POP PSICODÉLICO. Los Fab Four se encierran en el estudio con la mente ardiendo de ideas después del antes y el después que supuso una obra como Rubber Soul (1965). Cuando todo el mundo esperaba con interés y curiosidad extremas su siguiente movimiento, ellos sorprendieron incluso a los más fanáticos con una zambullida aún más profunda y de mayor calado que la de su obra maestra precedente.
Los avances en el estudio en esos años se multiplicaban y en cuestión de semanas dejaban obsoleta a la tecnología anterior. Esto sin duda ayudó, pero que nadie se equivoque, la clave aquí es la de un grupo que no otea límite alguno para su creatividad. Un grupo sin complejos y con la mente abierta para lo que sea. Así salió lo que salió. Una de las obras maestras más grandes de la historia del rock. Un disco cargado de las melodías inmortales marca de la casa y con unas dosis ingentes y clarividentes de la mejor psicodelia que se ha hecho jamás.
¿Cómo lo hicieron? No estoy seguro de que nadie pueda contestar a esto. Ni siquiera ellos mismos. Tal es la complejidad del ensamblaje de algunos temas. Metieron sitares, cosa que ya habían hecho, pero los multiplicaron en mil pistas, cortaron cintas y las pusieron al revés, metieron efectos procesados... todo servía y todo acabó teniendo sentido en la obra más señera de The Beatles.
En el año de Pet Sounds, Revolver reclama su derecho al trono, aun habiendo salido unos meses después. Al fin y al cabo, el disco de los Beach Boys venía a su vez más que influenciado por el Rubber Soul de los de Liverpool. No sé quién ganaría en combate cerrado, pero la obra que nos ocupa es sin duda más furibundamente eufórica y más contundente en todos los sentidos. Creo que no es decir poco. Eterno.
A1
Taxman ✔
A2
Eleanor Rigby ❤
A3
I'm Only Sleeping ❤
A4
Love You To ✔
A5
Here, There and Everywhere ✔
A6
Yellow Submarine ✔
A7
She Said She Said ✔
B1
Good Day Sunshine ✔
B2
And Your Bird Can Sing ✔
B3
For No One ❤
B4
Doctor Robert ✔
B5
I Want to Tell You ✔
B6
Got to Get You Into My Life ✔
B7
Tomorrow Never Knows ❤
Total: 35 min.
Un octeto de cuerda ("Eleanor Rigby"), loops, doble muestreo automático, conectar cables de salida a un altavoz Leslie... Usar el estudio como un instrumento más supuso para los Beatles renunciar a los conciertos. Ya tras ese giro copernicano que supuso Rubber Soul (1965) tuvieron que llevar material pregrabado para enriquecer sus directos y hacer que las canciones nuevas se parecieran a las versiones de estudio, pero con Revolver todo esto se multiplicaba hasta el infinito.
Por todo esto y por el hartazgo del grupo, que todo hay que decirlo, The Beatles dieron su último concierto el 29 de agosto de 1966 en San Francisco, solo un par de semanas después de publicar su obra maestra. No sé hasta qué punto fue algo premeditado. Tampoco creo que ellos fueran conscientes de que era su último bolo. Más bien pensarían en un paréntesis para centrarse en ese trabajo de orfebrería a la hora de grabar que tantas posibilidades ofrecía y en el que se sentían los reyes.
En cualquier caso, no tocaron ninguna canción del recién estrenado Revolver ni de Rubber Soul. Y ya no volverían a dar un concierto como tal hasta subirse a la azotea de Apple Records en 1969 para presentar Get Back. Momentos icónicos de un grupo especial como ningún otro, qué coño, del mejor grupo de pop rock que haya dado la historia.
Imagine: John Lennon (Music from the Motion Picture) (John Lennon, 1988)
ROCK DE AUTOR. Esto es la banda sonora para la película documental del mismo título. Recopila canciones de su etapa en The Beatles (el primer disco casi al completo) y de su carrera en solitario. Hasta ahí, estamos ante un trabajo apetecible porque contiene joyas indudables. Aun así, la selección es algo errática, y aunque es una buena toma de contacto para el que desconozca las delicias del creador de Plastic Ono Band (1970), se muestra a todas luces insuficiente por pretender abarcar demasiado.
