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martes, 28 de abril de 2009

tótem #5: el silencio de dios


Título: El séptimo sello (Det sjunde inseglet)
Director y guionista: Ingmar Bergman
Año: 1957
Duración: 96 min.


Bergman es lo que tiene. Te engancha como a un tontito. A poco que te intereses por la imaginería y el pensamiento de este creador tan personal quedarás prendado para siempre de su mundo negro y sus obsesiones primarias, desoladoras, enormes. Está claro que nunca se le ha considerado un optimista. Eso queda palpable con películas de la negrura de "El séptimo sello". En ella se nos acerca a un momento histórico en el que la muerte caminaba por la tierra invadiendo todos los ámbitos de la vida cotidiana. Me refiero a la gran plaga, la peste negra que asoló Europa en el siglo XIV. Parece un momento idóneo para lanzarse al carpe diem feroz, aunque para Bergman es mejor para hacerse las preguntas de siempre. El caballero cruzado (un enorme Max Von Sydow) trata de engañar a la muerte en una partida de ajedrez que solo sirve para alargar lo inevitable. Mientras, atraviesa aldeas e iglesias invadidas por el miedo cegador de un cristianismo castrante que ve en la epidemia una oportunidad única de aumentar su poder a través del miedo a la condena. En este ambiente de pensamiento único destaca el pensamiento lúcido, libre y despreocupado de Juan, el escudero. Un hombre rudo con mucho más que decir de lo que parece a simple vista. Es la sencillez del hombre salvaje. La bondad real por encima de la que predican los charlatanes.

¿Qué hay después? Es la pregunta desesperada del caballero. Nadie puede contestarle. Ni Dios, ni Satán, ni la misma Muerte. En su partida desesperada consigue algo más que alargar su agonía. Consigue distraer a la parca mientras José y María, la pareja de alegres comediantes, escapan con su hijo Miguel. Todo un regalo que asoma en la forma de la dosis de alegría y esperanza mínimas a las que Bergman nos acostumbra. Cuando todo está negro y los ángeles tocan las trompetas del apocalipsis aún queda un hálito de esperanza representado por estos tres personajes que parecen sobrevivir a una humandad corrompida y llena de miedos y odios. Parece que al fin y al cabo hay un futuro.

jueves, 16 de abril de 2009

tótem #2: "el mal rompe sus cadenas y corre por el mundo como un perro enloquecido"


Título: Fanny y Alexander (Fanny och Alexander)
Director: Ingmar Bergman
Año: 1982
Duración: 188 min.

Fanny y Alexander es una obra nostálgica y amarga. Toda su ambientación, su discurso y su lento discurrir es pura poesía en movimiento. Sentimientos poderosos sacados a la luz y ocultos en los oscuros recovecos del alma. Es un enfrentamiento del hombre con un Dios injusto. Un enfrentamiento entre la calidez navideña de los tonos rojos del hogar de los Ekdahl y el blanco impávido, severo y gélido del "palacio" episcopal. Un enfrentamiento entre la alegría de la promiscuidad socialmente aceptada y la inversión sexual oculta y esbozada. Bergman sigue sin ofrecer respuestas a sus preguntas pero eso no hace más que aumentar el deleite que proporciona su creación postrera.

Recuerdos cálidos y agrios sobre la muerte, el amor y la disciplina férrea capaz de atormentar y mostrar cómo desaparece la delgada linea entre el amor y el odio.

Alexander ve el fantasma de su padre muerto. Si a Hamlet le reveló el nombre de su asesino, a Alexander no parece ofrecerle solución a sus preguntas, tan solo un pequeño alivio en la oscuridad de una vida que tiene que empezar a vivir con su hermana, su madre y un padrastro que lo ama no con "un amor ciego ni atolondrado", sino con uno "rígido y fuerte". Al final, también se le aparece el fantasma del obispo con su pesada cruz al cuello. "No te librarás de mí tan fácilmente". Está claro, siempre queda la esperanza, aunque no podemos esperar que esta dure mucho. Como mucho, un ratito en medio de la noche, perdidos en el taller de títeres de un prestidigitador mefistofélico. O tal vez alimentando la imaginación con las historias que dibuja en la pared una linterna mágica. O puede que durmiéndonos mientras la abuela nos recita un poema. Un instante para atesorar.

Curiosidades

- La acción se desarrolla en Uppsala, ciudad sueca de relativa importancia, o en una basada en esta ciudad.
- En su origen el proyecto fue concebido como una serie para televisión. Esta dura 312 min. y se divide en 5 capítulos. Ni que decir tiene que contiene escenas que, aunque no la he visto, estoy seguro que aclararán las elipsis de la película.