Mostrando entradas con la etiqueta jacques brel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jacques brel. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de enero de 2023

Por el derecho a soñar

Le droit de rêver (Jacques Brel, 1977) [BOOTLEG]

CHANSON. Colección de canciones que el belga fue soltando en paralelo a sus discos largos, ya sea en EPs, singles, bandas sonoras. También hay material que no publicó en vida y que sus herederos se han encargado de airear como bonus en diferentes ediciones de su suculenta obra.

Una obra que siempre se ha caracterizado por un esmero inmaculado. Es cierto, Jacques Brel no sacó ni un disco mediocre, pero es que también diría que jamás firmó ni una sola canción siquiera regular. Puedo decir esto después de hacer "la prueba del algodón" con esta colección de descartes, perdonen por llamarla así, la auténtica demostración de que cuando Brel se metía en el estudio para grabar ya tenía muy claro que tenía entre manos algo que valía mucho la pena.

Un motivo más para colocarlo entre los más grandes. Máxime cuando incluso canciones que él consideraba inacabadas, como las cinco que añadieron en 2003 a la edición especial de Brel [Les Marquises] (1977), su último disco, suenan redondas. Aquí habría que discutir lo ético de ir en contra de la voluntad del autor y enseñárselas al público a pesar de sus clarísimas instrucciones, pero lo cierto es que como fan del de Schaerbeek no puedo más que celebrar el hecho de que se nos hayan regalado.

Sobre todo pienso en "La cathédral", una auténtica joya que me gusta colocar como colofón de toda su carrera, como resumen de toda una vida. Una canción que pide uno de esos crescendos con cuerdas marca de la casa y que se ve claramente que no ha alcanzado su total desarrollo, pero que en esos detalles sirve para explicar la partida prematura de este mundo por parte de un artista que todavía no lo había dicho todo y para el que la mayor catedral siempre fueron los mares, la lluvia y el viento. Un artista que, queriéndolo o no, encuentra en esta pieza el mausoleo imponente que su persona requería. Una despedida de oropel para uno de los mayores intérpretes (y compositores) de todos los tiempos.

★★★

  1. La foire
  2. Il y a
  3. La Bastille
  4. S'il te faut
  5. Prière païenne
  6. L'aventure
  7. Voir
  8. Quand on n'a que l'amour
  9. Le prochain amour
  10. Sur la place
  11. Il neige sur Liège
  12. Pourquoi faut-il que les hommes s'ennuient
  13. Quand  maman reviendra
  14. Les amants du coeur
  15. Le moutons
  16. La chanson de Van Horst
  17. L'enfance
  18. Sans exigences
  19. Avec élégance
  20. Mai 40
  21. L'amour est mort
  22. La cathédrale

Total: 71 min.

domingo, 15 de enero de 2023

Le rideau se lève...

En scènes: Enregistrements inédits (Jacques Brel, 1998)

CHANSON. Con Brel pasa que, entre el deseo de hacer caja y el ansia de novedades por parte de una masa de seguidores que quedaron huérfanos demasiado pronto, surge la necesidad de buscar vetas que explotar en una mina prácticamente agotada. Y a falta de canciones inéditas, hay que tirar por el único camino que queda: el de sus recitales.

Un entorno en el que el belga se encuentra como en casa, tal y como demuestra aquí por enésima vez. Y es ese ordinal imposible el que marca la nula pertinencia de una obra que nos ofrece un retrato muy completo al abarcar actuaciones desde 1960 a 1966. Un retrato tan completo como conocido, porque por mucho que se empeñen, poco se puede añadir a lo mostrado en esos dos directos oficiales que el artista sacó en vida. Directos a los que hay que añadirles esa magnífica actuación que dio en Knokke en verano del 63 y que también se nos ofreció cinco años antes de este refrito.

Un refrito fastuoso, no me entiendan mal. Una colección lo suficientemente suculenta como para volver a caer en la trampa. Pero que quede claro para que nadie espere lo que no debe: sorpresas, las justas, y cuando las hay en forma de interpretación innovadora u original ("Le plat pays"), mejor se las podían haber ahorrado. Después de lo que he soltado por la boquita seguro que no me creen, pero una vez más estamos ante un gran disco, fastuoso si me apuran, sobre todo, si no sabes por dónde empezar con el de Schaerbeek. Otra cosa es que, dicho lo dicho y escuchado lo escuchado, al ya iniciado le valga bastante menos.

★★★☆☆

  1. On n'oublie rien
  2. La, la, la
  3. La tendresse
  4. Seul
  5. La valse à mille temps
  6. Ne me quitte pas
  7. Marieke
  8. Le moribond
  9. Les singes
  10. Le plat pays
  11. Rosa
  12. La fanette
  13. Grand-mère
  14. Fernand
  15. Les bourgeois
  16. Le prochain amour
  17. Les bonbons
  18. Madeleine

Total: 61 min.

Les jardins du casino

Knokke (Jacques Brel, 1993)

CHANSON. Jacques Brel da un recital legendario en el Casino de Knokke el 23 de julio de 1963, evento que quedó registrado debidamente y también olvidado en algún cajón. Hasta que a alguien se le ocurrió, oportunista pero bendita idea, sacarlo a la luz con motivo del treinta aniversario del suceso.

No es que ocurra siempre, pero a veces sí que de tan peregrina y egoísta motivación nos acabamos beneficiando todos. Como en este caso, un momento importante para el artista, que hacen muy bien en mostrarnos a unos aficionados que no podremos cansarnos de escuchar su voz jamás. Mucho menos durante esa etapa gloriosa en la que se encontraba en la cúspide de sus habilidades.

Aquí disfrutamos de un Brel que vive las canciones como siempre y como nunca a la vez. Con el problema de que no hay nada nuevo que apreciar si ya conocemos bien las dos obras en directo que sacó en vida, ni por repertorio ni por su amplio pero bien conocido abanico de trucos expresivos. Aun así, es innegable que, como complemento, esta exhumación es más que recomendable. Un discazo en sí mismo, matizable si lo contextualizamos, pero tremebundo como narración de un momento irrepetible. Un momento en el que disfrutar de la plenitud de un artista extraordinario.

★★★

1 Bruxelles
2 Rosa
3 La Fanette
4 Les fenêtres
5 Quand on n'a que l'amour
6 Mathilde
7 Les vieux
8 Le plat pays
9 Le moribond
10 Les bigotes
11 Madeleine
12 Brel parle
 
Total: 76 min.  

Con este tipo de conciertos "históricos" habría que diferenciar entre el acto de escucharlos y el de presenciarlos. Si, como en ese Les adieux à l'Olympia (2005), escuchar al artista ya es emocionante hasta el tuétano, qué decir del hecho de poder verlo en acción en unas imágenes que dan un sentido completo y brutal a lo que suena por los altavoces.

Por supuesto también pasa en el caso de este disco, tal y como podemos apreciar en las imágenes que adjunto arriba. La calidad de la interpretación, casi actoral diría yo, del artista solo puede apreciarse con la combinación de ambos sentidos. Y no tenemos tantísimos documentos gráficos del belga como para desdeñar un video, otra vez, desarmante.

OBRAS RELACIONADAS


 

martes, 10 de enero de 2023

Cuando no seamos más que un nombre

Brel [Les Marquises] (Jacques Brel, 1977)

CHANSON. "En la vida de un hombre hay dos fechas importantes: la de su nacimiento y la de su muerte. Todo lo que hacemos en medio no lo es tanto".

Jacques Brel dice adiós definitivamente con este disco una década después de su despedida oficial de la canción. Una obra que nadie esperaba ya, con el artista devorado por la enfermedad y alejado de la música desde hacía mucho tiempo ya. Demasiado, aunque no tanto como para que el mundo se hubiera olvidado de él. Un millón de copias, nada menos, se prensaron para su primera edición, algo impensable incluso en esos tiempos.

El belga a esas alturas de la película era más un nombre que otra cosa. Un nombre respetado hasta la veneración, pero poco más que eso. Cansado de esperar, su público estaba más pendiente de su maltrecho estado que de otras cuestiones, circunstancias que ayudaron al secretismo que rodeó a un disco con el que Brel, consciente de que le quedaba muy poco tiempo, pretendía ofrecer un testamento musical a la altura de su leyenda. Y lo consiguió con creces.