En cuanto a los anzuelos para el conocedor de la obra de Lennon, se reducen a una toma acústica de "Real Love" (grabación que Lennon se dejó en el tintero y que tampoco es que sea una maravilla de canción, por mucho que la regrabaran los tres miembros restantes para sacarla como single en 1996) y a un ensayo de "Imagine" (que me parece bochornoso que se use de engañabobos). Con todo, una escucha placentera y nutritiva para el que no quiera/pueda dedicarle tiempo al grueso de una discografía suculenta o al menos interesante. Y si no, siquiera a ese par de obras clave que, cada una a su manera, fueron la mencionada Plastic Ono Band e Imagine, el disco (1971).
Siempre tuvieron que convivir con la injusticia de ser los terceros en discordia. Injusticia relativa, porque estar siempre un pasito por debajo de The Beatles y The Rolling Stones, aparte de ser lógico, no es ninguna deshonra. Los tres primeros discos de The Kinks fueron serias demostraciones en el terreno del rhythm & blues y el rock 'n' roll primigenio que ya renovaran y entregaran a las masas las bandas ya mencionadas. En ese terreno había poco margen para el éxito.
La sustancia la encontraron en la traslación del carácter más puramente británico a su música. En cuanto se centraron en la temática inagotable de la pérfida Albion con sus costumbrismos, sus miserias y sus ironías dieron con un filón para la creación de un imaginario, de un estilo que quedaría sellado para siempre, principalmente, en tres obras capitales del pop inglés.
Por supuesto no me refiero a los tres primeros discos mencionados, sino a los tres siguientes. Face to Face (1966), Something Else by The Kinks (1967) y The Kinks Are the Village Green Preservation Society(1968) sirvieron para descubrir al mundo el talento superlativo de la pluma de Ray Davies (y a ratos el de su hermano Dave) y sentar las bases de una forma de hacer música adhesiva, vodevilesca y de calado inmortal.
No fueron las únicas obras que ahondaron en esta vena dentro de la suculenta discografía de la banda. Los siguientes siguieron por ese mismo camino. Sin embargo, el hecho de dar primero y de contar con una consistencia y una entidad tan innegables les da el derecho y el deber de ser representantes de esta música y de formar un triunvirato contundente e imbatible.
Cosa que no quita verdades como que sus tres plásticos siguientes redoblaran la ambición, ahondando en temas más diversos y específicos. Así, Arthur or the Decline and Fall of the British Empire (1969) toma como tema central el orgullo y las contradicciones de lo que significa ser británico en medio de un imperialismo norteamericano absolutamente insaciable. Lola Versus Powerman and the Moneygoround, Part 1 (1970), así se las gastaban con los títulos, pone patas arriba a la industria discográfica y todo lo que la rodea. Por último, Muswell Hillbillies (1971), dejo de lado Percy (1971) por ser una banda sonora que juega a otra cosa, los devuelve a su barrio de origen para regalarnos una oda a las raíces y a la clase obrera en la que Ray Davies ya no puede ser más sutil.
Ahí terminaría su etapa clásica. Seguirían sacando discos y girando durante las tres décadas siguientes, aunque el interés del público y la calidad de sus grabaciones, en general, no puede ni compararse con las mencionadas. Tampoco es que les haga falta. Solo con lo que hicieron en su primera década de vida ya tienen más que de sobra para entrar en la leyenda. No solo por sus LPs, sino por unos singles que daban en el centro de la diana una y otra vez.
