Una canción asfixiada por su fama y su sobrexposición. Una canción que suena añeja, que ha perdido vigencia (si es que alguna vez la tuvo) y que ya no epata como antes. Es cierto que me ha gustado mucho, incluso aprendí a tocarla con la guitarra (más o menos). Tampoco puedo decir que esté sobrevalorada, como no puede estarlo una obra de Mozart. Lo que sí es cierto es que oyéndola me entran ganas de agarrar la guitarra y desgañitarme al ritmo de "Anarchy in the UK". Una pieza de orfebrería contradictoria, linda por momentos y con la que no hay forma de reconciliarse... Por favor, que deje de coronar las listas de mejores canciones de historia. Es lo único que le pido.
Con todos estos pros y contras, no puedo más que afirmar que el cuarto de Led Zeppelin es un disco sólido y rotundo con todas las letras. El fiel reflejo de cómo se hacían las cosas en esos años. Se pulían las mejores melodías de las que uno era capaz y se hacían carne por medio de instrumentistas sobrehumanos. Para ese servicio estaba el martillo mayestático de John Bonham; los devaneos delicados, mántricos o a degüello del hacha de Jimmy Page; el bajo pionero y servicial de John Paul Jones; y la voz andrógina, avasalladora o caricaturesca de Robert Plant. Un lujo. Tan innegable como que al final muy pocos peros se le pueden poner a este clásico.
★★★★☆
Toda la carrera de Led Zeppelin y sobre todo este disco, más por Jimmy Page que por ningún otro, irá de la mano de la figura controvertida y siniestra de Aleister Crowley, pseudocientífico, pintor, poeta, montañero y esoterista al que en la época llamaban el Anticristo.
Una figura polémica y la mar de interesante que, más allá de sus logros reales, supo vestir cada una de sus acciones artísticas de una provocación que le han acabado la fama que le hace perdurar hasta nuestros días.
De él parece que sacaron la idea de un cripticismo en artwork y letras que también plasmaron en los cuatro símbolos que a partir de este disco iban a representar a cada uno de los miembros del grupo. Solo por esos detalles la figura de Crowley estará para siempre asociada con la banda y este disco inmortal.
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