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jueves, 4 de julio de 2024

Ahondando en la raíz eléctrica

Songhai 2 (Ketama, Toumani Diabaté & José Soto, 1994)

FLAMENCO FUSIÓN. Está claro que todo el mundo quedó más que conforme con la primera colaboración, ese Songhai (1989), que había sido todo un éxito. Por eso, para no enfriar demasiado el tema, se pusieron manos a la obra con una continuación apenas seis años después. Los implicados, básicamente los mismos, aunque con cambios sustanciales. Danny Thompson y su contrabajo tuvieron un papel más testimonial. De ahí que su nombre no aparezca en la portada de algunas ediciones del disco y en otras sea solo un añadido a un nivel inferior al de los tres nombres rutilantes que se adueñaron del proyecto.

Ketama, Toumani Diabaté y José Soto "Sorderita", que aparece separado del grupo al que había pertenecido, son los cabezas de cartel. Aun así, el korista maliense se trajo a Keletigui Dabate al balafón y a Basekou Kouyaté al n'goni. A estos habría que unir la voz prodigiosa de Kassemady y esos coros dorados que generan un contrapunto fastuoso. Unos ingredientes que, unidos a la experiencia con la que contaban, hacen que el resultado sea más brillante, más sólido y con bastante más empaque que en la colaboración anterior. Lo que no quita que la pérdida del factor sorpresa y el exceso de pasteleo acaben dañando a la obra hasta el punto de hacerla mucho menos imprescindible y bastante menos hermosa que su hermana mayor.

Porque por muchos momentos emotivos que contenga, los cuales superan con creces lo escuchado seis años antes, también es justo reconocer que en ocasiones esta música hace bastante más que rozar la sensiblería y juguetea con la cursilería de manera peligrosa. Por todo esto, el disco queda para mí un poco por debajo de un Songhai (1988) al que veo más pertinente y en su sitio. Sin embargo, por mucho que, en su amplio abanico estilístico, me quede con los aires caribeños de "Djamana Djana" sobre el pestiño llorica de "Pozo del deseo", no deja de ser un verdadero placer el sumergirse en unos soniquetes que no vamos a encontrar de esta forma y en esta proporción en ningún otro sitio.

★★★☆☆

1 Sute Monebo 4:57
2 Niani 3:52
3 Pozo del deseo 5:14
4 Monte de los suspiros 4:14
5 Djamana Djana 4:47
6 De Jerez a Mali 4:33
7 Ndia 7:23
8 De la noche a la mañana 4:43
9 Mali Sajio 5:31
10 Pozo del deseo (instrumental) 4:45

Total: 49:59

Xxx

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domingo, 30 de junio de 2024

Más lejos, más negro, más profundo

Songhai (Ketama, Toumani Diabaté & Danny Thompson, 1988)

 

FLAMENCO FUSIÓN. Al principio suena algo forzado, aunque creo que se debe más a la resistencia de nuestro oído, poco o nada acostumbrado a estos soniquetes, que a falta alguna de empaste o de calidad. Son las escuchas y el ir avanzando en una obra que mejora muchísimo hacia el final, todo hay que decirlo, las que acaban poniendo a este proyecto en su sitio. En un merecidísimo trono que no nos atrevíamos a entregarle del todo. Por cómo Toumani funde su kora con las guitarras flamencas. Por la forma en la que Danny Thompson crea con su contrabajo el colchón más maravilloso en que pensarse pueda. Y todo esto regado por el sabor especiado de unas voces subsaharianas que no pueden ser mejor contrapunto para los dulces melismas aflamencados de los Carmona.

Parece claro que en esto del arte es inevitable ir cada vez más allá. La vuelta de tuerca, el doblar la apuesta, es la base de la creación artística. Por eso, una vez más, este proyecto no surge de la nada. Me parece bastante obvio que se mira en ese Encuentros con el que El Lebrijano y la Orquesta Andalusí de Tánger le dieron el penúltimo revolcón al flamenco en 1985. Eso sí, en esta ocasión, la alianza se forjaría más al sur de ese Magreb que había especiado la garganta pedregosa de Juan Peña. Mali y la música del antiguo Imperio Songhai iban a ser las coordenadas geográficas y temporales para la culminación de la última afrenta a una tradición flamenca que, lo crean sus guardianes o no, ha ido avanzando a golpe de transgresión y ruptura.

En cuanto al contenido del disco, me parece que no está del todo compensado. Cosa que le acaba dando una gracia especial, pero que no deja de ser algo incómodo. La cantidad y disposición de los instrumentales frente a los temas cantados me resulta, de alguna forma, rara. Una extrañeza que se ve sobrepasada claramente por la calidad de los pespuntes de Diabaté y por la integración perfectísima con las guitarras de los Carmona. Una incomodidad inicial que acaba amoldándose en nuestro oído con una naturalidad y una suavidad que hacen que nos olvidemos de cualquier pensamiento negativo inicial. Creo que una vez más se trata de prejuicios más que de otra cosa. Y si una obra como esta sirve para algo, es precisamente para volatilizarlos a base de hermandad, entendimiento y una unión que se hace gigantesca por los obstáculos que supera y por la fuerza de los lazos que crea. 

Songhai nos acaba poniendo en nuestro sitio. Nos enfrenta con nuestras certezas, nuestros miedos y nuestro supuesto cosmopolitismo. Por eso es tan enorme y por eso siempre vamos a necesitar más obras como esta. A ver quién tiene los redaños de arremangarse y dejar de mirarse el ombligo como hace aquí este grupo de artistas que se atreven a moldear lo legendario.

★★★★☆

A1 Jarabi 3:40
A2 Mani Mani Kuru 5:29
A3 Caramelo 4:18
A4 A Toumani 3:28
B1 Vente pa Madrid 4:34
B2 Africa 5:23
B3 A mi tía Marina 3:36
B4 Ne Ne Koitaa 3:50

Total: 34:18

Es cierto que en la mezcla el ingrediente que más destaca, el que sobresale de entre todos los demás, es la kora de Diabaté. Quizás el músico maliense debería haber firmado en primer lugar un disco que todos etiquetamos como flamenco fusión, pero en el que no siempre destaca lo jondo sobre lo demás.

En cuanto entramos en esa pieza llamada "Africa" la cosa se pone realmente seria. La kora suena más tintineante y oscura, Danny Thompson usa su arco para que el contrabajo nos lleve en volandas hacia la noche del desierto y el canto de los Carmona se vuelve más doliente y profundo. Una pieza que avanza otras en las que podemos incluso deleitarnos con unos toques de blues a las orillas del Níger. 

Una recta final que pone al disco en otro nivel y que es la que acaba disolviendo cualquier atisbo de duda que hubiéramos podido tener hasta ese punto. Porque si los aires flamencos habían sido más que evidentes hasta ese momento, es en esta especie de suite en la que la música andaluza acaba fundiéndose con la sabana y los baobabs como nunca se había hecho ni se volvería a hacer en el futuro. Algo que tiene un valor incalculable.

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