Sin los Kinks no tendríamos a The Jam ni a The Clash. También dejaron su huella en Queen o David Bowie, y por supuesto estuvieron en el santoral de casi todas las bandas que surgieron a la sombra del britpop en los 90, Blur a la cabeza. Por todo esto, por enseñarnos que el pop no tiene por qué ir de la mano de la frivolidad y que puede ser una disciplina artística tan rica y elevada como cualquier otra, por escribir canciones elegantes y sarcásticas sobre lo que les rodeaba, estos Muswell Hillbillies merecen estar por derecho en lo más alto de la historia de la música.
UN DISCO
The Kinks Are the Village Green Preservation Society (1968)
Me cuesta decidirme entre este y ese Face to Face (1966) tan luminoso y chispeante. Tal vez Ray Davies tenga la clave. Ese disco es simplemente una colección de canciones sin ton ni son. El que elijo es otra cosa, un ciclo de canciones alrededor de la necesidad de preservar las tradiciones, aunque con el guiño jocoso que le aplica Davies. Ese con el que no sabes si va en serio, dice todo lo contrario o simplemente se está riendo de todos.
Nunca me ha atraído lo conceptual, eso es una constante en mis reseñas, pero en este caso no encuentro otra explicación ante mi elección. A no ser que sea porque, en su conjunto, este grupo de canciones sea lo más redondo, lo más brillante y lo más efervescente que grabaran nunca. No lo sé, al fin y al cabo no hay ni un jitazo de esos que podamos incluir en un grandes éxitos de la banda. Ni una "Lola", ni un "Waterloo Sunset", ni un "Sunny Afternoon". Solo un bloque sólido, vibrante e indestructible. Solo.
EN DIEZ CANCIONES: The Cliffs of Dover
1. "You Really Got Me" (1964)
¿El riff más icónico del rock? ¿Salió de la guitarra de Jimmy Page (Led Zeppelin)? Sí y (más que posiblemente) no. En cualquier caso una de las canciones que no puede faltar en tu repertorio cuando empiezas a tocar la guitarra eléctrica. Y sin ser un tema que contenga el estilo del grupo, sí que se puede considerar su canción más reconocible y más ampliamente admirada y querida en un sentido transversal.
2. "All Day and All of the Night" (1964)
Repetición de la jugada y otro riff para la eternidad. The Doors dieron buena cuenta de ella plagiándola o inspirándose (depende de cada uno) en su melodía para su "Hello, I Love You" (1968). No me extraña. El nivel de adicción de este pildorazo de rock & roll es demasiado grande como para pasarlo por alto.
3. "Till the End of the Day" (1965)
El ejemplo más destacado de ese intento por separarse de un Merseybeat que les había servido para foguearse, pero que a las alturas de este tercer álbum ya se les había quedado muy pequeño. Ritmo incisivo y euforia desatada para este himno a las ganas de vivir. Aquí ya se aprecia que los Kinks no se conformaban con quedarse en el rebaño. Lo suyo era otra cosa.
4. "Dedicated Follower of Fashion" (1966)
Aquí Ray Davies se pone incisivo y satiriza como solo él sabe a esos fatuos seguidores del salón armónico. Que quede claro: los frívolos y los amantes de lo pasajero tienen poco que hacer a los ojos del genio inglés. Si esto se envuelve en esos aires de music-hall con los que deciden adornar su música en esos momentos clave, tenemos el fundamento de por dónde iban los Kinks en su momento de gloria.
5. "Sunny Afternoon" (1966)
En la misma onda que la anterior llega mi canción favorita de la banda. Vodevil y pop lúdico para adornar esas tardes interminables en las que querríamos perdernos para siempre. Esta sí la incluyeron en un LP, nada menos que en ese fastuoso Face to Face (1966) al que ayuda a hacer más grande si cabe.
6. "Waterloo Sunset" (1967)
Aquí sale a relucir el lado emotivo de Ray Davies, un demonio con corazón tierno que no solo se dedica a poner el microscopio a nuestras miserias, sino que también sabe cantarle al amor, al atardecer y al suave fluir de la humanidad a lo largo de un río, el Támesis, y de una estación, Waterloo. En suma, a esas cosas sencillas que son las que conforman nuestra vida.
