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sábado, 10 de enero de 2026

Cuando no queda nada

Il n'y a plus rien (Léo Ferré, 1973)

 

CHANSON INCENDIAIRE. El vigésimo sexto disco de Léo Ferré es una nueva cumbre. Quizás la más alta de su discografía, lo que no es decir poco. Un álbum que, tras el paréntesis de una recreación increíble de su clásico La chanson du mal aimé (1972) y dos discos en italiano, recoge el testigo de La solitude (1971) para ahondar en la desesperanza hasta el nihilismo. Porque si en el disco del 71 la esperanza de crear un mundo nuevo a través de la unión se empezaba a agotar, aquí solo queda un cráter vacío y apagado por completo.

Un desencanto extremo que no evita que Ferré, con 57 años por entonces, se emplee a fondo para seguir encontrando nuevas vetas para su arte. Aquí no hay rock, como en Amour anarchie (1970), pero sigue habiendo desgarro y electricidad en unas palabras que se derraman de su garganta como ríos, irrefrenables y salvajes como nunca. De los seis temas, solo dos bajan de los cinco minutos, y los dieciséis del cierre conforman un recitado semiautomático espeluznante en el que importa tanto lo que pasa en la superficie—las palabras en la forma de un manifiesto furioso, visionario— como lo que bulle debajo: una música coleante, hermosa y evocadora, en las antípodas de la dureza monocorde de ejercicios similares, como esa también brutal "Psaume 151" de 1970. Desde luego, si no es su mejor canción, seguro que está en el pódium.

Una canción que contiene todo lo excesivo y desatado que ha habitado en Ferré desde siempre. Sí, también soy consciente de su tendencia a tomarse a sí mismo demasiado en serio, de que puede sonar demasiado dogmático y sermonear más allá de sus posibilidades. No voy a decir que eso sea algo bueno ni necesario. Es cierto también que aquí suaviza todo ese gigantismo ególatra en unos versos en los que se sigue sabiendo poeta, pero en los que también deja claro que no espera nada de ninguna revolución. Además, se incluye en el desastre de ese mundo que soñó, pero que es consciente de que nunca se hará realidad. 

Todo esto construye un disco especialmente difícil y escarpado dentro de una discografía llena de ellos. Un disco que se erige en el epítome de un artista demasiado adusto y demasiado autoinvestido de inmortalidad. Sin embargo, debemos tener claro que nada de esto es forzado y, sobre todo, que ninguna de estas opiniones podrían importarle lo más mínimo. Que no se nos olvide eso.

★★★★★

A1 Préface 3:20
A2 Ne chantez pas la mort 7:34
A3 Night and Day 6:40
A4 Richard 5:08
B1 L'oppression 4:18
B2 Il n'y a plus rien 15:55

Total: 42:55 

jueves, 1 de enero de 2026

La soledad de las multitudes

La solitude (Léo Ferré, 1971)
 

CHANSON INCENDIAIRE. Con este disco, Léo Ferré se enfrentaba al reto de seguir ahondando en esa chanson incendiaria en la que no dejaba títere con cabeza ni en lo político ni en lo sentimental. Una labor tan jugosa como titánica que se salda con la demostración de que lo que trataba de exponer el monegasco tenía enjundia y la potencia suficiente como para seguir explorando. Con algunas diferencias, eso sí, respecto a esa detonación sin contemplaciones que había sido el anterior Amour anarchie (1970).

Las diferencias no están en el sonido, constructo para el cual vuelve a dejarse acompañar por el jazz rock eléctrico de Zoo. Más bien habría que buscarlas en un posicionamiento ideológico que sigue siendo claro e innegociable, pero que cambia la furia flamígera del díptico anterior por una llamada a las armas más realista y desangelada, casi serena, si es que este adjetivo pudiera asociarse con la revuelta que parece seguir anhelando Ferré. Una rebelión que parece ver alejarse entre la falta de compromiso y el individualismo latente en una multitud que no hay manera de gobernar ni enardecer. Puede incluso que ni de conmover. 

Precisamente este desencanto mezclado con el ansia viva que recorre los versos casi automáticos de un autor en plena combustión artística es lo más atractivo de un disco en el que podemos seguir disfrutando del Ferré más eléctrico y más libérrimo. Un Ferré al que a veces se le va la mano con el ardor ("Faites l'amour", "Dans les nights"), pero que cuando acierta, lo hace de pleno ("La solitude", "Les albatros", "A mon enterrement", "Tu ne dis jamais rien", "Le conditionnel de variété"). 

Por estos últimos motivos, y a pesar de que las que no me gustan no me gustan nada, el álbum sigue manteniendo el nivel y se convierte sin problemas en una de las obras esenciales de la época más vibrante del autor de "Avec le temps". Un disco imprescindible para entender hasta dónde podían llegar los poderes expresivos de uno de los cantautores más formidables en lengua francesa.

★★★★☆

A1 La solitude 5:22
A2 Les albatros 3:08
A3 Ton style 3:32
A4 Faites l'amour 4:10
A5 A mon enterrement 3:16
B1 Les pops 5:08
B2 Tu ne dis jamais rien 5:51
B3 Dans les nights 4:10 🕱
B4 Le conditionnel de variété 4:58

Total: 39:35 

sábado, 27 de diciembre de 2025

Guerra de guerrillas y salmos de amor calcinado

Amour anarchie — Ferré 70 / Amour anarchie — Ferré 70 Vol. 2 (Léo Ferré, 1970)

 

CHANSON INCENDIAIRE. Para contextualizar el estado de forma en el que estaba Léo Ferré en 1970, se me hace necesario hacer un repaso por la situación artística de sus coetáneos. Con Jacques Brel retirado de los escenarios y prácticamente en coma como creador; con Serge Gainsbourg en crecimiento pero sin explosionar del todo; con un Georges Brassens gigantesco pero absolutamente pegado a la tradición... Ferré fue el primero en inflamar su arte en busca de nuevas cotas. El único entre ellos que toma el testigo del shock del 68 y electrifica su música para convertirla en una granada contra el acomodo y la estulticia.

