
EMO-METAL PROGRESIVO. Coal pasa por ser la cumbre de Leprous, o una de ellas. Lo que sí parece claro es que es el más querido de sus primeros álbumes. Algo que no me extraña en absoluto tras someterme a su sonido aplastante, denso y casi apocalíptico. Un sonido que define a la banda y la imbuye de una unicidad indiscutible.
Porque Leprous tiene sus referentes, eso está claro, y toma del metal avanzado, de lo emocional y del progresivo, pero lo hace de una manera intransferible. Con un estilo que no apela al death ni al black metal que otras bandas de esas latitudes han explorado con profusión. Puede que haya restos de esa conflagración, pero sin duda son brasas minúsculas y agónicas. Lo suyo tiene más que ver con la colisión desmedida entre el metal y la música de cámara, entre lo sofocante y lo epidérmico.
Y ahí es donde está el problema con Leprous en general y con este disco en particular. En todo ese tremendismo que habita en unas canciones larguísimas, de desarrollos faraónicos y épicas hasta la desmesura. En la indescriptible voz de Einar Solberg: melódica, dúctil, profunda y capaz de pasearse sin dudar por todo el espectro, de lo sentimental a lo gutural, sin perder credibilidad por un instante. ¿Y son estas cosas un problema? Pueden serlo si no les compras su... ¿cómo lo llamó un amigo? Sí, su tono lastimero. Algo que muchos otros llamarán emoción pura.
No estamos, por tanto, ante un disco de unanimidades. Lo de Coal es un pastiche lleno de lirismo y pasión, una obra emocional hasta el tuétano y en todo momento. Algo a lo que hay que acostumbrarse y que te puede llegar a cansar, pero que no se puede menospreciar jamás. Siendo gráfico, todo esto suena como si al cantante de Muse le hubieran metido por el culo la discografía completa de King Crimson. Una cosa condenada a llamar tu atención sí o sí.
Creo que he dejado claro, de una vez por todas, que Coal no es para todo el mundo. Es cierto que parece capaz de congraciar a los fans de Neurosis con los de Muse y a los de Porcupine Tree con los de Radiohead. Sin embargo, tampoco tiene mucho recorrido más allá del campo del metal progresivo. Es un disco muy directo si tenemos en cuenta lo alambicado de unas composiciones kilométricas. Es incluso acogedor, pero ¿vas a vencer la resistencia inicial a subirte en él? Deberías. Aunque sea lo único que escuches del grupo, merece muchísimo la pena someterse a toda esta devastación.
★★★★☆
1 Foe 5:15
2 Chronic 7:19
3 Coal 6:50
4 The Cloak 4:09
5 The Valley 8:59
6 Salt 4:30
7 Echo 9:41 ❤
8 Contaminate Me 9:02
Total: 55:48
Leprous es el sonido indómito de la naturaleza más salvaje, el eco helado del fiordo, la materialización acústica del nacimiento de una ciclogénesis. De alguna forma, sin sonar tradicionales, sin apelar al terruño, acaban llevando su Noruega natal en unas composiciones absolutamente brutales.
Los fiordos, el Preikestolen, las auroras boreales... Todo cobra vida en esta obra monumental. También el arte vikingo, el acero y el alma indómita de todo un pueblo. Y no sé por qué. No hay razones objetivas para establecer estas conexiones, pero lo cierto es que en mi cabeza cobran todo el sentido cada vez que me sumerjo en esta tormenta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario