
CANTAUTOR SOUL. Instalado en Inglaterra y en pleno proceso de desintoxicación con metadona, Tim Hardin afrontó este último álbum con Columbia como una necesidad en todos los sentidos. Para cerrar contrato y casi como terapia para alejarse de los opiáceos. Algo que, atención spoiler, no iba a conseguir nunca del todo.
Debía tener demasiadas cosas en su cabeza en esos días, porque para este disco se buscó diez versiones a las que dio forma con su estilo personal de siempre. Algo comprensible si tenemos en cuenta el bagaje personal del genio de Oregón, pero algo también que no podía redundar en obra maestra alguna. Por mucho que se rodeara de la flor y nata de los músicos de sesión del Reino Unido más la aportación siempre notoria de todo un Peter Frampton a la guitarra.
Eso es lo que más pena da con este autor. Con buenas ideas y mejores amigos, no dejamos de asistir impotentes a una degradación personal que va de la mano de la artística. Una decadencia inexorable y radical que le hizo entregar un par de discazos y alguna obra menor paladeable para ir hundiéndose poco a poco en la irrelevancia más soporífera. Sin remedio ni solución de continuidad. No me hace falta seguir adentrándome en su discografía para entender que no voy a encontrar en ella más que decepción. Sin embargo, hasta en estos momentos, Hardin tiene algo que me hace querer seguir explorando. Algo que solo me pasa con los más grandes. Porque hasta aquí hay algún requiebro que merece la pena, algún guiño melódico, algún coro gospel que se abre al infinito... Amigos, este también fue Tim Hardin. No lo olviden.
★★☆☆☆
A1 You Can't Judge a Book by Its Cover
A2 Midnight Caller
A3 Yankee Lady
A4 Lonesome Valley
A5 Sweet Lady
B1 Do the Do
B2 Perfection
B3 Till We Meet Again
B4 I'll Be Home
B5 Nobody Knows You When You're Down and Out
Total: 36 min.
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