Una labor en la que se emplea a fondo a través de dos álbumes hermanos paridos con apenas seis meses de diferencia. Dos discos en los que el amor se incendia hasta convertirse en la forma definitiva de anarquía, como un monstruo sagrado e incontrolable, en canciones inflamadas por el verso libre y casi automático —"Le chien", "Poètes vos papiers!", "Psaume 151", "Écoute-moi"...— y en tonadas tocadas por un romanticismo encantador o desatado, estruendoso o de ternura infinita—"Petite", "Rotterdam", "La mémoire et la mer", "La folie", "Cette blessure"...

Dos caras de una moneda con la que Ferré pone precio a lo que iba a ser su arte a partir de este momento. Amor y anarquía, lo tierno y lo alambrado, la ideología y el sentimiento. Extremos que, más allá de tocarse, se entremezclan en una disolución deliciosa y potente para convertirse en la gasolina con la que el  cantautor iba a alimentar sus nuevas canciones, siempre entre el éxtasis y el paroxismo. Porque si Ferré ya era grande antes de esta dupla discográfica, no nos podíamos imaginar hasta dónde llegaría tras ellos.

Por todo este aparataje conceptual, emocional y sónico, diría que estamos ante el mejor Ferré hasta ese momento y, más que posiblemente, ante el mejor Ferré de toda su carrera. Aun siendo esta afirmación más o menos aceptable, creo que es innegable la potencia eléctrica del monegasco en estos dos discos. Ya sea acompañado por el jazz rock crudo de Zoo, en el primer volumen, o por los arreglos precisos, tensos y poderosos del segundo, obra de Jean-Michel Defaye y el propio Ferré, queda claro a la primera escucha que el cantautor se hace descomunal en estos trabajos. Hasta el punto de haber alcanzado una meta que llevaba persiguiendo desde que empezara casi veinte años antes y que había ido tomando forma con los diferentes hitos que había ido publicando, aunque sin el alcance artístico de una obra —o un par de ellas— que sale claramente de sus mismas entrañas.

Con Amour anarchie, Léo Ferré no solo electrifica su música, sino su propia figura. Hasta el punto de que deja de ser observador callado para convertirse en el espacio en el que dirimir el conflicto del amor, la vida y las relaciones de poder. Desde este mismo momento deja de cantarle a la herida para ser la llaga en sí misma. En un movimiento irreversible y de consecuencias tan inesperadas como devastadoras. 

★★★★★ 𜰥☆★★★★

Amour anarchie — Ferré 70

A1 Le chien 6:52
A2 Petite 4:12
A3 Poètes vos papiers! 4:58
A4 La lettre 5:20
B1 La the nana 4:28
B2 La mémoire et la mer 5:24
B3 Rotterdam 3:00
B4 Paris je ne t'aime plus 5:12
B5 Le crachat 3:38

Accompagné par les Zoo

Total: 43:04

Amour anarchie — Ferré 70 Vol. 2 

A1 Psaume 151 11:58
A2 L'amour fou 4:44
A3 La folie 3:02
B1 Écoute-moi 3:58
B2 Cette blessure 3:58
B3 Le mal 2:24
B4 Paris, c'est une idée 1:46
B5 Les passantes 3:18
B6 Sur la scène 3:12

Total: 38:20

 

Avec le temps / L'adieu (Léo Ferré, 1971) [SINGLE]

CHANSON.

"Con el tiempo, ya ves, todo se va
y uno se siente encanecido como un caballo reventado
y uno se siente helado en una cama de azar
y uno se siente muy solo, quizá, pero tranquilo
y uno se siente estafado por los años perdidos

Entonces, de verdad,
con el tiempo,
ya no se ama."

Así termina, y perdonen la torpe traducción, la canción más famosa, querida y versionada de Léo Ferré. Una canción que grabó y publicó como single poco después de su titánico tour de foce Amour anarchie (1970) y que prologa otra cumbre del monegasco, La solitude (1971). Un momento de inspiración prístina que llega a sobresalir incluso en medio del periodo artístico más fértil y mayúsculo del cantautor.

Algo que consigue en base a una música sencilla y sentida, de esas que acompañan sin avasallar a unas palabras que, como pueden ver en su negro cierre, son absolutamente devastadoras. Porque suenan a sentencia irrevocable. Porque hablan de algo que nos importa a todos: el desgaste al que el tiempo somete a un amor que todos creíamos indestructible. Un desgaste terminal y sin esperanza. Un dolor que Ferré nos expone sin dramatismos ni grandilocuencia. Con la sequedad del que lo ha vivido en sus carnes.

Casi nada, la "cancioncilla" que se marca el cantautor. Algo que diluye demasiado la cara B, una "L'adieu" que no deja de ser bonita y elegante, pero a la que nos cuesta prestar atención tras la salvajada emocional que acaba de derribarnos de un empellón. Una canción demasiado grande como para perderse dentro del rebaño de un LP completo. Eso lo entiende cualquiera que se haya detenido a escucharla como merece.

