Los recopilatorios, esos discos que a todos parecen gustarnos, pero que al final no nos satisfacen en absoluto. O acaban siendo redundantes o tienen huecos inmensos en su selección o simplemente no añaden nada a lo que ya sabemos de nuestros artistas favoritos.
Sin embargo, hay veces en las que los recopilatorios se convierten en necesarios, atractivos o incluso fundamentales en nuestra colección. Son esos extraños artefactos que cumplen alguno de estos requisitos (en los mejores casos, varios de ellos):
- Representan a la perfección todo lo que necesitamos del artista en cuestión. Esto suele pasar cuando el artista no es de los que factura álbumes redondos gastando todas sus fuerzas en los singles y poco más.
- Recogen una etapa importante del artista o son integrales en el caso de que este no grabara LPs por pertenecer a una época en la que simplemente no se hacía eso o porque no llegó a tener la pujanza necesaria para que le dejaran hacerlo.
- Completan huecos indispensables en la discografía del artista en cuestión. Ya sea en forma de caras B o de rarezas no editadas en sus discos oficiales, la calidad de estas canciones hacen ineludible la cita con la compilación de las mismas.
Habrá más motivos, pero creo que estos son los fundamentales a la hora de encumbrar a una colección de grabaciones sin hogar al altar que solo pueden ocupar los trabajos más fundamentales e inmarcesibles de nuestro catálogo de favoritos. Los otros, los más normalitos, los que buscan hacer caja, también pueden disfrutarse, pero enseguida nos damos cuenta de que son otra cosa. Chucherías que nos hacen pasar el rato, pero que no merecen ese lugar especial en el corazón que todos estos sí que se han ganado a base de bien.
(Clic en las portadas para más información)
4 Singles Collection: The London Years (The Rolling Stones, 1989)
3 The All Time Greatest Hits (Elvis Presley, 1987)
2 40 Greatest Hits (Hank Williams, 1978)
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El big bang estallando en tus oídos en un glorioso disco doble que glosa el poder y la gloria del rock 'n' roll. El inicio, la matriz, el origen de un sonido que ha dominado la música popular desde su surgimiento. Y si esta no es su partida de nacimiento poco le falta. Chuck Berry fue decisivo a la hora de dar forma a todo este rollo. Si no fue el único sí que fue el más importante. Que me perdonen Elvis y Little Richard, Fats Domino y Bo Diddley.
Berry dominó y definió todo lo que debía tener un músico de rock. El apartado compositivo con temas afilados como cuchillas. La inclusión de esos solos demoníacos. El aspecto gestual y guasón que copiarían tantos y tantos guitarristas y frontmen futuros. Y no olvidemos las letras, livianas y llenas de sentido en su hedonismo. Un cóctel que apelaba al instinto y a lo atávico del ser humano. Una combinación en la que la jeta se antepone a lo intelectual, lo espontáneo a lo pomposo. Todos podéis hacerlo, parecía decir. Y aún así cualquiera se daba cuenta de que esa maestría no estaba al alcance de cualquiera.
Estas veintiocho canciones son un contenido mínimo en cualquier currículum que pretenda glosar las enseñanzas del rock. Ellas solas componen un temario imprescindible para todo el que pretenda saber de qué va esto. Imparten magisterio pero a la vez son una gozada por mucho tiempo que pase. No hay lugar para la duda. Todo un monumento a la música popular en cualquiera de sus vertientes. Después de esto nada volvería a ser igual. ¡Cágate Beethoven, lo tienes crudo!
... ¡Y 20 MÁS!
Y para seguir la fiesta, porque diez siempre van a ser pocos, añadimos otros veinte que podían haber estado aquí perfectamente. Sin órdenes ni jerarquías más allá de lo cronológico. Para seguir disfrutando... ¡Y que no pare!
Genius of Modern Music Vol. 1 & 2 (Thelonious Monk, 1951-52)
Smash Hits (The Jimi Hendrix Experience, 1968)Battiato (Franco Battiato, 1986)



























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