
CANCIÓN DISLOCADA. “I didn't marry a man. I married a mule.” (Kathleen Brennan)
Seis años tuvimos que esperar para que Tom Waits nos regalara la continuación de su anguloso y complicado The Black Rider (1993). Un tiempo que mereció la pena de todas todas ante la envergadura artística de este, su decimocuarto disco de estudio, sin duda, uno de los mejores de su carrera. También su álbum más largo hasta ese momento —si no me fallan los cálculos—, lo que no impide que penetre en tu alma a poco que le dediques el tiempo que requiere.
Las virtudes de Mule Variations están a la vista. El hecho de grabarlo en los Prairie Sun Recording Studios, en su California natal, fue un elemento clave que impregna su sonido. No en vano, estamos hablando de unos estudios construidos en una antigua granja de pollos, con graneros y animales correteando por todas partes. Esto es especialmente notorio en una "Chocolate Jesus" en la que podemos oír a las gallinas de fondo. Sin duda, una ambientación ideal para lo que se traía Waits entre manos: una especie de profundización en las raíces de la tierra sin dejar de lado la heterodoxia sónica que llevaba siendo su seña de identidad durante más de tres lustros.
Siendo justos, y teniendo en cuenta el desvío que había supuesto The Black Rider, habría que compararlo con su auténtico predecesor espiritual, Bone Machine (1992). Una pelea de nivel que, en mi caso, gana Mule Variations. Mientras que el primero es un constructo maquinal y artero en el que la muerte, la descomposición y nuestra caducidad, en definitiva, marcan el tono hasta hacerla una obra casi infernal, el trabajo que nos ocupa, sin renunciar a la barbarie sónica habitual, muestra una humanidad que lo pega a la tierra. Bone Machine nos quitaba la carne para enseñarnos nuestro esqueleto. Mule Variations habla de soledad, pobreza, sexo, religión y amor perdido, con los personajes marginales de rigor, pero con empatía, como esa tierra que se queda bajo las uñas después de un día de trabajo duro.
Por eso, por encima de todo, y apelando a un gusto puramente personal, destacaría las composiciones que Tom escribió junto con su mujer, Kathleen Brennan. Temas de una hondura y una emoción que casi nos retrotrae a sus primeros discos. "Hold On", "Cold Water", "Take It With Me" o "Come Up to the House" se encuentran, sin exageración alguna, entre lo mejor de su cancionero. Algo que, unido a la potencia y al atractivo del resto de temas, logra armar un disco absolutamente embriagador y, me da a mí, que uno de los que mejor va a envejecer de todo su catálogo.
★★★★☆
1 Big in Japan 4:03
2 Lowside of the Road 2:57
3 Hold On 5:30 ❤
4 Get Behind the Mule 6:49
5 House Where Nobody Lives 4:12
6 Cold Water 5:20
7 Pony 4:29
8 What's He Building? 3:18
9 Black Market Baby 4:59
10 Eyeball Kid 4:24
11 Picture in a Frame 3:38
12 Chocolate Jesus 3:54
13 Georgia Lee 4:21
14 Filipino Box Spring Hog 3:07
15 Take It With Me 4:20 ❤
16 Come On Up to the House 4:35 ❤
Total: 69:56
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