☆★★★★

 A Avec le temps 4:28
B L'adieu 2:10

Total: 6:38 

DISCOS RELACIONADOS

viernes, 19 de diciembre de 2025

Todo irá bien

Léo Ferré [Album blanc] [L'été 68] (Léo Ferré, 1969)

CHANSON. Llegamos al decimoctavo álbum de Léo Ferré, uno más en ese proceso perenne de consagración de un artista que ya lo era todo en la música francesa, pero que todavía tenía cosas que demostrar. Uno de los trabajos más melancólicos y otoñales del monegasco. Una obra en la que pasa con facilidad pasmosa de lo político, con el mayo del 68 como telón de fondo, a lo personal, con un sentido homenaje a su chimpancé, Pépée, muerto recientemente.

Un álbum muy lírico tanto en letras como en música, con un dominio claro del piano y la orquesta, que vuelve a cerrar una etapa en la música de Ferré. Con él decía adiós a la chanson más engalanada y romántica para iniciar lo que de alguna forma anuncia con la última canción, "Comme une fille": una inmersión en el pop rock, en lo eléctrico, en el acompañamiento orgánico y moderno de una banda, el cual sería la tónica en sus próximos trabajos, empezando por ese doble disparo a la conciencia que fue Amour anarchie (1970).

Aquí, como digo, el componente político y social sigue siendo un sustrato abundante y rico, aunque desde una perspectiva que se aleja de la euforia revolucionaria para abrazar una especie de ternura herida, de lucidez amarga, fruto quizás de la resaca emocional de mayo del 68, que envuelve la atmósfera de estas canciones. Un álbum en el que Ferré se posiciona sin dudas ni medias tintas, pero, ya se ve en su portada, con un tono más crepuscular que incendiario.

Todo esto deja, para mí, un disco hermoso pero algo titubeante. Un álbum que, con todas sus buenas intenciones, no consigue contagiar las buenas formas de temas como "La nuit" o "À toi" al resto de un elenco correcto y emotivo, pero que ni va a volarte la cabeza ni a prender en llamas tu corazón.

★★★☆☆

A1 La nuit 4:18
A2 Madame la misère 2:26
A3 Pépée 4:30
A4 L'été 68 2:57
A5 L'idole 4:10
B1 Le testament 4:08
B2 C'est extra 3:46
B3 Les anarchistes 3:09
B4 A toi 4:19
B5 Comme une fille 2:21

Total: 36:04 

lunes, 15 de diciembre de 2025

L'amour interdit

Verlaine et Rimbaud (Léo Ferré, 1964)

 

CHANSON/POÉSIE. Después de un breve paréntesis, Ferré vuelve a sus adorados poetas y se pone manos a la obra con la labor titánica de poner música a los versos incandescentes de Arthur Rimbaud y Paul Verlaine. Para ello selecciona una serie de poemas que graba ordenándolos de manera alterna entre ambos poetas, en una secuenciación que se puede leer como representación de la relación tempestuosa y prohibida que mantuvieron al margen de la sociedad. Con esta maniobra, no solo mostraría su respeto máximo por ambas figuras, sino también por un amor que ha traspasado fronteras en el espacio y el tiempo. En un álbum que, según dicen muchas fuentes, es pionero como álbum doble concebido con unidad estética y literaria. Sí, dos años antes de Hot Rats (Frank Zappa) y Blonde on Blonde (Bob Dylan).

Un formato doble que, lejos de ser casual, también funciona acorde a la labor escogida por Ferré. Dos poetas, dos discos. Un poema de uno, otro del otro. Todo conforme a una simetría perfecta, todo arreglado para un diálogo elegante y amoroso. Con unos arreglos sencillos, pero de una fantasía que ensalza perfectamente las palabras contenidas en unos versos preñados de romanticismo y sensualidad. Comparándolo con ese inevitable Les fleurs du mal chantées par Léo Ferré 1857-1957 (1957), se ve la relación entre ambos. No en vano, comparten un espacio poético muy similar. Sin embargo, también hay diferencias. Mientras el dedicado a Baudelaire combina la hermosura en flor con lo decadente y lo marchito, en estas canciones prima la belleza contenida, las explosiones de sentimiento a flor de piel y una tristeza serena y muy emocional. Belleza en estado puro, amor descarnado, pureza evanescente y perenne.

Todo un arsenal de recursos que el monegasco había ido perfeccionando disco a disco y verso a verso para ponerlos aquí al servicio de unas recreaciones que, una vez más, dan forma a cómo sonarían estos poemas desde entonces para las generaciones venideras. Con un esplendor, una contención y un candor que dejan claro que estamos ante una de las obras fundamentales de Ferré. Después llegarían sus obras maestras personales e intransferibles, pero lo que es aquí, cierra un ciclo de una manera absolutamente magistral.

★★★★☆

A1 Écoutez la chanson bien douce
A2 Chanson de la plus haute tour
A3 Il patinait merveilleusement
A4 Mon rêve familier
A5 Soleils couchants
A6 Les assis
A7 L'espoir luit comme un brin de paille dans l'étable
B1 Art poétique
B2 Pensionnaires
B3 Âme, te souvient-il ?
B4 Le buffet
B5 Les poètes de sept ans

C1 Chanson d'automne
C2 Les corbeaux
C3 Green
C4 Mes petites amoureuses
C5 Je vous vois encor
C6 L'étoile a pleuré rose
D1 Ô triste, triste était mon âme
D2 Rêvé pour l'hiver
D3 Clair de lune
D4 Les chercheuses de poux
D5 Ma bohème
D6 Sérénade

Total: 60 min. 

