domingo, 5 de enero de 2025

Malos augurios

Presence (Led Zeppelin, 1976)

HARD ROCK. Presence fue el fruto inmaduro del ambiente de caos y frustración que se vivía en la banda a mediados de los 70. Un ambiente que vino propiciado por el grave accidente de coche sufrido por Robert Plant en 1975, el cual forzó una convalecencia que paró la actividad de la banda por completo y que redundó en un periodo en Malibú en el que Page y Plant escribieron el material que grabarían en los Musicland Studios de Munich. Tardaron apenas dieciocho días en grabar y mezclar un disco que quizás hubiera necesitado de unas cuantas vueltas más.

Vueltas desde su misma composición. Lo cierto es que en cuanto a la grabación no hay nada que achacarle a un trabajo que se sostiene sobre el potente andamiaje de esas tres pilastras maestras que son "Achilles Last Stand", "Nobody's Fault but Mine" y "Tea for One". Bueno, si se sostuviera, claro, cosa que no consigue en un tambaleo que amenaza con el derrumbe en todo momento. Todo porque las canciones restantes son relleno en toda la extensión del término, pero también porque a la narración que nos proponen los Zep aquí le sobra autoindulgencia y le falta una coherencia que no logran conjurar en ningún momento.

Por primera vez en la historia del grupo hay que centrarse en las tres piezas descritas y nada más. Es cierto que ellas solas se meriendan bastante más de la mitad del minutaje, seamos justos, pero no dejan de ser tres piezas magistrales entre siete, y alguna de ellas bañada en las dudas de rigor. No hay de eso en la apertura; un ataque sin prisioneros que no ceja ni un instante en su galope. Por temática y sonoridad, el molde perfecto para los momentos más épicos de Iron Maiden. Canciones como "Rime of the Ancient Mariner" o "Alexander the Great" creo que le deben muchísimo a este temazo.

Una canción en la que la batería de Bonham brilla de manera muy especial. Como en "Nobody's Fault but Mine", un blues rock que no tiene nada de convencional y que convence por aplastamiento. Lo que nos lleva directamente al cierre, con una "Tea for One" que es la que ofrece alguna duda por su tremendo parecido en ambiente e intenciones con esa "Since I've Been Loving You", con la que maravillaron en Led Zeppelin III (1970). Una canción solemne y morosa a la que por estar donde está poco puede achacársele más allá de ese influjo.

Un cierre convincente que tampoco deja que nos olvidemos de la cantidad de rock and roll barato y blues rock cabezón que han tratado de endosarnos como para saldar una deuda que seguiría pendiente en todos los sentidos. Por desgracia, ¡atención, spoiler!, no nos la iban a acabar de pagar tampoco con el siguiente. Esa va a ser siempre la gran pena con la, más que probablemente, mejor banda de rock duro que haya existido. Que su historia se agotó antes de lo que ellos estaban dispuestos a admitir.

★★☆☆☆

A1 Achilles Last Stand 10:26 ✔
A2 For Your Life 6:21
A3 Royal Orleans 2:58
B1 Nobody's Fault but Mine 6:15
B2 Candy Store Rock 4:10
B3 Hots On for Nowhere 4:42
B4 Tea for One 9:27

Total: 44:19

Hay quien achaca la debacle final de Led Zeppelin a los jugueteos con la magia negra y el ocultismo por parte de Jimmy Page. Ya desde los tiempos de Led Zeppelin IV (1971) abusaron de la simbología pagana y de un interés más bien malsano por Aleister Crowley. Page incluso compró Boleskine House, mansión del escritor y ocultista.

 

Todo este interés lo trufaban con mensajes ocultos en sus canciones y carátulas, los cuales se puede decir que tuvieron su punto más álgido con los misteriosos obeliscos negros que pueblan la carpeta de este álbum. Inspirados en 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) o en la más reciente Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977), los más fanáticos no dudan en que todo este interés por lo oculto y lo extrasensorial no acabó trayéndoles nada bueno.

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