Aunque cada vez era más reacio a abandonar su retiro en Hiva Oa, en la Polinesia francesa, el cantante hizo una escapada a París, y con medio pulmón extirpado y el otro irradiado grabó su disco más emocionante, poético y profundo. Un canto a la vida desde ese rincón oscuro que se reserva a los condenados. Un álbum que, como digo arriba, estuvo envuelto de un secretismo como no se había visto hasta entonces. Esto incluía entregar las copias promocionales a radios y críticos dentro de cajas de seguridad cuyo código fue revelado a todos a la vez en la fecha prevista para evitar filtraciones de cualquier tipo.

Todo a la búsqueda de la sorpresa que la obra postrera de Brel merecía. Un auténtico regalo para los aficionados, que no podían más que frotarse los oídos ante lo que sonaba por sus altavoces. Una voz cansada, pero poderosa todavía, orgullosa, con ánimo aún para la acidez, pero sobre todo con una sabiduría y una elegancia que le hace entregar un buen puñado de sus canciones más hermosas, emotivas y desarmantes. 

Que un artista en el estado físico de Jacques Brel, y seguramente también mental, sea capaz de firmar cosas como "La ville s'endormait", "Le bon Dieu", "Orly", "Les remparts de Varsovie", "Voir un ami pleurer" o "Les Marquises", entre otras, no me parece normal. Será por eso que este disco sigue alimentando la imaginación de millones de melómanos en todo el mundo sin importar un bledo el idioma en el que esté cantado. Se llama emoción, señoras y señores. Y si no recuerdan bien a qué sabe eso, pónganse esta música hasta fundirse con ella.

 

A1 Jaurès 3:37
A2 La ville s'endormait 4:36
A3 Vieillir 3:42
A4 Le bon Dieu 4:44
A5 Les f... 3:27
A6 Orly 4:20
B1 Les remparts de Varsovie 4:06
B2 Voir un ami pleurer 3:53
B3 Knokke-Le-Zoute tango 5:10
B4 Jojo 3:11
B5 Le lion 3:27
B6 Les Marquises 3:53
Total: 48:06

Los discos de Jacques Brel casi nunca tienen título. Nada más allá del nombre del artista o una cifra. Este no es una excepción, aunque se diferencia en que si hay que buscar alguna pista en su portada, lo llamaríamos Brel, solo el apellido del belga. Con la desnudez del que lo tiene todo atado y bien atado.

De todas formas ese detalle en los álbumes del cantautor nunca ha detenido a público y crítica, los cuales siempre se las han apañado para bautizarlos y diferenciar así a unos de otros. Normalmente se escogía una canción, la primera o la más emblemática del plástico y punto. En este caso este disco es bien conocido como la canción que lo cierra, muy apropiado, ¿no creen? Les Marquises, un título demasiado entrelazado con los últimos años del cantante como para pasarlo por alto.

Brel siempre estará rodeado de una aureola fatalista, tanto por su trágica y temprana muerte como por unas canciones que siempre han bailado alrededor de sentimientos tan profundos que se pierden en la oscuridad. Sin embargo, o precisamente por eso, quién sabe, podemos imaginárnoslo perfectamente en medio del verdor y la fragancia selvática de esas islas paradisiacas donde se fue a morir. Lo que resulta de lo más lógico para un artista que ha celebrado la vida como ningún otro. Vivir no es algo serio ni grave y además es muy malo para la salud, decía. Y lo mejor de todo esto no es que sea verdad, sino ser capaz de entenderlo y asumirlo con deportividad.

Intentando cerrar el círculo

Ne me quitte pas [Jacques Brel] (Jacques Brel, 1972)

CHANSON REVISITADA. Situémonos. Ya en los 70, un Brel totalmente centrado en sus actividades extramusicales se ve presionado por su discográfica para hacer un nuevo disco. En su contrato se fijaba la obligación de entregar un disco por año y ya habían pasado cuatro desde el último.

Con esto trato de explicar el porqué de la maniobra inexplicable que supuso la regrabación de estas canciones. Es de suponer que el belga pasara por el aro por una mezcla de la presión comentada y su poca predisposición para componer material nuevo por aquel entonces. Con la excusa de grabar temas que el artista había registrado con Philips, su discográfica anterior, Barclay, la actual, le vio la punta a un proyecto para el que François Rauber prepararía unos arreglos más contemporáneos.