La relación entre Verlaine y Rimbaud no fue simplemente una relación amorosa entre dos hombres, sino que transgredió ese ámbito ya de por sí morboso para elevar el tópico a niveles mitológicos. Nació de la admiración de Rimbaud, de dieciséis años por aquel entonces y poeta de gran proyección, hacia un Verlaine que le sacaba once años. A partir de cartas y poemas de alabanza del primero hacia el segundo, Paul invitó a Arthur a París y ahí se desencadenó el apocalipsis sentimental.

Casi al instante iniciaron una relación tóxica en la que el alcohol, el sexo y la violencia marcaron la tónica. Verlaine dejó a su esposa, Mathilde Mauté, con la que se había casado hacía poco, y se sumergió en la vorágine tempestuosa de una relación en la que los poetas vivieron juntos, viajaron y escribieron como posesos.


Una espiral que culmina en 1873, en Bruselas, cuando un Verlaine poseído por la idea de que Rimbaud lo iba a abandonar acaba disparándole e hiriéndole en la muñeca. A pesar de que el joven poeta se negó a denunciarlo, Verlaine acabó en la cárcel. Con esto acabó, no solo su relación, sino que significó el final de toda una época y casi de la poesía de Rimbaud.

Después de esto, siguieron vidas separadas y casi opuestas. Rimbaud se desahogó con la publicación del durísimo ajuste de cuentas Una temporada en el infierno (1873) y se retiró de la literatura para comerciar y traficar con productos de diversa índole, armas incluidas, en África. Verlaine, por su parte, cumplió sus dos años de condena en prisión, donde siguió escribiendo y se convirtió en una de las figuras capitales de la literatura francesa. Rimbaud nunca disfrutó del reconocimiento que sí que tiene hoy día.

Un tragedia, en definitiva, a tantos niveles que no parece real. Como la poesía de estos dos titanes.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Himnos de amor y muerte

Ferré 64 (Léo Ferré, 1964)

 

CHANSON. El cuarto disco de Ferré con la prestigiosa Barclay se salda con un nuevo triunfo que añadir a su rosario de clásicos. Un álbum que se desenreda poco a poco, escucha a escucha, para volatilizar esa impresión inicial que le hace parecer un más de lo mismo, una vuelta a sus orígenes más pacatos, que no es ni en sueños.

Muy al contrario, aquí nos encontramos a un cantautor comprometido y empapado de romanticismo. Un autor que deja a un lado ese bastón que en cierta forma habían sido los grandes poetas a los que había musicado para demostrar que su pluma tenía la enjundia suficiente como para llenar al melómano y al lector más exigente. Un disco que salió enterita de su cabeza y sus entrañas. Una nueva obra que da fe de la luminiscente madurez del monegasco.

Una obra en la que Ferré nos da por todos los flancos. Por el del romanticismo teñido de costumbrismo ("C'est l'printemps", "La mélancolie", "La Gauloise", "Quand j'étais môme") y por el de la crítica sociopolítica ("Franco la muerte", "Sans façon"). Himnos de amor y muerte, de luz y sombra, con los que el artista ondea la bandera de su humanismo sin coartada ni cortapisas. Canciones aventadas a corazón abierto y con la euforia que da la conciencia más limpia y el sentimiento más verdadero.

★★★★☆

A1 C'est l'printemps 2:40
A2 La Gauloise 3:12
A3 Le marché du poète 3:55
A4 Mon piano 1:08
A5 Les retraités 4:45
A6 Franco la muerte 4:25
B1 Titi de Paris 2:40
B2 La mélancolie 4:34
B3 Épique époque 2:35
B4 Sans façon 3:40
B5 Quand j'étais môme 4:15

Total: 37:49 

sábado, 6 de diciembre de 2025

Versos rojos como una herida

Les chansons d'Aragon chantées par Léo Ferré (Léo Ferré, 1961)


CHANSON/POÉSIE. Ferré sigue con su pasión febril por musicar a los grandes poetas franceses. Después de Apollinaire y Baudelaire, le llega el turno a Louis Aragon, comunista ilustre y uno de los instigadores del dadaísmo y el surrealismo. Para ello escoge estos diez títulos, la mayoría de los cuales extraídos de la colección Le Roman inachevé (1956). Poemas en los que el escritor parisino combina su compromiso político con el amor más elevado y la poesía más moderna del momento.

Tres pilares que sustentan una música en la que Ferré da en el clavo como nunca. Sus dos intentos anteriores con los poetas mencionados ya fueron muy grandes, pero aquí, al liberar el proyecto de las bridas de lo conceptual, parece que la música y las palabras dialogan de manera más libre y más natural. Una ligereza que incide en la pátina de eternidad de uno de los discos más atemporales y queridos del catálogo del genio monegasco.

No creo ir desencaminado si alabo la creación sin hilos argumentales que amordacen la inspiración. Me parece claro que aquí el cantautor ha diseñado el mejor vestido posible para cada uno de los poemas. Al escuchar el disco no puedo sino pensar que ha tratado cada oda como un ente individual que merecía cuidar cada detalle. Un trato tan personal, tan individualizado que, por otra parte, sorprende que no haya afectado a un conjunto en el que la narrativa fluye con una facilidad y una armonía desarmantes.

Desde la solemnidad monumental y desesperada de "L'affiche rouge", puede que el himno antifascista definitivo, al romanticismo crepuscular de "Tu n'en reviendras pas". Desde la hiperexpresividad saltarina de "L'étrangère" a la impecable corrección formal de "Blues"... Todo en este disco se nos muestra como un muestrario de las habilidades insuperables de Ferré. Con un tino, una sutileza y un torrente expresivo que lo hacen, más que posiblemente, el mejor trabajo firmado por él hasta ese momento. Casi nada.

