Mostrando entradas con la etiqueta wheels of fire. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta wheels of fire. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de febrero de 2021

Two Virgins


The Beatles (The Beatles, 1968)

 

POP. Blanco inmaculado, engañoso, de corazón turbio. Ni esto va de pureza ni de simpleza galopante. Si los Beatles querían jugar al despiste, lo lograron sin duda alguna. Una máscara que ocultaba en lugar de anunciar lo que bullía en el interior de esta obra densa, furibunda, deliciosa e inmensa. No fue el primero, pero el conocido como "Álbum Blanco" se convertiría en paradigma, en ejemplo a imitar, a la hora de fabricar esos discos dobles que tanto han abundado desde él y que tan pocas alegrías han acabado dando.

The Beatles dieron con la clave en su primera y única obra en este formato. Sentaron las bases sobre cómo había que llenar dos rodajas de vinilo sin cansar al oyente, utilizando el espacio para ensanchar horizontes y explorar sus propios límites sin salirse, eso sí, de su idiosincrasia. Algo muy obvio, pero no tan fácil de lograr. Ellos tradujeron todo esto en una variedad estilística sin parangón en su canon. Aquí hay pop, cómo no, pero también folk, ragtime, ska o rock duro, experimentos radicales y baladones imposibles inspirados en el crooner más vetusto que podamos imaginar.

La experimentación en el estudio se relaja aquí. Por dominio o hartazgo, hay una cierta vuelta a la sencillez de los días anteriores a "Rubber Soul" (1965). Tampoco tan esquelética, aunque hay unas cuantas piezas que son una clara apología de la desnudez y lo más básico de su música. Todo eso acaba haciendo al disco más digerible de lo que podría haber sido. Treinta canciones no son moco de pavo, pero cuando se mezcla todo con esta falta de prejuicios y con este desparpajo, sale lo que tiene que salir.

"The Beatles" (1968) también es un homenaje nada velado a los EE.UU., que tanto habían dado al cuarteto. Un homenaje que después repetiría mucha gente, U2 entre otros, sin el gusto y el tino de los de Liverpool. Aquí domina el blues como en ningún otro disco del combo, endurecen lo eléctrico y dejan en pañales lo acústico. Todo esto hace del disco un juego de contrarios delicioso e imposible de imitar. Ahí está su gran baza. En que el noveno disco de los Fab Four es doble porque tiene que serlo. No parece algo buscado como tantas otras veces, sino que las canciones van reclamando su espacio y su razón de ser por encima de imposturas o fachada. Las buenas, las maravillosas y las regulares, todas demuestran su valía de una u otra forma. Y eso no es nada fácil.

★★★★☆

A1 Back in the U.S.S.R. 2:45
A2 Dear Prudence 4:00
A3 Glass Onion 2:10
A4 Ob-La-Di, Ob-La-Da 3:10
A5 Wild Honey Pie 1:02
A6 The Continuing Story of Bungalow Bill 3:05
A7 While My Guitar Gently Weeps 4:46
A8 Happiness Is a Warm Gun 2:47
B1 Martha My Dear 2:28
B2 I'm So Tired 2:01
B3 Blackbird 2:20
B4 Piggies 2:04
B5 Rocky Raccoon 3:33
B6 Don't Pass Me By 3:52
B7 Why Don't We Do It in the Road? 1:42
B8 I Will 1:46
B9 Julia 2:57
 
C1 Birthday 2:40
C2 Yer Blues 4:01
C3 Mother Nature's Son 2:46
C4 Everybody's Got Something to Hide Except Me and My Monkey 2:25
C5 Sexy Sadie 3:15
C6 Helter Skelter 4:30
C7 Long, Long, Long 3:08
D1 Revolution 1 4:13
D2 Honey Pie 2:42
D3 Savoy Truffle 2:55
D4 Cry Baby Cry 3:11
D5 Revolution 9 8:15
D6 Good Night 3:14
Total: 93:43

 

Es imposible escapar a la blancura absoluta y anegante que envuelve a este álbum. Un artwork que nacía para oponerse al multicromatismo extremo de sus dos obras anteriores. Y es cierto que el contenido también busca la pureza al evitar la multiplicidad estilística que venían aplicando dentro de una misma canción. En The Beatles hay una miríada inabarcable de estilos, pero cada tema se concentra exclusivamente en uno.

Una pureza que también podemos relacionar con la obsesión del grupo en estos años por el hinduismo, religión para la cual el blanco simboliza lo puro y lo limpio, así como la paz y el conocimiento. Concretamente, el interés de todos se orientaba hacia la Meditación Trascendental del Maharishi Mahesh Yogi. Para ello, en febrero, meses antes, viajaron a la India y tuvieron una estancia bastante reveladora en el ashram del maestro hindú. 