Una idea horrible por mucho que se adorne. Los resultados darían fe de la aberración que se veía venir, pero no podemos decir que no nos lo esperáramos. No solo es que el disco sea absolutamente innecesario con todas las letras, sino que el empaste entre los nuevos arreglos y un Brel más acelerado y rabioso que de costumbre va de lo dudoso a lo horrible sin eufemismo posible.

La apertura, el clásico de clásicos "Ne me quitte pas", puede pasar, al menos al principio, con esa calma solemne con la que está a punto de dejar en pañales a la original. Si no fuera porque al final la cacofonía con la que embocan la coda nos hace despertar del sueño para no volver a cogerlo a base de cuerdas inmensas, barroquismo pastoral y engolado hasta la arcada y una suerte de elecciones que nadie, ni siquiera François Rauber, podría defender. El propio arreglista afirmó a posteriori que no hay ni un solo tema que pueda igualar a los originales. Si con eso no está todo dicho... Pasen, pasen. Pasen y vean. Luego me cuentan.

★☆☆☆☆

A1 Ne me quitte pas 4:14
A2 Marieke 2:58
A3 On n'oublie rien 3:04
A4 Les Flamandes 2:42
A5 Les prénoms de Paris 2:31
A6 Quand on a que l'amour 3:10
B1 Les biches 4:20
B2 Le prochain amour 4:16
B3 Le moribond 3:19
B4 La valse à mille temps 4:40
B5 Je ne sais pas 3:08
Total: 38:22

domingo, 8 de enero de 2023

Llegando por fin

J'arrive [Jaques Brel] (Jacques Brel, 1968)
 

CHANSON. Llegamos al décimo disco de Jacques Brel. Una obra que, esta vez sí que sí, no iba a presentar en unos escenarios que había abandonado definitivamente apenas un año antes. En su gestación, no hay que negarlo, prima el compromiso contractual por encima de la ilusión y las ganas del artista, algo que no podemos echarle en cara ante su hartazgo y su desencanto por el mundo del espectáculo. Pero lo mejor de todo es que nada de esa fría obligación se percibe en una obra que es una nueva prueba de genio por parte del belga.

Con este disco parece claro que lo funcionarial, el adocenamiento inherente a cierto tipo de burguesía que él había despedazado sin piedad en multitud de ocasiones, no está en su vocabulario. Hay demasiada emoción, demasiada verdad y demasiado compromiso poético en unas composiciones que pretendían ser su despedida definitiva del mundo de la canción más allá de los conciertos. Todavía le quedarían un par de golpes de efecto en forma de musical y de regrabación de grandes éxitos, además de su auténtica despedida casi una década después, pero a estas alturas no creo que el artista tuviera intención alguna de prolongar su producción discográfica más allá de este trabajo, que quizás por eso sepa tan bien.

Ya hacía mucho tiempo que no le quedaba nada por demostrar. Por eso no podemos más que agradecerle que añadiera perlas del calibre de "J'arrive", "Vesoul" o "Je suis un soir d'été" a un rosario tan pesado, tan henchido y tan inmenso que no hay nadie en este mundo que se lo pueda colgar al cuello. Simplemente inalcanzable.

★★★★☆

A1 J'arrive 4:40
A2 Vesoul 3:03
A3 L'Ostendaise 4:50
A4 Je suis un soir d'été 4:04
B1 Regarde bien petit 4:36
B2 Comment tuer l'amant de sa femme quand on a été élevé comme moi dans la tradition 2:35
B3 L'éclusier 4:15
B4 Un enfant 3:38
B5 La bière 3:08
Total: 34:49

viernes, 6 de enero de 2023

Au revoir, monsieur!

Les adieux à l'Olympia (Jacques Brel, 2005) [VIDEO]

 

CHANSON. Increíble. Imprescindible. Esencial. La verdad es que cuesta encontrar calificativos que puedan describir la magnitud de esto. Aquí se ve por qué Brel está considerado como "el mejor cantante de todos los tiempos" por más de uno, servidor a la cabeza. Tras presenciar tamaña demostración, puedo afirmar que el título no es gratuito. 

Aquí podemos ser testigos directos de esa leyenda que dice que el belga no solo canta con la garganta, sino con todo el cuerpo. Se desgañita, salta, gime, llora, baila (o algo así), y nos regala todo un repertorio de gestos y muecas que subrayan lo que nos está contando en unas canciones eternas. Los saltitos tontos en "Le cheval", los movimientos metronómicos de su brazo marcando el crescendo de "Fils de", que hacen que parezca que la música sale de ellos, la emoción a flor de piel que transmite en la interpretación de "Les vieux", o el ruido casi obsceno al sorber la sopa fría en "Ces gens là" son solo algunos de los momentos memorables de este concierto. 

