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domingo, 4 de abril de 2021

Asado y calçotada

 Romesco (Gato Pérez, 1979)


RUMBA CATALANA. Xavier Patricio Pérez Álvarez llegó a Barcelona desde Buenos Aires en el año 1966 con apenas quince añitos. Vino con su madre para reunirse con su padre y ya en el año 70 empezó a foguearse en diferentes bandas de estilos diversos. Pero no era eso lo que buscaba. Lo suyo, eso lo vio pronto, era la rumba, así que empezó a dejarse caer por los locales frecuentados por los gitanos de la ciudad. Al principio se limitaba a escuchar y aprender, aunque pronto se haría un nombre por su desparpajo, su sapiencia callejera y un talento que se le salía por la boca. Así se ganó el apodo de "Gato" por su afición por la vida nocturna y su cara de pan.

Debutó en solitario en 1978 con "Carabruta", una presentación impecable que superó en pocos meses con este "Romesco", la auténtica piedra de toque de su discografía. Un disco que contenía todo lo mejor del Gato. Su rítmica nuclear, su flow cálido y certero y unas letras en las que se erigía por derecho en el cantor oficial de la ciudad de sus amores. Nunca un forastero se ha integrado en la vida de Barcelona como lo hizo Gato Pérez, respirando su brisa mediterránea y tomándole el pulso como nadie.

Aquí hay homenajes a la urbe que solo pueden salir del que la vive desde que sale el sol, retratos descarnados que ridiculizan a los que creen saberlo todo, apologías en honor a la gente sencilla y auténtica, recuerdos enternecedores y secos a la dureza de la emigración o denuncia de los destrozos de la droga dura y todo lo que la rodea. Cosas que eran ciertas entonces y que nunca van a dejar de serlo. Tal vez por eso "Romesco" sea un disco indestructible. Una obra que tras su apariencia trasnochada esconde un corazón palpitante y volcánico que lo lanzan disparado hacia la eternidad. Y digo que no lo parece. Lo ves ahí en la estantería, lo coges y con esa portada, esos colores, todo en él hace que parezca más que superado. Hasta que empieza a sonar. Ahí ya es cuando se te caen los huevos al suelo.

★★★★

A1 El ventilador
A2 La curva del Morrot
A3 El sabio
A4 Los reyes de la fiesta
A5 Todos los gatos son pardos
B1 El mismo de antes
B2 Rumba del 60's
B3 Veneno blanco
B4 Tiene sabor
 
Total: 33 min. 

 

Este disco me sabe a cosas conocidas. Será porque en esos años yo estuve allí, demasiado pequeño como para acordarme, pero sí que tengo imágenes fragmentadas, nombres, palabras, L'Hospitalet de Llobregat, coches de juguete con luces, pisos altos... Todo esto está en mi sangre y en mis huesos y supongo que será por eso que siento este disco tan cerca, tan dentro. 


Será por eso que comprendo al Gato perfectamente. Lo que es sentirse extranjero en tu propia casa, tratar de crear un hogar al otro lado del mundo. Ahora todo está lejano, casi enterrado para siempre, pero ese olor, esos sonidos... Eso se queda conmigo para siempre.

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La noche me confunde

Carabruta (Gato Pérez, 1978)

RUMBA CATALANA. Estamos ante el primer disco de todo un Gato Pérez. Después de foguearse como bajista y lo que hiciera falta en grupos con escasa proyección, descubrió la rumba en unas fiestas del barrio de Gràcia y eso lo cambió todo. La rumba no era algo nuevo, eso estaba claro, pero el Gato se empeñó desde el primer momento en sacarla del gueto para proyectarla a las estrellas.

Para ello le inyectó esas narraciones cotidianas, severas, festivas, reivindicativas o simplemente exaltadoras de amistades, vicios y pasiones de todo tipo. La vida, señores, la vida contada en primera persona con el lenguaje cotidiano que todos manejamos. Algo tan sencillo y tan difícil a la vez. Algo que siempre había estado ahí, pero que el Gato supo ver como nadie para apropiárselo y aumentar su leyenda.

Así, a esa rumba gitana que campaba a sus anchas por garitos de mala muerte, Xavier Patricio Pérez Álvarez la dotó casi sin quererlo de un prestigio que hizo que gente en principio ajena al gitaneo se acercara a ella sin rubor. El secreto es difícil de detectar. Son demasiadas cosas, pero sin duda las letras influyeron. También el apareamiento lascivo de lo flamenco y lo salsero con un roce impúdico que no le hacía asco ni al merengue ni al candombe ni a la plena ni a nada que viniera de una Latinoamérica que siempre tuvo en el hispanoargentino a uno de sus mejores embajadores.

"Carabruta" no dejó contento a su autor, eso no es ningún secreto. Al final importaría poco, ya que lo superaría con creces solo unos meses después. Aun con eso, lo cierto es que el tiempo lo ha acabado poniendo en un pedestal. No es de extrañar. De Peret a los Amaya, de Litto Nebbia a Rubén Blades, lo más granado de la cosa caliente se pasea de alguna forma en un caleidoscopio sonoro que, con todas sus taras, acaba siendo una pequeña gema que siempre merece la pena descubrir.

★★★

A1 Ja sóc aquí 4:02
A2 La balsa 3:32
A3 Viejos automóviles 4:00
A4 S.O.S. 3:34
A5 Que rama más mala 3:20
B1 Sabor de barrio 4:38
B2 La rumba de Barcelona 3:34
B3 Nyigo nyago 4:15
B4 La mundial-descarga rumbera 6:25

Total: 37:20

 
Debe ser verdad eso de que no hay mejor cronista que el que viene de fuera. Esa mirada limpia y objetiva acaba siendo la más certera. Ya lo hizo Moris, otro argentino, con Madrid. También Ian Gibson con nuestra historia reciente. Y por supuesto, Gato Pérez con su adorada Barcelona.


Hasta el punto de ocurrírsele la idea peregrina de cantar la rumba catalana... Sí, ¡en catalán! Tuvo que llegar él para que alguien lo hiciera. Y eso unido a su retórica tan de barrio, tan auténtica y tan primitivamente cultivada, conforman un desfile de personajes y situaciones que nos llevan directamente a la ciudad condal y a esos años 70 tan cutres y tan glamurosos a la vez.
 
Como el antro con el que adornan la portada, que resulta ser la mítica sala Zeleste, paraíso de los rumberos y noctámbulos de la época y auténtico cuartel general para Gato Pérez desde que empezó en el negocio. Hasta tal punto que el nombre del bar y el del artista argentino han quedado unidos para siempre.

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lunes, 9 de agosto de 2010

supertrax #12: la bomba de neutrones



"El ventilador" del gran Gato Pérez, el goce absoluto elevado a la enésima potencia. Es sencilla, es directa y no se entretiene en arabescos tontos. Lo que nos cuenta está claro, es básico, es hasta gracioso. Simplemente describe una técnica de toque popular entre los rumberos. Y lo hace como si fuera el descubrimiento de la pólvora con sentencias del calibre de "Traemos en la guitarra la bomba de neutrones, el artefacto más peligroso, que mete ruido por los salones", o ese irresistible "Este truco tan ingenioso y de fácil ejecución, seguro que no conoce ni el mismísimo James Bond. Todas las grandes potencias ¡ay! pretenden averiguar, hasta el Pacto de Varsovia, el Pentágono y la OTAN." Pues sí amigo, una auténtica bomba.