★★★★☆

A1 L’affiche rouge 4:04
A2 Tu n’en reviendras pas 2:55
A3 Est-ce ainsi que les hommes vivent ? 3:30
A4 Il n’aurait fallu 2:40
A5 Les fourreurs 2:45
B1 Blues 3:49
B2 Elsa 2:40
B3 L’étrangère 3:55
B4 Je chante pour passer le temps 2:52
B5 Je t’aime tant 3:32

Total: 32:42

lunes, 1 de diciembre de 2025

¡Otra vez?

Encore du Léo Ferré (Léo Ferré, 1958)

CHANSON. Parece en las primeras inmersiones que no hemos salido del estilo cabaretero de los 50, pero aunque es cierto en gran parte, tampoco podemos obviar que todo aquí suena mejor, más organizado y con mayor intención en todos los aspectos. Cosas que hacen de Encore du Léo Ferré un disco más adulto y más enfocado. Una obra en la que se nota que el cantautor se ha empleado a fondo para que todas las piezas encajen por encima de la simple colección de canciones según me van saliendo.

Y lo cierto es que no esperaba otra cosa. No en vano, entre la ligereza de sus primeros trabajos y este sexto disco de estudio, el monegasco colocó dos obrones monumentales en los que ponía música a la poesía inmortal de Apollinaire y Baudelare. Ahí es nada. Como para pasarlo por alto. Era absolutamente imposible que tales tours de force no hubieran hecho mella en el modus operandi de Ferré. Por eso este disco, si bien mucho más ligero e inmediato que los dos anteriores, trata de prolongar a su manera la vitola de artista serio que se había ganado a pulso su autor. 

No lo hace a partir de lo conceptual ni de la palabrería más elevada, pero sí que sus conexiones internas, la vocalización, los toques de jazz y las atmósferas dejan claro que, por mucho que esto fuera una vuelta a sus formas más reconocibles y populacheras, el trabajo de Ferré nunca podría ser tomado a broma. No es que hubiera sido tomado a la ligera antes, pero esto fulminaba de raíz todas las dudas que pudiera haber. Solo por eso, y sin ser ninguna obra maestra, ya merece mucho la pena.

★★★☆☆

A1 Le temps du tango
A2 La chanson triste
A3 La vie moderne 🕱
A4 Mon camarade
A5 L’été s’en fout
B1 Le Jazz band
B2 L’étang chimérique
B3 Dieu est nègre
B4 Les copains d’la Neuille
B5 Tahiti

Total: 43 min. 

 

"Le plongeur de perles rares" (Léo Ferré, 1955/1958) [BOOTLEG]

 CHANSON. Aquí tenemos los dos volúmenes que recogen buena parte del material, si no todo, que Ferré publicó al margen de sus álbumes entre 1953 y 1958. Dos discos pirata independientes que tienen que valorarse en conjunto por muchos motivos, para empezar, por sus portadas complementarias.
 
Y para seguir por ser dueños de una coherencia que no siempre vemos en colecciones secundarias como estas. Una coherencia que puede extenderse a la relación de estas canciones con esas compañeras más queridas, las cuales encontraron su lugar en los diferentes LPs que el monegasco publicó en ese lustro fundacional.
 
Un lustro que fue un entrenamiento intensivo para el cantautor a todos los niveles. Desde la composición a la forma de entregarse en el escenario. Desde la selección de sus mejores temas a la creación de obras conceptuales perfectamente desarrolladas. No voy a decir que todo eso esté aquí. Evidentemente, hay algo de lo primero y nada de lo segundo. Lo que sí es cierto es que, a pesar de que estas canciones podrían parecernos descartes poco valiosos, la mayor parte de ellas son muestras perfectas de la enorme habilidad de Ferré para crear viñetas imborrables a partir de una melodía sencilla y de una historia desarmante.
 
Un truco que podrá parecer poca cosa, pero que pocos dominaron como él. No es que estemos ante la panacea ni ante el ejemplo más superlativo de su arte, pero sí que podemos presenciar aquí una muestra muy valiosa y para nada menor de lo que el autor era capaz en esos años. No es imprescindible para iniciarse, pero sí que es esencial para ahondar en esos primeros años de carrera.
 
☆☆★★★

Vol. 1 

  1. Les grandes vacances
  2. Martha la mule
  3. Vise la réclame
  4. La rue
  5. Monsieur mon Passé
  6. L'ame du roquin
  7. La vie
  8. La chanson triste
  9. En amour
  10. Le fleuve des amants

Total: 29 min. 

Vol. 2

  1. L'été s'en fout
  2. Les copains d'la neuille
  3. Moi, j'vois tout en bleu
  4. Soleil
  5. Noël
  6. Mon Sébasto
  7. Java partout
  8. La zizique

Total: 28 min.

sábado, 29 de noviembre de 2025

Spleen e ideal

Les fleurs du mal chantées par Léo Ferré 1857-1957  (Léo Ferré, 1957)

 

CHANSON/POÉSIE. La musicalización de los grandes poetas franceses por parte de Léo Ferré fue su sello personal y su pasaporte a la eternidad. Aquí lo tenemos, aprovechando el centenario de la publicación de Las flores del mal (Charles Baudelaire, 1857), para hacer suya la obra señera del simbolismo. En un disco que sí que marca un punto de no retorno para el ahora cantautor/poeta. Así podía ser considerado a partir de un disco que consigue que le tomen mucho más en serio entre el público más exigente.