 


 

Buscaran un sentido para sus vidas o la paz, ambas eran cosas que necesitaban más que nunca, visto el distanciamiento inexorable que empezaba a carcomer al grupo. Les quedaba prácticamente un año juntos y ya apenas se hablaban. Muchas de las canciones de este disco se compusieron en la India con una guitarra acústica como único instrumento occidental. No se puede decir que se note en el estilo, ya que es el álbum con menos influencia oriental desde Rubber Soul (1965), pero el espíritu del subcontinente sí que está en alguna letra y en la libertad que transpira este gigantesco álbum doble.

DISCOS RELACIONADOS

 

sábado, 13 de febrero de 2016

¡Rueda, fortuna!

Wheels of Fire (Cream, 1968)


BLUES ROCK PSICODÉLICO. No sé si este fue el primer disco en combinar grabaciones en estudio y directo. Sí que fue el primer álbum doble en alcanzar el disco de platino con sus ventas y en cierta forma fue el paradigma en el que se miraron, con mayor o menor fortuna, otras grabaciones "insignes" como "Ummagumma" (Pink Floyd, 1969), "Rattle & Hum" (U2, 1988) o "New Adventures in Hi-Fi" (R.E.M., 1996), por decir unas cuantas.

Es este formato un asunto a menudo problemático. En primer lugar, casi obliga a llenar un LP doble, y todos sabemos que eso puede acabar resultando pesadete en grado sumo para el oyente. Lo cierto es que pocas veces se ha dado tan bien en el clavo como en este clásico que nos ocupa. Ninguno de los discos mencionados anteriormente alcanza a rozarlo ni en calidad ni en aura ni en perdurabilidad.

Wheels of Fire está entre los favoritos de siempre para el fan de Cream. No me extraña. Tiene una fuerza mastodóntica que fluye borboteante a partir de un sonido inmenso. Yo prefiero la concreción de Disraeli Gears (1967), pero reconozco la valía de estas piezas de blues máximo. "White Room", "Sitting on Top of the World", "Deserted Cities of the Heart" son clasicazos por derecho, y están entre lo mejor que compusiera/adaptara la banda británica.

En cuanto al disco en directo, no tiene desperdicio, a pesar de pecar de exceso. Cuatro canciones para llenar un LP no me parece el colmo de la síntesis, cierto, pero no reconocer la fuerza atávica de "Crossroads" o la suprema "Spoonful" siempre será injusto. Como también hay que reconocer que a la dupla final llego algo cansado ya. Disfruto en lo que vale ese ejercicio visceral a la armónica por parte de Jack Bruce, que es "Traintime", y me cuesta bastante más ese leviatán que surge de las profundidades de la batería de Ginger Baker con el que echan la persiana. No, cerrar un disco con dieciséis minutos de solo de batería no refresca ni deja ganas de repetir.

Tiene sus peros, mas Wheels of Fire es un disco genial. Una obra que merece el aura que el tiempo le ha otorgado. Un clásico esencial si te gusta el blues bestia que se fabricaba en las islas a finales de los 60. Ese rock psicodélico de raíz negroide que no acabará de maravillar al purista, pero que ha escrito páginas imborrables en la cultura popular. Esta es una de ellas y conviene revisarla de vez en cuando, porque Cream fue un grupazo y obras como esta contribuirán a que eso no se olvide jamás.
 
★★★★☆
 
In the Studio
A1 White Room 4:56
A2 Sitting on Top of the World 4:56
A3 Passing the Time 4:31
A4 As You Said 4:19
B1 Pressed Rat and Warthog 3:13
B2 Politician 4:11
B3 Those Were the Days 2:52
B4 Born Under a Bad Sign 3:08
B5 Deserted Cities of the Heart 4:36
 
Live at the Fillmore
C1 Crossroads 4:13
C2 Spoonful 16:44
D1 Traintime 6:52
D2 Toad 15:53
Total: 80:24
 
Lo más curioso del disco es el segundo volumen, el cual muestra las habilidades instrumentales de los tres miembros del grupo. Y no es casualidad, ya que el productor, Felix Pappalardi, se empeñó en elegir estos cuatro temas para dejar constancia de la versatilidad y la potencia inigualable del trío. 
 

Así, la cara A deja bien claro el virtuosismo de Eric Clapton y en la B podemos disfrutar de esa combinación irresistible entre la armónica y la voz de Jack Bruce (aliento sobre el micro incluido) junto al poder ilimitado de Ginger Baker a los tambores. Mitos por derecho propio regalando al mundo sus mejores virtudes.

DISCOS RELACIONADOS