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jueves, 6 de agosto de 2020

El señor de las aves

Talk Talk
Londres, GBR

Talk Talk fueron el vehículo expresivo de Mark Hollis, líder y propulsor de la carrera de esta banda londinense formada en 1981.

Tras unos inicios bastante edulcorados entre el synth-pop y los nuevos románticos, dieron un giro de timón como no se ve casi nunca en esto de la música y se afanaron por dotar de poso e iconoclastia a una música que de repente empezó a beber de fuentes inesperadas como el art rock, el jazz y hasta la música clásica.

Este cambio drástico se pudo apreciar a partir de su tercer disco, "The Colour of Spring", en 1986. De ahí en adelante completaron dos discos más que los han situado en la vanguardia del rock más serio y rupturista, pasando de burdos imitadores/compañeros de Spandau Ballet o Duran Duran a marcar el paso de la música más interesante de las últimas décadas.

Mark Hollis inició su carrera en solitario siete años después de la disolución del grupo con un disco fantástico que recibió todas las loas posibles. Y ahí quedó todo. A partir de ese momento prácticamente desapareció de la escena salvo por alguna colaboración puntual. Moriría en 2019 a los 64 años.

DISCOS RUID0
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  • Mark Hollis

viernes, 24 de julio de 2020

El árbol de la vida

Laughing Stock (Talk Talk, 1991)
POST-ROCK DE CÁMARA

El abandono del bajista, Paul Webb, en 1990 dejaba al grupo en los huesos, reducidos al dúo Mark Hollis, Lee Harris. A pesar de eso, Talk Talk, se las arreglaron para seguir adelante, firmaron por Verve y construyeron una nueva obra magistral con la idea de completar el díptico maravilloso iniciado con "Spirit of Eden" tres años antes.

Para ello se meten de lleno en la improvisación instrumental a partir de la cual darían forma a los seis temas que conformarían su obra postrera. En un ejercicio de oportunismo bestial, Mark Hollis supo encauzar sus ansias experimentales con el hecho de haber firmado con una de las casas señeras del jazz. Él manifestaba su alegría por estar en un sello en el que habían estado The Mothers of Invention, pero seguro que tampoco se olvidaba de Ella Fitzgerald, Nina Simone o Duke Ellington.


Y es que ese aire de libertad se respira en un disco que bebe indudablemente del jazz, pero que sigue sonando a rock en muchos detalles. A un rock avanzado y nada acomodaticio, capaz de dejar hueco para instrumentos de cuerda, melódicas, harmoniums y trompetas. Pero sobre todas esas cosas, una música que respeta y se alía con el silencio para tejer pasajes de una belleza ingrávida y evocadora con poco o nada a lo que compararse.

Hollis cita entre las influencias para el disco cosas beatificadas como el "Tago Mago" (Can, 1971), "In a Sentimental Mood" (John Coltrane, 1963) o "New Morning" (Bob Dylan, 1970). Vale. En realidad, lo cierto es que la mayor influencia aquí son ellos mismos, más concretamente ese "Spirit of Eden" (1988), cuya estela siguen y junto al que redondean una dupla imbatible que está entre lo mejor que ha salido de la alianza entre el rock y la escuela de arte.

★★★★☆



James Marsh colabora una vez más con los de Mark Hollis para ilustrar la portada de su último disco. Y lo hace con una idea que redondea la intención de Hollis de hacer de "Laughing Stock" una continuación natural a "Spirit of Eden" (1988). El pintor llegó con la idea de unos pájaros que, unidos, formaban a su vez la silueta de un pájaro gigantesco y aunque era una idea que en principio parecía satisfacer al líder del grupo, no llegó a colmar sus expectativas. Mark necesitaba un árbol en su cubierta. Como en el disco anterior. De esa petición surgió la estupenda estampa que adorna "Laughing Stock". Especies de aves en peligro de extinción, las mismas del disco anterior, agrupándose en un árbol esférico para dar forma a los cinco continentes de la Tierra. He aquí un boceto primerizo.

miércoles, 22 de julio de 2020

La eclosión de la primavera


The Colour of Spring (Talk Talk, 1986)
POP NEO-ROMÁNTICO

Este disco es un arrebato emocional sin parangón. Un sorpresón viniendo de un grupo que hasta este álbum, el tercero, no pasaba de banda resultona en eso del tecnopop con relaciones/influencias nada recomendables como Spandau Ballet o Duran Duran. Aun siendo esto último algo exagerado, ya que los de Mark Hollis siempre han mostrado una inquietud muy por encima de la inmediatez de estos dos grupos, algo de esa insustancialidad sobrevolaba las dos primeras referencias de los londinenses.

