martes, 20 de enero de 2026

Tirando de fe

Dear Heather (Leonard Cohen, 2004)

CANCIÓN EXHAUSTA. Los discos de Leonard Cohen a estas alturas huelen a despedida, y este más que ninguno. Consciente de que puede ser el último (esperemos que no) procura despedirse con dignidad. Y lo hace sin miedo a tomar versos ajenos (Lord Byron, Frank Scott), colaborando con Sharon Robinson o Anjani Thomas, o inspirándose en una canción tradicional quebequesa ("The Faith") o un clásico estadounidense ("Tennessee Waltz"). 

Esta generosidad y modestia, casi paso atrás, la redondea dedicando varios temas a amigos y reduciendo su presencia vocal. En algunos temas solo hace coros o recita, dejando el peso en las melodiosas voces de Thomas o Robinson. Desde luego, si es una despedida, lo es con la cabeza alta, con la aceptación de lo efímero de la existencia y con el optimismo del que lo ha vivido todo y aún ve esperanza en nuestro tiempo. 

Y si es una despedida, no puedo decir que sea la que sus seguidores deseábamos. Un disco casi terminal en el que nos muestra ese yin y ese yang, optimismo y negrura, de una manera tan hermosa como anémica. Tan delicada como inane. Porque puede que este álbum sea más equilibrado que el anterior, pero le faltan los hitos de rigor. Puede que esté más enfocado, pero sugiere mucho y enseña poco. Fuerzas que entrechocan con calma en una pelea silente que parece importarle solo a un cantautor que ha abandonado el personaje para siempre. Bien por él, pero lo que es a nosotros... todo esto nos hace mucha menos gracia.

★★☆☆☆

1 Go No More A-Roving 3:40
2 Because Of 3:00
3 The Letters 4:44
4 Undertow 4:20
5 Morning Glory 3:28
6 On That Day 2:04
7 Villanelle for Our Time 5:55
8 There for You 4:36
9 Dear Heather 3:41
10 Nightingale 2:27
11 To a Teacher 2:32
12 The Faith 4:17
13 Tennessee Waltz (Live) 4:05

Total: 48:49

No este un disco en el que los opuestos se entrechoquen con brutalidad ni nada de eso. Es un trabajo pausado, reflexivo y que fluye con la serenidad de un arroyo de montaña.

 

Sin embargo, hay algo en él, en su portada entre lo zen y lo oriental, en el blanco y negro de la cabellera de la chica... Y no nos engañemos, en todo lo que sabemos que ha vivido el maestro, con su ordenación como monje y su reciente vida de reclusión, que me lleva directo al yin y el yang que mencionaba en la reseña.

Más por aspectos formales que de fondo, más por toques tangenciales que nucleares, pero para mí es inevitable relacionarlo con el símbolo supremo del Taoísmo.

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