Un cambio, una subida de nivel, que se produce con un disco en el que el monegasco demuestra haber interiorizado a la perfección el espíritu de los poemas de Baudelaire. Lo demuestra en sus arreglos y en unas melodías que juegan con lo etéreo, lo dulce y lo decadente en una mezcla que roza la perfección. Una amalgama influyente y casi profética. Capaz de viajar en el tiempo y de conservar el momento casi intacto como en El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde, 1890). Modernidad eterna que percibimos, por ejemplo, en una "Le Léthé" que parece cantada por el mismísmo ANOHNI. O en unos arreglos de guitarra eléctrica de jazz que da gloria oírlos. Entonces, ahora y siempre. 

Porque ese es el secreto de un álbum que parece haberse embadurnado del bálsamo de la eterna juventud. Algo que podíamos esperarnos por haber sido levantado sobre las palabras inmortales de Baudelaire, pero que nos sorprende desde el momento en el que entendemos que Ferré ha escrito unas músicas a la altura de una empresa que para cualquier otro habría sido prácticamente inabordable. Y ese es el auténtico mérito de esta fusión entre palabra y melodía, entre spleen e ideal. El de haber sellado para siempre cómo deben sonar estos versos en la mente de toda una generación. Aquí lo haría Serrat en varios de sus discos, pero el camino lo marcó de manera impagable el genio incandescente del León del Verso.

★★★★☆

A1 Harmonie du soir
A2 Le serpent qui danse
A3 Les hiboux
A4 Le Léthé
A5 Le revenant
A6 La mort des amants
B1 L’invitation au voyage
B2 Les métamorphoses du vampire
B3 A celle qui est trop gaie
B4 La vie antérieure
B5 La pipe
B6 Brumes et pluies

Total: 36 min.

martes, 25 de noviembre de 2025

Alzando el vuelo

Léo Ferré à Bobino (Léo Ferré, 1958) [DIRECTO]

CHANSON. En su segunda referencia en directo, el de Mónaco se nos aparece por fin muy parecido a la forma inmensa que tomaba en un escenario. Será por el sonido, notablemente mejor, o por mil cosas más, incluyendo más tablas y más tiros pegados, pero lo cierto es que Léo Ferré à Bobino es un registro en vivo que respira, en el que hay aire y en el que se percibe a un público que en su esfuerzo anterior se parecía más a un muro contra el que se estrellaba el artista en lugar del oleaje sobre el que navegar que siempre desea cualquier cantante.

Por todo esto estamos ante un disco más que interesante de Ferré. Todavía lejos de sus detonaciones emocionales de finales de los 60 y principios de los 70, aquí se dedica a experimentar con su personaje, a teatralizar las canciones, a jugar con el tono y, en definitiva, a ofrecer ese plus que no pueden ofrecer los discos de estudio. Todo en una comprensión perfecta sobre cómo se hace esto de interpretar algo demostrando que te importa, que lo has escrito para vivirlo noche tras noche como si fuera la primera vez.

No quiero sonar exagerado. Quedaba todavía mucho camino por andar. Sin embargo, una vez demostrado que su ambición artística no tenía límites con un álbum tan pretencioso —en el buen sentido— como La chanson du mal aimé (1957), aquí deja claro que está listo para seguir creciendo, que domina su cancionero a la perfección y que está dispuesto a llevarlo aún más lejos ("Flamenco de Paris"). Con estas credenciales, seas amigo de los directos o no, creo que este merece todo nuestro respeto.

★★★☆☆

A1 La fortune
A2 Comme dans la haute
A3 Java partout
A4 Monsieur mon passé
A5 Le guinche
A6 Flamenco de Paris
A7 Pauvre Rutebeuf
B1 Les indifférentes
B2 La zizique
B3 Mon Sébasto
B4 L’homme
B5 T’en as
B6 Graine d’ananar
B7 Paris-Canaille

Total: 48 min. 

domingo, 23 de noviembre de 2025

Amor no correspondido

La chanson du mal aimé (Léo Ferré, 1957 / 1972)

 

ORATORIO. Los compositores clásicos siempre han sido una influencia capital en Léo Ferré. Ya desde sus primeros temas, no podía evitar mencionarlos en letras o citarlos en arreglos por doquier. Sin embargo, es aquí donde destapa su amor por esas partituras, con todo un oratorio moderno, pero respetuoso con el canon, en el que la poesía expresiva y profunda de Guillaume Apollinaire sobrevuela entre orquestaciones que bien podrían haber firmado Händel o Bach. O casi diría que Shostakovich por lo que explicaré abajo. 

Es cierto que rompe la rigidez del género a base de emplear instrumentos no normativos para una orquesta y construirlo sobre un flujo en el que no hay partes claramente delimitadas, dotándolo de una sensibilidad y una intimidad claramente contemporáneas. Sin embargo, la música clásica lo invade todo en una obra ambiciosa y de calado como no había osado probar Ferré hasta ese momento. Es por eso que, ahora sí, podemos decir que este podría ser el momento en el que el autor monegasco empieza a dirigir su carrera hacia los laureles de la inmortalidad.

No obstante, esta afirmación tiene sus matices. Todo depende de dónde fijemos nuestra mirada con esta obra. Si nos fijamos en su composición, entre 1952 y 1953, debemos afirmar, sin duda alguna, que fue un momento capital en su carrera. Sin embargo, si tomamos la grabación original de la obra, la de 1957, no encontramos a un Ferré tan radicalmente distinto al de sus obras anteriores. Es cierto que hay un espíritu decidido ante la idea de estar creando música seria en las antípodas de lo que venía haciendo, aunque los resultados no fueron todo lo espectaculares que debieron ser. 