Una ligereza indetectable en este giro de timón. Un disco que no renuncia a lo accesible, pero que en su elegancia agónica, en esos coqueteos con el jazz insomne y en ese amor por los espacios abiertos y por colorear el silencio ya anuncia, o mejor atestigua, las habilidades que iban a encumbrarlos como uno de los placeres desconocidos más suculentos para el explorador más inquieto. Porque a pesar de lo bien que se vendió el disco, los tiros de sus futuros movimientos no iban a ir exactamente por ahí, con la decepción que eso traería para su discográfica.


Con todo, aquí se les percibe dispuestos a comerse el mundo. Eso es más que apreciable en pelotazos ochenteros del calibre de "I Don't Believe in You", "Living in Another World" o "Time It's Time", piezas de ritmo feroz y atracción irresistible que, no obstante, distraen más que aclaran. Y es que la clave de lo que serían Talk Talk, su secreto inconfesable, estaba agazapada en temas como "April 5th" o "Chameleon Day", partituras evanescentes en las que manda el silencio y unos ambientes en duermevela que, si bien no son para todo el mundo, crecen y crecen con las escuchas por su sonido entre enigmático y ominoso.

Un ejemplo perfecto de lo grandes que fueron los ochenta. Una década que nos venden como el colmo de lo superficial, lo plastificado y la pose, cuando en realidad contiene algunos de los mejores momentos de la historia de la música grabada. Lo que pasa es que estas glorias no son las que te van a poner en la tele ni en las revistas de tendencias. Para llegar a esto hay que mancharse, meterse de lleno en el fango y rebuscar con las dos manos. Eso sí, la recompensa hará que todo ese esfuerzo merezca la pena.
★★★★☆
 




"El color de la primavera", a pesar de sus gotitas de hieratismo, acaba eclosionando en una explosión de color y pasión que lo hace primo siquiera lejano de versos de gigantes como John Keats. Como en esta introducción a su archifamoso poema Endymion, en la que el poeta celebra la belleza y la vida.





A thing of beauty is a joy for ever:
Its loveliness increases; it will never
Pass into nothingness; but still will keep
A bower quiet for us, and a sleep
Full of sweet dreams, and health, and quiet breathing.
Therefore, on every morrow, are we wreathing
A flowery band to bind us to the earth,
Spite of despondence, of the inhuman dearth
Of noble natures, of the gloomy days,
Of all the unhealthy and o’er-darkened ways
Made for our searching: yes, in spite of all,
Some shape of beauty moves away the pall
From our dark spirits. Such the sun, the moon,
Trees old and young, sprouting a shady boon
For simple sheep; and such are daffodils
With the green world they live in; and clear rills
That for themselves a cooling covert make
‘Gainst the hot season; the mid forest brake,
Rich with a sprinkling of fair musk-rose blooms.

John Keats, Endymion

miércoles, 15 de agosto de 2018

Fruta del paraíso

Spirit of Eden (Talk Talk, 1988)
 
 
POST-ROCK DE CÁMARA. Lo sacro y lo humano se entremezclan en esta música. De manera sutil, como el suave balanceo de las ramas de ese árbol de fantasía que adorna su envoltorio. Los 23 minutos iniciales se deslizan estocados por algún que otro recodo brusco y afilado. Guitarras, armónicas, teclados y la voz entregada de un Mark Hollis magistral en cada fraseo, en cada decisión.

Porque esta obra maestra iba a ser su primer disco como tal, considerado como algo propio en lo que volcó su personalidad de manera impagable. Así lo demuestra la libertad en una toma de decisiones que choca con la actual concepción de un disco. Tampoco era fácil en el 88 editar algo que oliese a música de cámara. Lo innovador ha salido caro muchas veces. Máxime cuando el disco aparentaba ser una mirada hacia el clasicismo más medieval. La portada así lo anunciaba. Las atmósferas así lo dejaban intuir. El resultado no.

