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jueves, 2 de enero de 2025

Atascando conductos auditivos

Aural Sculpture (The Stranglers, 1984)

ART ROCK. Giro casi inesperado de los Stranglers, o ahondamiento en sus nuevas querencias, para una obra que mira de cara al pop como nunca antes y que se viste de purpurina para saltar directa a la pista de baile. Un disco que deja atrás las rugosidades y el ataque directo de sus comienzos para endosarnos lo que debería ser la madurez si esta tiene algún espacio para parecer respetable.

No es Aural Sculpture una obra que juegue a impresionar, sino que requiere de una disposición especial para disfrutarla y que no se puede despachar en un par de escuchas. No solo por su multiplicidad de capas, sino también porque sus ganchos son tan evidentes que se pueden confundir con algo manido y más que previsible. Por eso el disco corre el riesgo de parecernos aburrido, aunque cuando nos sorprendemos moviendo la cabeza al ritmo de "Spain" mientras Doña Carmen Polo de Franco nos suelta sus mejores deseos, puede que nos paremos a pensar qué narices esconde tanta amabilidad por parte de todos los implicados.

Ese sampler es solo un ejemplo de lo retorcidos que seguían siendo los Stranglers a estas alturas. Una banda que no debemos tomarnos a la ligera y que esconde siempre mucho más de lo que enseña. Sin embargo, no puedo decir que salga maravillado de mi encuentro con su octavo álbum. Más bien intrigado y con más ganas de dejarlo reposar que de seguir desentrañándolo. Que lo haré. Algún día. Quién sabe.

★★★☆☆

A1 Ice Queen 4:01 ✔
A2 Skin Deep 3:52
A3 Let Me Down Easy 4:10
A4 No Mercy 3:38
A5 North Winds 4:03
B1 Uptown 2:58
B2 Punch and Judy 3:45
B3 Spain 4:14 
B4 Laughing 4:14
B5 Souls 3:24 ✔
B6 Mad Hatter 4:00

Total: 42:19

Será por intereses comunes, por compartir espacio y tiempo, pero el giro de los Stranglers en estos años se me antoja que mira directamente en el pop arty y poderoso de Japan. Con los de David Sylvian comparten sonoridades y casi diría que intenciones. También en los colores y el espíritu de Quiet Life (1980), una de las obras maestras más rutilantes de los autores de Tin Drum (1981).

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sábado, 28 de diciembre de 2024

Zambulléndose en la locura

La folie (The Stranglers, 1981)

ROCK. Entre volutas de romanticismo y confrontación, los Stranglers dan la vuelta a su sonido para hacerlo más brillante, más retador, industrial a ratos y casi isabelino por momentos. Unos contrastes en los que gana lo hermoso sobre el feísmo y que no les restan ni una micra de esa personalidad insolente y única que habían estado forjando desde sus comienzos a codazos con la camarilla del punk.

Empiezan con una melopea hablada musicalmente en la línea de la Velvet Underground o Roxy Music, un par de sus influencias más claras. Una canción que invita a seguir escuchando, aunque esto no se acaba de ver recompensado con rotundidad en un viaje con altibajos y una sensación de acomodo que no le va bien al trayecto que nos proponen los de Guildford en su sexto álbum.

Al final, La folie se queda en ese anaquel en el que pongo todos esos discos que pasan por encima de mí sin atravesarme ni dejarme huella alguna. Esos que nos ponemos, nos suenan la mar de bien, los apreciamos por su calidad, pero que no conseguimos que nos enganchen por más escuchas que les dedicamos. Será que necesita más atención por mi parte o que simplemente no es para mí. Por mucho que cosas como "Golden Brown" o la canción titular, en un francés que tiene todo el sentido del mundo aquí, me dejen claro que estoy en frente de un álbum que merece mucho la pena.

