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viernes, 5 de julio de 2024

Frágiles y hermosos

To Pimp a Butterfly (Kendrick Lamar, 2015)


JAZZ RAP. El alcance de la obra maestra de Kendrick Lamar es tan vasto que al principio no sabemos en qué fijarnos. ¿En su condición de bomba sociopolítica con todo su activismo social? ¿En su vertiente de autoafirmación para toda una raza que se ha hartado de ser vapuleada? ¿En su perfil de autoayuda como obra de referencia que te enseña que se puede salir del gueto para vestir los colores más brillantes de la riqueza y el prestigio? ¿Debemos quedarnos quizás en la maravilla de unas músicas que no tenemos ni idea de dónde han salido? Es todo demasiado apabullante, pero las escuchas nos van marcando el camino y nos llevan a la conclusión de que en realidad da igual. Que todo es un continuo y un conjunto inseparable. Que podemos saltar de uno a otro detalle para volver a ponernos el disco y descubrir cosas que se nos habían pasado o para completar las que creíamos que ya comprendíamos a la perfección.

Casi todo el mundo lo sabe o al menos lo intuye, pero por si acaso hay alguien que todavía no se ha enterado, lo diré bien claro. La obra maestra de Kendrick Lamar no es solo un hito en su canon, no. Su tercer álbum es una obra de arte desde cada uno de los flancos que elijamos para fiscalizarla. En lo lírico, lo conceptual, lo musical y en todo lo que se deriva de ella o se inspira en ella, To Pimp a Butterfly es una de las mejores cosas que nos ha dado la música y la cultura afroamericana en este nuevo siglo. Si no te quieres parar a desentrañarla, a paladearla, a disfrutarla en todo su multifacetado e imponente esplendor, cosa que no entendería de ninguna manera, solo échale un vistazo al videoclip de "Alright". Un ejemplo casi al azar que me sirve para explicar el nivel de un artista sin parangón en nuestros días. Porque además de hacerlo todo bien, tiene el secreto que solo los más grandes atesoran: el saber rodearse de los mejores y saber sacar de ellos justo lo que necesita en cada momento. Ya sea Kamasi Washington al saxo o a los arreglos de cuerda de todo el disco, las labores en la producción y ese bajo indescriptible de Thundercat, o el trabajo de Colin Tilley para la realización del videoclip mencionado, la grandeza de esos artistas redunda en la de Lamar en una retroalimentación de efectos devastadores.

La grandeza de este disco supera lo que podamos expresar con simples palabras. A pesar de que estas son la materia prima sobre la que el artista ha construido toda su carrera. Por mucho que le sirvieran en un par de años para ganar todo un premio Pulitzer, ahí es nada, se quedan en los huesos cuando intentamos usarlas para tasar la grandeza de un álbum que sobrepasa las expectativas y los lugares comunes que siempre hemos asociado con el hip hop. La riqueza musical, expresiva y semántica es tal aquí que no vamos a poder abarcarla ni en mil escuchas. De verdad, no quiero sonar hiperbólico, pero con cosas como esta, si es verdad que el rock está muerto y enterrado, tengo que decir que me importa bien poco.



1 Wesley's Theory 4:47 feat. George Clinton & Thundercat
2 For Free? (Interlude) 2:10
3 King Kunta 3:54
4 Institutionalized 4:31 feat. Anna Wise, Bilal, Snoop Dogg
5 These Walls 5:00 feat. Thundercat, Anna Wise, Bilal
6 u 4:28
7 Alright 3:39
8 For Sale? (Interlude) 4:51
9 Momma 4:43
10 Hood Politics 4:52
11 How Much a Dollar Cost 4:21 feat. James Fauntleroy II & Ronald Isley
12 Complexion (A Zulu Love) 4:23 feat. Rapsody
13 The Blacker the Berry 5:28
14 You Ain't Gotta Lie (Momma Said) 4:01
15 i 5:36
16 Mortal Man 12:07

Total: 78:51

Está en sus palabras y está en esa foto de portada en la que una multitud racializada mira a la cámara de todas las maneras posibles. Insolencia, orgullo, alegría y hasta euforia mayormente. Y detrás, la Casa Blanca como símbolo del poder, la corrupción y el éxito.

Con todos estos ingredientes es difícil no pensar en la lucha de los afroamericanos a lo largo de la historia. Más concretamente en esa Marcha por los Derechos Civiles que el Movimiento del mismo nombre organizó en Washington el 28 de agosto de 1963. Un momento legendario dentro de la mitología de la lucha por la igualdad de la comunidad afroamericana. 

Los tiempos han cambiado y se ha mejorado muchísimo. No me queda claro que el famoso discurso de Martin Luther King mantenga intacta su vigencia, aunque sospecho que por desgracia sí. Tampoco que las actuaciones de Bob Dylan entre otros tuvieran el mismo efecto en nuestros días. Aunque por otro lado, ¿qué está haciendo Lamar sino algo de eso con este álbum? El derecho al voto y a la vivienda que se pedían hace sesenta años ha cambiado en pos de una lucha por la eliminación de la brutalidad policial y la arbitrariedad en las diversas actuaciones contra personas de raza negra. Aun así, la lucha sigue teniendo vigencia y este álbum, con esa maravillosa portada, es un ejemplo perfecto de cómo hacerlo para tener un impacto indeleble y profundo en la conciencia de toda una generación.

lunes, 27 de mayo de 2024

La apoteosis

The Epic (Kamasi Washington, 2015)
 

JAZZ ESPIRITUAL. Kamasi Washington, la sensación del jazz del nuevo milenio, se mueve entre los entendidos en una continua dicotomía imposible. Los aficionados que lo han escuchado con atención no consiguen ponerse de acuerdo. ¿Lo que hace el saxofonista en este disco es mucho más que simple jazz? ¿O por el contrario se queda corto y su música nunca podrá llamarse jazz por pura incapacidad? Ahí queda lanzado el reto de responder al enigma con estas casi tres horas de música espiritual, torrencial y única por encima de todas las dudas que pueda suscitar.

