Mostrando entradas con la etiqueta closer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta closer. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de abril de 2024

Si tan solo pudieras apreciar la belleza...


Closer (Joy Division, 1980)

 
  
 
ABYSS SOUND. Inspirado en gran medida en La exhibición de atrocidades de J. G. Ballard, el epitafio de Joy Division no puede ser más oscuro ni más hermoso. Supera a su debut en casi todo y se sitúa sin esfuerzo en la cima de los mejores discos de los 80. Como el libro de Ballard, el último estertor de Ian Curtis se presenta obsesivo y enfermizo, como el reflejo de los últimos días del mancuniano, un autor caracterizado por no guardarse nada a la hora de desparramar sus entrañas por toda su obra.

Closer se editó dos meses después del suicidio de Curtis, de ahí que su aire agónico refrendado por esa portada funeraria pueda ser tomado por oportunista. Los popes de Factory Records incluso llegaron a plantearse cambiarla, pero tuvieron en cuenta que había sido una elección del grupo incluyendo a Ian, por ello siguieron adelante con el diseño. Una elección que a día de hoy se antoja clave para haber elevado al disco como una grabación fundamental para la historia.

En sus nueve temas, Closer rebosa emoción. A través de los bajos profundos y densos típicos de la banda nos van colando novedosos arreglos de teclado y algún escarceo electrónico sacado sin duda del gusto de Curtis por Kraftwerk y el krautrock. Curtis canta y recita como nunca unas letras que parecen arrancadas del tuétano de su alma. Trozos acuchillados de una vida que no estaba pensada para durar. Imaginar hacia dónde habrían dirigido sus pasos futuros de haber seguido su líder con vida lleva a multitud de predicciones interesantes y futiles. Lo único cierto es que cerraron su carrera con un disco genial, uno de los más emocionantes que servidor haya escuchado. El disco introspectivo definitivo. Un dechado de violencia ("Atrocity Exhibition", "Colony", "Twenty Four Hours"), espasmos electrónicos ("Isolation") y lirismo terminal ("Heart and Soul", "The Eternal", "Decades").

Closer, como la vida de Curtis, se nos escurre entre los dedos cada vez que tratamos de escrutar su profundidad abisal. Es un testamento gélido grabado en mármol. Un mausoleo donde moran los más recónditos secretos de la noche oscura del alma. El horror de una vida que da dentelladas hasta el tuétano y un recordatorio de la experiencia trágica que es el existir. Pasen y vean la exposición de la atrocidad.
 
 
 
A1 Atrocity Exhibition 6:04
A2 Isolation 2:53
A3 Passover 4:46
A4 Colony 3:55
A5 A Means to an End 4:05
B1 Heart and Soul 5:50
B2 Twenty Four Hours 4:26
B3 The Eternal 6:06
B4 Decades 6:09
Total: 44:14
 
 
Peter Saville, uno de los diseñadores de la portada, no acababa de ver claro que fuera apropiada teniendo en cuenta que Ian Curtis se había suicidado. Es famoso su recordatorio a Tony Wilson, capo de Factory Records, cuando le dijo preocupado, "we've got a tomb on the cover of the album!". Se trataba de una tumba real, la de la familia Appiani, situada en el cementerio monumental de Génova.
 
La atrocidad del mundo moderno descrita en la novela que J. G. Ballard publicó en 1970 es la materia prima de este álbum terminal y de toda la obra de Ian Curtis. Esta falta de piedad, esta intromisión en la vida de las personas a través de los mass media hasta anularla da buena cuenta del carácter visionario del autor y del finísimo oportunismo de Curtis para apropiarse de una visión tan descarnada, pesimista y certera de la naturaleza humana. En definitiva, lo que Joy Division habían estado haciendo desde sus comienzos llevado a otra dimensión. Sin embargo, en este disco más que nunca, Curtis vierte todo el veneno de sus propias vivencias. Casi nadie pareció darse cuenta. Los miembros del grupo se culpan por no haber prestado atención a lo que les estaba anunciando Ian. Solo su amante (o compañera platónica según sus declaraciones), Annik Honoré, manifestó su pavor al prestar atención a las letras durante la creación del segundo disco de la banda. Así se lo hizo saber a Tony Wilson. "Cuando Ian dice que asume la culpa lo dice de verdad", dijo. Wilson se limitó a mirar a otro lado afirmando que es solo arte y que no había por qué preocuparse.
 
Luego pasó lo que pasó. No creo que nadie pudiera haber detenido a Ian en su plan, aunque nos hubiera gustado. Tal vez por esa certeza y por cómo retrata lo inexorable de la derrota estemos ante un disco tan escalofriante.
 