★★★☆☆

A1 Non Stop 2:29
A2 Everybody Loves You When You're Dead 2:42
A3 Tramp 3:05
A4 Let Me Introduce You to the Family 3:08
A5 Ain't Nothin' to It 3:58
A6 The Man They Love to Hate 4:26
B1 Pin Up 2:49
B2 It Only Takes Two to Tango 3:41
B3 Golden Brown 3:30 ❤
B4 How to Find True Love and Happiness in the Present Day 3:07
B5 La folie 6:08 ✔
Total: 39:03

jueves, 26 de diciembre de 2024

Las ratas

Rattus Norvegicus [The Stranglers IV] (The Stranglers, 1977)


ART PUNK. Por favor, precaución cuando te subas al Rattus Norvegicus de The Stranglers. Un disco del 77, lo que implica que surgieron con el punk, pero cuidado, porque debes tener claro que cogieron solo algún brochazo de la nueva tendencia. Bueno, aparentemente, porque si nos fijamos en profundidad, nos daremos cuenta de que en realidad tanto en su modus operandi como en su arrojo son más punks que cualquiera. Lo que pasa es que esas canciones de más de 4 minutos, esos solos y ese teclado a lo The Doors no los emparentan con lo sucio y lo bajuno de la secta del imperdible. 

Pero, como digo, este disco es hijo del 77 y el primer largo de un grupo que ha sabido conjugar la suciedad y la melodía, la abrasión y el misticismo callejero como pocos. El estreno, por mucho que para despistar y provocar la controversia lo hayan marcado con un "IV" que nadie sabe qué significa.

Polémicas bautismales aparte, este disco es conocido con el nombre científico de la rata común. Asco y aversión para acabar maravillando con ese toque sesentero pero ensuciado, ese cuero manchado de carmín, ese toque arty que podía parecer barriobajero y elegante a la vez. Como su sonido, una melopea insuflada de aire por un teclado tintineante y una guitarra que lo mismo sonaba guillotinada que desbocada de psicodelia. Melodías inmaculadas sobre las que soltar algún verso caliente y más de un esputo. El inicio de algo grande.

★★★★☆

A1 Sometimes 4:50 ✔
A2 Goodbye Toulouse 3:12
A3 London Lady 2:25
A4 Princess of the Streets 4:34
A5 Hanging Around 4:25
B1 Peaches 4:03
B2 (Get A) Grip (On Yourself) 3:55
B3 Ugly 4:03
B4 Down in the Sewer 7:30
    a. Falling
    b. Down in the Sewer
    c. Trying to Get Out Again
    d. Rats Rally
Total: 38:57

Los Stranglers se empeñaron en ser especiales desde el principio. Quizás le plantaran ese "IV" a la portada de su debut para despistar, pero también es posible que lo hicieran para dejar claro que llevaban tiempo partiéndose la cara en tugurios de mala muerte. Por eso este estreno suena como suena. 

Tampoco se sentían cómodos cuando los relacionaban con una escena punk a la que tenían que pertenecer por fuerza. "Éramos parte del punk porque frecuentábamos los mismos bares que ellos, pero enseguida me di cuenta de que eran bastante enclenques". Palabras de Jean-Jacques Burnel (bajista y vocalista) que marcan distancias con claridad. Unas distancias que ya están en la propia música, mucho más sutil y elaborada que la de sus "queridos" compañeros de armas.

No, ni su sonido sesentero ni sus progresiones alambicadas ni ese amor por los Doors que se filtraba en ciertas atmósferas y en los sempiternos teclados de Dave Greenfield se ajustaban a los postulados del punk. Tampoco en sus temáticas, de Nostradamus a Percy Bysshe Shelley. Todo en un grupo que siempre ha sido tachado de misógino por alguna letra, alguna declaración y más de una actitud vital. Además, alguno de sus miembros ha pisado el calabozo por pendencieros y posesión de drogas. Todo esto es tan cierto como que su carácter contestatario iba más allá del simple exabrupto gracias a una profundidad que ha acabado proporcionándoles una longevidad que ninguno de sus compañeros ha podido igualar.

Ya lo decía el propio Burnel: "Puede ser (que no haya futuro), pero yo nunca canté eso de 'no future', fueron otros".