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jueves, 9 de octubre de 2025

Bwthyn cymreig

Led Zeppelin III (Led Zeppelin, 1970)
 

ROCK PASTORAL. El tercer martillazo se abre con una rotundidad que parece querer decir: "seguimos aquí y no vamos a dejar prisioneros". Tratan de amenazar al mundo con la fiereza protometálica de "Immigrant Song", pero todo esto acaba diluyéndose gloriosamente entre los caldos humeantes de un rock acústico y campestre fruto de las relajadas sesiones en Bron-Yr-Aur, la legendaria cabaña galesa que mereció incluso una canción. Prueba fehaciente de la influencia que las montañas de Snowdonia tuvieron en la gestación de uno de los discos más interesantes de Led Zeppelin.

El comienzo del "disco folk" del combo británico no puede ser más avasallador. Entrelazan gema tras gema culminando en ese precioso blues que es "Since I've Been Loving You" y su atmósfera evocadora, una de sus mejores piezas. "Out on the Tiles" baja el nivel a pesar de su interesante síncopa percutiva y aún así es uno de sus temas más característicos y reconocibles.

A partir de aquí, cambiamos de cara y comienza un festín acústico que ya había anunciado la deliciosamente oscura "Friends" en la primera cara. La segunda mitad del álbum está compuesta por canciones de corte casi folk que nos permiten observar otras tonalidades dentro del abanico inabarcable de Jimmy Page y donde el grupo se muestra seguro y convencido a pesar de ser algo que parecía no ser su especialidad. Ya habían ofrecido joyas acústicas en sus discos anteriores, pero llenar toda una cara de ellas parecía todo un reto. Y que salgan tan bien parados hace de este disco uno de los más especiales en su canon. "Gallows Pole", "Tangerine" o "That's the Way" son tres de sus temas más clásicos. Poco más se puede añadir.
 
Incluso se permiten cerrar con un experimento en el que Page rinde homenaje a uno de sus ídolos, un artista ignoto llamado Roy Harper ante el que se quita el sombrero en ese "Hats Off To (Roy) Harper" que no deja de ser una adaptación de una tonada tradicional y que, si bien no es de lo mejor que hiciera el combo, tiene más enjundia de la que pueda parecer. Por todo esto, Led Zeppelin III es un disco más que recomendable. Llegó para tonificar después del heavy blues a tumba abierta de los dos primeros y preparó el cuerpo para la descarga monumental de un cuarto álbum que los iba a encumbrar definitivamente. Otra historia por contar. Mientras tanto disfrutemos del momento más bucólico del "Martillo de los Dioses".
 
★★★★☆
 
A1 Immigrant Song 2:26
A2 Friends 3:55 
A3 Celebration Day 3:29 
A4 Since I've Been Loving You 7:25 
A5 Out on the Tiles 4:04
B1 Gallows Pole 4:58 
B2 Tangerine 3:12 
B3 That's the Way 5:38 
B4 Bron-Y-Aur Stomp 4:20
B5 Hats Off to (Roy) Harper 3:41 
Total: 43:08

domingo, 7 de marzo de 2021

Loveland

Amorica (The Black Crowes, 1994)

ROCK SUREÑO. Cubierta provocativa sacada de una portada del 76 de la revista Hustler. Las cartas sobre la mesa, por tanto. Los Black Crowes lo gritan a los cuatro vientos: "volvemos más hippies y más insolentes que nunca". Una idea que a los puristas podría molestarles, habida cuenta de lo poco serio de su propuesta revivalista en según qué círculos.

¿Y qué ofrece este tercer intento que lo diferencie del resto? Pues, poca cosa o mucha, depende de lo que valores los matices. Aquí siguen con sus alabanzas a esos gloriosos años 70 mientras aumentan el reguero de babas junto a las fotos de Stones y Led Zeppelin, los cuales suenan aquí con más fuerza que en intentos anteriores. Destacaría también el componente latino, directo de Santana y demás compinches, en el uso de congas y percusiones calientes. Pero lo que más sobresale en este disco es la calidad media de sus composiciones, la cual gana bastantes enteros en términos de efectividad y pegada.

Sí, eso es lo que hace a "Amorica" el mejor disco de los Cuervos Negros. Es cierto que no tiene temazos del calibre de "Sting Me", "Remedy", "Twice As Hard" o "Hard to Handle", pero también consigue que no haya picos tan exagerados entre lo bueno y lo malo. Por poner un símil meteorológico, diría que la amplitud térmica aquí es mucho más pequeña, más ajustada, dentro de una temperatura primaveral que lo hace más agradable que sus hermanos mayores.

Un equilibrio al que le falta ese detalle que lo haga reventar, ese temazo irrebatible, con lo que al final se queda en un nivel parecido a lo que habían hecho desde su formación. Y un disco que me sugiere aún más una idea con un valor matizable. Y es que los Black Crowes son el epítome de esa sentencia que dice que todo podría ser aún peor. No en vano, si ellos surgieron de las brasas candentes de toda la caterva setentera mil veces mencionada, también abrieron camino e inspiraron sin lugar a dudas a cosas más medianitas si cabe, como esos Kings of Leon o esos Jet que vendrían después. No es para estar demasiado orgulloso, por mucho que siempre guste dejar poso. Sea el que sea.

 ★★★☆☆

1 Gone 5:08
2 A Conspiracy 4:46
3 High Head Blues 4:01
4 Cursed Diamond 5:56
5 Nonfiction 4:16
6 She Gave Good Sunflower 5:48
7 P.25 London 3:39
8 Ballad in Urgency 5:39
9 Wiser Time 5:32
10 Downtown Money Waster 3:41
11 Descending 5:39
Total: 54:05

Los de Georgia causaron un revuelo creo que esperado de antemano con una portada que hizo que varias cadenas se negaran a vender el disco en sus superficies. Para esquivar esto incluso tuvieron que mutilar la cubierta dejándola en un triángulo con la bandera norteamericana y un fondo sólido en negro que convertían la maravillosa foto de Hustler en una aberración gráfica.

Una portada, que machismo o no aparte, iba pareja al jipismo desaforado en el que vivían los hermanos Robinson y cía. Y una portada que me lleva de manera tangencial a ese genial There's a Riot Goin' On (1971) de Sly & the Family Stone al que ya les gustaría parecerse, por mucho que no puedan rozarlo ni en sueños.

Al menos con el resultado final de una obra que empezó siendo otra cosa. Bajo la dirección de Chris Robinson, el vocalista, el proyecto entonces llamado Tall iba a consistir en un giro de tuerca en el que las guitarras perdían todo el protagonismo en favor de los vientos, los coros y los teclados. Un disco mucho más soul y góspel de lo que acabó siendo gracias o por culpa de la obcecación de Rich Robinson, el guitarrista, mucho más reacio a abandonar la vertiente rockera del combo.

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