7. "Days" (1968)
He aquí una de las canciones más queridas del grupo. Una canción que apareció en las primeras ediciones de The Kinks Are the Village Green Preservation Society (1968) para desaparecer en las subsiguientes versiones, las cuales han quedado como las definitivas.
Se trata de un tema emocionante hasta el tuétano, pura poesía. Una canción en la que se canta a la pérdida desde la reconciliación y la superación, dando gracias por los momentos vividos y con la mirada puesta en un futuro reluciente. Sin rencores y sin dolores.
8. "Victoria" (1969)
Rock and roll formulaico que en manos de nuestros héroes se convierte en una sacudida vibrante y adictiva. Una canción que no parece tener nada especial, pero que se despliega irresistible cada vez que empieza a sonar.
9. "Dreams" (1971)
Pocos esperarían esta elección, pero lo cierto es que esta gema oculta en la banda sonora de Percy (1971) me parece una de las canciones más bonitas que nunca hayan grabado. Poco más puedo añadir a este festival de pura emoción entre arpegios de guitarra acústica y explosiones controladas de pop barroco.
10. "20th Century Man" (1971)
Con este temazo abren Muswell Hillbillies (1971) y con él cierro esta difícil selección. Una canción diferente en su repertorio. Un rock pantanoso casi a lo Creedence Clearwater Revival con el que presentan un álbum que fue un homenaje a las músicas norteamericanas de raíz. Una canción de esas que cuanto más las escuchas, más cosas descubres y más te gustan. No se me ocurre mejor cierre.
POP. Con otros grupos es recomendable, con unos pocos, necesario, con los Beatles, imprescindible. Aproximarse a esta colección de gemas que fueron soltando a lo largo de su vertiginosa carrera en forma de single es fundamental para asumir la dimensión del grupo. Máxime cuando nada de lo que suena aquí fue incluido en ningún LP de los que sacaran en vida.
No estamos hablando de curiosidades, aunque alguna hay, cómo no. Estamos hablando de cosas de la talla de "Ain't She Sweet", tema compuesto en 1927 por Ager & Yellen, "I Want to Hold Your Hand", "From Me to You", "We Can Work It Out", "Paperback Writer", "I Feel Fine", "Day Tripper", "Rain", "Lady Madonna", "Hey Jude", "The Ballad of John and Yoko"... Creo que no es necesario seguir por ahí. Simplemente añadir que también estamos hablando de los Beatles rockeros de sus inicios en Hamburgo, de cuando tuvieron que hacer de banda de acompañamiento para Tony Sheridan... De tantas cosas y tantos momentos que, créanme, esta hora y media que podría parecer larga, se acaba haciendo corta, cortísima.
En la historia de la música ha habido grupos que se limitaban a cumplir el expediente. Grupos que sacaban su disco cada dos años, lo presentaban en directo y a otra cosa. Grupos con actitud funcionarial. Grupos que vivían de la música como buenamente podían. Y luego estaban The Beatles. Los niños mimados de la industria, vale, los que no daban un paso sin contar con el beneplácito de los que soltaban la pasta, puede ser. Pero también los primeros en arriesgar, en marcar el camino a seguir a los fans, la crítica y la maquinaria comercial. Aquí está la muestra irrefutable. En un puñado de canciones que a ellos les sobraban para aumentar su patrimonio artístico/económico mientras que el resto de la humanidad mataría siquiera por un acorde de lo que suena aquí. La vida es injusta a veces.
POP. No, "Let It Be" no convence a nadie. No lo hizo a fecha de su edición y no lo hace ahora. El último disco que publicaran The Beatles (aunque lo grabaron antes que "Abbey Road" (1969)) se muestra como el testamento de una banda agonizante. Ya hacía tiempo que habían dejado de dar conciertos. Ya no se hablaban, ocupados en sus propiedades y en la gestión de sus patrimonios millonarios. El dinero y la fama habían acabado castrando su creatividad y este disco se erige en testamento gris y triste.