Y es que este oratorio para cuatro voces, tan barroco y tan clásico, queda constreñido por unos arreglos muy convencionales y por un sonido bastante mate, en buena parte por las limitaciones técnicas. En definitiva, una obra diferente en el canon ferreriano, pero muy mejorable en su puesta en escena discográfica. Por eso, no debe extrañarnos que Ferré se empeñara en regrabarla con nuevos arreglos y con su voz como única garganta en la mayoría de los pasajes.

Aquí es donde surge la versión de 1972, más moderna y arriesgada, con más mordiente y con un Ferré espectacular en unos cambios expresivos escarpados y salvajes. Un auténtico tour de force que el monegasco resolvió con toda la potencia artística que le daba la experiencia y el hecho de estar en la cima de sus poderes. Aquí sí que podemos dejar de hablar de Händel y empezar a acordarnos de Ravel, Debussy o Shostakovich, referencias mucho más válidas para unos arreglos cortantes, sincopados y radicalmente contemporáneos.

No creo que haga falta decir cuál de las dos versiones prefiero. Sin olvidar que las dos son necesarias para entender la evolución del cantautor, y sin dejar de lado que la base que escribió Ferré a principios de los 50 es la auténtica clave de una obra inagotable, puede que la que toca más dentro emocionalmente hablando a su autor. No en vano, siempre la ha considerado como una de las más importantes de su vida. Porque lo representa como ninguna otra, algo que se percibe en cada fraseo, cada mordida y cada susurro, sobre todo, dejémoslo bien claro, en la versión del 72.

Ferré seguiría adaptando a los poetas más grandes en lengua francesa, ajustándolos a su inspiración inquebrantable, pero no podemos olvidar que aquí está el primer zarpazo, la primera vez que tomó una obra completa y le puso música, huesos y sangre. Después vendrían los grandes ciclos dedicados a Baudelaire, Aragon, Verlaine o Rimbaud. Creaciones superlativas que se desarrollaron a partir de lo que Ferré escribió para estos dos discos, auténtico momento seminal como ningún otro. Por eso hay que amar esta obra por encima de todas las cosas.  

★★★☆☆

A Oratorio scènique, pt. 1 24:31
B Oratorio scènique, pt. 2 26:04

Total: 50:35

★★★

A La chanson du mal-aimé 24:35
B La chanson du mal-aimé 21:42

Total: 46:17 

El disco (o los discos, más bien) son la musicalización del poema del mismo título publicado por Guillaume Apollinaire en 1913. Un poema en el que el escritor se inspiró en su "relación" fallida con Annie Playden. Entrecomillo "relación" porque en realidad no fue tal, sino que se limitó al deseo casi adolescente del poeta por la institutriz británica que conoció en Londres. Un deseo que se tradujo en varias proposiciones, todas rechazadas, y que condujeron a que Annie tuviera que emigrar a EE.UU. para huir de Apollinaire.

Un caso real, por tanto, que afectó al autor en primera persona y en el que trata de expresar de manera fidedigna y evocadora toda la impotencia y la tristeza que surgen de un amor tan deseado como imposible. 

Todo ello atravesado por imágenes abstractas que entran y salen de la historia principal como fantasmas creando una sensación mareante que ya prologaba al surrealismo y que da al poema un aire moderno y rompedor. Por qué no, lo que acabó de enamorar a Ferré a la hora de hacerlo suyo para siempre.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Si quieres que todo cambie, solo déjalo como está

Huit chansons nouvelles (Léo Ferré, 1956)

CHANSON. Aquí parece que Léo Ferré está dejándose llevar por la corriente creada por sus obras anteriores. Sin embargo, esto acaba siendo una apreciación bastante apresurada si atendemos con cuidado a unos arreglos que conjugan a la perfección la serenidad de los pianos y la orquesta con ese teclado de feria que, de irritante que es, acaba quedando maravillosamente bien en unos temas de corte otoñal, que puede que no hayan envejecido perfectamente bien, pero consiguen emocionarnos, aunque solo sea por ese tono sepia que nos traslada por fuerza a otros tiempos.

No es, que quede claro, esta colección de canciones un disco rupturista ni la obra que hay que escuchar para meterse de lleno en los entresijos de este artista. Ni mucho menos. Huit chansons nouvelles es lo que es. Ya lo dice su título humilde y descriptivo. Ocho canciones que tratan de representar el momento que vivía el monegasco. Canciones de amor, postales neorrealistas y viñetas con espacio para la crítica social. Lo de siempre para seguir sorprendiendo. O para que todo siga igual, que al fin y al cabo es la única forma de que sigamos cambiando. 

No sé, parece que me he liado bastante, pero tengo claro que, aunque no puedo decir que este trabajo sea un parteaguas ni nada de eso, aunque no pueda colocarlo por encima de sus hermanos mayores, tengo que decir que, de alguna forma, me deja intuir que el señor Ferré estaba preparando una muy gorda. Seguro que mi inmersión en su obra me lo va a acabar confirmando.

★★★☆☆

A1 Le guinche
A2 La fortune
A3 Ma vieille branche
A4 T'en as
B1 La grande vie
B2 Le temps du plastique
B3 Pauvre Rutebeuf
B4 L'amour

Total: 27 min. 

jueves, 20 de noviembre de 2025

El disco del perro

Récital Léo Ferré (Léo Ferré, 1955) [DIRECTO]

CHANSON. Este disco marca un hito en la carrera de Léo Ferré. El registro de su primera actuación en el mítico teatro Olympia parisino es una fecha señera que deja constancia del momento en el que cambia los pequeños music halls por los grandes auditorios. En realidad, fue algo puntual al principio, ya que no volvería a los grandes escenarios hasta algunos años más tarde. No obstante, este "primer paso como vedette", tal y como lo describió el cantautor, fue muy significativo acerca de su crecimiento como artista de masas.

