DANCE/TECNOPOP. El disco más puramente dance de los chicos de la tienda de animales (remixes aparte) hasta entonces. Se presenta en un desarrollo original: solo seis temas que podrían representar la versión larga (o remix) de los singles. Los juntan y... Voilà... Les sale un álbum coherente, inspirado y melódicamente impactante como pocos en su discografía.
Podría buscar excusas y decir que el baile a tumba abierta que es "It's Alright" me pilla algo extenuado. Pero es que no, no es cierto. No puede serlo en frente de su cautivadora cualidad soul y su amarga letra. Podría decir que "I'm Not Scared" suena mejor en la voz de Patsy Kensit, pero no podría hacerlo sin que se me cayera la cara de vergüenza. Porque no solo no es verdad, es que a pesar de cualquier pequeña sombra de duda, siguen siendo buenas, qué digo buenas, buenísimas. Y el resto ¿qué decir del resto, sino que son impecables momentos de tecnopop para bailar y cantar, con letras inteligentes, melancólicas, resabiadas a veces, enormes siempre, y poco comunes en el género? Nada comunes, más bien.
Un disco que pretendía ser de transición y sin querer se ha colado en el corazón de más de un oyente. Un obrón apabullante para prolongar un estado de gracia que parecía inagotable. Probablemente la demostración más tangible de lo muchísimo que tenían para ofrecer estos dos. Y eso, por mucho que no fuera lo que esperábamos, por mucho que echáramos de menos el pelotazo de tres minutos y medio, siempre hay que premiarlo.
★★★★☆
1
Left to My Own Devices
8:17 ✠
2
I Want a Dog
6:15
3
Domino Dancing
7:40
4
I'm Not Scared
7:25
5
Always on My Mind / In My House
9:04
6
It's Alright
9:23
Total: 48:04
Grupo, letras, militancia, clase, sutilezas... Y ahora hasta la portada nos lo dejan claro como el agua. Si es que no lo estaba ya. ¡Que viva la libertad!
TECNOPOP. Su obra maestra absoluta. Redoblan esfuerzos y afilan plumas para entregar un disco completo, variado y eterno. Electrónica melancólica y de melodías infalibles que consigue llegar a lo más profundo de nuestro ser. Aquí no se centran tanto en el baile, aunque pelotazos bailables los hay, por supuesto, sino que fabrican una nueva belleza que ni siquiera los más optimistas creían posible.
Behaviour supuso una prueba de madurez definitiva tras la bisagra que significó Introspective (1988). El carpetazo definitivo al hedonismo desde ese glorioso "Being Boring" con el que abren. Mi canción favorita de ellos y una oda eterna a la nostalgia que sienta las bases de lo que se nos revela como un disco meditativo y profundo donde cuidan las melodías por encima de todas las cosas y donde muestran un desencanto no exento de crítica o romanticismo.
Para armar esta joya, el dúo británico se valió de su talento y de unas cuantas colaboraciones que dieron enjundia al proyecto. No fueron demasiadas, ellos saben muy bien que estas cosas es mejor espolvorearlas como las buenas especias, pero sí que son notorias. Sobre todo destacan las orquestaciones de todo un Angelo Badalamenti en un par de temas y la guitarra del genial Johnny Marr en otros dos. Son nombres con el suficiente peso como para dejar su sello, pero no llegan a tergiversar el pop colosal que nuestro dúo favorito siempre ha sabido fabricar. Aquí como nunca y para siempre.
★★★★★
1
Being Boring
6:49 ✠
2
This Must Be the Place I Waited Years to Leave
5:30
Neil Tennant y Chris Lowe. Pet Shop Boys. El dúo de electropop definitivo que ha sabido reinventarse para ganarse el respeto casi unánime de crítica y público. Pocos habrían apostado cuando se encontraron en 1981 que se iban a convertir en los clásicos intachables que son hoy. Pet Shop Boys cuentan con logros gigantescos que les dan un lugar privilegiado en la historia de la música. A destacar un rosario de éxitos legendario y el haber sido capaces de elevar la música electrónica por encima de su leyenda de hedonismo vacuo. Ellos la dotaron de inteligencia, sutileza, reivindicación y belleza. Jugaron con su frivolidad para destrozarla para siempre. Por ello son únicos y por ello los adoramos.