Los últimos coletazos de genio golpean en forma de gospel, pop y rock. Lo de toda la vida. Es cierto, "Let It Be", "Across the Universe" y "Get Back" comparten hueco en su nómina de genio. Por desgracia no hay mucho más entre unas canciones que suenan simples y con piloto automático. Un momento muy triste en la historia de la música al que "The Long and Winding Road" da congruencia y entidad, anunciando un adiós que ya se había producido antes de esta despedida oficial. Si al menos la hubieran puesto al final.
Pero no lo hicieron y ese es un detalle que habla por sí mismo. Seguramente no la pusieron de cierre para esquivar la obviedad. O más bien la lógica, diría yo. Algo a lo que deberían haberse aferrado después de tanto experimento y tanto circunloquio con los que habían tocado la gloria con las dos manos, pero que con los rotos que había en el grupo no podían permitirse perseguir en esos momentos.
Así las cosas, ni siquiera ellos quedaron satisfechos con esta coda. Parecía injusto que su carrera dorada tuviera esta "guinda". De ahí que los que quedaban con vida trataran de arreglar el desaguisado en 2003 con la edición de eso que llamaron "Let It Be… Naked". Nuevas mezclas y retoques de producción 33 años después. Pero no, Paul. La culpa no fue de un Phil Spector que hizo lo que pudo para tratar de salvar el proyecto. De hecho hay quien lo tiene por un disco genial. Creo que se pasan tres pueblos. Y yo no llego, lo sé.
★★★☆☆
A1
Two of Us
3:33
A2
Dig a Pony
3:55
A3
Across the Universe
3:51 ✠
A4
I Me Mine
2:25
A5
Dig It
0:51
A6
Let It Be
4:01 ✠
A7
Maggie Mae
0:39
B1
I've Got a Feeling
3:38
B2
One After 909
2:52
B3
The Long and Winding Road
3:40
B4
For You Blue
2:33
B5
Get Back
3:09
Total: 35:07
Las fricciones y el hastío en el grupo eran tan profundos que ni siquiera posaron juntos para la foto de portada. Esas cuatro instantáneas divididas en celdas son un reflejo cristalino de su situación personal. Por eso, esta obra surgía de una necesidad de volver a las bases, sobre todo para Paul, y de regresar a los escenarios abandonados a la altura de se lejano ya Revolver (1966).
El disco se grabó con el título de Get Back en mente, por mucho que acabara con ese Let It Be que suena a derrota y rendición. Y también iba a ser la banda sonora del documental que registraba el proceso de grabación del disco. En añadidura a toda esta promoción, la banda improvisó un concierto en el tejado de las oficinas de su sello Apple Records.
Fue el 30 de enero de 1969 y fue la materialización de una idea que surgió en el grupo apenas unos días antes. El teclista Billy Preston tocó como invitado y el concierto duró unos 42 minutos antes de que la policía les pidiera bajar el volumen. Esas imágenes imborrables son pura historia viva del rock y constituyen la última vez que The Beatles tocaron juntos. Por supuesto, como todo lo que hizo el grupo, sirvió de inspiración a los que vinieron después. Que les pregunten si no a U2 cuando se inspiraron para el videoclip de "Where the Streets Have No Name".
POP. Este sería el último disco que grabarían The Beatles. Let It Be saldría después, pero lo grabaron antes que este. Fue el colofón a toda una carrera. Un colofón matizable a día de hoy, pero al fin y al cabo una adición básica a su cancionero. Un trabajo complicadísimo de llevar a buen puerto por la tensión insoportable que gangrenaba al grupo en esos momentos terminales.
Los cuatro apenas se hablaban y aun así hicieron el esfuerzo de meterse en el estudio para intentar tocar como una banda todo lo que pudieran. John hacía tiempo que se había saltado una de las reglas de oro, como era no dejar a las parejas entrar en el estudio de grabación. Yoko Ono no había faltado en el mismo con sus susurros viperinos al oído de Lennon desde ese White Album, que ahora se veía tan lejano. Sin embargo, no había pasado ni un año y esa intromisión fue una de los muchos detalles que acabarían desintegrando al cuarteto. Tras un accidente de tráfico de la pareja, John llegó a instalar una cama en el estudio para que Ono pudiera seguir el proceso creativo.
