
Bone Machine (Tom Waits, 1992)
CANCIÓN DISLOCADA. Ante una camarilla de acólitos hambrienta de nueva música de su ídolo, Tom Waits fabricó su disco de estudio número doce —sí, he contado sus bandas sonoras— con la idea de profundizar en una heterodoxia que ya controlaba con mano de hierro. Habían pasado cinco años desde su última obra propiamente dicha —sí, aquí me he saltado una banda sonora—, y con Bone Machine dejó claro que su compromiso artístico permanecía intacto y que sus coordenadas apuntaban al Hades más que nunca.
El concepto del disco gira en torno a lo desechable del cuerpo humano. Somos máquinas de huesos, nos estropeamos con el tiempo y tienen que reemplazarnos por otras nuevas. De ahí que no resulte extraño que Waits haya vertido en el álbum una obsesión malsana por nuestra caducidad y por la muerte tanto física como espiritual. Pero también podemos encontrar en sus hechuras un ludismo inédito, pero lógico a poco que se piense, en el cantautor dislocado. En las entrevistas de la época era frecuente que cargara contra las innovaciones en los métodos de grabación digital y en el olvido en el que habían caído instrumentos y aparatos que, según sus propias palabras, "funcionaban de verdad".
Hasta tal punto llega su aversión por la asepsia de la modernidad que, ante sus dudas con el espacio en el que iban a grabar, movieron el material de grabación y tendieron cables por el monte hasta un cobertizo con suelo de cemento cerca del estudio original. Ni que decir tiene que todo este ambiente entre campestre y opresivo se puede percibir cuando escuchamos el álbum. Algo que se acentuó por la obsesión de nuestro héroe con las percusiones. Incluso llegó a inventarse instrumentos como el conundrum, que suena por todo el disco y es básicamente una cruz de metal a la que le colgó barras metálicas, sables de Tijuana y otras barbaridades.
Todo esto influye en el sonido crudo, aberrante y casi aterrador de una obra en la que también destaca la garganta de un Waits más rugoso y cáustico que nunca. El marco perfecto para unas historias de decadencia y muerte que, sin tener momentos que destaquen claramente entre los demás, conforma un cancionero poderoso y sin fisuras. No, Tom a estas alturas no estaba para dar de comer a las listas de éxitos, pero a sus seguidores, por supuesto, eso no les importaba en absoluto. Simplemente tenía que seguir entregando colecciones tan adictivas y personales como esta para que siguiéramos creyendo en su palabra.
★★★★☆
1 Earth Died Screaming 3:41
2 Dirt in the Ground 4:10
3 Such a Scream 2:10
4 All Stripped Down 3:05
5 Who Are You 3:59
6 The Ocean Doesn't Want Me 1:53
7 Jesus Gonna Be Here 3:23
8 A Little Rain 3:00
9 In the Colosseum 4:52
10 Goin' Out West 3:22
11 Murder in the Red Barn 4:31
12 Black Wings 4:39
13 Whistle Down the Wind 4:37
14 I Don't Wanna Grow Up 2:33
15 Let Me Get Up on It 0:57
16 That Feel 3:12
Total: 54:04
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