Sin embargo, a pesar de lo importante del momento, no puedo obviar ni sus arreglos conservadores, que acompañan de mala manera a una voz en primer plano que lo ahoga todo, ni su horrible portada, salida de las peores pesadillas de cualquier diseñador gráfico que se precie. Porque, merced a esta ecualización, este recital suena desangelado, plano y mate en grado superlativo. Desde luego, la microfonización rudimentaria de la época no era apta para captar la intensidad de unas actuaciones que iban a convertirse en legendarias, si es que no lo eran ya en ese momento. No podemos comprobarlo aquí. Las fuentes y testigos de la época dejan claro que Ferré ya era un animal escénico electrizante, pero con documentos como este no hay manera de detectarlo. Y eso que por su parte no hay nada que reprochar a una actuación inmaculada.

En conclusión, diría que estamos ante un documento de un valor histórico notorio, pero en el que es más importante lo que registra para la posteridad que el cómo lo registra. Y en ningún caso voy a estar de acuerdo con eso de que el fin justifique los medios. 

★★☆☆☆

A1 La vie
A2 Monsieur mon passé
A3 Graine d’ananar
A4 Le piano du pauvre
A5 Vise la réclame
A6 L’homme
B1 Merci mon Dieu
B2 Mon p’tit voyou
B3 Monsieur William
B4 L’âme du rouquin
B5 Paris-canaille
B6 La rue

Total: 42 min.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Las teclas rotas del acordeón

Léo Ferré [Le piano du pauvre] (Léo Ferré, 1954)

CHANSON. Pocos cambios en esta etapa de entrenamiento para Léo Ferré. Su segunda referencia para el sello Odeon, poco más de veinticinco minutos de música, tiene poco que destacar si ya conoces su disco anterior del 53. Un estilo que no se sale de los estrictos dictados de la mejor chanson enraizada y tradicional. 

Por tanto, no hay que estar muy puesto para adivinar lo que nos vamos a encontrar aquí: orquestaciones, aires de swing más o menos despendolado y almíbar en unas baladas en las que el cantautor da rienda suelta a su inflamada y más que sentida interpretación.

Así las cosas, poco que censurar en un trabajo tan agradable y predecible como su hermano mayor. Tan agradable que da cosa ponerle faltas. Y tan predecible que tampoco vamos a ir de cabeza a escucharlo con demasiada frecuencia. Además, me parece claro que pierde si lo enfrentamos a Paris canaille (1953). No sé el motivo. ¿Continuismo, pérdida del elemento sorpresa, acomodo? Puede que las canciones salieran de la misma hornada. Es cierto que en este disco el sonido está algo más cuidado y que juega más con el claroscuro, pero para mí no deja de ser el mismo perro con distinto collar.

Por todo esto, y a pesar de preferir el álbum anterior, tampoco puedo afirmar rotundamente que esta continuación sea claramente peor. Le piano du pauvre es, simple y llanamente, otro buen disco. Una obra facturada con elegancia que no me voy a poner a diario, pero que habla de manera cristalina del buen hacer de un artista en construcción con un futuro, más que prometedor, brillante.

★★★☆☆

A1 Le piano du pauvre
A2 À la Seine
A3 L’homme
A4 Le parvenu
B1 Mon p’tit voyou
B2 Notre-Dame de la mouise
B3 Graine d’ananar
B4 Merci mon Dieu

Total: 26 min. 

La flor de la canalla

Léo Ferré [Paris canaille] (Léo Ferré, 1953)

CHANSON. El estreno de Léo Ferré en Odeon ya era el documento de un artista talentoso y con las ideas muy claras tanto en el plano compositivo como en el interpretativo. Un álbum lleno de temas de corte más bien clásico, con unos cuantos brochazos de una modernidad que eran aún demasiado sutiles como para dejarnos ver la potencia mayestática del titán monegasco, pero que se encuentran ahí, innegablemente imbricados en las hechuras de una obra totalmente reveladora.

Un trabajo que ni siquiera roza la media hora y en el que Ferré se hace a medida el mejor traje posible, según su capacidad en ese momento, para un personaje cargado de intención. Un personaje que está como pez en el agua entre la altivez embriagadora de "Monsieur William" —véase esa risa jocosa con la que adorna algún verso; entre la belleza bucólica de "La chambre" o "Le pont Mirabeau"; o entre el drama vertiginoso de "Vitrines". Algunos de los momentos más definitorios de un disco que, aun quedando lejos de la majestuosidad de sus mejores trabajos, ya da pistas de las habilidades del que sería con el tiempo uno de los arquitectos más poderosos de la chanson. Junto a Jacques Brel o Georges Brassens, el compositor más decisivo de la música francesa del siglo XX. 

Puede que estas canciones queden algo torpes y demasiado encorsetadas por una orquesta que no deja de sonar tan florida como anticuada. Sin embargo, el disco tiene un valor imposible de opacar. Se huele que estamos ante un grande. He aquí los primeros pasos de su apasionante historia.

★★★☆☆

A1 Monsieur William
A2 La chambre
A3 Vitrines
A4 Le pont Mirabeau
B1 Judas
B2 Notre amour
B3 ...Et des clous
B4 Les cloches de Notre Dame
B5 Paris canaille

Total: 28 min.