 
Stalingrad (Joy Division, 1981) [BOOTLEG]
 
 
ABYSS SOUND. De una manera celestial, sutil, así como el que no quiere la cosa, este disco complementa lo ofrecido en Still (1981) y Substance (1988) para completar prácticamente todos los resquicios que nos quedaban por conocer de Joy Division. Que una banda con solo dos álbumes tenga el influjo de los de Mánchester debe deberse a un milagro. No creo que sea algo que se pueda despachar con un simple "el suicidio de Ian Curtis fue el que le dio el aura de banda maldita y por tanto adictiva al combo".

Aunque eso ha influido en la adoración incondicional del respetable, lo admito, no explica por sí solo su éxito. Creo que como dice el batería, Stephen Morris, el secreto está en que se fueron en lo más alto, en que no hubo un tercer disco, no hubo decadencia ni peleas ni disolución. Se disolvieron dejando su historia inacabada, dejando a su público con un hambre insaciable, la cual se hace atroz al comprobar el par de bocetos que dejaron sin terminar y que podrían ser el germen de un tercer álbum majestuoso.

Ese es el material con el que cierra este pirata. Unas "Ceremony" y "In a Lonely Place" que abren todo un mundo de posibilidades y que dejan babeando ante todo un mundo de hipótesis y elucubraciones. El resto es material conocido por aparecer en diversos recopilatorios, pero que no incluyeron en ninguno de sus álbumes en vida. Un material soberbio que demuestra que Joy Division no dieron ni un paso en falso. Otro motivo para la adoración. El de la perfección del momento congelado para siempre, el del rictus para la posteridad. No, no hay manera de que alguna vez tengamos demasiado ni nos cansemos de ellos. No la hay.

☆★★★★
  1. No Love Lost
  2. Failures
  3. From Safety to Where
  4. The Drawback
  5. Novelty
  6. These Days
  7. Komakino
  8. As You Said
  9. Ceremony
  10. In a Lonely Place
  11. In a Lonely Place II
Total: 38 min.

jueves, 29 de julio de 2021

El rito

Faith (The Cure, 1981)

 

POP SINIESTRO. El vértice más doloroso de la trilogía siniestra. Un imberbe Robert Smith trata de exponer una tesis sin conclusiones ni resultados sobre la fe, la condena y la redención. En una obra depresiva y evocadora que toma el testigo de Seventeen Seconds (1980) para tratar de llegar más hondo que su estreno en los terrenos de lo gótico.

Para ello redoblan la solemnidad, haciendo que lo lento suene aún más moroso y arrastrado, y lo atmosférico todavía más etéreo. Un ritual de bajos gordos, baterías hipnóticas, teclados fantasmales y guitarras espectrales. No es de extrañar que los compararan con The Doors o Pink Floyd, aunque a nuestros oídos poco o nada de eso haya aquí.

Aun así, el disco no recibió loas unánimes ni nada de eso. Ha sido el tiempo el que lo ha acabado colocando en su sitio como una de las obras clave de la música con querencia siniestra y alma pesimista. Puede que Robert pretendiera dialogar aquí con Nietzsche o Schopenhauer, pero pocos son los que pondrían las letras de esta obra a ese nivel. Sí que hay bastante de esa Trilogía de Gormenghast, las novelas que publicara Mervyn Peake entre 1946 y 1959 dentro del género fantástico, con numerosos toques góticos y surrealistas.

A veces, sin embargo, da igual que no se alcance el objetivo pretendido. Está claro que Smith, el jovenzuelo que escribió este álbum, era un muchacho leído y pretencioso a la vez, pero no podemos menospreciar el hecho de que, a diferencia de la mayoría, se hiciera preguntas, ya encontrara la respuesta a ellas o no. Por eso, aunque este disco pueda sonar ingenuo y adolescente, sigue hiriendo como el primer día. Porque a partir de sus lamentos y sus suspiros podemos volver a reivindicar la necesidad del ateísmo. No es poca cosa en estos tiempos de mojigatería y pensamiento único.

★★★★☆

A1 The Holy Hour 4:25
A2 Primary 3:34
A3 Other Voices 4:27
A4 All Cats Are Grey 5:26
B1 The Funeral Party 4:13
B2 Doubt 3:11
B3 The Drowning Man 4:48
B4 Faith 6:40
Total: 36:44

 

No siempre pasa, pero a veces una gran obra rubrica su estatus por la conjunción de música y envoltorio gráfico. Aquí, Porl Thompson, que había sido miembro del grupo y volvería a serlo en el futuro, envuelve al vinilo en una foto velada de la Abadía de Bolton en la niebla. Todo un acierto que entronca con esa infancia perdida de la que también habla Robert Smith en el disco. No en vano, dicha abadía era un lugar frecuentado por él de pequeño.


El toque final, el golpe de efecto para una obra de cariz existencialista, con Kierkegaard en el punto de mira de un joven Smith férreamente educado en un catolicismo que en ese tiempo veía escapársele por entre los dedos. Grandes temas, por tanto, los que se tratan aquí. Algo que de por sí no es garantía de éxito, pero que unas pocas veces en la vida convierte tus apuntes en algo que merece la pena.

DISCOS RELACIONADOS