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FLAMENCO. La cumbre de Camarón en su primera
época es el último disco en el que colaboraría Paco de Lucía. Hasta
nueva orden al menos. Y la verdad es que no sé explicar qué tiene este
disco para colocarse por encima de los ocho anteriores. ¿Autoridad?
¿Saber hacer? ¿Canciones? ¿Rajo? ¿Todo? No me queda claro, pero percibo
claramente que este disco tiene algo muy especial.
"Samara",
"Como castillo de arena", "Vivo pa quererte" y "Por cositas malas"
sientan cátedra de manera inapelable. Y luego está esa "Y mira que mira y
mira", que con sus aires festeros anuncia al Camarón populachero de los
80 y a medio flamenco nuevo, siempre desde la calidad pata negra y
permitiéndose la osadía de meter un laúd que ya anuncia futuras y más
profundas transgresiones.
Estas serían las más destacadas, pero la verdad es que hay poco o nada de desperdicio en esta obra maestra en la que la progresión excelsa del de San
Fernando queda sellada para siempre. Una obra eterna. Una destilación todavía más sutil de los superpoderes que había ido amasando disco a disco,
quejío a quejío. Aquí Camarón se muestra relajado y potente en el fraseo
y destaca especialmente en las bulerías, uno de sus palos más
característicos, pero como esa fuerza de la naturaleza que siempre fue,
también arrolla en los tangos, los fandangos y en cualquier cosa que se
le ponga por delante.
La prueba de su dominio absoluto está aquí,
en el cierre de su gloriosa colaboración con Paco de Lucía, que, además
de epílogo, se erigía en portón de entrada a la revolución definitiva.
Esa que apenas un par de años después certificaría con ese revolcón al
purismo que fue La leyenda del tiempo (1979). Aquí todavía se agarra a
la tradición con fuerza, pero a la vez se permite soltarse de una mano y
hacer un par de cabriolas. Como solo él supo.
★★★★★
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