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viernes, 17 de julio de 2026

Desde el corazón del frío


"I am writing this on a strip of white birch bark
that I cut from a tree with a penknife.
There is no other way to express adequately
the immensity of the clouds that are passing over the farms   
and wooded lakes of Ontario and the endless visibility   
that hands you the horizon on a platter."

(Billy Collins, Canada)

No es fácil describir con palabras la inmensidad y el peso infinito que tiene la naturaleza en el paisaje canadiense. Un paisaje forjado a base de viento y nieve en el que el hombre no acaba de ser bienvenido. No hay más que echar un vistazo a la densidad de población del enorme país norteño para darse cuenta de que nos hemos empeñado en vivir en territorio hostil.

Toda esta lucha eterna contra los elementos, toda la belleza de Canadá ha sido material inspirador para poetas y cantantes a través de los escasos siglos de su historia como país. Y todo eso se ha volcado en el cancionero popular con una potencia que ni siquiera la influencia todopoderosa de sus vecinos del sur ha podido opacar.

He aquí una selección magra, seguro que incompleta, y siempre cambiante de obras destacadas que merecen un hueco en el altar de los más grandes. No solo del país al norte del norte de América, sino casi de la historia mundial.

 

(Clic en las portadas para más información)

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10 Virgins (Tim Hecker, 2013) 
 
9 Slow Riot for New Zero Kanada (Godspeed You! Black Emperor, 1999)
 
8 The Trinity Sessions (Cowboy Junkies, 1988)
 
Oar (Alexander 'Skip' Spence, 1969) 

  
 
Miss America (Mary Margaret O'Hara, 1988)
 
5 Music from Big Pink (The Band, 1968)
 
4 Bach: The Goldberg Variations (Glenn Gould, 1956)

 
 
3 Blue (Joni Mitchell, 1971)
 
Rust Never Sleeps (Neil Young, 1979)


✠✠✠

 

1 Songs of Leonard Cohen (Leonard Cohen, 1967)


Hoy ha muerto Leonard Cohen. No podría haber escogido un día más triste para poner este disco. No podría haber elegido un momento peor para escribir sobre él. ¿Y qué más da? ¿Puede haber un buen momento para hablar de la obra maestra de un artesano como este? ¿Puede vencerse el miedo a no llegar jamás, a no poder alcanzar ni una micra de su poder con palabras incapaces? Eso es todo lo que la mayoría tenemos a su lado. Al lado de la grandeza de versos gigantescos adornados con la elegancia de lo mínimo, aventados con la grandeza de una voz verdadera y brutalmente seca. Nada en este disco está pensado para reconfortarte. Nada aquí está pensado para curar, pero consigue ambas cosas.

El debut de Leonard Cohen no llegó tarde. Llegó en el momento justo. Tras una reputada carrera como poeta y novelista, el canadiense decide lanzarse al vacío de poner música a sus palabras. Y no importó que estuviera ya granaíco, con 32 años, edad algo tardía para iniciarse en la implacable industria musical. Lo suyo era algo diferente a la superficialidad pop. Su culto al cuerpo se centraba en la idolatría de la feminidad por encima de todo, del arte por encima de otras consideraciones. Su culto a la mujer, al amor y todas sus ramificaciones le impulsó siempre a la hora de escribir algunas de las mejores canciones de la historia.

Bastantes de ellas están aquí, en su debut, en uno de los mejores discos que se hayan grabado jamás, un tratado en primera persona sobre la pasión, que apabulla por su repertorio, por lo espartano y lo preciso de sus arreglos y, cómo no, por su lírica arrebatada y perfecta. Todas las canciones de este estreno conforman el puzzle definitivo del jardín de las delicias. Quizás el trío formado por "Suzanne", "Sisters of Mercy" y "So Long, Marianne" sea el más llamativo y el que la mayoría del vulgo conozca, pero sería un craso error no reparar en las maravillas que deparan "Master Song", "The Stranger Song", "Hey That's No Way to Say Goodbye", o ese devastador terceto final que te aniquila. Estas canciones se quedan con algo tuyo cada vez que suenan. Algo que jamás te van a devolver.

Sí, hoy ha muerto Leonard Cohen y estoy triste. Hoy ha muerto uno de los artistas que más me han enseñado. Uno de esos que creemos conocer tan bien como a un amigo, aunque no tengamos ni idea, porque creemos que se vuelcan en sus canciones. Y quiero creer que esta vez es verdad y que lo conozco como pienso. A él sí. A este disco sí. Por una vez no puedo estar equivocado.

... Y DIEZ MÁS

Sin orden ni concierto, sin jerarquías más allá del frío orden cronológico, añadimos diez referencias más. Diez álbumes casi tan ineludibles como los de arriba. Discos en los que pecamos de algo repetitivos con unos artistas tan mastodónticos que no me han dejado demasiado espacio para novedades ni jovenzuelos. Un error de bulto, sin duda, pero ahora mismo no consigo resistirme a los encantos de unos artistas y unas obras absolutamente devastadoras. Lo corregiremos en ediciones futuras, pero por ahora, compréndanlo, por favor.

    

  • After the Gold Rush (Neil Young, 1970) 
  • Songs of Love and Hate (Leonard Cohen, 1971)
  • Court and Spark (Joni Mitchell, 1974)

     
  • On The Beach (Neil Young, 1974) 
  • I'm Your Man (Leonard Cohen, 1989) 

    

  • Ragged Glory (Neil Young & Crazy Horse, 1990)
  • You Forgot It in People (Broken Social Scene, 2002)
  • Kaputt (Destroyer, 2011)
  • Miss Colombia (Lido Pimienta, 2020)
  • Vol. II (Angine de Poitrine, 2026) 

 

 FUERON LOS MEJORES...

   

  • The Band (The Band, 1969)
  • Songs from a Room (Leonard Cohen, 1969)
  • Zuma (Neil Young & Crazy Horse, 1975)
  • Art Angels (Grimes, 2015)

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