Su éxito no fue instantáneo. La acogida de su primer single "Opportunities (Let's Make Lots of Money)" fue algo tibia. Sería su segundo intento con ese estratosférico "West End Girls" cuando empezarían a amasar fama mundial. Esa fue la base que catapultó su primer álbum, Please (1986), y sobre todo ese pelotazo tremendo que fue Actually (1987). Esa fue su cima en la que se mantuvieron claramente con las excelsas continuaciones que fueron Introspective (1988) y Behaviour (1990). A partir de ahí sus papeles han sido variados. Remezcladores de lujo para gente de lo más diverso (David Bowie...), versiones de lo más inesperadas (Elvis Presley, U2...), canciones para otros artistas que han sido exitazos sin paliativos (Patsy Kensit, Liza Minelli...), bandas sonoras para películas clásicas (El acorazado Potemkin...) ... El alcance de sus poderes parece no tener fin.
Tampoco ha sido Pet Shop Boys un grupo que haya sufrido un bajón demasiado acusado a lo largo de su larga carrera. Sobre todo comparados con algunos de sus contemporáneos. Será porque, esta vez de verdad, son un grupo muy especial. Su compromiso artístico, su ausencia de pose, ese dandismo tan natural y tan poco rockista les han hecho acreedores de respetos y desprecios varios. Es bien conocida su fama de fríos y robóticos en directo. Calificativos seguramente aplicados por un público más habituado a los tics y los rituales del rock. Muchos otros tienen el trabajo en directo del dúo como una obra de orfebrería, un espectáculo grandioso.
Pasa con los más grandes. Sentimientos enfrentados, posturas irreconciliables que surgen de tratar de explicar lo inexplicable. El pellizco, el calor, la incredulidad de que pueda surgir un hálito de vida de la electrónica más fría. Porque a lo mejor no es tan fría.
3 básicos
Actually (1987) ****
Introspective (1988) ****
Behaviour (1990) *****
Una copla
No es la más típica, ni la más movida, ni la más coreable pero me atraviesa como un cuchillo al rojo. "Being Boring" abre Behaviour con una calma entre la amenaza y el letargo para sumirnos en la tristeza postorgásmica de la fiesta. Un momento encantador y odioso a la vez que consiguen recrear en una canción intemporal y fijan para siempre con un video tan arrebatador como sugerente.
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