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lunes, 30 de junio de 2025

La tierra de Oz

Australia es otro mundo. Su inmensidad y su aislamiento geográfico así lo han sugerido siempre. Y con razón. Se pueden imaginar que en la música no iba a ser una excepción a la hora de tener el caldo de cultivo perfecto para una escena totalmente diferente a todo lo que nos podamos imaginar. Escena que bebe los aires anglosajones de sus conexiones británicas y norteamericanas, pero que pasa por el tamiz inexplicable de los pantanos, los desiertos y las playas interminables y llenas de peligros de este país que es más bien un continente.

Aquí he intentado incluir lo que más me ha motivado siempre de la música popular de esas tierras, aunque sin olvidarme de sus vecinos neozelandeses y de cualquier artista de eso que llamamos Oceanía, aunque aún no conozco a nadie fuera de esos dos países digno de engrosar esta lista. Todo se andará, pero he aquí lo más jugoso de una escena en la que gobierna el rock más crudo sin olvidarnos de otras sonoridades más amables o experimentales, las cuales irán mutando y ganando en variedad conforme los años me dejen adentrarme más y más en este mundo tan desconocido y tan adictivo. Pasen y vean... El rock de la tierra de Oz.

 

(Clic en las portadas para más información)

 

   

10 Prayers on Fire (The Birthday Party, 1981)

9 Eternally Yours (The Saints, 1978)

8 Since I Left You (The Avalanches, 2000)

7 Kaleidoscope World (The Chills, 1986)

 

   

6 Sour Mash (Beasts of Bourbon, 1988)

5 Liberty Belle and the Black Diamond Express (The Go-Betweens, 1986)

4 Calenture (The Triffids, 1987)

 

 

3 Wild God (Nick Cave & The Bad Seeds, 2024)

2 Radios Appear (Radio Birdman, 1977)

 

✠✠✠ 

 

1 Highway to Hell (AC/DC, 1979)

No sé en cuántas listas he colocado este disco. Tampoco me extraña. Ya hablemos de hard rock, de lo mejor de los 70, de lo mejor de Oceanía o de lo mejor de la historia, AC/DC tiene que estar ahí en un puesto de honor. Y con este disco. Olvídense de poner el Back in Black (1980) o cualquier otro. No es que este último esté mal, que por supuesto que no, es que el alcance, la perfección y la contundencia de Highway to Hell lo opaca absolutamente todo.

"Girls Got Rhythm", "If You Want Blood", "Beaten Around the Bush", "Touch Too Much", "Night Prowler"... incluso la canción titular de la que no nos hartamos por mucho que nos machaquen con ella... Son demasiados motivos como para negarse a revisitar una y otra vez una obra gigantesca y totémica, mayúscula y absolutamente aplastante. Rock and roll, hard rock, blues rock... Lo que quieras, pero por mi parte llevo este disco tan dentro que no voy a poder despegármelo mientras viva. ¡Alabado sea Dios!

 

 ... Y OTROS DIEZ MÁS

 

    

  • Let There Be Rock (AC/DC, 1977) 
  • (I'm) Stranded (The Saints, 1977)
  • Born Sandy Devotional (The Triffids, 1986) 
  • Your Funeral... My Trial (Nick Cave & The Bad Seeds, 1986)
  • Kick (INXS, 1987) 

 

    

  • Frogstomp (Silverchair, 1995)
  • Gala Mill (The Drones, 2006)
  • Grinderman (Grinderman, 2007)
  • Sometimes I Sit and Think and Sometimes I Just Sit (Courtney Barnett, 2015)
  • Currents (Tame Impala, 2015)

sábado, 21 de febrero de 2009

"Australia" o el exceso de lo clásico

(clic)
La última de Baz Luhrmann es una película que satisface solo a medias. El comienzo te apabulla y te obliga a observar sin parpadeos por su atropello y su ritmo frenético. ¿A qué me suena esto? Si parece un poco... Sí, es el mismo director de Moulin Rouge, me dicen. Ahora me lo explico todo. O eso creía yo, porque conforme va avanzando, la película empieza a dejar un tufo a batiburrillo que no me acaba de convencer. Se le podrá llamar "homenaje excelso a los clásicos" pero yo lo que veo es un uso excesivo de los recursos y las situaciones que remiten al cine de relato épico (véase Lo que el viento se llevó), con retazos del buen salvaje de Rousseau (véase El libro de la selva) Eso entre muchas otras referencias que, según muchos críticos, suman en el conjunto. Mi humilde opinión de aficionado es que, aunque entretenida e interesante, viene lastrada por un sentimentalismo que trata de ser ultramoderno y se queda en poca cosa (véase todo el rollo del niño aborigen)

Al final nos quedamos con retazos de denuncia y cachitos de amor, con una Nicole Kidman que muestra su amplitud de registros y con un Hugh Jackman correcto y eficaz. Ah, y con un sabor de boca agridulce que puede tirar para lo sabroso si tenemos en cuenta que, a diferencia de Moulin Rouge, aquí no cantan.