jueves, 22 de octubre de 2026

Cegado por la luz de la luna

Delta Momma Blues (Townes Van Zandt, 1970)
 

FOLK/BLUES. Con un sonido más limpio y una clara inclinación de la balanza hacia el blues, Townes Van Zandt afronta su cuarto álbum con energías renovadas. A los mandos, Kevin Eggers, su mánager, y Ron Frangipane, pianista y arreglista que había estudiado bajo la mentoría de todo un Igor Stravinsky. Un productor que apreció desde el principio el carácter único del cantautor. "Si hubiera visto la posibilidad de grabar un éxito con Townes, lo habría hecho, pero él no era así. Townes era, básicamente, un contador de historias americano, ese tío que se sienta en el porche y te habla".

Con estas premisas, podríamos tener unas expectativas que se cumplen a la vez que se van matizando conforme avanza la escucha. Ese disco, más pizpireto por su sonido, se va empañando y hundiendo en la gravedad atenazante hasta culminar en esos pozos de negrura que son "Rake" y "Nothin'", curiosamente o no, lo mejor del álbum. Dos de los ejemplos más perfectos de esa tristeza abrumadora y fulminante que sacaba de lo más hondo de su ser. Toneladas de verdad sin maquillar que nos devuelven de un empellón al abismo. Porque aquí hay un par de temas entre la tradición y la coautoría, pero lo gordo todavía sale de la pluma del tejano. Algo que siempre va a ser mucho para digerir de una sentada.

Sigue habiendo arte mayor en estos surcos, diferentes, pero igual de adictivos. Como ese bromhidrato de dextrometorfano que le presentaron unos soldados años antes y que fue el que le ayudó a bautizar el disco. Un jarabe para la tos, el Robitussin DM, que acabó dando nombre al trío del que formó parte en Austin años antes. Eran los Delta Mama Boys. Hagan sus cuentas y entenderán un poco mejor a qué suena este disco. O no. Lo mejor es ponérselo y comprobar a qué sabe la más pura adicción. Y eso sin ser el mejor trabajo del autor de "Waitin' Around to Die". Si esto es así de bueno, imagínense lo otro.

★★★★☆

A1 FFV 3:35
A2 Delta Momma Blues 3:59
A3 Only Him or Me 2:30
A4 Turnstyled, Junkpiled 3:24
A5 Tower Song 4:08
B1 Come Tomorrow 2:56
B2 Brand New Companion 4:44
B3 Where I Lead Me 2:50
B4 Rake 4:05 ❤
B5 Nothin' 2:46 ❤

Total: 34:57  

Todo parece ir bien en este disco, todo parece fluir según lo previsto hasta llegar a los dos últimos temas. Un auténtico muro de hielo en el que nos estrellamos sin aviso previo. De repente, el viaje, que había sido más o menos placentero mientras atravesábamos praderas verdes con algún pequeño secarral, que nos quitábamos de encima con rapidez, se torna frío y oscuro como la noche más negra del invierno

Con dos temas, "Rake" y "Nothin'", que aquí parecen no pegar ni con cola, o más bien, que no nos esperábamos. Y eso que los dos parecen esculpidos en mármol mortuorio, en el estilo que siempre hemos asociado al titán de Fort Worth. Ese estilo adusto, profundísimo y de una belleza gélida y penetrante como solo él ha sabido destilar. Pero nos cogen por sorpresa, en medio de canciones más convencionales y más sonrientes.

 

Nothing with Nothing (Nick Kelly) 

Que en realidad casi todas tienen ese punto fatalista que convierte la sonrisa en mueca torcida, pero al menos aparentemente se nos muestran mucho más soleadas que los versos grises de una "Rake" en la que la desesperanza se hace carne a través de imágenes como la de esa insoportable y cegadora luz de la luna que daña los ojos del protagonista. O como en esa "Nothin'" que empieza tras una pausa interminable, como para dejar claro que es un epílogo, un obituario que no pertenece al disco ni a este mundo.

Una canción, "Nothin'", que no puede ser más negra ni más pesimista. Un pozo de tinieblas tan insondable que en la voz de cualquier otro sonaría impostado. No en la de Van Zandt. Él sí nos hace sentir el peso incalculable de verdades tan duras que resultan casi insoportables. Muchos creemos que va sobre la droga y su tenaza inexorable, pero Townes dijo que la compuso después de leer La última tentación de Cristo (Nikos Kazantzakis, 1955). Algo de droga sí que hay de todas formas en esta canción de muerte, negación y nihilismo extremo. Una canción sin esperanza alguna, sin final feliz. Tan real y dolorosa que resulta sobrecogedora.

"Nacer es volverse ciego y postrarse mil veces ante ecos ensartados en la pura tentación. Dolor y soledad, esas son las cosas preciosas y las únicas palabras que vale la pena recordar".

Poco o nada se puede añadir a eso.

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