Incomodidades y tensiones que no los desviaron de su objetivo. Y es que la banda pretendía despedirse por la puerta grande. Motivo que está detrás del hecho de que este Abbey Road acabara teniendo una estructura tan extraña. Reconozco que, para mí, ese medley en la cara B le rebajó un impacto que me parecía aplastante conforme iba escuchando joyas inmarchitables del nivel de "Come Together", "Something", "Octopus's Garden", "I Want You (She's So Heavy)" o "Here Comes the Sun". No estamos hablando de baratijas. Entre las mencionadas, se encuentran las, más que posiblemente, dos mejores composiciones de Harrison y alguno de los temas más innovadores y avanzados que hicieron nunca, como esa "I Want You...", que bebe de la música clásica y anuncia lo que iba a ser la oscuridad gótica e incluso el noise.
Sin embargo, toda esta aprensión inicial queda borrada de un plumazo en cuanto las escuchas completan los nexos necesarios para entender que estamos ante un bloque de un nivel y una coherencia aplastantes. Eso no quita que este epitafio no me acabe pareciendo tan maravilloso como casi todo el mundo vocea. En la época recibió críticas más bien tibias y ha sido el tiempo el que lo ha ido colocando en su pedestal, pero sinceramente, a pesar de todas las glorias que alberga y del papel central que ocupa en la cultura occidental, creo que sus peros no le dejan tocar el cielo con las dos manos. Puede resultar hasta de mal gusto decir esto, pero sí que le veo un puntito algo decepcionante. Una minucia, porque aun así, ¡qué discazo el Abirroud!
★★★★★
A1
Come Together
A2
Something
A3
Maxwell's Silver Hammer
A4
Oh! Darling
A5
Octopus's Garden ❤
A6
I Want You (She's So Heavy)
B1
Here Comes the Sun ❤
B2
Because
B3
You Never Give Me Your Money
B4
Sun King
B5
Mean Mr. Mustard
B6
Polythene Pam
B7
She Came In Through the Bathroom Window
B8
Golden Slumbers ❤
B9
Carry That Weight ❤
B10
The End
B11
Her Majesty [pista oculta]
Total: 47 min.
Estamos ante uno de los discos con una de las portadas más icónicas de la historia del rock. Una portada con nombre y apellidos que hace de ese paso de zebra lugar de peregrinación para inmortalizar la imitación de rigor. También se trata de una foto cargada de simbología, o al menos eso es lo que han forzado los seguidores de la famosa teoría de la conspiración conocida como Paul Is Dead.
Según ellos, en esta foto es donde podemos encontrar más material para reforzar sus ideas. El paso cambiado de Paul, el hecho de que vaya descalzo, la indumentaria de sus compañeros simbolizando diferentes figuras en una procesión funeraria... Incluso la matrícula del VW Escarabajo de la foto, LMW 28IF es usada como prueba "irrefutable" por esta gente. 28IF sería la edad de Paul si (if) estuviera vivo, mientras que LMW dicen que significa Linda McCartney weeps o widow (Linda McCartney llora o viuda). No es muy convincente, creo, pero el que quiera que lo rumie.
Por otra parte, siempre me he preguntado si todas estas ideas peregrinas no serían algo fomentado de alguna forma por el grupo. Al fin y al cabo ni Paul tenía por qué ir descalzo ni creo que esto les perjudicara en términos de aura o ventas. No sé, a lo mejor en la actitud del grupo podríamos encontrar la auténtica conspiración.
