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viernes, 28 de mayo de 2021

La niebla

Felt Mountain (Godlfrapp, 2000)

ELECTRÓNICA PAISAJÍSTICA. Entre Portishead y Massive Attack, entre David Lynch y Alfred Hitchcock, este dúo nos endosa su electrónica de celuloide inmersos en volutas de humo y vapores de helio en busca de una epifanía que por muy grande que les quede consiguen evocar con cierto éxito y probada frescura. Las malas lenguas suelen compararlos desfavorablemente con gente como la banda de Beth Gibbons ya mencionada, y sí, algo de eso hay, aunque no quisiera restar valor al profundo impacto que Alison Goldfrapp y Will Gregory consiguen endosar al oyente desprevenido.

No es de extrañar que fueran preseleccionados para el prestigioso Mercury Prize, que premia al mejor disco británico o irlandés del año. Se lo acabaron dando a PJ Harvey, pero podía habérselo llevado este dúo perfectamente. Su electrónica en cinemascope, tintada de tonos lúgubres y de un sentimiento tan irreal como conmovedor se me antoja perfecta para este tipo de galardones. Y con ello también quiero decir que veo mucho de efectista en un disco que no hay quien se crea.

Que eso importe más o menos es cuestión de cada uno. Lo que es innegable es la efectividad de las composiciones y la potencia de unos arreglos que parecen buscar en todo momento el tuétano de nuestra alma para acariciarlo o retorcerlo sin pudor alguno. Silbidos multiplicados hasta el infinito, theremines y lo que sea para acolchar las atmósferas y hacernos flotar hacia un mundo irreal tan apetecible como pasteloso. Me gustan, sí. Hasta cierto punto.

★★★☆☆

1 Lovely Head 3:50
2 Paper Bag 4:06
3 Human 4:36
4 Pilots 4:30
5 Deer Stop 4:07
6 Felt Mountain 4:17
7 Oompa Radar 4:42
8 Utopia 4:18
9 Horse Tears 5:10
Total: 39:36

 

Xxx

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viernes, 8 de junio de 2018

El sonido de la noche

Dummy (Portishead, 1994)
 

RIP HOP. Tres años después de que Massive Attack reventaran el panorama con Blue Lines (1991), Portishead se destapan con otra obra maestra de ese género brumoso, denso y sedoso que alguien bautizó como trip hop. Desde Bristol, cuna del estilo, comparten postulados con coetáneos como los mencionados o el arcángel de la noche, Tricky.

Lo que los diferencia ya desde el primer instante es su filiación extrema en favor de la elegancia y la atmósfera por encima de truculencias y sonidos abisales. Los bajos son gordos como se espera y el sonido que crea el grupo en este, su mejor disco, es el de una película que no existe, pero a la que acaban dando forma a base de clase infinita y gracias, sobre todo, a la voz sugerente, angelical y pura como la nicotina, de una Beth Gibbons que reina como la diva celestial que acabaría marcando una época en el pop británico.

Las canciones contenidas en Dummy son el canon sobre el que han trabajado en una discografía demasiado espaciada para unos fans que siempre los han idolatrado hasta el fanatismo. Las once piezas que forman este álbum son de una importancia capital en el devenir del trip hop y yo diría que de toda la música electrónica con vocación atmosférica producida con posterioridad. Destacaremos, porque brillan con brutalidad, joyas como "Sour Times", "Roads" o "Glory Box". Es de justicia hacerlo, aunque siempre lo haremos sin olvidarnos de un listado made in heaven para uno de los discos más importantes de los 90. Puro soul contemporáneo en su máxima expresión.

★★★★☆

1 Mysterons 5:06
2 Sour Times 4:14
3 Strangers 3:57
4 It Could Be Sweet 4:19
5 Wandering Star 4:53
6 Numb 3:57
7 Roads 5:05
8 Pedestal 3:41
9 Biscuit 5:04
10 Glory Box 5:07
Total: 45:23