
CANCIÓN ADUSTA. Sostenido por el triángulo equilátero que conforman "Dance Me to the End of Love", "Hallelujah" y "If It Be Your Will", este disco se erige en una pirámide indestructible. A pesar de no contar con los mejores materiales —véase "The Law" o "Hunter's Lullaby"—, cuenta con cimientos muy profundos y muros de carga robustos ("Coming Back to You", "The Captain").
Sin embargo, y debido a todo lo reseñado, nos deja con la sensación de que todo él en su conjunto, soberano en su altura, podría haber arañado el cielo. Y no es que el séptimo disco del canadiense no se disfrute, no es que no sea una buena introducción para lo que iba a ser su sonido de madurez. El problema está en el abismo insalvable que separa los tres temas mencionados al principio, tres de las canciones más impresionantes que escribiera nunca, y el resto.
Irregularidad, lo llaman por ahí. Algo que en este disco, más que en ningún otro, no debería preocupar a nadie. Porque Cohen demuestra que sigue pudiendo llegar hasta el tuétano de nuestra alma en cuanto se lo propone y porque en esa calma engañosa que bulle en sus canciones seguimos apreciando un alma ardiente y con ganas de farra.
Desde su dedicatoria a los músicos judíos obligados a tocar en los campos de exterminio nazis mientras otros eran llevados a su muerte, al canto de alabanza más extático, entre lo sacro y lo carnal, que hubiera escrito, pasando por esa plegaria de sometimiento a Dios en la que se pregunta sobre la vigencia de su voz, podemos certificar sin miedo que la expresividad del cantautor se encuentra al límite, en plena ebullición y sin visos de extinguirse. Demasiados detalles como para pensar que esta pausa para tomar aire pueda asemejarse a una derrota.
★★★☆☆
A1 Dance Me to the End of Love 4:40 ❤
A2 Coming Back to You 3:30
A3 The Law 4:22
A4 Night Comes On 4:36
B1 Hallelujah 4:34 ❤
B2 The Captain 4:05
B3 Hunter's Lullaby 2:23
B4 Heart With No Companion 3:01
B5 If It Be Your Will 3:40 ❤
Total: 34:51

Una canción que contrasta su dulzura con todos esos violines en llamas y que entronca de manera tangencial pero inevitable con piezas como el Cuarteto para el final de los tiempos, pieza compuesta y estrenada por Olivier Messiaen en el mismo campo de concentración donde se encontraba recluido allá por 1941. En la obra el tiempo queda suspendido como sus notas, flotantes, sin buscar clímax alguno. Una pieza tan conmovedora y radical como las circunstancias en las que se gestó.
DISCOS RELACIONADOS

No hay comentarios:
Publicar un comentario