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sábado, 14 de septiembre de 2024

Brisa marina / Viento del desierto

Khaled (Khaled, 1992)

RAÏ. Estreno de (Cheb) Khaled en una major con uno de los mejores discos de África, según algunos. Lo que me pregunto es si los que lo tienen en tanta estima hablan desde el continente o nos están ofreciendo una visión puramente occidental basada en la sabia fusión que logra aquí el argelino. Fusión en la que ahondaría sin escafandra en esfuerzos posteriores, pero que aquí ya se antoja clara y brillante.

Una fusión que busca abrillantar su música, limarla de aristas, para tratar de conquistar los paladares europeos, principalmente, poco dados a las sutilezas retorcidas de la música étnica en su estado más crudo. Esto le hizo amasar una masa de público como no había tenido antes, aunque también perdió a muchos puristas que vieron este cambio como una traición a sus raíces, dejando de comprar sus discos e ir a sus conciertos.

Por todo esto se puede tener la tentación de vilipendiar este trabajo como una bagatela de escasa autenticidad. Sin embargo, siendo justos, y aun echando en falta algo de la grasita de esos teclados de feria con los que empezaba, las canciones bullen y la fusión funciona. El disco tiene incluso toques andaluces, o eso me parece a mí, que nos recuerdan lo cerca que están dos tradiciones que a veces vemos como en las antípodas, cuando en realidad comparten una misma sangre.

No sé, a mí este disco me parece muy válido. No es una joya que encumbraría como lo mejor del continente. Tampoco tengo claro que sea lo mejor que haya hecho Khaled, pero sí que puedo sentarme a escucharlo con agrado y disfrutar de su vaivén turgente, de su brisa más marina que desértica... De una vibración que en cierta forma es única e intransferible. Todavía no he encontrado la obra definitiva del rey del raï. No obstante, este disco me invita a seguir explorando.

★★★☆☆

1 Didi 4:59
2 El arbi 3:32
3 Wahrane 4:25
4 Ragda 3:48
5 El ghati 4:05
6 Liah liah 4:19
7 Mauvais sang 6:11
8 Braya 4:44
9 Ne m'en voulez pas 4:55
10 Sbabi 4:03
11 Harai harai 3:57
Total: 48:58

viernes, 26 de julio de 2024

Mon trèsor

Kenza (Khaled, 1999)

RAÏ. Está claro que Khaled está aquí de vuelta de todo. No se puede estar seguro, ya que es difícil seguir el rastro de las ediciones locales en estos países africanos, pero como mínimo estamos ante su vigesimotercer trabajo de estudio. Una cifra impresionante si tenemos en cuenta que estamos hablando de un periodo de veintiún años. Una cifra que da fe de que el rey del raï podía hacer lo que quisiera, cosa que hace a base de bien en un disco en el que su estilo se contamina con tantas cosas que es difícil decidir por dónde empezar.

Lo que sí que está claro es que no deben esperar pureza magrebí aquí. Que ya sé que estos sonidos bastardos siempre se han caracterizado por absorber todo lo que se ponía a tiro, pero si comparamos los teclados baratos que adornaban las canciones primitivas de Khaled con estas orquestaciones de oropel, con estos vientos tan mayúsculos y con unos bajos que arriman esta música tanto al reggae como al jazz o al funk, nada de lo que esperáramos se va a parecer a lo que suena aquí.

La fusión, por tanto, se ha adueñado de la música del argelino, eso sí, sin desfigurarla por completo. Es tanta la calidad del sonido, la turgencia de los ritmos y la perfección con la que se integran lo caribeño y hasta lo norteamericano con los melismas norteafricanos, que la identidad del de Orán se acaba conservando de manera milagrosa. Sí, a pesar de las paletadas de tierra europea, cubana y norteamericana que se le han echado al disco, la fusión funciona más que bien. En un álbum que, tampoco se me olvida, es tan apreciado en occidente por todo esto, pero muy especialmente por esa versión de "Imagine" que se marca con Noa. Una versión infame en la que el pasteleo, lo ñoño y lo almibarado la hacen injustificable. Por mucho que su poder simbólico cuente con una potencia descomunal, la unión entre el pueblo judío y el musulmán siquiera durante los cuatro minutos que dura el tema no mejora el resultado en términos artísticos.

