
FLAMENCO. "Cuando canto, la boca me sabe a sangre". Palabras crudas y gráficas que se le atribuyen a Ana Blanco Soto, Tía Anica la Piriñaca para el arte. Una afirmación que puede sonar a hipérbole hueca y efectista, pero que si escuchas lo que hace la jerezana con su garganta, entenderás que no hay más que verdad en ella. Con su garganta, con su cuerpo y con su alma. Todo eso pone en juego esta señora a la hora de enfrentarse a los cantes más serios y jondos del flamenco.
Una actitud que la hace una artista seminal, un ejemplo a seguir para las generaciones posteriores. Y pensar que estuvimos cerca de perdernos todo este derroche de fuerza y sentimiento. Porque, aunque ya desde pequeña Ana cantaba en las labores del campo, no pudo hacerlo en público hasta que enviudó a principios de los años 50 del siglo pasado. Su marido nunca le había permitido cantar sobre un escenario, cosa que empezó a hacer tras la muerte de este, cuando ella ya superaba la cincuentena.
Más vale tarde que nunca, dicen, algo que aquí se ve clarísimo. Curtida en los cantes más graves y densos, destacó en las soleares y, sobre todo, en las seguiriyas, con una maestría que le permitía parar el tiempo y silenciar cualquier auditorio na más abrir la boca. Esa boca que, cuando cantaba bien, le sabía a sangre. La sangre de las heridas más dolorosas de un pueblo, el gitano, perseguido y denostado por los siglos de los siglos. Las heridas del alma humana, en realidad, puestas en primer plano por parte de una cantaora entreverá, hija de gitano y paya. Todos esos ecos resuenan en esta música.
En definitiva, lo que quiero dejar claro es que el alcance de las capacidades y el arte de Ana Blanco Soto nunca podrá ser sobrevalorado. Muy al contrario, todo lo que escuchamos, toda esa afinación rústica pero firme, todas esas grietas de pura autenticidad en su voz hay que multiplicarlas por el hecho de ser mujer, mestiza y de empezar a darse a conocer en una ya avanzada mediana edad. Circunstancias que hacen todavía más valioso el respeto reverencial que ha podido amasar la jerezana, la cual recibió numerosos homenajes en vida, una calle en Bormujos (Sevilla) y hasta un libro de memorias por parte del prestigioso periodista experto en flamenco, José Luis Ortiz Nuevo.
Tributos que nunca serán suficientes, porque estamos ante una grande entre los grandes. Ha tenido que llegar una disquera francesa para reunir estos cantes en un CD de una hora de música esencial para disfrutar y aprender. Cantes en los que no hay diversión ni en las bulerías. Cantes señeros, densos, abisales y escarpados que nos llegan frescos y como arrancados de su alma de raíz. Sin anestesia ni ornato alguno. Para que todo quede revelado de repente, en cuanto nos damos cuenta de que a nosotros también nos huelen a sangre.
★★★★☆
1 Qué desgracia es la mía (Siguiriyas del Marrurro y el Loco Mateo) 7:12
2 Qué malina era tu mare (Soleares) 3:59
3 Por cumplir con Dios (Martinetes) 3:12
4 Qué fatiguita tengo (Bulerías de Jerez) 3:30
5 Y siente tú mi fatiga (Siguiriyas) 1:54
6 Soleares de Jerez 3:52
7 Guárdalo, que es bueno (Aloreas bajo Andaluces) 3:03
8 Comparito mio cuco (Siguiriyas Jerezanas) 5:32
9 Me están dando ententaciones (Soleares) 6:58
10 Un mo de mirar (Bulerías) 4:10
11 Soleá de Juaniquín de Lebrija 3:58
12 Siguiriyas de José de Paula de Jerez 3:05
13 En la casita de los pobres (Tientos) 2:55
14 Santiago es lo mejor - Por usted doy la vía (Bulerías) 6:55
Total: 60:15
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