo de la banda. Este genio del sonido, productor detallista, guitarrista gustoso, en definitiva, escultor sónico de primer orden, es el arquitecto de los monumentos sonoros de MBV. Su trabajo en el estudio es tan importante o más que el que ha desarrollado en la composición e interpretación de sus temas. Sus decisiones y su instinto han sido fundamentales para el desarrollo de un cancionero envidiable por su forma más que por su contenido. Pero qué forma.

My Bloody Valentine suponen todavía una experiencia en directo física y brutal. Su ruido celestial se basa en mil ideas que sobrepasan el concepto de distorsión. El empleo del reverb en todas sus variantes, la acumulación obsesiva de capas de guitarras y el uso del trémolo hasta su extremo son solo tres minúsculos detalles que ilustran una mínima parte de las herramientas de las que se valen.

Y el resultado, ya lo intuyen. Usaré un ejemplo ya gastado pero irresistible. No es nuevo el comparar el sonido de esta banda con el orgasmo femenino. Un éxtasis prolongado, expansivo y profundo que se opone al masculino, más explosivo, instantáneo y limitado. Una liberación salvaje de feromonas que en toda su abstracción acaba sonando cohesionada y emocionante como el oleaje. Distorsión oceánica, inmensa, prolongada hasta el infinito.

3 básicos

You Made Me Realise ****1/2
Solo cinco canciones que noquean por su personalidad, te succionan y te escupen en una vorágine ruidosa y maravillosamente dulce. Solo escuchen el tema titular y sobre todo esa genialidad llamada "Thorn". No hay rosa sin espinas.

Isn't Anything ****
Todo un bloque inconmensurable. Con el muro de sonido de The Jesus & Mary Chain y un tratamiento melódico más contemporáneo ofrecen momentos venenosos de una dulzura irresistible y oscuridades que se miran en Sonic Youth, The Velvet Underground y todos los grandes para ser ellos mismos como nunca hasta entonces.

Loveless *****
Su obra maestra exprime al oyente desde su apertura con esa batería limpia y sólida como el acero. El bramido eléctrico se coloca al servicio de una música que consigue brillar entre las toneladas de maleza sónica. La culminación de lo que Shields llamó "guitarra planeadora". Aquí la música parece volar entre nubes de helio y vapores tan dulces que marean. Es agreste y es encantador.

Su mejor canción

"Sometimes" (véase aquí)

viernes, 12 de octubre de 2012

supertrax #85: espinas entre las flores



El sonido del cielo salvaje debe parecerse a esto. La veta de ruído caliente que surca la base de guitarra acústica refulge en sus tonos de mineral precioso, mientras la voz descarga una melodía irresistible. My Bloody Valentine brillan con una luz atómica en esta gema directa de su EP You Made Me Realise (1988). "Thorn", se llama esta cosita que se infla y se infla y se infla...

domingo, 7 de noviembre de 2010

supertrax #22: cierra los ojos



"Sometimes" (My Bloody Valentine, 91). Se trata de la maravillosa canción incluida en el mayestático Loveless de la banda de Kevin Shields y que apareciera de manera fulgurante en la película Lost In Translation (Sofia Coppola, 2003) en uno de esos instantes para la eternidad.

Este temazo de rompe y rasga es capaz de erizarte el vello de la nuca merced a ese colchón distorsionado que acaricia más que raspa esa voz celestial que surca con total naturalidad un mar encrespado y ondulante hasta alcanzar ese súmum con la entrada de esos teclados-violín IM-PRE-SIO-NAN-TES. Emoción pura.