POP/BANDA SONORA. La música que conforma esta banda sonora demuestra que la inspiración de The Beatles empezaba a tener un fin. Y esto se apreciaba poco después de vaciarse en el doble "The Beatles" (69). El Álbum Blanco fue demasiado para ellos y con este proyecto no se sabe muy bien lo que pretendían, aunque queda claro que fuera lo que fuese, no lo consiguieron.
Seis temas compuestos por el grupo en la cara A y otros seis compuestos por George Martin en la B. Hacen bien en no mezclarlos porque el despropósito tendría ya dimensiones bíblicas. Si es difícil verle la gracia a estos dibujos de inspiración psicodélica, no lo es menos encontrársela a los temas que aquí ofrecen los Fab Four. Alguien me dirá que está "Yellow Submarine", la cual encuentro graciosilla y poco más, y "All You Need Is Love". ¡Pero vamos! ¡Que ya las habían metido en otros discos! Eso nos deja solo cuatro canciones nuevas compuestas por ellos. Aunque tienen su gracia, son aburridas. Y aún así, son mejores que toda la cara B donde el señor Martin presenta siete instrumentales de aire clasicote y corrección inmaculada pero terriblemente rancia. Lo opuesto a las aspiraciones rompedoras y "modernas" del proyecto cinematográfico.
No se puede acertar siempre. Los Beatles habían firmado momentos memorables y aún les quedaba alguno más, pero este disco no iba a estar entre sus delicatessen. Eso sí, teniendo en cuenta que consta de material propio y ajeno, deberían habérselo pensado antes de firmarlo con su nombre en solitario.
★★☆☆☆
A1
Yellow Submarine
2:40
A2
Only a Northern Song
3:23
A3
All Together Now
2:08
A4
Hey Bulldog
3:09
A5
It's All Too Much
6:27
A6
All You Need Is Love
3:57
B1
George Martin & His Orchestra - Pepperland
2:18
B2
George Martin & His Orchestra - Sea of Time
3:00
B3
George Martin & His Orchestra - Sea of Holes
2:20
B4
George Martin & His Orchestra - Sea of Monsters
3:35
B5
George Martin & His Orchestra - March of the Meanies
2:16
B6
George Martin & His Orchestra - Pepperland Laid Waste
2:09
B7
George Martin & His Orchestra - Yellow Submarine in Pepperland
2:10
Total: 39:32
El décimo disco del grupo sirve de banda sonora para su cuarta película del grupo. Se trata de una cinta de animación que se beneficia o se atraganta de toda esa psicodelia en la que se hallaba inmerso el grupo en esos años.
Una película efectista, loca y más bien vacía o un exitoso experimento de vanguardia. La solución a este enigma creo que no es fácil de encontrar ni siquiera después de verla. Honestamente, como todas las chucherías fílmicas que ha dejado el grupo, lo veo como un producto curioso, pero solo disfrutable al cien por cien por los fans más irreductibles de la banda.
POP. Blanco inmaculado, engañoso, de corazón turbio. Ni esto va de pureza ni de simpleza galopante. Si los Beatles querían jugar al despiste, lo lograron sin duda alguna. Una máscara que ocultaba en lugar de anunciar lo que bullía en el interior de esta obra densa, furibunda, deliciosa e inmensa. No fue el primero, pero el conocido como "Álbum Blanco" se convertiría en paradigma, en ejemplo a imitar, a la hora de fabricar esos discos dobles que tanto han abundado desde él y que tan pocas alegrías han acabado dando.
The Beatles dieron con la clave en su primera y única obra en este formato. Sentaron las bases sobre cómo había que llenar dos rodajas de vinilo sin cansar al oyente, utilizando el espacio para ensanchar horizontes y explorar sus propios límites sin salirse, eso sí, de su idiosincrasia. Algo muy obvio, pero no tan fácil de lograr. Ellos tradujeron todo esto en una variedad estilística sin parangón en su canon. Aquí hay pop, cómo no, pero también folk, ragtime, ska o rock duro, experimentos radicales y baladones imposibles inspirados en el crooner más vetusto que podamos imaginar.