El dúo empezó a juguetear con sus primeras melodías en los primeros 80. Se conocieron en una tienda de electrónica y no en la tienda de animales que les da nombre. Este lo pusieron por unos amigos que sí que trabajaban en una. A partir de ahí empezaron con sus primeros escarceos, trabajando sus canciones primero en el piso de Tennant para pasar poco después a un estudio de Camden Town.
Su éxito no fue instantáneo. La acogida de su primer single "Opportunities (Let's Make Lots of Money)" fue algo tibia. Sería su segundo intento con ese estratosférico "West End Girls" cuando empezarían a amasar fama mundial. Esa fue la base que catapultó su primer álbum, Please (1986), y sobre todo ese pelotazo tremendo que fue Actually (1987). Esa fue su cima en la que se mantuvieron claramente con las excelsas continuaciones que fueron Introspective (1988) y Behaviour (1990). A partir de ahí sus papeles han sido variados. Remezcladores de lujo para gente de lo más diverso (David Bowie...), versiones de lo más inesperadas (Elvis Presley, U2...), canciones para otros artistas que han sido exitazos sin paliativos (Patsy Kensit, Liza Minelli...), bandas sonoras para películas clásicas (El acorazado Potemkin...) ... El alcance de sus poderes parece no tener fin.
Tampoco ha sido Pet Shop Boys un grupo que haya sufrido un bajón demasiado acusado a lo largo de su larga carrera. Sobre todo comparados con algunos de sus contemporáneos. Será porque, esta vez de verdad, son un grupo muy especial. Su compromiso artístico, su ausencia de pose, ese dandismo tan natural y tan poco rockista les han hecho acreedores de respetos y desprecios varios. Es bien conocida su fama de fríos y robóticos en directo. Calificativos seguramente aplicados por un público más habituado a los tics y los rituales del rock. Muchos otros tienen el trabajo en directo del dúo como una obra de orfebrería, un espectáculo grandioso.
Pasa con los más grandes. Sentimientos enfrentados, posturas irreconciliables que surgen de tratar de explicar lo inexplicable. El pellizco, el calor, la incredulidad de que pueda surgir un hálito de vida de la electrónica más fría. Porque a lo mejor no es tan fría.
3 básicos
Actually (1987) **** El disco que los encumbró después del también exitoso Please (1986). En este último nos habían acostumbrado a disfrutar de un puñado de clásicos, cosa que en Actually se mantiene e incluso amplifica con temazos imborrables como "What Have I Done to Deserve This?" (con Dusty Springfield), "Rent", "Heart" o su himno más eterno e imborrable, "It's a Sin", con polémica incluída. No está mal para (casi) empezar.
Introspective (1988) **** La continuación a Actually significó un viraje decidido y directo a la pista de baile. Séis temas sólo para armar un disco hedonista de electrónica florida y de letras jugosas directas a hacernos vibrar, cantar y por supuesto bailar. Temas largos para un movimiento de riesgo que los fijó como los reyes del tecnopop. Bailar y pensar nunca han estado tan unidos.
Behaviour (1990) ***** Su obra maestra absoluta. Redoblan esfuerzos y afilan plumas para entregar un disco completo, variado y eterno. Electrónica melancólica y de melodías infalibles que consigue llegar a lo más profundo de nuestro ser. Aquí no se centran tanto en el baile, aunque pelotazos bailables los hay por supuesto, sino que fabrican una nueva belleza que ni siquiera los más optimistas creían posible. Una copla
No es la más típica, ni la más movida, ni la más coreable pero me atraviesa como un cuchillo al rojo. "Being Boring" abre Behaviour con una calma entre la amenaza y el letargo para sumirnos en la tristeza postorgásmica de la fiesta. Un momento encantador y odioso a la vez que consiguen recrear en una canción intemporal y fijan para siempre con un video tan arrebatador como sugerente.