En cuanto a la puesta en escena habría que decir que sobrecoge. Jacques con traje negro y camisa blanca y un foco (los músicos están en las tinieblas durante la mayor parte de la película). Nada más. Parquedad estética que hace más ancha la grieta que la separa de la enorme exuberancia emocional del recital. Porque él sabe de qué va esto, de sentimientos y de dejarnos con el corazón en un puño. Después de esta demostración nos dejaría huérfanos de su arte sobre las tablas, pero al menos su despedida quedó inmortalizada para la posteridad para poder enseñársela a los que vendrán detrás. Por siempre jamás.

 

1 Le cheval
2 Fils de
3 Jacky
4 Le gaz
5 Les vieux
6 Les bigotes
7 Mon enfance
8 Mathilde
9 Ces gens là
10 Amsterdam
11 Les bonbons 67
12 Jef
13 Au suivant
14 Le plat pays
15 Madeleine 
 
Total: 61 min.

No se puede decir que Brel lo dejara por agotamiento, al menos no artístico. Pleno de inspiración y entregando sus mejores obras, después de una actuación en Laon a principios del verano de 1966 fue cuando tomó la decisión de retirarse. El motivo, la repetición maquinal de un pareado, un error nimio que para él fue demasiado. Ante el pavor de convertirse en un mono que repite el mismo truco perdiendo la honestidad que lo hacía vivir sus canciones como ningún otro, decidió que lo dejaba.

Y así lo hizo. Menos de un año después dio su último concierto en Roubaix una vez que saldó todos sus compromisos contractuales y cumplió su palabra de no volver a pisar la escena salvo para poner en marcha su adaptación del musical L'homme de la Mancha poco después. Esto y unas cuantas intervenciones como actor y director en el cine fue lo más cerca que estuvo de un escenario desde ese momento. Eso que nos perdimos, aunque no se puede negar que a íntegro nadie gana al de Schaerbeek.

miércoles, 4 de enero de 2023

A los hijos de los hombres

Jacques Brel 67 (Jacques Brel, 1967)

 

CHANSON. Después de un tiempo estrenando el formato del LP de 30 cm. de diámetro a base de recopilar canciones ya publicadas en otros discos y formatos, Brel saca su primera obra con canciones nuevas directamente en ese tipo de vinilo. No era este un disco que el cantautor sacara con la intención de defenderlo en directo, habiendo anunciado su retirada de los escenarios el año anterior, aunque sí que lo acabó presentando en sus últimos recitales hasta esa actuación en Roubaix el 16 de mayo de 1967, la cual supondría su despedida definitiva de la escena.

Y no es de extrañar que así lo hiciera, dada la calidad de estas composiciones postreras. Jacques va ultimando compromisos contractuales con la profesionalidad y el buen hacer que siempre le caracterizaron. Tanto en este disco como en los pocos que le faltaban por hacer, queda claro que una cosa es que no pueda seguir actuando "como un mono" mientras siente que empieza a engañar a su público y otra muy distinta que esté seco de inspiración o que vaya a entregar un disco hecho de cualquier manera. Eso nunca sería algo que se le pudiera achacar al autor de "Amsterdam".

Por tanto, ¿qué más podemos añadir? Que su noveno álbum es una nueva muestra de genio, de templanza, de literatura en estado puro. Que los arreglos continúan la línea mayestática que habían ido siguiendo sus escuderos de lujo, Rauber y Jouannest, incluyendo el empleo de un moderno piano eléctrico, que pocos veíamos posible dentro de los cánones del belga ("À jeun"). Y que su capacidad para tocarnos en los más profundo sigue intacta. Ahí están esas "Mon enfance", "Fils de...", "Mon père disait", "La chanson des vieux amants" o "Le gaz" para dar fe de eso. Sin olvidar las caricaturas salvajes que nadie ha realizado como él, "Le cheval" o esa respuesta a su clásica del 64, "Les bonbons 67", a la cabeza. Brel dialogando consigo mismo, llegando a acuerdos y descubriendo rincones secretos de su ser que nadie podría encontrar jamás. Gigantesco, monumental. No puede haber dudas al respecto. Se fue en la cumbre, tan arriba, que nadie podía soñar con alcanzarlo.