La experimentación en el estudio se relaja aquí. Por dominio o hartazgo, hay una cierta vuelta a la sencillez de los días anteriores a "Rubber Soul" (1965). Tampoco tan esquelética, aunque hay unas cuantas piezas que son una clara apología de la desnudez y lo más básico de su música. Todo eso acaba haciendo al disco más digerible de lo que podría haber sido. Treinta canciones no son moco de pavo, pero cuando se mezcla todo con esta falta de prejuicios y con este desparpajo, sale lo que tiene que salir.
"The Beatles" (1968) también es un homenaje nada velado a los EE.UU., que tanto habían dado al cuarteto. Un homenaje que después repetiría mucha gente, U2 entre otros, sin el gusto y el tino de los de Liverpool. Aquí domina el blues como en ningún otro disco del combo, endurecen lo eléctrico y dejan en pañales lo acústico. Todo esto hace del disco un juego de contrarios delicioso e imposible de imitar. Ahí está su gran baza. En que el noveno disco de los Fab Four es doble porque tiene que serlo. No parece algo buscado como tantas otras veces, sino que las canciones van reclamando su espacio y su razón de ser por encima de imposturas o fachada. Las buenas, las maravillosas y las regulares, todas demuestran su valía de una u otra forma. Y eso no es nada fácil.
★★★★☆
A1
Back in the U.S.S.R.
2:45
A2
Dear Prudence
4:00
A3
Glass Onion
2:10
A4
Ob-La-Di, Ob-La-Da
3:10 ✠
A5
Wild Honey Pie
1:02
A6
The Continuing Story of Bungalow Bill
3:05
A7
While My Guitar Gently Weeps
4:46
A8
Happiness Is a Warm Gun
2:47
B1
Martha My Dear
2:28
B2
I'm So Tired
2:01
B3
Blackbird
2:20
B4
Piggies
2:04
B5
Rocky Raccoon
3:33
B6
Don't Pass Me By
3:52
B7
Why Don't We Do It in the Road?
1:42
B8
I Will
1:46 ✠
B9
Julia
2:57
C1
Birthday
2:40
C2
Yer Blues
4:01
C3
Mother Nature's Son
2:46
C4
Everybody's Got Something to Hide Except Me and My Monkey
2:25
C5
Sexy Sadie
3:15
C6
Helter Skelter
4:30
C7
Long, Long, Long
3:08
D1
Revolution 1
4:13
D2
Honey Pie
2:42
D3
Savoy Truffle
2:55
D4
Cry Baby Cry
3:11
D5
Revolution 9
8:15
D6
Good Night
3:14 ✠
Total: 93:43
Es imposible escapar a la blancura absoluta y anegante que envuelve a este álbum. Un artwork que nacía para oponerse al multicromatismo extremo de sus dos obras anteriores. Y es cierto que el contenido también busca la pureza al evitar la multiplicidad estilística que venían aplicando dentro de una misma canción. En The Beatles hay una miríada inabarcable de estilos, pero cada tema se concentra exclusivamente en uno.
Una pureza que también podemos relacionar con la obsesión del grupo en estos años por el hinduismo, religión para la cual el blanco simboliza lo puro y lo limpio, así como la paz y el conocimiento. Concretamente, el interés de todos se orientaba hacia la Meditación Trascendental del Maharishi Mahesh Yogi. Para ello, en febrero, meses antes, viajaron a la India y tuvieron una estancia bastante reveladora en el ashram del maestro hindú.
Buscaran un sentido para sus vidas o la paz, ambas eran cosas que necesitaban más que nunca, visto el distanciamiento inexorable que empezaba a carcomer al grupo. Les quedaba prácticamente un año juntos y ya apenas se hablaban. Muchas de las canciones de este disco se compusieron en la India con una guitarra acústica como único instrumento occidental. No se puede decir que se note en el estilo, ya que es el álbum con menos influencia oriental desde Rubber Soul (1965), pero el espíritu del subcontinente sí que está en alguna letra y en la libertad que transpira este gigantesco álbum doble.