sábado, 10 de enero de 2026

Cuando no queda nada

Il n'y a plus rien (Léo Ferré, 1973)

 

CHANSON INCENDIAIRE. El vigésimo sexto disco de Léo Ferré es una nueva cumbre. Quizás la más alta de su discografía, lo que no es decir poco. Un álbum que, tras el paréntesis de una recreación increíble de su clásico La chanson du mal aimé (1972) y dos discos en italiano, recoge el testigo de La solitude (1971) para ahondar en la desesperanza hasta el nihilismo. Porque si en el disco del 71 la esperanza de crear un mundo nuevo a través de la unión se empezaba a agotar, aquí solo queda un cráter vacío y apagado por completo.

Un desencanto extremo que no evita que Ferré, con 57 años por entonces, se emplee a fondo para seguir encontrando nuevas vetas para su arte. Aquí no hay rock, como en Amour anarchie (1970), pero sigue habiendo desgarro y electricidad en unas palabras que se derraman de su garganta como ríos, irrefrenables y salvajes como nunca. De los seis temas, solo dos bajan de los cinco minutos, y los dieciséis del cierre conforman un recitado semiautomático espeluznante en el que importa tanto lo que pasa en la superficie—las palabras en la forma de un manifiesto furioso, visionario— como lo que bulle debajo: una música coleante, hermosa y evocadora, en las antípodas de la dureza monocorde de ejercicios similares, como esa también brutal "Psaume 151" de 1970. Desde luego, si no es su mejor canción, seguro que está en el pódium.

Una canción que contiene todo lo excesivo y desatado que ha habitado en Ferré desde siempre. Sí, también soy consciente de su tendencia a tomarse a sí mismo demasiado en serio, de que puede sonar demasiado dogmático y sermonear más allá de sus posibilidades. No voy a decir que eso sea algo bueno ni necesario. Es cierto también que aquí suaviza todo ese gigantismo ególatra en unos versos en los que se sigue sabiendo poeta, pero en los que también deja claro que no espera nada de ninguna revolución. Además, se incluye en el desastre de ese mundo que soñó, pero que es consciente de que nunca se hará realidad. 

Todo esto construye un disco especialmente difícil y escarpado dentro de una discografía llena de ellos. Un disco que se erige en el epítome de un artista demasiado adusto y demasiado autoinvestido de inmortalidad. Sin embargo, debemos tener claro que nada de esto es forzado y, sobre todo, que ninguna de estas opiniones podrían importarle lo más mínimo. Que no se nos olvide eso.

★★★★★

A1 Préface 3:20
A2 Ne chantez pas la mort 7:34
A3 Night and Day 6:40
A4 Richard 5:08
B1 L'oppression 4:18
B2 Il n'y a plus rien 15:55

Total: 42:55 

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