★★★★

A1 Mon enfance 5:35
A2 Le cheval 3:06
A3 Mon père disait 3:03
A4 La la la 4:07
A5 Les cœurs tendres 3:27
B1 Fils de... 3:46
B2 Les bonbons 67 2:54
B3 La chanson des vieux amants 4:27
B4 À jeun 3:32
B5 Le gaz 2:51
Total: 36:48

lunes, 2 de enero de 2023

Ascensor para el cadalso

Ces gens-là (Jacques Brel, 1966)

CHANSON. En el octavo Brel hace cumbre. Una afirmación que no se puede hacer a la ligera a la vista de la altura de sus hazañas anteriores, pero que lanzo al aire sin miedo y con la convicción del que tiene a la razón de su parte. No hay que ser muy espabilado. Basta con meterse de lleno en la canción que le da título de manera oficiosa para darse cuenta, no solo de que Brel ha alcanzado un nivel indescriptible como compositor, sino de que el dúo arreglístico que forman Rauber y Jouannest alcanza una maestría que parece difícil de superar. Así de epatante es esta historia de desesperación por un amor imposible orquestada bajo el influjo del mejor jazz. Sí, estoy pensando en John Coltrane y su expansivo y sagrado A Love Supreme (1964). Y no creo ser el único al que le pasa.

Pero eso es solo el principio. Todavía quedan maravillas mayúsculas como la euforia fronteriza de corte centroeuropeo que es "La chanson de Jacky"; la emotiva y cuasi divina "Jef"; la enérgica en su negrura "Tango funèbre"; la saltarina y pastoral, jeje, "Les bergers"; la absoluta y casi western "Mathilde", auténtico molde y arquetipo del cancionero breliano; la más que condenada e inexorable "Fernand"; o el trío final, menos conocido, pero auténtico resumen viviente de las habilidades y obsesiones del de Schaerbeek. Una colección de diez temas que podrán haber sido publicados en discos diversos como Mathilde (1964) o Jacky (1965), anticuados 33 revoluciones de 25 cm., pero que al ser reunidos aquí, en un más moderno disco de 30 cm., no solo actualizan el formato, sino que parecen encontrar su hogar definitivo.

Demasiadas razones como para obviar la evidencia de que estamos ante el, más que posiblemente, mejor álbum del belga. El más completo, el más sólido y el más emocionante. Después llegarían cumbres parecidas al abrigo de otras vivencias y otras circunstancias, pero este Brel que ya empezaba a cansarse de ser el mono que repite el mismo truco una y otra vez, se acerca a la culminación de esos quince años de amor que agradecería entre ovaciones inextinguibles en su despedida de los escenarios apenas un año después. No puedo decir que se atisbara tal desenlace a la escucha de estas canciones. No a simple vista. Si nos hundimos en ellas, sí que percibiremos su aroma mortuorio como una sentencia que alguien dejó olvidada en un cajón. Una sentencia de la que parece reírse a carcajadas mientras apura su vaso a tragos largos. Él, que solo quiso ser la sombra de sus canciones, consiguió al final disolverse en ellas a base de intentarlo una y otra vez.

★★★★★

A1 Ces gens-là 4:38
A2 Jef 3:35
A3 Jacky 3:25
A4 Les bergers 2:44
A5 Tango funèbre 2:43
B1 Fernand 5:14
B2 Mathilde 2:35
B3 L'âge idiot 3:43
B4 Grand'mère 3:39
B5 Les désespérés 3:48

Total: 36:04

Este iba a ser el último disco de Jacques Brel pensado para ser interpretado en directo. Fuera consciente de ello durante la grabación de estos temas o no, lo cierto es que tanto él como todos los implicados en la creación de estas canciones echaron el resto como hacen los enfermos terminales al ver el fin cerca. 

Cuatro de ellas son de 1964 y las otras seis de 1965, pero parece que su agrupamiento y su edición bajo el paraguas de esa maravillosa foto de portada les acaba de dar la entidad que siempre habían merecido y que el caos no había sido capaz de otorgarles.