Cuando entra la armónica por primera vez, junto a ese chirrido eléctrico, parece el anuncio del fin del mundo. Es el presagio de la avalancha sentimental que llena la cara A, un festín para los oídos y el alma. Tras esta pista única en tres movimientos (en el vinilo original al menos) no es de extrañar que la cara B palidezca algo a su lado, aunque sea ruín y mezquino achacarle algo. No se explica después de sumergirse en sus cuerdas, sus coros de iglesia, sus vellos de punta.

Talk Talk dejaron de ser un grupo de pop con Spirit of Eden para ser algo más. Un grupo que abandonaba las canciones a favor de un formato sin ataduras. A favor de la música. Y sin excesos épicos ni dramatismos de salón. Sabían administrar los desarrollos y el azúcar. En este disco más que en ninguno hasta la fecha. Sí, me temo que consiguieron lo que se propusieron. Así se fabrica una obra maestra.


A The Rainbow / Eden / Desire
B1 Inheritance
B2 I Believe in You
B3 Wealth

Total: 41min.

 
James Marsh siempre llevará su arte unido al de Mark Hollis y los suyos. Su alianza se alargó en el tiempo y fue responsable de gran parte de las cubiertas que Talk Talk nos regalaban disco tras disco. Obras pictóricas de fuerte raíz onírica y de un romanticismo arrebatador, que anunciaban a las mil maravillas lo que estábamos a punto de escuchar. Simplemente precioso.
 
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sábado, 21 de febrero de 2009

talk talk: paradise now!




Mi recomendación de hoy es un grupo británico que desarrolló su actividad entre 1981 y 1991. Diez años que dieron para mucho en una carrera variada y sorprendente. Al principio se les podría alinear entre el synth pop de los primeros ochenta, la new wave e incluso los nuevos románticos. No se asusten que estos chicos liderados por un geniecillo llamado Mark Hollis pronto se iban a desmarcar de los "postulados" embadurnados en laca de los Duran Duran y Spandau Ballet de turno. Tampoco es que nunca tuvieran demasiado que ver con ellos. Lo suyo siempre ha sido un pop de clase y elegancia. Bueno, no siempre.

Ya empezaron a tomar una senda memorable con The Colour of Spring (1986) donde sus himnos empezaban a llamear como si de unos Triffids o Echo & the Bunnymen se trataran. Siempre con elegancia y luminosidad pero ya anticipando las altas cotas en las que transformarían su música hasta entonces "accesible".

Todo iba a cambiar de forma más o menos brusca en 1988, año de publicación de su obra más rompedora, avanzada y personal hasta esa fecha. Spirit of Eden (1988) se puede decir que está fabricada con el material del que se hacen los sueños. Un álbum que tiene su cara A ocupada por una pieza de tres movimientos y 23 minutos de duración no es algo normalito. Máxime cuando se puede escuchar dicha pieza sin pedir la hora, con ansias de más. No se escatimó en casi nada para la creación de las atmósferas de este disco. Orquestas, coros de niños y ecos de iglesia tejen una obra impresionista y sincera. En las antípodas de lo artificial y empalagoso. Y por eso este disco puede atraer tanto a los seguidores del jazz como de la música clásica, los sonidos oscuros, el post-rock y los locos por el rock progresivo. Una experiencia, sin lugar a dudas.




Una experiencia que iban a desarrollar con resultados similares en su despedida, el sugerente Laughing Stock  (1991). Los tres años transcurridos desde la edición del anterior sirvieron para que el grupo se reafirmara y solidificara su postura ante la música. De esta idea de composición como algo serio, relevante, supremo, surgen las que pueden ser sus ideas más interesantes e influyentes. Sus discos iniciales están muy bien pero no tienen nada que ver con estas tres obras mayores. En la primera podemos rastrear tanto sus inicios como sus movimientos posteriores y en las dos últimas podemos regocijarnos con una aproximación mucho más abierta, arriesgada y, como suele suceder, gratificante.

Después de esto, poco se sabe de Hollis. Se apartó de la vida pública y, aparte de algún proyecto en solitario, de la música. Aquí tenéis este bocadito apetitoso a la discografía de una banda única. Hincadle el diente.