The Epic hace honor a su título en cada detalle. Para empezar, estamos ante un álbum triple (tanto en CD como en vinilo) que se alarga hasta rozar las tres horas de duración. Y para acabar, el espectro que pretende abarcar Washington aquí es, cómo no, de unas dimensiones tan mastodónticas como su duración. Un debut que ya llega con una vitola de obra magna que no le va grande en absoluto. Basta con disfrutar del primer volumen, The Plan, para darse cuenta de que el conocimiento que Kamasi tiene del jazz más clásico supera con creces sus ya de por sí superlativas habilidades con el instrumento. Sí, déjense de zarandajas. De que si falla en los solos por una falta de elasticidad que le hace abusar del sota, caballo y rey y de lo previsible. Su soplido, su entrega, su delicadeza y su furia son sencillamente colosales. No hay que ser un erudito para darse cuenta.

Más que tratar de emular a esa deidad particular que ha encontrado en San John Coltrane, Washington continúa su legado y se erige en el perfecto depositario de su herencia. Escuchen, sin ir más lejos, maravillas como esa "Change of the Guard", con la que abre fuego, para entender de lo que hablo. Todo un resumen de jazz modal, espiritual, libérrimo y también de una fusión salvaje que solo los mejores han sabido dotar de sentido. Es cierto que Kamasi no es el innovador furibundo que algunos nos pintan, pero no es menos cierto que juega con la tradición a su antojo para producir otra cosa, una celebración, una catarsis, yo qué sé. Lo que sí que veo claro es que, innovando o no, buscando nuevos caminos o asfaltando los ya más que transitados, Washington ha salvado al jazz y le ha dado una nueva vida cuando casi nadie se lo esperaba.

Así, en el segundo volumen, The Glorious Tale, parece seguir los pasos del Trane postrero, el del free jazz y los conciertos en Japón. Ese que parecía querer partir las notas en mil pedazos a base de reventar su saxo con toda la potencia de sus pulmones. Y en la tercera rodaja, The Historic Repetition, pegaría que nos sumiera en una pura hecatombe de jazz fusión, aunque no sea exactamente así. Algo hay, eso sí, pero al final no podemos delimitar los estilos separándolos en cada volumen como si de compartimentos estancos se tratara. Todo en The Epic está multiplicado hasta el infinito y esparcido por cada uno de sus recovecos. ¡Y gracias a Sun Ra que está en los cielos! Así podremos perdernos una y otra vez en una obra, no diría que poliédrica, pero sí que inabarcable en su enorme y divina magnitud. Desde ya, uno de los mejores discos de este siglo que no ha hecho más que empezar.

Volume 1 - The Plan
1.1 Change of the Guard 12:16
1.2 Askim 12:35
1.3 Isabelle 12:13
1.4 Final Thought 6:32
1.5 The Next Step 14:49
1.6 The Rhythm Changes 7:44
 
Volume 2 - The Glorious Tale
2.1 Miss Understanding 8:46
2.2 Leroy and Lanisha 9:24
2.3 Re Run 8:20
2.4 Seven Prayers 7:36
2.5 Henrietta Our Hero 7:14
2.6 The Magnificent 7 12:46
 
Volume 3 - The Historic Repetition
3.1 Re Run Home 14:06
3.2 Cherokee 8:14
3.3 Clair de Lune 11:08
3.4 Malcolm’s Theme 8:41
3.5 The Message 11:09

Total: 173:33

Kamasi Washington había amasado una fama jugosa como músico de sesión y colaborador de lujo antes de lanzar su primer álbum. O al menos antes de lanzar su primer álbum con una discográfica al uso, que es este que nos ocupa. Antes se había autoeditado dos discos sin apenas difusión.

Su participación en los momentos más rutilantes que ha dado la música negra en los últimos años fue clave a la hora de encontrar esa transversalidad para la que su música parece haber nacido. To Pimp a Butterfly (Kendrick Lamar, 2015) es la obra más rutilante en la que ha contribuido, pero no es la única. Sus colaboraciones con Flying Lotus, Wayne Shorter o St. Vincent, por nombrar unas pocas, dan fe de lo bien cotizado que estaba su saxo mucho antes de reventar la banca con The Epic.


Esto no le ha impedido echar una mirada al pasado para imbuirse del aliento de los más grandes. John Coltrane habita cada rincón de este álbum y de toda la música del californiano. También Wayne Shorter, Pharoah Sanders, Alice Coltrane, Fela Kuti o ese Sun Ra del que toma su obsesión espacial y nos la vierte, no solo en la maravillosísima portada, sino en unos desarrollos pensados para alcanzar las mismas estrellas. Ya lo sabíamos: Space is the place, pero qué bueno que nos lo recuerden así.

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