DISCOS RELACIONADOS


 

viernes, 30 de diciembre de 2022

Porque las flores son perecederas

Les bonbons [Jacques Brel] (Jacques Brel, 1966)
 

CHANSON. Este disco, junto con el posterior, viene a poner orden en el pequeño lío discográfico que se montó Jacques Brel entre el 63 y el 64, sin duda, una de sus mejores épocas, ya que alumbró un puñado de clásicos eternos con los que acabó de dar forma a ese arte escritural e interpretativo que estaba desarrollando. Dichas canciones fueron publicadas en álbumes diversos, en diferentes formatos y combinaciones, aunque el tiempo y las reediciones (integrales incluidas) han acabado poniendo a este álbum y al ya mencionado Ce gens-là (1966) como los receptáculos canónicos del material elaborado en esos años. ¿Pueden considerarse por tanto recopilatorios? En cierta forma, ya que no hay material realmente inédito en el disco que nos ocupa, aunque al ser la primera plasmación definitiva de esas canciones en los recientemente inventados 33 revoluciones, más bien los veo como los cuadros definitivos después de unos cuantos bocetos.

En cualquier caso, el gozo que produce el, digámoslo sin miedo, séptimo álbum de Jacques Brel está fuera de toda duda. Apenas seis minutos después de sumergirnos en él ya tenemos la sensación de que estamos ante un giro de tuerca en cuanto a elegancia y sentimentalismo. Una cualidad, esta última, tomada en el buen sentido, en el de la emoción curada por el frío y el fuego lento de la atemporalidad. Y una cualidad que queda resaltada por el trabajo superlativo de Rauber y Jouannest, sus eternos lugartenientes, en las orquestaciones.

Está clarísimo. No hay más que dejar reposar estas canciones, dejar que nos invadan el torrente sanguíneo, para darnos cuenta de que Brel ha dado un paso de gigante en esta primera mitad de los 60. Aquí se nos revela un autor vivo y coleante que sigue encontrando nuevas formas para su poesía. Dentro de su estilo sin prisioneros consigue aumentar la intensidad de sus caricaturas. Inolvidable el cuadro deformado con el que ataca a las beatas de manual ("Les bigotes"), más aún ese relato absolutamente descarnado en el que nos enfrenta a todos y cada uno de nosotros con el inexorable paso del tiempo ("Les vieux"), y no me quiero dejar ese desencanto punzante que parece teñido de algo de misoginia ("Les filles et les chiens"), pero que no es tal y acaba siendo una auténtica declaración de amor. Piezas maestras, en definitiva, que dejan claro el nivel en el que se mueve el cantautor. Pues eso, estratosférico.

★★★★

A1 Les bonbons
A2 Les vieux
A3 La parlote
A4 Le dernier repas
A5 Titine
A6 Au suivant
B1 Les toros
B2 La fanette
B3 J'aimais
B4 Les filles et les chiens
B5 Les bigotes
B6 Les fenêtres

Total: 39 min.

Nos podríamos detener en mil sitios con este disco, pero si he de elegir algo que me llame la atención poderosamente, tengo que hablar de "Les bigotes". Una nueva muestra de esa misoginia que sobrevuela más de un texto del belga. Por mucho que lo explique, despedazar a las beatas de esa forma, haciendo hincapié en el género del retratado no puede sonar bonito en nuestros tiempos.

Lo cual no deja de ser un poco pusilánime y tontorrón por nuestra parte. Ya lo explicó en su momento. Todos podemos ser "beatas" en un momento dado. Más que a las viejas que se arrodillan y se santiguan vehementemente cada día, se refiere a toda persona que no arriesga, a todos aquellos que siguen una ideología sin cuestionarse nada, como esclavos, dejando su espíritu crítico en un reposo letal.

Está claro, ¿no? Podría haber usado otro término, dirán algunos/as. Pero, pensémoslo bien. Tanto en su época como en la nuestra, ¿se entendería el mensaje si habláramos de "beatos" así en general? ¿Hay otra figura universal, masculina incluso, que represente mejor esa idea? ¿No es la figura femenina en este caso, y seguro que no por su culpa, la que se ajusta al perfil que pretende retratar? Lo siento muchísimo. El que no lo vea claro no va a poder disfrutar de la canción, y eso sí que es una pena. 

(En la imagen: Las beatas (Oswaldo Guayasamín, 1941))

DISCOS RELACIONADOS