Y si ese momento, que es el que ha hecho que medio occidente reivindique este trabajo, no llega a cargarse el disco es porque el resto de temas acaban funcionando. Bueno, no ese azucaradísimo "C'est la nuit", del que encima hay ¡dos versiones!. Y tampoco funciona el artefacto como conjunto, como un todo indisoluble, pero aunque solo sea como piezas sueltas y de manera autónoma, se puede decir que consiguen engatusarme y hacer que a la gran mayoría me las crea en toda su abyecta mezcolanza indiscriminada. Todo un éxito si tenemos en cuenta mi opinión inicial sobre un disco de esos que crecen con las escuchas. Sí, sin ser una obra maestra, con Kenza me he tenido que tragar muchas cosas, y hasta debo decir que es de esos que me ha acabado poniendo en mi sitio.

★★★☆☆

1 Aâlach Tloumouni 5:02
2 El Harba Wine 4:33
3 C'est la nuit 5:04
4 Imagine 4:07
5 Trigue Lycee 4:43
6 E'dir E'sseba 5:50
7 Ya Aâchkou 3:57
8 Melha 6:07
9 Raba-Raba 5:37
10 El Bab 5:28
11 El Aâdyene 5:37
12 Gouloulha-Dji 5:37
13 Mele H'bibti 6:29
14 Derwiche Tourneur 6:00
15 Leïli ("C'est la nuit" Arab version) [Bonus Track] 4:08
Total: 78:19

lunes, 22 de julio de 2024

Esta es tu opinión

Hada raykoum (Cheb Khaled, 1985)

RAÏ. Sin pretender ser un experto en raï, sí que tengo unas nociones de lo que es o de lo que cualquier melómano, siquiera casual, piensa que es. Para mí el raï es una música popular del norte de África que tiene casi más que ver con nuestro pop que con las raíces más ancestrales de esa tierra. Sin dejar de hurgar en los sonidos que han vertebrado la cultura y la idiosincrasia magrebí, siempre la he visto como un trasunto populachero que, por mucho que nos haya llegado a Europa cargada de exotismo, no deja de tener un toque callejero, festero y casi diría que vulgar, que es lo que la hace tan popular y tan atractiva.

Todas estas ideas preconcebidas se ven reforzadas tras la escucha de este disco del rey del raï, un Cheb Khaled, que estaba a punto de quitarle el "Cheb" a su nombre de guerra para entregarse aún más a los sonidos, digamos, más occidentalizados. Unos sonidos que están ya aquí, en esta versión primigenia y más pura de su música, pero que todavía, a pesar del uso extenso de los teclados, sigue sonando puramente (o mejor, turbiamente) morisca, insolente y ritual hasta el tuétano.

Y todo eso significa que nos vamos a encontrar desarrollos larguísimos que se van enroscando en busca de la hipnosis a través del baile. Un baile serpenteante para entrar en trance sin remedio. Unos sonidos que a mí me suenan un poco a cosas como Camela, con todo lo que eso significa. Afirmación que defenderé por mucho que me llamen loco y que, más que restarle calidad al disco, creo que le da una personalidad que no encuentro en su obra posterior. Seguro que todo esto podría haber sonado mejor, pero habría perdido mucha de su gracia. También podría haber tratado de ser más directo y menos repetitivo, pero entonces ¿quién se acercaría a curiosear?

★★☆☆

A1 Hada raykoum
A2 Raha m'rida
A3 Hadak aachki le oul
B1 Maskhiti ma chefiti
B2 Hana hana male hbibti madjatch
B3 Kari fik lamene
 
Total: 47 min.